La actitud de una persona puede decir mucho de si misma, su madurez, su estrato social, su estado de ánimo, si está enferma o... Si quiere matar a alguien.
Cuando Ania vio entrar a la reina, supo de inmediato sus intenciones, la fuerza con la que sujetaba su aguja, su mirada furiosa, todo hablaba por ella.
En parte movida por su instinto de supervivencia acomodó sus patas en una posición que facilitara su escape, pero con disimulo, cualquier actitud sospechosa haría que la culpa cayera sobre ella y todavía tenía esperanzas de convencer a Hornet de su inocencia, después de todo, era su leal sirvienta.
—Bien venida a casa su majestad ¿Cómo se encuentra su hija?
—¿Por qué lo hiciste? —Contestó Hornet con una voz de furia contenida.
—¿Por qué hice que? —Ania parecía tan sorprendida que si Hornet no tuviera pruebas irrefutables hasta habría dudado.
—¡Por qué le hiciste eso a Ren!
—¿De que habla? Yo no he hecho nada, la he cuidado bien, tal como se me ordenó.
—¿¡Te parece que cuidarla bien es dejarla con su hilo acumulándose hasta el punto de enfermarse!? ¡Ren casi muere por eso!
—Lo lamento mi reina, fue un descuido nada más, no volverá a pasar.
—¿Un descuido? ¿¡Y por qué a Silky no la descuidaste!? ¿¡Por qué Ren es la que ha tenido que sufrir todo esto!? ¡Por qué Ania!
—Majestad, por favor no se altere —Ania retrocedió intimidada.
—¡Cómo quieres que no me altere cuando casi matas a mi hija!
—Esas son acusaciones graves, nunca he hecho tal cosa. Es verdad que olvidé retirar el hilo de Ren, pero no fue a propósito.
—¿Y los golpes que tiene tampoco fueron apropósito? ¿Su mala alimentación es solo un detalle?
—¿De qué habla? —Ania seguía tratando de mantener su fachada de inocencia, pero esta ya se caía a pedazos.
—¡Deja de fingir Ania! Ya... Ya no puedes ocultar esto. La matrona la revisó, Ren fue maltratada, golpeada... Quizás no se ve a simple vista pero ella lo detectó... ¿Por qué Ania? ¡Por qué lo hiciste!
Aunque la voz de Hornet aún denotaba furia, una cierta tristeza y decepción también era detectable, estaba dolida por la traición de una persona en la que confiaba ciegamente, no entendía por qué había pasado todo esto y en su terquedad quería pensar que había una buena razón que justificara su actuar, que quizás podría explicar su comportamiento, aunque su lógica le decía a gritos que lo que hizo era injustificable.
Por su parte, Ania comenzaba a sentir pena por su reina, sus intenciones nunca fueron dañarla, solo quería apartar de ella y de la princesa un elemento que a sus ojos era perjudicial, asumiendo que al final se lo agradecería. Su discreto plan había fallado por motivos que jamás imaginó, a decir verdad ya no tenía mucho sentido seguir fingiendo, solo le quedaba apelar a la comprensión y amistad de Hornet.
—Era por el bien de la princesa...
—¿¡Por el bien de la princesa!? ¿¡Pero de qué rayos hablas!? ¿Qué daño le va a hacer Ren? ¡Es una larva de apenas un par de semanas de edad!
—¡Afectará su desarrollo! La princesa no debería criarse con otros bichos que no sean tejedoras, como heredera de Nido Profundo debe mantener la cultura y las tradiciones del lugar.
—¿Y eso que tiene que ver con que se crie con sus hermanos? La cultura y tradiciones se las enseñaré yo ¡A todos! Los tres aprenderán a tejer, los tres aprenderán a blandir una aguja, los tres celebrarán nuestras fiestas.
—Pero aún así pueden ser una influencia negativa para la princesa, ellos jamás serán arañas, aunque se críen como una.
Esta vez no hubo réplica por parte Hornet, el acero de su aguja se dirigió contra la sirvienta, pero ella evitó el ataque como si fuera la tarea más sencilla del mundo. La mestiza recogió su aguja y esta vez se arrojó ella misma contra Ania, pero nuevamente fue esquivada, esta vez con un enorme salto a un lado.
—Y esa es la prueba final —Hornet habló con voz lúgubre—. Tú sabes pelear, sabes defenderte, tienes la habilidad suficiente como para enfrentarte a cualquier guardia de Nido Profundo ¡Tú heriste a Henry y lo inculpaste del ataque a los huevos! Lo atrajiste aquí para tener a alguien a quien hacer responsable de tu atentado, pero no contaste con que Henry trataría de defender a mis hijos, por eso tu plan que debería haber sido silencioso y discreto, terminó siendo descubierto antes de que pudieras llevarlo a cabo ¿No es cierto?
—Cómo...
—Henry está vivo y puede hablar.
Nuevamente Hornet atacó arrojándose como una flecha con su aguja por delante, esta vez a pesar de su velocidad, Ania no salió indemne, la reina logró hacer un rasguño sangrante en su rostro. La sirvienta podría haber contratacado, pero prefirió retroceder en una actitud defensiva, buscando piedad en los ojos de su gobernante, pero la furia de Hornet no se aplacaría con facilidad.
—Por favor mi reina, piense en todo lo que hemos pasado juntas, en lo bien que la he servido todos estos años.
—No cederé a tu chantaje emocional, lo que has hecho es imperdonable.
Hornet extendió una hebra de hilo impregnada en alma y atrapó a Ania, quien chilló ante la sensación ardiente que provocaba. Ya con su presa sujeta se preparó para acabarla con su aguja, pero la araña aún estaba dispuesta a luchar por su vida, cualquier contacto con el hilo de Hornet quemaba, pero se aguantó el dolor y cortó la hebra que la tenía presa. La maniobra no salió gratis, ahora lucía un par de patas tostadas por la energía mágica que dolían a cada paso, pero no tenía tiempo para preocuparse por ello, su atacante aún no desistía de clavarle una aguja en las entrañas.
—¡Todo esto lo hice por usted y la princesa! ¡Por qué no lo entiende! —Gritó desesperada esquivando el arma asesina.
—¿Por mí? ¡¿Por mí!? ¡No mientas maldita! ¡Todo esto fue por ti! Por que eres una de esas desgraciadas incapaces de aceptar a alguien diferente! Y... —Hizo una pausa momentánea— Aún así eso no hubiera sido tan malo si no hubieras tratado de matar a mi hija. Si no querías cuidar a Ren o si te incomodaba su presencia hubiera sido capaz de comprenderlo, no te hubiera obligado a ser su niñera, me las habría arreglado de alguna forma y quizás con el tiempo podrías haberla tolerado. Alguna solución hubiéramos encontrado ¡Pero tú directamente querías negarle el derecho a vivir! No hay excusa para eso, eso es... Simplemente ser malvada y egoísta.
—Yo... Lo siento... Podríamos... ¿Intentarlo de nuevo?
—Ya es demasiado tarde para eso.
Esta vez Hornet atacó con más rabia que nunca, Ania fue incapaz de defenderse de todas las punzadas que se clavaron en su cuerpo, con esfuerzo y toda su habilidad evitó que hiciera alguna herida letal, pero no aguantaría mucho más, en especial porque ella no podía atacarla, jamás osaría dañar a su amada reina. Como pudo logró escapar de la lluvia de dolor que le propinaba su atacante y se dirigió a la puerta de salida.
Llorando de dolor, miedo y tristeza corrió desesperadamente tratando de salvar su vida, en medio de su escape volteó algunos muebles y le arrojó algunos objetos a su perseguidora en un lamentable intento por detenerla, pero no hubo mayor efecto además de enlentecerla algunos segundos, poco tiempo, pero el suficiente como para salir de la guarida.
Hornet no le dio tregua y no tardó en acorralarla en el borde de una de las plataformas que componían la aldea. Ania ya no tenía donde escapar, delante de ella había una madre furiosa, a sus espaldas un lago profundo ¿De qué forma le gustaría morir? Hasta ahora jamás se había planteado esa idea, solo pensaba que no quería sufrir demasiado ¿Qué destino sería menos tormentoso? ¿Morir apuñalada o ahogarse?
Hornet dio un paso y el miedo la llevó a reaccionar de forma automática sin pensarlo mucho, retrocedió dos pasos llegando al final de la plataforma, sus patas ya no tuvieron donde más sujetarse, se precipitó hacia las aguas donde se hundió como una roca dejando una mancha oscura de sangre en el proceso.
La reina araña caminó hasta el borde de la plataforma y se asomó para observar el sitio donde había caído, solo se distinguía el color rojo sobre las aguas. Entrecerró los ojos buscando cualquier mínima señal de Ania, alguna sombra o movimiento que delatara su presencia, no iba a asumir de buenas a primeras que estaba muerta .
—¡Guardias!
—Mi señora —Un par de devotos acudieron a su llamado.
—Quiero que registren la orilla del lago y sus alrededores, busque a Ania y tráiganla ante mí, no importa si está viva o muerta.
—En seguida.
Una vez dadas sus órdenes, Hornet se retiró a su guarida para recluirse en su oficina, en aquel momento no quería ver a nadie.
Tras pasar la adrenalina de la pelea, la rabia había dado paso a un sentimiento distinto, más pasivo y doloroso. Estaba triste por muchas razones, por haber fallado al proteger a su hija, por haber dudado de la palabra de su esposo y sobre todo por ser traicionada por alguien tan querido y cercano. Para Hornet, Ania no era solo su criada, era su amiga y confidente, junto con ella se había ido una parte importante de su vida, ahora le costaba imaginar como iban a ser las cosas sin ella, tanto por la falta de su apoyo emocional, como por la falta de alguien que mantuviera la casa limpia, a ella a penas le daba el tiempo para ocuparse de los asuntos de estado y de sus hijos, sumado eso a las preocupaciones constantes que le causaban los desatinos de sus hermanos era como para volverse loca.
Un rato después Quirrel entró a la oficina y la encontró sumida en sus pensamientos, con la mirada perdida en la pared, sin mover un músculo, si no fuera por el leve movimiento de su respiración podría haberse confundido con una estatua.
El profesor intuía el delicado estado emocional en el que se encontraba su esposa, pero eso no era suficiente para detenerlo, él también estaba muy enojado con ella y no tenía reparos en increparla por su desconfianza y terquedad ni siquiera dándole el beneficio de la duda. Tenía mucho que decirle y no le importaba si era la reina araña, era su esposa y debían tratarse como iguales, ya no iba a ceder más ante sus arranques de rabia y su actitud autoritaria, le llevaría la contraria si lo consideraba necesario, pelearía por lo que creía correcto.
Con estas ideas claras en su mente, se dirigió a Hornet listo para sacarle en cara toda su culpabilidad en el incidente con Ren, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa ella habló.
—Yo... Lo siento Quirrel... Fui una tonta... Por mi culpa Ren casi muere...
—Sí, eso mismo...
—Pero era difícil darse cuenta de sus verdadera intenciones, conmigo siempre actuaba cordial y miraba a los niños como si fueran su adoración ¿Cómo iba a darme cuenta?
—Sí pero...
—Sé que no debía dudar de ti, eres mi esposo, tú merecías mi confianza más que nadie, por algo nos casamos, pero... Pero... Siempre tengo el miedo de que me abandones.
—¿Nunca lo vas a olvidar?
—Ojalá pudiera...
Un silencio dramático se estableció entre ambos, pero nuevamente fue Hornet quien inició la conversación.
—No sabes cuánto me duele no haber confiado en ti, ignorar tus sospechas, pensé que conocía bien a Ania, o sea, llevábamos tantos años juntas, nunca me mostró ninguna actitud hostil hacia mestizos o bichos extranjeros ¿Cómo iba a saber que era así? —Hornet se llevó las manos a la cara con dolor— ¿Por qué no me pude dar cuenta yo? Ahora debes estar furioso conmigo, seguro que debes querer gritarme por lo que hice.
La verdad originalmente esas eran las intenciones de Quirrel, pero Hornet había dicho todo lo que él quería decir, no tenía nada que recriminarle, por sí sola había reflexionado sobre sus errores, los reconocía y aceptaba la culpa, dadas las circunstancias y lo afectada que estaba, no le quedaba más remedio que abrazarla.
—Ya Hornet, tranquila, al menos los niños están a salvo.
—Sí... Pero Ren sufrió mucho, ahora tiene una fea cicatriz en su cola y ya no puede producir hilo.
—Es pequeña, su cicatriz seguro se borra con el tiempo, pero en cuanto a lo demás, no hay nada que hacer, no te queda más que vivir con esa culpa.
—Mi pobre Ren...
—Ya Hornet, tranquila, todo estará bien —Intentó tranquilizar a su pareja sobando su espalda con ternura, ella estrechó su abrazo y suspiró, de alguna forma esto la tranquilizó, pero aún habían muchas preocupaciones en su mente.
—Y ahora... ¿Qué haremos? ¿Cómo nos vamos a hacer cargo de todo? Limpiar la casa, cuidar de los niños, nuestros propios deberes personales. No daré abasto, quizás Big tenía razón y no puedo cuidar de ellos, no soy capaz...
—Hornet, deja de auto compadecerte por favor, ese no es tu estilo.
La mestiza se apartó de él y lo miró con reproche.
—Cuando uno se vuelve madre, muchas cosas cambian, ya no puedo lanzarme hacia el peligro y las imprudencias sin pensarlo con cuidado, ya no se trata solo de mí.
—Lo sé amor, solo... Se siente raro. Pero no te desesperes, sé que podemos encontrar una solución a todo esto.
—¿Y cuál sería tu brillante solución?
—Delegar un poco de trabajo.
—¿Delegar? ¿A quién? ¿Cómo? ¿Acaso insinúas que le deje parte de mis deberes a alguien más? ¡No pudo hacer eso! Soy la reina, es mi responsabilidad ¿Y si alguien comete alguna imprudencia? ¿Si alguien roba recursos o comete algún abuso?
—¿Acaso crees que tu reino está lleno de ladrones y rufianes? Tu pueblo se sentiría muy decepcionado si supieran que piensas así.
La reina lo miró perpleja, luego de meditar sus palabras reformuló su postura.
—No es que piense que harán algo malo a propósito, quizás... Simplemente cometan algún error que nos cueste caro.
—Esos errores también los puedes cometer tú. Mira Hornet, tu problema es que eres desconfiada por naturaleza, piensas que nadie más que tú es capaz de solucionar las cosas y por eso terminas cargando encima con los problemas de todo el mundo. Mira lo que pasa en tu misma familia que cada vez que hay algún desastre te llaman a ti para ayudar.
—Pero el caso de mis hermanos es especial...
—Eso no es verdad, ellos ya son adultos y ya se las tienen que arreglar solos, y tú debes confiar en que serán capaces de hacerlo por sí mismos, estás cometiendo el mismo error de tu padre.
Esta última declaración dejó sumamente sorprendida a Hornet, no lo había visto de esa manera, era algo parecido aunque desde otro punto de vista, el viejo Rey Pálido nunca confió en que los bichos pudieran vivir sin su luz como guía y se empeñaba en mantener un reino eterno, en gobernar de acuerdo a su criterio sin aceptar sugerencias o ayuda de otros.
—Está bien, puede que tengas razón en eso, dejaré de estar tan pendiente de mis hermanos y de arreglar sus desastres —la expresión de su rostro mostraba lo mucho que le dolía tomar esta decisión—. Pero de los asuntos de mi reino me debo hacer cargo yo, y eso es lo que me consume más tiempo.
—Pero eso es por tu forma de gobernar, siempre tienes que estar encima de todos supervisando todo el tiempo, mira, designa a un par de arañas de confianza que vigilen que todo vaya bien y deja que ellos redacten informes, esos te los pueden enviar a casa y los lees desde aquí junto a los niños, también puedes nombrar a algunos representantes que puedan tomar decisiones menores, así le das algo más de autonomía a todos y te quitas algún peso de encima.
—¿Pero como voy a encontrar gente de confianza a quienes darles semejantes responsabilidades? La última persona en la que confié me traicionó de la peor forma posible... —Bajó la cabeza con tristeza, de pronto tenía ganas de llorar.
—Es una apuesta Hornet, no hay forma de saber a ciencia cierta quien es de fiar y quien no, pero no podemos condenarlos a todos por la culpa de una persona, si yo actuara así ni siquiera me hubiera casado contigo.
—¿Eh? ¿Por qué?
—¿Ya se te olvidó que trataste de matarme dos veces?
—Ah eso... —El rostro de Hornet adquirió el color de su capa.
—Además también tuve otras experiencias desagradables con arañas.
—¿Trataron de comerte?
—No exactamente, una vez durante uno de mis viajes conocí a una molesta araña de 7 patas que me hizo la vida imposible tratando de robarme algunas cosas que llevaba conmigo, de hecho parecía tenerle una particular manía a las cochinillas... Hornet ¿Pasa algo?
—No, nada amor, tú sigue —Algunos viejos recuerdos incómodos habían aflorado en la mente de Hornet.
—Lo que quiero decir es que no dejes de confiar en las personas, cada una es un mundo diferente, encontrarás gente que te ayudará a convertir Nido Profundo en un lugar próspero, y encontraremos a alguien con quien dejar a los niños de vez en cuando.
—Hablando de los niños ¿Dónde están?
—Los dejé con Hentry.
—¿¡Qué!?
Hornet no esperó que Quirrel dijera nada más, salió corriendo de su despacho buscando a sus crías y las encontró rápidamente en la sala principal jugando con Henry. Los niños se veían muy entretenidos con él y estaban particularmente interesados en las cicatrices que tenía en sus patas y rostro, tocaban la piel herida una y otra vez como si trataran de comprender por qué lucía así. Por su parte el arácnido estaba quieto dejándolos hacer lo que quisieran, el toque de las pequeñas patitas era muy relajante. Pero en cuanto vio a la reina presentarse, juntó todas sus fuerzas y se puso de pie para hacer una torpe reverencia.
—Agradezco el gesto aún en las deplorables condiciones que se encuentra —Hornet correspondió a su saludo con formalidad— ¿Cómo se encuentra? ¿Mis niños no le han causado ningún incordio?
—No, shon buenof niniof
—Hornet —Quirrel apareció corriendo— No me dejes atrás, los niños están bien ¿Ves? Estamos hablando de Henry, fue herido y enviado a la cárcel injustamente por ti, alguien capaz de semejante sacrificio tiene que ser de confianza.
—Sí, estoy de acuerdo —Se dirigió a Henry y bajó la cabeza a modo de disculpa— lamento todo lo que ha tenido que pasar, ojalá pudiera enmendar de alguna forma todo esto. Si hay algo que desee solo hágamelo saber.
—Da verdash, ahora sholo quishieda decuperarme de mish heridash.
—Por supuesto, buscaré la forma de asegurarle la mejor medicina posible y buenas condiciones de descanso para que se restablezca lo más pronto posible.
—¡Grafiash!
—Solo hay una cosa que me gustaría que me explicaran ¿Cómo escapó Henry de la cárcel?
—Ah, pues eso debo decir que fue gracias a mi —explicó Quirrel—. Supuse que Ania intentaría eliminar a Henry para que no lo interrogáramos con el aguijón onírico, así que tomé mis precauciones, hace un par de días le di unas bombas de ácido picante, un invento que recientemente desarrollamos en los archivos y le mostré la ubicación de un escondite secreto que tengo por aquí, le di las instrucciones exactas de que no usara las bombas a menos que alguien intentara eliminarlo. Finalmente las cosas ocurrieron tal como preveía.
—¿Y por qué no me lo dijiste? —Hornet no tuvo reparos en demostrar su molestia.
—Tú hubieras defendido a Ania. Además, yo confiaba en Henry, pero no por mera simpatía, no soy tan insensato, la verdad es que estuve realizando muchas investigaciones por cuenta propia, quizás no lo sepas pero tengo mi propia red de información.
—Espera... ¿Me estás diciendo que te movías y hacías planes a mis espaldas?
—Decirlo así suena feo, pero diría que sí, más o menos es eso. —Hornet se cruzó de brazos, cada vez estaba más irritada.
—¿Y se supone que yo soy la desconfiada?
—Pero yo no lo hice porque no crea en ti, lo hice para protegerte por mis propios medios, si te lo contaba mi plan de respaldo no funcionaría, de todos modos te lo iba a confesar cuando ya hubiera pasado la emergencia, que es lo que estoy haciendo ahora, siempre fue pensando en el bien de la familia, además, actuando de forma separada pude obtener información que de otro modo hubiera sido imposible.
—¿Qué averiguaste? —Su enfado ahora daba paso a la ansiedad.
—Que todos te quieren mucho.
—¿Que?
—Parecerá algo tonto, pero es bueno saberlo. Siempre has estado asustada de que alguien planeara lastimar a tus crías, pero fácilmente puedo decir que el 80% de la gente no tiene problemas con ellas y apoyan la forma en la que has hecho las cosas, están contentos con Silky como heredera y te son leales. El 20% que está en tu contra, pertenecen a dos familias de nobles arañas de limitada influencia, son esos tipos que aspiraban a ser los padres de tus hijos pero fueron rechazados, ellos por las razones que supondrás no quieren saber nada de Silky, pero son gente más de palabras que de acciones, siempre están vociferando acerca de que el pueblo está en tu contra, de que habrá un atentado para matar a Silky, de que alguien hará algo, pero la realidad es que nadie tiene interés en hacer nada.
—Entonces los rumores que solía oír...
—Eran solo rumores, nada más. Ninguno de esos cobardes tiene las agallas para hacerte frente, Ania era la única que tenía el valor.
—¿Qué tiene que ver Ania?
—Es prima de Clay ¿No lo sabías?
—Ah... Vaya...
Y luego de ese incidente, las cosas finalmente comenzaron a mejorar.
Henry se quedó viviendo en casa de Hornet, ella se sentía muy responsable de todo lo que había tenido que padecer el pobre, así que estaba decidida a encargarse directamente de su bienestar. Él por su parte aceptó sus consideraciones de muy buena gana, ahora tenía una cama cómoda y un plato de comida asegurado, cosa que agradecía ya que luego de todo el incidente había perdido su empleo. Ahora se pasaba el día sin mucho qué hacer, y para evitar el aburrimiento se entretenía jugando con los niños.
Al inicio a Hornet la ponía muy nerviosa que interactuara con sus hijos, pero Quirrel la tranquilizó haciéndole notar el hecho de que tenía la mandíbula herida y estaba cojo, aún si quisiera dañarlos, no podría hacerles la gran cosa. Luego de eso finalmente se tranquilizó y tuvo que reconocer que en realidad era de mucha ayuda, como mantenía entretenidos a los niños ya ni siquiera Chester tenía interés en escapar y poco a poco sus asperezas con Silky disminuían.
Hornet hubiera estado dispuesta a dejarlo cuidar a sus niños si no fuera por su salud lamentable, no lo veía en condiciones de preparar comida, alimentar a los bebés, o bañarlos, por lo que no podía hacer más que vigilarlos o jugar con ellos, aún así era de ayuda que al menos pudiera avisar si algo iba mal mientras ella se encargaba de revisar informes y firmar documentos.
El plan de trabajo que le había propuesto Quirrel resultó ser efectivo y ahora podía pasar más tiempo en casa, reconocía que extrañaba salir a sus reuniones, pero ya no se sentía tan estresada por la falta de tiempo, además, seguía asistiendo a algunos eventos cuando era necesario y cuando eso ocurría, coordinaba con su esposo para que él se quedara cuidando a los bebés, pero alcanzar este nivel de organización no fue fácil y el primer problema que tuvieron que enfrentar se presentó apenas a los dos días de iniciar su nuevo sistema.
—¿Cómo que no puedes cuidar de los niños mañana? —Hornet estaba angustiada—. Mañana tengo una reunión importante, ya sabes, esa que se canceló cuando Ren estuvo enferma.
—Lo siento amor, pero olvidé que tenía que tomar la prueba práctica de admisión de aprendices, es algo muy importante y debo estar ahí.
—Pero yo no puedo cancelar mi reunión, ya es demasiado tarde y sería una falta de respeto tremenda, me comerán a críticas si hago eso.
—Pero mi examen es algo que se estuvo preparando durante un mes, no puedo suspenderlo.
Hornet comenzó a pasearse exasperada.
—¿Y qué hacemos?
—¿Y si buscamos una niñera?
—¿A esta hora para mañana? ¿Y quién sería de total confianza?
—La vecina les tiene simpatía.
—Yo... No, no puedo. La vecina Joana es buena persona pero no me siento segura con ella, es decir...
—Bueno, entiendo ¿Qué tal alguien de la familia?
—Quirrel, todos mis hermanos son como niños que necesitan ser cuidados.
—Shadow y Big son algo más responsables, o quizás Ogrim...
—Big es el rey, tiene cosas qué hacer... Y si de pronto aparezco con los niños sé que es capaz de cancelar todas su reuniones y abandonar su trabajo para jugar con ellos, es algo lindo pero no quiero perjudicar corazón de Hallownest. En cuanto a Shadow y a Ogrim... Por favor Quirrel, no los vamos a molestar, tienen trabajo qué hacer...
—Creo que a Hollow le quedaba un día de vacaciones.
Hornet detuvo su caminata y lo miró de forma tan seria que casi lo asustó
—Dime que es una broma.
—Hollow jamás les haría daño.
—No voluntariamente, pero seguro que con su falta de sentido común en algún problema se mete.
—Podrías tenerle un poco más de fe a tu hermano. Por favor Hornet, nos quedamos sin opciones y el tiempo pasa, alguien tiene que cuidar a los niños, y hasta donde veo Hollow es la única persona de la familia que está lo suficientemente desocupada como para que no le afecte esta petición repentina. Además, ahora está con esa hembra mantis, seguro que ella lo ayudará y está mejor preparada para cuidar de tres pequeñas larvas.
La mestiza se mantuvo en su lugar meditando sus posibilidades, buscando cualquier solución alternativa que impidiera que su hermano cuidara de sus hijos, pero por más que buscó, no halló nada, Hollow era su última esperanza.
Finalmente resignada lanzó una pequeña plegaria al Señor de las Sombras suplicándole por el bienestar de sus retoños.
