El hijo inmortal de Poseidón estaba dando vueltas en la habitación como si fuera un tiburón dentro de un acuario, tenia el ceño fruncido y una mirada furiosa con los brazos cruzados, Orión por otra parte acababa de despertar y estaba sentado en el sofá, solo lo miraba ir de un lado a otro. La situación estaba cada vez peor, parecía que Tritón conocía a una de las causantes de todos los problemas que estaban teniendo y ahora se debatía en que hacer con ella y como atacarla.
- Entonces ¿esa se escapó de donde sea que haya estado? - murmuró por lo bajo Will acercándose más al semigigante y este asintió, también cruzó los brazos y tiró la cabeza hacia atrás mientras pensaba igual que el inmortal en que hacer.
- ¿Hay alguna forma de exterminarla? - murmuró Nico del otro lado del semigigante, este no abrió los ojos pero parecía pensarse la pregunta del hijo de Hades. Las cazadoras por otra parte estaban sentadas en una esquina, el inmortal les dijo que lo mejor es que se quedaran, parecía estar pensando algo. Lo malo es que no les decía que es en lo que pensaba.
Tritón seguía deliberando su siguiente movimiento, sabia muy bien que una de las que tenia que ver con esto era Lamia, la que alguna vez estuvo con él pero que fue tan presuntuosa y atrevida que terminó maldecida y convertida en mitad serpiente por los dioses, había sido una hija de Hecate. No le sorprendía ahora el hechizo que caía sobre sus dos hermanos. Tenia que acabar con ella y con quien le estuviera ayudando para que sus hermanos dejen de correr peligro. Algo llego a su mente y una sonrisa apareció en su rostro.
Orión abrió los ojos y vio al inmortal que sonreía, estaba seguro que ya tenia algo, lo malo es que estaba asustando a los presentes con esa sonrisa.
- Esperaremos a que lleguen los viajeros - asintió y el rubio lo vio con el ceño fruncido, porque seguido de esto simplemente se sentó en el sofá pero sus manos se movían ¿Qué estaba tramando?
Apolo, Jason, Perseo y Belerofonte que se habían quedado arrimados a unos árboles, ahora no estaban más ahí, se encontraban de nuevo corriendo por sus vidas. No sabían de donde habían salido tantas arpías pero sabían que debían irse de ahí lo más rápido que pudieran.
- ¡Intenta darles con otra flecha! - decía Jason mandándole un mandole a una de las arpías que quería llevárselo.
- ¡Ya no tengo flechas! - contesto Apolo mientras le daba con una rama a otra de las arpías y Belerofonte la acabo con su espada.
- Debiste traer otra arma - se quejó el castaño mientras se reincorporó para darle otro golpe a otra arpía.
- ¡Uy si! ¡Esperen que el Dios de la arquería va a cargar con una espada! - le lanzo otro golpe con la rama a otra de las arpías y Perseo la acabo con su espada.
- Pues deberías comenzar a reconsiderar eso - advirtió el azabache mientras rodaba por el piso y evitaba las garras de otra arpía.
- ¡Soy un Dios Arquero! ¡No voy a cargar otras armas! - se quejó el Dios mandando a volar una nueva arpía contra un árbol y su rama se partía- Perfecto -
- ¡Pues carga más flechas entonces! - protesto Belerofonte mientras cortaba por la mitad otra arpía que se acercó peligrosamente a Apolo y lo tumbó al suelo.
- ¡traje todas las que tenia! - se levantó del suelo mientras Jason le cortaba la cabeza a otra arpía.
- ¡Dejen de pelear, eso no soluciona nada! - gruño el rubio romano y Apolo buscó una nueva rama y le dio a otra arpía.
- Estas cosas no se cansan - rezongó Perseo matando una arpía más hasta que una tomó por los hombros al castaño y luego lo dejó caer por el golpe que el le mando y cayó contra el suelo.
- Quiero dejar de golpearme - murmuró de mal humor el castaño mientras se sobaba la cabeza y la espalda.
- Eso es fácil de lograr, deja de ser hijo de Poseidón- sono la boca Apolo al tiempo que comenzaba a correr una vez más y los demás hicieron lo mismo. El castaño se levantó del suelo y empezó a seguirlos con dificultad.
- Uy si, eso es súper sencillo ¿no? Te recuerdo que si no he revivido es porque no me lo permiten - corto la pata de otra arpía y esta se hizo polvo pero pronto había otra reemplazandole.
- Son demasiado poderosos para hacerlo - gruño Apolo. Esa era la razón por la que los tres hijos de Poseidón no habían renacido, no se les permitía hasta que pasara cierta cantidad de tiempo y a algunos nunca se les permitiría. Porque de todos los dioses, los hijos del mar eran los más impredecibles incluso sus almas lo eran y tenían más posibilidades de renacer como semidioses de nuevo.
Y todavía más posibilidades de renacer más poderosos que los demás semidioses. Tal vez por eso el Olimpo veía a Percy como un peligro, Hades decía que su Alma ya estuvo ahí en las islas de los bienaventurados y que fue hijo de uno de los tres grandes, no dijo de cual pero todos sospechaban que seguro tenía el Alma de alguno de sus hermanos que ya había podido renacer.
¡Ah! Recordar a su Oasis no le hacía bien a la mente de Apolo, lo distraía pero no lo podían culpar. El lo amaba tanto. No importaba lo que le pasara, si se hacia un mortal completo o si moría ahí mismo, si con eso conseguía que su Oasis despierte, él haría eso y mucho más. En especial no dejaría que nada le pase a su Oasis porque aún trataba de convencerlo de aceptar la inmortalidad. Si, él iba a ser un Dios muy guay y esposo de un Dios aún más guay.
Perseo jaloneo a Apolo para que no cayera al río al que habían llegado y lo escondió tras un árbol a su lado. Jason y Belerofonte estaban escondidos tras otro árbol más allá. A diferencia de Apolo, Perseo ya no poseía una vida, a él ya le habían dado la opción de ir al río Lete y renacer, de volver a ver el mundo mortal con unos nuevos ojos pero no aceptó porque por ese tiempo Teseo había llegado a los Elíseos. Lo había visto tan abatido que le había sido imposible dejarlo.
Se supone que alcanzar los Elíseos para un Alma es de las mejores recompensas pero para Teseo había sido todo lo contrario, parecía una condena. No todo el mundo sabía que así era para el hijo de Poseidón, para el resto del mundo él siempre se veía como la persona más feliz del lugar. Nadie vio lo que Perseo vio y como el solo se juzgaba por cosas que no hizo bien, se había traído todo eso consigo en ves de dejarlo en el estigio como todo el mundo. Teseo le había dicho que el le pidió a Caronte quedarse con todo esto, le dio unos dracmas extras y este había accedido.
Caronte era tan fácil de convencer que no era sorpresa que haya aceptado algo así. Por eso Teseo aún cargaba con sus cruces. Aún se culpaba de sus errores y aún se atormentaba con estos a veces, no quiso contaminar más el estigio con toda su carga. Pero Perseo no dejó que cargue con todo eso solo, desde que lo descubrió junto a aquel río, él empezó a ser su amigo y confidente.
Tal vez es por esto que habían llegado al punto en que estaban, tal vez eso era lo que les había unido a los dos. Perseo no tenia motivos para dejar los Elíseos pero si muchos para volver pero no lo haría sin primero llevar la cura para su amado y segundo descubrir quien es esa mujer que los atacó en el río.
- Bien creo que se han ido - murmuró Jason saliendo de atrás del árbol, al parecer al fin se habían librado de esas arpías. De algún modo estaban también cerca del río que les faltaba.
- Por fin el flerogonte- murmuró Apolo dejándose resbalar por el tronco del árbol, no sabían en qué parte del inframundo estaban exactamente o que parte del río era, solo sabían que con esto debían comenzar a buscar el camino a los Elíseos.
- Bien, es lo último- murmuró Perseo acercándose y tomando en un frasco un poco de la agua llameante y guardandole junto a todo lo demás. Se levantó y observó todo el lugar, las Piedras Negras cortaban el calzado que cargaban y no resistirian mucho más - Hay que ir de vuelta - susurró pero mirando para todos lados no sabia a donde exactamente es que tenia que ir.
- Si, de vuelta, pero a donde exactamente- respondió Belerofonte también de pie mirando hacia todos lados, lo único que podían observar es la nada, tierra oscura, árboles de Álamo y nada más.
- Por aquí- indicó Apolo y los demás se le quedaron viendo. El Dios rodó los ojos - Hemos venido por ahí- señaló el camino lleno de huellas - Lo mejor es regresar sobre nuestros pasos - los demás asintieron no tenían otra opción mas que hacer lo que él decía. Comenzaron a avanzar lentamente, el castaño tomó un poco de néctar y ambrosía, lo mismo hicieron Perseo y Jason.
Iban en silencio, esperaban que las arpías ya estuvieran bien lejos de ahí y que no molestaran más, o al menos hasta el día siguiente. Pronto iba a anochecer y también tenían que buscar un lugar seguro para descansar ¿Qué cómo sabían que estaba por anochecer si todo era oscuridad? Simple, el inframundo se tornaba aún más peligroso y oscuro cuando era de noche, para su mala suerte ya lo habían comprobado la noche anterior cuando se habían quedado en ese tronco viejo. Se habían escuchado varios monstruos a la lejanía cuando estuvieron ahí, mismos que ignoraron y trataron de dormir, lo malo es que esta noche estaba pasando lo mismo y hoy aún no encontraban tronco o cueva que los resguarde.
Así que caminaron sin rumbo fijo durante unas horas más, se escondieron de varios monstruos que encontraron en el camino. Hasta que por fin encontraron una cueva entre unas cavernas rocosas en la cual descansar al menos unas horas hasta tener que emprender de nuevo el viaje.
