¡UFFFF!

¿Se dieron cuenta que faltaba algo?

Yo sí.

Pero he esperado mucho.

Aparte que esto va pa largo.


Contra el mundo

Un joven castaño con desesperación y con el control en sus manos, apretaba fuertemente. Varias pokeball negras se abren y dejan ver a los Pokémon que estaban dentro de ellas. Todos un aro oscuro en alguna parte de su cuerpo. Gruñían y trataban de liberarse.

-¡LUNA, LUNA!- Carlos gritaba para ver si su amada le respondía.- ¡AMOR!

Entre los Pokémon que se alejaban y huían del lugar al ver que no había peligro alguno. Se van despejando poco a poco. Eran varios. Pero a su vez mostraban la verdad absoluta. No había una Gardevoir Shiny entre ellos. Ni siquiera una de color verde.

-¡LUNA, LUNA!- El esposo sigue gritando y cada vez su voz cambia.

Los Pokémon capturados del Equipo Rocket se marchan y dejan a Carlos completamente solo. Absolutamente solo.

-¡LUNA!…. (Snif), Luna.- El joven cae de rodillas, su peor temor es realidad.

Carlos llora al ver que no estaba su Luna. Y más aun a su lado como debe de ser.

-¡AAAAAHHHHHH!, ¡LUNA!

Y grita.

El joven ve borroso entre sus lagrimas ve la ilusión de ella estando a su frente, pero solo una ilusión. El se seca sus lagrimas y gruñe, gruñe cada vez mas y mas, pero termina aun así llorando gritando con mucho dolor.

Trata de negar con su cabeza. No quiere creer que la ha perdido. No quiere hacerlo se golpea su cabeza contra el suelo. Pero eso no la devolverá y lo sabe. Pero aun así quiere despertar de su pesadilla. Quiere tenerla, quiere besarla. No importa si están en público o si estaban al frente de su familia. No importa si le cumple sus caprichos. El la quiere de vuelta y a la de ya.

Pero acepta su dolorosa realidad. No la tiene a su lado. El ruje al cielo. Y con una mirada furiosa, adornada con sus lagrimas que escurrían se para, da media vuelta. Y se marcha del lugar. Con paso pesados.

***Mientras tanto***

En medio de un bosque. Estaba cierta Pokémon, meditando, sus piernas estaban cruzadas. Tenía sus ojos cerrados, tratando de mantener la calma y en realidad le costaba. Han pasado muchas cosas en tan solo pocas horas.

-He evolucionado a Lopunny.- Se dice esa Pokémon, a la que alguna vez fue, Buneary.

La Lopuuny abre sus ojos y ve su cuerpo. Ve sus piernas, sus manos y ve a lado suyo sus orejas. La liebre recuerda a su antiguo maestro y a su hermana. Un monstruo que alago esa apariencia que tiene esa especie, cautivadora y lujuriosa para los enfermos.

La liebre gruñe furiosa.

Pero a su vez recuerda a su actual maestro. Alguien diferente en ese aspecto. Aparte.

-Pero ahora soy más fuerte.- Se dice al sentir esa fuerza en todo su cuerpo.- ¡Pero aun así no salve a Luna!

La Lopunny se para de golpe. Al recordar que no salvo a Gardevoir. Eso la llena de coraje y a sus lados estaba los culpables. Algunas lágrimas rosan en ese rostro y quedan atrapados a su pelaje.

Mientras tanto los maleantes ven espantados la reacción de la Lopunny.

-¡Ahora comprendo a mi hermana!- Dice la Lopunny, viéndolos.- ¡Entiendo cómo se sintió, llena de odio y ganas de desquitarlo!

La Lopunny quiere hacer algo. Pero…

…No soy capaz.- Se dice, con impotencia.- No se qué hacer ya. He fallado hermana. Te falle Luna. Y también…

-Buneary.- Una voz surge atrás de la Pokémon.

-También te falle Carlos.- Le dice con lagrimas.

Ella voltea y ve a su maestro. Pero a su vez queda espantada.

-¡Maestro…

-Buneary.- Carlos la llama.

Lopunny queda espantada. Carlos aun seguía llorando. Aparte que a su lado, no estaba Luna. Eso quería decir que no la encontró.

-No la encontré, no, no, no estaba.- Le dice con tristeza.

-…- La Pokémon no dice nada, baja la mirada.

-Se que también te duele.- Le dice Carlos, muy triste.- Gracias por ayudar.

Pero Lopunny no cambia. Pese a esos esfuerzos que hiso por recuperar a Luna. No pudo hacerlo.

-Ahora me hare cargo de esto.- Le dice Carlos.

Lopunny se desconcierta.

-Sabes… Nunca preste atención a tu evolución Buneray…- Carlos se toma en tiempo en ver a su nuevo Pokémon.- O mejor dicho Lopunny. Eres casi idéntica a tu hermana.

Lopunny ve a Carlos detenidamente. Le dedicaba una sonrisa. Pero lo que más presta atención son a sus ojos, sus ojos se ven vacios, sin brillo en ellos, aquel que los mirase se pierde en la profundidad de sus pupilas, alza como puede una sonrisa sincera.

-(Snif) Lamento si no te felicite.- Dice Carlos aun con lagrimas.- Lamento fallarte.

Ella quería decirle que todo estará bien. Pero no puede.

-Y gracias por obedecerme y quedarte un poco más de tiempo.

Lopunny está muy espantada. Lo presiente, algo anda mal con Carlos, siente algo que nunca había sentido en el. Ella no es Luna, pero lo sabe. Ese dolor lo emana.

-Mereces descansar.- Dice Carlos, sacando la ball.- Descansa. Lo mereces más que nunca.

-¡Carlos no…

Ella no termina sus palabras. Es sometida ante la ball.

Carlos se limpia las lágrimas y ve que la fogata sigue encendida y que Lopunny la mantuvo. También había una olla encima. El abre la olla y ve su contenido.

-Ya casi esta.- Dice al ver con una cara seria lo que está dentro.

Mientras tanto el Equipo Rocket ve lo que Carlos trataba de hacer. Carlos va con el primer ladrón. Tenía piel morena, sus ojos negros, su cara algo cacariza y un bigote que también lo adornaba. Su uniforme negro y con la "R", que representa su organización que aún persiste.

-¿Qué quieres mocoso?- Le pregunta el maleante.

Carlos frunce el ceño. Tratando de mantener difícilmente la calma.

-Quiero lo obvio.- Pide con algunas lágrimas.

-¿Por qué te aferras a esa Pokémon?- Le pregunta.- Dala por pérdida. No la volverás a ver, jamás.

Carlos gruñe y acto seguido azota al cabeza del tipo contra el árbol.

-¡¿DÓNDE ESTA?!- Le vuelve a preguntar, no le pareció esa respuesta.

El tipo se queda aturdido. Carlos lo vuelve hacer, una y otra vez, sin parar.

-¡Ahora dime en donde esta!- Le pide.

El Tipo gritaba de dolor, pedía ayuda por un momento. Pero Carlos no es ningún estúpido. Se los ha llevado lejos, demasiado lejos, nadie los oye ni oira.

-¡Mocoso será mejor que nos liberes!- Pide ese señor.

-¿O si no que?- Le pregunta Carlos, viéndolo furioso.- Nadie los encontrara. Ni siquiera ustedes, saben en donde estamos.

-Nuestros compañeros vendrán y…

-Como dije. Nadie los encontrara.- Dice el joven.- ¿Acaso crees que a tu organización les importan?- Le pregunta.

El tipo le escupe a Carlos. Este grita un poco, al ver que le aventaron la saliva en uno de sus ojos.

-Niño, ¿Es la primera vez que haces esto?- Le pregunta el ladrón.- Tu primera entrevista, ¿Cierto?

El niño alza la mitrada y ambos se ven al rostro.

-No intimidas.- Dice el ladrón.- Solo das lastima.

Carlos le da un puñetazo al rostro a ese ladrón.

-¿Cre-crees que esto te la devolverá?- Secunda el otro.

-¡Tu cállate!- Le grita al otro.

Carlos se desespera.

-¿Niño, la quieres?- Le pregunta el otro.- Déjanos ir y te la de…

-¡¿Me creen un idiota?!- Les pregunta.- ¡No los dejare ir!

-Y cómo quieres encontrarla?- Le pregunta el primero.- Aquí atados, no la encontraras.

-¡Cállense, cállense!

Carlos pese a que los domina. La verdad es lo contrario. Ellos lo estan dominando. Le provocaban desesperación.

En esos instantes esas burlas vienen. El en escucha risas de otra persona. Esa persona era su hermano mayor, burlándose de Carlos por ser débil.

Carlos no es débil. Ante esos ojos que siempre lo vieron temible. Ante los ojos de su amada.

¿O quizá ella estaba engañada?

Carlos se infla más. Los ladrónes ven al niño de quien se burlaba. Esto no era normal. Ven ira, mas ira, Carlos los voltea a ver como bestia. Carlos de tras suyo saca un arma. Una revolver dada por su hermano mayor. Eso hace que los individuos paren de burlarse.

-Niño… Espera.- Dice el maleante.- No hagas algo de lo que te puedas arrepentir.

-¿Arrepentirme de qué?- Le pregunta Carlos seria y fríamente.- De acabar con un par de estorbos como ustedes, ¿Debería arrepentirme de eso?

Los ladrónes escuchan esa voz. Esa voz tan segura de sí. Algo no andaba bien con Carlos las pupilas de sus ojos estan vacios. Pero pese a esa mirada Carlos sigue llorando.

-Ustedes me la quitaron.- Les dice el castaño sin dejar de llorar, su voz cortaba, se notaba con tanto dolor.- Y tienen razón. Ya no la volveré a ver.

El joven decide apuntar con el pelinegro con bigote primero. Este…

-¿No te atreverías?- Le dice.

El ladrón lo ve a los ojos. Son fríos. Inclusive el siente temor. Pero. Carlos lo ve, quiere jalar el gatillo. Pero se desborona. Sigue llorando hace pucheros.

-Libéranos y te guiaremos a ella.- Le pide el ladrón, tratando de negociar. El sabe que ese niño quere más a su Pokémon.

Pero Carlos no responde. DE hecho no dice nada.

-Tú no me matarías.- El pelinegro dice espantado.- Tú la quieres. La quieres recuperar, ¿O me equivoco?

-… Cierto.- Dice Carlos con gruñidos, respirando aun mas fuerte.- Pero…

En eso el joven lo escucha. Algo está listo en la fogata. Carlos golpea al tipo una y otra vez. Hasta dejarlo débil.

-La quiero de vuelta.- Dice Carlos, seguro.- Y estoy dispuesto hacer lo que sea por ella.

Carlos va atrás del tronco y desata solamente una mano al tipo, la izquierda. Carlos después se da vuelta, dirigiéndose a la olla.

-Ya está listo.- Dice el joven con ansias.

Carlos saca la olla de su posición y regresa hacia donde estaba el vil ladrón, la deja al frente suyo.

-¡¿En donde esta?!

El tipo sigue aturdido por los golpes del joven. No podía reacciona.

-¡¿Qu-que-que harás?!- Le pregunta desconcertado.

-Recuerdo que mi hermano me quiso castigar una vez de esa forma.- Cuenta Carlos, al recordar a Sebastián.- Por agarrar sus cosas. Eso mismo pienso hacerte.

Carlos agarra la mano derecha al tipo y la olla en su contenido tiene agua, agua que se mantuvo hirviendo mucho tiempo. El pone esa mano ahí.

Un grito de dolor se escucha-. EL hombre se retuerce como puede. Carlos mantiene esa mano cinco segundos más y la quita.

-Así aprendí que no tengo que agarrar las cosas de mi hermano mayor.- Dice Carlos al recordar, respirando por cada palabra.- Solo que yo no sentí ese dolor.

-¡ESTAS LOCO!- Le exclama el tipo.

-¡¿En donde esta mi Gardevoir?!- Le grita Carlos.

El tipo se ocupa de su dolor. La mano le arde y mucho. No puede responderle. Carlos por más que le pese, tiene que esperar. Mientras el otro observa. Carlos voltea a verlo y esta vez sí intimida. Con la mirada le dice que ira también por él. Pero aun no.

Carlos voltea de nuevo y le pregunta lo mismo al hombre.

-Dime.- Le pide el castaño.

-¡Necesito agua fría!

-¿Quieres agua?- Le pregunta Carlos, haciéndose el sorprendido.- No te la dar hasta que hables desgraciado, ¿Ahora te doy lastima?

Carlos le agarra la mano lastimada y la aprieta. El hombre suelta mas gritos de dolor.

-Y eso que no la sumergí mucho tiempo.- Dice Carlos impresionando.- Tienes manos de mujer.

Carlos cambiaba. Esta más agresivo, se volvió más sínico y mas frio.

-¡Te podemos dar dinero, lo que sea!- Dice el maleante.- ¡Solo pídelo!

-¡Es cierto!- Dice el otro.- Tengo una tarjeta y ahí hay…

-¡No me importa su cochino dinero!- Exclama y grita.- ¡Yo la quiero de vuelta!

Carlos respira as fuerte, empieza a llorar de nuevo, esta muy frustrado, tiembla en todo su ser por la ira que siente. No se compara con lo que han vivido antes. Es el miedo de Luna ver a Carlos transformado.

-¡Ustedes no entienden!- Carlos grita con dolor.- ¡Nadie nos entiende, hemos pasado por mucho!

Los tipos ven. Esa reacción del entrenador a su Pokémon. Esa desesperación.

-¡No éramos mas que un simple humano y otro Pokémon!- Les grita.- Ella… es valiosa para mi, más que el dinero y solo la necesito.

Los tipos siguen oyendo. Carlos desquita algo de dolor, tenía que desahogarse.

-T-t-tu eres…- El otro interpreta esa respuesta.

-¡Cállate, tú que sabes!- Le grita Carlos, más rabioso.- Tu no, nos conoces. Es más fácil decir que soy eso y tal vez si lo sea. Yo…


Hace tiempo

Un niño que apenas y hoy cumplía nueve años traía consigo a una pequeña Ralts. A las afueras de una barda de una mansión. El joven se mete dentro de una parte donde la barda estaba rota. Primero mete al Ralts y después el.

Desidioso ante lo que hará. Viendo a la Pokémon que jugaba con el suéter que tenia puesto. Ella movía esas mangas.

-Muy bien Luna. Esta es mi casa.- Dice Carlos, algo nervioso.

-Tu casa es muy grande.- Dice Luna muy sorprendida.- ¿Es aquí donde vives?

-Lo malo es que no tengo que un lugar para ti.

En ese tiempo Carlos no entendía ninguna palabra. Pero asiente aun así. El niño metía y con sigilo a su pequeño Pokémon una vez adentro de su cuarto, cierra con llave.

-Y esta es mi habitación- Dice Carlos.

La habitación de Carlos era muy grande, aun para él. Tenía demasiado espacio. EL deja en el suelo a su pequeña Ralts, que curiosa recorre esa habitación.

-No puedo creer que tenga ya un Pokémon.- Se dice Carlos, sin creerlo.

Luna por su parte corría feliz. Ella ya no estaba sola. Tenía a alguien y ese alguien la queria.

De repente alguien toca la puerta y se oye una voz.

-¿Amo Carlos ya regreso?- Le pregunta una voz.

Carlos se espanta y rápidamente agarra a Luna y la pone debajo de su cama.

-Quédate ahí. Solo por un momento.- Le pide.

Ella desconcertada por ese comportamiento. Pero obedece.

-Amo Carlos.

-S-si. Ya regrese.

-Volvió a usar esa entrada, ¿Cierto?

-Si.

-Ya sabe que no me gusta que la use.- Dice la sirvienta.- Bueno. La cena esta lista.

-Sí. Voy enseguida.

La sirvienta se va. Dejando solo al joven.

En esos momentos la Ralts salía muy desconcertada.

-Lo siento Luna. Me tengo que ir por el momento. Quédate aquí. Te prometo que traeré algo.

Carlos se marcha y cierra la puerta. Mientras tanto Luna salía y veía a su alrededor. Exploraba el lugar. Pero se cansa. Ella se sentía alegre por ser adoptada por Carlos. En si ni lo creía todavía. Aparte que no tiene frito alguno. Estaba dentro de una casa y a comparación de donde vivía, esa obvio.

-Carlos.- No puede evitar en pesar en el.

Luna se sube a la cama de Carlos.

-Esto. Huele bien.- Dice al restregarse mas en ella.

Luna seguía así. Mientras se acomoda.

-Es tan cómoda.- Se dice.

Luna estaba más que feliz.

Estaba tan cansada también. Tanto que poco a poco queda dormida en la cama de Carlos.


Minutos después

Carlos abria la puerta. Para ver a Luna dormida.

-Luna, luna.- EL la intenta levantar.- Te traje algo de comida.

Pero ella simplemente se voltea. Carlos por otra parte, sonrie, viéndola. El no podía, ni queria despertarla. Se veía tan tierna y linda durmiendo. Y de hecho era la primera vez que la veía domar.

-Creo que no te voy a poder mover. Ni siquiera tengo una pokeball.- Dice el niño que la igual siente algo-(Bostezo), aparte estoy cansado esta vez.

Carlos por su parte traía un plato de comida. Para la Ralts. Pero no quería levantarla.

Bueno. Sera mejor prepararme para dormir. Sera mañana un día pesado.- Se dijo el niño.- … Como siempre.

El niño ve a su Pokémon, viendo esa cara dormida.

-…Como… Siempre.- Se dijo al acariciarla sus mejillas.- Espero no cometer ningún error.- Dice temeroso.

Pasa algunos momentos. Carlos terminaba de alistarse para dormir y se acuesta a lado de Luna.

-Buenas noches Luna.- Le dice Carlos tapándola con la misma cobija.- Hasta mañana.

Carlos con una sonrisa se duerme. Feliz de no tener a una amiga.

Pasan algunas horas y el rugir del estomago de la Ralts la levanta y desconcertada ve a su alrededor. Seguía en la cama de Carlos y tapada, compartiendo la misma cobija.

Ella ve a Carlos de espaldas.

-Carlos.- Murmulla el nombre.

El rugir de su panza sigue. Ella tiene hambre. Pero voltea y ve sobre una mesa un plato de comida que no estaba. Carlos se la había traído.

Ella viendo al niño decide no levantarlo y se aleja para comer. Mastica con cuidado y el silencio, unos cuantos pokelitos y pokehabas que tenía. Las pokehabas, nunca las había probado. Ella tiraba algunas lágrimas de felicidad. Lo difícil que es la vida salvaje de un Pokémon, conseguir comida era difícil para la pequeña Ralts solitaria y ocultarse de los entrenadores también lo era.

Ella sigue hasta acabarse todo el plato.

Satisfecha y sin poder evitarlo, por un momento saca un eructo. Carlos gruñe dormido y se voltea, ella tapa su boca rápidamente, no quería enserio despertarlo.

-"¡Controlate!"-Se dijo la Ralts.

Pero sin poder dormir por el momento ella camina un poco, queria salir. Pero no podía, aparte de que la puerta estaba cerrada. Pero ella sin poder pensar lo que ha pasado. Ya no se encontraba afuera sola. Se encontraba dentro de una casa. Hasta el piso tenia alfombra, no se sentía húmedo.

Ella va una ventana y ve el exterior y oye algunos Pokémon nocturnos. Sin creer todavía.

Pero más que eso y algo que llama poderosamente su atención es el gran astro blanco que aun seguía en el cielo. Con brillo le daba luz a ella.

-Luna.- Se dice ella, al recordarlo.- Ese es mi nombre ahora.- Se mantiene pensativa.

Sintiendo por primera vez algo. Aprecio hacia Carlos. Tenían seis meses que se conocían y en ese tiempo ya habían formado una amistad.

-Carlos… Gracias.

Ella sintiéndose mas vacía en su estomago. Vuelve a la cama y se pone a lado de Carlos, lo abraza con sus pequeñas manos y se mantiene ahí, con el. Ella se queda de nuevo dormida.

Y después de unos momentos Carlos despierta y ve Luna que lo abrazaba.

Sintiendo algo cálido y sonriendo debilmente. El niño abraza a su Pokémon.

Esa fue la primera noche de ellos. Cuando Carlos decidió adoptar a Luna.

-Ella me conto su primera vez. Una vez que pudo hablar conmigo. Su felicidad al no estar ya sola.

Carlos, tenia tanta ira. Le quedan hermosos recuerdos que quisiera revivir. Pero a lado de su amada.

El castaño siguió Manteniendo el secreto de Luna.

No queria que nadie lo supiese y temia a las consecuencias de ello. Con el tiempo y si todo salía bien, se quedaria con ella.

Ambos paseaban. Luna recorría con Carlos Ciudad Petalia, en oz brazos del joven que la traía para ya y para acá.

-¿Esto es una ciudad?- Se pregunta Luna, sorprendida.- Es grande y con muchos humanos.

Carlos veía su cara de sorpresa.- De seguro que si te dejo aquí. Te perderías.

-¡Heey!- Luna se molesta por el comentario.

-No es cierto.- Ríe el niño castaño.

Ambos adoraban pasear juntos. Cuando Carlos terminaba del colegio.

-Ya es hora de volver.

-Pero si no hemos estado tanto tiempo afuera.- Le dice Luna.

-Luna. Como me gustaría pasar más tiempo, créeme.- Dice Carlos, algo molesto, pero disimulado.

Luna se sigue preguntando. ¿Por qué Carlos sonreía si estaba molesto?, A estas alturas ella sabe que Carlos disimula ante ella y lo hacía bien. Pero lo que lo delata era que Luna ha estado varios días con el eso y…

-Ni modo.

Pese a que acabo la escuela. Carlos tenía que seguir estudiando varias cosas. El vuelve a su hogar. Va a su habitación y se cambia de ropa. Después…

-"Siempre es lo mismo"- Pensaba el niño harto, demasiado.- "Todos los malditos días lo es"

Carlos encorvaba su rostro y mientras se ponia una camisa.

-Carlos.- Ella le murmuraba.

-¡Luna!- El cambia de actitud.- Ya casi me olvidaba que estabas aquí. Perdona, aun no me quito esa costumbre en vestirme en frente de ti.

Luna tenía una cara neutra, no se debía a lo que Carlos ha dicho. As u vez era cierto Carlos se cambiaba al frente de ella, tanto que inclusive ella lo ha visto desnudo, algunas veces el se cambiaba en privado por eso, al tener ya a Luna. Pero mayoritariamente y por costumbre él se cambia al frente de ella. Pero eso no es lo que le provoca esa cara. Ella voltea otra parte. Y oye a Carlos tataratear.

-Luna me tengo que ir.

Ella trata de hablar. Quería seguir más tiempo con Carlos.

-Luna… Ya sabes cómo es esto.- Dice Carlos.- Se que no quieres estar más tiempo en este cuarto. Y lo comprendo. Pero tengo que guardar el secreto. Si saben de ti. Ya no volveré a verte.

Luna lo comprende. Era un secreto, un secreto que a su vez le perjudica, al estar encerrada todo el tiempo. Pero no quería estar sola de nuevo. Aparte de que Carlos estaba siempre con ella. Siempre salían juntos.

Pero a su vez no justifica lo que ha visto. Ve a su amigo molesto todos los días. Al menos entre horas, después del colegio. Pero así ha visto a varios niños, eso era normal. Pero en su casa y en la mayoría del tiempo, inclusive y juraría que ha visto a Carlos llorar.

Algunas veces se mantiene el pensado mucho de ello. Quería ver qué pasaba con Carlos. El siempre le fingía una sonrisa.

-¿Qué ocultas Carlos?- Se pregunto.

Las horas pasan. Ella se encontraba pegada en la ventana, viendo a los humanos que estaban ahí, el jardinero trabajando. Aunque conoce toda una ciudad. Ella no conoce la casa de Carlos, más que su cuarto.

El atardecer llega. Carlos entra a su habitación, exhausto.

-¡Carlos!- Ella alegremente corre a recibirlo.

Ella se pega a las piernas del niño. Pero al poco tiempo ella ve al niño exhausto. Pero diferente a las demás veces, se sobaba la mejilla.

-¿Carlos?- Se pregunto ella, al verlo golpeado.

-Luna.- Murmura él.

-¿Qué te paso?- Le pregunta ella.

-Lamento si no puedo jugar contigo hoy, se que ya han sido tres veces esta semana.- Le dice Carlos, con voz algo cortada, disimulada.- Pero… créeme. Estoy muy cansado.

El sin más que decir decide mejor encenderle la tele y ponerle algún canal. Y después, el niño cae a la cama, sin ni siquiera cambiarse. Luna se queda desconcertada ante esa actitud. Carlos cae tendido y duerme por fin.

Ella trata de mantener como si nada hubiera pasado. Se queda viendo la tele. Pero Mientras veía, oia también algunas cosas. La respiración de Carlos se notaba interrumpida, demasiado.

Tanto, que le causa molestias moviéndose, dormido saca un suspiro forzado.

Para Luna no era normal. Ella inclusive a sacado esos suspiros. Pero eso pasa cuando, lloras demasiado.

-Carlos.- Le habla.

Pero el no responde.

Luna se acerca a él, se sube a la cama. Y en efecto. Carlos estaba llorando, las lagrimas secas las tenía por todo el rostro. Una cara destrozada. Ella, no lo cree, se espanta.

-¿Carlos, que te hicieron?- Le pregunta.

Pero Carlos sigue dormido, el voltea, dándole la espalda.

Luna siente tristeza, tenía ganas de llorar también. Carlos ha disimulado una alegría falsa, pero sincera a su vez. Ella lo sabe, ha sido para fingir estar bien. Pero no puede seguir, por más que se esmere.

Luna se acuesta a lado de Carlos. Pese a que Carlos le consiguió una pequeña cama. Ella decide acompañarlo, se pone al frente suyo y lo abraza.

-Todo estará bien Carlos.- Le dice Luna, con algunas lagrimas que brotaron.- Yo estaré aquí, para ti mi amigo.

En esos tiempos Luna veía a Carlos como un amigo cercano.


Al día siguiente

La misma rutina. Carlos se iba de nuevo. Dejando Luna sola en su habitación. Al ver que él se alejo, decide abrir la ventana. Pero la pequeña, le costaba trabajo, pues no le alcanzaba al seguro. Pero logra abrirla.

La Ralts salía a las afueras de la mansión. Decidiendo observar a Carlos, quería saber que era lo que le pasaba. Por que actuaba de esa forma.

Ella trata de entrar de nuevo, por otra entrada. Pero ella no conocía la mansión. Y entre mas recorría.

-Qué grande es este lugar.- Se dijo la Ralts sorprendida.- ¿Dónde está Carlos?

La Ralts tenía cuidado en no llamar al igual la atención. Pero nunca pudo entrar a la mansión. De hecho se tuvo que regresar y cerrar la ventana, al saber que pronto Carlos vendría.

-Rayos.- Se dijo molesta Luna.- No pude encontrarlo. No pude ni siquiera entrar.

Luna no comprendía. No era una simple casa, era una mansión, ocupa casi tres hectáreas el terreno, aun para la Ralts, era grande. Pero Carlos estaba adentro. Lo que ella quería era entrar de nuevo. Pero al ver que al igual había humanos cuidando regreso.

Los días pasaron la Ralts quería salir de esa habitación y poco a poco recorría la mansión. Hasta por fin encontrar otra de las entradas abiertas. Ella se mete. Pero el resultado era el mismo. Ella no conocía los adentros de la casa. Pero no se rinde. Ella por fin entra, se ocultaba entre las personas, la servidumbre a través de los floreros o los grandes pilares. Lo raro es que no oía a un Pokémon (A excepción de los de afuera), pero no adentro de la casa.

Tabien oia gritos que le parecían horribles. Una mujer, ella trata de alejarsxe lo mas que puede. La ha oído varias veces. Como ogro asechando. Ha visto la sombra de esa mujer.

Pero no se separa de su objetivo. Buscar a Carlos.

Y eventualmente lo encuentra. Una vez lo vio meterse en una puerta, esta se cierra y ella no puede entrar. Se frustra. Pero mantiene oído cerca y oye. Las instrucciones de un maestro que le explicaba números y otras cosas, ecuaciones. Ella no entiende. Se mantiene esperando.

Después otro maestro entra y el tro sale. Luna escucha, escucha canciones tocadas por un piano. Y al maestro regañando al niño. Ella no comprende nada.

Algunas horas pasan. Hasta que oye al humano que hasta ahí concluía la clase.

Carlos se despide del maestro. Ella rápidamente se aparta y corre. Sabe que Carlos ira pronto a su cuarto. Pero estaba muy lejos del ahí. Ella se marcha.

Y en efecto. Tanto como maestro y alumno salen. Luna apenas y de reojo lo ve.

Pasan los minutos. Ella por alguna razón llega antes que Carlos. El niño en busca de su Pokémon, la encuentra sentada en la cama.

-Luna.- EL le sonríe, alegrándose.

Luna le dedica una sonrisa. Pero a su vez lo presiente, esa alegría, no era del todo sincera. Carlos está cansado.

-Vamos a salir Luna.- Dice Carlos.- Creo que es hora de que conozcas parte de esto.

Luna se alegra, pero a su vez no. Ve a su amigo muy exhausto.

Carlos se lleva a Luna a escondidas de la mansión.

Pero no cuestiona a Carlos. Para él lo que le agrada después de tanto y arduo trabajo es estar con Luna. Ella no le puede negar eso, aunque prefiere que el descanse.

-No hagas ningún ruido.- Le dice Carlos.

Ella asiente.

El niño mete a su Pokémon en su mochila y se dirige a fuera.

Pero mientras caminaban afuera. Pero la pareja en ese tiempo se encuentran. Luna por fin la oye más de cerca.

-Carlos.- En el centro del hogar. Una mujer estaba al parecer esperando al niño.- ¿A dónde vas?

Carlos se siente temeroso y nervioso a su vez. Pues la que ve en frente es alguien que no puede ignorar.

Luna oía, esa voz fría e intimidadora.

-Carlos.- Le llama esa voz.

-Mama.- Dice el niño.

Pero la madre, Lucia. No ve a su hijo alegre, lo ve con repudio y enojo.

Carlos. El maestro me ha informado que tus calificaciones bajaron.-Y va al grano la mujer.- ¿Por qué?- Y con un toque de furia disimulada pregunta

-Bueno…- Pero el niño teme, inclusive responder.

-¿Sabes cuánto cuesta lo que estamos haciendo por ti? ¿O más bien a mi?- Le pregunta.

-Lo sé.- Dice el niño bajando la mirada, pero sintiendo temor.

-Escúchame niño.- Dice a madre.- No quiero que vuelvas a bajar de calificación.

La madre se marcha del lugar sin decir más. Lanzando su amenaza.

Luna escucho, lo percibía en el humano. Carlos sintió miedo y más por la amenaza. El niño se recupera y sale a fuera. Saca a Luna.

-Carlos, ¿Qué fue eso?- Le pregunta Luna.

Carlos por su parte ignora eso. Acaricia a su Luna, pero en el tacto hasta lo siente a través de sus cuernos. El niño se siente atemorizado, aterrado ante la amenaza.

-Perdona que hayas oído eso.- Se disculpa Carlos, con su tono cambiado.- Pero por ahora quiero estar contigo.- Le dice tratando de alzar una sonrisa.

Luna lo ve, quería eso, pasar tiempo con ella.

Luna agarra la mano de Carlos, accediendo a estar con él. Pero ignorando eso. Por ahora.

Carlos quería estar con Luna, eso era lo único que podía pensar por el momento. Luna para ese entonces se daba cuenta porque Carlos alzaba una sonrisa, inclusive forzada. El niño quería estar con su Pokémon. Luna se siente algo alagada, por ese gesto.

-¿Por qué lo ocultas?- Se pregunto.

Pero la desgracia de Luna es que conocía mejor a Carlos y su familia. Las cosas empeoraban cada vez más para el niño. Luna sabía que tan sofocado estaba todos los días por el estudio que siempre le daban. Ella quería observar y estar con Carlos. Pero no podía hacerlo y una puerta siempre se lo impedía.

Pero a su vez la Pokémon no podia evitar en pensar porque Carlos se frustraba y venia furiosa todos los días, esa parte la trata de saber. Una de esas cosas era su madre. Pero había algo mas, algo que Carlos no habla. Ella quiere saber aun más. Y para ella tarde o temprano lo sabe.

Pero…

Así como la curiosidad mata al gato.

En ella se le aplico.

Si bien. Ha visto a Carlos sofocado en su cuarto escribiendo varias hojas y memorizándose algunas.

Ella quería ver. Pero Carlos cortésmente la rechazaba. Aun así observaba y presentía como Carlos se frustraba. E inclusive y en las noches Carlos estaba con los libros. En silencio ella lo observo. Sentía frustración en Carlos, sus fuertes gruñidos, las hojas que arrancaba.

Podía escuchar sus susurros algunas veces, las maldiciones y la ira. Se preguntaba el niño porque no era libre, porque tenía que estudiar trece horas diarias.

Ella quiso entrar para él. Quiso apartarlo por un momento del libro. Y que solo este con ella.

Pero él seguía negando. Y más si se trataba con el estudio.

Pero ella quería estar con Carlos. Y sin darse cuenta. Ella lo acompañaba, se salía de la habitación y lo seguía, cuando volvia de la escuela.

Y la cruel revelación ante sus ojos. Cuando tenía que tomar esas clases de piano.

El horror de ver día a día, una frustración que crecía sin ella hacer nada.

Ella por fin pudo entrar a la habitación. Gracias a que ella se le adelanto y justo cuando se cerraba la puerta. Ella estuvo observando y analizando. Quería ver que es lo que hacía Carlos del otro lado y con obsesión pensó y pensó en ello.

Pero era un mal día en que decidió.

Ella observa en un florero.

Mientras un niño exhausto y cansado seguía tocando y si paraba. Recibia un rengaño de su maestro presente.

El niño estaba muy exhausto y seguía tocando. Pese a que pedía un descanso. Las manos de Carlos dolían.

Luna abre su sorpresa al ver que es lo que tira Carlos en las teclas. Llora al saber que tiene que pasar Carlos, día con día.

Ese día en que la canción, un poema fue escrito con sangre. La ira que sentía la Ralts ante una declaración forzada.

Carlos Pov

Lo peor de todo es que nunca la salve de mi propio dolor. Ese dolor que me mantuvo siempre cautivo. Pero ella quiso entrar, por más que se lo negué. Ella observo.

Yo la alcance a observar ese día. No quise creer que ahí estaba. Eso me destrozo más.

¡¿Qué hacia ahí?!

Yo quería gritarle que se marchara y que no me viera, no en ese estado. Pero lo hiso.

El maestro desesperado me llamo a la servidumbre y estos me llevaron a otra parte.

Y cuando regrese a mi habitación. Ella estaba ahí. Sofriéndome.

Más bien tratando. Pero ese rostro lo delataba. Ella trataba de no llorar. Y lo consiguió, no lo hiso. Pero si hacia algunos pucheros.

Yo solo la acaricie. Con mis manos rotas.


Narrador Pov

Carlos sigue llorando. Todo lo que quería era una vida normal de un chico, no tener el temor de su madre.

Viendo con rabia a los maleantes que se la han llevado. Su corazón destrozado se unía de nuevo. Pero de una forma extraña, esa tristeza que siente se transforma poco a poco.

Carlos decidió llevar a Luna adentro de la escuela. Algunos lo hacían y lo sacaba a la hora del receso. Carlos se los mostraba a sus compañeros.

-¡Vamos te intercambio a mi Draniti.- Dice uno de los niños.- Mis padres me lo compraron en Kanto.

-No.- Carlos se negaba.- No quiero.

Y Luna tampoco quería, se negaba, se aferraba a Carlos.

-Ese Pokémon no será tuyo.- Dice uno de ellos.

Entre los de esos niños sale otro. Este era un niño pelirrojo, poniéndose al frente del castaño.

-Yo tengo algo más que proponer.- Dice ese niño.

-Arturo.- Dice Carlos, al reconocer.- Mi respuesta es no. Es mi Luna.- EL niño sigue.

-¿Entonces porque la muestras?- Pregunta el chico.

-Bueno. Todos tienen un Pokémon. Y yo no.- Cuenta Carlos.- Pues bien ahora lo tengo y querían que lo conocieran.

-Con esto cambiaras de opinión.- Dice Arturo.

De la nada el pelirrojo saca a un Pokémon. Este era un Beldum.

-Esto te hace cambiar de opinión.- Pregunta el niño.

Aun para encontrar un Beldum en Hoenn es difícil, los niños estaban impresionados.

-No.- Pero Carlos se niega.

Arturo se enoja, gruñe.

-Mi Pokémon no quiere irse de mi.

-¡Es cierto!- Dice La Ralts.- Es mi amo.

-Tampoco quiero dejarla.- Dice Carlos, acariciándola.

-Pero si dices que la encontraste en un bosque.- Dice Arturo, molesto.- No encontraras una oferta así.

-¿Qué?- Carlos se molesta.- Sabes. No necesita ser un Shiny o normal. Todos los Pokémon son iguales para mí. Esto no se trata de sangre o nobleza. A diferencia de nosotros (Y eso ultimo también lo dudo), ella es igual que ese Beldum.

-¡¿Qué dijiste?!- Arturo reacciona.- ¡Ja!, Me haces reir Carlos. Esa Pokémon no duraría allá a fuera.

Eso deja insegura a Luna, bajando la mirada.

Recuerdo. Cuando la vi humillada y todo por traerla. Los demás pensaban que presumían, por ser una rareza. Los demás no entendían nada. Pero no quería que Luna peleara. Trate de que así fuese.

Ya tenía medio año en que Carlos había adoptado a Luna

Cambiaria Carlos de opinión. Un día que la madre de Caros tuvo que ir a Ciudad Calagua por cuestiones de negocios. Quedándose con su hijo en un hotel.

Si bien el hotel cuenta con seguridad Carlos la podía burlar con facilidad. Queriendo explorar Calagua con Luna. No importaba si estaba su madre. Ella no le presta atención su hijo, eso era fácil.

-Carlos nunca conocí a una mujer igual a tu madre.- Dice Luna al conocer mejor a la madre de Carlos.- ¿Eso es ser madre?

Luna estaba molesta. Para estas alturas ha visto lo que Carlos ha sufrido. Inclusive y supone que ella fue la quien le dio la bofetada. Luna se siente algo incomoda.

Para Carlos era una excelente oportunidad de pasear por aquella Ciudad, no era la primera vez que la pisaba. Y así fue. Ambos pasean. Esa libertad que siente el niño en su ser.

Luna por su parte se sentía bien, en acompañar a Carlos y verlo feliz. Todo lo que Carlos ha hecho por ella, adoptarla, alimentarla, darle un lugar en donde dormir y sobre todo tenerlo. Se siente muy agradecida.

El joven en querer explorar más. Tanto saliendo de la Ciudad a la ruta 121.

Carlos ve todo su esplendor el gran sendero, en el cual entrenadores en busca en ganar la liga Pokémon.

Carlos y Luna se dejan llevar ante tal sendero, adentrándose más y más.

Carlos siente como si se librase de un peso. Sintiendo el viento en su rostro. Nunca antes lo habia sentido. El niño ve a su Pokémon que caminaba a su lado.

-Luna.-El la llama.- Si fuese un entrenador tu serias mi primer Pokémon.

Luna escucha eso. Sintiéndose sorprendida. Pero asintiendo.

-Claro.- Dice ella.- Seria para mí un gusto Carlos.- Le responde.

Carlos ríe un poco al sentir la aceptación e su Ralts.

Ambos emulan un momento la vida de un entrenador. Pero ellos no sabían lo que un entrenador igual tenía que enfrentar.

EL niño y su Pokémon siguen en caminado, adentrándose mas y mas, sin imaginarlo. No les importaba y ese ha sido su error.

-Luna, ¿Te gustaría salir conmigo de aventura?- Le pregunta Carlos.- Si es que algún día salgo.

-¡Sí!- La Ralts ríe.

Pero algo se mueve. La pareja voltea.

Al adentrarse más, en lo profundo del sendero. Un Pokémon sale, rugiendo. Poniéndose en frente del niño y su Pokémon. Carlos voltea y ve a su espalda.

Un Mightyena se les puso y les gruñía ferozmente.

Ambos se espantan. Carlos agarra a su Luna, al no tener un ball en donde meterla.

Luna estaba en shock. Ese Pokemon se veía temible.

Carlos se queda pensando y temeroso, porque piensa que ese Pokémon era de su padre. Pero no. No lo era. Eso le aterra aun más.

Carlos sin pensarlo dos veces sale corriendo. El Pokémon los persigue sin apartar su mirada. Corrían gran peligro.

Carlos aterrado y sin darse cuenta, pisa una piedra, que lo hace resbalar. El niño se arrastra aterrado. Luna se separa de él y se interpone en el camino.

-¡Luna!- Carlos se aterra.

Luna gruñe. Pero no intimida para nada al Pokémon siniestro que saca, no un gruñido, si no un rugido. La Ralts se aterra, sin creerlo, tiembla de miedo, está paralizada.

El Mightyena se abalanza. Pero Carlos lanza una piedra, haciéndolo retroceder de la Ralts. Carlos sin perder más tiempo agarra a Luna y sale corriendo con todas sus fuerzas.

La bestia los sigue. Cada vez más cerca.

Pero Carlos trepa rápidamente un árbol, teniendo habilidad para eso. Y ahí se mantiene entre sus ramas.

Luna tiembla aun de miedo y el niño por igual. Ambos se aferran uno al otro.

-¡Tra-tran- tranquila!- Carlos trata de tranquilizarla.

Luna llora de terror las lagrimas pasaban por el pecho desnudo del niño. Ella No pudo hacer algo. Siente como si la muerte se acerca.

Pero Carlos por su parte. Está seguro de lo que hace. El Mightyena trata de trepar. Carlos agarra a su Luna, se la mete dentro de su playera. Cerrando el suéter también para sostenerla mejor.

-No te sueltes de mi.- Pide Carlos.

Luna aprieta mas a Carlos, por miedo a tal grado que este gime, ella la apretaba demasiado. Pero Carlos llega hasta la cima y salta al siguiente árbol cercano. El Mightyena usa Alarido, para tratar de bajarlos. Pero no sabía que Carlos se traslado a otro árbol. Carlos sigue igual se pasa árbol por árbol. Mientras rasgaba su ropa costosa. Pero al niño no le importaba, si no estar a salvo con Luna.

El sigue los mismos procedimientos. Pero se cansa y para. Decide descansar. El Mightyena trata de olfatearlos, seguir ese olor. Pero el niño y su Pokémon lo han ocultado de forma inconsciente. Carlos a la hora de mezclarse con las hojas de los arboles.

-Luna por favor no llores.- Pide, casi ruega Carlos, viendo esa carita triste y de miedo. Aparte que si ese Pokémon los oía.

Luna entre lágrimas alza la mirada, viendo a su amigo que se lo pedía. Ella tapa su boca.

El niño castaño respira fuerte, está agotado, regularmente no lleva consigo peso extra. Carlos tal vez no era un Pokémon para defenderse. Pero tenía lo suyo, siempre ha trepado arboles y le ha gustado lo que en las alturas de estos.

El Mightyena los sigue buscando. Luna sigue aterrada.

Carlos le voltea la mirada y hace que solo lo vea a él. Carlos le da una sonrisa a su Ralts tratando de tranquilizarla con eso.

Ella se le queda viendo, sigue teniendo miedo. Carlos la sigue abrazando mientras sonríe.

No dejare que nada malo te pase mi Luna.- Le dice Carlos, felizmente, tratando de tranquilizarla.

Y daba resultado. Luna le sonríe se tranquilizaba abrazaba a Carlos.

EL Mightyena lo pierde de vista y se marcha al frustrarse. Carlos y Luna pueden verlo. Carlos no puede evitar mirar a ese Pokémon. Luna por su parte estaba tan enfocada con Carlos. Pero el sigue pensando.

-Sera mejor esperar Luna.- Dice Carlos muy cansado.

Quince minutos pasan, ambos siguen abrazados. Carlos baja del árbol. Pero tan solo medio metro de altura, cae de sentón. No estaba repuesto del todo.

-Perdí convicción.- Dice Carlos, entre gruñidos.

Luna salía de la playera de Carlos.

-¡Carlos nos has salvado!- Dice Luna feliz.

Carlos trata de reponerse y ve su ropa rasgada.

-Por poco.- Se dice el niño.

Pero pese a lo que ese niño y ese Pokémon pasaron. No se salvaría Carlos de lo siguiente.

El niño rápidamente volvió. Y lo primero que hiso al regresar al hotel. Fue ocultar rápidamente a su Pokémon. Y trata de cambiarse rápidamente de ropa. Pero.

Una puerta se abre. Y deja ver el siguiente peligro.

-Quiero que conozcas a mi hijo…

En eso la madre, Lucia venia acompañada por un invitado y al abrir la puerta y ver al niño todo sucio, con su ropa rota.

Lucia se aterra al verlo así y el invitado se encuentra desconcertado.

Carlos ya sabía lo que vendría después. Y ante la mirada de Luna oculta en el closet, a través de una línea de luz.

Ella veía al niño maltratado, que era golpeado por su madre ante tal vergüenza que paso. Carlos gritaba y Luna escuchaba y veía ante tal crueldad. Ella se puso en shock, no quería observar más.

Pero lo hiso. Ya cuando la madre acaba y deja el lugar, con una amenaza de que se cambiase de nuevo. Carlos estaba muy débil, yacía al suelo, sus piernas temblaban. Y cuando todo entra en tranquilidad. La Ralts sale del closet, viendo a Carlos tirado, llorando y gimiendo.

-Carlos.- Ella le llama.

Carlos alza la mirada y ve a Luna, que se entristecía por verlo así.

-Luna. Ocúltate.- El se esforzaba.- Todo está bien, vete.

La Ralts lloraba. Carlos le sonreía, tratando de disimular que todo estaba bien. Pero no la puede engañar esta vez y más si ya lo vio. Ella abraza a Carlos. Tratando de devolverle lo que él le da.

Pero siente que es inútil, porque lo presiente. El esta triste, esa tristeza tan inmensa en su ser, tan grande antes de que ella entrase a su vida.

-Perdóname Carlos.- Le pide una disculpa la Ralts.- Si tan solo me hubiera defendido. No estarías así. De nada sirvió librarnos de ese Pokémon.

Desde ese día. Carlos decidió entrenar a Luna. Y Luna decidió aceptar para proteger a Carlos.


Días después

Carlos nunca se rindió en hacerlo. Y en las partes alejadas de la mansión, dedicando su poco tiempo libre entrenaba a Luna.

Luna le ponía su empeño y ganas en ser fuerte. Pero le costaba mucho. Y a Carlos también, ya que él no era un entrenador.

-¡Uffff!- Carlos se cansaba.- Seria mas fácil si te enseñara un MT.

Y la verdad lo seria.

-Pero no puedo.- Dice Carlos.- No aprendierais mucho y no ganarías mucha experiencia.

Pero no se rendía. Al igual que Luna. Y con un peluche (pequeño o normal)

(NDA: El peluche es de la técnica sustituto)

-Tengo que ser fuerte.- Se decía Luna.- Para proteger a Carlos.

Ellos seguían intentando.

El tiempo seguía avanzando. Y cuando mas Luna convivía con Carlos, mejor lo conocía y este de ella.

Pero algo peor todavía vendría. Algo que no se comparaba con la madre.

Ese día Carlos decido llevar a cubrir la rutina de Luna. EL la llevaba en su mochila. Y ientras caminaban hacia afuera.

Carlos se encontraría con el siguiente peligro. Pues por detrás recibe un golpe. El niño grita y ve atrás suyo.

En ese tiempo otro joven mayor a Carlos. Estaba detrás.

-¡Sebastián!- Carlos exclama molesto.- ¡¿Qué quieres ahora?!

Luna oia y sentía el peligro. Pero no podía salir. Esto se debe a que Carlos le pidió que bajo ninguna circunstancia ella debiera de abrir la mochila.

-Nada.- Dice El hermano mayor.- ¿Uno no puede molestara a su hermano menor?

La voz sínica y sin preocupación de el. Carlos cada vez estaba mas sorprendido.

-Hermano, ¿Por qué eres así?- Preguntaba el niño.- Yo recuerdo que así no eras.

-¡Jajajajajaja!- Sebastián se reía.- Carlos eres un niño imbécil.

Luna entra en shock, al escuchar la palabra hermano. Y como este le llama.

-Tan tierno.- Dice Sebastián, acariciand la mejilla de su hermano menor.- Tan tierno que dan ganas de estrujar ese pequeño cuello y hacerlo trizas.

Sebastián vuelve a golpear a Carlos.

-¿Se te olvida la lección que te di?- Pregunta Sebastián.

Carlos se encorva. Hasta Luna siente ese golpe, ya que fue en el estomago. Carlos no se encorva y gruñe de furia.

-Veo que has aprendido un poco.- Dice Sebastián, algo serio.- Me alegro por ti.

-La vida no es así.- Comenta Carlos.

-¿Entonces como?- Le pregunta Sebastián.- Parece que quieres que te la explique de nuevo.

-¡BASTA!

Pero un tercero intercepta. Luna escucha.

-Sebastián.- Y esa voz gruesa lo llama.

-¡Padre!- Ambos exclaman.

Y Luna escucha. Esa voz fuerte y seria, imponente.

-¿Tengo que estar detrás de ti chiquillo insolente?- Pregunta el padre.

Sebastián calla, siente temor ante su padre. No quiere ni verlo.

-¿Qué pasa?- Pregunta el padre.- Mírame en cuanto te hablo, ¿O acaso eres un hipócrita?, ¿Me tienes miedo?

Carlos veía a su padre, pero estaba nervioso. Luna sentía como el niño temblaba. Parecía inclusive que él tenía miedo de su padre.

-¿Cómo intentas dar miedo, si tienes miedo?- Pregunta Javier agarrando el hombro de su hijo mayor.- Tiemblas un poco ante mi presencia, puedo sentirte, aunque sea un poco. Intentas disimular.

Sebastián gruñe, parecía como si de un demonio se tratase. Javier veía ese comportamiento anormal.

-Pues haces bien tener miedo. Quédate con esta sensación que te doy hijo.- Dice el padre.- Ahora largo.

El hijo mayor sin hacer nada se marcha. Luna ve de reojo a tras de la mochila. Y ve, por fi conociendo al hermano. Se lleva tan ingrata sorpresa al verlo, pues no lo cree lo que ve.

Pero Javier ahora estaba con su hijo menor.

-Carlos, ¿Qué haces aquí?- Pregunta el padre, sin bajar el tono de su voz.

-Nada, padre.- Dice el niño nervioso.- Yo me dirigía al cuarto de estudios.- Le responde.

El padre ve a su hijo menor, tiembla de miedo este al verlo.

-Ya veo.- Dice el padre.- Pues ve a lo que tengas que ir Carlos.

El padre, sin más que decir camina y la Ralts sigue viendo, se siente intimidada y eso al verlo. Pero al igual que Sebastián se lleva una sorpresa al ver al padre de ambos. No era lo mismo que Lucia. Ese hombre, su porte, inclusive al caminar. Daba señal de respeto e intimidación. Digno ante un regente.

Luna traga saliva. Pues es como si viese a dos monstruos y más al conocer a la madre, se da un idea de todo. Tres monstruos.

Carlos se mueve. Pero termina en el cuarto de estudios.

El saca a Luna. Esta ve a Carlos y lo ve pálido, como si viese a un fantasma.

-¿Esta es tu familia Carlos?- Le pregunta.

Carlos se mostraba pensativo. Y es mas no sabe porque está en el cuarto de estudios y Luna recuerda ese crudo día en esa habitación. Viendo el florero donde se oculto.

-… No sé porque estoy en este lugar.- Dice Carlos al no comprender.

Luna estaba viendo a Carlos, curiosa. Ella lo ve molesto e impotente.

-¿Así que mi hermano y mi padre han regresado?- Se pregunta Carlos algo nervioso.

Carlos desvía su mirada y ve a Luna, se sentía preocupado.

Luna iba con él y se ponía encima de sus piernas.

-¿Amo, está bien?- Pregunta Luna.

Carlos pensaba en Luna, ya tenía algo de tiempo de que la había traído a vivir a su casa. Pero en este último mes habían pasado ya varias cosas, en tan poco tiempo. Pasarían más rápido. Pero Carlos lo ha impedido, pero no puede soportarlo mas, el quiere a Luna, aparte ella depende de él.

El joven suspira y la Ralts lo imita, sonriéndole. En realidad ella se sentía feliz en estar a lado como Carlos. No era lo mismo que los demás humanos, era diferente.

-Algunas veces deseo que seamos nosotros.- Dice el castaño.

Ella también piensa lo mismo.

Pero eso no quieta la preocupación y decide entrenarla.

-¡Se supone que nos esforzamos para que esto no pasara!- Carlos les grita a los secuestradores.- ¡Intente e intente protegerla!

El tiempo siguió el curso. Gracias al entrenamiento. Luna por fin aprendió confusión, levantando el peluche y aventarlo un poco.

-¡Por fin!

El tiempo marca el progreso de esa pareja. Que no se separaron ni un momento.

Luna veía a Carlos, de ahí lo considero como un maestro. Como un guía para ella y como un objetivo.

Carlos decide festejar ese progreso. Sabe que es un gran paso para un Pokémon ser fuerte.

Y al ser alguien rico. Carlos no se limita en complacerla como reina. Recorriendo Petalia. Un restaurante.

Luna se sentía algo nerviosa, sintiendo algo de bochorno ante tal gesto del humano hacia ella.

-Vamos mi Luna no seas tímida.- Le die Carlos que estaba sentado al frente suyo.- Son de los mejores pokelitos que puedes encontrar.

Luna baja la mirada, sonriendo de vergüenza a su vez. Carlos se comportaba lindo con ella.

Carlos Pov

Ella me conto que sintió ese día. Se sintió alagada. Era la primera vez que sintió eso. Yo pude verla roja ante ese gesto que le hice.

(Snif)

Yo era un amigo para ella. Ella era una de mis mejores amigas. Recorrí toda Petalia con ella. La cargaba y la trataba como mi reina. Ella me contó que sintió algo suyo y se pregunto.

¿Por qué la trataba como humana?

¿Por qué había humano y Pokémon que se limitan?

Es porque nadie tenía nuestra relación.

Narrador Pov

Pero Carlos no respondió y siguió con su Luna. Acariciando su cabeza con la suya. Él le mostraba su cariño a su forma, lo cual causaba algo en ella, recordando su pasado con Carlos, nada cambiaba en el. Y días atrás ese Mightyena que lo asecho y el niño, comportándose como un Pokémon, por instinto la salvo, pese a las diferencias.

Luna ha visto que algunos entrenadores han abandonado a sus Pokémon. Pero Carlos, aun en ese estado crítico, no la abandono.

¿Por qué la Ralts se siente así?

Ella no lo comprende todavía.

Pero estaba decidida. Era más fuerte. Quiere ser más fuerte para Carlos, esa es su meta.

-Te protegeré ahora amo.- Le dice ella feliz.- Mi Carlitos.

Carlos sigue moviendo su cabeza con la de ella. Luna percibe la alegría del niño y ella se siente feliz por el. Ella alza la cabeza y esa fue la primera vez.

El niño y su Ralts juntan sus frentes. Y las mueven entre si, acariciándose de esa forma.

-Te quiero Luna.

Luna siente el sacudir en ella.

-¡También te quiero Carlos!- Le dice ella muy feliz, casi gritando.

-Vayas fuerzas que tienes.- El castaño ríe.

Carlos siente sus pulmones, llenos de un aire muy diferente a los que acostumbra.

Esa fue la chispa. El primer pasó.


-¡Estúpido mocoso, tu eres un pokefilico!- Exclama uno de esos ladrones.- Eso que nos cuentas. Parece as una historia de amor.

Por un momento Carlos calla, pone una cara tan seria, una de furia, con esa mirada ve al insolente que se a atrevido a juzgar.

-Es porque es una historia de amor.- Dice Carlos acercándose.

Los pasos del joven, son pesados, sin apartar la mirada del maleante pelinegro. EL hombre siente un escalofrió. No está viendo al mismo imbécil que le robaron a su Pokémon. Ve a otro más y con la mirada de un monstruo que lo asecha, percibe el peligro.

Carlos sin cuestionar lo que siente en su corazón. Agarra la mano lastimada de ese hombre y la sumerge de nuevo en agua caliente.

El hombre grita.

-¡CALLATE!

Carlos con la culata del revolver le pega un fuerte golpe en la cabeza del hombre. Pero este no deja de gritar.

-¡Callate, cállate, cállate!

Pero el castaño sigue pegándole al hombre una y otra vez. Hasta que escucha débiles gemidos por parte de este.

-Así está mejor.

Carlos saca la mano y esta ya esta cambiada, la quemadura era más grande, estaba ardiendo, fácilmente se veía una quemadura de segundo grado. El rostro del hombre estaba hinchado, algunos dientes se le aflojaron y uno se rompió, estaba llorando de dolor. Pero apenas y gemía.

Pero seguía viendo al joven. Este sigue llorando, pero no por remordimiento. Si no por lo que le fue arrebatado.

-¿Me cuestionas?- Le pregunta Carlos

Pero el hombre no responde.

-Dije… ¡¿Qué SI ME CUESTIONAS?!

Carlos azota la cabeza del hombre contra el tronco.

-¡NO-NOOO!- Este grita.

Carlos lo suelta.

El castaño dolido. Sigue contando. Necesita desquitar todo ese dolor que han pasado.


Ante la nueva fuerza de Luna. Carlos por curiosidad y para ver que tan fuerte se ha puesto Luna. Pelea contra los demás niños de su escuela.

Al principio y lo obvio perdía ante ellos. Luna se deprimía. Pero Carlos siempre la motivo.

-Luna, no estoy molesto contigo.- Le dice Carlos, siendo cariñoso con ella.

Luna se sentía muy mal, por haber perdido su primera batalla contra un Machop, eso último era lo peor, se supone que tenía ventaja por tipo.

-Vamos, no estuviste tan mal.- Dice Carlos.- Casi lo derrotas. Simplemente nos enfrentamos a alguien que tiene más experiencia.

-Sí. Eso pensamos.- Dice otra voz.- Después de todo apenas e inicias esto también Carlos. No le eches la culpa a tu Pokémon.

Carlos voltea y la voz era de una niña rubia, sus ojos aules como zafiros, su tez clara y blanca, su uniforme similar al de Carlos, solamente que lo que le diferenciaba eran unas medias blancas y una falda escolar.

-Monica.- Carlos se sorprende por la presencia de la niña.

-Hola Carlitos.- Dice la niña saludando gentilmente.- Veo que te has adentrado a esto.

-Si… Algo así.- Responde el niño algo nervioso ante la niña.- Y tienes razón. Yo también perdi ¡jejeje!

La niña era linda y simpática. Una amiga de Carlos. Luna veía a esa niña, desconcertada. Pero conocida entre Carlos. A Carlos le ruborizan las mejillas, sintiendo algo por esa niña.

-Como desearía tener a un Pokémon.- Dice la niña, con un toque de trsiteza, pero alegre aun así.- Te envidio y más aun tienes un Shiny. Ya quisiera ver a ella como Gardevoir.

-Gracias.- Dice el niño castaño.- Me encargare que crezca sana y fuerte. Quiero que se proteja.

-¡Uhh!- La niña se desconcierta.- ¿Qué acaso no es tu Pokémon?

-¿Por qué lo preguntas?- Pregunta el niño.

-Por que hablas como si ella, algún día no dependiera de ti.- Le dice Monica.

Y Luna al igual se desconcierta. Eran ciertas esas palabras de la niña. Carlos hablo así.

-Temo que algún día no estaré ahí para mi Luna.- Le dice Carlos un poco, viendo a su Ralts.- Y por eso a entreno. Para que cuando ese día en que yo falte. Ella se defienda.

El acaricia a su Pokémon. Pero ella no se siente feliz y no por su derrota si no por esas palabras.

-Carlos. Tu Pokémon se ha molestado.- Dice la niña rubia, sonriendo.- No le gusto lo que dijiste.

-¿Enserio?- Le pregunta.

Luna le da un débil manotazo a Carlos.

-Si. Así lo pienso.- Dice la niña, riendo.- Sabes que dicen de los Gardevoir. Estos nunca dejan a sus maestros. Y veo que ella lo experimenta antes, ¡Jejejeje!

A Luna le pareció impensable lo que dijo Carlos. Ella no quería abandonar a Carlos, quería estar con él, aparte de esas palabras que dijo Mónica. Era algo mas, ella se sonroja, y desvía la mirada.

-Amo, ¿Piensa en abandonarme?- Le pregunta la Ralts.

-No quiero abandonarla. No es lo que dije.- Responde Carlos.- Pero es mi temor también.

Luna ve algo triste a Carlos. Hablaba algo raro. Ella no quiere dejarlo, ni menos al enterarse que lo que pasó del piano y el infierno en su casa. Carlos necesita con quien estar, un desahogo. Alguien que lo comprendiera y ella estaría por eso para él. Para motivarlo ante la caída. Así como él lo hace con ella.

-Te vez lindo Carlos con tu Pokémon.- Comenta la niña.

-¡¿Ehh?!- Carlos se desconcierta.- ¿Enserio lo crees?- Pregunta

-Esa pregunta háztela tú. Y a tu Ralts. No a mí. Yo solo veo lo que aparentas.- Dice la niña.- Vaya eso fue muy maduro, ¡Je!

Ese fue uno de los momentos más alegres de Carlos. En ese tiempo estaba enamorado de una niña de su edad. Luna ve esa cara de Carlos, sin comprender. Pero sentía esa alegría.

-Luna, ¿Tu qué piensas?- Le pregunta Carlos.- ¿Soy un buen entrenador?

-¡Sí!- Ella le exclama, felizmente.- ¡Claro que es un buen entrenador amo!

Carlos ríe un poco.

En eso el timbre suena. Indicando la hora de las clases.

-¡Vaya!- Carlos se sorprende.- ¡Es tarde, y yo no he llevado a Luna a curarse!

-Yo la llevare.- Dice Monica.- Tu vete a clases.

-Me harías el favor.

-Claro. Yo estoy libre. No tomamos las mismas clases.- Dice la niña.- Vete rápido.

Carlos le da su Ralts a Mónica.

-¡Gracias, Luna volveré por ti!

Ella asiente no lo duda.

Carlos se marcha.

Y Mónica por su parte decide ayudar a su amigo. Llevándose a la Ralts a la enfermería de la escuela.

Luna presentía a la niña. Alguien alegre, casi emana lo mismo que Carlos.

En ese tiempo Mónica no era egocéntrica, era más humilde y alegre.

Días después. La niña tuvo su primer Pokémon. Este llegaría en forma de huevo. Monica lo cuido y deposito lo último de ella. Antes de ser corrompida. Des este salió un Ralts.


-Todo lo que conocí se corrompió en riqueza o en poder.- Cuenta Carlos, aun a los maleantes.- Inclusive mi mejor amiga lo hiso. No sé cómo paso. Pero simplemente paso.

Con el tiempo esa niña dulce se corrompió. Cada vez más. Ante la regla del más fuerte, ella queria ser la primera. Carlos fue testigo ante esa transformación.

-¿Qué quieres Carlos?- Le pregunta Mónica con repudio.

-¿Qué te paso?- Le pregunta triste el niño.- ¿Por qué te comportas así?, ya no me tratas igual.

-Sabes. He descubierto que he madurado.- Dice la niña, molesta.- Y no eres más de mi atención Carlos. Eres un niño.

-Eres igual que yo. Eso no tiene nada que ver.- Dice Carlos, molesto.

-No lo entiendes Carlos.- Dice Mónica.- La vida es del mas fuerte. No del más débil.

-No entiendo.- Dice Carlos, sin creer.- Tienes el ego inflado.

-Niño estúpido. Eres inmaduro Carlos.- Dice la niña.- Y pensar que sentí algo por ti.

Eso fue algo para el niño. Que entra en shock.

-Pero ahora que lo pienso mejor. No eres mi tipo.- Dice la niña, decidida.- No importa si tu famila es poderosa. Cuando estés en frente. Todo lo que tus padres han construido. Lo destruirás.

-¡Cállate!- Carlos niega, se enoja.- Ambos sabemos que no quiero la vida que mis padres quieren.

-¿Entonces qué pensabas?- Pregunta a la niña.- Estar conmigo. Sabes. Yo espere a que te declararas, espere a que me convirtieras en tu novia. Pero no paso. Y me alegra.

Carlos se rompe. Absolutamente.

-Carlos. Tienes herramientas. Y aunque niegues esa vida. La tendrás que tomar.- Dice Monica, seria.- Yo comprendí eso cuando mis padres se divorciaron. Ambos se pelean por la riqueza y por lo que tienen. Yo no les intereso. Eso fue lo más crudo, si estaba a mi lado, era por obligación.

La niña llora al recordar peleas de sus padres, por el dinero. Carlos la trata de consolar.

-¡Déjame!- Pero la niña se niega un abrazo.- Ahora comprendo. La vida es del más fuerte. A ellos los utilizare y cuando no quede nada. Los tirare como ellos me tiraron en este internado.

-Mónica, por favor.- Carlos trata de tranquilizarla.- Se que sientes. Has visto también mi dolor.

-No compares tu dolor con el mío.- Dice la niña furiosa, corrompida.- Es falso, ¿Por qué no estás como yo Carlos?

En eso un Ralts, que apenas y tenia conocimiento, criado por su entrenadora, estaba al lado de Luna. Pero Luna observaba a los niños. Que peleaban.

-Tú no eres como yo.- Dice Monica.- Así que cállate… Lárgate. No te quiero ver

Carlos no sabe que sentir. Destrozado al ver que su amiga ya no está. Destrozado por saber que pudo sentir amor y que este fue arrebatado. El llora, porque su vida es miserable y ahora la de Monica también.

Luna se siente apenada. EL Ralts, trata de jugar con ella. Tratan de convivir. Pero en eso la niña viene y recoge a su Ralts, viendo con repudio a la otra. Casi con asco.

Carlos se arrodilla, se siente fatal. Luna en cierto modo sentía celos por esa niña, pero también la respetaba. Luna sabía que Mónica era capaz de hacer feliz a su amo.

-¿Por qué le hiciste eso?- Se pregunta La Ralts, sin creer lo que vio.- ¿Por qué?

Ella no comprendía. Se acerca a Carlos. Este la ve, con una mirada pérdida. Ella tiene las palabras en mente de Mónica. No se las puede sacar.


Horas después

Carlos estaba sentado en su cama. Digiriendo el asunto de su amiga. Pero esa forma, esa corrupción. Se siente preocupado. El ve sus manos, sus uñas estaban aun agrietadas por ese día en el piano. Tanta presión consumió a la niña, haciendo un cascaron de lo que alguna vez fue.

Carlos ha visto mucho a los de su status. Llenos de ambición y hambre de poder. El no lo cree.

Sigue viendo sus manos. Ve a Luna dormida a su lado. Estaba ella cansada.

Carlos se mantiene pensativo. Y así algunas horas pasan, digiriendo el trauma. Luna se levanta y ve a Carlos sentado a su lado. Sabe que se siente estar solo.

Ella se pone a su lado y en efecto. El niño pensaba.

Carlos con la mirada ve a a su Pokémon. Ya había pasado cuatro meses desde que la recogió del bosque. El quería dársela a otra persona dejarla en el bosque.

-¿Y si me pasa igual que a Mónica?- Se pregunto Carlos en voz alta.

Luna se desconcierta ante esa pregunta de Carlos.

-No te pasara lo mismo amo.- Le dijo la Ralts.

Pero Carlos no cree. Ha visto varias veces el mismo caso. Los niños no se interesan mas que en el dinero, se vuelven vacios y sin chiste, todo el tiempo, degradando a los que son inferiores, dándose aires de grandesa como si de estos trabajasen.

¿Y si el se transforma?

El espantado no puede mirar a su Luna.

Después mira sus manos, destrozadas ante ese día. Mónica se transformo gracias al dolor. El ya ha recibido varios golpes fuertes, traumas que no se quita. Es cuestión de tiempo, eso piensa. Ve a su Ralts, ella no puede ser igual que el. No quiere.

-¿Te diste cuenta verdad?-Dice Carlos, viendo a su Pokémon fijamente- Creo… Creo que estas mejor si te dejo en el bosque o que otra persona se haga cargo de ti.

Eso causa algo en la Ralts. Un crujido. Algo que no vio venir. Carlos es su amigo. Ya casi estaban un año juntos, ¿Por qué Carlos toma esa deicion?

(NDA: Cuento también el tiempo en que antes que Carlos la adoptara)

-¿Por-por –por qué?

-Luna. Me temo que me convertiré como Monica.- Dice Carlos, muy triste.- O en algo peor. Ya no tiene caso ocultártelo. Sabes como es mi vida. Mi madre que no me quiere. Mi hermano que quiere matarme. Y un padre que no le intereso. Yo no soy igual que ellos y temo perjudicarte.

-¡¿Por qué me haces esto?!- Luna le grita furiosa.- ¡¿Qué no cuenta el tiempo que hemos estado juntos?!

-Sabes. Por eso te he estado entrenando.- Dice Carlos,a tratar de calmarla.- Quiero que no dependas de mi.

-Carlos, yo dependo de ti.- Dice la Ralts, llorando.- Carlos. No me dejes. Eres el único que me queda. Al quien puedo llamar familia.

Hermosos recuerdos de esa Pokémon en que convivía con el niño. Siempre y todos los días Carlos llegaba a la ruta 103 a jugar con Luna. Durante seis meses el niño se mantuvo así. La Ralts nunca conoció a un humano como Carlos que no la quería para peleas. Si no viéndolo como una amiga más.

La Ralts le gruñe al humano. No le agrada esa noticia. Siente ese pulso. Ahora sabe por qué Carlos le dedica esa sonrisa y se lo ha confirmado. El lo hace, porque no quiere que sepa de su dolor. Pero ella lo ha sabido desde antes. Y ha actuado de esa forma, para no incomodar a Carlos.

La Ralts quería estar con él y convivir como esos días. Todos los días Carlos convive unas dos horas al día.

Desde las cuatro de la tarde hasta las seis.

Siempre la misma rutina cuando ella estaba en el bosque.

Eso incremento cuando Carlos la adopto. Teniéndola en su casa.

No importa si era poco tiempo. Luna estaba ahí para Carlos. Aparte el joven ya le dio un hogar.

¿Ella que puede hacer por él?

-¿Carlos sabes lo agradecida que estoy contigo?- Le pregunta la Ralts, con tristeza y enojo.- Me siento inútil algunas veces por todo lo que has hecho por mí. Y ahora me tratas como basura.

Carlos no entendía esas palabras. Pero siente que le está provocando ese dolor.

-Sabía desde antes lo que pasaba y no me importo. Porque eres igual que yo.- Dice Luna, al recordar.- Alguien solitario. Que solo busca la compañía de alguien. Yo igual lo he hecho. Pero no con humanos. Tú fuiste el primero y único. Creí que también lo sería Mónica.

Luna se abalanza y aprisiona a Carlos, lo abraza fuertemente, no quiere soltarlo. Está furiosa porque él piensa en abandonarla.

-Luna es por tu bien.- Dice el niño tratando de que separarse de ella.- Ve. Este lugar es miseria. Ve a mi familia.

-¡No me importa!- Exclama ella.- Carlos. Tú me necesitas. Y más que nunca.

Carlos siente en ese abrazo de su Pokémon. Lo que él necesita.

-¡Ca-ca-Carlos!- Luna le grita.- ¡Te quiero mucho!

Luna se aferra, no quiere soltarlo. Carlos quiere dejarla por su bienestar. Pero a su vez no, quiere estar en paz. No quiere sentir dolor. Solo quiere ser feliz.

Pero por ahora lo era. Al ver tal lealtad de esa Pokémon. Que no le importaba la vida turbia de su maestro. Sabe que Carlos lo necesita, aunque lo niegue. Ella estará para él.

-Te quiero Luna.- Le dice Carloa al abrazarla.- Gracias.


Carlos sigue torturando al primer tipo lo golpea una y otra vez. Sin parar. Ese tipo escupía sangre de sus labios partidos. Pedía piedad. Pero Carlos no escucha, está en trance.

En su mente yacen esos recuerdos.


-Carlos siempre te apoyare.- Dice Luna, decidida. Feliz.

-Luna. Tengo que demostrarle a Mónica que no es así la vida.- Dice Carlos decidido.- Que está equivocada.

El niño sigue entrenando a su Pokémon. Con motivación y deseo. Quería demostrarle a la niña que era fuerte y que seguía siendo el mismo niño que no había razón alguna por cambiar.

Luna se volvía mas fuerte día con día. Llegando a pelear en el colegio y saliendo victoriosa. Carlos se motivaba, el veía a su Ralts, que le dio eso. Motivación.

Carlos estaba agradecido con su Luna. Por ese apoyo incondicional.

Luna sacude el muñeco y lo alza grandes metros. El maestro queda impresionado. Luna usa Voz cautivadora, gritándole. El muñeco es mandado lejos de la Ralts.

Carlos le vio un significado a su vida. Algo que tiene que pelear.

Y después de un largo entrenamiento. Y debajo de un árbol.

-Vaya.- Carlos con cinta en la boca y en la mano reparaba al muñeco dinosaurio.- Este viejo muñeco no dura ya más. Tendré que conseguir uno nuevo.- Se dice algo desmotivado.

Luna por su parte comía un pokelito, mientras veía a su maestro, que trataba de reparar al muñeco.

-(Suspiro) No hay solución ya.- El niño se rinde.- Tendré que comprar uno más resistente ahora que estrés mas fuerte.

Carlos acaricia a su Pokémon en su cabeza. Luna se ríe un poco.

El niño castaño se sienta lado de su Pokémon. El esta también casando por tratar de reparar al muñeco.

-Luna te has vuelto muuuy poderosa.- Dice Carlos que se la pone encima suyo, en sus piernas, mientras recarga su pecho en ella.

Luna se sonroja, le gustaba mucho que Carlos le hablase, le gustaba cuando le cargaba.

Sabes ya tiene año desde que te adopte.- Dice Carlos al recordar.- En ese año. No he creo lo que ha pasado. Que te tenga.

Luna siente algo en su ser, que tiembla. Agarra más la mano de Carlos.

-Me acuerdo que te patee la cabecita que tienes.- El niño acaricia la cabecita de su Pokémon, revolviéndole su pelo.- Eres chistosa. Pareces un hongo.

Luna rie un poco. Y recuerda con mucha ilusión ese día en que conoció a ese niño.

-Hay algo que no entendí ese día.- Dice Carlos, algo dudoso.- Pero mis abuelos, me lo dijeron cuando te conocieron.

Aparte del Poémon y la niña. Estaban dos adultos muy mayores. Aquel par de personas que han mantenido también a Carlos, inclusive antes que Luna y Mónica entrasen en su vida.

Luna siente igual aprecio por esos humanos. Pues a diferencia de Mónica. Ellos han estado en esa locura y están igual. Pero tristes a su vez. Pero alegres por estar con Carlos, su nieto.

-Mis abuelos me contaron. Que los Ralts aparecen ante la gente con buenos sentimientos.- Dice Carlos, algo dudoso.- Aunque yo te encontré, ¿Tu me como me consideras Luna?- Le pregunta.

Luna se pone pensativa. En algo tenían razón los abuelos del niño. Luna sabe que su especie y ella perciben los sentimientos y las reacciones de los demás. Siempre se había ocultado con los entrenadores que querían llegar al campeonato.

Pero hasta hoy en día. Luna se sigue preguntando. Porque con él fue distinto. Cuando lo percibió No detecto nada, solo que estaba nervioso y arrepentido. Más no más.

Con el tiempo lo percibió. Cuando convivía percibía esa alegría. Y no ambición como los demás humanos.

Pero cuando él la adopto percibió el otro lado de la moneda. Tristeza absoluta. Como un agujero negro que consumía su alegría cada vez que él se alejaba de ella.

Luna sigue recordando esos días en que convivió con él. Esos momentos de alegría. Esos momentos que paseaban juntos. Ambos han estado mucho tiempo juntos, casi como uña y carne. Y es que cuando va al colegio. Carlos se la lleva y cuando sale y en su casa. El niño siempre la carga.

Pero pese a eso. Es algo que ha evolucionado a un simple cariño o a cosa. Y no solo se trata de un humano o un Pokémon. Ella no lo ha visto así. O lo seria de no ser por algo que Carlos ha mencionado.

-No entiendo algunas veces esta vida.- Dice Carlos al acariciar a sus Pokémon.- Se que soy un hipócrita al entrenarte y estar en eso. Pero no le veo el chiste todavía, ¿Qué ven en las peleas Pokémon?

Luna se sonroja nuevamente.

-Muchos humanos tratamos a los Pokémon como simples objetos y herramientas para llegar al campeonato.- Dice Carlos, algo serio.- Pero no debe ser así. Son más que eso. Humano y Pokémon es lo mismo para mí… Bueno. Al menos no te tengo en una bolita.

Eso es lo que ha caracterizado a Carlos. El niño no trata igual a su Pokémon. Siempre la ha tratado como su símil. Inclusive tiene su cama que Carlos trajo, inclusive él no se molesta cuando ella se duerme con él.

Luna, las veces que se escabullo a espira a Carlos escucho lo mismo de su maestro de algunos escritos.

Y si Carlos dice que es igual para ella.

-Aparte te estoy utilizando y falto a mis creencias en esto.- Dice Carlos, molesto consigo mismo.- Pero no olvido ese día con el Migthyena. Y mi temor está presente. Aparte… Te necesito.

Pero Luna baja esa mirada. Porque sabe el porqué Carlos la necesita.

-Quiero probarle a Mónica que soy fuerte. Ahora que regrese.

Luna sin que Carlos se dé cuenta, pone una cara molestia, seria. Siente algo, algo que no había sentido al principio. Y es que le dan celos, celos de que Carlos este interesado mucho en esa niña, dispuesto a recuperarla también. Pero a su vez, así deben ser las cosas.

Aparte el dolor de Carlos en la mansión aun sigue presente. Día con día. A diario el niño libra una batalla por mantenerse cuerdo y no corromperse como los demás.


-Yo fui realmente el malo con ella.- Sigue contándoles Carlos.- La utilice por alguien que no valía la pena. Me aferre tanto a mi primer amor. A su vez no quería que se convirtiera en una más. Pero aun así necesitaba la ayuda de Luna.


-¡¿Qué quieres Carlos?!- La niña le exclama furiosa.- ¡Te dije la última vez que no te quería volver a ver!

-Mónica. Sé que se siente.- Dice Carlos, tratándola de recuperar.- Y tienes razón. Pero no es justificación para comportarse de esa manera.

-¿Entonces como?- Pregunta a niña, aun furiosa.- Como tú. Un niño que aun llora de que sus padres no lo quieren. Yo ya no lloro por eso. Es mas no me importan ya. Y la única que me importa es mi tía.

-Yo solo te quería dar la bienvenida.- Dice Carlos muy triste.- Pero veo que no cambias. Estas cegada por tu propio odio, ¿Pero que hice yo para merecerlo?

-…- Mónica se queda callada unos segundos, viendo al niño quien considera débil.- Nada. No has hecho nada y esa es la razón.

Carlos no entiende.

-Y esa es la razón por la cual no mereces mi atención ya.- Dice la niña, harta de su amigo.

Para Carlos se impacta más. Eso era nuevo.

-Te equivocas. Yo soy fuerte.- Dice el niño, aferrado.

-Ni si quiera puedes ganar una batalla y aun con el Pokémon que se supone que tenía ventaja sobre el otro.- Dice la niña, al recordar esa batalla.

-Mónica. No eras así.

-Mi tía me enseño que hay gente que nos atrasa. Que nos impide crecer y que son indignos.- Dice Mónica con repudio.- A mi no me interesa la gente débil. Me interesa la gente fuerte y sé que algún día lo encontrare.

-¡Yo soy fuerte!- Exclama Carlos, harto.- Y no es necesario tratar así a las personas. No es necesario pisotearlas.

Luna escuchaba. Estaba siendo cargada por Carlos.

-Solo echas sermones.-Dice la niña asando de lado de Carlos.- Hasta yo soy más fuerte que tu. Aun en una batalla Pokémon lo soy.


-Aposte mucho. Quería recuperar a la niña que alguna vez fue. Así como mis abuelos y mi Luna me enseñaron a no rendirme y al no dejarme solo. Yo quería hacer lo mismo con ella.

Carlos va sacando su arma de nuevo. La prepara.

-Pero no imagine que ella se volvió tan fuerte.- Dice con trmendo odio en su ser, mientras ve su arma.


Una batalla comienza. El Ralts de la niña era superior a Luna. Lo azotaba con una fuerza psíquica increíble.

-¡Luna usa confusión!- Ordena Carlos.

Luna no se rinde. Sigue de pie todavía.

-¡Ralts, enséñale que es la verdadera fuerza!- Pide Mónica.- Enséñale tu fuerza psíquica.

Carlos y Luna no creían. Mónica era demasiado fuerte. Contaba con técnicas, desde puño trueno, fuerza psíquica. Esas destacaban.

Mónica no estaba con juegos. Maltrataba a Luna con su Ralts. Le demostraba lo débil que era Carlos.

Y después de la pelea. Esas palabras que hacen que Carlos reaccione. Esa creencia que él tiene.

Carlos Pov

Nos esforzamos por demostrarle en ese entonces a mi amor, enseñarle una lección. Pero fuimos humillados nuevamente. Ese Ralts, tenia técnicas heredadas por sus padres. Ese Ralts tampoco era común, estaba muy serio, apenas y reaccionaba por estar a lado de mi Ralts.

Pero no olvidare esa determinación de mi Luna. Ella se intentaba levantar. Pero no aguantaba más.

Y lo que más me hiso hervir de cólera.

Narrador Pov

-Una sucia, indigna que encontraste en un bosque.

Pero en el fondo y no puede ocultarlo. Esta destrozado una vez más. Mónica ya no existe más, ahora era un mas del montón. Pero peor para él, al ser cercana. El niño siente algo, al ofender a Luna.

Los niños pelean, diciéndose palabras. Para Mónica, Carlos ya no valía la pena. Pero para el mismo Carlos, se da cuenta que esa niña del cual se enamoro, tampoco valía la pena.

-Tienes razón y es mi culpa.- Dice Carlos, sintiendo ese sentimiento.- Y mi culpa en querer algo que no valía la pena.

El niño le da media, le da la espalda, es doloroso. Pero sabe que es necesario. Carlos no la quiere ver. Y lo que más importaba eran las personas y en este caso, la Pokémon que merece más su atención.


Una hora después

Carlos deja a Luna en la enfermería. La enfermera atiende al Pokémon y este reposo.

-Luna. Te prometo que compensare esto.- Dice Carlos, algo triste.- Pero no sé cómo. Te he pedido demasiado.

Luna esta consiente, acostaba. Pero a lado de Carlos.

El niño empezaba a tratar de complacer a su Pokémon. Primero a darle pokelito en la boca, bocado por bocado y algunas vallas de la misma forma.

-Veo que eres diferente Carlos.- Dice la enfermera que entra.- Tratas como si fuese una reina a tu Pokémon. He visto a pocos niños de esta escuela que se preocupan or ellos. Pero tú lo llevas más lejos.

-Después de lo que le hice, ¿Qué más puedo hacer?-Se pregunta Carlos.- Esto no es nada.- Se dice molesto.

La enfermera ve al niño molesto consigo mismo. A estas alturas sabe el porqué.

-Carlos. Sé que no soy nadie.- Dice la enfermera.- Pero algún día encontraras alguien que te sepa apreciar. Por ahora e inclusive eres demasiado joven.

Carlos escucha. No dice nada y sigue alimentando a Luna y cuidándola. El solo suspira. Luna se le queda viendo, sonrojada, pero triste a su vez.

-Aparte has aprendido una lección que ya sabias.- Dice la enfermera.

-Fui un tonto al no recordarlo.- Dice Carlos acomodando el cojín de Luna. Ella sonrie un poco, tratando de calmar a Carlos con eso. Este le sonríe.

-Perdónate.- Dice la enfermera.- Ella te perdona, ¿Por qué tu no?

El niño se mantiene pensativo. Viendo lo único que le queda. Su Ralts que ha estado ahí para él. Ella lo veía tiernamente, con sus mejillas sonrojadas. Pero esa mirada que le echaba era diferente a las demás. El no lo comprende todavía. Esta ciego. No ve más allá de la barrera.

-Lo vez.- Dice la enfermera.- Todos cometemos errores en la vida. Es normal. Somos humanos. Aparte de que Mónica ya no es la misma. Es una mala suerte para mi, ya que será mi último recuerdo.

El niño se desconcierta.

-¿Por qué dice eso?- Le pregunta el.

-… No quería decírtelo. No de esta forma Carlos.- Dice la enfermera.- Pero ya me retiro de esta escuela.

-¿Por qué?- EL se pregunta, sin creer.

-Al parecer esta escuela no tolera los combates Pokémon. Y se dieron cuenta de que los ayude a recuperarse.- Dice la enfermera, sonriendo.- Son algo cuadrados. Pero así son también las reglas. Yo lo hacía, porque es costumbre para mi curar a los Pokémon enfermos. Es algo que las enfermeras Joy hacemos por naturaleza, ¿No lo crees?, ¡Jejeje!

Carlos se siente culpable y Luna también.

-Carlos no te desanimes.- Dice la enfermera.- No me arrepiento de lo que hice. Y me alegra sacarte algo de estrés y atender a Luna. No cabe duda que ustedes dos son únicos. Algo que de seguro no volveré a ver. Esa compasión que has tenido por ella y la historia que me contaste. Parece una historia de… Mejor no. Es una locura.

Ambos no entienden.

-Solo espero que seas feliz Carlos.- Dice la enfermera.- Y Luna. Espero que seas muy fuerte para tu maestro que te quiere mucho.

Ella asiente, dándole el sí.

-Adiós enfermera Joy.- Dice Carlos algo triste.- Gracias por atender a Luna una vez más.

Carlos sigue atendiendo a Luna. Pero.

-Pero sabes algo Carlos.- La enfermera ve lo chistoso.- Tu Ralts ya se sentía mejor desde hace media hora.

-¿Qué?- Carlos pregunta.

Luna niega con la cabeza diciendo, "¿Por qué lo dijiste?"

-Luna. Eres una tramposa.- Dice Carlos, riendo, haciéndose el molesto.- Pero, ¿Por qué?... Aunque, ¿Por que me estoy quejando?

Luna quería seguir siendo atendía por su amo. Pero y más ahora no era por eso. Quería pasar también un rato mas con la enfermera y más ahora que se va.

Carlos levanta a su Luna de la cama.

-Entonces, ¿Es el adiós?- Dice Carlos algo triste.

-Me temo que así es Carlos.- Dice la pelirosa.- Cuídense. Espero que ambos sean felices. Y les deseo lo mejor.

Carlos se despide. Y Luna también. Agradecidos una vez mas y sin más que decir se van de la escuela. A las afueras.

Carlos camina los pasillos vacios de su escuela, recordando.

-Es una lástima Luna.- Dice Carlos.- La enfermera se arriesgo por nosotros. Nunca note lo valiosa que era, hasta que ya… Ha sido un mal día.

Carlos se va afuera. Trata de digerir todo.

-Aun tengo que pagar la deuda contigo.- Dice Carlos, desmotivado.

Pero Luna niega con la cabeza, se mete a la mochila de Carlos.

-¿Estas cansada?- Le pregunta.

Ella asiente.- Si. Lo estoy. Al igual es un mal día. No me siento con ánimos amo.-Le dice a su forma.

-Extrañaremos a la enfermera Joy.- Dice Carlos volteando y viendo atrás.- Espero que en realidad le vaya bien.

La pareja camina.

-Y extrañare a Monica.- Dice Carlos muy dolido.- Ojala y algún día pueda verla.

Luna se oculta en la mochila y se queda en silencio. En eso ultimo. Algo le pasaba. Algo que no encaja, algo late dentro suyo. Pero a su vez duele. Duele mucho. Carlos ama a Mónica. Pero y también ella quisiera ese cariño y de la misma forma.

-¿Carlos, soy para ti una humana o un Pokémon?- Se pregunta La Ralts apretando dientes.

Pero hace algunos instantes Carlos la trato como una humana, siendo ella un Pokémon. La atendió como reina. Ella estaba acostada y siendo alimentada por Carlos. Pero esa no ha sido la única vez Han sido varias.

-"Luna. Pareces un bebe"- Decía Carlos felizmente.- "¡Jejejeje! Eres mi bebe"

Shiftry Pov

Hubo una vez un humano y un Pokémon que se conocieron por razones desconocidas. El humano y el Pokémon vivían en la misma casa. El humano y Pokémon compartían la misma mesa. El humano ayudaba al Pokémon. El Pokémon ayudaba el humano. Ambos compartían la misma responsabilidad.

El humano y el Pokémon dormían en la misma cama.

El humano y el Pokémon eran familia.

Narrador Pov.

Luna de la nada recuerda esas palabras, que se mantuvieron ocultas en su mente. Shiftry le contó una historia, siendo ese Pokémon muy viejo.

Ella No quiere creerlo. Ella ha visto humano que maltratan Pokémon. Ella ha visto humanos que abandonan a Pokémon. Ella ha visto como humanos utilizan a Pokémon.

-¡Ellos me arrebataron a mis padres y hermanos!- La Ralts niega con la cabeza, no quiere créelo.- ¡Pero!

-Luna. Estas bien.- Carlos se preocupa, su mochila tiembla.

Carlos saca a su Ralts de su mochila. Y ambos se ven. Luna bosteza, tratando de engañar a Carlos.

-Sabes. Es malo que duermas en mi mochila.- Dice Carlos, sonriéndole.- Me asustaste. Si quieres dormir. No lo hagas nunca adentro.

Carlos carga a su Pokémon.

-Ahora sí. Ya puedes dormir. Te levantare en cuanto lleguemos.- Le dice

-"Pero Carlos no tiene la culpa"- Se dice Luna, molesta.- "Pero aun así, ¡No!"

Carlos apoya a Luna, pone sus muslos sobre sus brazos y su cabeza sobre el hombro y como si fuese un bebe se la lleva.

-"Pero Carlos no es así"- Luna sigue negando.- "No me puede pasar de esa forma, pero me duele, me duele que piense en Monica"

La Ralts está cansada, su tristeza le da sueño como efecto secundario.

-Estoy cansada ya.- Se dice Luna.- Es pasajero. Solo eso es. Carlos es mi mejor amigo. No pasara mas, nunca.

Pero nunca fue pasajero. Pudo haber sido pasajero. Pero Carlos seguía siendo el mismo. Ante Luna era lindo que se preocupase por ella. Era bueno que no la viese como Pokémon.

Pero no era lindo cuando el recibía todo el peso sobre sus hombros. No era lindo que él le sonriera, aun a sabiendas de que todo estaba mal.

Luna se quedaba como espectadora. Viendo con inevitable tristeza todo lo que el niño tenía que sufrir. Las amenazas de su madre, la constante presión. Las lagrimas que Carlos que derramaba.

Y el peso de ocultarla de sus padres. Carlos sobre todas las cosas temía, que algún día se enterasen

Y ese a eso. Seguía siendo el mismo niño que conoció. Ahora que Mónica ya no estaba en la vida de Carlos. DE forma más inevitable, tenía más tiempo para Luna.

Carlos, pese a lo que rodea a la mansión, pese a esa presión e ira que siente hacia sus padres y hermano. El no se desquita con Luna. Al contrario, se alegra de tenerla a su lado y le da todo lo que él nunca tuvo. Ese afecto y cariño. No era unto que Luna viese eso (Lo cual hace), pero.

Sin darse cuenta. Carlos le hiso un gran mal a Luna. Al menos para ella lo fue y es.

Ella seguía negando, engañándose consigo misma.

Pero dejando a fuera el sentimiento. Luna tenía que estar al lado de Carlos, era su obligación. No podía abandonarlo, como lo hiso Mónica. Ella se quedaba en la misma locura para ver al niño que tanto le gustaba.

Y eventualmente algo pasaría.

El tiempo siempre deja marcas a su paso, no importa de quien se trate.

Dentro de la habitación del joven. Un niño estaba consintiendo a su Ralts. El niño tenía un ojo morado. La Ralts se sentía mal, al ver así a su maestro.

Carlos le dolía sus ojos. Pero pese a eso, estaba acariciando a su Ralts, la limpiaba y la adornaba.

-¿Qué adorno seria perfecto para ti mi Luna?- Se preguntaba Carlos, sonando feliz, pese al golpe que tiene.- De en vez en cuando es bueno darse un lujo. Y desde que estas aquí. No te he dado nada.

Luna sonreía, tristemente. Pero sabe porque Carlos tiene un golpe en su ojo.

-Sebastián.- Ella gruñe.

El hermano mayor. Eso pasaba. Las veces que Carlos y su hermano mayor conviven. Es escasa. Pero las pocas veces. Siempre tiene que pasar algo que llame la atención.

Luna siempre detecta algo oscuro en Sebastián. Pero no solo se trata de Sebastian. Luna siente algo más. Algo siniestro alrededor de ese joven.

Carlos una vez dijo que su hermano no era así.

Pero ella lo considera una mentira. Sebastián, no parece tener conciencia sobre su hermano. Lo maltrata sin razón alguna. Pero la última vez que (Que fue hoy), sintió esa presencia más fuerte de lo habitual. De hecho la siente a su alrededor. Ella voltea a todas partes.

Pero ese presentimiento se disipa. Ella se siente más tranquila.

-¿Amo, porque finges ante mi?- Ella habla.- Ya se tu secreto. Y tu ya sabes que lo se.

Carlos no puede entender ese lenguaje.

-¿Carlos, porque siempre tratas de hacer como si nada ha pasado?- Le vuelve a preguntar.

Pero Carlos no entiende el lenguaje.

-¿Dame un por qué?- Ella se pone molesta.

-Luna te sientes molesta, ¿Cierto?- Le pregunta Carlos, al sentirlo. ¿por qué?

La Ralts voltea y era cierto está molesta. Ella le toca levemente el ojo a Carlos, este gime.

-Ya veo.- Dice Carlos tristemente, suspirando.- ¿Qué tanto observas Luna?- Le pregunta serio.

-Todo.- Dice ya molesta.- He observado todo. Llevo casi dos años y medio contigo, ¿De dónde sacas la idea que no sé nada?

Carlos se entristece. Deja de acariciar a Luna.

-Te di la orden de que no salieras más de la habitación.- Dice Carlos, tratando de estar molesto.- No quiero que observes.

-¿Por qué?- Le pregunta dolida.

-Luna. Te he mantenido lejos de esta vida. Porque no mereces ser parte de ella. No de esa parte.- Cuenta Carlos.- Espero que entiendas. Porque aun no te das cuenta de nada

-¡¿Entonces tengo que quedarme aquí, viéndote como te despedazan?!- Le pregunta, gritándole.

Carlos no responde y acaricia a su Ralts. Ella no lo cree. Aparte de que Carlos no entiende su lenguaje, la respuesta es obvia. Carlos siempre sufrirá, siempre. Ella hace pucheros. Porque sabe que es una pelea sin sentido. Pero Carlos termina de tranquilizarla. Al sentir el amor que emana para ella.

-Tú tienes la culpa Carlos.- Le dice ella molesta.- Todo lo que he visto y ver lo que haces por mí. Me cuesta trabajo creer. Odio tener esto, me torturas día con día. Y ahora qué me dices, parece que lo haces apropósito.

Carlos se sacrifica por Luna. Pero el niño no se da cuenta que le da el peor golpe a su Pokémon, haciéndola inconscientemente que se sienta inútil al no poder hacer algo.

Luna sufre al ver a su maestro sufrir. Aunque este la quiere fuera, ella no se aparta, hasta se apega mas. Eso no lo ve Carlos

-Luna todo saldrá bien.- Dice Carlos.- Alguna día no esteraremos en este lugar y estaremos los dos.

Luna aprieta dientes. Sabe que nada saldrá bien. Pero desea igual ese día.

-Carlos me das amor.- Le dice Luna.- Si no lo hubieras hecho. En lugar, que me des tu propio sufrimiento. Me das eso. Como quisiera que hubieras dado por un momento tu miseria. Esto no pasaría. No tienes ni idea. Pero aun así absorbo tu sufrimiento, sui que te des cuenta, al verte triste y me haces sentir inútil, al no poder hacer nada. Y ahora lo que me provocas, ¿Debería odiarte?

La Ralts busca ese amor. Pero el amor de su maestro. Ella lo niega, no quiere enamorarse. Porque ella es una Pokémon y su maestro un humano. Pero por fin lo acepta, se ha enamorado de su maestro y todo porque él le da amor en lugar de su propio sufrimiento.

-Pero no te odio.- Luna sigue viéndolo.

Carlos se pudo desquitar con Luna. Así como su familia lo hace. Como una cadena de desgracia. Eso ha hecho la familia de Carlos. Pero él no lo hace, se queda con su dolor, es solo suyo.

-¡¿Eso nunca pasara Luna?!- Se dice la Ralts.- ¡Ríndete!

Pero para empeorar las cosas.

-Luna. Perdón si actué molesto contigo.- Dice Carlos, arrepentido.- Pero te quiero mucho y no quiero que mi familia sepa este secreto. Es una suerte que no me presten mucha atención.

Luna lo siente en sus cuernos. El amor de Carlos. Esa preocupación.

-Aparte estoy siendo exagerado.- Dice Carlos, sonriendo.- Estoy de vacaciones y mi familia. Mis padres están de viaje de negocios y mis abuelos los acompañan. no están. Porque encerrarme en esta pequeña habitación, ¿Quieres salir?, salgamos un momento.

Esa era la prueba. Carlos la quería mucho, era lo más cercano a su corazón. Aparte haría lo que pocos humanos harían.

Minutos pasan. Y al ser de noche. Nadie se da cuenta de la presencia del niño. En una gran mesa, en el comedor principal.

Para los sirvientes por un momento es el alivio. Pues no se tienen que preocupar por los regentes y mas por Lucia y Sebastián. Solo estaba el niño y este último no era problema.

Carlos sienta en la mesa a su Pokémon. Lo más imperdonable para su madre. La cólera que le daría al ver que su propio hijo cometa esa grosería.

-¡Jejeje!, Mi madre se estaría muriendo al ver que hago esto.- Dice Carlos que llega al comedor.- Pero a mí no me importa. Hacer esto. Siempre quise hacer esto contigo mi Luna.

Luna se sentía incomoda, era la primera vez que estaba a solas con Carlos, dentro de la mansión y está de por si era enorme y mas al ver lo enorme que es el comedor. Tenia que usar una silla alta, para bebe para poder estar a la altura.

Carlos trae algo caro, del refrigerador. Algo que le llama Fondue. Que calentó.

-Listo. Por un momento imaginemos que nadie existe y que solo estamos los dos en otro lugar.- Dice Carlos, con un poco de desdén. Pero realmente feliz.

-Sí. Claro.- Luna le sonríe, sus mejillas se teñían.- Solo… Los dos.

Carlos se sienta al frente de Luna. Y por un momento. El niño con ilusión emula que solo estuviesen los dos. Trata a Luna más que un Pokémon. Ella lo ve. La prueba definitiva ante sus ojos. Esa forma de tratarla.

Ella come. Su paladar sale volando al probar lo delicioso que esta ese alimento. Que solo humanos han podido comer. EL Fondue, es costoso. Pero esa familia era poderosa. Carlos solo vio y lo calentó un poco. Ella sigue comiendo.

-¿Verdad que es sabroso?- Le pregunta Carlos, comiendo por igual.

Pero incomoda a su vez, sintiendo otra cosa.

Ella ya no lo niega. Pero gruñe. Carlos se da cuenta.

-¿Qué pasa, está muy caliente?

-¡No es nada!- Ella se pone nerviosa, hace un puchero.

Carlos entiende ese gento, Y sigue comiendo. Ella come, pero viendo a su maestro, por hacerle ese gesto.

Después. Carlos pasea a Luna, dentro de la mansión, mostrándole hasta lo que ella no sabe.

-Y esta es donde se almacena de licores y vinos.- Dice Carlos, enseñadle a Luna.- Normalmente la empresa de mi padre, también cubre ese ámbito.

Luna ve muchos y varios barriles. En su contenido hay diferentes vinos.

Luna esta curiosa.

-Pero no beberemos ninguno.- Dice Carlos.- Se que sabe ese sabor.

-Yo quiero probar.- Dice Luna, algo emocionada.

-Luna. No puedes hacerlo.- Dice Carlos, algo incomodo.- Bueno. Mis padres dicen que yo soy un niño. Tú eres algo símil a mí en eso. Así que no.

-¿Por qué tu lo hiciste y yo no?- Le pregunta Luna, algo molesta.

Carlos, pese a que trata como un símil a su Pokémon. No podía negar que había algunas diferencias y que a lo mejor un Pokémon, no puede estar preparado.

Luna se queda con las ganas, infla sus mejillas. Pero se mueven aun así. Luna se acurruca en los brazos de Carlos. Mientras este la ve somnolienta.

-Es hora de dormir.- Dice Carlos, algo somnoliento.

Pero Luna no estaba con sueño. De hecho tenía otra cosa.

-Carlos.- Ella murmura ese nombre.

Ambos llegan de nuevo a la habitación. El niño deja a su Pokémon en el suelo Para que esta se valla. Pero Luna, ella no se quería despejar de él. Ella lo quiere a su lado. Ella camina en el. Carlos la ignoraba. Su ser tiembla, ella lo ansia, al verlo.

-Carlos, veme.- La Ralts se lo pedio, impotente, pues quiere estar con él.- Veme, por favor.

Carlos quiere y busca el amor que no tiene. Ella quiere dárselo. Ella quiere ser esa pareja. Quiere tenerlo.

-Carlos tu me vez como una humana.- Le dice Luna.- ¡Ningún humano trataría así a su Pokémon!

Carlos voltea y ve a su Pokémon avanzar hacia él.

-Luna. No te puedes acostar conmigo.- Dice Carlos.- Ya te conseguí una cama… ¿O acaso tienes pesadillas?- Le pregunta de forma burlona.

Y si tiene una pesadilla.

-Yo te veo como un Pokémon.- Dice La Ralts.- Y como mi igual. Te escojo a ti. Como mi pareja. Carlos… yo, yo.

Carlos Pov.

Jamás lo olvidare.

Narrador Pov

Un brillo cubre a Luna. Carlos ve con espanto, pero asombro a su vez. Ella sigue caminando, mientras va cambiando de forma, crecía, su cabeza se alarga, sus ojos se vuelven más anchos, su cabello cambia de forma y se alarga. Muestra delgadas piernas de color verde, muestra un vestido blanco. Y sus manos se alargan mientras camina, tocando a Carlos en su mano.

Luna, la Ralts. Había evolucionado.

Carlos, está impresionado, y asombrado. Luna se da cuenta de ello, y se ve a sí misma, lo que se ha convertido.

-Y-yo, yo.- Luna no sabe ni que decir.-

Carlos esta en shock. Pero poco a poco una alegría se asoma.

-¡Luna has evolucionado!- El lo grita.- ¡Eres ahora una Kirlia!

Luna no lo creía todavía. Pero sabe que es verdad. Ha evolucionado, por fin. Ella ve sus manos, su cuerpo, sus piernas.

-¡Vaya!, te has vuelto muy fuerte y más bonita mi Luna, ¡Felicidades!

Pero ella se alegra. Abraza a Carlos, este gime, un poco, pues era fuerte el golpe.

-Luna, me aprietas demasiado.

Pero ella no lo suelta.

-Carlos… Te amo.- Le dice con alegría.- ¡Te amo, te amo, te amo!

Carlos no entendía. Pero Luna ríe y no lo suelta.

-Gracias, gracias por estar en mi vida.- Dice Luna, más alegre.- He evolucionado gracias a ti. No te das cuenta. Gracias a tus cuidados, gracias a tu esfuerzo… Gracias.

Carlos prepara su arma, abre el cilindro, saca las balas y se las pone al revolver.

-¡E-e-espera!- El maleante pelinegro, lo veía, aterrado.

Pero Carlos sigue llorando, está en trance. Esas lágrimas que seguían goteando sin parar. Los maleantes tiemblan, le gritan al niño. Pero esta no presta atención. Sus ojos le arden por tanto llorar, pero sigue llorando. Para el dolor mas grandes es haberla perdido.

Esa misma noche. Luna se acostó a lado de Carlos.

-Luna… Ya no cabemos.- Dice Carlos, algo incomodo.

Pero ella se le pone encima.

-Ahora cabemos.- Le dice Luna, cariñosamente.

-…-Carlos no se enoja con ella.- ¡Ahhh!- Pero su peso aun así la incomodaba.


Los días siguieron su curso. Luna no solo trataba de su apariencia. Si no de su fuerza. Sus poderes aumentaron se volvieron más fuertes.

Pero todo era gracias a su amado maestro.

Pero, pese al tiempo. Carlos no podía dejar en pensar en Mónica, aun con lo que le hiso.

Pero una desgracia pasaría ante la joven.

En un funeral. Una niña se encontraba llorando. Entre los presentes estaba la familia de Carlos que conocían a la tía de Mónica.

Y ese era el funeral. La niña lloraba.

Los minutos de larga ceremonia y la despedían que le dan. El entierro, el ataúd desciende a lo mas profundo. Pero no por el olvido.

Y cuando el entierro acabo. Mientras todos se iban. Los padres del castaño se fueron primero, se adelantaron ante la presión de su trabajo, una vez que acabo el funeral, dejando solo al niño al cuidado de sus abuelos.

Carlos estaba al lado de su Luna. Triste al igual, le seguía importando a la niña. Luna esta vez no sentía celos, no sentía nada, de hecho a comprende, ella sabe que es perder a un familiar.

Los abuelos dejan solo al niño, para no intervenir.

Carlos se acerca, no por amor, si no para su sincero pésame. Pero Luna le agarra la mano, diciéndole que no.

-¿Luna que tienes?- Le pregunta Carlos, desconcertado.

Luna esta vez no actuaba por celos, si no porque lo presiente. Algo andaba mal con la niña, ella puede sentir sus sentimientos y de hecho ella en parte no separa su vista en Carlos.

El castaño se zafa de su Pokémon, el se dirige a ella.

-Mónica.- El la llama.- Lo siento.

-¿A qué vienes?- Le pregunta la rubia.- Aprovecharte de la situación.

-No.- Dice Carlos, que en realidad no venía a eso.

-Entonces a ganar provecho.- Dice Carlos.- ¡¿O porque tus padres te mandaron?!

-ninguna de las dos.- Dice Carlos, sin bajar su tono.- Solo vine a dar mi pésame. Lamento…

-¡¿Tu que lamentas desgraciado, hipocritita, niño infeliz?!- La niña voltea a verlo con rabia.- ¡¿Quieres conquistarme?!

-¡¿Ehh?!- Carlos no entiende lo que pasa.

-¡Oí a mis padre hablando con tu madre!- Exclama la niña.- ¡Nos comprometieron!

-¡¿Qué?!- Carlos se lleva una sorpresa.

-¡Yo no quiero casarme!- Le dice la niña.- Ni menos contigo. Alguien débil.

-¡Monica, yo no…

-¡Cállate!- Exclama la niña.- ¡Si vienes aprovecharte de la situación, yo…

Ella empuja a Carlos y lo abofetea. Y lo iba hacer de nuevo.

Pero Luna intercepta y lo protege, creando una pequeña barrera. Mónica grita de dolor, como si golpease un ladrillo.

-¡Lárgate, no te quiero ver Carlos!- La niña avienta su rabia.- ¡Ni me casare contigo!

En eso. Un Kirlia aparece y avienta a la hembra lejos, con fuerza psíquica.

-¡Luna!- Carlos exclama.

Carlos retrocede. Luna se pone de pie. Pero Carlos la agarra.

-¡Como se atreve esta asquerosa a intervenir!- La niña ve a Luna, con odio.- Me arrepiento por conocerlos. Me arrepiento de todo.

Luna sigue sin ser fuerte a lado del Kirlia de Monica. Ella se prepara para pelear.

-¡Mónica, estás loca!- Exclama el niño

Pero algo paso. Carlos se levanta.

-No acepto todavía que insultes a mi Pokémon.- Para el castaño es una fibra sensible.- Lamento tu perdida. Pero eso no quita lo estúpida que eres.

Luna se espanta. Era la primera vez que Carlos hablaba de esa forma.

-La muerte de tu tía. No te quita lo estúpida, lo ingenua, lo imbecil que eres.- Carlos se pone al frente de su Luna.- Ni la muerte quita la estupidez. Te comportas igual que ella. Ella era una más del monton y te ha enseñado la idea equivocada de la fuerza y arrastrándote a lo que no quiero. Es una decepción para mi ver lo que te has convertido. Es una pesadilla para mí. Alguien que ve lo materia, el lujo y la fuerza, sin contar el esfuerzo del pobre que alcanza con su merito. Solo mírate niña caprichosa, haciendo un berrinche y sucia de tu cara con esas lagrimas, ¡Veerte así, ME DAS ASCO!, ¡¿Ahora quien es la indigna ante mi?!

Mónica entra en shock. Inclusive Luna, se quedan como piedras. Pero la niña se arrodilla y llora, eso le dolió. Luna se siente intimidada. Su Kirlia la trata de consolar. Carlos es lo opuesto, el odia su status y todo lo que tenga que ver. Pues no solo se trata de dinero o status. El ha sufrido las consecuencias de ello.

Pero el castaño, entra en sí. Al ver lo que ha hecho.

-Mónica, yo…

-¡CALLATE!- Ella le grita mientras llora.- ¡LÁRGATE, LÁRGATE!

El termina por irse, sintiéndose mal al final. Destrozando lo que alguna vez fueron. Ni si quiera la mas mínima pizca de piedad tuvo.


Horas después

Carlos estaba en su habitación, viendo la ventana. Y su Luna atrás suyo. Viendo un día nublado a través de la ventana. Nubes que se alejan poco a poco y muestran sus débiles rayos de sol. El niño se siente algo liberado.

-No sé que me paso.- Dice Carlos, sin creerlo.- Pero te digo algo Luna. Se sintió bien.

Ella se sorprende al escucharlo.

-Se sintió bien liberar mi ira con ella.- Dice Carlos, sin creérselo.- Pero me sentí igual de mal. Sé que ella me trato mal. Aparte, te ofendió y te maltrato, inclusive quería pelear que…

-Carlos.- Luna se pone a su lado.- No importa.

-Pero…- Carlos trata de justificarse.- Nada lo justifica. No merecía ella que la tratara de esa forma. Al igual y te hubiera escuchado. No me hubiera acercado.

Pero Carlos liquido todo con Mónica. Esto lo sorprende más.

-¡No me convertiré en ellos!- El exclama.- No tengo que dejar que la ira me sobrelleve.

Carlos se siente mal. Ha visto varias veces lo que odia. No podía generalizar. Pero al ver como los poderosos degradan a los desafortunados. Carlos al ser un niño, comredia que era estar en el poder, comprende que hay corruptos que asesinan, comprende que hay distintas clases sociales. Pero no comprende a su familia. No comprende porque los demás de su edad tratan a los demás niños que no son como ellos, como si no fuesen nada.

Pero por si fuese poco. Su familia. Ver a su padre como piedra, ver a su madre egoísta y mala con los demas. Ver a su hermano sínico y malvado. Carlos, ¿En donde entra?

-Mi pecho.- El niño llora, salió afectado, pese a todo.- ¡Me duele, ¡¿Por qué?!

Luna veía a su maestro se agarro el pecho. Sigue llorando.

Pero Luna no podía hacer nada. Pues lo presiente. EL corazón de Carlos está destrozado por fin. El amor que sentía por Mónica desapareció, dejando solo un hueco.

-Amo. Ya no tienes a nadie otra vez.- Le dice Luna, sintiendo pena.- Estas solo de nuevo.

Carlos había negado el cambio de Mónica, seguía enamorado de ella. Pero a partir de ese día acepto que ya no la tenia a su lado. Ese dolor que tenía en su pecho, era psicológico, al perder un amor.

-No te entiendo mi amo humano.- Dice Luna, preguntándose.- ¿Por qué un niño de tu edad siente el amor?

Pero era anormal. Carlos tenia, once años. Pero al estar presionado al constante estudio, al recibir odio y nada de amor. Al ser tan inteligente a su temprana edad. Eso lo hiso psicológicamente hablando, alguien un poco más maduro que los demás. Pero era aun así anormal, pues la vida de un niño no debe ser así.

-Este lugar es peligroso.- Dice Luna, al sentirlo.- No debe ser así. Mi amo no tiene que sufrir.

Pero esta vez. Luna se queda impotente. No puede hacer nada por él. Ella lo abraza.

-Carlos… Todo saldrá bien.- Le dice Luna a su forma.

Carlos siente el abrazo de Luna. Algo calido en ella.

-Gracias Luna.- Dice Carlos, sintiéndose mejor, un alivio.- Entonces. Solo somos los dos.

-…- Luna se da cuenta.-… Solo, los dos.

Aunque la Kirlia, a su vez no puede ocultarlo. Y es una alegría, pequeña. Pues su amado esta libre, libre para ella. Pero aun así se siente más mal que bien.

Aparte. Algo no encajo con Carlos. El solto ira, antes no lo había echo o al menos de esa manera.

-Amo. Esta siendo afectado ya por este lugar, ¡Por favor no!

Pues mas allá del amor que se siente o producto de este.

Ella solo quiere ver feliz a su amado.

Pero Carlos ve a su Luna. Se da cuenta que ella fue la causa a su vez.

Mónica ofendió a Luna. Inclusive la niña, aparte de una bofetada e iba a ser mas. Luna solo lo protegió y paro su mano , solo se preocupo por el bienestar de su maestro. Luna le advirtió que no lo hiciera. Está mal visto que un Pokémon agreda un humano, así como Luna lo hiso. Por eso el Kirlia de Mónica la protegió.

Pero, ¿Es justificable que Luna actuase de esa forma?

Pero aun así no se compara. Carlos ni se reconoce al soltar su ira en Mónica.

El no quiere convertirse de esa forma. Aparte si lo hace, que sería de Luna.

Ella ha visto como su padre ya no consiente a sus Pokémon. Ha visto que su madre solo tiene a su Pokémon por simple lujo, un bien material.

Carlos no puede ser así. Por su Pokémon.

Al igual que Luna se preocupa por él.

Carlos solo se preocupa por su Luna.

Solo son dos…

Contra el mundo.


Continuara…

Me falto cubrir este espacio. Nadie sabe como Luna se enamoro de Carlos y aquí enfoco como fue su relación. Al menos

A su vez lo siento algo vacio.

Pero ustedes ya han visto bastante de ellos, dos que ni siquiera puedo explicar o tratar otra cosa más.

Como es sabido. Lo que Luna hiso que se enamorara de su amo, es que este no solo la tratase como un simple Pokémon, a lo acostumbrado.

Aparte que Carlos le ocultaba cosas como su sufrimiento. Para Luna era una prueba de que lo quería también, como una prueba más de amor.

Esto se ve cuando inclusive el la invita en la mesa y algunas veces duermen en la misma cama. Confundiendo a Luna, no sabe ni que sentir. Ella negaba ese sentimiento por la barrera. Pero Carlos y sin darse cuenta las rompía. Y así sucedió.

Se ve más de la infancia de Carlos y su vida en su escuela. Así la vida con Luna.

En cuanto a su familia. Bueno no me enfoque mucho. Y en la vida dentro de la mansión. Ya saben que es lo que ha ocurrido en capítulos anteriores.

Aparte describo las virtudes del humano. Pues en cierta forma propicio el enamoramiento de Luna.

Carlos, pese a ser un niño, es cobarde. Pero valiente al proteger lo que más quiere, algo parecido a un Gallade en lo último. Para protege a Luna, la pone encima sobre todas las cosas.

Pero antes estaba Mónica, ella antes no era así, era como una niña común, inclusive alegre, enamorando a Carlos. Pero ciertos factores provocan el cambio en ella, tan brusco.

EL desarrollo de Mónica, es algo saltado. Pues de una niña dulce. Paso algo parecido a Lucia. Solo que a diferencia de esta última es diferente, ella ya era así desde niña. Mónica fue al no soportar a sus padres y que estos la internaran, más un divorcio.

Pero a su vez la razón por la cual Mónica odia a Carlos. Es porque le tiene envidia, se es sabido que Carlos es casi igual, ella no alcanza la felicidad pese al dolor que se ha sometido. Y Carlos sigue igual. Y la diferencia es, que no es fuerte de carácter. Se corrompió.

Luna. Es otro aspecto, pues ella ha observado a Carlos parte de su vida y ha estado ahí para él. El enamoramiento hacia él, fue por lo antes dicho. Pero a su vez negaba, porque era un humano. Pero Carlos siempre le decía que no importaba, que todos son iguales.

El amor de Luna a Carlos. Es lento. No se dio tan rápido. Como ustedes piensan. Se dio como año y medio.

Sebastián hace pequeña aparición. Siendo este ya malo desde la juventud. Razones inclusive desconocidas para Carlos, que menciona algo importante.

Esto es una desgracia. Y como escribí, un circulo.

Carlos ya ha visto mucha desgracia en su joven vida. La corrupción del poder y lo que hace.

Si Carlos no se ha convertido.

Aunque no tuvieron mucha participación.

Diré lo siguiente.

Los abuelos han jugado un papel importante. Desde los inicios de este fic.

Si Carlos es así, lo opuesto. Es gracias a los abuelos, que entraron antes de la misma Luna. Sin ellos inclsuive y se podría decir que Carlos no hubiera conocido a Luna.

Y lo último.

Luna ha sido secuestrada y en las pequeñas partes se ve a Carlos ya consumido por lo negativo, esta torturando al equipo rocket. Se ve el cambio brusco. Súmenle todo lo que han visto, todo lo que saben ahora.

Y ahora súmenle que Carlos no tiene a Luna.

Carlos no está actuando normal.

Y lo que falta por ver.

Este capítulo hubiese sido más largo. Pero lo mismo, ya lo era y seria más pesado.

Decidí pausarlo.

También me canso XD.

Agradezco a dragón titánico.

Y a todos lo que siguen este fic largo.

Sin más que decir me despido.

Adiós y cuídense.

Hasta la siguiente actualización.

...

Me sorprende que han llegado hasta este punto.