Su despertador empezó a sonar y apenas extendió la mano para apagarlo, Tsukishima tenía un rostro demacrado, su cabello todo revuelto, incluso sus ojos rojos, ella se levantó sin muchas ganas para ir al baño, viéndose en el espejo.

- … Que horrible me veo… - Soltó un gran bostezo mientras hizo lo mejor que pudo para arreglarse, bajó para desayunar.

- Yui, el desayuno está listo y… ¿por qué te ves así? – Preguntó su madre, la pelinegra no tenía su blusa bien acomodada y su cabello tampoco estaba bien peinado.

- No importa… - Solo tomó la tostada para comerla y al terminar se levantó. – Me voy…

- Bien… - Su madre no podía evitar estar preocupada al respecto. La pelinegra avanzó para llegar a la academia, lo que ahí fue una sorpresa para varios estudiantes el verla en ese estado.

- Tsukishima-san, estamos listos para cuidar el orden. – Exclamó un miembro del comité de disciplina, ella solo miró a un lado.

- … Lo siento, por hoy no haremos revisión de uniformes.

- ¡¿Qué!? – Eso sorprendió al miembro.

- Estoy cansada… - Entró en aquel momento, ya eso trajo incertidumbre a todos los estudiantes que la vieron, que la correcta y siempre disciplinada Tsukishima haya rechazado revisar el orden, no sabían qué pensar. Pasó un rato cuando Ikki llegó en ese momento.

- No veo a Tsukishima-senpai aquí…

- Eres Matsuoka ¿no? – Escuchó a alguien llamarle, era otro de los miembros del comité de disciplina.

- Esto, sí… creo que trabajas con Tsukishima-senpai ¿sabes dónde está?

- Es que… sucedió algo, ella no quiso revisar los uniformes hoy.

- … Eso es una sorpresa ¿tenía algo distinto?

- Se veía mal… no llevaba su uniforme correctamente y su cabello estaba desarreglado… temo que le haya sucedido algo y como tu has interactuado más con ella, de parte del comité, quisiéramos pedirte si puedes hacer algo.

- No sé si pueda… ella prácticamente me molesta con lo de arreglarme.

- Eso puede parecer pero es que se preocupa por ti, igual creo que le agradas.

- No lo sé… - soltó un suspiro. – Haré lo que sea posible.

- Gracias, nuestra jefa tiene que volver a ser la de siempre, por lo que espero que hagas algo. – Ikki solo asintió antes de entrar, ya esperaría al almuerzo para verla y quizás saber qué sucede.

Mientras tanto en el salón, Tsubasa no pudo evitar ver a Tsukishima con la cabeza recostada, al menos una vez al día le reclamaba sobre lo mejor líder que debería de ser, pero no ocurrió en esa ocasión.

- Tsukishima-san me preocupa un poco… - Expresó por debajo.

- ¿Ves algo Tsubasa? – Preguntó Fudo.

- Sí… Tsukishima no me ha sermoneado el día de hoy… no sé por qué, pero me hace sentir vacía.

- ¿No serás masoquista?

- ¡Claro que no! – Gritó con vergüenza. – Es que solo verla, creo que algo le sucedió y quisiera preguntarle, pero no creo que sea la persona adecuada para ello.

- Debe estar lidiando con problemas personales, en ese caso es mejor que otra persona más cercana a ella se encargue al respecto.

- Puede ser… espero que no afecte su rendimiento en las practicas.

Llegó el almuerzo, Tsukishima, decidió salir sola, no quería ver a nadie aunque podría haber ido a procurar que las cosas no se salgan de control, no tenía los ánimos para ello, en ese momento se limitó a salir del edificio para sentarse cerca de la fuente, viendo los jardines, más bien se recostó.

- … (No puedo olvidarlo… fui tan mala con Matsuoka-san sin saber lo que pasaba… ya todo esto del orden y disciplina no tiene sentido, solo estaba siendo una mandona para autocomplacerme.)

- Tsukishima-senpai. – Esa voz la sorprendió, levantando la mirada, se encontraba Ikki.

- Matsuoka-san…

- Me habló un miembro del comité de disciplina, me sorprendió no verte regañándome por no llevar mi uniforme correctamente.

- … Eso ya no importa… - Volvió a recostarse, el pelinegro realmente notó que algo sucedía con ella, no podía ser normal que de la noche a la mañana cambiara de forma repentina, se sentó a su lado.

- Senpai, si algo pasó, quisiera saber si puede contármelo.

- No es nada… simplemente estoy cansada de todo esto, de ser correcta, disciplinada, me di cuenta que no vale la pena seguir.

- No pienso de esa forma. – La miró fijamente. – Que seas mandona, molestes a todos con que sus uniformes estén arreglados o evitas que parejas se besen en la escuela es todo lo que te conforma, incluso las veces que me has regañado… me hace sentir raro que no haya pasado el día de hoy.

- ¿Es que eres masoquista?

- Claro que no. – Hizo el gesto con la mano. – Lo que quiero decir es que todos han notado que les hace falta eso en sus vidas y, no importa lo que otros digan, eso es lo que te conforma, que de repente lo abandones no es algo propio ¿realmente quieres rendirte?

- … No lo entiendes, solo… ya no quiero seguir… - Parecería complicado convencerla de otro modo, Ikki necesitaba pensar en algo, entonces fue que recordó algo, cierto establecimiento que vio una vez.

- Senpai… ¿Qué dices si nos escapamos de clases hoy?

- ¿Eh?


Ikki y Tsukishima se fugaron de la escuela, la pelinegra no sabía lo que el pelinegro tenía en mente, pero nada de lo que pudiera decir la haría cambiar de opinión, aunque eso igual sería una mancha en su perfecto historial de asistencias, ya no le importaba.

- ¿A dónde vamos? – Preguntó ella.

- A un sitio que quizás pueda ayudarte a liberar todo lo que tienes, aunque nunca he entrado, dicen que ayuda a muchas personas. – Eso no decía mucho a ella. Siguieron avanzando hasta llegar a un establecimiento, entrando, estaba una recepcionista.

- Buenos días, bienvenidos a la terapia de destrucción, por una pequeña suma, puede pasar a nuestra habitación donde pueden romper y destrozar todo lo que quieran.

- Dos, por favor. – Señaló Ikki, Tsukishima no entendía por qué es que estaban ahí. Ya en ese momento pasaron a otra sala, se encontraban guantes, lentes de protección y bates de béisbol, les pidieron que agarraran para protegerse, ya una vez lo hicieron, pasaron a otra sala, una habitación blanca donde estaban electrodomésticos, pilares, muebles de madera y demás.

- En esta sala pueden romper todo lo que quieran con esos bates, que se diviertan. – La encargada salió, dejando a ellos dos solos.

- Matsuoka-san ¿Qué hacemos aquí?

- Pensé que esto podría ayudarla senpai, lo que debemos hacer es romper todo esto con los bates.

- ¿Eso está bien? No creo que sea correcto.

- En ocasiones, la destrucción y desorden es la mejor forma de liberar estrés, así que no tienes que reprimir nada, velo, es así. – Tomó el bate y entonces apuntó a un televisor viejo, sin ningún tipo de cuidado, lo golpeó y este cayó al suelo, totalmente destrozado. – De esa forma.

- Eso es…

- Vamos senpai, causemos destrucción juntos.

- … Bien…

La pelinegra dudó por unos segundos en si hacerlo, ya entonces vio el bate y se decidió, fue hacia un ropero y se preparó, golpeándolo con el bate, haciendo un agujero.

- ¿Qué tal senpai?

- … Eso se sintió bien por alguna razón… - Ella siguió golpeando el ropero. – No está nada mal, siento que estoy liberando energía.

- Ese es el punto, sigamos haciéndolo.

- Sí.

Empezaron a romper cada una de las cosas en esa habitación, Tsukishima empezó a sonreír conforme más cosas rompía con el bate, metal y madera salían volando mientras cada objeto de la habitación quedaba hecho pedazos por el trabajo de ambos, no pasaron más de cinco minutos cuando ya todo estaba destrozado, la pelinegra siguió golpeando un sillón hasta finalmente acabar.

- Eso se sintió bien. – Expresó alegre. – Nunca pensé que destruir cosas era tan divertido.

- Parece que tuvo el efecto que buscaba. – Respondió Ikki con satisfacción. - ¿Te sientes mejor Tsukishima-senpai?

- Sí… creo que esto era lo que necesitaba, gracias Matsuoka-san.

- Ahora… ¿ya puedes decirme qué pasó? ¿Por qué te comportabas de esa forma? – En ese momento ella bajó la mirada.

- Yo… fui muy mala contigo… no quise hacerlo pero… te seguí, a tu hogar.

- … Así que lo viste…

- Lo siento… - Ella se puso de rodillas. – Te estuve obligando a que cambies y seas ordenado sin saber lo que estabas pasando realmente… me hizo dar cuenta que no siempre es correcto obligar a otras personas… soy alguien mala, no pude empatizar con tu situación, por eso ya no importa nada más, voy a dejar de ser ordenada.

- No lo haga. – Sujetó el brazo de la pelinegra. – Lo que importa con mi situación no es algo por lo cual debas lastimarte a ti misma… mi madre no fue la mejor que podrías pedir, ella no apreció realmente a mi padre ni tampoco me vio como un hijo verdadero, solamente lo utilizó por el dinero que tenía mi padre, ya cuando lo gastó todo en sus necesidades, huyó de casa dejándonos una gran deuda… por esa razón he tomado trabajos en un sitio de construcción durante la noche, no es el mejor horario pero pagan bien, aunque no es suficiente para pagar esa deuda, si yo estoy haciendo todo esto es por decisión propia.

- Si hubiera sabido eso de antemano, yo…

- No me gusta hablar de ello, porque no quiero recibir preocupación innecesaria. – Ikki la interrumpió. – Yo quiero trabajar lo suficiente para que mi padre y yo podamos tener una vida estable, pero tampoco estoy descuidando mis estudios al respecto… por eso, cuando una vez más gradúe, entraré a una universidad donde luego consiga un trabajo estable para que mi familia pueda vivir bien, es lo que deseo.

- Matsuoka-san… - Ella bajó la mirada. – Eres fuerte…

- No realmente, solo tengo bien claros mis objetivos.

- Eso es un signo de fuerza, en cambio yo… me deprimí al saber lo que pasabas, y yo que pensaba que era alguien fuerte y decidida, estaba equivocada.

- Yo si pienso que seas fuerte. – Ella levantó la mirada. – Durante todo este tiempo estuviste insistiendo en que quisiera cambiar mis hábitos, aunque no es algo que pueda hacer desde el principio, poco a poco y si me lo sigues recordando, podría lograrlo.

- Matsuoka-san… ¿no te molesta realmente que te esté presionando para hacerlo?

- Para nada… que me lo recuerdes me ayuda a que pueda mantener una vida sana también… poder ser ordenado y disciplinado como tú.

- … Entiendo, eso es verdad. – Ella se levantó en ese momento. – Admito que todo esto fue divertido pero me gusta más ser alguien disciplinada, arregló su blusa y falda en ese momento y también su cabello. – Y Matsuoka-san, será mejor que no retrocedas ante tus palabras, no importa cuanto tiempo pase, haré que seas alguien correcto y disciplinado.

- Esa es la Tsukishima-senpai que conozco y me gusta. – En ese momento ella se sonrojó.

- ¿Eh? – Antes de que pudiera decir algo más, Ikki se dio la vuelta.

- Ya hemos terminado, será mejor que salgamos de aquí. – Y entonces se fue, Tsukishima se quedó ahí, su corazón empezó a latir fuertemente.

- (¿Qué quiso decir Matsuoka-san con eso? Acaso yo… ¿le gusto?)

Ella empezó a pensar en el pelinegro de otra forma, quizás eso podría traer un cambio en ella en el modo en como tratarlo, solo son cosas que descubriría para más adelante.


Kyoka estaba saliendo nuevamente del trabajo en la florería donde ella estaba, recibir a los clientes con una sonrisa y demás le daba calma.

- Otro buen día de trabajo… - En ese momento recordó que Eizan le había llamado para salir alguna vez, en ese momento ella se sonrojó. – (Debería aprovechar… debido a como soy, no es que chicos se me hayan acercado y no sé por qué tengo admiradoras mujeres pero eso está por cambiar, si juego bien mis cartas, podré hacerme con un novio por primera vez en mi vida, así que será todo o nada el día de mañana…)

En ese momento ella no sabía que se estaba llevando a cabo una gran reunión donde todos los grupos delincuentes de la ciudad estaban reunidos.

- ¡Escuchen! La vez anterior fracasamos pero esta vez no será así, vamos a acabar con Izumida Kyoka de una vez. – Todos los delincuentes rugieron en ese momento, ahí uno se acercó al jefe.

- Esto… jefe ¿no aprendió antes? Ya fuimos derrotados en dos ocasiones. – Este soltó un bufido.

- Idiota, nos atraparon con la guardia baja en ese momento pero ahora no tendrá apoyo, según nuestros informantes, ella saldrá el día de mañana a un lado, no tendrá ayuda, será solo ella contra todos nosotros, está en una gran desventaja.

- No lo creo… de algún modo siempre salimos perjudicados. – Expresó por debajo.

- Entonces todos, nuestro objetivo es Izumida Kyoka, el puma loco.

- ¿Qué acaso no es el oso salvaje?

- Yo escuché que la llaman, el tigre rayado. – Empezaron a discutir sobre su apodo.

- ¡Eso no importa! – El jefe los mandó a callar. – El caso es que es nuestra gran oportunidad para acabar con ella de una vez y demostrar nuestra superioridad como pandilleros, no podemos seguir relevados en popularidad debido a ella, la mandamás de esta ciudad, así que todos, prepárense porque el día de mañana será una masacre…

Kyoka saldría con Eizan pero igual sucedería algo a sus alrededores de lo que no tenía idea, una gran batalla por la supremacía de la ciudad en los bajos mundos estaba por llevarse a cabo.


Ninja britten 11: Pues ya se verá más tarde con Hiiragi si es que realmente ese ex será un problema o no y lo que Tsukishima vio realmente la afectó bastante en ese punto.

Ya aquí vimos como Tsukishima si pensó en abandonarlo todo pero Ikki pudo evitarlo y al menos ella no deberá preocuparse más por la situación de este, pero ya igual empieza a sentir algo, el siguiente cap iremos con Izumida y Eizan, se vienen problemas otra vez para estos dos, hasta el próximo cap. Saludos.