Hola. Esta vez me estoy esforzando.
Pero no tengo mucho que decir por ahora.
Así que disfruten.
Discapacidad
***Mientras tanto***
Alrededor de las dos de la tarde. A las afueras de el hospital de Ciudad Azafrán. Después de varios días y varios tratamientos. La pareja por fin sale. Carlos había sido por fin dado de alta. Dado la noticia por los doctores. Días tediosos y llenos de preocupación que tenían que ser dejados atrás.
Aunque con las variaciones que conllevaron su estado actual. El castaño salía del hospital, tenía diferentes atuendos, esta vez tenía un pantalón de vestir negro y una camisa de manga larga azul cielo, aunque en su mano derecha se podía ver que aun tenía una banda que cubría todo su brazo que había sufrido aun. En su cara estaban unos lentes oscuros. Mientras también y en su mano izquierda sostenía un bastón para poder apoyarse. Pese a que podía caminar, no podía hacerlo por tanto tiempo.
Mientras atrás de Carlos, estaba su fiel esposa Pokémon. Ella salía con la mochila cargando en su brazo.
-(Suspiro), El aire se siente distinto.- Dice Carlos, serio.- Mas caliente.
-Por fin salimos y no fue nada barato.- Dice Luna preocupada.- Pero me alegra que ya estés dado de alta.- Pero se mostraba en parte feliz.
-…- Carlos sonreía, pero a su vez no podía evitar sentir algo, ese algo lo molestaba.
Luna presentía ese sentimiento y no era de menos, pero decide callar esta vez y no hacer más grande esa incomodidad.
-Tengo mucho calor.- Dice el castaño sintiendo eso.- Hay que salir pronto de aquí. Y descansar en un lugar fresco.
Eso sentía Carlos demasiado calor, un calor insoportable que hacía muy incomodas sus heridas y más aun que venía algo cubierto.
Luna asiente y se mueven. Pero el paso no era el mismo, era más lento. Carlos no se acostumbraba y no podía avanzar más rápido aunque quisiera, esto se debía a que no estaba del todo sano aun. Sus piernas tenían un límite esta vez para seguir caminando, no iba a ser normal tan pronto.
Pero como la incomodidad era tanta y el calor insoportable. Carlos opta esta vez pasar un rato en la ciudad en un lugar fresco y bajo sombra, avanzar cuando el sol se ocultara mas.
Carlos estaba cubierto por sus vendas y a su vez su camisa, le incomodaba, sin hablar de su pantalón que pese ase de tela, no podía evitar sentirse incomodo cada vez mas y mas.
Minutos pasan. La pareja llega a la sombra de un árbol y se sienta. Carlos con algo de esfuerzo lo hace, recargando su espalda sobre el árbol y cubriéndose en la sombra de este.
Pero Carlos no se sentía mejor, tenía mucho calor. Luna se acerca y con sus poderes, saca una botella de agua. Se la pasa a su amado que toma de inmediato. Pero aun así, era inevitable para el no sudar, no en su estado actual.
El castaño se podría decir que hacia doble esfuerzo en su situación.
-"No es fácil"- Se dice Luna en su mente.- "Ni tu lo soportas"
En mal momento tenía que hacer calor para el castaño que recién salía a disfrutar por fin el aire, lejos de aquel hospital. Carlos trataba de mantenerse, se esforzaba, mientras bebía amargo, casi seco. El agua no bastaba.
-Perdí mucha convicción.- Se dice el castaño, al sentirlo.- Estoy cansado tan pronto.- Se decía entre respiros.
-Tú, que quieres salir de aquí.- Dice Luna, suspirando, algo seria y regañando a Carlos.- El doctor te dijo que no debías de esforzarte.
-Ya lo sé.- Dice Carlos mientras derramaba el agua, ya que bebió como desesperado, mostrando molestia.- Pero no tenía idea que haría calor.
-Debíamos quedarnos en la Ciudad.- Dice Luna, si dejar ese tono serio, postrándose al frente de Carlos.- Y esperar a que se bajara el sol.
-…Quizás.- Dice Carlos desviando su mirada hacia abajo.- Pero, no quería estar más ahí. Quiero salir ya de Kanto. Hay que ir a Ciudad Carmín.
Luna no dice nada. De hecho si podía comprenderlo. Carlos está impaciente, no quería saber nada mas, ya había pasado por mucha esta vez. Y quería retirarse antes de que otra cosa mala les pasara. Si bien ha sido un viaje lleno de alegrías al sentirse el uno al otro. Pero al igual desgracias, una tras otra sin parar. Pero han perdurado hasta ahora.
Aunque han pasado por varias fases que los han vuelto como son ahora.
-Pero igual, el puerto no se moverá de su sitio.- Dice Luna.
-…
Carlos no podía evitar, sentirse molesto. Luna lo presiente, la ira de su esposo se incrementa. Luna se acerca para al menos tratar de tranquilizarlo. Tenía una solución.
-Oye Carlos…- Luna cambia de tono, sonando un poco alegre.- ¿Qué tal si…
-¡Vaya, que Pokémon!- Pero una voz interrumpe
Un entrenador se acerca rápidamente hacia la pareja.
-Un Gardevoir Shiny.- Dice el entrenador.- Dime Gardevoir de que Ciudad vienes.
El joven estaba muy ansioso al ver a la Pokémon.
-¿Garde?- Luna estaba desconcertada.
-Vaya hoy será mi día si logro cambiarte.
El chico se le quedaba viendo a Luna, hablándole, como si ya fuese suya. Regularmente eso no sería malo de no ser que…
-Hey.- Pero Carlos interrumpe.- ¿Quieres algo?
-¡Ohh!, Perdona.- Dice el chico, disculpándose.- Me puedes decir de qué Ciudad viene esta Gardevoir.
-¿Ciudad?- Se dice Carlos, mostrando otro semblante.- Ella no es de ninguna Ciudad.- Se mostraba molesto el castaño.
-… Veo que no estás de humor.- Dice el chico notándolo.- Bueno. No me importa. Al quien la tengo que preguntar es a este Gardevoir.
Carlos se queda perplejo. Ese chico iba a lo que iba, ignorando el estado del enfermo y con quien hablaba.
-Que grosero es.- Dice Carlos, interrumpiendo al chico de nuevo.- En primer lugar: Me ignoras desde el inicio. En segundo: que te hace pensar que es con ella es, con la que tienes que hablar.
-Bueno, veo tu estado y deduzco que esta Gardevoir te está cuidando…
-¿Y?- Carlos interrumpe de forma grosera, alzando un poco el tono. Por mencionar su estado
-… Deduzco que esta Gardevoir es enfermera.- Dice el chico viendo de forma seria a Carlos.-Que un Centro Pokémon está a cargo de ella y que te está cuidando.
-Y eso que.- Pregunta el Carlos.- Aun así, no te da la excusa de ignorarme e ir hacia ella. Aparte…
Carlos saca su Lujo-ball y mete de inmediato a su Gardevoir. Tan solo esa acción, hace que ese entrenador tenga otra reacción.
-Si fuese una Pokémon enfermera. No pudiese meterla en una pokeball.- Dice el castaño, molesto, sin dejar de ver a ese joven.- Estaría afuera y sin dominarla. Esta Gardevoir es mía.
-Bueno, yo, yo, pensé.- El entrenador apenas tartamudeaba, nervioso y al saber que cometió un error
-Aparte.- Dice Carlos parando en seco al entrenador.- No la cambio. Así que ve afuera y molesta e ignora a alguien más amigo.
Carlos se para, usando su bastón como apoyo. Sin más que responder se marcha pasando de lado a ese entrenador, que baja su cabeza en totalidad, desmotivado por no conseguirla.
Unos metros después Carlos libera de nuevo a su Luna.
Luna volteaba hacia atrás, mientras Carlos seguía avanzando, podía ver aun ese entrenador que la quería, algo típico, por su rareza. Ella infla sus mejillas. Sabía que esta vez nada pararía a Carlos y no tendría el humor para aguantar esta vez. Luna lo alcanza.
-¿Quién se cree?- Pregunta Carlos molesto.-
-…
-¿Qué es lo que me ibas a decir Luna?- Pregunta Carlos.
-Nada, ya nada.- Dice ella desmotivada.- Sera más tarde mejor.
Luna recordó al igual que era demasiado pronto. Pero no podía a su vez perder nada, era aparte para el bienestar de su amado, pero eso requería que tomara su tratamiento demasiado pronto. Aunque Luna solo quería una cosa. Aunque sabe que lo aplicara más tarde.
-Carlos, necesitas un baño.- Eso era lo que Luna proponía.- Que tal un baño de agua tibia.
-…- Carlos no respondía.
-Eso te aliviara.
-… ¿Eso crees?- Le pregunta, sonrojado.- No hay tiempo para…
-No digas eso.- Le dice Luna.- Necesito cambiarte las vendas.
-Luna, sabes, que…
-Apenas salimos del hospital y lo único que hacía era tallarte con una esponja.- Dice la Gardevoir sonando seria.- Necesitas tener aire y que todo se despeje.
-…- Pero él no quería, estaba sonrojado y no le daba la cara a su esposa.
-¿Por qué te apenas?- Pero ella se da cuenta.- Te he visto muchas veces desnudo.
-…
-Son tus heridas, las que te apenan, ¿Cierto?- Supone ella, encorvando el semblante.
Carlos simplemente asiente.- No puedo evitarlo, sentirme así. Sé que es superficial, que no importan, pero, pero. Es algo nuevo.- Responde.
-Carlos.- Luna se acerca.- Entiendo. Juro que será rápido si así los deseas.
Carlos lo pensaba. Había otras cosas por igual. Luna ya antes lo había bañado, algo le pasaba.
-S-si, está bien.- Responde Carlos dudoso.- Pero primero salgamos de esta ciudad. No quiero estar en un hotel. No tengo dinero, ya.
Luna siente, sonriendo por al menos convencerlo.
Un par de horas después
La pareja se encontraba apartada de la ruta 6. En medio de uno de las partes boscosas de dicha ruta.
Carlos estaba desnudo sentado sobre un banco, sin sus vendas, dejando ver toda su humanidad. Mientras Luna que había comprado algo de agua antes de irse de la ciudad, bañaba a su amado, tallando su espalda. Carlos estaba mojado, era bañado por su amada. Mientras aire fresco le pegaba en esa piel. El sol hacia lo suyo dándole calor. Mientras el agua lo refrescaba.
-Tienes mucho que no te das un baño como es debido.- Dice Luna que tallaba una de sus axilas.- Estas pálido y no es de menos, el sol no te había dado en mucho tiempo.
Carlos suspira, mientras Luna hace lo suyo. El semblante del castaño estaba serio, mostrando tristeza por igual, empezando a verse.
Mientras trataba de recordar que es lo que había pasado. Recuerda que le cayó el árbol y después negro, oscuridad. Despertar y dolor, mientras personas lo atendían. Un ardor inmenso.
El joven castaño veía su apariencia, su brazo, pierna y parte del pecho derecho, las cicatrices que hora tenía que cargar. Su nueva forma que lo acompañaría.
El tratamiento fue largo y doloroso, Carlos casi no se movía más allá de su silla de ruedas. Le insertaron piel, sustituyéndola. El resultado de sus heridas no se vería luego, tendrían que pasar años para volver tener piel, casi como lo recordaba. Por ahora se veía reseca y horrible. Tenía que seguir un tratamiento de medicinas por igual, para evitar dolor o traumas provocados por las quemaduras.
Luna presiente algo en su amado.- Carlos, ya sanaras amor.- Le dice su amada Luna, consolándolo.- En unos años serás de nuevo, como lo que eras.
-¿Eso crees?- Le pregunta su amado serio.- No tengo un ojo.
-…- Luna se queda callada en seco por eso.
Aunque a estas alturas, la ciencia y medicina había avanzado mucho, a tal punto que Carlos, pese a sus heridas, estas se regenerarían al cabo de unos años, casi como si nada. Pero aun así tuvo pérdidas, partes que nunca volverían. Por ejemplo su ojo derecho, no podía ver nada, sentía su visión partida, sin mencionar que no se acostumbra todavía y suele cansarse seguido por ello. La mitad de su visión no volvería mas, dejando en apariencia una pupila, casi blanca, apenas viéndose un borde de lo que alguna vez fue el ojo. Sin mencionar que estaba por ahora discapacitado y no podía caminar, ni siquiera bien. Gran parte de lo que hacía no lo haría de nuevo, como dibujar, trepar en los arboles. Cosas que extrañaría sin duda.
Después un silencio incomodo se produjo. Carlos no podía evitar deprimirse, quería ser fuerte y dejarlo atrás. Por su parte Luna no decía nada. Comprendía lo que el pasaba, necesitaba su momento. Confrontar y digerir lo sucedido. Una cosa fue en el hospital, pero ahora que ya no estaba ahí, que estaba afuera, lo sintió de nuevo. Ahora más que viaja y se nota su discapacidad. Era lo normal deprimirse por ello de nuevo. Ya que antes no lo había pensado mucho en el hospital, esto se debía a Luna y la culpa que se la comía anteriormente. Pero ahora que estaba afuera y ya pasando su última pelea, por inercia tenía que pensarlo, sentirlo y deprimirse por ello.
Carlos se infla y exhala, estaba cabizbajo, viendo la diferencia en sus piernas. Pero…
El roce de una mano de tres dedos en su vientre lo hacen reaccionar, sobando y limpiando. Aquella mando se extiende y que apenas rosa su piel, pero dando a entender sus intenciones. Un agradable sentimiento que lo acepta, aun en su estado.
Alguien que estaría ahí para él, sin importar la apariencia o lo que conllevaba ahora y que no le importaba. Tocándole sin parar, sanando esas heridas. Recordando por quien lo hiso. Carlos no puede evitar ruborirsarse, mientras fruncía el seño. Entrecerrando sus ojos se deja acariciar. Calmándose un poco.
Recordando lo que él quiere. Quiere sentir esa calidez, ese tacto que ella le da. Tan suave, tan cálido.
Luna esboza una leve sonrisa al sentir a su amado más tranquilo. Así que prosigue tratándolo de la misma forma hiendo más despacio. Pegándose un poco más a él, tocando con su protuberancia roja una parte de la espalda de su esposo.
Carlos se siente extraño, débil, al sentir su roce, esa calidez, ese amor que ella le jura sin importar que. Recordando de inmediato que estaban los dos y solo los dos.
-Carlos, te amo.- Le dice su amada en su mente.- No importa lo que pase, siempre será así.
Luna con su otra mano abraza a su amado, posando su mano en el pecho de él. El corazón del castaño se acelera al escuchar esas palabras. Esa confirmación de su amada, reponiéndose de esa tristeza que sentía, opacándola por completo. Nadie dijo que sería fácil ese cambio, lo que hiso. Pero tampoco quería decir que estaría ahí solo para afrontarlo.
Pero sin querer, algo pasaba. Luna sin querer provoco algo en su amado, algo que salió de su amor y por la situación a su vez era inevitable. Luna encorva ese semblante, mostrando poco a poco una preocupación.
Por otro lado Carlos no estaba así, pero si exaltado, trataba de disimularlo, pero su corazón latía sin parar una y otra vez. Ese tierno sentimiento de Luna, para Carlos se había transformado.
Luna lo presentía, si bien era positivo, era algo que ella a su vez no quería provocar. Carlos se veía serio, pero él no controla su cuerpo por igual. Se manifestaba en cierta parte de su cuerpo.
Luna proseguía en la espalda de Carlos, su cara mostraba cierto temor. Algo que ella no quería. No quería provocar ese efecto, aunque ya es demasiado tarde de hacerlo. Pero aun así decide proseguir, tenía que terminar de limpiarlo.
Carlos se sentía más incomodo, no podía controlarse y lo pero aun es que se muestra más tenso por eso. El quería, lo ansiaba, lo deseaba desde hacia tiempo y más cuando se la llevaron. Quería dejar esa marca en ella y quién sabe, provocar algo más también, un fruto de ambos que conservarían para siempre.
Luna suspira en seco. Sabe que no puede, no debe. No tiene que seguir sus deseos, aunque una parte le decía lo contrario.
Cierra sus ojos la Gardevoir un momento, medita un poco. Mientras Carlos sin poder mas suelta otro respiro, pero distinto, al no poder contenerse.
Luna para de tallar, deja de abrazarlo, mientras se alza un poco y a espaldas. Ella recarga su cabeza en el hombro izquierdo de Carlos.
-Luna, Luna, yo…- Carlos entre respiros, trata de hablar.- Quiero.
Pero un movimiento de Luna calla al castaño. Poniendo su mano derecha en aquella parte que se había alzado, encerrándola con su puño. Pero al igual observo, el su cuerpo de su amado, las partes afectadas, notorias pese a los tratamientos. Si bien ella no le da importancia a su apariencia. No puede evitar la importancia a su vez de esta, en cómo le afecta a él en otro estado.
Aunque ella queda pensativa. El miembro de su amado no había salido del todo afectado, su muslo estaba casi en su totalidad quemado, pero en esa parte específica, apenas y tuvo pequeños roces sin importancia, quizás en su momento dolieron, pero nada grave, apenas pequeñas cicatrices que sanarían pronto. A diferencia de otras partes que eran notorias.
Luna deja de pensar un momento. Para después mover su puño un poco, con aquella parte. Carlos suelta un gemido al sentir ese apretón y movimiento. El pulso del humano se acelera, sus ojos se abre mas al ver lo que ella le hacía.
Luna deja escapar otro suspiro, casi idéntico al de Carlos, le afecto también, tanto por su sincronía, como el también el hecho que ella igual lo ansiaba. Pero solo en parte, ya que no era para ella un buen momento.
En el tacto de la Gardevoir, siente el pulso de él en su puño. Latiendo mas fuerte ante su movimiento, ella se restriega mas en el cuello de su esposo, acariciándolo en el proceso, mientras con su mano derecha lo abraza y posa en medio del pecho del castaño. Ella decide proseguir.
Moviendo la izquierda una y otra vez, aflojando un poco el agarre en el proceso, haciendo aquel movimiento más suave y lento. Carlos gime, mientras la sangre se le sube la cara, viendo lo que hace Luna.
-Ya no te puedes contener, ¿Verdad?- Le pregunta ella, sonando seria.- Muestras por fin tus intenciones y sentimientos, estoy feliz por ello.
Luna decide seguir un poco más rápido. Carlos empieza a gruñir por tan repentino cambio, sentía algo que jamás había sentido. Ese estimulo que por primera vez se presentaba para él. Una sensación placentera, hecha por alguien quien ama.
Su respiración cambia, se hace más fuerte, respira constantemente ante esos movimientos. Mientras Luna seguía haciendo lo suyo. Igual disfrutando lo que hacía, tenía que admitir que ella igual lo esperaba desde hacía tiempo. Hacer esto con Carlos, en que por fin manifestaba sus sentimientos, iniciando aquel ritual. Ella lo quería, lo ansiaba, tenía la idea que no era un mal inicio. Pero…
-"Pero por el momento"- Luna pensaba, en su propósito verdadero.- "Solo quiero tranquilizarte"
Carlos seguía gimiendo soltando un poco de saliva, se veía por así decirlo, inutilizado. Se dejaba que Luna lo tratase. Los brazos del castaño se ponían tensos, cerraba sus puños, mientras gruñía como animal tras sentirlo, ese incomodo, pero placentero movimientos.
Luna suelta un aire cálido sobre el cuello de Carlos. La Gardevoir empieza a besarlo, primero el hombro, mientras lo abraza un poco mas fuerte e intentar no lastimarlo. Aprisionándolo e igual mostrando sus sentimientos puros hacia él.
Entre el dolor estaba esa alegría que Carlos necesitaba, el amor que tanto ansiaba y busco. Que pese a lo que hiso el resultado era el esperado. Tenerla de vuelta. Olvidando por completo su tristeza y depresión por su apariencia.
-"Pesada ha sido tu carga"- Pensaba Luna.- Déjame aliviarte.- Le pide, tratando de hacerlo.
Lo besaba en su mejilla, mientras no paraba, Carlos titubea, recargándose sobre Luna y está poniendo su cuerpo para que no caiga. Mientras igual ella respiraba casi de la misma forma que el, sintiendo casi lo mismo, casi su cuerpo no reaccionaba al sentir el peso de su amado.
-¡Luna, yo, yo quiero!- Carlos trata de hablar.
Luna reacciona y decide ir un poco más rápido. No quiere escucharlo, no quiere ella tampoco sucumbir. Ella no quería negarlo, no quería decirle "no" en esos momentos, por más que ella también lo deseara. Pero así eran las cosas. Sin dejarlo hablar, sigue más rápido, sintiendo aquella parte carnosa latir.
Con desesperación Luna lo consigue.
-¡LUNA, YO NO, QUIERO!- Carlos suplicaba, no se sabía si estaba enterado por lo que Luna trato de hacer, pero a su vez era cierto, el no quería acabar. No de esa forma.
Luna cierra sus ojos y agarra besa a su amado en los labios, acabando con él en definitiva. Ella no quería más.
Después de besarlo, viene. La ultima reacción. Carlos alza su cabeza y gruñe como animal frustrado apretando los dientes. Mientras Luna baja la mirada y cabeza viendo la entrepierna de él.
Un líquido puro y blanco sale del castaño, casi disparado, detenido por el grosor de la mano de la Gardevoir que apretó con algo de fuerza, estrujando para que no salpique. Desbordando el puño azul, brotando como si de un pequeño geiser se tratase.
Carlos sin bajar la cabeza respira bocanadas de aire, deja esa tensión que sentía hace unos momentos, su cuerpo que estaba tieso, se relaja. Sus piernas se aflojan y su torso también, casi cayéndose. Luna aun lo sostenía para que eso no pasase.
Luna por igual respiraba hondo. Tuvo otra reacción, salió afectada a su forma. Mientras no apartaba la mirada de la entrepierna del humano. Sintiendo que aquella parte dejo de estar tensa y tiesa, aflojándose un poco. Ella deshace su agarre. Dejando ver su mano derecha llena de esa esencia.
Por primea vez veía lo que era aquel liquido. Blanco y puro, cuyo tacto viscoso y olor penetra los sentidos de Luna. La Gardevoir se sonroja al verlo por fin, esa semilla. Ella, lo quería, quería eso. Lo ansiaba por igual, lo necesitaba. Cuando Carlos saco por igual, ese día la esencia de Luna, el quería saboréalo, probar a que sabía. Muy distinto a lo que el saco, un liquido transparente como el cristal. Luna sentía lo mismo que Carlos ese día.
Pero…
Luna sabe que hoy no podía. Y antes de sucumbir ante sus impulsos. Con sus poderes agarra un caso de agua y se enjuaga así como el miembro de Carlos. Con un suspiro Luna se lavaba tomándose el poco gusto que le quedo para lavar esa parte de su amado. Acto seguido termina de bañarlo.
-Ya.- Dice Luna.- Solamente faltaba esa parte.- Decía seria, casi a secas por lo último que hiso
Carlos terminaba por reponerse, respirando con más calma. Mientras Luna lo empuja un poco para ponerlo sentado de nuevo.
-Iré por una toalla y tus medicinas.- Dice la Gardevoir, con un semblante serio, denotando en parte tristeza.
Luna se levanta y se mueve un par de metros para ir por lo que necesitaba. Mientras discretamente tomaba aire, su pecho se inflaba, unas gotas salía de su entre pierna. Ella igual había salido algo afectada, su cara estaba roja mientras tragaba saliva.
-Lu, Lu, Luna.- Carlos la llama.
Luna que estaba de espaldas. De la nada, empezó a sentir algo, un sentimiento que de nuevo volvía.
-Yo, yo, yo.- Carlos tartamudea.- No, no hemos, acabado.
Luna escucha el banco caerse. Ella voltea y lo ve al de pie. Su amado estaba de pie, viéndola, su mirada era perdida.
-Ca, Carlos.- Tartamudea la Gardevoir espantada.
Los ojos de Carlos la reflejaban solo a ella, mas el blanco y puro cuya imagen solo era remplazado por el reflejo de su amada a la que se quiere unir.
Carlos da un paso, con esfuerzo y sin su bastón. El quería, quiere acercarse.
Luna estaba en shock al sentir ese sentimiento de su amado. Aun tenia voluntad, tenía mucho amor que expresar, pero que se había transformado en lujuria que había contenido desde hacia tiempo. Mientras su aquella parte, estaba de nuevo, mostrándose firme y tiesa, derramando un poco de esa esencia, gota que caen del suelo. Erecta ante ella y por ella.
Carlos da otro paso, se esforzaba en llegar hacia ella, aun con su condición. Tenía esa necesidad, de penetrar y estar conectado a ella, crear su ritual y estar como ambos lo deseaban.
Luna aun seguía en shock, al ver tal determinación de él. Luna hace un puchero ante esa acción del. Lo que mucho le importaba.
-Se que igual estas de la misma forma.- Dice Carlos, haciendo un puchero.
Y en efecto Luna estaba igual que Carlos, excitada, se veía en el rojo de su rostro.
-Por, por favor.- Ruega el.- Quiero, necesito.
El avanza más. Luna cierra sus ojos. Agarraba su vestido y lo apretaba. Quería apartarlo, quería hacerlo un lado y está con él, conectarse y por fin ser uno. Estaba a punto, tan cerca. Que más podía pedir ambos.
Pero así no tenía que pasar y solo por una cosa que ella cruelmente sabía. Pues en literal, lo sentía.
El esfuerzo de Carlos era demasiado, no puede caminar bien, antes de bañarse. Sus heridas le incomodaban. No era por el físico lo que le impedía a Luna seguirlo en sus deseos. Si no se trataba la salud que provocaban esas heridas. Aparte estaba otro hecho, un hecho que si bien no estaba probado. En estos momentos es indeseado.
Un borde rosado detiene a Carlos, no le deja moverse más. Luna suspira y se acerca a él. Mientras este no sabe cómo reaccionar.
-Lo siento Carlos.- Dice Luna, tristemente.- Pero no podemos esta vez.
-¡¿Qué, que?!- Pregunta Carlos, sin esperar esta respuesta.
Luna veía el miembro de su amado, estando casi de la misma altura que ella. Estando al frente, era tentador por fin hacerlo y expresar su amor. Tenerlo dentro, cuya raíz se expanda y florezca aquella semilla.
-No Luna, yo quiero.- Gruñe él.
Luna le pega levemente en una de sus heridas con uno de sus dedos.
-Si no puedes soportar un leve golpe.- Dice Luna, viéndolo con tristeza.- ¿Cómo soportaras lo que haremos?- Le pregunta.
-Eso no importa.- Le responde el.- Yo solamente quiero estar pegado a ti. Eso es todo.
Luna lo abraza, era tierno lo que decía. Pero una cosa era la palabra y otra el impulso. Si bien así se quedarían. Por necesidad y en un arrebato de instintos y placer, era inevitable proseguir, queriendo más y más. Ella lo sabía.
-No.- Le dice ella.- Ambos sabemos que no podemos. Tú lo sabes.
-¡¿Por qué te niegas?!- Le recrimina molesto.
-… Por nuestro bien.- Le dice ella, suspirando.- Tú lo hacías por eso, recuerdas.
-Pero ya no queda nada, ni nadie.- Le dice él, aferrándose a ella.- Déjame, quiero, necesito. Así como tú.
-Pero al final me contuviste. Por nuestro bien.- Le dice ella, acariciando su mejilla.- Y ahorita mi deber es contenerte. Por nuestro bien. No quiero lastimarte y afectarte más de lo que estas.
Carlos calla, se sentía su frustración. Pero no podía negar la realidad de esas palabras. No era la apariencia, era lo que provocaba físicamente estas. La Gardevoir lo sentía, sabía que no se daría por vencido.
-Es tanto tu deseo.- Dice Luna, al sentirlo, con un semblante triste.- Yo quiero. Pero no.
-Luna, por favor. Tu también lo deseas.- Decía el tratando de convencerla.
Carlos la besa en su mejilla. Ella gime mientras siente, sus piernas cada vez más se entumen. Ambos se besan en los labios. Luna lo rodea con sus manos su cuello y se apega más a él. Se mantienen así unos segundos batallando entre ellos.
Pero se separan. La Gardevoir veía su rostro, aquel rostro de quien se enamoro. Quería hacerlo y sucumbir ambos, solo el uno y el otro. El uno para el otro. Que por fin la reclamara, por lo que él había luchado, e igual ella lo quería reclamar y marcarlo como suyo.
Pero al ver su rostro, ese rostro. Viéndolo ahora bien. Casi igual, con ambas manos acaricia esa cara, sintiendo cada centímetro de esta. Para después notarlo, recordarlo. Su ojo derecho blanco, casi sin pupila, las heridas que cargara desde ahora y en adelante y más ahora que están en esta posición. Luna agacha la mirada, no le ve a los ojos, no quiere.
Carlos interpreta esa respuesta.- Por favor.- Se lo pide.
-…
Luna rápidamente se aleja de él, unos cuantos metros.
-Quieres hacerlo.- Dice Luna seria.- Esta bien.
Luna levita un poco, unos centímetros, se medio sienta en el aire. Aparta su vestido completamente.
-Te dejare hacerlo.- Dice la Gardevoir.
Luna al apartar su vestido muestra el objetivo, lo que quiere Carlos. Y para hacerlo más tentador para el Luna, abre sus piernas más y con su mano izquierda se agarra su parte, expande su flor mas con dos de sus dedos, abriéndola hasta donde ella puede. Mientras una gota de esencia salía de ella por lo que ha sentido, excitándose por igual.
-Gaaarrrd.- Luna gime, se sonrojaba al mostrarle a su amado, sentía algo de pena.
Carlos estaba muy rojo, conmovido, era la primera vez que veía de esa forma a su Luna. Esa flor abierta solo para el, donde puede conectarse y ser por fin uno con ella. Pero…
-Pero tienes que llegar hacia mi.- Le pide su amada sin verlo a los ojos.- Tienes diez segundos. Si no llegas… No lo haremos.
Aquel sentimiento de Carlos, esa alegría que sintió al verla aceptar. Cambia en su totalidad, al oír los requisitos. Luna estaba actuando de forma muy cruel, pues sabe que el no llegara. En la situación normal, en menos tiempo. Pero el castaño no puede hacer nada. Aun con su bastón no puede llegar en diez segundos. No puede hacerlo y si lo hace, si intenta correr o salta o lo que sea que haga forzar a su cuerpo. Se lastimaría, se abrirían sus heridas y mas lo posibilitaría.
Eso es lo que su esposa le ha tratado de hacerlo entender. Lo que ellos harían, sería un gran esfuerzo. Aunque sea cruel, era la verdad y esta vez Luna tenía que contenerlo, aunque eso le costaba por igual.
-Vamos que esperas.- Le dice ella estando en la misma posición, sonando más seria.- Quiero tenerte en mí y que me hagas la Gardevoir más feliz, sentir tus sentimientos dentro y volvernos uno. Estoy lista.
Pero Carlos gruñe, frustrado. Ella lo regañaba, para hacerlo entender. Y lo peor. Funcionaba. Ese deseo esa necesidad disminuye. Se mostraba en lo que presenciaba la Gardevoir, al igual se podía ver en su entre pierna. Estaba desmotivado ante la frustración que ella provoco. Ella le dio un golpe fuerte. Y era la realidad. En que el por más voluntad que tenia, su cuerpo era lo contrario.
-…- Luna observa con tristeza al no ver una acción más, le dolía por igual lo que hiso.- Eso pensé.
Luna vuelve a taparse y ponerse de pie. Mientras con sus poderes acerca una toalla y tapa a su amado Carlos con ella, mientras a su vez busca la mochila para poderle dar sus medicamentos, que el necesitaba.
La pareja pasó una vez más por aquel momento que no se pudo concluir. Y esta vez se debía a la situación del mismo Carlos. Luna esta vez tuvo que rechazar por lo mismo. Más eso no quería decir que ella no lo ansiaba también. No se debía a la apariencia, si no lo que provoco esta. Luna esta vez tuvo, con la pena y dolor del mundo. Parar a su amado.
Carlos se deprime una vez más. Pero esta vez no por su apariencia. Si no porque siente ese rechazo. Luna vuelve a suspirar al darse cuenta.
Pero esta vez la Gardevoir no puede hacer nada. Ya lo intento. Y no funciono.
Algún día llegaría su momento. Pero hoy no.
Bueno, tengo que dar el resumen.
En este capítulo muestro una vez más a la pareja, afrontando su "nueva", forma de vida. Carlos ahora tiene que digerir mas su estado, ya que no me había enfocado mucho en el en el hospital. En este capítulo le doy más por su estado físico y psicológico del prota y cómo reacciona, llegando a deprimirse.
Pero es consolado por Luna. Ella lo consuela y le recuerda el porqué con sus acciones. Carlos olvida su depresión al recordarlo de nuevo, pero a su vez provocando algo que ha estado conteniendo.
Desde hace ya algunos capítulos he mostrado a Carlos mas abierto ante las intenciones hacia Luna, sintiendo por fin la lujuria que lo invade.
Pero aquí doy un giro que no esperaban y es que la misma Luna es que lo detiene esta vez. Y todo por su estado físico. No se debía a la apariencia. Pero si lo que provocaba, ya que ella temía y teme lastimar a Carlos físicamente si llegaba hacerlo, empeorando solamente las cosas.
Aquí muestro a Luna más madura ante eso. Que si bien ella lo quería hacer, se contuvo y todo por él. Aunque Carlos de mala gana acepta, pero llegando casi al mismo punto que lo origino.
Con esto concluye el capitulo.
Apartando el tema, quizás fue muy seco el capitulo respecto al lime, la verdad no sé como considerarlo a nivel personal. Como saben mi deber es mas hacer sufrir a mis personajes llevándolos a la tragedia a tratar de hacer lime. De hecho, como leyeron desde la primera vez que trate de hacerlo mezcle los traumas de Carlos y su impedimento, después Pinsir como un problema. Y ahora si bien hubo lime, la tragedia esta en Carlos y su estado físico. Pero no se que tan bien lo he hecho en cuanto a esto, no soy del todo romántico aun como las escritoras que leí alguna vez. Como dije antes ahorita he mezclado la tragedia con el lime y no sé como quedo la verdad.
De hecho estoy pensando hacer un one-shot de uno de un fic que ya publique tratando de meter esta forma, aunque no estoy seguro todavía.
Así que sinceramente necesito una opinión ante este capítulo.
Créanme me ayudaría mucho ante la escritura Lime.
No quiero ser algo genérico y fuera de lugar, como dar atributos como lo que le hacen a Gardevoir, ya que el diseño es el mismo que está plasmado en el canon del juego. Ni menos tratar de ser, no explicito, si no más que nada que tenga una base del origen del porque lo hacen.
Bueno esto sería todo en este cap
Agradezco sus comentarios a TEIET y dragón titánico.
Y a todos aquellos que leen este fic.
Sin más que decir me despido.
Adiós y cuídense.
Hasta la siguiente actualización.
