Muy bien aquí está mi otro de mis capítulos. Y en este ya le puse algo que me caracteriza.

La jaula de oro

Narrador Pov

Era de noche en la región de Hoenn, la luna estaba coronando el cielo, iluminando con sus rayos a un niño de nueve años, que llevaba a un pequeño Ralts que la tenía cargando en sus brazos y juntando la cabeza a su pecho, pero de nombre le había puesto Luna. Sacando la inspiración del gran astro blanco que se había asomado y dando con sus primeros rayos al Pokemon.

El infante era pequeño por su edad, pelo corto castaño, algo alborotado, unos ojos cafés. Sus ropajes era un pantalón negro, pero de uniforme de alguna escuela, su camisa era blanca y con una corbata, unos zapatos también traía un saco, pero no lo tenía puesto.

De hecho dicho saco cubría a su Pokemon, puesto por el niño para que no sufriera de frio ya que un viento empezaba a silbar y a moverse con algo de fuerza.

La pequeña y fémina Pokemon era una Ralts. Pequeña de color blanco, sus ojos no se veían porque eran tapados por así decirlo "cabello" y un par de cuernos en la parte superior de su cabeza, delantera y trasera. Pero aquel Pokemon era diferente a los demás de su especie y eso era debido a que ella era una shiny, la parte de su cabello que debería ser verde, en lugar era un azul celeste, volviéndola completamente uno de los Pokemon más raros de ver.

Ambos se dirigían en un lugar en Ciudad Petalia. El niño seguía cargando a su Pokemon, mientras esta reía alegremente, sacudiendo sus bracitos y moviendo las mangas del saco de arriba abajo. Feliz de ser adoptada y tener a alguien que la quiera.

El infante aun caminaba, mientras siente una presión y ve a lo lejos su "hogar", que no era iluminado por la luna que tapaba con oscuridad aquella parte, si no por la iluminación de la casa. El viento se intensifica con más fuerza trayendo más frio.

Carlos se siente nervioso, presionado por su Pokemon, pensando en ello. Hubiera sido más fácil dejarla en el bosque, pero debido a la situación delicada, no era posible. Mas también podía ser lo peor que ha hecho para ella.

Narracion Pokemon.

Y así fue mi Carlitos. Me llevaste a tu casa. Yo me sorprendí al verla, era más grande que cualquier casa que he visto. No eras lo que aparentabas. Tú eras esas personas a lo que en ese tiempo desconocía la palabra como adineradas. Eras una de las personas ricas de Ciudad Petalia. Pero a pesar de ello, te fue muy difícil llevarme, ya que me ocultaste ante los demás y me dejabas en tu cuarto, me traías comida y eso, y cada vez que podías, me sacabas a las afueras.

A pesar de estar más encerrada en tu cuarto, me sentía tan feliz de no estar sola. La comida nunca me faltaba, dormía calientita en un bonito cojín en un cesto que estaba muy grande aun para mí. Pero la verdad yo me paraba, luego en algunas de las noches y me iba contigo acostar, te abrazaba, recuerdo que luego te despertabas y me sonreías al hacerlo, me abrazabas luego.

Pero…

También empezaba a comprender el porqué de nuestro secreto, él porque me mantenías en tu cuarto hasta que llegabas. Aquella mirada triste que portabas como collar cuando te ibas de la ruta 103. Debajo de esa felicidad que tú me mostrabas. Mostrabas otra cara en tu casa, una que me intentaste ocultar, pero tarde o temprano la descubrí. Tú no eras feliz. Entre tanto dinero, no llenaba ese vacío en tu interior. Tus padres, seres fríos y calculadores no te daban ese amor y afecto que tú me dabas. Por estar ocupados en sus negocios y ambiciones de conseguir más y tu no soportabas esa vida estricto estudio, sobre todo la contabilidad y a los negocios.

Una vez recuerdo que a ocultas de ti, me escabullí por la casa, me podía esconder a la perfección por mi tamaño, la recorrí en su interior y te seguía a tus espaldas para ver esa realidad. Pero lo que más me destrozo, eran que una vez de tus clases de piano que ni siquiera te gustaba tocar, aunque lo hacías a la perfección. Pero a que costo, tu maestro estricto que quería que lo hicieras a la perfección, repitiendo y repitiendo clavando cada nota y canción en tu mente…

Hasta tal grado de lastimarte tus manos. Tus dedos sangraron y los dejabas marcada tu sangre en las teclas, mientras en silencio llorabas y acababas la canción. Yo llore al ver eso, el sufrimiento que diario cargabas a tus espaldas y las razones en la que tu rostro cambiaba en las noches. Tu no querías que lo viera.

Siempre viviste sofocado entre los lujos materiales y deseando ese afecto que tanto querías. Algunas veces te deprimías, a tal grado de luego llorar a ocultas de tus padres. Y si te llegaban a descubrir que llorabas.

"¡¿Qué tienes?! ¡Tienes todo que cualquiera desearía!, ¡¿No te basta?!, ¡¿Qué quieres que hagamos?!"

Palabras de tu madre.

Hombre y mujer, miserables, que no supieron valorar lo que su hijo les pudo dar y lo que él solo pedía a cambio. Humanos embriagados de poder que no pudieron darle afecto a su hijo. Quería él, pasar más tiempo con ustedes y solo lo rechazaban, diciendo que "Que no tenían tiempo". Cada vez que tú, Carlos te trataste de acercar a ellos, no estaban o venían y se encerraban en sus escritorios. Traían el trabajo a la casa, en sus reuniones con los demás ejecutivos para cenar. Y tu Carlitos tenías que actuar casi como una piedra, no hablabas y no decías nada.

Cada vez tú, mi amo tratabas de jugar con otros niños, ellos solo querían luchar con sus Pokemon y te presumían a ti que tan únicos eran. Cuando tú me sacaste para que me conocieran, solo se burlaban de mí por ser una débil Ralts. Tú me defendías, diciendo que no era débil y cuando querían comprobarlo atreves de una pelea, tú te negabas. Temías que me hicieran daño.

Solo oía las burlas y tú como te deprimías, solo bastaba verlo, lo tratabas de controlar y te lo tragabas. Tu solo les contestabas que eran ignorantes y carentes del sentimiento. Viendo a los Pokemon como lujos y no por lo que son. Pero aun así no te hacían caso, ellos ya estaban corrompidos.

Y lo peor es que querían convertir a un pobre niño como ustedes. Fríos monstruos, calculadores, vacios y miserables en su interior al no poder satisfacer su deseo de ambición.

Recuerdo que había pasado un mes desde que me habías traído a vivir a tu casa, vi de nuevo como llorabas y te tocabas tus manos, a pesar de que ya no las tomabas después de lo ocurrido, aun te quedo la marca, un golpe psicológico.

Te seguías deprimiendo. Yo me acercaba a ti, para consolarte y me respondías que todo estaba bien, aun si no fuera cierto. Me rechazabas en cierta forma, para no verte así. Y a la vez yo cumplía mi trabajo al consolarte. Tú te me quedaste viendo, me dabas una tierna sonrisa cubierta con tus lagrimas, mientras me acariciabas pero me dijiste algo que me enfureció…

-¿Te diste cuenta verdad?- Me preguntaste, no sabía que me alcanzaste a ver ese día.- Creo… Creo que estas mejor si te dejo en el bosque o que otra persona se haga cargo de ti.

Yo gruñí molesta entre dientes y me abalance hacia ti, te abrase. ¡Yo no quiero que me dejes, no me importa tu vida, yo estaré ahí!, ¡Nunca te perdonare si me dejas!

Estabas en shock, mientras sentía como lloraba por eso, lo único que hiciste fue también abrasarme, y esta vez me sonreías y llorabas de felicidad al verme de esa forma, al saber que nunca te abandonaría.

Tu único momento de alegría era cuando salías en las tardes de tus estudios y paseabas a las cercanías de la ruta 103, donde nos encontramos, paseábamos juntos, tu encontrabas alegría al hacerlo, me cargabas y jugabas conmigo libremente en esas horas. Cada vez que nos íbamos, al menos ya no mostrabas esa tristeza cada vez que te ibas y me decías que todo era gracias a mí.

Mi amo. Yo ya te empezaba a querer mucho en ese tiempo.

Pero tu mi querido, tuviste luego tus disgusto por los entrenadores que te veían conmigo, ellos se acercaban a ti, queriendo intercambiarme por otro Pokemon. Una vez por un Bagoon, muy raros también, normalmente si fueras otro me cambiarias y esto se debió por mi extraño color azul celeste, en pocas palabras al ser yo una Shiny.

Pero tú te negaste, aun si te proponían dinero. Aunque ya tenías de sobra, tú nunca me dejaste. Eran tantas las propuestas que luego no salíamos por ello.

El tiempo pasó. Aunque tú no me querías para pelear, tuvimos que. Ya que luego entre nuestros viajes los Pokemon salvajes nos atacaban, cada vez que tus padres te llevaban a otras partes de Hoenn y te dabas tus escapadas, en ese tiempo aun no sabía una técnica y apenas habíamos podido escapar de un Mightyena salvaje. Y atravez de esa experiencia, tu no tuviste de otra opción más que entrenarme.

Carlos, fuiste flexible conmigo y me tuviste mucha paciencia, ya que nosotros los Ralts solemos ser muy débiles. Pero gracias a esa paciencia yo logre aprender confusión, una técnica muy útil que nos sirvió.

Dos años despues

Pasaron dos años después de que nos conocimos y yo ya había evolucionado en una Kirlia. Aun me acuerdo lo que me habías dicho.

-¡Vaya!, te has vuelto muy fuerte y más bonita mi Luna, ¡Felicidades!

Me acariciaste mi cabeza como siempre, yo sonreía y te abrasaba, te agradecía por todo, pero estaba mis mejillas se habían puesto como un tomate.

Yo en ese tiempo ya no me podía engañar, no podía negar ese sentimiento, pensaba que era un deseo infantil, me decía eso diario, pero los días, semanas y meses pasaron y se hacía más y más grande ese sentimiento. Yo ya sentía amor hacia ti mi Carlos antes de ser una Kirlia, yo ya te amaba más que un entrenador, me había enamorado de un humano. Aun el pasar del tiempo no había dejado de ser tu mismo y los cambios eran para bien. Aparte solo eras un niño aun. Sé que tú me amas también. La lástima, es que no era de la misma manera con la que yo te amo. Eras muy lindo conmigo, humilde a pesar de tus riquezas y demostrabas una sabiduría que se formaba con el paso del tiempo y eso era todo lo que yo quería como amante. Podía percibir ahora tus sentimientos más cerca y eso me alegraba mucho.

Y a pesar de convivir luego con algunos y viejos amigos Pokemon atravez de algunas y verdaderas amistades para ti y para mi, y que sus Pokemon me coquetearan, no sentía nada. Yo solo tengo ojos para ti mi amo.

Pero a pesar de todo ese amor es imposible para mí, puesto que soy un Pokemon y tú un humano y es considerado aberrante para la sociedad. Pero un recuerdo muy oportuno me llego antes, desde que era una Ralts, un muy viejo y sabio Shiftry decía…

"Érase una vez un Pokémon muy cercano a los humanos.
Érase una vez humanos y Pokémon que comían en la misma mesa.
Érase una vez un tiempo en el que no había diferencias entre los dos"

Siempre nos contó que su amo aun que vivía de esas viejas tradiciones lo trataba de esa misma manera, no había distinción, comía en su mesa, no lo llevaba en su Pokeball y que cuando era un pequeño Seedot dormían en la misma cama. También nos contaba que los humanos y Pokemon tenían esas relaciones amorosas, nos contaba cuentos maravillosos de ello también, parecían cuentos de hadas. En esos tiempos los humanos siempre veían a los Pokemon como si fuera un humano más. Pero eventualmente el maestro de aquel Pokemon que nos contaba eso murió de forma natural y él se quedo solo. Pero también, eventualmente ese viejo Pokemon dejo esta tierra para pasar a mejor lugar, se fue con su maestro a compartir esa vida. Un recuerdo muy vago que para mí me motiva

Yo le creo, creo en esa historia, puesto que otra prueba se ocultaba en tus clases privadas, cuando el maestro tajo copias de los libros de una biblioteca en Sinhon decía lo mismo, el mismo fragmento que ese viejo Shiftry nos contó. Me llenaba de alegría y esperanza al saber eso. Al saber que yo podía ganar tu corazón aun siendo un Pokemon. Yo quiero vivir y estar para siempre a tu lado, como en esos cuentos, como en aquellos tiempos que tanto escuche y anhele. Aunque ese maestro dijo un "mito horrible" en la cual decía que si un humano veía a los ojos o tocaba un Pokemon una desgracia le caería, eso no le creo. ¿Qué pasa si ambos se aman?, ¿Eso no cuenta?… Y si es así, entonces porque sentimos eso… En fin yo no me rediría.

Y tú casi me tratas de la misma forma. Tú no me dejas en una pokeball, me dejas estar contigo, luego comemos juntos los mismos alimentos que tú compras cuando paseamos, no solo me das pokecubos o pokelitos. Mi amor, yo me sentía tan afortunada de conocerte y tenerte a mi lado.

Pero las consecuencias de mi evolución se notarían al no poder ocultarme más tiempo. Tus padres llegaron a descubrir el secreto que guardabas. Tu (Perdóname por las palabras) desgraciada y maldita madre, que solo veía de apariencia y riqueza. Me quería botar de su casa con, saco un Pokemon a su Gengar, ¡Yo le temía a ese monstruo!, aparte que estaba en desventaja por ser tipo psíquico y hada.

Pero tu Carlos apareciste y te pusiste en medio, ese Gengar que me iba arrojar una bola sombra. Le habías dicho que yo era tu Pokemon. Tu madre no lo creía y se burlaba de mí y de ti. Decía que ese Pokemon no me convendría, que no era digna para ti y que era vulgar para esta casa. Me insulto que yo era una callejera, que me devolvieras al bosque donde me encontraste. Tu protestaste y le decías que no le importaba, que no era necesario yo viniera de una tienda de lujo para demostrar que era digna a ti. Tu madre solo se burlaba, te insultaba, te decía estúpido y te amenazaba que me dejaras en donde me encontraste. Y tú te negaste. Recuerdo como esa maldita mujer te pego al no obedecer, pero tú seguías firme y no le mostrabas esa negativa. Ella te iba a soltar otro bofetón. Pero esta vez yo me puse esta vez en medio y el empuje, hasta tirarla.

-¡Luna alto!

Yo me detuve, pero tu madre al quedarse aterrada por lo que le hise mando a su Gengar a usar su bola sombra. Ese Pokemon preparo rápido su ataque. Tú me agarraste rápidamente y te volteaste para recibir el ataque por mí. Me querías soltar, pero yo cerré los ojos y te abrase, aferrándome también a ti.

Pero una pokeball intervino y un Pokemon salió y se interpuso en medio del ataque era un Mightyena que se puso, lo recibió y lo soporto. Aquel Pokemon salió como si no fuera nada para él.

El Mightyena rugió ferozmente al Gengar que retrocedió.

-¡¿Qué pasa aquí?!

Ese Pokemon era el de tu padre, el lo había lanzado para protegerte de ese ataque.

-¡¿Cómo puedes ser tan estúpida mujer?! ¡¿Cómo te atreves a tratar así a un Pokemon, matarlo era tu meta?! ¡Y no solo eso casi matas a nuestro hijo!

Tu madre quedo en silencio.- ¡Mira que trajo tu hijo!- Pero eso fue por poco. ¿Esa aberrante mujer no le importo lo que te haría o qué? , me señalaba con la punta de su dedo, con ese seño me insultaba.

-¿Mirar qué?- Tu padre me vio, pero no se inmuto de verme. Tenía esa mirada fría que siempre porta consigo, que intimidaba de la misma manera que su Mightyena.

-¡Trajo a esa horrible Kirlia de afuera!, toda sucia y asquerosa.

-¡Te equivocas!- Tu de nuevo protestaste.- Yo la tengo desde que era una Ralts. Y la he mantenido todo este tiempo a oculta de ustedes.

Aun me acuerdo de sus caras, tu madre se sorprendió, al mismo tiempo que se horrorizo. Pero tu padre no cambio casi en lo absoluto, apenas y había movido un poco sus cejas por la sorpresa.

-¡Saca a esa bastarda de mi casa!

-¡No!

Tú me abrazabas con fuerza así como yo también lo hacía, yo lloraba y tu también lo hacías.

-¿Por qué la has mantenido oculta?, ¿Por qué la has traído a esta casa?- Pregunto tu padre con una voz muy seria tanto que parecía o era severa.

-¡Por personas como ustedes la oculte!- Tú a pesar de todo Carlos, viste a tu padre directamente, sin ningún temor.- ¿Por qué la traje?... Ella no tenía a nadie, así como yo no los tengo a ustedes. Ella comprende mi dolor de estar en soledad y creí que era mejor llevarla para que no sufriera lo mismo que yo. Y así ella a la vez me salvaría y sin darme cuenta hasta ahora de convertirme, de ser alguien como ustedes.

Aun me acuerdo perfectamente. Tu padre se quedo frio y pensativo por un momento. Solo se escucho un profundo silencio.

-¿Cómo puedes decir que ese estúpido poke…

-¡Cállate!- Tu padre le grito a tu madre, interrumpiéndola, no sabía si sentirme feliz o asustada, hasta tu madre se quedo espantada.- Ya estás en edad para tener tu propio Pokemon. Puedes quedártela. Solo dime, ¿La encontraste o ella te encontró?

-Fue un accidente.- Respondiste con nerviosismo.

-Ya entiendo.- El se quedo pensando un poco, se fijo en mí, yo tan solo ver esa cara más fría y amenazante que él Myghtiena me hacía temblar.- Supongo que la encontraste cerca de aquí, en la ruta 103.

Tu asentiste Carlos, ya no tenias voz.

-Como dije puedes quedártela. Y por lo que veo no tienes una Pokeball. La quiero ahí.- Tu no creíste esas palabras. Ni siquiera yo podía creerlas.- ¿Te quedo claro?, no la quiero ver vagando por esta casa.

Tú de nuevo asentiste y esta vez porque quedaste en shock, podía sentir como tu corazón latía de forma rápida, así como el mío hacia lo mismo.

-¿Cómo puedes decir eso?- Pero tu madre seguía en total desacuerdo con esa decisión.- ¿Cómo puedes dejar que esa bastarda se quede en esta casa?

-Querida... Algunas veces pienso que ese Gengar te queda excelente y a la perfección, aunque lo hayas comprado.

Tu padre solo se limitó a contestar eso. Se dio media vuelta y siguió su camino, mientras su Mightyena lo seguía a su lado, no sin antes gruñéndole a aquel Gengar. Pudimos ver como tu padre lo acariciaba y como su Pokemon se apegaba a él y movía su cola.

Pero eso no quitaba el hecho de que tu padre diera mucho más miedo que tu madre, sus primeros pasos eran duros y hasta el eco se escuchaba un poco el eco y su rostro intimidador y amenazante.

Tú te moviste de forma tiesa y despacito hacia tu cuarto, no podías creer lo que había pasado, mientras me agarrabas una de mis manos. Y mientras nos movíamos cruzando la gran sala, sobre la chimenea había una vieja foto. Aquella foto en blanco y negro que llamo nuestra atención, vimos a un niño de edad de nueve años al igual que tu edad al encontrarme, este niño estaba feliz y cargaba a un Poochyena que también estaba feliz. Y por el paisaje de la foto se podría decir que estaban en un bosque.

Tu padre no era un hombre tan frio como tú y yo creímos. Nosotros representamos su infancia que perdió con el tiempo, esa alegría también. El se puso en tus zapatos, porque también sabía ese dolor que cargas, como él lo cargo también. El entendía a la perfección ese lazo que tienen los humanos y Pokemon.

No pudimos evitar sentirnos tan alegres de aquella aprobación, tanto que me apretabas demasiado y no me importaba de hecho, por fin podíamos estar sin vivir con ese secreto que tanto nos pesaba. Pero a la vez nos sentimos extraños. En tu casa solo tu familia usaba los Pokemon tipo siniestro o fantasma, eso nos perturbo un momento. Yo era psíquico y hada. Tal vez la primera y que rompería ese orden.

Pero la condición de tu padre había sido muy clara, me quería en una pokeball. Eso nos entristeció, pero a pesar de eso, no me importaba. Todo sea por estar contigo mi Carlitos.

Pero a pesar de todo eso no quería decir que lo que tú sufrieras, seguirá ahí, dentro de aquella casa. Dentro de tu Jaula de oro. Pero ahora estoy aquí, mi amor para hacerte compañía, para que no estés solo y triste en aquel lugar lleno de miseria. De eso se trata una amistad. "Estar en las buenas y en las malas".

Para los que no me conocen. A mí se me caracteriza por ser cruel hacia mis personajes, aquí les doy una pequeña prueba de ello.

Espero que haya sido de su agrado a pesar de todo.

Bueno no olviden darme un comentario (Si se animan verdad), que responderé con mucho gusto, en un pm.

Me despido de ustedes.

Adiós y cuídense. Hasta la siguiente actualización