A donde sea que Orquídea iba, los susurros y las miradas hostiles la seguían. El descontento era tangible y el rechazo indiscutible, ya no había respeto para ella en la tribu.

Dado su patético desempeño durante el duelo contra la reina de Nido Profundo, a Orquídea no le extrañaba que la trataran así, si su líder hubiera perdido de forma tan vergonzosa por andar perdida en ensoñaciones, ella reaccionaría igual. Sin embargo, aunque justificaba la conducta de sus seguidores, no dejaba de sentirse molesta por ella.

La irritaban sus miradas desaprobatorias, estaba acostumbrada a ser admirada y respetada, no toleraba su desprecio. Lo peor era que se estaban esparciendo muchas historias desagradables sobre ella. No eran pocos los que últimamente decían que todo lo que había logrado era gracias a sus hermanas, pues como las tres siempre luchaban juntas, ellas se encargaban de suplir su debilidad ¡Cómo se atrevían! Al parecer no recordaban que cuando ellas (O más bien ellos, pues en ese tiempo contaban con su hermano), desafiaron a los anteriores líderes, luego combatieron entre ellos para ver quien sería el líder indiscutible. Su duelo acabó en empate y por ello los cuatro se declararon Lords. Por lo tanto, ella era igual de fuerte que sus hermanas ¡No deberían poner en duda su supremacía!

Pero sabía como funcionaban las cosas en la tribu, el líder siempre estaba bajo vigilancia, siempre a prueba para demostrar su poder. De hecho Orquídea se preguntaba cuando aparecería algún retador a desafiarla, tenía bastantes ganas de asesinar a alguien y una buena pelea le vendría bien. Por supuesto, tenía plena confianza en ella misma y dudaba que alguien fuera capaz de derrotarla. Quizás la pareja reproductiva de Lavanda podría representar algún desafío, pero seguía sintiéndose superior.

Sin embargo, lo que nunca se esperó, fue que sus mismas hermanas la confrontaran.

—Orquídea, junto a Lirio lo hemos estado discutiendo y no creemos que estés en condiciones de seguir ejerciendo como Lord —Dijo un día de forma repentina la hermana mayor.

—¿¡Que!? ¿¡Pero por qué dicen eso!? —La mantis mostraba una mezcla de sorpresa y desafío en su mirada, a pesar de que mantenía su característica postura regia y elegante.

—¿En serio hace falta preguntarlo? —Lirio como siempre tenía aquella actitud agresiva y poco cortés.

—Sé que durante el combate con la reina Hornet no estuve a la altura ¡Pero sigo siendo fuerte! Que cualquier mantis de la tribu me rete a un duelo ¡Sucumbirá a mi poder!

—Orquídea, nosotras no ponemos en duda tus capacidades físicas —Lavanda mantenía su tono serio y solemne—. Lo que cuestionamos es tu fortaleza mental.

—Me-me ¿Mental? ¡No hay nada malo en mi mente!

—Tal vez no exactamente en tu mente, pero sí en tu...

—¡Lirio no te pases! —La reprendió Lavanda.

—Como sea —Lirio retomó la palabra—. La cosa es que durante el combate, o más bien durante toda esa aburrida reunión, lo único que hacías era estar pendiente de Hollow. Y las miradas que le dedicabas no eran de simple curiosidad.

—¿Que insinúas hermana? —Orquidea entrecerró los ojos revelando una amenaza silenciosa.

—¡Deseas a ese insecto! ¡Lo quieres! Pero las relaciones con bichos de otra especie son tabú y lo sabes ¡Asquerosa!

Esta agresiva declaración encendió la furia de Orquídea, quien se lanzó contra su hermana con su lanza lista para atacar. Lirio por supuesto respondió a su desafío de la misma manera y ambas mantis dieron inicio a una agresiva pelea. Sin embargo está acabó ni bien hubo empezado, gracias a la oportuna intervención se Lavanda, que fue capaz de detener a las hermanas con un preciso bloqueo.

—¡Suficiente! —Gritó la hermana mayor.

—¡Pero Lavanda! ¡Lirio me ha ofendido! ¡Exijo un duelo!

—Tú no estás en condiciones de combatir —Lavanda hablaba con total calma—. Pero a diferencia de Lirio, yo no creo que estés tan mal, a mí me parece que solo estás confundida.

—¿Confundida?

—Sí. La época de reproducción está cerca, y aunque no esté en tus planes dejar descendencia todavía, sabemos que los instintos nos instan a eso. Seguramente tu cuerpo busca un macho fuerte y eso nubla tu juicio. Por eso considero que al menos por este período, deberías dejar tu puesto como Lord.

—No... No... ¡No! ¡No pueden hacerme esto! Un Lord jamás deja su puesto a menos que su vida sea arrebatada por un retador ¡Seré la vergüenza de la tribu!

—Ya eres la vergüenza de la tribu —dijo Lirio expulsando veneno en cada palabra.

—Lirio tú... —Aunque Orquídea mantenía su postura serena y orgullosa, sus puños temblaban de la rabia.

—En estos momentos no vemos la forma de que puedas desempeñar un combate justo que deje conforme a la tribu —declaró Lavanda—. No piensas con claridad y te distraes con facilidad. Sabemos que tienes la fuerza para derrotar a cualquier retador, por lo que no puedes ser destituida de tu puesto como Lord, pero tampoco lo desempeñas como se debe, por lo que no tienes el respeto de nadie. Por eso consideramos que lo mejor es declararte incapacitada por enfermedad hasta que te recuperes.

—¡Pero yo no estoy enferma!

—Tú mente lo está —chilló Lirio—. Debe estarlo para fijarse en un insecto que no es una mantis. Lavanda insiste en que esto es algo pasajero y que luego de un tiempo volverás a ser la misma de siempre, por eso estás temporalmente destituida.

—No podré mirar a la cara al resto de la tribu después de esto ¿Quien ha oído de un Lord destituido? Solo la muerte debe arrebatarnos el trono.

—Eres muy joven Orquídea ¿Ya estás lista para morir? —Cuestionó la hermana mayor.

—No... No quiero morir aún —dijo bajando la mirada—. Aún hay cosas que me gustaría hacer.

—¿Entonces qué sugieres Orquídea? Tenerte en tu trono ahora es más una molestia que un aporte y el delicado equilibrio de poder de la tribu peligra.

—Yo... —la mantis bajó la mirada y se movió inquieta, no eran muchas las opciones que tenía. Sin embargo por eso mismo la única salida posible era tan clara—. Me voy, abandonaré Páramos Fungicos.

—¿Quieres exiliarte?

—No exactamente. Iré a cazar, capturaré a la presa más poderosa y extraordinaria que se haya visto y volveré con la prueba de mi hazaña. Entonces nadie podrá atreverse a dudar de mi poder nunca más.

—¿Y acaso habrá allá afuera semejante criatura poseedora de tal poder? —Lirio parecía algo escéptica respecto a esto.

—Claro que la hay, el mundo es demasiado grande y entre todas las patéticas bestias que lo pueblan, alguna poderosa debe haber. Yo la encontraré y la someteré.

—Pues entonces esperaremos tu regreso —concedió Lavanda—. Ve Orquídea, demuestra porqué lograste llegar al poder.

—Eso haré.

La mantis abandonó la Villa de forma veloz sin despedirse de nadie ni mirar atrás. Ignoró los susurros y los chismes que esparcían los miembros de su tribu ante cada paso que daba y sin vacilación alguna, salió de los terrenos pertenecientes a su pueblo para adentrarse en los páramos Fungicos, en busca de la gloria y la batalla de su vida.

Durante toda su vida, Orquídea solo había conocido los Páramos Fungicos, jamás había salido de su territorio. Tomando en cuenta esto, podría pensarse que estaría perdida y desorientada sin saber a dónde ir o qué hacer, sin embargo esta mantis tenía una cualidad que la diferenciaba de otras de su especie: La curiosidad.

Ella se daba el tiempo de escuchar a sus presas, cada vez que algún viajero incauto se adentraba en el territorio, ella no lo aniquilada de forma inmediata, normalmente lo vigilaba, acechaba y sobre todo, prestaba atención a sus palabras. Gracias a esto muchas veces escuchó conversaciones que hablaban de tierras lejanas, de ciencia, de criaturas extrañas y gente maravillosa. Muchas veces fantaseó con las curiosidades que se contaban y por momentos llegó a sentir la tentación de explorar el mundo que la rodeaba. Pero sería insensato arriesgar todo lo que tenía por un sueño tonto ¿Abandonar su puesto como Lord y el respeto de todos solo por ver qué había más allá? ¡Jamás! Sin embargo ahora dada su situación delicada no había mucho que arriesgar, de por sí ya no tenía nada.

De entre las muchas historias que escuchó Orquídea, hubo una que siempre la intrigó de sobremanera. La historia de un misterioso cazador de 6 ojos con una capucha de camuflaje y un cuerpo delgado. Un ser despiadado y letal que mataba por placer y a quien nadie podía poner freno. No tenía nombre y vivía una existencia solitaria, todos se referían a él como el cazador, y todos temblaban al saber de él. Era la presa perfecta.

Teniendo está información, la mantis dirigió sus pasos a Sendero Verde, donde su curiosidad infinita por primera vez encontraría sosiego, o al menos eso era lo que ella esperaba, nunca se le pasó por la cabeza pensar que terminaría envuelta en aún más misterios y dudas.

Solo paz y quietud se respiraba en Sendero Verde, usualmente aquella era la norma en Tierras Verdes, el reino de los musgosos. Considerando lo pacíficos que eran sus habitantes y la misma reina del lugar, no podía ser de otra manera.

Tierras Verdes originalmente era un territorio anexado por el Rey Pálido a sus dominios, pero luego de su caída y tras el paso de algunos años, toda el área correspondiente a los Jardines de la Reina, Sendero Verde y Cañón Nublado se había independizado y ahora era un reino autónomo, regido por la Clara, la hija de la antigua dama Blanca, su última gran obra antes de perecer. Esta pequeña raíz a pesar de su juventud, había demostrado poseer grandes dotes de mando y mucha astucia para manejarse en temas políticos, suponían que era una cualidad propia de las raíces, ella era un alto ser después de todo.

Clara sabía que su pueblo no tenía grandes guerreros, ni alta tecnología para sobresalir y defenderse de invasores, por eso de forma astuta, había establecido una alianza con el Corazón de Hallownest, los remanentes que quedaban del viejo reino del rey Pálido, que ahora estaban bajo el mando de Big, su medio hermano por parte de madre, antiguamente conocido como el Hollow Knight.

A cambio de protección y apoyo, Clara permitía el libre acceso a sus tierras y la extracción controlada de algunos recursos, siempre y cuando respetaran a sus habitantes y sus creencias. Hasta ahora todo había funcionado bien.

Los terrenos irregulares y plagados de vegetación eran muy buenos para practicar combates y cacerías, por eso se había convertido en el campo de entrenamiento habitual de los caballeros del Corazón de Hallownest. Y ese día estaban teniendo una sesión particularmente intensa.

Oculta en un matorral, un contenedor no muy alto de identidad femenina observaba sus alrededores. Llevaba una capa color violeta brillante, y en su cabeza tenía cuatro cuernos, dos salían desde los costados de su cabeza y apuntaban hacia abajo (de alguna forma se asemejaban a un par de orejas caídas) y dos salían de la parte superior de su cabeza curvándose ligeramente hacia atrás.

La joven estaba muy quieta, atenta al más mínimo movimiento, era presa y cazadora, debía estar dispuesta atacar sin dudar, pero a la vez ser cuidadosa para evitar ser dañada. Todo su cuerpo estaba en tensión mientras esperaba alguna señal o algo que delatara a su enemigo, casi ni respiraba y cada vez se encogía más en su sitio, hasta que de pronto, un movimiento a un costado de ella la asustó y terminó brincando fuera de su arbusto "chillando" de forma histérica.

Entonces para su sorpresa, se dio cuenta de que lo que la había asustado era simplemente un musgoso camuflado en su arbusto. La joven apretó los puños frustrada, estaba a punto de quejarse con el bicho verde cuando sintió una punzada en su espalda, entonces lentamente se giró a ver y se encontró con otro contenedor de identidad masculina, este portaba una capa azul marino y tenía cinco cuernos, uno grande saliendo de su frente y cuatro más pequeños en los costados de cabeza, todos ligeramente curvados hacia atrás. El insecto tenía su aguijón apuntando a la espalda de la joven de cuatro cuernos, quien fastidiada hizo un gesto de rendición.

Luego de eso aparecieron otros dos contenedores más, uno de ellos tenía una expresión despreocupada, acentuada por sus ojos pequeños y alargados, usaba una capa gris y tenía tres cuernos, uno largo y otro pequeño saliendo del lado superior izquierdo de su cabeza y otro corto y solitario saliendo de su lado derecho. Su actitud delataba que se trataba de un macho

El último contenedor podría ser definido como andrógino, no había nada en él que indicara que era macho o hembra, él mismo no se sentía particularmente identificado con ninguno de los géneros. Este llevaba una capa morado oscuro y tenía dos cuernos largos que salían de la parte suprior de su cabeza y se curvaban hacia el centro formando una figura semejante a un corazón.

Cuando los cuatro contenedores estuvieron reunidos, estos parecieron empezar una discusión silenciosa en la cual todos parecían criticar a la chica de los cuatro cuernos, mientras esta se defendía como mejor podía dando mil excusas distintas.

—Kairi, supongo que estarás consciente que cometiste un error ¿Verdad? —Dijo una voz profunda con un ligero tono de jovialidad.

Los jóvenes se giraron y se encontraron con Ogrim, el escarabajo pelotero que estaba cargo de su entrenamiento.

—¡...! —Kairi agitó sus brazos alterada tratando de excusarse ante su maestro por su error.

—Eh... Kairi, ya sabes que cuando te pones así me cuesta entenderte... En realidad normalmente tengo problemas para entenderlos, ya saben.

La cuatro cuernos bufó molesta, la comunicación siempre había sido un problema. Si quería decirle algo debía ser muy clara y precisa en su mensaje, además de pensar bien como lo comunicaría. Sin embargo al meditar la situación, se daba cuenta de que solo tenía excusas y no había disculpa alguna para su error, entonces agitó la mando dando a entender que ya no tenía importancia.

—Oh bueno. De todos modos esto nos da la oportunidad de comentar una de las precauciones que hay que tener cuando uno se infiltra en territorio enemigo o necesita ocultarse por alguna razón. Siempre hay que verificar que el escondite sea seguro, que no haya ninguna criatura peligrosa ocupando el sitio. En este caso solo había un musgoso, pero dependiendo del territorio pueden haber criaturas mucho más letales. Así que ya saben, si van a ocultarse, siempre revisar el escondite primero.

—... —El contenedor de 5 cuernos hizo algunos gestos que Ogrim se esforzó por entender.

— A ver Lumis ¿Me estás diciendo que Hollow nunca tiene que ocultarse? —Lumis asintió confirmando su interpretación—. Pero Hollow es especial, no creo que alguno de ustedes tenga una fuerza comparable a la de él. Cuando se llega a semejante nivel de poder pues... Supongo que no hace falta ocultarse. Pero él no siempre estará por ahí para protegerlos y si se las tienen que arreglar solos, mejor contar con todos los recursos posibles.

—¿...? —El contenedor de tres cuernos hizo el gesto de un bostezo.

—¿Te parece muy aburrido este entrenamiento Cliff? —El aludido asintió descaradamente, provocando un suspiro en Ogrim—. En serio aún les falta madurar mucho, se supone que son la guardia real del Rey Big, traten de comportarse a la altura.

—... —El contenedor de dos cuernos agitó su aguijón impaciente.

—Ustedes lo único que quieren es entrenar batallas ¿Verdad? —Los cuatro asintieron—. En serio les falta madurar mucho. Bueno, ya retomaremos este tema más adelante ¿Quién quiere empezar?

El tema de acechar sin ser descubierto, era algo en lo que los jóvenes caballero aún eran novatos, sin embargo Orquídea era una experta. Había estado vigilando al grupo escondida detrás de unos matorrales, quedándose tan quieta que podría haber sido confundida con una estatua, sin embargo, si eras lo suficientemente observador, podrías notar cómo brillaban sus ojos de emoción.

Lo que tenía al frente era algo extraño y misterioso y eso la fascinaba. Al parecer el caballero silencioso no era el único individuo de su tipo ¡Era toda una especie! La primera vez que lo vio siendo un niño pensó que se trataba de una cría de escarabajo cornudo, sin embargo al crecer fue evidente que se trataba de algo muy diferente, algo jamás vio antes. Junto a sus hermanas muchas veces especularon sobre que clase de criatura sería, pensaban que tal vez era un viajero solitario venido de tierras lejanas, o quizás la última criatura de su especie que vagaba por el mundo buscando a sus semejantes. Sin embargo lo que tenía al frente dejaba en claro que no estaba solo.

Cuatro bichos muy parecidos a Hollow ahora se encontraban realizando duelos de entrenamiento bajo la supervisión del escarabajo pelotero y todos parecían bastante hábiles. Orquídea se preguntaba si toda esta raza sería poderosa, al menos los individuos que tenía al frente lo parecían, quizás no tanto como el mismo Hollow, quien aparentemente era alguien sobresaliente incluso entre sus congéneres, pero su talento era ciertamente destacable. Quizás si ella luchara contra dos de esos guerreros al mismo tiempo podría tener un duelo medianamente interesante, de hecho estaba tentada a retarlos, el fragor de la batalla que ocurría frente a ella la emocionaba.

No estaba dentro de los planes de la mantis el matar a estas criaturas, ella solo quería medir sus habilidades contra ellos, pero su postura, su mirada y básicamente todo en ella la hacía lucir como una depredadora acechando a su presa y la pobre, no se percató de que ya había alguien acechándola a ella.

Los hermanos de Hollow pensaban que él nunca se ocultaba y que siempre iba de frente a luchar contra sus enemigos, pero en realidad él sabía ser muy sigiloso, Hornet se había encargado de instruirlo en el arte de acechar, por esto este habilidoso contenedor podía caminar sin hacer ruido y pasar desapercibido incluso frente a una mantis.

Orquídea no vio venir el primer golpe, solo supo que sintió un horrible dolor en su espalda y que su sangre comenzó a manchar el piso donde estaba parada. Sin embargo estaba acostumbrada a tolerar el sufrimiento físico y sin inmutarse se giró lista para contraatacar, sin embargo lo que vio la paralizó del miedo.

Frente a ella estaba su caballero silencioso, frío y terrible. En su mirada había una furia infinita y se adivinaban unas ansias asesinas. Ella jamás lo había visto así, casi no podía respirar de la impresión, era como si un poder abrumador la aplastara y le impidiera moverse. Semejante agresividad manando de aquel individuo la aterraba y de alguna forma retorcida también la excitaba... Quería luchar con él.

Sin embargo fue poco lo que pudo hacer. Hollow levantó su aguijón una vez más y su siguiente ataque hizo que Orquídea perdiera la consciencia.


Me aseguré de darles cantidades distintas de cuernos para identificarlos.

Charis: dos cuernos.

Cliff: tres cuernos

Kairi: cuatro cuernos

Lumis: cinco cuernos