Las tres mantis Lords se encontraban de pie en la sala del trono, las tres agotadas y con las marcas de una feroz batalla que habían librado recientemente, frente a ellas estaba su oponente, su hermano, el cuarto Lord. En el borde de este improvisado campo de batalla, reposaba el cadáver de una joven mantis, la hija del macho que insolentemente había alzado sus garras contra sus hermanas.
—¡Higo ya basta! ¡No puedes vencernos a las tres! —Le gritó Lavanda furiosa—. Además tú sabes las reglas ¡Está prohibido relacionarse con extranjeros! Ella infringió un tabú, debía enfrentar las consecuencias.
—¡No me voy a detener! ¡Quiero justicia! ¡Ustedes mataron a mi hija! ¡A su propia sobrina! Era la única cría de mi nidada que había sobrevivido, la única que me quedó ¡Y ahora ni a ella la tengo!
—Deja de ser tan sentimental ¡Deberías estar feliz de que tuviera un final honorable! Ya nunca más se revolcará con esa extranjera —Como siempre Lirio era la más despiadada en sus aseveraciones—. Además, siempre puedes tener más crías.
—Ya basta Lirio, cada cría es un ser único e irremplazable, no digas cosas tan insensibles —La regañó Lavanda.
—Pfff, como sea.
—Hermano, ya es suficiente, reglas son reglas —Orquídea trató de calmar el ambiente con una actitud más conciliadora—. Las mismas que nos han regido desde hace muchas generaciones, tú mismo tuviste que hacerlas valer contra otras mantis que se atrevieron a quebrarlas ¿Por qué sería distinto con tu hija?
—Yo... Yo... Quizás todo esto está mal, quizás si pudiéramos pensar distinto, ver otros puntos de vista, considerar más opciones...
—¡Blasfemia! —Chilló Lirio.
—¡Esto es inaceptable Higo! El dolor de tu pérdida te está volviendo loco ¡Abandona esos sentimentalismos tontos y vuelve a ser la mantis orgullosa y fuerte de siempre! Mira todas las estupideces que estás cometiendo, te alzas en armas contra nosotras, cuestionas nuestra forma de vida ¡Qué rayos te pasa!
—¡Ya estoy cansado! Estoy cansado de todas estas reglas estúpidas, de esta vida rígida, de no poder llorar cuando lo necesito, de no poder decirle a alguien cuánto lo quiero, de realizar entrenamientos brutales a las crías ¡De no poder honrar a mi hija con una tumba digna! ¡Quiero destruir el sistema! Y no soy el único... Muchas otras mantis de este lugar piensan como yo, pero callan por temor —De pronto, algo extraño comenzó a aparecer en los ojos de Higo, una tenue luz anaranjada que nadie fue capaz de notar—, Por eso quiero derrotarlas ¡Quiero aplastarlas para ascender al poder y regir de la forma que considero correcto!
—¡Un debilucho como tú nunca podría! —Lo retó Lirio—. Te falta más poder para vencernos.
—Más poder, más poder, más poder... Sí... Necesito poder... Todo el que pueda... Por que si no... Mi sueño no será realidad, no podré... No será posible... Necesito más poder... Más, más ¡Más!
La determinación de Higo por obtener poder a cualquier precio, sumado al dolor por la pérdida de su hija y el resentimiento contra sus hermanas causaron la abertura en su mente a través de la cual la diosa polilla fue capaz de corromperlo, en realidad la infección había comenzado a penetrar desde hacía mucho, pero fue en ese momento que esta finalmente pudo avanzar y tomar control de él.
Los signos de la enfermedad se hicieron tan evidentes que ya fue imposible ignorarlo, sus ojos tomaron el característico brillo anaranjado de la diosa, y su cuerpo comenzó a crecer volviéndose más robusto y poderoso. Sus hermanas lo miraron con una mezcla de asco y espanto.
—Hermano, no...
—Como es posible...
—¡Le entregaste tu mente a la diosa! ¡Traidor!
Con las renovadas fuerzas que le otorgó la diosa, el Lord enfrentó una vez más a sus hermanas, pero al igual que la vez anterior, fue derrotado, aunque por muy poco. Pero esta vez ya no hubo piedad para él, el entregarse a la diosa polilla fue un crimen demasiado grave para ser perdonado, hubiera sido ejecutado si Orquídea no hubiera intercedido por él, argumentando que el exilio era un castigo más cruel y apropiado.
Cuando el Lord desterrado abandonó la aldea, no fue solo, tal como dijo habían otras mantis que estaban de acuerdo con sus ideas sobre una existencia algo más relajada y flexible, e inspirados por el valor que mostró al desafiar a sus hermanas, se volvieron sus seguidores. Aquel día Orquídea por primera vez en mucho tiempo sintió deseos de llorar, no era fácil decirle adiós a su hermano más cercano, su hermano de nidada, ignoraba si Lirio y Lavanda se sentían tan dolidas como ella, pero ninguna lo demostró, todas se mantuvieron firmes sin derramar una sola lágrima.
Y todas las lágrimas que nunca derramó antes, ahora fluían de sus ojos como un río interminable, frente a ella había una tumba hermosa, con una lápida impresionante decorada con aquellas curiosas flores pálidas que tanto abundaban en la zona y en su epitafio decía.
"Aquí yace la hija del traidor"
Clover se encontraba enterrada allí, no le cabía duda, Higo se aseguró de llevar consigo el cuerpo de su hija, dijo que le haría un santuario hermoso para que jamás fuera olvidada, tal como se veía cumplió su palabra, él siempre lo hacía.
La tumba de su sobrina era lo último que esperaba encontrar cuando salió a pasear por los alrededores buscando despejarse un poco, era el recordatorio de un tortuoso y culpable pasado, uno que las tres hermanas lamentaban, pero que por orgullo jamás se dignaban a mencionar. Sin embargo este hallazgo la afectaba a ella de manera más personal que a cualquiera, Higo era su hermano de nidada, y luego de la experiencia vivida durante el último mes, la tragedia de Clover la podía sentir en carne propia.
A estas alturas, con todo lo que había pasado, ya no consideraba a los bichos extranjeros como criaturas inferiores, ya ni siquiera consideraba como algo tan horrible que dos bichos de distinta especie se emparejaran, si Clover hubiera estado viva en ese momento la hubiera apoyado, incluso la hubiera ayudado a escapar para que fuera feliz junto a su novia rara. Pero eso ya no había ocurrido, ella estaba muerta, Higo también y no le quedaba más que cargar con el peso de su culpa hasta el final de sus días.
Ahora Orquídea lloraba rogando por un perdón que jamás recibiría, desgastando su energía en lamentos y lágrimas, ya no le importaba el orgullo ni las apariencias, en aquel bosque de espinas y hierba solo quería despedir a sus parientes muertos.
Fue más de media hora lo que permaneció en aquella triste catarsis, solo cuando ya estuvo demasiado agotada para continuar decidió regresar a la guarida de la reina Clara, seguro estarían preocupados por ella, había dicho que iría a reconocer el terreno, pero se había internado demasiado en la espesura y había perdido demasiado tiempo.
A pesar de lo lejos que estaba de su punto de regreso, confiaba en poder orientarse, curiosamente se ubicaba mejor en ambientes naturales que en lugares urbanos como Ciudad de las Lágrimas.
Caminó lentamente tratando de recomponerse antes de presentarse frente a la reina, no quería que notaran que había estado llorando y le hicieran preguntas incómodas, ella no sabía que era una Lord, no sabía que la mantis que aterrorizó estas tierras era su hermano y no quería tener que confesarlo, así que lo mejor era hacer tiempo.
A diferencia de Cumbre de Cristal, este lugar no tenía ninguna presa que fuera un verdadero desafío para ella, no había matado a ningún ser pues no estaba autorizada para cazar ahí, pero midió sus fuerzas con los bichos del lugar descubriendo que estaba en clara ventaja, por esto se permitió deambular de forma relajada, ya que no había nada qué temer, pero ya era su costumbre estar atenta a su entorno, así que fue imposible que cierto individuo curioso escapara a su vista.
Orquídea se detuvo y clavó sus ojos en el macho mantis que apareció de la nada entre medio de unos matorrales, aunque ella lo vio a él, él ni se enteró de que estaba siendo vigilado.
La lord estaba atónita con lo que tenía al frente ¿Qué hacía una mantis ahí? ¿Sería un extranjero asentado? La verdad lo dudaba, sus rasgos físicos parecían ser los de su tribu, habían ligeras diferencias entre las mantis de un lugar y otro.
El comportamiento de este macho le parecía muy extraño, se notaba que estaba buscando alimentos para llenar su despensa, tenía dos presas muertas colgando de su espalda y un canasto repleto de frutas y verduras que seguramente había recolectado por ahí, hasta ese punto, todo era normal, lo raro era que este individuo estaba recogiendo flores.
¿Por qué una mantis haría un acto tan inútil como recoger flores? ¿Para qué? No eran comestibles ni servían como material para fabricar alguna cosa, simplemente no lo entendía.
El macho terminó de recolectar aquellas plantas y sacó una cinta roja con la cual las amarró formando un precioso ramo, las miró unos momentos con expresión soñadora y las puso en la canasta junto con las verduras, luego de eso se retiró alegremente sin notar en ningún momento la presencia de la lord.
Cuando Orquídea finalmente llegó a la guarida de Clara, un festín de frutas y verduras la esperaba, junto con algunos platillos de huevo que habían preparado exclusivamente para ella. La dieta vegetariana no le agradaba mucho, pero así se alimentaban los musgosos, en cuanto le concedieran un permiso para cazar ya podría procurarse alimento de su gusto.
—Bienvenida Orquídea —La saludó un musgoso bastante confianzudo, de todo el grupo reunido era el único que no la miraba con recelo.
—Gracias ¿Me estaban esperando?
—Oh sí, te tardaste mucho, casi temíamos que hubieras pisado un atrapatontos o algo así.
—No voy a caer en algo como eso con facilidad.
La mantis tomó asiento en el suelo frente a la larga mesa comunitaria de la que comían todos. La forma de vida musgosa era muy humilde, no usaban sillas como en el elegante palacio de Big, no te servían una porción individual en un plato, ni había etiqueta o modales aceptados, todo era más rústico y salvaje, cosa que le agradaba, le gustaba mucho el ambiente cordial y pacífico, todo sería perfecto si no fuera por la comida, pero al menos le prepararon huevos y estaba muy agradecida por eso.
—Estás muy silenciosa ¿Pasó algo?
—Yo... Vi una mantis macho.
—Ah sí, que bien ¿Intercambiaron palabras?
—Veo que no te llama la atención mi encuentro
—¿Debería? Si bien no son tantas, hay unas cuantas mantis viviendo por aquí —No pasó desapercibida para él la expresión sorprendida de Orquídea— ¿No sabías?
—No... Se supone que todas las mantis de Hallownest son las de mi tribu ¿Por qué hay mantis en Tierras Verdes?
—Ah, pues según tengo entendido hace años atrás, en los tiempos de la infección hubo una división en la tribu, una porción de las mantis se infectaron y fueron exiliadas por ello, sin embargo luego de que la diosa polilla fuera derrotada algunas de estas mantis pudieron salvarse, pero como ya no podían regresar a casa, se quedaron viviendo aquí.
—¿¡De verdad!? —Orquídea estaba cada vez más atónita—. ¿Y se integraron a la sociedad y todo?
—Pues... Fue difícil al principio, pero se llegó a un acuerdo, pueden vivir y hacer lo que les plazca mientras no cacen musgosos y no sean irrespetuosas con las deidades del lugar.
—Y las deidades son...
—Unn y el señor de las sombras. Bueno, las estatuas del Señor de las Sombras están puestas por respeto al rey Big, pero aquí la mayoría adoramos a Unn.
—Ah... Veo que no hay mucho drama por las diferencias religiosas.
—No realmente.
El musgoso se tomó una pausa para comer y Orquídea hizo lo mismo, el bicho esperaba que ella retomara la conversación pero solo silencio hubo en su persona. Se sintió algo mal por esto, él era un musgoso algo mayor y muy sabio, sabía leer entre líneas e interpretar a las personas por sus actitudes, lo que había podido leer en el semblante de la invitada era tristeza y angustia, no estaba en sus planes inmiscuirse en su vida, pero si podía distraerla aunque fuera un momento de sus preocupaciones, lo iba a intentar.
—Cuéntame entonces ¿Cómo fue tu encuentro con la otra mantis? ¿Charlaron de algo?
—No, él ni siquiera se dio cuenta de mi presencia, pero creo que fue mejor así, era una mantis muy rara.
—¿A qué te refieres?
—Estaba recogiendo flores ¡Imagínate!
El musgoso no pudo reprimir una carcajada.
—Señorita Orquídea ¿Se puede saber qué tiene eso de raro?
—¿Y qué tiene de normal? Estaba recogiendo flores, las flores no se comen ni sirven para fabricar cosas ¿Por qué alguien se molestaría en juntarlas y hacer un ramo con ellas?
—Pues... Tal vez para regalarlas. Vamos, no es tan difícil imaginar lo que está pasando, seguramente la pareja de esa mantis está esperando bebés y él la quiere consentir, por eso le lleva flores como muestra de afecto.
—¿Las flores pueden ser una muestra de afecto? —El musgoso la miró incrédulo.
—¿Me está diciendo que no sabe el significado de las flores? Oh pobrecilla... Nunca la han amado, apuesto a que su experiencia con el género opuesto es nula.
El musgoso ahora demostraba una genuina lástima por ella que la sacaba de quicio, Orquídea no quería la compasión de nadie, pero no se le ocurría cómo refutar las palabras del bicho, porque tenía razón, no acostumbraba relacionarse con machos, debido al terror que le provocaba enamorarse los alejaba constantemente, incluso de las tres hermanas ella era la menos popular entre el público masculino, no porque no fuera considerada atractiva, más bien porque les daba miedo.
En realidad ahora que estaba enamorada sin remedio (o lo más semejante a un enamoramiento según Orquídea), el mantenerse alejada de los machos ya no tenía sentido, por eso estaba considerando dejar de lado todas sus manías y perder su virginidad de una vez por todas. Aunque eso sería después, de momento tenía otras prioridades.
La mantis sin darse cuenta se había quedado sumida en sus pensamientos, por eso dio un brinco muy exagerado cuando el musgoso la tocó para llamar su atención, casi con enfado le prestó atención y aunque logró intimidarlo un poco, el bicho no se acobardó.
—La reina Clara ha llegado.
El mensaje fue claro y conciso, la mantis de inmediato se puso de pie junto al resto de los comensales y todos se inclinaron respetuosamente ante la reina. Ella desplegando todo su candor contestó a su saludo con una inclinación de cabeza.
—Veo que están disfrutando mucho de su comida —Sonrió con total inocencia, causando aquel sentimiento de afecto que despertaba en cada musgoso el deseo de protegerla.
Incluso Orquídea sintió en parte las ansias por cuidar de esa criatura, pero no se dejó arrastrar por aquel sentimiento, tenía las ideas claras, sabía sus objetivos y cómo conseguirlos.
Se tomó la confianza para caminar algunos pasos hasta la pequeña reina, pero en cuanto se hicieron evidentes sus intenciones, un obstáculo se interpuso en su camino. Dimityr se paró frente a la mantis y se cruzó de brazos con una actitud de absoluta superioridad, la mantis reaccionó instintivamente al desafío irguiéndose con orgullo y adoptando la misma mirada despectiva de la guardiana.
Clara algo nerviosa corrió a interponerse entre ellas, su pequeña estatura no le hacía fácil imponer respeto, pero estaba determinada a detener la posible pelea.
—Ya basta las dos —Gritó con su vocecita dulce que hacía lo posible por sonar enfadada—. El comedor no es para pelear, si quieren enfrentarse tendrán que hacerlo afuera.
Dimityr acató las órdenes de su reina, desplegó toda su confianza mientras se dirigía hacia la puerta de salida. Ella era la mejor guerrera de Tierras Verdes, ningún caballero musgoso podía hacerle frente, incluso algunos de sus hermanos guerreros eran incapaces de derrotarla, sin duda esta mantis caería a sus pies.
Todos estos pensamientos poblaban su mente mientras avanzaba, hasta que se dio cuenta de que nadie la estaba siguiendo, se volteó buscando a su oponente y la encontró sentada conversando amigablemente con su reina ¡La estúpida mantis la había ignorado por completo! Regresó donde su reina y montó un escándalo con pantomima que nadie era capaz de entender, hasta que finalmente se calmó cuando Clara le llamó la atención.
—Dimityr, deja a los mayores hablar, siéntate ahí y quédate tranquila.
Era cómico que una niña la reprendiera usando semejantes palabras, pero no podía replicar nada, se tragó su rabia y se sentó tranquila pero vigilando atentamente a Orquídea, cada gesto o palabra podía delatar sus intenciones siniestras, sin embargo hasta el momento nada sospechoso provenía de la insecto.
—Entonces... ¿Quieres mi permiso para cazar en mi territorio?
—Así es su majestad, ese es el favor que deseo.
—Ah, está bien... No veo problemas con eso pero hay que establecer algunas reglas, como por ejemplo que no puedes cazar...
—No pienso tocar ningún musgoso, por eso no se preocupe.
—Ah sí sí, esa es la regla principal pero hay otras. Para preservar el ecosistema algunas presas no se pueden cazar en ciertas épocas del año, así nos aseguramos de que en los tiempos en que se pueden cazar haya muchas, eh... ¿Alguien tiene por ahí el calendario de caza?
—Ah, veo que no es tan fácil, sin embargo la presa que quiero abatir es única ¿Podré cazarla de todas maneras?
—¿Presa única? —Clara mostró su confusión y miró a los musgosos de la sala buscando respuestas que ninguno pudo dar— No conozco ninguna presa única.
—No es una criatura que alguien consideraría presa, él... Es legendario, alguien que está por sobre los insectos comunes, él jamás es cazado, él es el cazador...
—Cazador... Un momento... —Una expresión de miedo asomó en sus ojos— cuerpo de rama, 6 ojos y una capucha de hierba ¿Buscas a ese ser? ¿Al cazador? ¡¿Es que acaso estás loca?!
Clara dijo aquellas palabras con tanto miedo que los musgosos que hasta ese momento no habían prestado atención a la conversación voltearon sus antenas hacia ellos ¿Qué calamidad había perturbado la paz de su amada reina?
—No estoy loca —contestó la mantis con determinación—. La razón de abandonar mi tribu es probar mi valía como guerrera y regresar como una campeona, con una prueba de mi victoria contra el ser más poderoso de los 5 reinos. El cazador caerá ante mi, para eso me he preparado todo este tiempo.
Un murmullo general se extendió por la sala, el cazador era un ser con el que nadie en su sano juicio querría encontrarse, ya se sabía que había dado muerte a algunos musgosos que se habían adentrado demasiado en territorio salvaje, sabían de su existencia y de su aspecto por los pocos que sobrevivieron a un ataque suyo y regresaron para contarlo.
—Señorita, por favor no lo haga —suplicó el musgoso con el que había estado hablando antes—. Es demasiado peligroso, el cazador es demasiado fuerte, nadie puede hacerle frente, créame, hay mantis que lo han intentado, algunas jamás regresaron y otras volvieron mal heridas hablando horrores del ser de ramas con 6 ojos.
—Un ser de semejante poder es exactamente lo que busco, si lo derroto obtendré la fama y el reconocimiento que necesito, nadie volverá a poner en duda mi fuerza, quizás incluso se hable de mí como la guerrera más fuerte de la historia.
—¿Es eso tan necesario? —Preguntó Clara.
Orquídea se quedó quieta un momento tratando de disolver el nudo que se había formado en su garganta, levantó la mirada, había un dejo de tristeza y resignación, sumado a una súplica silenciosa. Entonces con una suave voz que denotaba nostalgia y anhelo dijo:
—Quiero regresar a casa, pero no me dejarán hacerlo si no pruebo que soy lo suficientemente fuerte.
¿Quién no conocía ese sentimiento? El extrañar el hogar y estar con su gente, era algo muy natural y entendible, sin importar como fuera la familia, no se podía borrar el aprecio y los recuerdos, ella deseaba volver a casa y negarle esa posibilidad sería cruel, aunque el precio a pagar por ello era demasiado alto.
—¿No hay otra forma? Hay muchos bichos poderosos por allí, incluso una vez al año se hace un torneo para encontrar al guerrero más fuerte... Aunque claro, no puedes matar a tu oponente, se hace con fines deportivos —se apresuró a precisar Clara.
—No creo que ese torneo se realice por estas fechas, no quiero demorar más mi regreso, ya llevo demasiado tiempo fuera.
—Quizás necesite entrenar un poco, el cazador es un formidable oponente —El musgoso trató de ganar tiempo, quizás pudieran convencerla de no luchar.
—Ya entrené bastante, tanto en el castillo como en Cumbre de Cristal, incluso derroté a Moon.
Esta declaración dejó a todos mudos de la impresión, Moon era famosa por su poder, incluso rivalizaba con Dimityr, aunque usualmente la victoria de una o la otra dependía mucho del territorio donde se llevara a cabo la pelea, cada una estaba adaptada a su ambiente y era donde sacaban a relucir más su potencial. Si Orquídea había derrotado a Moon en su propio terreno, entonces quizás podría tener alguna posibilidad de salir viva del encuentro (Ni siquiera consideraban que fuera capaz de ganar).
—Está bien, tienes mi autorización para cazar —decretó la reina con bastante tristeza—. De todos modos si eliminaras a esa criatura sería de bastante ayuda, es muy peligrosa y ataca sin previo aviso. Pero aún así, si te arrepientes y decides que ya no importa volver a casa, eres bienvenida aquí, seguro la comunidad de mantis del lugar te recibirá bien, son muy abiertos con las mantis desertoras.
—¿Mantis desertoras?
—Las que escapan de la tribu buscando libertad.
Escuchar de esto entristecía mucho a la Lord, le resultaba difícil creer que alguien odiara tanto la tribu como para querer dejarla para siempre, pero a estas alturas ya podía comprender sus sentimientos, es horrible cuando se espera algo de uno y simplemente no puede cumplir con las expectativas, entonces es natural alejarse para buscar una mejor vida. Cuando regresara a casa trataría de hacer de la tribu un lugar mejor para que todos pudieran sentirse a gusto ahí.
Tenía tantos planes para su regreso, tantas cosas y cambios que quería generar, no podía seguir dilatando su estadía.
—Muy bien, gracias su majestad —realizó una reverencia muy respetuosa—. Si me disculpa partiré ahora mismo.
—¿Eh? ¿No quieres tomar un té para bajar la comida?
—La bajaré caminando, estoy segura de que tardaré un rato en encontrar al cazador, pero agradezco su preocupación.
Nadie dijo nada más, nadie podía detenerla, solo rezar por su pronto regreso.
—Unn mi señora, por favor cuida de ella, no permitas que muera, mi hermano se pondrá muy triste si no regresa —rezó Clara juntando sus palmas.
...
Fue un trayecto largo, Orquídea tuvo demasiado tiempo para bajar la comida, encontrar al cazador no era fácil, tuvo que exprimir sus propias habilidades como rastreadora al máximo, este ser sabía ser discreto, no solía dejar muchas huellas de su presencia, ni ramas rotas, o restos de cadáveres, devoraba sus presas pro completo, ningún resto de caparazón quedaba olvidado por casualidad.
Pero esta mantis sabía distinguir otra clase de señales, unas más sutiles, como el comportamiento de las criaturas de los alrededores, las presas del sitio eran más grandes, más fuertes y más esquivas, siempre en alerta esperando un ataque desde cualquier flanco. Tal comportamiento solo lo podía explicar por la presencia de algo peligroso que rondaba los alrededores, además, cada vez habían menos signos de civilización o de seres inteligentes, ya ni siquiera encontraba alguna estatua de Unn o del Señor de las Sombras, las últimas las había visto hace más de una hora, de hecho algo muy extraño le había ocurrido en ese momento.
Ella ya había tomado la costumbre de rezar regularmente al señor de las Sombras, y esta vez no iba a ser la excepción, sobre todo considerando que estaba a punto de arriesgar su vida, así que se arrodilló frente a la estatua, no sin antes dedicarle un asentimiento de cabeza a Unn como forma de respeto, juntó sus manos, cerró los ojos y comenzó a rezar, no solo por ella, si no que también por sus hermanas, por su gente y por sus parientes fallecidos, pidió perdón por los horrores que había cometido y expresó su sincero arrepentimiento por cada pecado. Si iba a morir, quería irse con la consciencia tranquila, no era un remedio a los problemas causados, pero era mejor que nada.
Sin embargo, cuando abrió los ojos, la estatua del dios oscuro la miraba con una extrema preocupación y negaba con la cabeza suplicándole que no fuera.
Orquídea asustada se puso de pie de un brinco y se restregó los ojos, para cuando volvió a mirar, la estatua estaba quieta en su posición de siempre, con sus cuatro brazos en alto en una perpetua amenaza para los pecadores. La mantis recuperó el aliento luego de tranquilizarse un poco y convencerse que aquella visión solo había sido su imaginación, una ilusión gatillada por su estrés y preocupación, nada mágico o extraordinario, solo una jugarreta de su mente.
Todavía le causaba algo de inquietud recordar ese hecho, era casi como un mal presagio de su desastroso futuro, pero no podía dejarse amilanar por sus temores, ninguna victoria se había obtenido pensando en la derrota.
De pronto sus antenas captaron un sutil cambio en los alrededores, se estableció un silencio absoluto, ya no escuchó el aletear de ningún bicho ni el murmullo de las hojas, todas las voces del bosque se apagaron al unísono dejándola en la soledad de sus pensamientos y sus miedos, entonces Orquídea tuvo aquella certeza, no estaba sola.
Fue por una milésima de segundo que no murió en el ataque furtivo que le llegó por la espalda. Agradeció de todo corazón el entrenamiento recibido en Cumbre de Cristal, solo gracias a lo desarrollado de su oído pudo reaccionar a tiempo para evitar el zarpazo de la bestia que fue por ella.
Se agachó con gracia y luego saltó aumentando la distancia entre ella y el monstruo del bosque. Un escalofrío le recorrió la espalda y su estómago se retorció del miedo cuando vio al ser erguirse en toda su extensión, era gigantesco, en ese momento ya no podía decir si era más alto él o el rey Big, de todos modos estaba demasiado asustada para analizarlo, los 6 aterradores ojos que tenía al frente cubiertos por una capucha de hierba la desconcentraban.
¿Alguna vez se creyó fuerte? Ahora se burlaba de ella misma, qué estúpida fue, por algo este ser tenía el estatus de legendario, no era por casualidad que nadie lo hubiera derrotado antes, y ahora le tocaba enfrentar el peso de sus decisiones, ganar o morir, o quizás por primera vez en su vida...
Huir.
