N/A: ¡Hola! No crean que he abandonado esta historia es solo que las actualizaciones serán un poco dispersas ya que Oh Sister! Consume casi todo mi tiempo [por cierto, aun no termino el capitulo 19 que debo publicar hoy y me estoy volviendo loca, pero no le digan a nadie jejeje], en fin, gracias por el apoyo que le han brindado a esta historia, la cual tengo planteada hacerla no tan larga.

Dinnca: Gracias por siempre apoyar todas mis historias aquí va el segundo capítulo, espero lo disfrutes.

Thestral212: Gracias por leerme, eso me hace feliz y me agrada que también sigas Oh Sister! Que es una historia que quiero mucho aunque si comentas no me molestaría, jejeje, espero disfrutes esta historia también.

Guest [please leave your name]: Thank you for following this crazy project in another language; as soon as I finish it I will translate it into English. I really appreciate the support.

Guest [favor dejar nombre para saber quién es]: Gracias por el apoyo, aquí está el Segundo capitulo.

Maria: Yo amo la serie y las novelas ligeras, gracias por leerme y espero que sigas disfrutando mi humilde historia.

StevieRaeSenju: Gracias por leerme, aquí va el segundo capítulo.

Gracias a todos por su apoyo y ánimos lo cual me ha motivado a seguir esta historia.

¡Disfruten el nuevo capítulo!


2 - Ojo del huracán


Con el pasar de los días, Yumi recibió una llamada de la secretaria de Suguru preguntándole los requerimientos a nivel de materiales que podría requerir para las clases que les iba a impartir a los gemelos Ogasawara. Yumi le proporcionó la lista de lo que iba a necesitar y dio por terminado el asunto.

Dos días antes de iniciar su trabajo fue contactada nuevamente por la secretaria la cual le notificó que ya podría dar inicio a sus labores el lunes próximo con Mio, la menor de los gemelos. Como era de esperarse, la profesora estaba ansiosa.

De acuerdo con la fotografía que me mostró Suguru-sama, se nota que Mio es muy seria además, por lo que el presidente dijo, la niña es competitiva y territorial, rasgos complejos para definir a alguien con apenas cinco años de edad, pensó Yumi mientras preparaba algo para cenar la noche anterior al inicio de su tutoría.

La cocina nunca fue el fuerte de la profesora castaña pero, después de mudarse lejos de sus padres, tuvo que aprender a prepararse su propia comida si quería sobrevivir. Luego de varias ollas quemadas y cortadas en los dedos, Yumi había logrado entender los rudimentos en la preparación de alimentos.

Después de varios años viviendo sola, le agarró cariño a la cocina y era la orgullosa dueña de varios libros de recetas con los cuales se había aventurado a preparar deliciosos manjares. Esa noche en particular decidió comer algo ligero por lo que solo una ensalada sería su alimento.

Al terminar de cenar decidió llamar a su hermano ya que no había podido hablar con él sobre las buenas noticias con respecto a su nuevo empleo.

– Yuuki, por fin me puedo comunicar contigo, te tengo buenas noticias – comenta una emocionada Yumi.

– ¿Sí? ¿Te ganaste la lotería? – Yuuki comenta con sorna

– Como se nota que has tenido varias guardias seguidas y no has dormido – responde la profesora castaña con preocupación.

– Esa es la vida de los médicos que están terminando su especialidad Yumi, menos mal ya me quedan un par de semanas de este horario de muerte – Yuuki bosteza sonoramente.

– Bueno, no te quito más tiempo, solo te informo que mañana empiezo a trabajar como tutora privada – Yumi comenta rápidamente, desea que su hermano vaya a descansar.

– ¡Qué bien! ¿Dónde? ¿Por cuánto? ¿A quién le darás clase? – Yuuki preguntó sin parar, se notaba que quería acabar rápido con la conversación para ir a dormir pero también quería enterarse de la buena noticia de su hermana mayor.

– Para resumir y puedas irte a dormir feliz te responderé rápido – Yumi sonrió antes de continuar – El doble de mi sueldo en la Corporación Ogasawara y le daré clases a los hijos del presidente, los gemelos Kosuke y Mio Ogasawara – de repente reinó el silencio del otro lado de la línea y Yumi frunció el ceño – ¿Yuuki, estas ahí? –

– Eh…si…¡Qué bien! Me alegra mucho Yumi, ya verás que será una experiencia interesante – el joven Fukuzawa contestó apresurado – el próximo fin de semana celebramos ¿sí? Pero por el momento necesito dormir, hablamos mañana, ¿te parece? –

– Oh ok Yuuki, está bien, buenas noches, por cierto… – Yumi iba a agregar algo más pero su hermano finalizó la llamada lo cual le causó curiosidad.

Su reacción fue rara, me imagino que es la falta de sueño, pensó la profesora castaña mientras se metía en la cama. Al final optó por no prestarle atención a la manera en que la trató su hermano y se dispuso a leer un libro. Al cabo de media hora sus parpados se cerraban, por lo que decidió dormir.


A la mañana siguiente, Yumi se despertó de buen humor, se sentía con el mismo estado de ánimo que cuando enseñaba en St. Miator, eso era una buena señal ya que, podría despedirse de la depresión pos despido que la aquejó después de haber sido alejada de su amado trabajo.

La profesora preparó un desayuno ligero y optó por un inicio activo en su rutina por lo que se dirigió al gimnasio que también había dejado de lado cuando la depresión pudo más que ella. De todas maneras, su trabajo era en la tarde por lo que tendría la oportunidad de asistir a varias de las diversas clases ofrecidas en el mismo, se sentía emocionada por poder experimentar actividades nuevas.

Después de dos clases y veinte minutos de cardio, Yumi se dirigió a los vestidores a buscar su bolso. Tímida como era, ducharse en el gimnasio para ella no era una opción, además, vivía a poca distancia del mismo por lo que, generalmente, se bañaba en casa.

Luego de secarse el sudor, tomó su bolso y se dirigió a su vivienda, no sin antes parar en un pequeño café que quedaba en el trayecto a su hogar. Le encantaban el té y la diversa pastelería que servían allí, además el ambiente era agradable; un oasis de tranquilidad en el medio del bullicio de la ciudad.

Al sonar la campanilla de la puerta varios clientes voltearon hacia la entrada para observar a la nueva visitante, Yumi se sonrojó un poco y avanzó tímidamente hasta una mesa distante la cual estaba al lado de una ventana, le encantaba la vista que se podía apreciar a través de ella.

El lugar era una casa con jardín que contrastaba perfectamente con la gran cantidad de edificios que la rodeaban. Un árbol de cerezos meneaba sus rosáceas flores al viento, cubriendo con sus ramas parte del café. En aquella sombreada esquina Yumi se sentó por lo que su silueta quedaba cubierta parcialmente por la sombra que el cerezo proporcionaba desde afuera.

– Buenos días, tanto tiempo Yumi-san ¿Qué te puedo servir el día de hoy? – una angelical y suave voz esbozó una sonrisa en la profesora castaña.

– Shimako-san siempre es un placer visitarte, quiero que me sorprendas con la mejor combinación de té y pasteles que me puedas ofrecer, confío en tu excelente paladar, como siempre – Yumi comentó a una ahora sonrojada Toudo Shimako.

La angelical castaña de ojos grises era la dueña de "Yamayuri" café y generalmente no atendía las mesas pero, con Yumi hacia una excepción por la sencilla razón que le llamaba la atención aquella tímida chica de ojos y cabellos castaños, simplemente le inspiraba ternura y, el hecho que le encantaran las sugerencias de Shimako a la hora de beber y comer en su establecimiento, la halagaban notablemente.

– Oh, ya verás que serás sorprendida hoy, Yumi-san – replicó una sonriente Shimako antes de retirarse detrás del mostrador.

Hay una combinación que aún no saco al mercado pero sé que mi querida castaña podrá apreciar, Shimako sonrió mientras sirvió una taza de té y unos pequeños pasteles rellenos que recién había horneado para ella.

– Del menú secreto de Yamayuri café para mi cliente favorita – Shimako le sirvió una fragante taza de té y pasteles a Yumi, la cual le hizo una seña para que la acompañase a lo cual, la serena castaña de ojos grises, aceptó con una sonrisa. Instantes después, una segunda taza fue situada en la mesa por una de las chicas que habitualmente atendían a los clientes en el café.

– Fragante – Yumi agregó luego de tomar con sus manos la taza e inhalar el suave aroma del té que le sirvió la angelical castaña – definitivamente oolong – Shimako asintió mientras Yumi tomaba un sorbo y sonreía satisfecha.

– El té siempre relaja los sentidos, pero cuando es combinado con algo que acentúa ese efecto, el resultado es sublime – la angelical castaña agregó con satisfacción mientras, con un mondadientes, tomaba uno de los pequeños pasteles rellenos y lo aproximó a los labios de Yumi que, de un bocado, consumió la dulce ofrenda. Los ojos de la profesora mostraron su sorpresa al reconocer el dulce, pero sutil, sabor del relleno del pequeño pastel.

– Té oolong y pasteles rellenos con crema de maple, estoy flotando entre nubes – Yumi cerró los ojos y respiró profundo mientras dejaba caer la cabeza hacia atrás, sus labios esbozaban una extasiada sonrisa.

– Excelente paladar y maravillosa reacción Yumi-san, ya que cuento con tu aprobación, esta combinación estará pronto disponible en el menú – una ligeramente sonrojada Shimako agregó mientras disfrutaba de uno de los pasteles junto con su té.

– Me das demasiado crédito Shimako-san, solo soy una apasionada de los dulces – Yumi se sonrojó sutilmente, no estaba acostumbrada a los halagos.

La dueña del café y la profesora castaña se conocieron en un taller de pastelería al cual ambas asistían. Era un curso impartido por un reconocido chef repostero a un reducido grupo de alumnos. Después de las presentaciones de rigor, el chef dividió el grupo en parejas de manera aleatoria, Yumi y Shimako quedaron juntas y desde allí nació una amistad la cual ya ronda un año.

Para Yumi, Shimako era como estar en la playa; su presencia le brindaba calma y la llenaba de sosiego. El ángel de ojos grises la hacía sentir apreciada y útil lo cual, para una persona de tan baja autoestima como la profesora castaña, era tan dichoso y encantador como un paseo a orillas del mar.

Para Shimako, Yumi era como una brisa de aire fresco en primavera. Así como el cerezo muestra sus hermosos tonos rosáceos y logra hacer sonreír a cualquiera que vea sus pobladas ramas de sutiles pétalos mecidos al viento, Yumi lograba hacer que la esquiva dueña del café sonriera despreocupada, cosa rara en la de ojos grises.

Ambas sabían que había algo especial entre ellas pero en un área gris, donde reposan los sentimientos sin definir, algo conveniente para ambas por lo que no osaban a romper ese pacto silencioso y dañar la tranquilidad que la presencia que la otra proporcionaba.

Mientras conversaban de diversos temas y disfrutaban del té y pasteles, un altercado las sacó de su ameno momento de tranquilidad. Shimako volteó en dirección al mostrador y su antes calmado rostro fue sustituido con una expresión de contrariedad, una clienta se quejaba y exigía la presencia de la dueña del café.

– Mi labor nunca termina – Shimako se levantó y le sonrió a Yumi brevemente – sigue disfrutando del té Yumi-san, ya regreso – a lo cual la profesora asintió mientras tomaba un sorbo de su taza mientras seguía con la mirada a la angelical dueña en su caminar hasta el mostrador.

Al posar sus ojos en la clienta que se había quejado, el tiempo se detuvo para Yumi. Frente a Shimako se encontraba una mujer de largo cabello negro e impactantes ojos de un azul tan profundo que la profesora castaña sintió que se hundía en ellos. La mujer de delicados rasgos estaba vestida con un traje que, aun a la distancia que se encontraban, Yumi podía notar lo elegante y costoso que era.

Probablemente tiene un alto cargo en alguna empresa, por eso debe ser tan exigente, por otro lado, parece una princesa con ese porte tan elegante, pensó la ahora sonrojada profesora mientras seguía observando a la mujer que charlaba con Shimako.

Al estar sentada a la sombra del cerezo podía observar a sus anchas a la mujer con porte de princesa pero, lo que realmente desarmó a Yumi, fue cuando apareció una sonrisa en el rostro de aquella clienta que ya no lucía insatisfecha. La profesora pudo sentir como sus mejillas ardían sonrojadas, definitivamente se sentía atraída por aquella princesa vestida de ejecutiva.

Por unos instantes, sus miradas se cruzaron y Yumi contuvo la respiración. El árbol de cerezo meneaba sus ramas sutilmente pero la sombra seguía protegiendo a la castaña de ser vista, aun así esos azules ojos la paralizaron y, al mismo tiempo, la cautivaron.

Tanta belleza debería ser un pecado, el cual cometería con gusto interminablemente, pensó una muy sonrojada Yumi; a veces su voz en la cabeza era terriblemente acertada.

El tiempo volvió a avanzar normalmente en el momento que la campanilla de la entrada anunció cómo la 'princesa' se retiraba del lugar.

– Es una de mis mejores clientas, pero no deja de ser extremadamente quisquillosa con sus pedidos, no ha cambiado nada desde Lillian con su presión sanguínea baja; siempre anda de mal humor en las mañanas – Shimako agregó sonriente mientras se sentaba nuevamente al lado de Yumi, sacándola así de su ensimismamiento.

– Gracias por el té y pasteles, Shimako-san, debo ir a casa a ducharme para luego ir a trabajar – la profesora comentó mientras se ponía de pie y dejaba unos billetes en la mesa.

– ¿Tan rápido te tienes que ir, Yumi-san? Ya casi es mediodía y podríamos ir a comer algo, conozco un café que se llama Yamayuri, según me han comentado la comida es buena y la compañía agradable – comentó una pícara Shimako con una sonrisa que reflejaba algo que Yumi no supo interpretar totalmente por lo que optó por sonreír.

– Muchas gracias Shimako-san pero debo irme – respondió la profesora mientras le ponía una mano en el hombro a la de ojos grises – otro día acepto la invitación con gusto, y si, la compañía es agradable – al escuchar la última frase, Shimako no pudo evitar sonrojarse mientras seguía con la mirada cómo una apurada Yumi se retiraba del café aun en ropas de gimnasio.

Al salir del establecimiento, Yumi miró hacia todos lados para ver si podía ver a la 'princesa ejecutiva' una última vez pero la misma se había marchado sin dejar rastro.

Debí haberle preguntado a Shimako-san sobre ella, pensó, ya tarde, la castaña profesora mientras caminaba hacia su hogar.


Al llegar a su apartamento, Yumi se bañó y comenzó a preparar la comida, mediodía se acercaba y ella debía apresurarse si quería estar lista antes de que el chofer de la empresa la viniera a buscar.

A pesar de eso, no pudo evitar perderse en sus pensamientos por lo que cuando vio que una ligera nube de humo gris claro salía de la cocina, Yumi se sorprendió por su descuido, había dejado quemar el arroz.

– Debo dejar de distraerme y más mientras cocino – la profesora habló para sí mientras procedió a limpiar su desastre y a preparar de nuevo un poco de arroz.

Y dejar de pensar en 'princesas ejecutivas' misteriosas, pensó Yumi mientras reía distraída y continuaba cocinando.

Algo con lo que Yumi lidió por mucho tiempo fue con su sexualidad ya que, al ser una profesora en un colegio femenino, ser homosexual era algo no criticado abiertamente, pero si mal visto.

De hecho, sus relaciones habían terminado en parte por su renuencia en hacer pública su sexualidad y, también, por su excesiva timidez que frustró a las chicas con las que salió, eso sin contar con el hecho de que le tenía miedo a la intimidad por un incidente cuando era adolescente, por lo que seguía a la espera del amor. Y, romántica como era, creía que algún día su alma gemela llegaría a ella y vivirían felices por siempre. Pero, por el momento, la prioridad era terminar de cocinar.

Después de, finalmente, hacer arroz, vegetales salteados y pescado a la plancha Yumi, aún en bata de baño, procedió a almorzar.


En la mansión de la familia Ogasawara los gemelos almorzaban con Suguru ya que, Sachiko estaba en un almuerzo de negocios.

– Mio-chan, hoy vas con papi a la empresa – comentó el presidente a su pequeña hija que le miró y asintió para luego continuar comiendo en silencio.

– Esa no es la manera de responder, Ogasawara Mio – espetó su padre de manera más enérgica mientras golpeaba la mesa con su puño. Ambos gemelos lo miraron sobresaltados, su padre se había vuelto más irritable en los últimos meses y ellos no entendían la razón.

– Mis disculpas padre, no volverá a pasar – Mio respondió con un nudo en la garganta – me contenta ir a la empresa contigo – la pequeña continuó comiendo lentamente.

– Mucho mejor, además hoy empiezan tus clases de inglés y la profesora es bastante agradable, por cierto – Suguru agregó con indiferencia mientras revisaba los mensajes en su teléfono.

– Y yo ¿cuándo comienzo papi? – Kosuke preguntó ansioso, el niño sabía que si le hablaba con cariño a su padre éste reaccionaría de manera positiva y dejaría de tratar mal a su hermana.

– Mañana hijo, igual hoy tienes entrenamiento – comentó un distraído Suguru mientras seguía revisando su teléfono.

¿Por qué será que mi amorcito no me ha escrito? ¿Tan ocupado está que no me manda ni un mensaje?, pensaba un irritado Suguru al ver que en su teléfono no tenia mensajes de su amante.

– Gracias por la comida padre – dijeron los gemelos al unísono antes de retirarse.

– Mio-chan – respondió Suguru sin levantar la vista.

– ¿Si, padre? – Mio preguntó ligeramente atemorizada, no le gustaba cuando su padre la regañaba. Kosuke tomó su mano y la pequeña se tranquilizó ligeramente.

– Nos vamos en treinta minutos, espero que estés lista para entonces – el presidente comentó con un tono severo

– Si papi, ella estará lista no te preocupes – Kosuke respondió rápidamente para luego salir del comedor de la mano con su hermana mientras su padre escribía un mensaje.

Mio le agradeció la ayuda a su hermano con una sonrisa y un beso en la mejilla, luego se dirigió a su habitación. Allí la esperaba una de las sirvientas con su bolso preparado, la pequeña Mio se encerró en el baño, se sentó en el frio piso, abrazó sus rodillas y sollozó desconsolada.

Después de unos minutos, Mio se levantó y se miró en el espejo. Al ver sus ojos rojos e hinchados, se lavó el rostro con agua fría, arregló su apariencia y abrió la puerta para volver a su habitación; había pasado más de veinte minutos en el baño y no quería llegar tarde para así evitar que su padre la regañara nuevamente además, de acuerdo con su madre, los Ogasawara no son frágiles por lo que ella no debe mostrar debilidad.

Al encontrarse con su padre en la entrada, lo siguió hasta su deportivo rojo, se sentó en el asiento trasero y abrochó su cinturón en silencio. Suguru se sentó detrás del volante y, velozmente, manejó en dirección a la Corporación Ogasawara.


– Asegúrese que Kosuke asista a su entrenamiento del día de hoy, yo regresaré en un par de horas a la oficina y si mi esposo pregunta, dígale que aún sigo en el almuerzo de negocios – Sachiko ordenó a su secretaria antes de finalizar la llamada.

– Luces estresada Sachiko – le comenta Youko preocupada.

– Lo estoy onee-sama, hay demasiadas cosas por hacer, al menos ya salimos de la reunión con los nuevos clientes, detesto almorzar con extraños – comentó una ligeramente irritada Sachiko.

– Lo sé, y por eso soy la consultora jurídica de tu empresa, así no almuerzas sola con extraños – Youko sonrió para luego tomar un poco de té.

– Y te lo agradezco infinitamente, onee-sama – Sachiko respondió con una aliviada sonrisa – Por cierto ¿Cómo están la troglodita de tu esposa y las niñas? A Mio le gustaría hacer una pijamada con ellas, aparentemente mi hija no cree divertida – la presidenta hizo un ligero puchero y Youko rió encantada.

– Pues la 'troglodita' de Sei anda de gira por Estados Unidos y vuelve la próxima semana, su último libro es un bestseller en ese país – la sonrisa de Youko aumentó un poco más al ver como su petite soeur resoplaba – además, el cumpleaños de Miyoko y Saki es en dos fines de semana y los gemelos pueden pasar la noche en casa después de la fiesta, sé que a las niñas les encantará la idea, ellas adoran a Mio y a Kosuke-chan –.

Youko y Sei se conocieron mientras estudiaban en Lillian y, después de miles de malentendidos y discusiones sin sentido, formalizaron su relación cuando cursaban el último año de colegio. Se casaron después de graduarse de la universidad y, luego de su tercer aniversario, decidieron empezar una familia.

Miyoko y Saki son las gemelas de seis años que tuvieron Sei y Youko por medio de un proceso innovador en donde un ovulo puede ser fecundado por otro a través de modificación genética.

Después de un embarazo severamente monitoreado, Youko trajo al mundo a una linda y traviesa niña de cabellos negros y ojos grises que nombraron Saki en honor a la madre de Sei y, media hora después, a una calmada rubia de ojos oscuros que decidieron nombrar Miyoko rindiendo homenaje a la madre de Youko.

– Gracias onee-sama, sé que Mio adorará la idea de pasar la noche con las gemelas Satou-Mizuno – Sachiko agregó sonriendo levemente.

– También estás invitada a quedarte Sachiko, así mi 'troglodita' puede enseñarte una lección o dos en cómo ser divertida – Youko comentó con una sonrisa.

– ¡Onee-sama! – la sonrojada presidenta protestó mientras la abogada soltó una carcajada. El resto del almuerzo pasó en una atmosfera más amena con una bromista Youko y una más relajada y sonriente Sachiko.


Después de terminar su almuerzo la profesora optó por vestirse con un pantalón formal negro, una camisa blanca y un suéter de cuello en 'v' también negro. Decidió no usar falda por no ser tan práctica y ella sabía que, al enseñar niños, la movilidad era esencial.

Peinó su castaño cabello y se decidió por hacerse una coleta atrás y dejar el resto caer sobre sus hombros. Optó por un perfume ligeramente cítrico que le quedaba muy bien.

Instantes después, una llamada le avisó que el chofer había llegado por lo que agarró el bolso con su laptop, cerró su apartamento, tomó el ascensor para bajar y encontrarse con el chofer que la llevaría a su nuevo trabajo.

Al llegar al edificio del Conglomerado Ogasawara, Yumi subió hasta el último piso en donde la secretaria de presidencia la guió hasta donde iba a ser su salón de clases, una oficina al final del penúltimo piso. Allí la profesora castaña conectó su laptop al televisor que allí se encontraba y esperó el arribo de su nueva alumna, la pequeña Ogasawara Mio.


– Buenas tardes Yumi-sensei, ¿o prefiere que la llame 'teacher'? – comentó Suguru a la sonriente profesora.

– Teacher, está bien Suguru-sama, y ella debe ser la pequeña Mio – Yumi dirigió su mirada a la pequeña que hizo una reverencia.

– Buenas tardes Teacher, mi nombre es Ogasawara Mio, un placer conocerla – saludó formalmente la niña – estoy en su cuidado –

– Entonces las dejo para que empiecen su lección, más tarde te traerán tu merienda hija, te portas bien – Suguru se agachó al nivel de Mio y la abrazó tiernamente a lo cual la niña no reaccionó sino que se quedó petrificada y en sus ojos se notaba cierto aire de miedo a lo que Yumi frunció el ceño ligeramente.

– Bye teacher – dijo el presidente antes de cerrar la puerta de la oficina.

– Bye Suguru-sama – respondió Yumi para luego voltear a ver a su nueva alumna

– Bueno Mio-chan, ¿te parece bien si empezamos? – preguntó la teacher y su pequeña alumna sonrió y asintió con la cabeza.

Después de quince minutos ya Mio se sabía tanto la canción introductoria del libro como la primera canción de la lección que verían el día de hoy y Yumi estaba sorprendida con la habilidad que la niña presentaba para el idioma.

Definitivamente se le va a hacer fácil aprender inglés, su capacidad para recordar es impresionante, además es más afectuosa de lo que parece, pensó Yumi mientras le enseñaba a Mio el vocabulario básico usado en el salón de clases a lo cual la niña respondía con una sonrisa.

¡Qué sonrisa tan hermosa! Se me hace conocida pero ¿a quién se me parece?, caviló por un instante la teacher mientras hacia una actividad con Mio que estaba encantada con su clase, definitivamente Yumi tenía un don para tratar con niños.


– ¿Si, Kashiwagi-sama? – preguntaba la secretaria al llamado de su jefe por el teléfono

– Cuando llegue mi esposa, recuérdele que Mio está aquí en la empresa y además dígale que haga arreglos con respecto a su merienda ya que yo voy a salir – Suguru comentó distraído.

– Por supuesto Kashiwagi-sama – contestó la secretaria rápidamente para luego escuchar como la llamada era desconectada por el presidente.


Finalmente Sachiko y Youko llegaron a la empresa, tomaron el ascensor en el cual la abogada se bajó primero ya que su oficina queda en el penúltimo piso de la torre Ogasawara, la presidenta llega hasta el último piso en donde es recibida por su secretaria.

– Ogasawara-sama, los reportes trimestrales están en su escritorio junto con el reporte de la falla operativa de la sucursal de Osaka – comentó rápidamente la secretaria mientras caminaba al lado de su jefa.

– Gracias Keiko, ¿está mi esposo en su oficina? – preguntó la presidenta

– Acabó de salir pero le dejó dicho que Mio-sama se encuentra aquí y que se encargara de su merienda – la secretaria leyó el mensaje que había anotado en su agenda.

– ¿Qué hace Mio aquí? ¿Está sola? ¿Dónde le voy a conseguir algo para su merienda? – Sachiko bombardeó a preguntas a Keiko.

– La merienda ya fue entregada aquí a la oficina y está en su escritorio, Sachiko-sama – la secretaria sonrió aliviada al ver que su jefa se relajaba – Mio-sama se encuentra en el penúltimo piso en la última oficina y su merienda está pautada para dentro de cinco minutos – comentó Keiko

Sachiko abrió la puerta de su oficina, tomo la merienda, dio media vuelta y se dirigió nuevamente al ascensor – vengo más tarde entonces Keiko, si alguien me necesita que me esperen, voy a merendar con mi hija – sin más Sachiko entró en el ascensor para dirigirse al penúltimo piso a tomar té y comer galletas con su hija.

Por mucho que esté en la torre ¿Cómo puede Suguru ser tan irresponsable de dejar sola a Mio en una oficina?, Sachiko respiró profundo para evitar que su molestia fuese evidente. Al abrirse el ascensor caminó autoritariamente en dirección a la ultima oficina del piso para encontrarse con Mio.


– Bueno Mio-chan hemos terminado por hoy, muy buen trabajo – comentó Yumi a su sonriente alumna.

– Pero teacher yo quiero seguir jugando, usted es muy divertida – Rogó una entusiasta Mio mientras estiraba sus brazos para que Yumi se agachara lo cual ésta hizo casi de inmediato para ser agarrada por sorpresa cuando su pequeña alumna se abalanzo y la abrazó fuertemente para luego plantarle un beso en su mejilla; Yumi se sonrojó y envolvió a la niña con sus brazos y le dio un tierno abrazo. Ninguna notó cuando la puerta del salón se abrió y una imponente mujer hizo su entrada.

– ¿Se puede saber quién es usted y por qué abraza así a mi hija? – la voz de Sachiko retumbó por todo el penúltimo piso de la torre Ogasawara.


N/A: Gracias por leer y espero sus comentarios, que pasen una feliz semana. Y a los que siguen Oh Sister! tranquilos que el capitulo si sale hoy, pero mas tarde.