Las cosas en el castillo de Poseidón estaban cada vez más festivas. Los dos rubios, uno semigigante y el otro semidiós estaban encargándose de la mayoría de cosas mientras el azabache hijo de Hades peleaba por mensaje iris con algunos héroes que no querían traer regalos para el hijo de Poseidón pero no les convenía pelear con el hijo de Hades, este les daba una mirada fría como advirtiendo de que no hagan lo que él decía y la podían pasar muy mal aunque estén en los Elíseos.
- Más vale que esta sea la mejor maldita fiesta de todo el bajo mundo - gruño Nico mirando mal a su novio que revisaba la lista de cosas que eran de la fiesta.
- Si, si, ya casi terminamos. Te aseguro que sera de lo mejor, esta lista esta sensacional, máquina de burbujas y todo. ¡Hasta las musas! - el hijo de Apolo estaba leyendo atentamente la lista de las cosas de la fiesta.
- Que te puedo decir, Teseo se lleva con demasiadas personas. Esto más que fiesta será una bacanal y hasta Dioniso se aparece cuando es el cumpleaños de Teseo por mucho que le caía mal - reconoció Orión mientras comenzaba a acomodar más cajas cerca del escenario que ya había armado.
- ¿En serio? - preguntó Nico y el rubio asintió y se puso a hacer memoria - Viejo estúpido, con que esta era su cita importante - masculló entre dientes recordando que el director había dicho que tenía una cita importante por lo cual no podría estar en el campamento y ellos tendrían que encargarse de la recolecta de fresas sin su ayuda divina.
- Ahora que lo mencionas - levantó la cabeza Will y pareció recordar algo porque frunció el ceño - Se desaparece por día enteros cuando se va así y siempre es para estas fechas -
- Es una bacanal, lo dije - comentó alegre Orión mientras le abría la puerta a unos cíclopes que estaban trayendo cosas que había mandado Poseidón - Por allá - les indicaba el rubio. Nico y Will comenzaban a farfullar cosas acerca de directores idiotas que les dejaban todo el trabajo mientras se iban de fiesta.
En otro lugar estaba una castaña se paseaba sobre su cola de serpiente alrededor de tres muchachos que estaban dormidos en el piso, se aproximó a una esfera de cristal nueva y a ver a través de esta, estaba revisando el progreso de los viajeros.
— Bien ahora somos tres hijos del gran rey perdidos en el inframundo — mascullaba Perseo mientras caminaban.
— Solo quiero a mi Oasis — murmuraba Apolo, llevaban un buen rato caminando, sus pies estaban cansados.
— Espero que encontremos a Belerofonte, no creo que al tío le guste perder a uno de sus hijos — hizo una mueca Jason, él llevaba el pequeño bolso donde estaban todas las cosas para el antídoto.
Perseo ya solo miraba el suelo negro, todo lo que quería es encontrar a la maldita culpable de todo este viaje, a la cómplice de la bruja esa. Misma que según Apolo se llamaba Jenny Greenteeth, una bruja que le encantaba ahogar personas hasta que Poseidón se encargó de ella por intentar matar a uno de sus pequeños hace muchos años atrás. La encontraría y acabaría con ella eso era seguro. Apretó la empuñadura de su espada, encontraría a esa y liberaría a su amor y a su amigo de ella.
— Creo que es por aquí — murmuró Jason señalando hacia la derecha con discreción, al final había algo que refulgía.
Ninguno de los tres se mostraba muy seguro de ir hacia la luz. Jason sonrió levemente pensando en Percy y Leo, seguro ellos habrían bromeado con algo de "¡No sigas a la luz!" y se pondrían de dramáticos, extrañaba a sus amigos.
— Hay que ir, aunque sea una trampa. Tal vez encontremos a Belerofonte ahí — convenció a los otros dos, después de todo tenían que encontrar al castaño y llevarlo de vuelta al castillo.
Perseo y Apolo asintieron mientras comenzaban a caminar. Lamia sonrió mientras los veía venir hacia su trampa, mientras detrás de ella dos azabaches sonreían.
— Tritón — llamo el rubio semigigante a su hermano inmortal que parecía absorto mirando algo en su mano — ¿Qué tanto miras? — se asomó por encima de él mirando que en su mano solo sostenía un collar.
— ¿Ya está todo? — pregunto guardando el collar entre sus ropas y Orión lo vio con el ceño fruncido. Y no era para menos, Tritón parecía feliz.
— Si, ya está todo. Solo faltan los invitados y el cumpleañero — hizo una mueca ante esto.
— Bien, ahora todos debemos salir del castillo, tenemos un lugar a donde ir — asintió el azabache y el rubio solo lo vio aún más extrañado — Solo haganme caso, nada le pasara a las decoraciones mientras no entre nadie que no sea hijo de Poseidón —
— Lo sé — respondió el rubio — Ahora iré por los chicos — comenzó a caminar pero se detuvo — Por cierto ¿dónde están Zoë y Phoebe? Hace rato no las veo, bueno desde que las llevaste arriba no las veo —
— Están teniendo una aventura — fue todo lo que respondió de manera enigmática el hijo inmortal de Poseidón.
Esa forma de hablar y de sonreír solo hacia que al rubio le de más intriga el plan de su hermano pero no añadió más, camino hasta Nico y Will para poder salir del castillo.
Jason, Perseo y Apolo caminaron hasta estar cerca de la luz que habían visto a lo lejos, entre más se acercaban más podían sentir el peligro. Un montón de arpías rodeaban el área y junto a ellas más golems de barro y otro dinosaurio esquelético.
— No pues bonito lugar el que escogió la bruja — musitó con enojo Perseo.
— Hay que acabar esto de una vez — habló con firmeza Apolo, comenzó a alistar su arco y flechas.
— Intenta darle a la ventana o lo que parece ventana — murmuró Jason intentando ver la construcción, algo que no podía hacer bien sin sus lentes mismos que ahora tenía guardados por temor a perderlos en media batalla o algo.
— Bien — Apolo agudizó la vista, tenso la cuerda de su arco cargado con una flecha y pronto esta salió disparada hacia la ventana del lugar.
Se escuchó un grito ensordecedor y una explosión de polvo salió a través de donde había dado la flecha, pronto todo comenzó a ser un alboroto, las arpías se abalanzaron sobre ellos y ellos no esperaron más para atacar.
— Son demasiadas — decía Perseo mientras le daba un golpe a una arpía, giró y esquivó las garras de otra.
— Lo se pero... — Jason le dio un golpe a un golem que trató de agarrarlo — Belerofonte debe estar dentro — le arrancó la mano a otro Golem.
— Hay que ir por él... — dijo Apolo mientras disparaba una flecha al gran dinosaurio esquelético y este se derrumbaba — Lo sabemos — esquivo un golpe de un golem.
— Si tan solo...— Perseo esquivó por poco otra arpía y luego rodó por el suelo evitando ser aplastado por los puños de un Golem.
— Pobres incautos — dijo una voz siseante y pronto cerca de lo que parecía la construcción que había atacado antes estaba una mujer. Mitad serpiente, mitad mujer, sus ojos amarillos de reptil y su cabello castaño lacio cayendo por su espalda.
— Lamia— susurro Apolo deteniéndose y ocasionando que un Golem aprovechará su distracción tumbandole de un golpe al piso.
Jason y Perseo que se habían quedado inmóviles también pronto se pusieron de nuevo en la pelea y jalaron a Apolo antes de que el Golem de otro golpe.
— ¿Dónde está mi amigo? — cuestiono Perseo mientras acababa con dos arpías, chispas saltaban de su mano y su espada estaba igual.
— Oh, ¿te refieres al castaño? — ella sonrió como si el asunto fuera divertido — Su alma está por dejar de existir, no te preocupes por él —
Jason mató a otro Golem mientras defendía a un inconsciente Apolo. Perseo estaba furioso, él solo quería acabar con ella, sus manos estaban cada vez más cargadas de energía y de la nada un rayo azotó contra el dinosaurio esqueletico que estaba tratando de reconstruirse.
— Lo volveré a preguntar solo una vez más ¿Dónde está mi amigo? — su voz sonaba filosa, tanto como la hoja de una navaja. La espada de Perseo estaba llena de electricidad y fuertes vientos se arremolinaban a su alrededor. La mujer río, como si todo el enojo de él fuera lo más gracioso del mundo.
— El pequeño semidiós no-vivo pretende que me asuste — río a carcajadas vivas, lo que solo hacía que Perseo endurezca más — Te diré algo — sonrío de lado la mujer — Puedes llevarte a tu amigo, si gustas... — señaló la casa — O puedes tener a tu novio —
Jason dejó de pelear, Apolo reaccionó abriendo los ojos y Perseo se detuvo, el aire se calmó ¿Cómo que tener a su novio? ¡Ella no tenía a su novio! ¡Su novio estaba en el castillo! ¿Verdad?
— Veo que no han hablado con los del castillo — comentó ella tranquilamente muy feliz — Bueno el asunto está que ya tengo tres hijos del mar, solo me faltan dos y mi colección estará completa — ella dio unos aplausos con una sonrisa cruel en los labios — Y así, el estúpido de Poseidón y de Zeus me las pagarán por lo que me hicieron —
Apolo se puso de pie lo más pronto que pudo y con ayuda de Jason, que aún estaba matando arpías. No podía creer que esa mujer de verdad tuviera a su Oasis, aquello era imposible. Perseo por otra parte estaba pensando decía tener a tres hijos de Poseidón y que le faltaban dos pero en el inframundo solo había tres y con el novio de Apolo eran cuatro, no cuadraba.
Pronto de la nada se formó una gran niebla de color verde mar y algo empezó a pasar dentro de la construcción detrás de Lamia...
