Las puertas del metro se abrieron, había llegado a un lugar lejano y es que en ese momento salió, Hiiragi observaba el sol al frente mientras se cubría con una mano.

- Es tal y como recuerdo…

La peliverde decidió viajar sola, luego de observar que su lanzamiento no tiene la misma potencia y efectividad que en un inicio, volvió por su propia cuenta al sitio donde alguna vez vivió, ahora observaba el pueblo que nada había cambiado desde que se fue.

- Creo que me dijo que ahora está en una preparatoria cercana.

Ella comenzó a avanzar, mirando los alrededores mientras los recuerdos le regresaban a la mente, quizás pasó cosas malas en su etapa de secundaria pero igual tuvo sus buenos recuerdos e incluso ya más allá, cuando era pequeña, el haberse mudado no hizo que ella olvidara todo lo que consiguió ahí. Ya luego de avanzar un rato finalmente pudo verla.

- Shin Koshigaya… - Llegó a su destino. Ella decidió observar por el costado si es que lograba ver una entrada al campo de béisbol, ya una vez lo hizo, avanzó hasta verlo, estaba siendo ocupado por un equipo de chicas.

- ¡Rápido, sigan corriendo o les daré cinco vueltas más!

- Fujii-sensei, es un demonio. – Se quejó una chica, ya entre ellas observó a quien buscaba en ese momento, al menos de algo se alegraba que no cambiara para nada.

- ¿Quién eres? – Escuchó una voz, encontrando a una chica rubia.

- Eh… esto, venía a ver a Takeda-san.

- ¿Yomi-chan? ¡Ey, Yomi-chan, te buscan!

- ¿Eh? – La chica de cabello castaño volteó a ver, reconociendo a quien estaba ahí. - ¿Hiiragi-san? – Dejó el entrenamiento para ir hacia donde estaba ella.

- ¡Espera Takeda-san, no has terminado tus vueltas! – Reclamó su profesora. La ignoró hasta llegar donde estaba la peliverde.

- Me alegra verte de nuevo, no he vuelto a saber de ti desde que terminamos la secundaria.

- Nunca me diste tu teléfono. – Respondió Hiiragi con rostro inexpresivo a lo que Yomi soltó una risa nerviosa.

- Se me olvidó…

- ¿La conoces Yomi? – Se acercó una chica de cabello negro corto.

- Tama-chan, ella es Hiiragi-san, formó parte del equipo de béisbol de la secundaria donde estuve.

- Un gusto. – La peliverde hizo una reverencia.

- Igualmente, soy Yamazaki Tamaki, amiga de Yomi.

- ¿Por qué estás aquí? – Preguntó la castaña.

- Pasaron algunas cosas y esperaba poder hablar contigo al respecto, si no es molestia.

- Para nada, quiero hablar de muchas cosas.

- Pero antes… - En ese momento ella sintió una gran presión a sus espaldas, volteó a ver lentamente, encontrando a su entrenadora obviamente molesta, aunque lo disimulaba, la castaña tragó saliva.

- ¿Fujii-sensei?

- Takeda-san… ¿Quién te dijo que podías parar tu entrenamiento? Ahora por eso… tendrás que dar diez vueltas a toda la escuela. – Acabó de sentenciar, Yomi sabía que después de hacerlo, acabaría agotada, volvió a ver a Hiiragi.

- L-Lo siento, pero… ¿podrías esperar a que termine?

- Claro… - Respondió con un gotón en la frente, no pensaba que ella sufría de un entrenamiento infernal, ya solo por esa razón estaba agradecida que Taiga y el resto no fueran tan rudos con ellas.


Una vez el entrenamiento de su equipo terminó, las dos tomaron un rumbo distinto al resto de sus compañeras, Tamaki las acompañó también para llegar a conocer un poco de como era Yomi en ese tiempo, así fue que entraron a una cafetería para sentar y platicar.

- Han sido ya unos dos años desde entonces Hiiragi-san, seguro has continuado en el béisbol. – Comentó Yomi, la peliverde asintió.

- Sí, aunque nuestro equipo en secundaria no tenía la motivación y solo las dos jugábamos con todo, eso no hizo que decidiera rendirme, aunque fue algo complicado, la preparatoria donde estoy no tenía un equipo de béisbol femenino para empezar.

- Lo mismo fue para nosotras. – Señaló Yomi. – El primer día pude reencontrarme con Tama-chan luego de años sin verla y entonces supimos que no había un equipo, al menos encontramos a nuestras Senpais que no se rendían con formar uno y nos unimos con otras para hacerlo oficial.

- Es bueno saberlo… el caso de nuestra capitana es que ella realmente presionó bastante para formarlo y en un inicio no entré a este, solo fue cuando participaron en su primer torneo que finalmente me decidí.

- Me alegra saber que continúes en el béisbol, ambas lo amamos después de todo.

- Es verdad… - Sonrió por debajo, aunque luego esa sonrisa se borró. – Tengo un problema del cual hablarte.

- ¿Sí? Puedes contármelo. – Hiiragi tomó un respiro hondo.

- ¿Recuerdas cuando me enseñaste tu lanzamiento y practicamos para que pudiera hacerlo?

- Espera Yomi ¿le enseñaste tu lanzamiento mágico? – Preguntó Tamaki, la castaña soltó una risa nerviosa.

- Fue porque no estabas conmigo y no tenía a nadie más con quien practicar. – La pelinegra soltó un suspiro.

- Si más gente lo conoce, sabrá como contrarrestarlo…

- De eso vine a hablar. – Señaló la peliverde. – Soy una pitcher de reserva en nuestro equipo, aunque mi lanzamiento no es tan desarrollado como el tuyo, ha sido efectivo y en un inicio lograba resultados, eso me hizo sentir confianza en que lo estaba logrando, pero de repente… ya empezaron a batearlo, pienso que llegará un punto donde ya no consiga lo que quiero al lanzar esa pelota, por eso Takeda-san… quiero pedirte que acabes por enseñarme con totalidad tu lanzamiento.

- Espera un momento Hiiragi-san. – La castaña la detuvo. – Esto… me siento halagada porque me pidas eso y me gustaría pero… - Miró a Tamaki que tenía un rostro inexpresivo. – Mi lanzamiento es especial y me gusta hacerlo, pero… he aprendido que no puedo confiar en este todo el tiempo, ya igual he encontrado a jugadoras que han logrado batearlo.

- ¿En serio? – La peliverde se veía asombrada. – Un lanzamiento así debería ser imposible de batear.

- Lo sé… pero existen jugadoras talentosas que pueden hacerlo.

- Ya veo… - Soltó un suspiro. – Esperaba conseguirlo, puesto que me he quedado sin opciones.

- Podríamos probar. – Sugirió Tamaki. – Vamos a un campo para que veamos tu lanzamiento.

- Buena idea Tama-chan, quizás podamos tener una idea de cómo ayudarla ¿Qué dices Hiiragi-san? – Miró a la peliverde, esta pensó durante unos segundos.

- Bien, vamos. – Sin decir nada más, las tres chicas fueron a un campo del parque, ya ahí estaban listas, con Tamaki con su equipo puesto y Hiiragi teniendo la pelota en sus manos.

- Muéstrame tu lanzamiento actual. – Expresó Yomi. La peliverde miró al frente y se preparó, lanzando la pelota en ese momento que tomó la curva imposible, Tamaki movió su guante para agarrarla.

- ¿Qué tal? – Preguntó Hiiragi.

- No sé… realmente se siente como una versión con menos potencia del lanzamiento de Yomi. – Señaló la pelinegra, ahí la dueña original del lanzamiento se acercó.

- Casi me recuerda a la última vez que lo practicamos. – Respondió esta. – Lo que yo hago es girar mi propia muñeca para que agarre el efecto, aunque eso lo hago por puro instinto y no me doy cuenta cuando lo hago.

- Yomi no es realmente buena para explicar. – Señaló Tamaki. – El asunto aquí es que ese lanzamiento realmente tiene una eficacia, pero igual no cuenta con la misma velocidad que cuando Yomi lo lanza, el fallo que veo es que este lanzamiento es más fácil a que el rival se acostumbre a él luego de usarlo unas cuantas veces.

- Entiendo… entonces parece que yo me servirá para nada… - Hiiragi miró al suelo en tristeza.

- N-No digo que sea totalmente inútil. – Tamaki quiso animarla. – Con algo de entrenamiento, podrías mejorarlo y hacerlo un lanzamiento tuyo.

- O intentar otros tipos de lanzamientos. – Sugirió Yomi. – Recuerdo bien cuando ambas practicábamos, sé que puedes hacerlo y que tienes potencial de conseguir mucho más.

- Puede ser… pero justamente el último juego de nuestro equipo, hice muy poco y descubrieron mi lanzamiento en el menor tiempo posible, necesito mejorar de algún modo para poder ayudarlos.

- Para eso existen más opciones. – Señaló Tamaki. – Solo mira a Yomi, ella antes solo hacía ese lanzamiento y nuestra entrenadora la obligó a practicar bolas rápidas normales.

- Jeje, aunque no son las mejores… pero hago lo que puedo. – Se rascó la nuca.

- Si puedes encontrar más opciones, siempre podrás guardar ese lanzamiento para un momento inesperado… el pitcher no solo tiene que tener habilidades, sino que igual la mentalidad para saber en qué momento hacer un lanzamiento y cuando el otro, para eso estamos los catchers, para señalarles que bola lanzar cuando un bateador se sienta confiado.

- … Entiendo. – Quizás eso era lo que ella necesitaba hacer, realmente se había vuelto demasiado dependiente de su lanzamiento que, antes de darse cuenta, era lo único que lanzaba y eso hacía que se volviera una pelota fácil de batear. – Lo tendré en cuenta… gracias a ambas por ayudarme.

- No es nada Hiiragi-san. – Sonrió Yomi. – Espero que puedas conseguirlo y ayudar a tu equipo para ganar pero, sobre todo, divertirte.

- Sí. – Respondió ella. Ya luego de intercambiar números esta vez, se despidió de ambas, por lo menos había conseguido lo que buscaba y ahora solo necesitaba practicar más. – Creo poder regresar antes de que anochezca, ya solo debo volver a la estación y…

- ¿Kotoha? – Escuchó una voz a sus espaldas, la peliverde se quedó tiesa, volteando a ver al dueño de esta. Un joven de cabello azul oscuro estaba ahí. - ¿Eres tú?

- … Reiji-san. – La peliverde no sabía como reaccionar al ver a aquel chico y lo mismo le sucedía a él.

- Esto… ha pasado un tiempo ¿no?

- Sí… - Ella bajó la mirada, había un ambiente incomodo entre ambos.

- No sé si quieras ir a beber un café o algo así, digo, si no te molesta. – Sugirió este.

- … Lo siento Reiji-san, solo volví por un problema, pero ya acabé, debo irme. – Ella empezó a avanzar rápidamente.

- E-Espera. – Quiso detenerla pero ella no lo hizo, avanzó lo más lejos que pudo hasta perderlo de vista, ya cuando no lo vio, ella se recostó contra la pared, su corazón estaba latiendo fuerte.

- (No pensé que él estaría aquí… que lo volvería a ver, pero eso terminó ya hace años… cuando decidí romper con él nuestra relación…)

Ese chico Reiji fue alguna vez la pareja de Hiiragi pero algo sucedió entre ambos que causó que decidieran romper, parecía ser algo sumamente para la peliverde debido al modo en qué actuó al verlo nuevamente, esperaba que ese fuera el último encuentro que tuviera pero algo más sucedería a futuro…


Tsukishima tenía un horario muy apretado y es que mantener el orden en el instituto no era cosa nada fácil, se levantaba temprano, desayunaba ligero y entonces iba a pararse a la puerta de la escuela para corregir a aquellos estudiantes que tuvieran el uniforme desarreglado, esa era su rutina diaria pero entonces existía un estudiante que la terminaba por desesperar.

- ¡Matsuoka-san, tu otra vez! – Vio al pelinegro de ojeras con el uniforme totalmente desarreglado. – Cuantas veces debo decirte que arregles tu uniforme.

- Buen día igualmente Tsukishima-senpai. – Respondió este, ella gruñó por debajo.

- No es momento de saludos, dime ahora mismo por qué siempre vas desarreglado.

- ¿Qué importa? No es como que haga daño alguno, solo es que eres una completa estirada con todo esto.

- La disciplina existe por una razón. – Respondió la pelinegra. - ¿Qué acaso no recibiste educación en tu casa o qué? – Eso hizo que él reaccionara.

- Senpai… normalmente me limito a no decir nada, pero ahora se lo diré… no hable de más ¿entendido? – Eso sorprendió a la pelinegra debido a su repentino cambio, quedando sin habla. – Si no tiene nada más qué decir, iré a mi salón. – Y se fue, ella no sabía como responder al respecto.

- (¿Acaso algo sucede en su hogar? Matsuoka-san me preocupa realmente…)

Mientras tanto, Ikki había llegado a su salón y al llegar a su asiento, recostó su cabeza para dormir, estaba agotado.

- (Fue otro horario muy pesado… trabajar de noche realmente agota…) – Parecía que Ikki trabajaba de turno nocturno en algo y debido a ello es que siempre llegaba agotado y desarreglado, había asuntos en su casa que hacía que terminara trabajando de noche. Ya al terminar las clases, Ikki salió de su salón para irse, sin saber que Tsukishima empezó a seguirle.

- (No importa qué pase, averiguaré la verdad.) – Ella le siguió sin que se de cuenta, viendo que no la encontrara, avanzó durante un tramo hasta ver que llegó a un complejo de apartamentos. – (¿Vive aquí?) – Al verlo subir las escaleras y entrar a un apartamento, se dio cuenta del estado deplorable del edificio, parecía algo que solo podría rentar con un salario mínimo. Ella se acercó hasta acechar por la ventana.

- Estoy de regreso padre.

- Hola Ikki. – Ahí estaba un hombre sentado en el sofá viendo la televisión. - ¿Qué tal la escuela?

- Bien… esta noche volveré a ir a trabajar en la construcción.

- Entiendo… nuevamente solo gané muy poco… a este ritmo, la deuda que tu madre nos dejó…

- No hables de eso. – Expresó Ikki, bajando la mirada. – Solo debemos concentrarnos en trabajar para pagarla, no importa cuánto tiempo lleve.

- Sí… lamento obligarte a esto, aún eres joven y deberías concentrarte en tus estudios.

- Descuida. – Sonrió el pelinegro. – Lo hago porque quiero, aunque seamos pobres ahora mismo, llegará un día donde finalmente podré darte una mejor vida.

- Aprecio esto Ikki… tengo sueño, ahí está la cena.

- Gracias padre… - Y se fue. Tsukishima, se fue de ahí, cubriendo su boca con ambas manos, no tenía idea alguna de las circunstancias por las cuales pasaba este.

- (No sabía que era pobre y trabajaba… y yo le dije esas cosas… soy una mala persona…) – Soltó unas cuantas lágrimas, no sabía como iba a dirigirse a él de ahora en adelante, tenía mucho qué pensar al respecto.


Ninja Britten 11: Si fue un partido reñido pero ahí Satogahama se llevó la victoria con su puro esfuerzo y eso que Seijo aquí realmente fue con todo, ya entonces avanzan cada vez más a la final.

Bueno, aquí este cap lo aproveché y vimos con Hiiragi se reunió con Yomi y pues reevaluó su lanzamiento, para esta ocasión pueda hacer algo distinto y una calca del de ella, e igual se vio a alguien más de su pasado, un ex por lo que se observa, y finalizando con Tsukishima y lo descubrió de Ikki, eso traerá un cambio y es lo que veremos en el próximo cap. Saludos.