En una acogedora cueva en la zona baja de Nido Profundo, la reina araña y su consorte se encontraban esperando ansiosos y felices que la matrona terminara de revisar a sus hijos.

Hornet estaba radiante de alegría, tarareaba una linda canción mientras sus manos hábilmente enredaban su seda para dar paso a la creación de bellas prendas de vestir, específicamente ropa infantil.

La mayoría de las arañas solían preparar el ajuar de sus hijos antes de que nacieran, al fin y al cabo, todas las arañas tenían la misma forma y más o menos el mismo tamaño al nacer. Pero en el caso de Hornet, el aspecto de sus hijos era un misterio y no tenía forma de saber qué clase de prendas serían apropiadas para ellos, por eso ahora habían nacido se encontraba tejiendo a toda velocidad al menos un conjunto para cada uno. Quirrel la observaba admirado, Hornet amaba tejer (no lo sabría él que tenía muchas más pañoletas, capas y frazadas de las que realmente necesitaba), pero ahora parecía disfrutarlo más que nunca.

Suspiró al pensar en la montaña de ropa que haría para los pequeños, sus hijos podría pasar cualquier tipo de necesidad, pero jamás tendrían frío.

De pronto notó que la matrona venía de vuelta de revisar a los niños, ambos se acercaron a escuchar lo que tenía que decir sobre los retoños.

—Felicidades a ambos, y en especial a ti Hornet, has traído al mundo a una princesa araña perfecta —dijo mostrando a la cría que tenía en los brazos—. Claro, obviando el hecho de que solo tiene cuatro ojos y 6 extremidades, pero son más que suficientes para arreglárselas y sobrevivir.

—¿Entonces está bien? ¿Está sana?

—Claro, está sana y es fuerte. Parece haber heredado los genes de su abuela. Por lo que he podido apreciar será grande, podría acercarse al tamaño de Herrah.

Hornet parpadeó sorprendida, eso era más de lo que esperaba, considerando que ni ella ni Quirrel eran muy altos. Pero si su pequeña había obtenido los genes de su abuela era algo estupendo, no le costaría imponer respeto a su alrededor y podría gobernar fácilmente. Aunque la idea de que su bebé se volviera tan gran que pudiera cargarla a ella le incomodaba un poco. Suspiró algo abrumada, en cuanto la princesa estuviera lista para ser reina, abdicaría a su favor y se iría a vivir una vida tranquila a Bocasucia, aunque para eso faltaban muchos años aún.

—Ven aquí pequeña —Hornet extendió los brazos y la matrona le pasó a su hija— Así que serás una niña muy grande ¿Eh? Seguro que sí, y además una buena tejedora.

—Tiene grandes posibilidades con eso, —corroboró la matrona acercándose y tocando el final del cuerpo de la niña del cual extrajo una pequeña hebra de hilo—. La calidad de su seda es excepcional, es firme, suave y muy brillante, impondrá respeto entre otras arañas con semejante material, aunque dependerá de ella el que transforme su seda en prendas de ropa de categoría.

—Te enseñaré todo lo que sé, en pocos años estarás tejiendo prendas tan bonitas como esta que hice para ti.

Sacó la capa que había tejido para la bebé, era muy similar a la que ella misma usaba, pero obviamente con un tamaño apropiado para la niña. Esta cubría su torso pero dejaba su abdomen de araña a la vista. Como acababa de tejerlo era blanco, pero pretendía teñirlo, tenía la intuición de que un rojo suave le quedaría bien.

En cuando la cría estuvo vestida, esta comenzó a frotar su rostro con la tela, le encantaba lo suave que era y reía feliz.

—Creo que tengo su aprobación.

Hornet orgullosa le pasó la cría a Quirrel quien la acunó un momento antes de ponerla en una cuna portátil que tenían con ellos, aunque la niña no parecía tener ganas de dejar a su padre, pues le agarró un dedo y lo sujetó con todas sus fuerzas. Quirrel sintió que se le iba a salir el corazón del pecho de amor.

—Jujuju, no la vayas a consentir demasiado Quirrel, se ve que es del tipo de chica que siempre consigue lo que quiere —dijo la ciempiés con una risa traviesa.

—Trataré —contestó la cochinilla algo sonrojada— ¿Algún otro cuidado extra?

—No muchos, alimentarla bien, mantenerla abrigada y retirar el hilo que produce cada noche, es muy pequeña para tener esos cuidados ella misma.

—Entendido.

—Tendrán que hacer lo mismo con su hermana —Ambos padres parpadearon sorprendidos al oír esto.

—¿Su hermana también produce seda? —Preguntaron al unísono.

—Bueno, no es de tan buena calidad ni en tanta cantidad como la de la princesa —La insecto tomó a la cochinilla que estaba recostada sobre su lomo—. La verdad dudo que esto sirva para tejer algo —así como lo hizo con la araña, pasó su mano por la parte de abajo de la cochinilla extrayendo un poco de seda, la cuál se veía opaca y gruesa—. Aún así esto puede servir para algo, si desarrolla el estilo de combate con aguja lo necesitará, o también puede fabricar cuerda, pero no servirá para tejer ropa. Aunque no lo veo grave, de todos modos las cochinillas no necesitan producir hilo, así como tampoco necesitan cuatro brazos o cuatro ojos... Pero seguro podrá sacarle provecho a sus cualidades únicas.

—Sin duda —Hornet tomó a su hija para arroparla.

La madre había notado que su hija era algo friolenta, por lo que para ella había tejido una capa con capucha, gruesa y abrigada, que cubría su cuerpo casi por completo, aunque estaba abierta al medio para que sacara sus brazos. Planeaba teñir su ropa de morado, aunque debía admitir que vestida de blanco no se veía mal. La niña en realidad también parecía contenta, se acurrucó entre su ropa, cerró los ojos y comenzó a dormitar.

—¿Cómo? ¿Ya te dormiste otra vez? Esta niña...

Hornet la llevó ella misma hasta su cuna donde luego de estirarse un poco se durmió definitivamente, su padre aprovechó para acariciarla y la pequeña entre sueños soltó suaves quejidos mientras se movía ligeramente, era una imagen en verdad tierna.

—Es muy tranquila —comentó la ciempiés—. Será fácil criarla, dudo que moleste mucho, a diferencia de su hermano.

Hornet y Quirrel voltearon a ver a la matrona para preguntar a qué se refería, pero la respuesta vino por sí sola, el pequeño niño estaba encaramado en la cabeza de la bicho agitando sus bracitos alegremente.

—Chester, bájate de allí —Lo regañó su madre.

Pero el niño no hizo caso, en lugar de eso se deslizó por el cuerpo de la ciempiés y cuando tocó suelo salió corriendo hacia la salida de la cueva. Pero su loca carrera no duró mucho, pues repentinamente una aguja se clavó en medio de su camino, causando un susto tan grande que el pequeño terminó cayendo sentado. Estaba a punto de ponerse a llorar cuando su madre tan veloz como su aguja llegó a su lado y lo tomó en brazos.

—Pequeño demonio ¿No te parecieron suficientes los problemas que causaste en los archivos? —Se quejó Hornet—. Ay Chester... Ya veo que me causarás bastantes dolores de cabeza.

—¿Cómo? ¿Ya recibió un nombre? Pero si no tiene ni un día de nacido —La matrona lucía muy sorprendida.

—Ah sí... —Quirrel se rascó la cabeza con incomodidad—. La verdad es que es una historia muy graciosa...

...

Luego de que los niños nacieron y de que los atendieron apropiadamente, ambos se dedicaron a limpiar y ordenar la oficina mientras los retoños descansaban en su cuna, sin embargo, uno de ellos resultó ser mucho más activo que los otros, precisamente el único varón de la nidada. Mientras sus hermanas aún dormían su primera siesta, él ya estaba despierto y listo para explorar el mundo.

—No te salgas de tu cuna —Lo reprendió Quirrel mientras interrumpía su intento de huida—. Este niño no tiene ni un día de nacido y ya quiere causar problemas ¿Por qué no puedes ser como tus hermanas? Míralas, están tranquilas durmiendo por allá.

El niño solo rió de forma traviesa, como si lo estuviera desafiando, a lo que su padre solo pudo suspirar.

—Este niño... Y hablando de niño... No podemos llamarlo así toda la vida. Hornet ¿Ya has pensado en un nombre que quieras ponerle?

—¿Nombre? Ay Quirrel, no te lo había dicho, pero en Nido Profundo los padres no le ponen los nombres a sus niños.

—¿Y quien se los pone?

—El destino.

—¿Qué?

—Nosotros creemos que cada persona viene con un nombre predestinado, el asunto es encontrar ese nombre. Por eso los padres no los nombran, podrían terminar dándoles un nombre basado en sus gustos propios en lugar del que les corresponde por derecho.

—¿Y cuánto tiempo van a estar sin recibir un nombre?

—Pues... Eso es variable, a veces son días, meses, o hasta años.

—¿Años?

—Pues sí, yo por ejemplo tardé bastante en recibir mi nombre. Me lo dio la difunta reina Vespa cuando fui a entrenar a su colmena. Inicialmente fue un apodo que me dio, que luego terminó siendo mi nombre. Solía decir que yo era tan valiente, feroz, osada y gruñona como un avispón.

—Estas costumbres arácnidas son muy raras —Quirrel movió la cabeza algo decepcionado— ¿Y cómo nos vamos a referir a ellos entonces?

—Pues lo tenemos fácil, hijo, hija y princesa.

—No me convence mucho pero... ¿Segura que no podemos nombrarlos nosotros? Si hasta había preparado una lista.

—¿Una lista?

Esto sin duda captó la atención de la mestiza, quien siguió a su pareja hasta su escritorio, donde abrió un cajón y extrajo un fajo de papeles donde tenía anotados muchos nombres tanto femeninos como masculinos.

—¿Tú hiciste todo esto?

—Bueno... Estaba algo ansioso y pensar en como nombrarlos me ayudaba a pasar el tiempo.

Hornet se acercó, tomó algunos de los papeles y comenzó a leerlos.

—A ver... Rose... como la flor, nombre ideal para chicas alegres y entusiastas, suelen emanar fuerza y seguridad... Y este otro... Jongly... Significa amable, un nombre otorgado a las personas que desbordan calidez y gentileza... Y este de aquí es Taiyo, que significa sol... ¿Y qué rayos es un sol? Vaya Quirrel, se nota que le pusiste empeño a esto de los nombres... Casi hasta me da pena que ninguno de ellos vaya a ser utilizado.

—Si bueno... Las cochinillas nombramos a nuestros hijos, pero si las arañas no lo hacen pues...

Mientras ambos conversaban, ninguno se dio cuenta de que el pequeño niño rebelde finalmente había logrado escapar de su cuna. A pesar de llevar a penas un par de horas de nacido, ya era capaz de caminar y deambular trechos cercanos, y con cada paso que daba, su habilidad para movilizarse incrementaba.

El infante caminó hasta sus padres silenciosamente, esperaba llamar su atención para que lo tomaran en brazos, pero cambió de idea cuando uno de los papeles del escritorio le cayó encima. Lo tomó y lo miro con cuidado, era algo nuevo para él, como todo en ese mundo. Lo agitó un poco y el sonido del papel finalmente alertó a sus padres de su presencia.

—Hijo ¿Ya te saliste de la cuna? —Dijo Hornet agachándose para tomarlo.

Pero el niño interpretó aquella acción como que quería quitarle su papel, y él no estaba dispuesto a eso, por lo que con una habilidad impensada para alguien de su edad, la esquivó y salió corriendo, lamentablemente la puerta del cuarto justo estaba abierta en ese momento y el niño salió al pasillo.

—¡Hijo no! ¡Regresa aquí!

Hornet salió corriendo detrás de él, Quirrel pensaba seguirla, pero tras pensarlo mejor, no podía dejar a las niñas solas, así que primero fue a tomar la cuna y luego siguió a su esposa.

El pequeño corría por el pasillo con una velocidad aceptable para alguien de su pequeño tamaño, dejando a Hornet admirada, parecía tener una genética muy favorable que lo hacía poseedor de mucha energía, quizás era la fuerza heredada del rey Pálido que parecían compartir todos sus hermanos, solo tenía la esperanza de que no hubiera heredado también su falta de sentido común.

Coincidentemente en ese momento otro individuo iba caminando por los pasillos de los archivos, justamente buscando a Quirrel y a Hornet, se trataba de Dan, una joven cochinilla que compartía amistad con ambos y un sospechoso parecido con el profesor.

El joven insecto se extrañó bastante cuando vio a la diminuta cría corriendo por los pasillos, pero fue aún más extraño cuando esta cría corrió hasta él y le abrazó una de sus piernas. No sabiendo muy bien que hacer, recogió al niño que agitaba efusivamente un papel en sus manos, entonces cada vez más curioso, tomó el papel y leyó el nombre que estaba escrito encima.

—Chester... ¿Tu nombre es Chester? —Tomó la risa del niño como una respuesta afirmativa—. Bien, entonces dime Chester ¿Dónde están tus padres?

—Aquí estoy —dijo Hornet apareció corriendo y se detuvo junto a la cochinilla—. Gracias por atraparlo Dan ¡Niño malo! No me hagas pasar estos sustos —Reprendió a su hijo mientras lo tomaba en brazos.

—¿Es tu hijo? ¿Cuando nació? —Preguntó Dan sorprendido.

—Hace unas dos horas, y ya se las arregló para causar problemas.

En ese momento llegó Quirrel trotando detrás de su esposa con la canasta con las niñas, quienes por el movimiento repentino habían despertado y lucían algo molestas, pero todo su enojo pareció esfumarse en cuanto vieron a Dan, extendieron sus brazos hacia él mientras chillaban entusiasmadas.

—Vaya, parece que les agradas —dijo Quirrel alegremente— Me pregunto por qué será ¿Quizás por nuestro parecido físico? De todas maneras, ¿Quieres acercarte a saludar?

Quirrel dejó la canasta en el suelo y Dan se acercó para observarlas. Le parecieron unas chicas lindas, entonces comenzó a mimarlas encantado con lo felices que lucían por esto.

Hornet se sintió angustiada cuando vio esto, se preguntaba si aquel comportamiento de sus hijos sería el llamado de la sangre, al fin y al cabo, aunque ni Quirrel ni Dan lo sabían, ellos eran padre e hijo, por lo tanto, Dan era hermano de los niños. Tenía una gran tentación por confesar la verdad, pero sabía que aquello no haría ningún bien, Quirrel no tenía recuerdos de su pasado. No serviría de nada que se enteraran de su parentesco si Quirrel no tenía recuerdos que compartir, o anécdotas que contar, no había nada, solo un pozo de dolor superado y el latente miedo de que alguien de su pasado algún día apareciera para reclamarlo. Sí, lo mejor era no decir nada, tal como lo había dispuesto ese viejo fantasma, que en muchos sentidos era un idiota, pero en otros ostentaba una gran sabiduría.

—Bueno, lamento interrumpir el momento pero la verdad tenemos cosas que hacer —dijo Hornet colocando a su hijo en la canasta con sus hermanas—. Debo cancelar una reunión que tenía con los habitantes de las ruinas del viejo tranvía, se van a enojar pero cuando sepan la razón de ello lo comprenderán. Además se encargarán de esparcir la noticia de que la heredera de Nido Profundo nació.

—Mmmm... Supongo que es la araña —declaró la joven cochinilla mirándola con atención, por alguna razón mirar a estos niños le provocaba una sensación cálida.

De pronto notó que el niño comenzaba a escapar de su cuna otra vez.

—¡Hey! Chester se escapa de nuevo —dijo tomando al pequeño y depositándolo junto a sus hermanas.

—¿Chester? —Preguntó Quirrel confundido.

—Ese es su nombre ¿O no? Lo decía en el papel que traía consigo.

—En realidad eso...

—Ese es su nombre —lo interrumpió Hornet—. Así lo ha decidido el destino.

...

—Jajajaja, se podría decir que fue él mismo quien decidió su nombre —La matrona lucía muy divertida por la historia que acababa de escuchar—. Sin duda el muchacho destaca por todos lados.

—Lo sabemos, incluso... Su aspecto lo hace resaltar —dijo Quirrel—. Por casualidad ¿Usted no sabría por qué luce así?

—¿Así como?

—No es mestizo.

—Ah... Cierto. La mayoría de las personas suelen pensar que si los padres son de distinta especie todos los hijos son mestizos, pero... La realidad es que la naturaleza siempre tiende hacia la raza pura. Solo la mitad de los niños nacen mestizos, el resto, o heredan la especie del padre, o de la madre. De hecho, si la princesa tuviera niños con una araña, lo más probable es que todos sus hijos sean arañas, lo mismo para la cochinilla. Y lo natural sería que se interesaran por alguien de su propia especie. Aunque este retoño —Miró a Chester—. Él es algo así como una especie nueva, con la sangre del rey Pálido, toda su raza está formada por parientes de él, no me imagino como serán sus conductas reproductivas pero... Bueno, aún faltan muchos años para eso. Disfruten a sus niños, están sanos y en buen estado, pueden irse.

Ambos padres le agradecieron a la matrona por sus atenciones y le dejaron una ofrenda de comida como era la costumbre, luego aseguraron bien a sus hijos en la canasta e iniciaron su camino hacia la guarida que llamaban hogar.

Los retoños miraban con mucho interés todo lo que había a su alrededor, incluso la bebé cochinilla estaba junto a sus hermanos curioseando con ojos somnolientos. La verdad disfrutaron mucho del viaje, en especial cuando Hornet comenzó a subirlos para trepar hasta la casa más alta de la villa.

En cuanto la puerta de aquella guarida se abrió, la criatura de su interior salió a recibir a los dueños de casa con una inesperada emoción.

—¡Mi reinaaaa! —Gritó Ania mientras corría al encuentro de Hornet, pero antes de llegar a ella, se detuvo e hizo una respetuosa reverencia—. Majestad, bienvenida, la estaba esperando.

—De pie Ania —contestó Hornet en un tono más ameno—. Sé que te mueres de ganas por saber las noticias.

—Mi reina... ¿Es verdad? ¿Los retoños han nacido?

—Es verdad, ven a verlos Ania —Hornet estaba radiante de alegría y muy orgullosa de los niños que había traído al mundo.

La araña dio un profundo suspiro preguntándose qué clase de adefesios habrían salido de esa nidada, ella era de los que no tenían mucha confianza en el tipo de crías que podría engendrar una cochinilla, pero quedó muda de la impresión cuando vio lo que había en el nido.

Allí sentada en el frente de la canasta había una araña preciosa, pudo notar que le faltaban ojos y patas, pero eso no opacaba su belleza infantil, lucía fuerte y se podía notar que crecería mucho. Su corazón latió de emoción al pensar en la magnífica reina que sería, ya podía imaginarla demostrando todo su poder y llevando a Nido Profundo a la absoluta gloria, habían tantas posibilidades ocultas detrás de esa mirada infantil.

Sus fantasías fueron interrumpidas cuando el hermano de la princesa empujó a la niña queriendo jugar, ella respondió al desafío de buena gana y se arrojó contra su hermano tratando de agarrar sus cuernos.

Ahora Ania miraba al niño con algo de molestia. No era un mestizo, pero tampoco le pareció una criatura muy agraciada, en su opinión la princesa debería criarse separada de su hermano, una niña de su clase no podía relacionarse con cualquiera. Estaba segura de que Hornet como madre querría que los tres niños permanecieran unidos hasta su etapa adulta, pero trataría de convencerla de lo contrario, tener a ese energúmeno cerca no podía ser bueno para su educación.

Pero si al principio se mostró molesta al ver al niño, al notar la presencia de la cochinilla durmiente sintió asco. Jamás en su vida pensó que vería una criatura tan horrorosa, una cochinilla con cuatro brazos y tantos ojos le parecía un adefesio, deberían haber eliminado a ese ser en cuanto salió del huevo.

—Te han impresionado ¿Verdad Ania? —Comentó Hornet alegremente al ver que su criada se quedaba perdida mirando los niños.

—¿Eh? ¡Oh por supuesto! —Inmediatamente recobró la compostura y el tono alegre y servicial que siempre tenía con su reina—. Los tres son preciosos, unos bellos angelitos. Pero por supuesto alguien como usted solo podía traer al mundo descendencia magnífica. Estoy tan feliz de que los tres hayan logrado nacer sin complicaciones.

—Yo igual, me preocupaba que los fueran a quebrar antes de tiempo y murieran, pero lograron nacer. Ahora ya podré tenerlos en casa, si hay algún peligro al menos serán capaces de esconderse, y cuento contigo para mantenerlos seguros ¿Cierto Ania?

—¡Por supuesto mi reina! Los cuidaré con mi vida, de hecho, ahora mismo voy a acomodarlos en su cuarto.

Ania se disponía a tomar la canasta pero Quirrel se le adelantó y la cogió primero, entonces con una actitud protectora hacia los pequeños y con una mirada fría en su rostro dijo.

—Yo me haré cargo.

Luego de esto se alejó junto a sus hijos hacia sus aposentos donde estaba oculto el cuarto de los niños. Hornet observó a su esposo alejarse con ojos enamorados, le fascinaba esa actitud ruda y protectora hacia sus hijos, pero también comprendía que su actuar podía haber ofendido a Ania, por lo que se acercó a tranquilizarla.

—No te lo tomes personal Ania, Quirrel solo está preocupado por los niños y es muy celoso con ellos —En realidad era mentira, Quirrel no había tenido ningún problema en dejar que Dan y la matrona tomaran a los niños, pero no podía dejar que la criada lo supiera—. Con el pasar de los días se calmará un poco.

—Eso espero, no hay nada que desee más que servirla cuidando y protegiendo a su descendencia.

—Por cierto Ania ¿Llegó alguna carta?

La misma pregunta que la reina llevaba días haciendo, aunque esta vez finalmente había una respuesta positiva.

—Si mi señora, hoy llegó una carta desde el palacio —dijo sacando un sobre de entre sus ropas y entregándoselo a la gobernante.

—¡Al fin! Finalmente parece que las cosas empiezan a mejorar —La mestiza tomó la carta y la abrió.

Ania se quedó de pie frente a la reina mirándola con nerviosismo y esperando que comentara algo del mensaje del rey, apenas se atrevía a respirar ante la expectación por conocer el contenido de la misiva. Aunque Hornet al principio parecía muy contenta leyendo la carta, en la medida que avanzaba su rostro comenzaba a mostrarse cada vez más molesto.

—¿Pasa algo malo? —Se atrevió a preguntar al criada.

—¡No puede ser! —Dijo arrugando el papel—. Hollow no está en el castillo, se fue hacer no se qué cosa por allá en cumbre de Cristal ¡Te juro que si no tuviera a mis niños recién nacidos yo misma iría a buscarlo para pedirle el aguijón onírico!

—Una verdadera lástima —dijo Ania mirando hacia el suelo—. Pero las crías ya nacieron y ha pasado tanto tiempo que supongo que ese tal aguijón que necesita ya no es necesario.

—Oh no Ania, sigue siendo necesario, no descansaré hasta descubrir la verdad sobre el ataque a mis huevos. Big dijo que mandaría a buscar a Hollow con urgencia, aunque creo que ya no hará falta que me manden el aguijón por correspondencia. Preveo que próximamente tendré que hacer una visita al castillo, en ese momento recogeré el artefacto yo misma.

—¿Y cómo se supone que funciona ese aguijón?

—De eso no tienes que preocuparte Ania, es un secreto de la realeza. Tú solo guarda silencio, que yo me haré cargo de todo, pronto podremos estar en paz y tranquilidad criando a los niños.

—No sabe cuánto anhelo que llegue ese día —dijo con una sonrisa triste.

...

La noticia del nacimiento de la heredera de Nido profundo había llegado a todas partes del reino con una velocidad impensada, en el lapso de pocas horas, la pequeña araña se había vuelto el tema de conversación principal de cada residente del lugar y las opiniones referentes a la criatura eran de lo más variadas.

—¡Sí! Es una araña, dicen que es una araña perfecta, una heredera más que apropiada ¿Quién hubiera imaginado que una cochinilla podría engendrar semejante criatura?

—Bah, a mi no me convence, es solo aspecto, te aseguro que aunque luzca como una araña, no se comportará como una ¡Será la vergüenza del reino!

—¿No estás siendo un poco irrazonable?

—Para nada, y te aseguro que no soy el único que piensa eso, más de uno hay por aquí que no está de acuerdo con esto.

—Pero no hay nada que puedan hacer al respecto, su herencia ya está decidida desde su nacimiento.

—¿Que no hay nada que puedan hacer? Oh hoho, te equivocas amigo mío, siempre hay algo que hacer.

—¿En qué estás pensando? ¿Qué vas a hacer?

—¿Yo? Nada, yo no voy a mover una pata por este asunto, no tengo ni las ganas ni el tiempo para esto, pero seguro alguien habrá por ahí que sí las tenga. Nuestra reina deberá ser muy cuidadosa si quiere conservar esta nidada, no será un trabajo fácil.


Nuevo capítulo listo, creo que es suficiente para que se hagan más o menos una idea de como son estos niños, cada uno bastante interesante a su manera ¿No lo creen? En el siguiente capítulo regresamos con Orquídea y su entrenamiento ¿Será capaz de derrotar a Moon?