Muy bien. Este capítulo lo hice de forma rápida. He estado activo en mis fic's. Pero vaya que cansa esto.
Pero aun así. Era lo que mi loca cabeza pedía.
Miedos
Esa misma noche
La noche, cubría con su gran manto la tierra. Y algunas veces, es el momento adecuado para algunos seres.
Sobre todo en una casa en la región de Hoenn. Donde ahora mismo venia un adulto de veintiocho años, de pelo negro y ojos cafés, el cual se veía el cansancio, algo agitado por su día. Sus ropas eran un pantalón negro de vestir, su camisa blanca, con corbata, su saco lo tenía en un brazo. Apenas y volvía aquel señor a su casa a la que tanto anhelaba volver. Solo para ver a su familia y descansar. Mientras tanto empieza a brisar suavemente.
Aquel hombre vuelve a su hogar, que es recibido por su esposa que tenía su misma edad. Su esposa tenía un cabello oscuro y ojos del mismo color.
-Hola.- Saluda el hombre, que se siente muy feliz de verla de nuevo, tanto que la abraza.
Su esposa recibe ese abrazo, pero había algo en ella que no estaba bien. Si sentía que ella estaba alegre, pero en parte.
-¿Qué tienes?- Le pregunta su esposo, desconcertado.
El deja de abrazarlo, para después ve la cara de su esposa, una cara de preocupación.
-El, está aquí.- Dice ella, de forma seria.
Al hombre, tan solo de oír esas palabras, los nervios se le suben de inmediato. No podía creer lo que escuchaba de ella. Pero más que eso el hombre siente coraje. Así que entra a su propia casa y caminar un poco hacia el comedor para poder ver con sus propios a otro hombre sentado en un extremo de la mesa, donde se supone que va el jefe de la casa, cenando tranquilamente.
-Te estaba esperando. Alejandro.- Dice aquel hombre tranquilamente, mientras cenaba y se metia un pedazo de carne en la boca.
-Sebastián.
De repente un rayo cae e ilumina todo por un momento iluminando al mismo demonio, la lluvia se empieza a intensificar. Dentro de aquella casa aguardaba un monstruoso ser. Con su alma negra y corazón de piedra, aguardaba al tipo sentado en la mesa.
-¿Qué haces aquí?- Pregunta Alejandro, furioso, per vez sin perder la compostura.
-¡Je!, Vaya educación.- Dice el monstruo.- ¿Esa es la forma de recibir un amigo?- Le pregunta.
Mientras tanto la esposa de Alejandro atiende a su marido, a lo cual este niega y solo pide beber agua que le trae de inmediatamente.
-Vete de aquí.- Dice el esposo.
Pero ella simplemente no se va y se queda detrás del. Agarrándole los hombros.
-No quiero.- Dice ella, negando eso.
-Felicidades.- Dice Sebastián, que termina y se limpia con una servilleta.- Por fin la policía no te tiene en la mira.- Y le sonríe a su forma, que era maliciosa.
-No tienes idea cuanto me costó.- Dice Alejandro de forma molesta.
El hombre gruñe de forma baja, siente furia al verlo.
-Aunque también es bueno que tengas esta casa alejada un poco de las ciudades y pueblos.- Sebastián ve las paredes de la casa.- Aunque a su vez es malo. No hay nadie que te escuche. Un ejemplo. Fue cuando encontraron a una Sylveon que sometió a su amo atándose su cinta en el brazo de este. Aterrador, ¿No te parece?, dicen que le leyeron a fuerzas la mente para saber eso.
-¿Qué quieres Sebastián?- Pregunta Alejandro, sin dejarse llevar por el miedo.
-Me siento apenado.- Dice Sebastián que ríe un poco de la pena.- Pero vengo aquí a pedirte ayuda.
-¿Tu ayuda?, ¡Ja!- Pero al hombre pelinegro le parece difícil de creer eso.- ¿Y por qué de mi?
-¿Por qué eres mi mejor amigo?- Responde el monstruo.
-Entiende Sebastián.- Alejandro toma seriedad en el asunto.- Yo ya estoy lejos de esa vida. Tengo que mantener a una esposa e hija. Si yo faltase, que sería de ellas.
-Eres un mal agradecido.- Dice el monstruo que se pone furioso.- Recuerda que por mi tienes una casa y comida.
Alejandro, se pone nervioso, puesto que en parte era cierto.
-Pero te lo pague.- El padre de familia, no se deja intimidar.- ¿Cuántas veces arriesgue el pellejo por ti?
-… Cierto.- Sebastián vuelve a sonreír sínicamente.- Pero créeme, será la última vez que te pido un favor.
-No creas que se lo que no le hiciste a Calix.- Dice Alejandro más molesto todavía.
-El. Por traidor.- Dice Sebastián.- ¿Acaso crees que yo te haría algo Alejandro?- Le pregunta.
-¿Es una pregunta capciosa?- Y Alejandro sabe esa respuesta.- Cual sea el resultado, no cambia en absoluto tus intenciones.
-Vaya que si me conoces.- El monstruo se pone algo serio.- Pero contigo es una excepción y pregúntale a tu esposa que registro toda la casa.
El esposo alza la mirada hacia su amada y esta con temor solo asiente.
-¿Qué quieres?- Pregunta el hombre pelinegro.
-Un millón.- Eso responde el monstruo.
-¿De dónde rayos piensas que sacare esa cantidad?- Pregunta Alejandro furioso.
-¡Ja!, No neguemos lo que somos.- Sebastián se ríe.- Tú y yo sabemos que te aguardas para en casos de emergencias. Después de todo aun somos lo que somos y aun tienes dinero sucio de tu vida pasada.
Eso pone a la pareja nerviosos, la esposa sentía un nudo. Pero más a Alejandro.
-¿Para qué lo quieres?- Aun así pregunta Alejandro.- Se me hace raro en todos los sentidos.
-Es que no me a completo.- Responde Sebastián.- Aparte. Es como una cuota final.
-¡Cuota final!- Alejandro se enfada aun mas.
-¡Shhhh!- El monstruo pone un dedo en su mano y calla al hombre en su propia casa.- No quieres despertar a tu niña, ¿O sí?
-Lárgate.- Dice Alejandro con inmenso odio.- No tendrás nada de mí.
-Mama, papa.- Una niña pequeña de seis de pelo negro como sus padres y ojos cafés, en una pijama de un Pichu se había levantado, en bostezos.- ¿Tío Sebastián?- Y pregunta curiosa.
-Hola Clarita.- Dice el monstruo, poniendo otra cara, sonriendo inocentemente.
Pero ahí no se detendría el monstruo que después de su saco saca algo para la niña.
-Mira lo que te traje.- Sebastián, traía en su mano una caja pequeña, con un pequeño moño.- Es un regalo.- Le dice a la niña.
-¡UN REGALO!- Y como toda niña, que se emociona de forma natural por un obsequio.
Pero antes de ir y abalanzarse hacia su tío. Rápidamente la pequeña Clara es impedida por una mano.
-¡Espera!- Alejandro detiene a su hija.
-¿Por qué no?- Pregunta la niña algo triste, pero al ver la cara de su padre.- ¿Papa, porque tienes esa cara?
Si, ¿Por qué la tienes?- Y pregunta también el monstruo.- ¿Qué acaso te molesta que le dé un regalo a tu niña?, No te preocupes. Dentro de poco, este regalo saldrá por su cuenta.
Tanto el padre como la madre, abren sus ojos hasta el límite. Ambos siente hora si el miedo al demonio que está en su casa, si por ellos fueran morirían, pero y la criatura.
-Y si eso no fuese poco, aquí tengo el botón que se encargara de todo.- Y de el mismo saco Sebastián saca el botón de un detonador.- Tu padre decide pequeña si te doy este regalo.
-¡¿Puedo quedármelo, puedo quedármelo, puedo quedármelo?!- Y Clara pregunta entusiasmada por su obsequio.
-¿Si puede?- Pregunta Sebastián de forma maliciosa.
Los padres, están aterrados ante el monstruo que les pregunta eso. Pero si eso pasaba, el moriría. Pero Alejandro sabia que Sebastián ya estaba de por si demente, pero siempre había un plan, tal vez no estaba en la caja, tal vez escondida, ¿Pero en donde?
-Cuida a la niña.- Dice el padre de familia a su esposa, mientras este se va.
Alejandro no se podía arriesgar ante ese monstruo, sabía que era de cuidado. Pero sabía que si se le daba lo que el quería lo dejaría en paz. Siempre había sido así, como un niño malcriado. Pero aun así no se tenía que guiar por eso
Y pasa unos momentos y Alejandro tare un maletín completo con lo que le habían pedido. Sebastián lo abre y lo ve.
-En billetes, chicos.-Dice el monstruo de mala gana al ver el maletín con eso.- Que malo eres. Me pasare toda la noche contar eso.
-¿Mama, porque papa esta así?- Le pregunta la niña inocente que no sabe nada del asunto.
La madre no le responde nada y por su bien, era mejor no hacerlo.
-¡Lárgate ahora!- Pide el padre de familia.
-Espera.- Decía Sebastián.- Antes el obsequio.- La malicia se noto rápidamente.
-¡¿Qué?!
¡Boom!
El monstruo oprime el botón y el regalo explota. Pero no como se esperaba. Solo sale una explosión de confeti y deja ver lo que había debajo y era solo una pokeball.
-Este es tu regalo Clara.- Le dice Sebastián a la niña.
-¡Una pokeball!- Clara se emociona al verla.
Pero antes de que la infante se acerque a ella, la madre la sujeta aun más.
-¡Ohh!, vamos.- Y Sebastián no cree esa actitud.
El monstruo agarra la pokeball y la lanza, cuando eso pasa sale un pequeño.
¡Pichu!
-¡UN PICHU!
Y la niña se emociona más al verlo. Pero aun sigue siendo detenida por los padres.
-Mete a ese Pokemon Sebastián.- Pide el padre desesperado.
-… Está bien.- Y Sebastián obedece.- Como quieras… La dejare en este cajón que está aquí de mi lado.- Y acto seguido lo hace, la deja ahí.
Alejandro siente rabia en su ser, siente miedo también al ver la dicha de Sebastián, no mostraba un respeto. Pero Sebastián ya tubo lo que quería, así que decide irse de la casa, no sin antes que Alejandro lo acompañase afuera y esta vez preparado.
Una vez afuera mientras caminaba.
-¿Enserio desconfías de mi?- Pregunta Sebastián, mientras caminaba.
-¿Tu qué crees?- Le Pregunta Alejandro de forma algo sarcástica.
-Pues haces bien.- Dice el monstruo.- Pero es enserio. No vine hacerte daño.
-Pero eres capaz.- Dice el hombre pelinegro.- Vienes a mi casa y me chantajeas.
-Cierto.- Dice el monstruo que se pone más serio.- Pero no me atrevería hacerle daño a mi mejor amigo.
Pero obviamente Alejandro no lo cree y deja que un silencio sea la respuesta para ese monstruo.
Pero considera esto.- Dice Sebastián.- Ese Pichu, llévalo con quien quieras analízalo y revísalo y no tiene una bomba en su interior.
-Sabes que has aplicado ese método.- Dice Alejandro, conociendo a su "mejor amigo".- Tú has forjado que me comporte así.
Los hombres siguen caminando a una distancia considerable. Alejandro le apuntaba con una pistola a la cabeza a Sebastián, por si intentaba algo. Más también había un riesgo si lo mataba, pero todo era por su familia.
-Ya deja de estarme apuntando, me siento acosado.- Dice Sebastián que recupera su estado de ánimo.- Ya te dije que no hice nada y que tu esposa reviso hasta el último rincón.
-¿Entonces porque me chantajeaste?- Le pregunta Alejandro, que deja de apuntarle una vez que ya está afuera de su terreno.- Vienes a mi casa y me agredes de esa forma.
-Como te dije no me a complete.- Responde Sebastián, que volteo.- Aparte. Ya te retiraste y aunque no lo creas eso afecto al negocio y era necesario tener indemnización de eso.
-No me parece gracioso Sebastián.
-Tú sabes que una vez que te metes a este negocio, no puede salir, nunca.- Y el monstruo le recuerda eso, como son las cosas en la mafia.- Tu tuviste solo suerte, si estas afuera es porque decidí sacarte.
Por más que intente negarlo Alejandro, era cierto. Sabía que no podía salirse, pero se quería retirar por su familia, que no era bueno esa clase de vida para su esposa e hija.
-Vez que tan bondadoso puedo ser.- Y Sebastián le sonríe.
-No creo que te apiades de mi.- Le dice Alejandro.- Tu ni siquiera eres de esa forma con tu familia. Hasta quieres asesinar a Carlos, a tu propio hermano.
-Mi hermano solo es un estorbo.- Dice el monstruo que reacciona al escuchar el nombre de su hermano.- La razón por la cual ya no me interesa es porque se largo para no volver. Solo es un imbécil que no aguanta ni siquiera su propia vida. Ni siquiera aguanta el sonido de un piano.
Solo un momento se escucha y el silbar del viento también.
-Linda familia.- Y Sebastián rompe el silencio.- Tal vez valga la pena que la cuides, ¡Jejeje!
Lo que más quería Alejandro era acabar con Sebastián. Pero había un riesgo si lo hacía, aparte en parte era cierto lo que ese monstruo decía, no venia por el… Aparentemente.
-¿Por qué no crees en mis palabras?
-Ambos sabemos porque.- Responde Alejandro.- Si no te tientas el corazón con tu hermano, ¿Por qué lo harías conmigo?
-Porque ya no vales la pena.- Responde el monstruo.- No quería decírtelo. Pero te has ablandado, y esa clase de personas ya no sirven para el negocio. Y la razón por la cual dejo que conserves tu familia es por lo que has aportado y eso que no te quiero como enemigo. Así que decidí dejarte libre.
-¡Ohh!, Gracias Sebastián.- Pero el hombre simplemente no lo cree.- Si no valgo la pena, ¿Me dejaras en paz?
-Exacto.
Esto no llevaba a nada. Alejandro se mostraba pensativo, no sabía qué hacer. Pero después de pensarlo mucho, decide dejarlo libre.
-No te quiero nunca más volverte a ver.- Dice Alejandro, harto.
-Así será créeme.- Dice Sebastián.- Aparte. Tengo cosas más importantes que hacer.
Sebastián le ofrece la mano a Alejandro, para estrecharla, este duda, pero después de pensarlo, se vio forzado en hacerlo. Ambos se estrechan la mano para no volverse a ver. Y es lo que más quiere Alejandro, ya no volver a ver a ese monstruo. En el cual el choque se sentía pesado. Alejandro emanaba furia y Sebastián el miedo que puede infundir.
-Recuerda que no eres un santo.- Le advierte Sebastián en tono algo burlón, con una mezcla de severidad en cada palabra.- Te van a cazar como la asquerosa escoria que fuiste.
Alejandro no dice nada, no podía remediar su vida pasada, el es igual un asesino que mato por dinero y poder, que solo busca la reedificación.
-Fue un placer verte.- Dice Sebastián, dándole el apretón de manos.
-Solo vete de aquí.- Eso le dice su amigo.
Y así Sebastián se marcha, para no volverse a ver a los ojos de Alejandro, ni su familia.
Aquel hombre regresaba a su casa, agitado y cansado. Hasta tenía que tomar precauciones a la hora de volver. En realidad no confiaba en él y lo conocía a la perfección. Pero así era su mejor amigo.
¡BOOOOOOOM!
Pero un estallido se escucha, a lo lejos, por la casa de aquel hombre. Alejandro al escuchar corre desesperadamente hacía su casa. Cuando llega ve a su esposa afuera de la casa, cargando a su hija. Pero la explosión no era en la casa, fue justamente a lado de esta.
-¡¿Estás bien?!- Le pregunta el padre a su esposa, a lo cual esta asiente de forma pausada.
Estaban en shock al ver la pequeña llamarada. La pareja, sabía que ese monstruo traía algo entre manos, pero era simplemente para espantarlos.
-Esperemos un momento.- Dice Alejandro, al ver como aquella parte había explotado.
Pasan aquellos momentos y no había ningún resultado. El hombre preocupado abraza a su familia.
-A primera hora nos marchamos de este lugar.- Dice el padre, preocupado por Sebastián que viniese de nuevo.
Y no solo de él si no la advertencia que le hiso, ya sea el u otro buscaran matarlo y también a su familia. El sitio no era seguro para él.
***Mientras tanto***
-El miedo sigue siendo el arma perfecta.
Mientras caminaba aquel monstruo sonriendo plácidamente, feliz de obtener lo que quería. A su vez ver como los demás se aterran de él. Si bien, su objetivo era también que Alejandro le siga teniendo miedo y que jamás lo olvide. Puesto que al igual Sebastián pudo haberlo torturado, podía haber secuestrado a la niña y torturar al padre. Pero lo que le impedía hacer eso, era que era su mejor amigo. Y sabía que una mejor forma era pedirlo cordialmente antes de que este se fuera de su vista.
-Eso es lo único que te tengo que agradecer Padre.- Dice el monstruo a su vez molesto con Javier.- Lo único que me enseñaste es como dar miedo y como controlar este. Y me siento feliz de ello al darles a los demás eso.
Sebastián no siente miedo conocido, no se tienta el corazón, le sembró el horror a Alejandro, su mejor amigo al chantajearlo para conseguir lo que quería. Y si no lo conseguía, solo había un resultado. El poder corrompe y eso era lo que tenía Sebastián era un caso. El poder de dar miedo era el más importante de ellos, con miedo se intimida a la gente, con miedo uno puede conseguir lo que más anhela, con miedo puedes matar a tus victimas. Eso y más su mente siendo muy inteligente cuando aplicarlo. Utilizando por ejemplo a un ser querido como arma para ello y en este caso una niña que era lo más importante para Alejandro.
-Ahora que Alejandro me recordó.- Al monstruo le viene un toque mental al recordar.- ¿Cómo estará mi hermanito?, ¡Je!
EL monstruo pone dura su mano al recordar con inmenso odio a su hermano. Y mientras lo hace algo se rompe. Su guante negro se rompe.
-Cuanto odio esta tela.- Se dice el monstruo
Debajo de sus guantes esconde grandes y afiladas uñas negras, en forma de punta y parecidas a las de un demonio. Y dicho demonio ahora sigue su camino, mientras piensa en su hermano y lo que le hará si lo encuentra, puesto que su objetivo es asesinarlo.
Desgraciadamente Carlos tiene miedo, miedos que su hermano mayor le explota aun en su ausencia.
-Cómo extraño tocar el piano para ti Carlitos, ¡Jajajajajaja!
Y se regocija con el miedo de los demás. Alimentándose casi de ello. Sebastián no se detendrá en su hambre de poder aun si mata a Carlos.
Quería concentrarme más en el.
Si de él. Tenía tiempo que no hacia una aparición y esta fue una. Y lo que es capaz de hacer. Infundir miedo. Ya es costumbre para mi escribir de monstruos y este fue uno que si me toma demasiado tiempo en hacer. En si Sebastián es el causante de uno de los miedos de Carlos y lo del capítulo 14.
Y aquí hago un cameo a otro de mis fic's que escribí. Como dije, todos mis fic's conviven de forma unilateral. Hago una pequeña cadena de convivencia a través de cameos y esta vez de Pokemon para que no se quejen.
Bueno de ahí en fuera es todo lo que tengo que decir.
Agradezco sus comentarios a Lycox032, James Anderson, dragon titánico y LinkAnd0606.
Y a todos que leen este fic y dedica un poco de su tiempo en leer.
Sin más que decir me despido.
Adiós y Cuídense. Hasta la siguiente actualización.
