Disclaimer: Esta increíble historia es obra de Dakkaman777, basada en los personajes de los libros de George R. R. Martin y la serie producida por HBO, la traducción es completamente mía, con el debido permiso del autor.
¡Aquí vamos otra vez! A pesar de que la semana pasada esta historia alcanzó mas de 200 visitas, llegó un Favorite Story (¡Gracias!) pero ni un solo review. Así que la verdad es que estaría muy cul si me dejaran saber qué es lo que piensan con un Review, obviamente también se agradecen los favoritos y follows :) .
A partir de este capítulo las cosas se empiezan a poner serias y cachondas entre Jon y Dany (mis partes favoritas), y los capítulos que vienen, puff, buenísimos, así que espero sigan disfrutando de esta historia tanto como yo traduciendola.
Un detalle que considero importante es que el autor escribió mucho de este capítulo escuchando "Stay a Thousand Years" de el Soundtrack de la temporada 8 (mi canción favorita), una pieza maestra de Ramin, la pieza por excelencia de Jon y Daenerys, pero los imbéciles de D&D decidieron no ponerla en la serie, gracias :/ Y por eso, now and always, FUCK CANON!
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Capítulo 3
Un Dragón en Invierno
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Los pasillos de la Fortaleza Roja no habían visto tal aislamiento y silencio desde el reinado de Aerys, el Rey Loco. Los pasillos estaban desprovistos de vida, cualquier arte, cualquier pasión o señal de que el gobernante sentado en el Trono de Hierro se interesaba por algo más que retener el poder sobre los Siete Reinos.
Sentada ahí, en el Trono de Aegon el Conquistador, estaba la auto proclamada Reina de los Siete Reinos en persona, Cersei Lannister.
De pie a su derecha como siempre, estaba la imponente figura de su constante protector, Gregor Clegane, la Montaña que cabalga. Su armadura había sido modificada dede la ultima vez, para permitir una mayor movilidad mientras estaba completamente protegido, ahora una versión negra de su traje original, el casco en forma de torre incluido, pero en lugar de gris hierro, su tono era negro con detalles en plata.
En sus manos sostenía una espada de gran tamaño, la hoja brillaba a la luz del fuego, un sombrío recordatorio de lo que era. Una sentencia de muerte andante.
A su izquierda estaba el Consejero de los Rumores, Mano de la Reina y Gran Maestre de la capital, Qyburn. Reunidos enfrente habían cinco Guardias de la Reina, todos vestidos en armadura negra completa, ninguno de ellos tan intimidades como la figura de Clegane. De pie, cerca, con su sencilla vestimenta de cuero negro estaba el verdugo real, Ilyn Payne. El mismo ceño adornando su cara mientras miraba a cualquiera que lo mirara.
Nunca un monarca había tenido tan pocos consejeros, acompañada solo por un perro de ataque imponente y un Maestre en desgracia que hacia las cosas más antinaturales que alguien en su posición podía hacer.
Los pasillos permanecieron en silencio mientas la gente común y Señores congregados, esperaban con el aliento contenido a que hablara su Reina. Entonces, cuando pareció que la Reina estaba apunto de hablar, las puertas de la Sala del Trono se abrieron de par en par.
Entró la figura atrevida y marinera del Rey de las Islas de Hierro, Euron Greyjoy, flaqueado por dos Hijos del Hierro. Su cabello negro y largo se veía mojado, como si hubiera sido empapado en salmuera, sus manos metidas en los bolsillos de su largo abrigo. Siguiendo a Euron estaba un hombre de cabello rubio, corto y sucio, una cara esculpida y una armadura dorada, que adornaba su figura.
Euron, sin saludar a nadie de los presentes, simplemente se dirigió directamente al Torno y a la mujer sentada en el. Señores y caballeros se apartaron del camino del hombre claramente inestable, el otro con armadura dorada lo seguía de cerca.
—Su alteza, le traigo un regalo más… un ejercito,— Euron sonrió y le hizo una reverencia.
El rostro de Cersei permaneció con la misma sonrisa neutral que siempre parecía tener estos días. Mientras tanto el hombre de armadura dorada se adelantó e hizo una reverencia adecuada, con toda la cortesía de un hombre que realizaba una transacción de negocios.
—Capitan Strickland, supongo,— dijo Cersei.
—Si, Su Alteza, la Compañía Dorada esta a sus ordenes,— Strickland respondió asintiendo.
—¿Cuántos hombre pelean bajo su mando?— preguntó, su expresión sin cambiar.
—20,000, Su Alteza, 5,000 monturas y según lo prometido… 100 elefantes de guerra,— respondió Strickland.
Cersei sonrió, tenia la sensación de que los Elefantes serían difícil de transportar a travez del los mares, pero Qyburn había ofrecido algunos concejos útiles a los constructores de Euron, construyendo barcos de carga con cascos reforzados capaces de transportarlos a travez del Mar Angosto.
—Bien… espero que estén listos para la batalla tan pronto como sea posible,— sonrió Cersei. Los Señores y caballeros reunidos observaban con ojos cansados y susurros silenciosos mientras el comandante de la Compañía Dorada se iba.
Un hombre dio un paso al frente, un hombre tan alto como Euron, vistiendo el atuendo de un Señor de las Tierras del Oeste, un solo broche de un jabalí, sosteniendo su capa roja. Era un hombre mayor, aproximadamente de la misma edad que hubiera tenido Lord Tywin, una cicatriz cruzando su ojo izquierdo y reclamando una poción de su labio superior.
Roland Crakehall, uno de los mas antiguos vasallos que sirvieron a su padre, y uno de los más importantes Señores de las Tierras del Oeste. La Casa Crakehall no era la mas grande, o la más poderosa de las casa, pero su ferocidad igualaba, si no es que superaba a la de la Casa Lannister. Su sello era el de un Jabalí negro adornado con manchas blancas.
De pie a su lado estaba su ultimo hijo vivo, Ser Lyle Crakehall. Un imponente hombre de gran fuerza, de pies a cabeza en armadura, con mazo y una espada larga colgando de sus caderas. Largos mechones de cabello negro con una sola linea blanca, su rostro adornado con bigote de manillar y lleno de cicatrices de batallas pasadas.
Los únicos hombres más grandes y más feroces que él eran los hermanos de la Casa Clegane. Se había ganado el apodo de "El Jabalí" a travez de su destreza en batalla y ferocidad pura.
—Su Alteza,— Roland hablo alto.
—Lord Crakehall, por favor… hable,— anunció Cersei, la sonrisa nunca dejando su rostro.
—Su Alteza, debo preguntar por el paradero de Ser Jaime. No le hemos visto desde nuestro parlay (1) con la Reina Dragón. Lo último que escuche es que tenia la intención de que nuestras fuerzas se dirigieran al Norte… para la guerra,— preguntó Roland, firme y sin una onza de miedo.
—Ser Jaime es un traidor a los Siete Renios, un traidor a la Casa Lannister, y un traidor a la corona. Él nos abandonó, a su gente ,para pelear a lado de esclavos Inmaculados y salvajes Dothraki, para arrodillarse ante el engendro del Rey Loco,— Cersei practicante siseo.
—Pero, si lo que él dijo es cierto, entonces simplemente estamos sosteniendo el aliento, por la esperanza de que las fuerzas del Norte puedan derrotar a los Muertos.— Otro Lord dió un paso al frente, vestido con la armadura de un comandante Lannister, Leo Lefford de la Casa Lefford, otro vasallo de la casa Lannister.
—Si lo que Ser Jaime nos dijo es cierto, entonces todo lo que importa es proteger a nuestra gente en la única guerra que importa,— continuo Roland.
—¿La guerra? ¿Qué otra guerra hay ademas de defender nuestra tierra contra escoria extrajera?— contestó Cersei con la misma mirada que tenía en su rostro estos días.
—Con todo respeto, Su Alteza… sí lo que los Norteños dicen es verdad, entonces toda nuestra gente esta en peligro. Ser Jaime vio lo que trajeron a la Aren de los Dragones, usted vió lo que había en la Arena. Ahora por favor díganos… ¿porque no estamos marchando al Norte?— Roland preguntó, comenzando a mostrar su frustración.
Los asentimientos y murmullos en acuerdo sonaron entre los Señores del Sur reunidos ahí. Por cientos de años, los Señores de las Tierras del Oeste apoyaron a la Casa Lannister, apoyaron Tywin y a Jaime, ahora a Cersei.
Pero Cersei era diferente a los otros Lannister que habían servido.
Sí, Tywin tenía sus defectos, era despiadado, frío y calculador, pero no era un idiota. Si estuviera vivo, todas sus fuerzas estarían marchando al Norte a enfrentar la gran amenaza, que todos sospechaban era real. Incluso Jaime con todos sus defectos, era un hombre que se preocupaba por la gente, ambos, Leo y Roland lo respetaban y lo seguían, no porque su último nombre fuera Lannister, sino porque era un buen hombre.
—Si marchan al Norte, serán considerados traidores y rompedores de juramentos. Y al regresar de una forma u otra, se les dará muerte de traidores. Yo soy su Reina, y juraron obedecerme,— anunció Cersei.
Los Señores solo pudieron mirar mientras la Montaña observaba a los dos Lords, sus manos agarrando el mango de su gran espada con fuerza, listo para obedecer la orden de su Reina en cualquier momento.
—Ruego me disculpe, mi Reina. No debimos haber dudado de usted,— Roland se inclinó después de un tenso silencio que duro unos cinco segundos.
—Pueden retirarse, mis Señores,— Cersei sonrió para sí misma mientras los Lords de las Tierras del Oeste comenzaban a dejar la sala, sus caballeros y guardias con ellos.
Lyle le dirigió una larga mirada a la Montaña, el rostro con cicatrices del Jabalí se encontró con los ojos fríos y muertos de la criatura antes conocida como Gregor Clegane. Lyle nunca fue admirador de los Clegane, ambos eran perros rabiosos haciéndose pasar como caballeros, a su parecer. A diferencia de ellos, él se preocupaba por el honor y la justicia, la protección del reino. Y aunque su rencilla era con El Perro, la Montaña era el centro de todo lo que estaba mal en este mundo.
Se requirió una gran cantidad de moderación del Jabalí no lanzarse a la Montaña y clavar en su craneo su mazo, pero a regañadientes se volvió y siguió a su padre fuera del salón.
Una vez que todos los demás habían dejado el salón, ahí estaba Euron Greyjoy. Sus manos firmemente en sus bolsillos y su largo cabello desgastado por el mar colgando frente a su cara.
—Pensé haberte dicho que te retiraras,— dijo Cersei en voz alta.
—No soy un Lord. Soy un Rey, mi amor,— sonrió Euron. Cersei tenía que admitir que para ser un capitán de Piratas, era bastante atractivo y guapo, su cabello mojado no le restaba valor a sus apariencia.
—Hiciste bien trayendo a la Compañía Dorada, por eso, estoy eternamente agradecida,— respondió Cersei.
—Su agradecimiento no es necesario, mi Reina. Todo lo que hago, lo hago por la mujer mas hermosa del mundo,— Euron sonrió mientras inclinaba la cabeza.
—Entonces puedes retirarte,— sonrió Cersei.
—Perdoneme, mi Reina… pero nuestro reino esta sin un heredero, y creo que es hora de que nosotros arreglemos ese problema,— Euron dió un paso hacia Cersei.
Todas las manos de los Guardias de la Reina volaron hacia sus espadas, mientras que la Montaña alzaba su yelmo con un sonido de metal cortando el aire. Euron se detuvo sobre sus pasos, era un luchador hábil, pero conocía sus limites, y matar a seis muy bien entrenados caballeros, y lo que sea que la Montaña fuera, no estaba dentro de su poder.
—Si quieres una puta… compra una. Quieres una Reina… gánala,— Cersei sonrió mientras hablaba.
—Creo que lo he hecho… te he dado la mas grande flota que el mundo ha visto. Te traje un ejercito, te traje justicia para tu hija, he traído muerte y destrucción a tus enemigos… te he dado todo lo que has pedido… mientras espero por ti. Mi corazón se esta rompiendo, mi Reina,— Euron contestó con una sonrisa para sí mismo.
—He ejecutado hombres por menos,— la sonrisa de Cersei desapareció.
—Eran menos hombres,— respondió rápidamente Euron, sabiendo exactamente que estaba pensado ella. Él era el único aliado que tenía, si se iba, estaba perdida.
Ella podía estar sentada en el Trono, pero él era el Rey aquí, era quien tenía todo el poder. Si la Montaña lo partía en dos, entonces la Flota de Hierro zarparía lejos, dejando Kings Landing vulnerable.
Cersei se levantó y fue a marcharse, pero mientras lo hacia, miró hacia atrás y clavo sus ojos con los de Euron, todavía de pie ahí, con las manos en los bolsillos de su abrigo. Él sonrió con esos ojos que habían visto el mundo, que habían visto los misterios y horrores de todos los rincones del globo.
Le indicó que la siguiera. Euron sonrió y paso caminando a los Guardias de la Reina con una sonrisa dibujada en la cara, mientras pasaba a la Montaña y vio esos ojos rojos e inyectados en sangra, sonrió y susurró.
—Deseame suerte, grandulón,— sonrió al sentir el aliento del monstruo revestido en acero.
El Silencio se mecía a lo largo de las olas que chapoteaban contra los costados de la poderosa nave de guerra. En la muerte de la noche, el Silencio estaba trabajando con una tripulación de esqueletos; una tripulación de esqueletos de mudos no hacía que el barco estuviera mas animado que de costumbre.
Los Mudos de Euron no hacían mucho a bordo del Silencio, ya que no podían comunicarse entre ellos, lo más que podían hacer era caminar, dar mantenimiento al barco y vigilar.
*TWIP*
Una flecha encontró su camino a la cabeza de uno de los Mudos que montaban guardia.
En rapido sucesión.
*TWIP* *TWIP* *TWIP*
Otros tres guardias cayeron en la cubierta del barco, flechas incrustadas en sus ojos y rostros, matándolos en un instante. Caminando silenciosamente sobre la cubierta del Silencio habían tres hombres, todos vestidos de negro, sosteniendo arcos cortos con flechas, listos para dejarlas volar en cualquier momento.
Los tres hombres se movieron por la cubierta de la nave, salpicando con flechas, o cortando las gargantas de cualquiera que se interpusiera en el camino de su objetivo.
Lentamente y aturdidos, los ojos de Yara se abrieron, cada parte de ella estaba adolorida, la paliza que Euron le había dado la había dejado negro y azul en los peores lugares. Sus huesos dolían, sus músculos se tensaban y su cabeza sonaba como la campana mas ruidosa.
El sonido que la despertó, fue uno que conocía bien.
WITHRACK*
El sonido de una hacha corta siendo incrustada en un craneo.
La puerta se abrió y cayo el cadáver de uno de lo hombres de Euron, un hacha profundamente enterrada en su cara. Entro uno de los hombres vestidos de negro, agachándose y recuperando el hacha del Mudo, pedazos de materia gris y sangre brotaron de la herida mientras lo hacia.
Theon.
Los ojos de Yara se abrieron con sorpresa al principio, pero se entrecerraron una vez recordó lo que él había hecho. Theon rápidamente corto las ataduras que la mantenían contra el poste y la ayudó a ponerse de pie. Yara trono su cuello de lado a lado antes de tomar a Theon por el cuello y golpear la cabeza contra su cara.
Theon cayó al suelo, aturdido pero comprensivo, merecía eso.
Yara le tendió la mano a su hermano pequeño.
Lo miró con gratitud en los ojos, había odiado lo que hizo, pero la había salvado cuando lo necesitaba. Los Hijos del Hierro no tenían lugar para los pequeños rencores, y Theon supo en cuanto su hermana lo ayudó a ponerse de pie, que todo estaba perdonado.
Todo lo que tenían que hacer ahora, era salir de ahí.
—¡Se ha vuelto loca!— gruñó en voz baja Roland.
—Esta bajo mucha presión, teniendo que manejar una guerra; su hermano se va de su lado,— otro de los Lords respondió con el mismo volumen de voz.
—Si la amenaza en el Norte es real, ¡no podemos sentarnos aquí y esperar a que caiga sobre nosotros!— Leo lanzó su voz al debate.
Los Señores de las Tierras del Oeste y sus caballeros se habían retirado a otra parte de la Fortaleza Roja, todos sentados alrededor de una gran mesa con vino en sus copas y ceños fruncidos en sus caras.
—Ella es nuestra reina, no podemos traicionarla, hicimos juramentos— uno de los caballeros habló.
—¿Incluso si esos juramentos causan la muerte de todos en Poniente?— preguntó Lyle de vuelta.
—Ella esta traicionándonos, nuestra gente, nuestras familias; morirán si la escuchamos. Si no por los Muertos, por fuego de Dragón, cuando la Reina Dragón y el Rey Lobo vengan al sur. Ser Jaime hizo bien en irse cuando lo hizo,— maldijo Roland antes de dar un largo trago a su vino.
—¿Cuándo se volvió tan jodidamente difícil?— preguntó Leo con su mano en la frente, tratando de quitar el estrés de su mente.
—La Casa Lannister solían ser Leones orgullosos. Dí lo que quieres acerca de Tywin, pero el hombre era fuerte, tenía un propósito, nos guió como un León orgulloso. Jaime tiene gran parte de su padre, al menos, pero ¿Cersei? Ella es un gato sarnoso, si es que alguna vez ví uno,— dijo Lyle, su voz profunda comandaba un respeto absoluto.
Sería un buen Señor algún día, pero justo ahora, era un caballero, un guerrero, el campeón de la gente de las Tierras del Oeste.
—El Gato sarnoso es nuestra Reina.
—No hemos tenido un Rey o Reina digno de seguir en décadas. Robert era un hombre roto, Joffrey era un sanguinario hijo de puta, Tommen era un débil y pequeño pánfilo, y Cersei es un desastre esperando a pasar,— Lyle dejó su opinión clara a todos.
—Ya voló el Septo de Baelor, ¿cuánto tiempo falta para que quiera volar toda nuestra ciudad?— preguntó Leo.
—Esos son rumores viciosos, hechos por nuestros enemigos para…
—Deja de ser un ciego. Ni siquiera lloro la muerte de Tommen… tomó el trono antes siquiera de que su cuerpo se enfriara. No es más Reina de lo que Aerys era Rey,— Lyle casi escupió.
—Ella nos unió bajo el pretexto de que estábamos definiendo nuestras tierras de escoria extranjera… sin embrago, trae mercenarios de Essos… ¿es qué no tiene fe alguna en nosotros?— Roland preguntó a los demás retóricamente.
—Ella los trajo para remplazarnos. Como si fuéramos peones en un tablero de ajedrez, usándonos y después comprando más cuando nos estamos agotando. Cuando la Reina Dragón se dirija al Sur, ¿quienes crees que estarán en primera línea? ¿Los soldados cansados de pelear? ¿O bandidos y mercenarios comprados y pagados?— preguntó Lyle, siguiendo el pensamiento de su padre.
—Al menos la Reina Dragón tiene gente que la sigue por amor, lo mismo con el Rey del Norte,— otro caballero habló.
Murmullos en acuerdo dieron la vuelta a la habitación mientras los miserables Lords contemplaban la situación. Mucho tiempo había pasado desde que habían tenido un líder que valiera la pena seguir, Jaime era un buen caballero y comandante, pero no era un Rey, a pesar de todas las ocurrencias e ingenios de Lord Tyrion, solo era un Lord. Tywin fue el único hombre que siguieron en batalla con absoluta confianza, incluso durante la guerra de los Cinco Reyes, Tywin hizo lo que hizo para salvar vidas.
—¿Porque la seguimos? ¿Por lástima? ¿Miedo? ¿Una ignorante marca de lealtad en donde la fidelidad nunca es recompensada?— cuestionó Roland.
—Debimos haber manchado al Norte con Ser Jaime,— murmuró Leo antes de tomar de nuevo.
Un golpe en la puerta saco de su sopor a los Señores, Roland asintió a uno de sus hombres para que abriera la puerta. El guardia de los Crakehall mantuvo una mano en su espada mientas abría lentamente la puerta, cuando se abrió una ranura vió de pie a un niño, apenas siete u ocho años, cubierto en harapos.
—Es… un niño, mi Señor,— anunció el guardia.
—¿Que?— Roland se giró en su silla con una mirada confusa en su rostro.
—¿Qué es lo que quieres?— preguntó el guardia al niño.
—Un mensaje para Lord Crakehall,— el niño tendió un pergamino al guardia quien lo tomo, como un rayo el niño corrió, rápidamente desapareciendo de vista.
—Para usted, mi Señor,— el guardia le entrego el pergamino a Roland Crakehall.
El Lord tomó el pergamino e inspeccionó el sello en él, el Dragón de las tres cabezas de la Casa Targaryen, el símbolo de Fuego y Sangre, el símbolo de la Reina Dragón en persona.
Con una mirada rápida a los otros Señores, Roland rompió el sello y desenrolló el pergamino antes de comenzar a leer. En segundos sus ojos se agrandaron, antes de pasárselo a Leo, quien se lo paso a Lyle y a los otros señores y caballeros.
—¿Tú crees?— preguntó Leo.
—Eso creo… vamos a escucharlo,— respondió Roland mientras su hijo Lyle leía el mensaje.
—Una vez nos arrodillamos ante los Dragones… luego ante los Ciervos y Leones… tal vez sea momento de los Dragones otra vez,— dijo con un destello en los ojos.
La nieve del invierno estaba sobre ellos, como pimienta blanca cayendo del cielo; Daenerys Targaryen estaba de pie en las almenas (2) de Winterfell con su abrigo blanco. De pie, cerca de ella estaba su siempre fiel Ser Jorah Mormont, sus manos juntas frente a él mientras la observaba admirar la nieve.
Sentada junto a ella, sorpresivamente, esta el Lobo Huargo de Jon, Fantasma. El gran lobo blanco apenas la dejaba sola desde que había llegado, si algo era cierto, definitivamente había echo un amigo en el gran canino.
—Nunca deja de sorprenderme,— Jorah sonrió negando con la cabeza.
—¿Qué cosa?— preguntó Dany.
—Ya sea en el sol abrazador, en los salados mares, o en las nevadas del Norte… es una visión, mi Reina,— el respondió con una sonrisa amorosa.
Dany había llegado a aceptar el hecho de que Jorah estaba profunda y locamente enmarado de ella, e incluso si ella nunca podría amarlo de la misma forma en que él la amaba, siempre le permitiría hablar lo que pensaba. Con una sonrisa Dany contestó —Siempre creí que el Norte sería un lugar sin estas hermosas vistas, que sería un lugar lúgubre sin cualidades redimibles… pero me alegra ver qué estaba equivocada… ademas, creo que la nieve se parece a mi cabello,— rió entre dientes, rascando detrás de las orejas de Fantasma cuando él comenzó a acariciarla una vez mas.
—El Norte siempre ha tenido sus encantos; el Bosque de los Lobos, el Muro, incluso las criptas de Winterfell tienen su pequeño encanto. Recuerdo cuando en casa, en la Isla del Oso, amaba jugar con la nieve, mi padre mirándome desde los altos muros,— Jorah sonrió para sí mismo.
—Honestamente no puedo imaginarte jugando en la nieve,— Dany rió entre dientes.
—Todos nosotros hemos sido niños en algún punto de nuestras visas, Su Alteza,— contestó Jorah.
—No todos nosotros,— murmuró Dany, lo suficientemente alto para que Jorah escuchara.
Jorah noto la leve insinuación de tristeza en la voz de su Reina cuando dijo eso, ella nunca hablaba de su niñez con nadie, era algo que obviamente mantenía cerca de su corazón, que ni siquiera Jorah sabía. Todo lo que sabía era el abusivo hermano en que Viserys se había convertido al final, vendiéndola al Khal Drogo como si fuera ganado.
A veces le enfurecía que nunca tuvo la oportunidad de poner al bastardo en su lugar. Si alguien hiciera algo así as su Reina ahora, sería cortado como trigo.
—Imaginaba que serías más alta,— una voz rompió la silenciosa contemplación del caballero.
Girando rápidamente, Dany y Jorah se encontraron con los ojos de una joven, vestida con ropas del Norte, con una espada y una daga envainada en el cinturón. Quien quiera que fuera esta chica, tenía una gran habilidad en ser sigilosa y escabullirse a un guardia tan diligente como Jorah, aún mas hábil para no alertar a Fantasma.
Aunque la falta de reacción del Lobo Huargo era una buena señal, quien quiera que esta joven fuera, Fantasma confiaba en ella. Daenerys pensó que tenía un aspecto muy Stark, más a Jon que a Sansa, con el cabello negro y los ojos grises, no tuvo que meditar mucho para darse cuanta que esta era la infame Arya Stark.
—Debes de ser Arya, no creo que hayamos tenido el placer de conocernos,— Dany ofreció su mano a la estoica chica.
El rostro de Arya lentamente se convirtió en una sonrisa mientras se acercaba y tomaba la mano de Dany, fue sorprendida por lo firma que era el agarre de la joven, para una chica de su tamaño era más fuerte de lo que parecía.
—Daenerys Stormborn de la Casa Targaryen. Y para poner las cosas claras, tu no eres exactamente Duncan el alto,— sonrió Dany, ganando una leve risa de Arya.
—Mi hermano quiere hablar contigo, pensó que esta sería una buena manera para conocernos.— Arya les indicó que se dirigieran al Salon Principal.
—Me ha dicho mucho sobre ti. En todo nuestro camino en barco para acá, no podía dejar de hablarme acera del demonio que era su hermana menor,— Dany le dijo a Arya mientras caminaban lado a lado.
—Solo te dijo las cosas bueno, espero.
—Todas me parecieron cosas buenas,— sonrió Dany.
La Reina Targaryen, su fiel Oso, la niña Asesina y el Lobo Huargo, se dirigieron hacia los salones principales, todo el camino Arya y Dany platicaron. No le tomo mucho tiempo a Dany ver porque Jon amaba a su hermana pequeña, tenía una voluntad fuerte, un ingenio rápido, muy poco convencional, lo que le ganó un poco de la curiosidad de Dany.
—Mi padre siempre nos contó historias sobre los Targaryen, acerca de Aegon y sus hermanas, Rheanys y Visenya,— le dijo Arya a Dany mentiras caminaban.
—Mi hermano me dijo esas historias también… aunque él siempre concentraba los hechos en Aegon, nunca en Visenya o Rheanys,— contestó Dany.
—Visenya siempre fue mi ídolo. Una mujer fuerte y poderosa, que no mostraba miedo… a diferencia de todas las otras doncellas en las historias y las canciones,— Arya sonrió para sí.
—No sabía que en Poniente contaban historias sobre nosotros después de la Rebelión,— sonrió Dany.
—No lo hacían… pero mi padre creía que era una tontería ignorar el pasado. Te gustara o lo odiaras, Aegon el Conquistador hizo de este mundo lo que es, y sus hermanas lo ayudaron a conseguirlo,— Arya continuo, las botas crujiendo con la nieve debajo de ellos.
Dany quería ser amiga de esta chica, definitivamente era una mujer tras su propio corazón, alguien que quería ser algo más que lo que otras personas decían, un espíritu libre. Entonces, mientras escuchaba a Arya hablar con tanto cariño sobre Visenya, tuvo una idea.
—Podría llevarte a dar una vuelta en Drogo, si quieres,— ofreció Dany.
—Lo… lo siento ¿qué?— pregunto Arya con las cejas levantadas ,tan sorprendida que pensó que se iban a salir de su cara.
—Parece que estas fascinada con la idea de Visenya… apuesto a que siempre imaginaste a Visenya volando hacia la batalla, Dark Sister silbando en el aire,— predijo Dany.
Por primera vez en micho tiempo, Arya sitio una chispa de asombro y admiración infantil. Aquí estaba, con el ofrecimiento de un paseo en la espalda de un verdadero Dragón, por una genuina Targaryen. Tuvo que reprimir sus impulsos y no comenzar a brincar por las paredes con emoción. Quería que le gustara la mujer con la que su hermano estaba cautivado, pero también quería permanecer cautelosa.
Aunque era difícil permanecer cautelosa cuando alguien te ofrece uno de tus sueños de infancia en una bandeja de plata. Arya tenía que pensarlo, no quería nada más que montar en la espalda de un Dragón, sentir el viento soplando en su cabello mientras la poderosa bestia de leyenda se elevaba por lo cielos sin restricción.
Tendría que pensar en ello más tarde.
Por ahora, tenía un trabajo que hacer.
—Tenemos que evacuar toda ciudad al norte de Winterfell lo antes posible, van a atraparlos completamente desprevenidos. Comienca a enviarles cuervos a ellos y a la Guardia de la Noche inmediatamente,— Jon ordenó a Wolkan desde su lugar en el centro de la mesa.
—Si, mi Señor,— Wolkan se inclinó antes de irse para cumplir su tarea.
Todos los Señores del Norte se habían reunido, con la excepción de Lord Umber, quien se había marchado a Last Hearth para evacuar a su gente. Muchos de ellos se veían más cansados y desarreglados de lo usual, bolsas bajo sus ojos, cabello despeinado y mal arreglado.
No era un buen momento para estar vivo y en una posición de poder.
Jon y Sansa se sentaron en la mesa, Bran en su silla de ruedas unos pasos atrás. Muchos de los asesores de Daenerys se habían reunido, los únicos que faltaban era la misma Daenerys, Jorah el Ándalo y Arya Stark.
—Necesitamos que todo hombre sano trabaje en las talas de árboles, cavando trincheras, afilando picas, y construyendo fortificaciones. Todos los herreros y artesanos que trabajen en la preparación de armas de Vidrio de Dragón. Ya no tenemos el lujo de tener el tiempo de nuestro lado, la guerra vendrá a nuestra puerta mucho antes de lo que habíamos planeado, y tenemos que estar listos para ello,— anunció Jon.
Las puertas del salón se abrieron, y por ellas entró Daenerys, Jorah y Arya, seguidos de cerca por Fantasma. Tan pronto como entró al salón, fue directamente hacia Bran, por lo que Arya le había dicho, tenía preguntas. Jon se puso de pie para saludarla, pero el objetivo de Dany era obvio mientras se detenía frente a Bran y lo miró.
—¿Qué paso?— miró al chico Stark, que la miraba sin alguna emoción.
—Su Alteza…— Sansa se levantó, pero fue rápidamente interrumpida.
—¡Dime!— Dany apretó los dientes mintras miraba al chico lisiado.
—Ellos tienen a tu Dragón, Viserion es uno de ellos ahora, pertenece al Rey de la Noche,— dijo Bran lo mas monótono posible.
Jon vió cómo esto sacudía a Dany, Viserion era su hijo, su niño. Y Bran acababa de darla la noticia como si no fuera nada. Recordaba lo agitada y vulnerable que estaba en el barco camino a Kings Landing, sabía cuanto la afecto la muerte de Viserion. Y podía ver a los Señores del Norte comenzando a susurrarse entre ellos al ver su reacción.
No estaba rompiendo en llanto, pero obviamente estaba aturdida. Jon se acerco y le puso una mano en el hombro para reconfortarla, no eran noticias fáciles de recibir, escuchar que tu hijo era ahora un esclavo de un nigromante helado.
—Su Alteza, por favor,— Jon dirigió a Dany a su asiento en donde podría recuperar la compostura.
—¿Cómo, en los siete infiernos, se supone que vamos a pelear contra un Dragón?— Lord Manderly preguntó.
—Con Dragones… tenemos dos, el Rey de la Noche solo tiene uno,— respondió firmemente Jon.
—¿Cuánto tiempo tenemos antes de que lleguen aquí?— pregunto Lord Glover aprensivamente.
—No mucho, mataran todo al norte de Winterfell antes de venir aquí, querrán reforzar su ejercito antes de la batalla… tenemos una semana como máximo,— respondió Jon.
—¿Podemos tener los preparativos en una semana?— pregunto Lord Cerwyn.
—¿Tenemos opción?— contestó Lyanna Mormont con una ceja levantada, callando a Lord Cerwyn.
—Gusano Gris, has que todos los Inmaculados de los que puedas prescindir ayuden en las preparaciones de las defensas,— ordeno Daenerys a su comandante de los Inmaculados en Alto Valyrio, levantando algunas cejas de los Señores y Señoras del Norte que nunca habían escuchado la legua en persona.
—Si, mi Reina,— contesto Gusano Gris en Alto Valyrio con un asentimiento.
—Qhono, prepara a tus mejores jinetes para que ayuden en la evacuación de los asentamientos del Norte,— ordeno Daenerys en Dothraki, otra lengua que los Norteños nunca habían escuchado.
—Así se hará, Khaleesi,— Qhono asintió con un puño golpeando su pecho.
—Mis fuerzas ayudaran en todo lo que puedan. Mis Dothraki y sus caballos pueden ayudar a la evacuación de los civiles mientras mis Inmaculados ayudarán a preparar las defensas aquí en Winterfell,— explico Daenerys.
La forma en la que la Reina cambiaba sin esfuerzo entre Alto Valyrio, Dothraki y de vuelta a la lengua común era muy impresionante, la mayoría de los Norteños apenas podían arreglárselas con su común. La mayoría de las personas en el Norte tenían problemas leyendo, deja ya hablar múltiples lenguajes, así que era fácil de ver cómo una maestra trilingüe como Daenerys podía impresionar con sus habilidades.
Jon sonrió para sí mismo, ella sigue encontrando nuevas formas para sorprenderlos, pensó.
Las olas salpicaron contra la madera de los barcos Greyjoy, solo un pequeño grupo navegaba sobre el mar, pero cada uno de ellos era tripulado por Hijos del Hierro leales a su Reina, Yara Greyjoy.
De pie con las manos apoyadas en la barandilla, Yara miró al mar abierto. Habían sido una horas duras, pero se estaba recuperando rápido. Theon mantenía su distancia lo mas respetuosamente posible, pero se mantuvo lo suficientemente cerca para estar disponible si Yara necesitaba algo.
—No te culpo por irte. Fui una idiota por pensar que lo que te hizo Ramsey se eliminaría fácilmente,— hablo Yara en voz alta.
—No es excusa. Fui un cobarde y te dejé…— Theon comenzó, pero fue rápidamente interrumpido por su hermana.
—No te atrevas a comenzar con esa mierda de nuevo. Volviste y eso es lo que importa, Euron te habría matado si hubieras intento salvarme antes, fácilmente pudo haberme cortado la garganta con su hacha si lo hubieras intentado. Todo esta en el pasado ahora,— Yara tomo los lados del rostro de su hermano, su tono fuerte y seguro.
—¿Qué hacemos ahora, mi Reina?— pregunta Theon.
—Retomamos las Islas del Hierro, las fuerzas de Euron están ancladas en Kings Landing, eso significa que casi nadie esta defendiendo Pyke,— dijo Yara mientras caminaba sobre el punte del barco.
—¿Qué hay de nuestras fuerzas en el Norte?— preguntó Theon.
—La Reina Daenerys necesitará un lugar donde sus fuerzas se retiren si Winterfell cae,— Yara explicó antes de dar vuelta y encontrarse con los ojos de Theon.
—¿Deseas pelear con ellos?— preguntó Yara, a sabiendas.
—Los defraude una vez… no puedo dejarlos pelear esta batalla solos; Sansa, Arya, Bran, Jon… ellos fueron mi familia hace una vida. Tengo que ayudarlos de la forma en que pueda… si tú me lo permites,— Theon miró a Yara.
La Reina del Hierro pudo ver la tormenta regresar a los ojos de su hermano, la lloriqueante criatura que era Hediondo estaba muerta, y el Poderoso Kraken dentro de Theon había renacido. Ella sonrió, sabía en dónde radicaba la lealtad de Theon, el pelearía por ella si se lo pedía, pero le debía a los Stark una deuda que necesitaba ser pagada.
—Tu eres Hijo del Hierro hermanito… si quieres algo, lo tomas,— sonrió Yara , extendiendo su brazo.
Theon apretó su brazo con fuerza, —Lo que esta muerto no puede morir,— Yara sonrió cálidamente a su hermano, —Lo que esta muerto no puede morir— respondió Theon orgulloso antes de ser abrazado por su hermana.
—Pero mata a los bastardos de todas formas,— ella susurró en su oido.
Daenerys miró intensamente las llamas, durante tanto tiempo su patrimonio nació del fuego, de las llamas y la destrucción que causaron. El crepitar del fuego era un sonido que la reconfortaba, durante su tiempo con los Dothraki todos esos años atrás, el fuego le hizo saber quién era. El fuego alejaba el frío, no solo era destrucción, sino una forma de preservar la vida sí se controlaba.
El fuego era lo que le daba a los Dragones su poder.
Dany tenía que admitir que a veces tenía problemas para controlar el fuego dentro de ella, pero esa era la verdadera naturaleza del poder, que era peligrosa, como el fuego, se podía propagar si no se mantiene bajo control. Si el poder fuera fácil de controlar, entonces todos lo tendrían.
Todos esos pensamientos sobre el fuego provinieron de lo que el hermano lisiado de Jon le había dicho.
—Ellos tienen a tu Dragón, Viserion es uno de ellos ahora, pertenece al Rey de la Noche.
La manera tan despiadada en la que se lo dijo, todavía le calaba los huesos.
Viserion, su dulce niño. A diferencia de Drogon, Viserion era un alma gentil; a diferencia de Rheagal, Viserion era paciente y templado. Dany amaba a sus tres hijos con todo su corazón, pero Viserion era su pequeño amable, su dulce niño. El nombre de Viserion era complemente irónico, no era nada como su hermano; nunca le haría daño a ella o a sus hermanos.
Drogon siempre sintió que tenía que reafirmarse como él macho dominante de los tres, y Rheagal siempre disfrutaba de pelear con su hermano de escamas negras. Pero Viserion siempre estaba a su lado, simplemente disfrutando de la compañía de los de su sangre, solo involucrandose cuando Rheagal o Drogon lo forzaban.
Dany lo recordaba como una pequeña cría, sus blancas y verdes escamas brillaban maravillosamente, sus pequeños ojos, sus adorables y pequeños chillidos, lo amaba por todo lo que era, su pequeño niño dulce, gentil e inocente.
Y ese bastardo helado no solo se lo había quitado, sino que lo había convertido en un esclavo.
Tendría que matarlo, ponerle fin a su propio hijo, abatirlo como a un perro rabioso o mataría a miles de personas.
Las lagrimas comenzaron a llenar los ojos de Dany mientras recordaba la forma en que él solía arrullarla, en como solía acariciarle la mejilla cada que ella lo acercaba su cara. El resto del mundo los veía como monstruos, pero no lo eran, eran inteligentes, tenían personalidades, eran tan preciosos y hermosos com cualquier otra criatura sensible.
No había sentido una pena como esta desde que perdió a Rheago, su hermoso bebé que nunca tomo aliento en este mundo, el niño que ella perfectamente pudo haber matado por sí misma con su error de confiar en la bruja. Ni siquiera llego a ver su pequeño cuerpo destrozado y deforme, Jorah le había ahorrado ese dolor.
—¿Su Alteza?— un familiar acento Norteño llenó la habitación.
Dany se volvió y se encontró con los ojos de Jon, estaba tratando de permanecer lo más profesional posible, pero una vez que vió las lagrimas llenando sus ojos, cerró la puerta y al instante la envolvió con sus brazos, dandole su más suave y amoroso abrazo.
—Él se lo llevó… a mi bebe… me lo quitó,— Dany lloró en el hombreo de Jon. Jon era la única persona con la que verdaderamente podía ser vulnerable, la única persona con quien podía dejar caer su mascara.
—Va a pagar por ello, Dany, lo juro por los antiguos Dioses que él va a pagar por ello,— susurró de vuelta Jon, fuego en su voz mientras la abrazaba contra él.
—Lo vi hundirse… lo vi hundirse en el agua… pensé que eso evitaría que se lo llevaran,— Dany dejo que sus lagrimas fluyeran en el hombro de Jon.
—Ssssssh, esta bien, mi amor… estoy aquí,— Jon acaricio los suaves cabellos plateados de Dany. Sentirla de esta manera todavía era surreal, recordar que esta fuerte, hermosa mujer no carecía de debilidades y defectos. Era una madre, y estaba llorando la perdida de su hijo fallecido, Jon nunca había tenido un hijo, así que no podía comenzar a imaginar su dolor.
—Lo extraño, Jon,— lloró Dany.
—No pudo pretender que conozco el dolor de un padre, Dany. Pero he perdido familia, perdí a Robb, Rickon, mi tío Benjen y a mi padre, no pude ayudarlos. Por todos aquellos que hemos perdido tenemos que permanecer fuertes, pero por todos los que aun nos quedan, tenemos que seguir siendo más fuertes,— Jon le susurro a Dany, sintiendo que se relajaba en sus brazos.
—La forma en la que lo dijo tu hermano, siempre ha sido tan… tan…— Dany trató de encontrar las palabras.
—¿Descorazonado? no, eso es algo reciente,— contestó Jon suavemente, antes de presionar un beso en la frente de Dany.
Ella se apartó y miro profundamente los ojos de Jon, sus suaves ojos grises, que contenían tanto fuego dentro.
—Ese día en el barco, pensé que te había perdido. Cuando caiste en el hielo y desapareciste, pensé que nunca te volvería a ver,— lloró Dany, sus manos subieron para descansar en los hombros de Jon, mientras él tomaba su rostro entre sus manos.
—Jon yo… yo nunca me he sentido así por nadie. He amado y he sido amada en mi vida, pero tú… lo que siento por ti es más de lo que jamas sentí por nadie,— lagrimas comenzaron a bajar por las mejillas de Dany, mientras Jon las secaba con sus pulgares.
—Yo tampoco. Contigo me siento… vivo. Más vivo de lo que nunca me he sentido, como si un fuego se hubiera despertado dentro de mí. Mi vida entera, incluso con mi padre y mis hermanos, en el Muro y mas allá de el… nunca me he sentido tan vivo como cuando estoy contigo,— susurró Jon con toda la pasión que pudo reunir.
—Antes de conocerte, todo lo que me importaba era la guerra contra los Muertos, defender el Norte y mi hogar con mi vida. Pero nunca, nunca he tenido nada por qué vivir, nada que esperar, que atesorar. La muerte pudo haber venido en cualquier momento y la habría enfrentado sin ningún arrepentimiento. Pero cuando te conocí eso cambio, tenía algo, alguien por quien pelear ahora…— Jon sostuvo a Dany lo mas cerca humanamente posible y la miró a los ojos con cada pedazo de amor que pudo reunir.
—No importa que pase, no porta que horrores vengan por nosotros, te prometo esto, nunca voy a dejarte. Mientras haya aliento en mi cuerpo, mientras la sangre corra por mis venas, no importa lo que alguien aquí o en el Sur diga… nunca te dejare,— susurró Jon con cada onza de pasión y amor que podía sacar.
Las suaves y delicadas manos de Dany se alzaron y ahuecaron su rostro, sus dedos tan suaves y gentiles, como la mas finas pieles e igual de cálidos, sino es que más. Las orbes amatistas de Dany miraban en el gris acero mientras sus alientos se mezclaban, el crepitar del fuego siendo el único sonido además de sus respiraciones.
—Gracias, Jon,— sonrió Dany mientas se inclinaba hacia él y capturaba sus labios con los suyos.
Las manos de Jon y Dany se acariciaron lentamente, subiendo y bajando por sus costados, Jon descansó su mano izquierda en la cadera de Dany, y su mano derecha acariciando su delicioso cuello, la mano derecha de Dany agarrando la espalda de Jon, mientas que la otra se se enredaba en sus rizos negros.
Sus besos se volvieron más y más apasionados a medida que el fuego los llenaba, sus lenguas se enfrentaron en un tierno duelo de pasión y lujuria, ambos amantes necesitando sentir más piel, necesitando ver más de su otra mitad. Dany se quedó sin aliento cuando Jon comenzó a llevarla hacia la cama, la parte de atrás de sus rodillas sintiendo el borde.
Jon gruñó como un lobo hambriento cuando sus manos fueron directamente hacia las ataduras de su vestido, Dany sonrió contra los labios de su Lobo mientras sus manos iban a su cinturón, el sonido del cuero al desabrocharse y las cintas deshacerse llenaron la habitación. El crepitar de la chimenea no era nada comparado al calor de la pasión que la Reina Dragón y el Rey Lobo estaban desprendiendo.
Dany tiro rápidamente el cinturón de Jon al piso, Longclaw repiqueteo contra el suelo mientras lo hacía, lo siguiente fueron las ataduras de su jubón, sus pequeños y precisos dedos rápidamente se pusieron a trabajar. Jon rió entre dientes ante el entusiasmo que su Reina estaba mostrando y se aseguró de salpicar su boca con besos apasionados todo el tiempo.
El sonido de los jadeos de Dany eran la mas fina música, el olor de su piel era intoxicarte y el sabor de sus labios lo hacían sentir listo para enfrentarse solo al Ejercito de los Muertos. Jon prácticamente arranco el vestido de su cuerpo y comenzó a trabajar en su ropa interior.
Pronto, ambos amantes estaban de pie en sus habitaciones, desnudos como el día en que habían nacido. Jon presionó a Dany contra su pecho y disfruto de la sensación de su piel contra la suya, era irreal lo suave que se sentía debajo de sus dedos.
—Dany… Dany, te amo,— susurró Jon en su oído antes de atacar su cuello con apasionados besos y lamidas.
Dany dejo escapar un suspiro de placer mientras sus ojos se cerraban, el sentimiento de ser reclamada por su Lobo ,hacía que su mente se quedara en blanco. Drogo había sido apasionado, Daario había sido divertido, pero esto era diferente, era puro, perfecto y la hacía sentir como la mujer más hermosa en el mundo.
La mano derecha de Dany viajó por el pecho de Jon, sintiendo su torso lleno de cicatrices, momentáneamente Jon retrocedió cuando sintió los dedos de Dany contra la cicatriz a travez de su corazón.
Los dos amantes se quedaron ahí, jadeando mientras miraban profundamente en los ojos del otros. Sus pupilas dilatadas y llenas de cariño. Jon nunca había visto algo más hermoso que Dany con sus labios ligeramente abiertos y sus cabellos plateados enmarcando su rostro, Dany nunca había conocido a un hombre mas guapo, tan valeroso, tan valiente, tan digno de ella… quizá demasiado digno.
Ese era un pensamiento que jamás había cruzado su mente hasta que conoció a Jon Snow, que tal vez era ella quien estaba fuera de su liga. Dany se estiró y sostuvo el rostro de Jon entre sus manos, incluso después de todo este tiempo, seguía siendo cauteloso con sus cicatrices. Deslizó su pulgar por la cicatriz que adornaba su ojo izquierdo, sus ojos se suavizaron aun mas mientras ella hacia eso.
—Yo… yo te amo, Jon,— sus ojos comenzaron a llenase de lagrimas.
Envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Dany, juntando sus labios apasionadamente; las manos de Dany firmante en su rostro mientras él la levantaba y la planeaba firmemente en la cama. Rápidamente encontró a Jon besando de su cuello hacia abajo, bajando por él valle entre sus pechos, hasta su ombligo.
Dany se apoyó sobre sus codos mientras Jon bajaba más, sus suaves besos sobre su piel eran agradables, como lo era el sentimiento de sus manos bajando por los costados de sus piernas. Dany no era ajena a las practicas de Jon en la cama, sabía qué podía hacer con esa boca suya, así que se recostó, cerro los ojos y mordió su labio inferior esperando la nirvana que su amante le otorgaría.
Decir que Jon era talentoso con su lengua era una gran subestimación.
La reacción de Dany fue instantánea cuando su boca se abrió con un jadeo silencioso, su Lobo comenzó a trabajar en complacer a su Reina, dejando que cada onza de tensión abandona su cuerpo.
Jon amaba complacer a Dany de esta manera, probando la piel suculenta entre sus labios mientras él la complacía en la forma más intima. ¿Porque no todos los hombre complacían a su mujer de esta manera? Mientras probaba a Dany, podría escucharla luchando por mantenerse callada.
Ya no estaban en el barco, tenían que ser sutiles, o al menos más sutiles de lo que habían sido. Esos significaba que no podía hacer gritar a Dany como solía hacerlo en el barco, lo que era una terrible pena.
Su solo grito le hacia sentirse como un verdadero Lobo, pero sus gemidos y jadeos le hicieron sentí mas. Se haya sentido como un Lobo en el pasado, durante tiempos de grandes dificultades, pero justo ahora, y siempre que estaba con ella, se sentía como un Dragón.
Dany se mordió la mano, tratando de sofocar cualquier ruido, excepto sus cortos jadeos y gemidos cada vez que él la lamía.
—Jon, por favor… ahora,— jadeó Dany.
Jon dejó su lugar entre sus piernas y sé deslizo hacia ella, encontrándose cara a cara con su amante y Reina. El fuego en sus ojos hicieron arder su alma; cuando se conocieron, eran opuestos, Fuego y Hielo, pero ahora, con el cerniéndose sobre ella, podría ver el fuego que igualaba el de ella.
Un fuego que jamás pensó que alguien más pudiera comandar.
Dany dejó salir un silencioso jadeo al sentir a su amante entrar en ella, su feminidad cediendo al hombre que había conquistado su corazón. La mano derecha de Jon encontró su camino debajo de Dany y la sostuvo por la parte baja de su espalda, su izquierda agarró su cabeza para encontrarse con ella en un beso apasionado.
Su pasión sonaba por todo la habitación mientras el Dragón y su Lobo hacían el amor, el susurro de las sábanas cuando la mano derecha de Dany se aferraba a la cama debajo de ella y su izquierda a los obscuros rizos de su amante.
No paso mucho tiempo hasta que su pasión llego a un punto crítico, con los jadeos de Dany y los suspiros de Jon mezclándose en el espacio entre sus labios. La mano de Jon se aferró a la parte de atrás de la cabeza de Dany para sostener suavemente su mejilla y acariciar su esbelto cuello. La pequeña forma y la aterciopelada piel de su amante alimentaron su pasión mientras le daba todo lo que tenía.
—Jon… yo… yo…— jadeó Dany, sus ojos violetas miraron profundamente las orbes grises metálicas de Jon.
—Lo sé, Dany… déjate ir para mí,— susurró Jon apasionadamente mientras su pulgar acariciaba su garganta.
El amor entra por los ojos, Khaleesi. Las palabras de Doreah hicieron eco en el fondo de su mente. Y mientras Dany llegaba a su cima, vió la ardiente pasión oculta detrás de la mirada de Jon, ella había estaba buscando el hogar durante mucho tiempo.
Solo fue aquí, en los brazos de Jon Snow que Daenerys Targaryen encontró su verdadero lugar, su verdadero hogar.
Con un último suspiro, Dany se dejo ir, toda su tensión, toda su tristeza, todo el miedo y la angustia que había sufrido desde que supo el destino de Viserion, se borro mientras disfrutaba del amor que Jon le brindaba.
Jon se liberó dentro de la mujer a la que se había entregado, no, la Diosa a la que se había entregado. Sentir su liberación alrededor de él, era diferente a cualquier otro sentimiento que hubiera experimentado. Algo los había reunido, algo se había asegurado de que se conocieran, y quien quiera que fuese, estaría eternamente agradecido por ello.
Mientas el Lobo del Norte y su exótico Dragón yacían ahí, jadeando y recuperando el aliento, Jon rodó sobre su espalda, Dany apoyó su cabeza contra su pecho cicatrizado y escuchó los suaves latidos de su corazón. Disfrutando del resplandor de su unión, ambos, Jon y Dany yacían, el crepitar del fuego y las respiraciones lentas y constantes eran los únicos sonidos en la habitación.
—Lo dije en serio… con cada fibra de mi ser,— Jon finalmente rompió el silencio, Daenerys miro hacia arriba y ahueco su mejilla con su mano.
—¿Decir qué?— preguntó, la Reina Dragón se había ido, remplazada por la mujer llamada Dany.
—No importa qué pase… nunca voy a dejarte,— Jon susurró, tomando la mano de Dany y llevándola a sus labios.
Dany sonrió y le dió un suave y amoroso beso en los labios antes de descansar la cabeza contra su pecho. Tanto el Lobo como el Dragón contentos de descansa en los brazos del otro, y por unos momentos, olvidando el mal que lentamente hacia su camino hacia Winterfell.
El frío del Norte parecía volverse cada vez más y más intenso, entre mas te acercabas a el Muro. Mientras más cerca más eran las probabilidades de que te congelaras, especialmente cuando llegaba el invierno. Si los vientos no reclamaban cualquier carne expuesta que tuvieras, cualquier cosa que estuviera suelta al otro lado del muro sin duda lo haría.
Un pequeño pueblo, apenas una aldea, con unos cuantos edificios de granjas cerca unos de otros. La nieve creaba una gruesa manta de frío como la muerte misma, los aullidos del viento sonaban como la mayor manda de Lobos Huargo que se hubiera reunido jamas.
Tormund, Beric y los seis sobrevivientes de Eastwatch, 3 de la Gente Libre, y 3 Guardias de la Noche, tropezaban a travez de la nieve, armas desenvainadas y listas para la batalla mientras inspeccionaban los alrededores en busca de Espectros que pudieran estar esperando para emboscarlos.
Fue entonces cuando Tormund lo vió, una sola choza de piedra con luz emanado desde el interior, alguien había encendido un fuego adentro. Hizo algunos gestos con las manos a los hombres restantes, ellos asintieron y lentamente se acercaron al edificio.
Una vez que Tormund se paro frente a la puerta, tenía su espada corta lista en la mano derecha. Lento y seguro, empujó la puerta para abrirla, pero lo que no estaba esperando fue que la puerta se abriera de par en par y un hombre vestido de negro destellara una espada de acero en su cara.
Beric encendió su espada larga y un grito de batalla colectivo se escucho cuando se encontraron cara a cara con sus enemigos.
—¡ATRAS! ¡TIENE LOS OJOS AZULES!— Edd gritó mientras sus hombres desenvainaban sus espadas.
—¡SIEMPRE HE TENIDO LOS OJOS AZULES!— gritó Tormund, extendiendo sus brazos.
Un momento de silencio paso antes de que Edd dejara salir un suspiro de alivio, agarrando la mano extendida de Tormund y jalando para darle un fuerte abrazo. Con una fuerte palmada en la espalda, Edd se hizo hacia mitras y guardó su espalda antes de decir, —entren y calientense.—
Unos minutos después, el resto de los hombres se habían reunido al rededor del fuego, comiendo cualquier sobra de comida que los otros habían traído consigo. Pan duro, carne seca, cerveza desabrida y agua se pasaban entre los sobrevivientes.
—Me alegra ver que algunos sobrevivieron. Pensamos que cuando Eastwatch cayó, todo hombre estaría caminando con el Rey de la Noche,— dijo Edd, calentando sus manos sobre el fuego.
—Siento haberte decepcionado,— contestó Tormund después dede comer un bocado de carne seca.
—¿Ya pasaron Los Muertos por el pueblo?— Beric preguntó, deslizando una piedra de afilar por su espada larga.
—No lo sabemos, no encontramos ningún cuerpo, ni sangre… solo casas vacías,— respondió Edd.
—Podrían haber evacuado. Ir hacia Winterfell parece la mejor opción cuando hay un agujero en donde Eastwatch solía estar,— continuó Beric.
—El hermano del Rey Cuervo debió advertirles cuando pasó, el pequeño carbrón es un cambiapieles después de todo, probablemente lo vió mientras graznaba en la parte superior del Muro,— dijo Tormund, antes de desgarrar una pedazo de pan duro y masticarlo.
—¿Cómo llegaron aquí tan rápido?— preguntó Beric.
—Tomamos todos los caballos del Black Castle. No tiene sentido vigilar el Muro si los Muertos ya lo pasaron, venimos aquí esperando que sí había algunos sobrevivientes de Eastwatch los encontraríamos aquí,— explicó Edd.
—¿Tienen suficiente para todos nosotros?— preguntó Tormund.
—Tenemos los caballos en un establo a unas chozas de aquí, algunos de nosotros vamos a tener que montar en pares, pero sí. Solo unos días a todo galope y estaremos ahí antes que los Muertos,— respondió Edd, frotando las manos para calentarse.
—¿… No deberían estar aquí ya? He visto a los cabrones inundarnos como si nada, aun así, permanecen detrás de nosotros,— dijo Tormund con un incomodo escalofrío en su voz.
—No tiene sentido, fácilmente pudieron haber llegado aquí antes que nosotros, es casi como si estuvieron esperando por algo,— contestó Beric.
—¿Esperando por qué? ¿Una jodida invitación?— dijo Tormund.
—Bueno, no importa la razón, nosotros…— Beric comenzó a hablar hasta que todos escucharan un sonido.
Un sonido chasqueante, como el chirrido de los huesos, rápidamente seguido por un sonido de golpeteo contra el techo de la cabaña. La nieve cayo entre la paja del techo de la casa, sobre el fuego. Tormund, Beric y Edd intercambiaron una mirada antes de que se levantaron al mismo tiempo, junto con el resto de los 15 miembros de la Guardia Nocturna y la Gante Libre.
Todos sacaron sus armas y caminaron hacia la puerta.
Tormund salió primero, y sus ojos inmediatamente fueron al techo de la casa para ver qué hacía ese ruido. Esperaba ver un Espectro o algún animal No Muerto, pero lo que vió fue mucho peor y mucho más aterrador. Algo sacado de las historias que su padre la contaba en noches particularmente malas.
Ahí, sentada en el techo de la choza, estaba una araña, una araña blanca mas grande que un lobo. Ocho patas delgadas adornadas con púas, enormes ojos rojos bulbosos, con una mandíbula llena de colmillos y dientes.
—Tienes que estar jodiendome,— maldijo Tormund a cualquier Dios que estuviera escuchado.
El sonido chirriante que emanaba de la Araña de Hielo sonaba como algo sacado de una pesadilla, mientras los otros hombres emergían de la cabaña tan silenciosamente como podían, la araña parecía ajena a su presencia.
—¿Es lo que pienso que es?— Susurró Beric a Tormund.
—Si… una señal de que los Dioses nos odian,— respondió.
Otras tres arañas pálidas se escurrieron por el techo desde el otro lado, haciendo el mismo chirrido antinatural que la primera. Delgadas lineas de saliva caían por sus fauces mientras chillaban y hablaban.
*¡CRACK!*
Un hombre la Guardia de la noche accidentalmente se paro sobre un palo enterrado en la nieve, y en un momento de miedo puro y sin adulterar, las cuatro Arañas de Hielo lo miraron, esos brillantes ojos rojos vieron directamente a su alma.
El hombre ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar cuando las cuatro abominación saltaron sobre él y comenzaron a clavar sus enormes colmillos en su carne, envolviendo sus horribles patas alrededor de él para evitar que se defendiera.
La nieve alrededor del hombre se volvió roja mientras las arañas destrozaban su torso, una araña arrancaba sus entrañas del vientre y se deleitaba con ellas mientras el hombre gritaba de terrot, otra araña envolvía sus mandíbulas alrededor de la mandíbula del hombre y se la arrancó brutalmente de la cara.
—¡MIERDA!— gritó Tormund con horror cuando la araña se dio la vuelta y dejo escapar un chillido profano, sangre y carne manchando de rojo su cara blanca.
Una araña saltó hacia Tormund pero se encontró con con una cuchilla clavada en su cabeza. Con una lluvia de sangre y una grieta en su caparazón, la cuchilla de Tormund atravesó la cabeza y su sección media.
Otra araña saltó hacia Beric, pero su espada flamante rebanó una de sus patas, haciendo que emitiera un chillido agudo de dolor mientras la extremidad cortada se retorcía y trataba de caminar por sí misma.
Tormund gritó en shock cuando la arañaba a la que había herido continuaba moviéndose y silbando, su cabeza hendida se tambaleaba débilmente mientras el resto de su cuerpo seguía en movimiento. Beric rápidamente introdujo su flamante espada en la araña, pendiendo fuego y causando que chillara fuerte.
—¡A LOS CABALLOS!— Edd gritó mientras corría a toda velocidad hacia la choza en la que habían dejado los caballos. Las Arañas de Hielo estaban demasiado distraídas con su comida que aun se movía y se retorcía, mientras le desgarraban las entrañas y devoraban cualquier carne tibia en que pudieran hundir sus mandíbulas.
Sin embargo, mientras se acercaban a la choza, pudieron escuchar a los caballos entrando en pánico adentro, y ese pánico se entendió inmediatamente cuando vieron lo que estaba parado en frente del edificio. Ahí, tan grande como un oso, había una bestia descomunal, felina, con dos sables como colmillos que sobresalían de su mandíbula superior.
Sus ojos brillaban de color azul y faltaban pedazos de su piel y carne, exponiendo el hueso debajo. Tormund reconoció esta bestia, era un Gato Dientes de Sable, un depredador nativo de mas allá del Muro. Los estaba mirando directamente, mostrando sus enormes dientes y sus afiladas garras mientras avanzaba lentamente hacia ellos.
—Ojalá hubiéramos traído mas de ese maldito Vidrio de Dragón,— maldijo Tormund mientras se prepara. Había sido capaz de matar un Gato Dientes de Sable vivo, pero uno no vivo… ¿con nada más que una pequeña daga? Sería lo mismo que entrar en un maldito molino de carne.
Si el Gato Dientes de Sable no los masacraba, entonces las arañas ciertamente lo harían.
Saltó hacia uno de la Gente Libre que se acercó demasiado y hundió sus enormes incisivos en su garganta, la sangre brotó de la herida mientras la garganta del hombre era arrancada limpiamente, la nieve blanca tornándose roja una vez más .
Un Guardia de la Noche trató de acercarse con una daga de Vidrio de Dragón pero el Gato Dientes de Sable dió un golpe con su pata, la mano del hombre salió volando con una lluvia de rojo. Cayendo de rodillas, el hombre apenas tuvo tiempo de echarse para atrás antes de que la Araña de Hielo saltara sobre la nieve y comenzara a desgarras su garganta mientras él gritaba.
Tormund, Beric y Edd se miraron el uno al otro, todos sabían que no saldrían vivos de esto. Prepararon sus armas mientras más arañas pálidas emergían con ojos hambrientos y mandíbulas enloquecidas, el Gato Dientes de Sable se acercaba lentamente.
De repente, una de las arañas chillo cuando una forma masiva saltó de la nieve y aterrizo con sus cascos sobre el cuerpo arácnido, aplastando su cabeza con un audible chasquido. Otra araña chillo antes de que un flamante Mangual (4) cayera sobre ella, casi despedazando su cuerpo antes de que saliera disparada, y se quemó.
Ahí, montando en la espalda del gigante Alce, estaba un hombre vestido de negro de pieza a cabeza, blandiendo un Mangual en llamas.
—¡SUBAN A SUS CABALLOS, AHORA! Gritó con un áspero acento Norteño, antes de cargar hacia el Gato Dientes de Sable con su Mangual, el depredador gruñó antes de que el látigo prendiera fuego en su cabeza.
Tormund, Edd y Beric se lanzaron en una loca carrera, usando esta oportunidad para entrar y traer sus caballos. El hombre misterioso peleó contra las arañas y el Gato Dientes de Sable con su látigo de fuego, cada vez que uno de ellos se acercaba demasiado, el Alce arremetía con sus astas o el Mangual los hacia retroceder.
Sin embargo, el Gato Dientes de Sable finalmente tuvo una oportunidad y hundió sus colmillos en el cuello del Alce, haciendo que el hombre cayera de su montura hacia el suelo cubierto de nieve. El Alce chilló mientras los colmillos del Gato Dientes de Sable hacían su trabajo, cortando la yugular y matándolo en segundos.
La Arañada Pálida saltó hacia el hombre, mostrando sus mandíbulas mortales, solo para ser cortada rápidamente cuando este desenvainó su espada. La hoja ondulada de Acero Valyrio hizo su trabajo con la Araña Pálida cuando la partió por la mitad.
El Gato Dientes de Sable comenzó a caminar círculos alrededor del hombre, mientras sostenía a Dark Sister son ambas manos, esperando a que la criatura atacara. La bestia saltó hacia él, quien rápidamente, casi expertamente, se adelantó y blandió su espada hacia abajo, cortando la pierna izquierda del Gato Dientes de Sable.
El monstruo gruñó y no le dio tiempo a recuperarse cuando el hombre blandió su espada de Acero Valyrio a través de su cuello, cortando hasta el hueso y tendón para decapitarlo.
Enfundo a Dark Sister en su cadera y camino hacia dónde estaba el ahora Alce muerto, suavemente pasando su mano sobre el pelaje del animal, —Gracias, chico. Descansa,— susurró antes de encender el cadáver con su Mangual.
El sonido de los caballos relinchando llenaron el aire mientras Tormund, Beric, Edd y los otros sobrevivientes salieron del edificio, levantando nieve mientras se acercaban al hombre con gran velocidad.
—¡VAMOS!— gritó Edd mientras señalaba uno de los caballos que quedaba sin jinete, el hombre rápidamente corrió hacia el caballo y saltó sobre su espalda, yendo a todo galope.
Cabalgando, los hombre abandonaron la aldea, las Arañas Pálidas que quedaban, renunciaron a perseguirlos y en su lugar se concentraron en devorar los cuerpos que dejaron atrás. No hace falta decir que todos estaban sorprendidos por el hombre misterioso.
Edd conocía el atuendo, sus ropas eran cueros negros de la Guardia de la Noche, y la espada que llevaba a su costado era de la mejor calidad que Edd había visto jamas. Tenía que admitir que había intentado echar un vistazo al rostro del hombre debajo de la mascara y capucha, pero todo lo que pudo ver fueron dos ojos grises como el acero.
Quien quiera que fuera esta hombre, le debían sus vidas.
(1) Es una tregua pactada con el enemigo.
(2) Elemento arquitectónico. Salientes verticales y regulares que coronan los muros perimetrales de castillos, torres defensivas, etc.
(3) Es conocido también como maza de cadena o látigo de armas, Es una vara de madera única a una cadena de cuyo extremo se encuentra una cabeza de metal con pinchos.
¿Quién creen que es este hombre misterioso? ¿Alguna idea?
P.D. Estoy en busca de beta para esta historia, si a alguien le interesa por favor mándenme un PM, gracias.
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