Dormir en la cueva rocosa no fue de los mejor pero al menos los mantuvo a salvo. Bueno después de que derrotaron a uno que otro perro del infierno que quiso entrar ahí. Lograron dormir unas cuantas horas antes de emprender su camino nuevamente, para esta hora mañana ya debían haber despertado a los durmientes o eso esperaban porque más o menos a esta hora llamaría Poseidón y más valía que aquellos estén despiertos.
- Bien, ahora ¿a dónde? - hablo con fastidio Belerofonte, lo cual no era muy normal en él. Perseo estaba sintiendo que algo le pasaba, él solía quejarse a veces, sí pero por lo general el castaño se abstenía de decir algunas cosas, pero desde el día de ayer, o más bien desde el ataque del dinosaurio esquelético, parecía quejarse por todo y buscar pelea al Dios del sol.
- Mmmm... Por ahí- señaló Apolo entrecerrando los ojo mientras señalaba un camino.
- ¿Por qué por ahí? ¿Es que si te sabes el camino de memoria y nos has cargado tonteando desde hace días? - y ahí iba una nueva pelea.
- Porque tengo el sentimiento de que por allá está mi Oasis, además que hay rastro de huellas, probablemente las nuestras porque se ven bastante humanas - replicó el Dios, rechinando los diente y apretando una de sus flechas que habían logrado recuperar de los árboles donde habían acabado algunas.
- ¿Y por eso debemos confiar en ti? Hay una ley en los mestizos que dice que no confiemos en los dioses - refutó el castaño cruzándose de brazos y viendo con furia al Dios, este le devolvió la mirada.
Perseo y Jason solo miraban lo que sucedía entre los dos, ellos seguían peleando de si debían o no debían hacer lo que decía el Dios del sol. Parecía una partida de ping pong en la que ninguno ganaba. Pero los dos se dieron cuenta de algo y es que al castaño lo estaba comenzando a rodear un aura verde polvorienta.
- Bele - murmuró Perseo captando su atención de este le dedicó una mirada fría que por un instante no se mostró verde mar si no roja. El hijo de Zeus se lo quedó mirando antes de seguir hablando - Vamos ya, son a tus hermanos a quienes debemos salvar - Belerofonte pareció calmarse y parpadear.
- Si, vamos - respondió con tranquilidad mientras Apolo si estaba colérico por todo lo que había dicho el castaño.
- Vamos de una vez, señor del sol - habló con calma Jason haciendo que el contrario se relaje un poco.
Comenzaron a caminar despacio por el lugar. Belerofonte estaba tranquilo hasta el momento pero no por esto Jason y Perseo dejaban de vigilarlo, algo le pasaba al castaño, eso era seguro, y tenían la vaga esperanza de que eso terminara en cuanto cruzaran el límite de los Elíseos. Apolo por otra parte aunque estaba más tranquilo no podía evitar que algo le incomodara como si su instinto le dijera que pronto la tranquilidad se terminaría una vez más. Y no se equivocaba, a lo lejos comenzaron a oír el aleteo de algo.
— Diganme que no oyeron eso — murmuró Apolo aterrado de que algo más vaya a atacar, como si ser atacados por hidra, perros del infierno, brujas feas y arpías no fuera suficiente ya para este viaje. Lo que estaba haciendo ese ruido de aleteo pronto se dejó ver, parecía un gran dragón hecho de lava — Oh genial — masculló de mal humor el Dios mientras retrocedía junto con Jason y Perseo.
Belerofonte en cambio dio un paso adelante como si el dragón lo estuviera llamando. Perseo intentó jalarlo con ellos pero le fue imposible un aura verde le impidió siquiera tocarlo.
— Bele — susurro el antiguo rey de Micenas viendo a su amigo, este volteo ligeramente pero una vez más no fueron unos ojos verdes los que le devolvieron la mirada si no unos rojos.
— Me tomó mucho tiempo — vieron la boca de Belerofonte moverse pero la que salió por esta no fue la voz de él no al menos la que ellos conocían. Fue una voz más aguda y sepulcral.
— La bruja — murmuró Apolo mientras retrocedía y el dragón se paraba a lado de Belerofonte mismo que tenía la mirada fija en él, este sonrió.
— Mi querido Dios del sol — respondió esa voz en el cuerpo de Belerofonte — Buenos ya no tan dios ¿no? —
— Seas quien seas, deja en paz a mi amigo de una buena vez — habló con determinación Perseo, él no iba a perder a su amigo solo por una estúpida bruja.
— Tu amigo — dijo ella antes de soltarse a reír con carcajadas estruendosas — Ese ya pronto no existirá — sonrió de forma siniestra, todo el rostro de Belerofonte parecía más grisáceo y arrugado mientras sus dientes parecían crecer — No puedo ahogar a los hijos de Poseidón pero su alma es otra cuestión —
— Vas a dejarlo en paz — apoyo Jason tomando con fuerza su pilum y poniéndose a lado de Perseo que asintió.
— ¿Ustedes piensan detenerme? — dijo ella con sorna mirandoles para luego reír nuevamente — Un alma de los Elíseos, uno que podría morir y un dios que ya no es más que un simple mortal, no me hagan reír por favor — ella hizo un movimiento de su mano.
El gran dragón de lava rugió ferozmente y se abalanzó sobre ellos, Perseo y Jason saltaron hacia los lados igual que Apolo pues comenzó a lanzar fuego por la boca y a encenderse en lava. Atacó a Perseo con una de sus garras y este apenas pudo detenerlo con su espada, hasta que Jason le dio con su pilum en otra de las patas atrayendo su atención hacia él. Apolo se había alejado lo suficiente y comenzó a atacar con sus flechas a la bruja.
— ¡No seas idiota, Apolo! — gruño Perseo, atacando con su espada al dragón mientras este lanzaba sus garras contra Jason — ¡Es el cuerpo de Belerofonte! —
— ¡Ese no es Belerofonte! ¡Es la maldita bruja! — gruño de vuelta Apolo y lanzó otra flecha contra ella — Nunca encontramos a Belerofonte, siempre ha sido ella — la flecha dio contra un árbol pues ella la esquivó.
— Bravo Apolo, no eres tan bruto como pareces — ella aplaude con parsimonia mientras comienza a caminar hasta él tomando su forma en totalidad — Simular ser este idiota no fue tan difícil —
Perseo sintió demasiada furia porque si esa mujer había sido Belerofonte todo este tiempo significaba que ella tenía al real. Dio un gran tajo a la pata del dragón que rugió de dolor y le lanzó fuego pero este lo esquivó y luego clavó su espada en parte de su abdomen y la usó para impulsarse hacia su lomo y trepar por él. Debía encontrar a su amigo antes de volver al castillo, no se iba a perdonar nunca perder a Belerofonte.
— ¡Vas a morir! — rugió el antiguo héroe que había sacado de su cinto una daga que solía cargar siempre oculta entre sus ropajes y la clavó firmemente contra el cuello del dragón. Muy poco le importó que el mismo se estuviera quemando mientras estaba ahí arriba.
— ¡¿Cómo?! — la misma bruja estaba sorprendida de que el héroe haya logrado tal hazaña y no vio venir a Jason que blandió su pilum contra ella lo que destruyó la fuerza que la protegía.
— ¡Apolo, ahora! — rugió el hijo de Júpiter y el otro no demoró demasiado en disparar una flecha, la última que le quedaba directo a la cabeza de la bruja que recién reaccionaba ante el ataque de dos flancos que tenía contra ella.
— ¡Noooo! — gritó en agonía comenzando a caer de rodillas contra el piso mientras el dragón que estaba herido botaba de encima de su lomo a Perseo dejándole tumbado en el piso.
Jason aprovechó ese momento para dar el ataque definitivo al dragón y destruirlo por completo, lanzó un mandole directo a su cuello terminando de rebanar su cabeza y convirtiéndose en cenizas oscuras, cayó del otro lado justo a tiempo para atrapar el cuerpo de Perseo que estaba inconsciente por el golpe de una de las alas del dragón.
— Dime donde está Belerofonte — exigió saber Apolo antes de que la bruja empezará a desintegrarse, esta solo le sonrió con crueldad.
— Ella no se los dará Nunca — río mientras desaparecía como el dragón en cenizas. Apolo gritó enfurecido y pateó las cenizas que quedaban en el suelo para después correr hacia Perseo y Jason.
— Hay que encontrar a Belerofonte antes de regresar — murmuró Jason mientras sacaba lo último que le quedaba de ambrosía y néctar — Y hay que hacerlo pronto —
— Lo sé — murmuró el Dios levantando a Perseo que aun estaba inconsciente de los brazos del otro rubio y poniéndolo sobre su hombro.
Los dos rubios comenzaron a caminar nuevamente, esta búsqueda no estaba saliendo para nada bien pero al menos había un enemigo menos, lo malo es que ese solo había sido el menor de sus problemas.
Una mujer con cola de serpiente que estaba mirando una bola de cristal golpeó la mesa donde está estaba con furia haciéndola caer y romper en pedazos.
— ¡Maldito Dios del Sol! ¡La pagarás! — clamó a los cuatro vientos y detrás de ella en la oscuridad de la habitación se podía ver el cuerpo inconsciente de un castaño que apenas tenía algo de color como si la vida que le hubiesen prestado para estar fuera de los Elíseos estuviese llegando a su fin, su alma parecía comenzar a desaparecer — Pero los dos idiotas dioses la pagarán — murmuró ella con un brillo en los ojos.
Se dio la vuelta y se acercó al cuerpo del castaño que estaba atado con cadenas de color dorado, mismas que parecían ser las causantes de que aún este inconsciente y que su vida, o no-vida, se esté consumiendo.
— Pronto, muy pronto todos tus hermanos te harán compañía — sonrío la mujer y luego por la ventana vio llegar lo esperado, unas arpías traían los cuerpos de dos azabaches dormidos — Bien hecho mis niñas — la mujer se alejó del castaño y busco comida para ellas.
Lo que hizo que se perdiera del brillo tintineante que despedían los cuerpos de los muchachos y de la presencia de dos ojos verde mar en el collar de uno de ellos.
— Así que lo tiene — murmuraba un muchacho de cabello negro largo — Disfruta por ahora Lamia porque no te va a durar — movió su mano y del collar del muchacho dejaron de verse ese par de ojos verdemar.
— ¿Crees que esto sea lo correcto? — pregunto un rubio a su lado y él se limitó a asentir.
— Yo me encargo de todo esto, tú ocúpate de lo demás junto con Nico y Will — el rubio asintió.
