Los que estaban de misión habían despertado temprano, no sabían que dirección tomar exactamente así que prácticamente estaban caminando a ciegas. Pero lo bueno es que al menos ahora contaban con más ingredientes, lograron recoger veneno de la hidra que quedó en la ahora obsoleta protección de Belerofonte, también tenían las hojas de Álamo.
Eso quería decir que solo les faltaban dos cosas por conseguir, una era el hueso de ese dinosaurio esqueleto y la otra lo del río flerogonte. Caminaban junto al río Estigio pues si Jason no se equivocaba, en algún punto este se topaba con el río que deseaban.
- Hay que conseguir agua, no creo que pueda estar mucho tiempo sin ella - decía Belerofonte mientras caminaban, era verdad como hijo del Dios del mar el ambiente de calor seco en el que estaban le estaba afectando mucho más de lo que desearía.
Perseo solo asintió, pero estando en el inframundo era imposible conseguir agua si no era en el castillo de Hades o en los Elíseos o en la isla de los Bienaventurados. Apolo solo seguía caminando, el calor estaba afectandole también. Era extraño que él siendo el Dios del Sol se estuviera viendo afectado por este pero desde hace un buen rato que no se venía sintiendo normal.
- Hay agua cerca - Belerofonte se detuvo en seco, algo en él decía que había agua cerca. Los demás que se habían adelantado se detuvieron ante sus palabras y se lo quedaron viendo extrañados.
- Vamos Bele, aquí no hay agua. Tal vez más adelante - trató de convencerlo Perseo pero el castaño estaba mirando para todas partes y comenzó a caminar para uno de los lados, como si el agua lo estuviera llamando.
- ¡Belerofonte! - llamo Apolo cuando este salió corriendo sin rumbo fijo, los tres tuvieron que ir detrás del castaño. Este parecía ido mientras corría y pronto estaban metidos en otro bosque lleno de Álamos, en un momento se les perdió de vista y ellos se encontraron perdidos.
- ¡Por las espinillas de Plutón! ¡¿Dónde se metió?! - Jason estaba cansado y molesto mientras lo seguían buscando entre los árboles, ya llevan buen rato andando en ese bosque. Habían advertido que habían algunos monstruos pero no uno que les interesara así que apenas les habían visto habían tomado otro rumbo.
Ahora se encontraban los tres totalmente perdidos y peor sin saber dónde estaba el castaño.
Por su parte Belerofonte había llegado a una especie de lago después de mucho caminar y correr, no se había topado con ningún monstruo extrañamente. Estaba abducido por lo que alguien estaba cantando.
Había una mujer de largo cabello castaño sentada a las raíces de un árbol, este estaba en una isla en medio del lago. Ella cantaba y le sonreía al chico mientras le hacia señas con la mano para que avanzara, él estaba poniendo los primeros pies en el agua pero de detuvo.
Su mente sintiendo el agua a sus pies comenzó a luchar contra el canto, no era una sirena. Eso fue lo primero que aprecio Belerofonte cuando su conciencia volvió un poco más a su lugar. Tenia la piel verde y su cabello comenzaba a tornarse rojizo.
Ella cantó aún más fuerte, parecía saber el efecto que tenia el agua en el chico y que debía combatir esto si deseaba tenerlo. Pero la vitalidad que le estaba dando el agua también era fuerte, así que estaban en un forcejeo porque en cuanto el salía del agua ella lo volvía a llamar y cada vez parecía que ella ganaba más terreno, de pronto alguien saltó encima del castaño y una flecha pasó zumbando y se incrustó en el brazo de la mujer.
- ¡Arg! - rugió de dolor y furia la mujer mientras comenzó a mover sus manos y del agua comenzó a formase algo. Un monstruo negro que parecía hecho de fango, ramas y rocas. Era tan grande como un golem.
- ¿Por qué no le diste a la cabeza? - pregunto Perseo mientras ese monstruo saltaba sobre ellos y el lo esquivaba cayendo a un lado.
- Lo intenté, debe tener una barrera protectora- contestó Apolo mientras le lanzaba otra flecha al golem y este gritaba pero pronto la flecha era tragada por el fango - Que asco - se quejó el rubio cuando esa cosa intentó atraparlo entre sus manos fangosas.
Jason se levantó del piso y ayudó a Belerofonte a ponerse de pie, mientras caminaban habían logrado escuchar el canto de la mujer que los había abducido a Perseo y a Jason pero Apolo los alejó y luego tapó sus oídos con una mezcla de raíces y lodo.
- ¡Vamos! - el romano alentó al castaño y este se puso de pie, cubrió sus oídos con fango y tierra pues la mujer se veía dispuesta a cantar una vez más.
- ¡Ven a mi hijo del mar! - gritaba la mujer ahora de pie. Su piel verde y su mirada enfurecida iba dirigida al castaño y comenzó a mover sus manos, del lago empezaron a salir raíces negras que iban detrás de ellos mientras ellos trataban de esquivar los golpes del Golem - ¡Ya tengo a dos de tus hermanos! ¡El tercero pronto será mío! ¡Ven conmigo para que te reúnas con ellos! - farfullaba mientras Belerofonte daba tajos con su espada a las raíces que lograban enredarse en sus pies cuando el Golem de fango acesto un golpe a su cabeza enviándolo contra un árbol.
Jason le cortó el brazo al monstruo ese antes de que lanzara otro golpe. Perseo corrió junto al castaño y comenzó a cortar las raíces que ya se enteraban en sus pies y comenzaban a arrastrarlo. Apolo aprovechando que la mujer parecía distraída, alistó otra flecha y apuntó directo al pecho.
La flecha salió disparada pero está iban con un encantamiento para romper su barrera protectora, una peste. La mujer que logró verla en el último momento intentó apartarla pero era tarde, algo se resquebrajó y la flecha dio en su blanco.
- ¡Pagarás Apolo! - Aulló ella mientras comenzaba a desaparecer - Disfruta ser mortal... - fue lo último que oyeron antes que ella se disolviera del todo. El monstruo se deshizo en un montón de fango y ramas, había atrapado a Perseo en su mano cuando se derritió, el árbol detrás de la mujer se disolvió también. Lo único que quedó fue el lago, mismo que comenzó a correr libre y parecía indicar un camino.
- ¿Por qué dijo eso? - pregunto Perseo mientras se sacaba el fango de encima. Apolo se removió incómodo mientras recogía sus flechas y se acomodaba el arco.
Belerofonte y Jason también se estaban limpiando. La amenaza que solto aquella mujer o bruja no era agradable. Los hijos de Poseidón estaban en peligro y Belerofonte solo podía pensar en Orión y en que él quedó a cargo del castillo, si algo le llegaba a pasar no quería imaginarse como estarían los que estén dentro del castillo. Teseo y Perseo no eran el problema, pero el hijo de Apolo y de Hades la tendrían difícil, debía llamar y ver como estaban las cosas.
- Hay que seguir, no le tomen importancia a lo que esa bruja diga - respondió Apolo pero Perseo lo veía con desconfianza, al Dios le pasaba algo y lo sabía.
- Algo te han hecho ¿verdad? - cuestiono Perseo y los demás se quedaron viendo al Dios, era notorio ahora que algo pasaba, el estaba sudando, estaba sucio y no brillaba como siempre. Se veía como un semidios más o peor un mortal. Apolo suspiró.
- No se si estar demasiado tiempo aquí fuera de mis dominios, o por el polvo que esa bruja me echó en el primer ataque pero creo que no soy tan divino como debería- murmuró en respuesta el Dios ahora no tan Dios. Los semidioses se quedaron en silencio, se vieron unos a otros.
Esta situación en vez de mejorar empeoraba, al menos ahora podían decir quién era su enemigo. Lo malo es que sabían que esta aparecería una vez más. Estando tan cerca del tártaro les era mas fácil regenerarse y eso solo era un pequeño problema mas para ellos, ahora el problema mayor era encontrar un río de llamas sin mapa e ir a buscar un monstruo que no tenia ni piel ni sangre y que no sabían como derrotarian.
- Hay que seguir - dijo Jason, todos asintieron y comenzaron a andar de nuevo, esta vez al pequeño rastro de lago que quedaba, esperaban que los ayude a salir de ese bosque o lo que fuera.
Los cuatro caminaron en silencio mientras iban limpiando sus ropas, el castaño no dejaba de pensar en como estaría todo en el castillo.
Mientras tanto en el castillo Nico comenzaba a trepar tratando de no quemarse con la lava, quería llegar a arriba donde escuchó los gritos de Will y también deseaba una explicación de porque el castillo parecía atacarlos. Esperaba que por los menos el idiota de su primo se encuentre bien y lo mismo su primo no-vivo que descansaba con él.
- ¡Nico! - la voz alarmada del rubio hizo que perdiera el equilibrio de la pared que trepaba y casi caiga.
Maldito seas Will, si no te mata la lava lo haré yo pensaba con enojo mientras se aferraba a la Roca y trataba de estabilizarse. Movio su pie hacia una pequeña saliente pero no piso como quería porque al instante de hacerlo la pared quedó llana y el comenzó a caer, él esperó el impacto pero no llegó unas alga lo tomaron en la mitad del camino y lo llevaron a otra habitación.
Will no la tenia mejor, el era hijo del Dios del sol, amante de la música y el arte pero en este momento deseaba ser hijo del Dios del mar o de algún otro que respire bajo el agua. La habitación se estaba llenando de agua muy rápidamente y el estaba desesperado tratando de escalar por las algas que estaban enredadas por la pared. Lo cual no era sencillo porque tenían baba Marina que estaba resbalosa.
- ¡Nico! - quería ayuda - Soy muy joven para morir - estaba desesperado ya no sabia que hacer, al menos cuando se enfrentó a los monstruos en la batalla de Manhattan sabia donde darle para seguir viviendo, tenia amigos que lo ayudaban. En la reciente guerra tampoco estuvo solo y tenia sus armas, en este momento estaba desarmado y sin amigos.
De alguna forma el llego hasta lo más alto de la habitación, el agua estaba por taparlo y engullirlo. Sus manos no resistieron más, se soltó y comenzó a hundirse...
