Disclaimer: Esta increíble historia es obra de Dakkaman777, basada en los personajes de los libros de George R. R. Martin y la serie producida por HBO, la traducción es completamente mía, con el debido permiso del autor.
Un agradecimiento especial a Striker, Julchen awesome Beilschmidt, Wtf, Yuna, majin soljam por haberse tomado el tiempo de dejarme unos reviews en los capítulos pasados.
Este capítulo me gusta mucho y creo que el final amerita que escuchen "Stay a Thousand Years" repetidamente ;)
Una vez más los invito a que sigan apoyando esta historia con sus reviews, favoritos y follows. Tal vez, si todo sale bien, el martes les tenga una sorpresita ¡yay! :) y por supuesto, now and always, FUCK CANON!
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Capítulo 5
Déjate ir
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—Debe admitir, mi Señora, que ella exuda cierto aire de decencia,— dijo Lord Royce mientras se sentaba junto a Sansa.
El Señor del Valle y la Lady de Winterfell se sentaron en lo que era la Sala de Guerra; habían terminado de de diseñar algunos planes más de batalla, y enviaron a Wolkan con más cuervos. En este momento, Sansa necesitaba ventilar algunas opiniones de las que no podía hablar con Jon. Royce era un hombre honorable, y probablemente el más leal a ella en todo Winterfell; si ella hablaba de más, sabía que Royce no lo diría.
Una de las mejores cosas de los Caballeros del Valle, honorables en extremo.
—Aires de decencia pueden fingirse fácilmente, mi Señor. Aun no sé si puedo confiar en ella, lentamente avanza, pero… simplemente no lo sé,— contestó Sansa, golpeando sus dedos nerviosamente en la mesa ante la que estaban sentados.
—Conocí al Rey Loco, mi Señora; también conocí a la Reina Rhealla y al Principe Rhaegar, ella se parece a su madre y hermano más que solo en apariencia,— respondió Royce.
—¿Cómo eran? Padre nunca nos hablo de ellos,— preguntó Sansa, cruzando las manos.
—La Reina Rhealla era un alma gentil… amable y cariñosa. El Principe Rhaegar era el modelo del caballero en muchos sentidos, era hábil y honorable, malditamente bueno sobre un caballo con una lanza, he de añadir,— Royce sonrió ante los recuerdos de eso último.
—Sigo escuchando estas historias… que Rhaegar era un buen hombre, un guerrero honorable que se preocupaba por la gente… aun así, secuestro y violó a mi tía Lyanna,— contestó Sansa.
—La guerra puede llevar a los hombres a hacer cosas terribles, mi Señora, y los Targaryen siempre han cabalgado al delgada línea entre la locura y la grandeza,— sintió Royce.
—Solo quiero estar segura de qué lado aterrizó la moneda de Daenerys,— respondió Sansa.
La puerta de la Sala de Guerra se abrió con un fuerte crujido, y entró la persona de la que estaban hablando. Vestida con un vestido gris con forro plateado estaba la Reina Dragón en persona, Daenerys Targaryen.
—Lady Sansa, ¿puedo hablar con usted a solas?— preguntó Daenerys con un tono majestuoso.
—Por supuesto, Su Alteza,— Sansa asintió a Lord Royce, quien se inclinó con respeto ante Sansa.
Lord Royce hizo una pequeña reverencia a Daenerys y saludó, —Su Alteza,— antes de dejar la habitación rápidamente. No era partidario del régimen de los Targaryen, pero sabía mostrar decencia y buenos modales siempre que era posible, los tipos caballerescos siempre lo hacían.
—No había tenido oportunidad de agradecerle por su hospitalidad. Jon dijo que la hospitalidad Norteña era como el Norte mismo, espinoso, frío y desagradable al principio… pero una vez que te acostumbras puedes sentirte en casa mas que en cualquier otro lado,— Daenerys sonrió mientras se acercaba a Sansa.
—Debo admitir, tras pasar mucho tiempo en el Sur, que Jon esta en lo cierto. Kings Landing era más cálido, acogedor y mucho mas glamourosos, pero nunca se sintió como casa,— respondió Sansa; dándose cuenta de la verdad detrás de esa declaración.
—No creo que alguna vez me haya sentido como en casa en algún lado. Estar huyendo de asesinos desde que puedes caminar tiende a tener ese efecto,— respondió Dany tomando asiento, Sansa se sentó inmediatamente después de ella.
Unos segundos de silencio se sintieron como años, mientras la pregunta flotaba en el aire, ninguna de las dos poderosas mujeres quería ser la primera en abordarla. La pregunta tan incomoda como peligrosa en los ojos de ambas, cómo meter la mano a una cesta llena de víboras venenosas. Tocarla o manejarla de forma incorrecta, podría significar un desastre. Pero Dany tenía que ser quien dirigiera, era una Reina después de todo.
—He notado tensión en el aire recientemente, cada vez que las dos estamos en la misma habitación,— dijo Daenerys dirigiéndose al elefante en la habitación.
—Si, también me he dado cuenta,— Sansa asintió con un suspiro, sintió algo de la tensión relajarse.
—Cuando Jon habló de ti, me dijo que eras inteligente, amable, decente y una fiera protectora de tu Casa,— dijo Dany, apoyando su brazo contra la mesa a su lado.
—… he de admitir, que antes de conocerte, esperaba una pequeña dama igual a las que escuchas en las historias. Educada, cortes y correcta con sus modales. Pero cuando te ví, solo ví una cosa…— comenzó Dany. Sansa temía cuáles serían las siguientes palabras.
—Ví los ojos de una mujer que ha pasado por el infierno. Una mujer que solía tener un poco de inocencia e ingenuidad en ella, hasta que el mundo lo destrozo y dejo alguien endurecido por la verdad,— dijo Dany, los ojos de Sansa se abrieron ligeramente mientras lo hacía.
—Nos parecemos mucho, Sansa. Han abusado de mí y he sido utilizada toda mi vida igual que tú; he sido sometida a tortura y me han profanado, igual que a ti. Entiendo cuan cruel puede ser el mundo con una mujer de nuestra posición,— continuó Dany, juntando sus manos frente a ella.
—Cosas tristes para tener en común,— contestó Sansa, tratando de aligerar él animo al menos un poco.
—Tenemos otras cosas en común. Ambas sabemos lo que significa liderar personas que no están dispuestas a aceptar el mandato de una mujer. Y las dos hemos echo un maldito buen trabajo, por lo que puedo decir,— sonrió Dany.
Sansa permitió que el fantasma de una sonrisa adornara su cara por unos segundos antes de recuperar la compostura.
—Y sin embargo, no puedo evitar sentir que estamos en desacuerdo entre nosotras, ¿por qué es eso?— Dany le dió una mirada triste.
La mirada que intercambiaron no necesitaba palabras para acompañarla, ambas sabían cuál era la razón. Era la única cosa que las conectaba y sin embargo, las distanciaba, la única persona en la vida de ambas que había dejado un gran impacto.
—Tu hermano,— suspiró Dany.
—Él te ama, ¿lo sabes?— pregunto Sansa retóricamente.
—¿Eso te molesta?— contestó Dany tan civilizadamente como podía. Le tomo toda la moderación que pudo reunir para no rugir con el fuego del Dragón. El amor entre ella y Jon no era tan unilateral como Sansa lo hizo sonar, la mera idea de que así fuera enfureció a Dany.
Pero esta era la hermana de su amado, tenía que darle una oportunidad.
—Los hombres hacen cosas escupidas por las mujeres, son fácilmente manipulables,— contestó Sansa. Dany tenía que admitir que había verdad en sus palabras, Daario solo peleó por ella debido a la belleza y el poder que encontró atractivos.
—Toda mi vida solo he conocido un objetivo… el Torno de Hierro. Tomarlo de vuelta de las personas que destruyeron a mi familia y casi destruyen la tuya, mi guerra era con ellos… hasta que conocí a Jon. Ahora estoy aquí, medio mundo lejos. Dime, ¿quién manipuló a quien?— preguntó Dany con la mirada mas amable que pudo dar.
Manipular no era la mejor palabra que podría haber escogido, pero pensó que era mejor lanzarla algunas de sus inflamatorias palabras a Sansa.
Sansa no pudo evitar soltar una breve carcajada y dejar que una sonrisa adornara su cara, tenia que admitir que Daenerys tenía un don con las palabras, y ciertamente podía entender a dónde iba. Si todo lo que le importaba a Dany era el trono, entonces ¿por qué estaría aquí?
—Debí haberle agradecido… en el momento que que llegó. Eso fue un error,— admitió Sansa, sintiéndose un poco más humilde en este momento.
Daenerys se estiró y tomo una de las manos de Sansa en las suyas, —estoy aquí, porque amo a tu hermano, y confío en el. Y se que es fiel a su palabra, es el segundo hombre en mi vida de quien puedo decir eso.—
—¿Quién fue el primero?— preguntó Sansa.
—Alguien más alto,— respondió Dany con cara seria.
Las dos perdieron la compostura con una rápida risa; sí, era un poco hipócrita de parte de Dany burlarse de la estatura de Jon, pero sentía que Sansa y sus otros hermanos lo molestaban por ello desde hace mucho tiempo. Todo estaba bien, y la tensión de la habitación parecía desvanecerse.
—¿Qué pasa después?— preguntó Sansa. —Derrotamos a los Muertos, destruimos a Cersei, ¿qué pasa entonces?— Sansa continuó mientras Dany asimilaba sus palabras.
—Tomo el Trono de Hierro,— dijo Dany con firmeza.
—¿Qué pasa con el Norte? Nos lo quitaron, y nosotros lo recuperamos, y dijimos que nunca nos inclinaríamos ante nade más otra vez. ¿Qué pasa con el Norte?— preguntó Sansa, el amor por su patria brillando.
Dany dejó escapar un suspiro antes de recostarse en su silla; su mano no dejó la de Sansa mientras sus ojos vagaban.
—No lo sé. Tengo una larga lista de errores que deben corregirse en este país. Por cientos de años el gobierno de Poniente ha sido una rueda. Targaryen, Baratheon, Lannister, Stark, Tyrell; cada uno de ellos ha sido un rayo en la rueda. Primero este esta arriba, después este otro, y sigue y sigue, aplastando todo debajo,— Dany transmitió las palabras que le dijo a Tyrion en Meereen.
Sansa no esperaba una respuesta como esta, intrigada mantuvo su atención en las palabras de Dany.
—Vine aquí con la intención de romero la rueda. Entiendo que quieras que el Norte tenga su independencia, y aunque sé que es bajo las mejores intenciones, no puedo mantener la paz si cada reino desea su independencia. Si me niego, entonces significa guerra, si cada nación gana su independencia entonteces ¿cuánto tiempo antes de que el Dominio se dé cuenta de que quiere el control sobre las Tierras del Río?— explicó Dany.
Era un situación difícil en la que se encontraron, Sansa lo entendió con cada palabra que dijo Dany. No era una tirana demente que quería dominar sobre todo Poniente, esta es una mujer que quería un cambio para el beneficio de aquellos que habías sido oprimidos en todo momento.
—¿Cuánto tiempo antes de que algún Señor de Guerra de las Tierras de las Tormentas se dé cuenta de que quiere tomar un pedazo de las Tierras del Oeste? Entonces es caos, sufrimiento para todos aquellos que no fueron lo suficiente afortunados para nacer en una familia noble. Mujeres y niños cuyos esposos y padres murieron en la guerra, mueren de hambre en las esquinas de las calles, huérfanos inundan las calles de cada capital, y muchos no sobrevivirán el Invierno. Los Siete Reinos serian peor que antes de que mis ancestros llegaran,— explico Dany.
La pregunta era desconcertante, Sansa no quería que la gente fuera esclava de un tirano, pero ahora podía ver que Dany no era un tirano. Los señores del Norte no les gustaría arrodillarse ante un gobernante extranjero, una Reina Targaryen.
—Puedo ver qué es un todo un acertijo,— Sansa contestó con un asentimiento.
—Solo un poco. Y eso es esperando que sobrevivimos lo que esta por llegar,— asintió Dany.
—Así que… ¿podemos habitar el mismo espacio de ahora en adelante, sin desgarrarnos la garganta entre nosotras?— preguntó Dany.
Sansa dejó escapar una risita divertida. No se habían desvanecido todas sus preocupaciones por completo, aun no confiaba en Daenerys al 100%, pero al menos ahora sabía con qué tipo de mujer estaba tratando. No era una tirana loca que quería que todos se sometiesen o muriesen. Era alguien con quien se podía razonar, con quien se podía hablar, ojalá alguien que pudiera escuchar.
Fue un buen comienzo.
Missandei de Naath caminó por los callejones y calles de Winterfell, haciendo su mejor esfuerzo por familiarizarse con el gris y monótono entorno que Jon Snow llamaba hogar. El frío clima no iba con ella, había nacido y crecido en climas tropicales. Así que la fría nieve y hielo, eran completamente ajenos a ella.
Por otra parte, era más fácil lidiar con el frío que con el calor. Si tenías mucho frío, en el Norte podías prender una fogata o ponerte una manta, capas extras de ropa. El calor del desierto de Essos era mucho más difícil de alejar, y solo podías contrarrestar los efectos.
La hizo sonreír él ver a unos Inmaculados comenzar a mezclarse con los hombres del Norte. Por mucho tiempo los Inmaculados habían sido un poco más que maquinas de matar, sin emociones humanas o personalidades propias. Daenerys se las había arreglado para regresarles su liberad, su orgullo, ella les dió propósito y un impulso.
Pero aquí, trabajando junto a los hombres del Norte, parecía como si estuvieran recuperado mas de su humanidad. Era un proceso lento, pero al menos había progreso.
Había unos cuantos soldados del Norte sentados en circulo con unos Inmaculados, muchos de ellos simplemente estaba comiendo o dandole mantenimiento a sus armas. Pero había algo curioso, un viejo Norteño estaba intentando ponerse su armadura, pero estaba teniendo problemas, cuando un joven Inmaculado se acerco para ayudarlo.
—Oh, gracias muchacho. Parece que me has estado ayudando mucho últimamente,— el viejo sonrió mientras él Inmaculado le ayudaba a ponerse la armadura.
—Mi Reina dijo a Inmaculado que ayudara, nosotros ayudamos,— respondió el Inmaculado, directo al punto.
—Bueno, estamos agradecidos con ella por la ayuda. Incluso si los Señores no lo están, es bueno tener algunas manos fuerte y jóvenes para ayudar en la guerra,— el Norteño sonrió mientras se rascaba su espesa barba blanca.
—Señores del Norte, ¿no agradecidos?— preguntó el Inmaculado.
—En lo que a nosotros respecta, la mitad de esos Señores pueden irse al infierno. Nosotros los Stark no damos lealtad a los títulos, damos lealtad a las acciones. Si Lord Jon quiere que sigamos a tu Reina, entonces considérala también nuestra Reina,— el Norteño asintió con la cabeza.
Los ojos de Missandei se abrieron un poco cuando escucho esta conversación, había esperado que algunos Norteños estuvieran agradecidos de que su Reina trajera todas sus fuerzas al Norte. Incluso si comenzaba solo con un viejo Norteño, no obstante era un comienzo.
—¿Cuántos años tienes, hijo?— pregunto el viejo Norteño.
—Veinte y cinco,— contesto el Inmaculado, abrochando la hombrera del hombre.
—Tenía un hijo que tendría tu edad ahora. Murió peleando por Robb Stark,— recordó el viejo.
Missandei sonrió mientras se alejaba, dándoles a los hombres su privacidad mientras se preparaban para la guerra. Después de unos minutos de caminar y ver a la gente a su alrededor, Missandei vio un par de niños pequeños mirándola atentamente; un niño pequeño con cabello castaño y una niña pequeña con cabello rubio. No había odio o desconfianza en sus ojos, sino curiosidad y confusión.
Missandei entendió que esto niños probablemente habían vivido vidas muy protegidas hasta ahora, y posiblemente nuca habían visto una persona como ella antes. Sonrió y caminó hacia ellos, agachándose para encontrase con sus miradas mientras ellos continuaban mirando.
—Hola,— los saludó con una sonrisa.
—H-hola,— saludó el niño.
—Mi nombre es Missandei, ¿cuál es el suyo?— dijo, tendiéndoles la mano enguatada.
—Y-yo soy Jory… esta es mi hermana… Uma,— respondió el niño pequeño, su brazo envuelto protectoramente alrededor de su hermana.
—Es un placer conocerte, Jory, y a ti también Uma,— sonrió de vuelta Missandei.
—¿Por qué eres café?— la pequeña niña conocida con Uma preguntó. Missandei la vio mientras la dulce niñita preguntaba algo tan… esperado de una manera tan directa. Lord Tyrion estaba en lo correcto, los Norteños pueden ser muy directos a veces.
—Porque soy de un lugar en donde el sol brilla todo el día, y de niños obscurece nuestra piel,— explicó Missandei de una manera en la que los niños pudieran entender.
—De dónde eres… Miss Sun Day (1)?— preguntó Jory.
—Missandei.. soy de una isla llamada Naath,— ella sonrió de vuelta, riéndose un poco de la mala pronunciación del niño.
—¿Es bonito ahí?— la pequeña niña Uma preguntó con los ojos muy abiertos.
—Es hermoso, el sol brilla todo el día y las aguas de los mares a su alrededor son de un azul brillante. Siempre hace calor y las mariposas son…
—¿Hay mariposas?— preguntó Uma, separándose de su hermano, y mirando a Missandei con ojos muy abiertos.
—Si, ¿te gustan las mariposas?— preguntó Missandei, riendo cuando la pequeña niña asintió con una gran sonrisa es su cara.
Missandei se encontró hablando con los dos niños más tiempo del que pensó, tanto tiempo, que se encontró sentada junto a ellos, envolviendo a los pequeños Uma y Jory en su capa para mantenerlos calientes mientras les contaba sobre Naath y Essos. Les contó la historia de cómo la Poderosa Reina Dragón, Daenerys Targaryen, la salvo a ella y a los Inmaculados de la esclavitud, y de cómo liberó las ahora Ciudades Libres de la Bahía de Dragones. Con cada palabra, los niños escuchaban con más y más atención, con la respiración contenida hasta que llegaron a dónde estaban ahora.
Missandei pensó que el Norte estaría lleno de gente amargada e ingrata, con corazones tan fríos como el hielo alrededor de ellos. Igual que aquellas personas que le dirigieron miradas de disgusto en su camino hacia aquí, no mejores que los Amos Esclavistas que pusieron un collas alrededor de su cuello y le dijeron que era menos que humana. Pero aquí estaba, hablando con estos dos niños encantadores que colgaban de cada palabra.
—¿En dónde estas su madre y su padre?— preguntó Missandei, mientras notaba que no había algún Norteño cuidando a estos niños. La sonrisa desapareció de la cara de ambos mientras Uma pareció retraerse en los brazos de Jory.
—Mamá murió de Viruela. Papá murió peleando antes… peleando por Robb Stark,— sollozó Jory.
—Lamento escuchar eso. Mi madre y padre murieron hace mucho tiempo también, entiendo el dolor,— Missandei envolvió sus brazos alrededor de los dos pequeños niños. Missandei noto los harapos que los niños estaban vistiendo y era imposible no escuchar los fuertes ruidos que hacían sus estómagos de que no habían comido en mucho tiempo.
La Reina Daenerys había venido a salvar al Norte, pero no podía hacerlo sola. Y Missandei no podía solamente sentarse mientras dos hermosos niños pequeños como Jory y Uma se morían de hambre en el frío.
—¿Tiene hambre?— preguntó Missandei, sus pequeñas caritas se iluminaron por su ofrecimiento.
—Vamos… les daré comida, y una habitación caliente para dormir,— sonrió Missandei mientras envolvía su capa fuerte alrededor de ellos y se levantaba.
Su corazón se calento cuando Uma le agarro la mano y miró hacia arriba, sus ojos llenos de esperanza. Jory comino alrededor y agarro la otra mano de Missandei, sonriendo con la misma alegría.
Missandei de la Isla de Naath no iba a hacerse de la vista gorda, ella había sufrido en su vida debajo de las botas de aquellos con poder. Entendía lo que era ser dejada de lado para morir de hambre, ser ignorada como si fuera algo menos que humano. Fue en este momento, con dos niños del Norte a su lado, que siento que estaba haciendo un cambio para mejor.
¡HIIISSSSSSSSS!
El sonido del Vidrio de Dragón líquido que era vertido en moldes, llenó el aire. El líquido de obsidiana era un material difícil de trabajar, si eras muy suave se volvía frágil y fácil de romperse, si eras muy duro no sé moldearía bien y se trasformaría en formas inutáilizables.
Afortunadamente, Gendry Waters era un herrero entrenado, le había enseñado uno de los mejores maestros herreros en los Siete Reinos, tal vez del mundo. Uno de los pocos hombres capaces de volver a trabajar el Acero Valyrio, una habilidad que Gendry se las había arreglado para aprender en su tiempo trabajando en Kings Landing.
Dar forma al Vidrio de Dragón a un estado en que se pudiera usar, era duro pero no imposible. Simplemente requirió mucha habilidad y mucha paciencia.
Era bueno que Gendry no fuera el único herrero trabajando, habían estado trabajando durante todo el día durante días, incluso antes de que el cargamento principal de Vidrio de Dragón llegara. Lanzas, hachas y cuchillas de Vidrio de Dragón eran suficientemente fáciles de crear. Las puntas de flechas eran imprescindibles, los fragmentos perdidos podían ser usados en las fortificaciones.
Los escudos de los Inmaculados y las arakhs de los Dothraki no podían ser echas a granel, así que era mejor cubrir los bordes con Vidrio de Dragón en lugar de desperdiciarlo. El tiempo también era esencial, con el Ejercito de los Muertos en su camino hacia Winterfell, había muy poco tiempo para gastarlo en crear algo de mucha belleza.
Funcionalidad sobre estilo, palabras por las que muchos herreros se regían.
—¡Gendry! Esta aquí,— unos de los otros herreros llamo al bastardo Baratheon. Gendry sabía exactamente con quién estaban hablando mientras buscaba el hacha de batalla con doble filo de Vidrio de Dragón, de una mesa de trabajo cercana.
—Sabes, es difícil hacer una hoja así de grande de Vidrio de Dragón,— dijo Gendry mientras se acercaba y le entregó el hacha al hombre que la había encargado.
El Perro, Sandor Clegane.
—Por el amor de Dios, chico, ya no estas vendiendo tu mierda en Kings Landing,— respondió Sandor mientras tomaba el hacha e inspeccionaba la hoja.
—Todo lo que estoy diciendo, es que es un material complicada para…
—¿Esto se va a romper la primera vez que la use?— pregunto Sandor.
—No,— contesto rapidamente Gendry.
—¿Matará a los Espectros?
—Debería,— asintió Gendry.
—Bien, eso es todo lo que malditamente importa. No necesito que me vendas tus piezas como una puta callejera,— dijo Sandor mientras paseaba el pulgar por el filo de la hoja.
—Déjalo en paz,— llegó una voz familiar y femenina por detrás.
Los dos, Sandor y Gendry se dieron la vuelta para encontrarse con los ojos de la chica que ninguno había visto por mucho tiempo. De pie, vistiendo cueros de los Starks y pieles, estaba la Loba Salvaje en persona, Arya Stark. Gendry y Sandor tenían dos muy diferentes ultimas impresiones de la chica frente a ellos. La ultima vez que Gendry había visto a Arya, ella estaba gritando por él mientras la Mujer Roja se lo llevaba para ser masacrado como un cordero para sacrificar.
Sin embargo, Sandor se puso de pie y camino hacia Arya, todavía siendo más grande sobre su pequeña figura. Pero el Perro podía ver qué había cambiado, sus ojos eran diferentes, su postura era diferente, estaba visiblemente armada hasta los dientes. Todavía llevaba esa pequeño palillo de dientes a un costado, pero se veía bien, considerando todo.
—Me dejaste para morir,— declaró.
—Primero te robe,— contestó Arya.
Los ojos de Sandor se entrecerraron mientras la inspeccionaba, uno no podía decirlo a menos que tuvieras un ojo entrenado, pero ella definitivamente se había endurecido desde la ultima vez que la vió. Ya no era solo una pequeña niña, era delgada y bien entrenada, su postura estaba lista para entrar en acción en cualquier momento.
Tenía los ojos de una asesina ahora.
—Eres un pequeña perra fría, ¿verdad?— preguntó Sandor a sabiendas.
La ceja de Arya simplemente se levantó.
—Supongo que es por eso que has sobrevivido tanto tiempo,— la cara de Sandor lentamente cambio de una mirada entrecerrada a probablemente la sonrisa más gentil que alguna vez haya tenido. El Perro se alejo, su hacha de Vidrio de Dragón en una mano mientras dejaba a los dos jóvenes solos.
—Esa hacha que hiciste para él es bonita, has mejorado,— Arya asintió hacia Gendry.
—Gracias, tú también,— contestó. Un incomodo segundo paso mientras Gendry se dió cuenta de que lo que había dicho, se escucho mal, la ceja levantada de Arya se lo indicaba.
—Y-yo quiero decir, te ves… bien,— Gendry se encontró un poco atado de la lengua.
No era un sorpresa, a última vez que la vió, era una pequeña niñita con mugre en la cara y vestida como un chico. Ahora aquí estaba, años después, todavía bajita pero… definitivamente más madura. Se mantenía con una confianza que le hacia imposible no encontrarla atractiva, su cabello color chocolate se veía exquisito, y su elección de vestuario la hacia ver cada centímetro como un Lobo.
—Gracias, tú también,— ella contestó, vapor saliendo de su boca mientras hablaba en el aire frío.
Arya misma tuvo que admitir, el herrero que había conocido había crecido sustancialmente bien. Ya no era un chico bien formado, si no un hombre con una cara endurecida y una… figura bien construida. No era una sorpresa ya que había pasado su vida amartillando el acero para darle forma. Gendry pareció notar los ojos de Arya vagar, e inmediatamente sintió la necesidad de romper el hielo.
—No es un mal lugar para crecer, si no te molesta el frío,— dijo Gendry mientras caminaba a su banco de trabajo.
—Mantente cerca de esa forja entonces.
—Oh, ¿eso es un orden, Lady Stark?— contestó Gendry, levantando una espada de Vidrio de Dragón para inspeccionarla.
—No me llames así.
—Como desee, mi Lady,— le sonrió Gendry. Los recuerdos de tiempos pasados regresaron rápidamente a sus mentes, recuerdos felices de su tiempo con Yoren, Pastel Caliente y Lommy. Es cierto que esos no eran tiempos que la gente pesaría felices, estaban en su camino al Muro, y por lo que Jon le había dicho, no era un lugar que Pastel Caliente, Lommy o Gendry les hubiera gustado.
Lenta pero segura, una sonrisa regreso al rostro de la joven mujer en que Arya se había convertido. Ya no era la niña pequeña haciendo su mejor esfuerzo por ser un caballero, tampoco era la asesina sin emociones, ni identidad propia. Ya no sabia quién era, pero estaba recuperando cosas día tras día. Y encontrarse con Gendry de nuevo, le recordó otra parte de ella que los Hombres sin rostro habían tratado de borrar.
Alcanzando sus bolsillos, Arya sacó un rollo de pergamino en el que había hacho un diseño antes, —aquí esta mi deseo,— dijo mientras se lo entregaba a Gendry. El joven herrero miro el diseño, dos cuchillas de Vidrio Dragón conectadas por un mango de madera desmontable. Nada demasiado complicado, sin gran dificultad y fácil de fabricar con los materiales a la mano.
—¿Puedes hacerlo?— preguntó Arya, un desafío silencioso.
—No debería ser tan difícil, pero ¿por qué quieres algo como esto?— preguntó Gendry.
—¿Puedes hacerlo, o no?— preguntó de nuevo.
—Tu ya tienes una espada, y ¿qué es eso?— preguntó Gendry señalando hacia Catspaw (a). Arya dejo ir el hecho de que Gendry de alguna manera había olvidado que la cuchilla de acero como Needle (b) no sería muy útil contra los Caminantes ni sus soldados.
Desenvainó la daga y se la entregó a Gendry, en segundos reconoció el acero ondulado de la hoja y miró a Arya con una mirada de asombro.
—Esto es Acero Valyrio… siempre supe que eras solo otra niña rica,— dijo con una sonrisa burlona. Solía disfrutar meterse bajo su piel con pequeños comentarios como ese, había esperado que invocara una reacción como las que ella solía tener, hacer una mueca antes de empujarlo.
No esperaba que ella se inclinara hacia su oido y susurrara,— tu no conoces ninguna niña rica,— tal vez en la manera mas seductora que pudo. Ni siquiera notó que ella volvió a tomar la daga de sus manos hasta que la enfundo en su cadera.
Gendry solo pudo quedarse ahí, absolutamente atónito porque la niña que una vez conoció había crecido en una mujer fuerte. Ella le sonrió con esos ojos como lobos, antes de irse caminando, de la manera mas segura posible, cada centímetro de Loba.
Arya Stark ya no era una niña pequeña.
Y Gendry Waters lo sabía.
—Nuestras defensas consistirán el cuatro perímetros principales, primero una barricada formada por arboles talados a unos 300 metros de los muros, asegurense de mantener las ramas intactas, cualquier cosa que pueda entorpecer los movimientos de los Espectros. No tiene que verse bien, solo tiene que reducir su velocidad, dividir sus filas, obligarlos a amontonarse,— Jon se dirigió hacia Jorah, Gusano Gris, Qhono, los Comandantes del Norte y Lord Royce, flanqueado por varios Caballeros del Valle.
—Debería haber un espacio de 150 metros entre la primer barricada y la segunda, aquí es en donde los Dothraki y Caballeros del Valle pueden cabalgar y destrozar a los Espectros. Desde ahí, a unos 100 metros de los muros debería haber una trinchera simple para de nuevo dividir sus números, hay que asegurarse de que hay pasarelas retráctiles por si nuestras fuerzas necesitan rutas alternativas en la retirada,— Jon señalo hacia donde los Inmaculados y Norteños ya estaban cavando.
—Solo espero que los Dothraki sepan cómo mantener el ritmo con una carga en armada,— Lord Royce levantó una ceja hacia Qhono.
—El hombre viejo debería saberlo, será lento con su vestido de metal,— respondió Qhono en Dothraki. Jorah se rió por la respuesta, lo que llevo a Royce a mirar a Qhono.
—Después vienen las defensas tripuladas, fortificaciones afiladas con Vidrio de Dragón, hechas como embudo para que pueda aminorar a los Muertos y obligarlos a abandonar su ventaja numérica. Si obligamos a los Muertos a entrar en forma de cuello de botella, nos dará tiempo para diezmarlos, trincheras mas pequeñas en frente de las fortificaciones deberían ayudar si tenemos tiempo,— Jon dirigió a los hombres hacia donde se estaban construyendo las fortificaciones.
—En frente de las defensas tripuladas habrá trincheras llenas de mimbre, aceite, cualquier cosa inflamable que podamos meter dentro, cubierta con puntas afiladas, no hay necesidad de desperdiciar Vidrio de Dragón con esto. Si los Muertos comienzan a abrumarnos, tendremos que prender las trincheras tan pronto como sea posible,— terminó Jon.
—¿Qué hay de los Dragones? ¿Cuándo entran en jugo?— preguntó Royce.
—La Reina Daenerys volará con Drogon de un lado al otro, lloviendo fuego sobre los No Muertos cada vez que tenga oportunidad. Todavía tengo que trabajar algunos detalles con ella sobre cómo usará a Rhaegal en batalla, o cómo tendrá la mejor oportunidad contra Viserion en los cielos,— respondió Jon.
—Tenerla allá arriba sola es un error, si sucede lo peor, estará arriba sin apoyo,— Jorah le contestó a Jon, su preocupación por Daenerys igualando la de Jon.
—Tendrá dos Dragones, eso es mas de lo que nosotros tenemos,— respondido Royce.
—De hecho los tengo, Lord Royce… estaba a punto de informarle a Lord Snow sobre mis planes,— llegó la familiar voz de la Reina Dragón desde atrás.
Ahí estaba, la Poderosa Reina Dragón en persona, Daenerys Stormborn. Vistiendo su abrigo de piel blanca que la hacia mezclarse tan bien con el paisaje, parecía una Reina del Norte ahí en la nieve, con sus franjas rojas destacando contra el blanco. A su lado caminaban dos de los mejores Jinetes de Sangre de Qhono, defendiendo a su Khaleesi de cualquier que quisiera dañarla.
—Su Alteza, nos alegra que pueda unirse a nosotros, estábamos discutiendo planes de batalla,— Jon asistió con la cabeza en señal de saludo.
—No tengo dudas. Pero la siguiente etapa de los planes requiere que hagamos uso completo de Drogon y Rhaegal, y yo no puedo montar dos Dragones a la vez,— Daenerys sonrió mientras se acercaba a Jon.
—¿Qué esta sugiriendo?— preguntó Jon con una ceja levantada al igual que todos los demás presentes.
—Mis Señores, sí puedo robarles a Lord Snow por un momento,— dijo Daenerys mientras se paraba junto a Jon.
¿Por qué Jon no tenía un buen presentimiento sobre esto?
Unos minutos más tarde, después de que los Lords y comandantes se hubieran ido a continuar con los preparativos, Jon se enteró. Y la mirada de sorpresa en su cara provoco momentáneamente que Daenerys soltara una de sus raras risitas, y eso de alguna manera ayudó a calmar los nervios de Jon. Ver a la Reina soltarse y disfrutar el momento de alegría hizo maravillas por él, amaba verla feliz. Pero aun así… su propuesta no era algo que un estudiante de historia aceptara con una sonrisa. Mientras Jon y Daenerys caminaban a travez de la nieve hacia su destino, con Winterfell encogiéndose en la distancia, habló libremente al igual que ella.
—¿Quieres que yo… monte… un Dragón?— preguntó Jon, vapor saliendo de su boca junto a sus palabras.
—Por tercera vez, Jon, sí,— sonrió Dany mientras deslizaba un brazo alrededor de Jon y se apoyaba en él mientras caminaban. Disfrutaba ser así de libre con él, libre de tocarlo y hablar como quisiera.
—De acuerdo, tocar a Drogon mientras tu estabas montándolo es una cosa… pero montar un Dragón solo…
—Rhaegal, él tiene nombre, ¿sabes?— contestó Dany rápidamente.
—Lo siento… pero montar a Rhaegal por mi cuenta es un asunto completamente diferente. He leído historias sobre lo que pasa cuando aquellos sin sangre Valyria trata de montar Dragones. Y ser quemado vivo por uno no es la forma en la que pretendo morir,— contestó Jon.
—No te preocupes, mi amor. Tengo una teoría,— Dany se rió.
—¿Una teoría? ¿Sobre qué?— preguntó Jon.
—Creo que podrías tener algo de sangre Targaryen en ti, del lado de tu misteriosa madre,— contestó Dany, encontrándose con los ojos de Jon.
—¿Perdona?
—La Casa Targaryen no son las únicas personas en el mundo con sangre Valyria. Casa Dayne, Casa Baratheon incluso Casa Martell tienen rastros de sangre Targaryen en sus venas,— continuó Dany con su teoría.
—Pero mi madre era de cuna humilde, no era una Dayne o Baratheon y ciertamente no era una Martell,— respondió Jon.
—Tal vez un descendiente de un Blackfyre (2), o de un bastardo Targaryen que sobrevivió la Danza de los Dragones. Si hubieras acariciado a Rhaegal o Viserion en Dragonstone no estaría pensando esto… pero Drogon solo me ha permitido a mi tocarlo, hasta que tú lo hiciste,— sonrió Dany.
—¿Y realmente quieres que me trepe en la espalda de Rhaegal y lo monte con a un caballo?— preguntó Jon.
—Los Dragones no son caballos, Jon. Son mucho más que bestias a las que montas, son inteligentes, sensibles; pueden sentirte y tu puedes sentirlos en formas en que la gente normal nunca podría entender,— Dany trato de poner los sentimientos en palabras.
—No tengo idea de que estas hablando,— Jon rió, ganando un juguetón golpe en el hombro.
—Ya veras,— Dany se rió con él.
Los dos enormes temas de la conversación aparecieron a la vista, royendo los huesos carbonizados de cabras y ovejas, los fuertes gruñidos de los dos hermanos sonaron como un trueno cuando notaron la llegada de su madre y su pareja. A Drogon, el de cabello negro le gustaba, a diferencia de los otros humanos él olía… bien.
Rhaegal solo había visto al de cabello negro desde la distancia, pero podía sentir lo que su madre sentía. Este la hacia feliz, así que le daría una oportunidad antes de quemarlo… si su madre se lo pedía. Por otra parte, entre mas se acercaba a él y a su hermano, la forma en la que olía… podía olerlo… olía bien. No olía como presa o un enemigo que debería ser destrozado, el olía, como pariente.
Los dos hermanos se animaron cuando Jon y Daenerys se acercaron, los ojos de Jon estaban prácticamente fijos en Rhaegal, y el Dragón verde esmeralda tenía sus ojos fijos en Jon. Era más pequeño que Drogon, pero seguía siendo un Dragón que respiraba fuego cuyos ancestros habían incendiado a los enemigos de Aegon.
—No han comido mucho,— dijo Dany mientras se acercaba y apoyaba su mano en el hocico de Drogon.
Jon casi dejó salir una risita temerosa cuando miró la cantidad de restos carbonizados que estaban esparcido por todas partes. Si esto no era mucho, entonces ¿que en los Siete Infiernos constituía un festín para un Dragón?
—¿Por qué no? ¿Qué esta mal?— pregunto mientras Rhaegal bajaba su cabeza al nivel de Jon.
—Su hermano murió aquí… la nieve probablemente se los recuerda,— Dany pasó su mano por las escamas de Drogon mientras este daba un bajo gruñido.
Jon vió los ojos de Rhaegal mientras se acercaba a él, el Dragón obviamente estaba oliendo con la cantidad de bufidos que estaba dando. La forma en que sus grandes ojos siguieron a Jon alrededor definitivamente hablaban mucho sobre la curiosidad que el Dragón estaba mostrando.
—Esta tratando de conocerte… no tengas miedo,— dijo Dany mientras frotaba sus manos a lo largo del hocico de Drogon.
Jon se adelanto constante y lentamente para no asusta a Rhaegal. Si asustabas a un caballo se encabritaría y relincharía, no quería saber qué pasaba si asustabas a un Dragón. Pero antes d que Jon lo supiera, se encontró con la mano de Daenerys alrededor de la suya y guiándolo hacia la piel escamada del Dragón.
—Siéntelo… siente su respiración… siente su calor,— susurro Dany en el oido de Jon.
Jon lentamente cerro sus ojos y dejo vagar su mano, podía sentir cada respiración que Rhaegal tomaba, cada latido de su corazón, la fuerte armadura blindada del Dragón bajo sus manos. Se sentía como si cada respiración que Jon tomaba estaba en sincronización con la de Rhaegal, era una sensación rara, nada como lo que hubiera sentido antes. Casi podía sentir el poder en bruto surgiendo de las venas del Dragón, la magia que le dio vida.
—Bien, entonces… vamos a subirnos,— sonrió Dany y se alejó. Los ojos de Jon se abrieron de par en par y no vio nada más que una enrome pupila de hendidura amarilla que lo miraba fijamente.
Cuando levantó la vista, Dany ya había montado a Drogon como una experta, como si montar un Dragón fuera tan fácil como sentarse en una silla. La elegante forma en la que se sentaba sobre la poderosa bestia viva… Jon tenía que admitir que le provoco cosas.
—Vamos,— ella asistió hacia Rhaegal.
—No puede ser así de fácil… ¡no sé como montar un Dragón!— enfatizó Jon con sus brazos.
—Nadie lo hace… hasta que montan un Dragón. ¿Crees que yo era una experta la primera vez que me subí en Drogon?— Dany ladeo su cabeza.
—Pero… ¿y si él no quiere que lo haga?— preguntó Jon mientras miraba de un lado a otro entre una expectante Dany y un igualmente expectante Rhaegal.
—Entonces voy a extrañar nuestras cálidas noches juntos,— Dany le sonrió brillantemente.
Jon miró a Rhaegal a los ojos una vez mas, rezando a cualquier Dios que estuviera escuchando para que el Dragón no hiciera un tiro de 180 dados y le perdiera fuego o lo mordiera a la mitad. Lenta y constantemente camino hasta el lado de Rhaegal, Jon comenzó el asenso a la espalda del Dragón.
No tan majestuoso o elegante como su amada, cabe mencionar.
Cuando Jon cayó torpemente sobre la espalda de Rhaegal con gruñidos incomodos y de esfuerzo, Dany solo lo miró con una sonrisa divertida en la cara. Cuando Jon cayó de cara sobre la columna de Rhaegal, ella tuvo que mirar hacia otro lado para dejar escapar una breve risa.
Tomando un momento para disfrutar de Rhaegal, Jon miró a Dany y gritó.— ¿A qué me agarro?
—A lo que puedas…— dijo Dany con una sonrisa amorosa.
Jon agarro las púas que parecían lo mas estable para sostenerse, pero en el momento en que estuvo agarrado…
—¡WHOAAAAAAAAAA!— gritó Jon cuando Rhaegal se levantó en el aire y despegó a gran velocidad.
Dany sonrió agarrando las púas de Drogon y despegando, justo en la cola de Jon y Rhaegal. El poderoso batir de las las de los Dragones y la ráfaga que podría arrancar arboles de sus raíces llenaron el aire por primera vez en cientos de años.
Los Dragones bailaron.
Jon sintió soplar el viento a travez de su cabello, su cara, enviando sus sentidos a toda marcha cuando sintió su interior revolverse. Podía sentir las lagrimas en sus ojos goteando y sus lagrimas congelando se en su rostro mientras ascendían más alto en el aire. La sensación de ser separado del suelo lo abrumó y no podría entender la situación.
Caminar sobre las almenas de Winterfell y las laderas de Dragonstone era nada comparado con esto. Mientras el viento aullante amenazaba con reventar sus tímpanos, Jon podía sentir los latidos de su corazón acelerase cada vez más, sintió la necesidad de cerrar los ojos y simplemente aferrarse al Dragón hasta que todo terminara.
Pero cuando cerró los ojos, sintió algo.
Un segundo latido, un pulso que no era el suyo.
Sintió millares de diferentes emociones y sentimientos a travez de su cabeza y corazón. Casi parecía como si el tiempo se hubiera detenido en esos pocos segundos; ira, dolor, pena, perdida, todo cruzo por su cabeza cuando vio imágenes de aquel fatídico día.
El día en que Viserion murió.
Vio al Dragón color oro y blanco caer y estrellarse en el hielo con un grito ensordecedor.
Pero después vio otro recuerdo entrelazarse con él, un recuerdo familiar.
Rickon, corriendo hacia él antes de ser ensartado con una de las fechas de Ramsey Bolton. Sus respiración dolorosa y gemidos se entremezclaron con los chillidos del Dragón moribundo, los rostros de Ramsey Bolton y el Rey de la Noche lentamente se transformaron y mezclaron juntos.
La muerte de un hermano.
Sintió Fuego de Dragón en sus venas, pero antes de que pudiera rugir de angustia y rabia, vio otro recuerdo, otro recuerdo desconocido de un pasado que no había visto.
Daenerys, caminado en medio de un páramo yermo, arena roja y rocas irregulares cubrían el paisaje. Se veía más joven pero no menos hermosa, estaba vistiendo probablemente la cosa más escandalosa que él la había visto usar, mostrando mucha de su hermosa piel suave. Flanqueada por Dothrakis y tratando de alimentar a un minúsculo Drogon encaramado en su hombro.
Ella parecia una vision.
El recuerdo comenzó a mezclarse con otro, cuando ella esperaba a que se despertara en el barco, después de que Viserion había sido asesinado. Él recordaba, ese fue el momento en que realmente había caído por ella, viéndola tan vulnerable… tan humana, la forma en que la luz de la ventana en la cabina acariciaba su suave figura. La forma en que sus lagrimas resaltaban el color violeta de sus ojos, la suave voz en la ella le hablo mientras sostenía su mano entre las suyas.
Espero merecerlo.
Lo haces.
Jon sintió otra voz… no… no una voz… una colección de voces familiares para él, las voces de aquellos en quienes más confiaba. Su padre Ned Stark, su tío Benjen, Ser Rodrick, Robb, Lord Comandante Mormont, Sam, Grenn, Pyp, Edd, Tormund… Ygritte. Todos le hablaron al mismo tiempo, en un ritmo que le permito escuchar todas las voces a la vez.
Respira jinete… respira… déjame entrar.
Los ojos de Jon se abrieron de golpe y pudo sentir el aire corriendo por su cara otra vez, pude sentir el poderoso batir de las alas de Rhaegal, pudo escuchar el zumbido del aire pasando por sus oídos, y pudo ver Winterfell abajo, encogiendose en la distancia.
Los hombres que estaban abajo, miraron con asombro a sus Señor montado en la espalda del Dragón verde esmeralda. Arya observó, casi con la mandíbula abierta a Jon, su hermano, el melancólico y callado Jon, montando en la espalda de un Poderoso Dragón, un ligero toque de celos jugueteo en sus ojos. Davos y Tyrion parecían como si sus mandíbulas tocaran el suelo de la confusión y asombro en sus ojos.
Jon trató de concentrarse, de agarrarse y controlar los sentimientos que sintió surgir a travez de él. Esto es como montar un caballo, se dijo a sí mismo, como blandir una espada, solo concentrate y contrólate, contente.
Pero la voz volvió a hablar.
Déjate ir jinete… se libre… debes ser libre.
Con una repentina ráfaga de aire, Drogon con Daenerys montando en su espalda los pasaron a ambos con facilidad, deslizándose por el aire como si fueran un solo ser. Jon aun podía sentir el aire acariciando su rostro con dureza, las lagrimas congeladas deslizándose por su cara.
—Los lobos no están destinados a volar,— se dijo a sí mismo. —Los lobos no están destinados a volar.
Escucho la voz de nuevo.
Pero tú no eres un lobo… eres yo… eres un Dragón.
Cuando Daenerys miró hacia atrás y se encontró con los ojos de Jon, él pudo verlo. El fuego en sus ojos, la libertad en la forma en que manejaba a Drogon. Parecía como si hubiera nacido en su espalda, no cedía ante el viento o la presión, no tenía una onza de miedo en sus ojos.
Era libre.
Aquí arriba, ella era libertad pura.
Jon podía sentir la pequeña voz que siempre había hablado en su cabeza, la voz que siempre le decía que no era más que un bastardo, un error, una mancha en el nombre del honorable Lord Eddard Stark, la voz que le decía que nunca alcanzaría nada.
No deberías estar aqui arriba.
No deberías estar con ella.
No merecer una mujer como esa.
Solo eres un maldito bastardo.
¡CALLATE! Sintió que le gritaba a la voz… no… gritar no… rugir.
Drogon se lanzó hacia abajo en un barranco cercano, Rhaegal aceleró para alcanzarlo.
Sintió el fuego arder, el fuego que sintió cuando atravesó los Espectros cuando Viserion murió, el fuego que sintió cuando le hizo el amor a Dany en el barco, el fuego que sintió cuando la defendió en frente de los Señores del Norte, el fuego que sintió cuando le dijo que la amaba.
El fuego que sintió cuando ella le dijo que lo amaba.
Debate ir jinete… déjate ir.
Rhaegal descendió.
Cuando lo hizo, Jon pudo sentir él viendo arañar su cara, pude sentir la pequeña voz tratando de desmotivarlo, de decirle que tan poco valor tenía. Mientras que la voz impulsada por la gente en que confiaba se hacia mas alta y más alta, entre más decencia Rhaegal.
Déjate ir jinete.
Había escuchado la pequeña voz toda su vida, diciendo que mantuviera su cabeza abajo y que conociera su lugar.
Déjate ir jinete.
La había escuchado cada vez que Catlyn Stark lo miraba, cada vez que Alister Throne lo desmoralizaba, cada vez que alguien lo llamaba "bastardo" con una sonrisa burlona en sus labios. Había dejado que esa palabra y las instrucciones de esa voz gobernaran su vida por demasiado tiempo.
¡DEJATE IR JINETE!
¡Había dejado que esa voz lo pusiera en una jaula, que lo controlara, que lo domesticara! ¡No tenía la culpa de cómo fue su nacimiento! ¡Era un guerrero orgulloso! ¡Era el hijo de Eddard Stark! ¡Era del Norte! ¡Su nombre era el Norte! ¡Su nombre era Snow (3)! Pero ahora mismo…
¡DEJATE IR JON!
Él era Fuego.
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAGH!— rigió Jon mientras Rhaegal descendía, el fuego corría por sus venas mientras sentía como la pequeña voz ardía y gritaba y moría dentro de él, como si fuera consumida por Fuego de Dragón. Jon sintió que la luz del sol iluminaba su rostro y el frío desaparecía cuando Rhaegal se estabilizó.
Jon no sintió que su corazón se detenía, sintió que se prendía en llamas. Podía sentir el latido del corazón de Rhaegal junto con el suyo. Sus latidos ahora tan fuertes y poderosos como los del Dragón, podía sentirse en completa sincronía con el Dragón debajo de él.
No… no un Dragón… él tenía un nombre… Rhaegal.
Jon podía sentir todo, los arañazos del frío viento se volvió una suave brisa, las poderosas ráfagas que amenazaban con tirarlo de la espalda de Rhaegal eran nada para él. Sintió surgir la adrenalina a travez de su sistema cuando Rhaegal alcanzó la cima y comenzó a acelerar, el humano en su espalda ya no era un peso… sino parte de él.
Jon vió a Dany mirarlo con una sonrisa en la cara, su hermoso rostro, el sol reflejando en sus largas trenas plateadas y su blanco abrigo de piel. Jon podría sentir el fuego en su pecho, un fuego que necesitaba arder mientras se agarraba a las púas de Rhaegal y le respondía al Dragón que lo liberó.
—¡Arriba!
Rhaegal sabía exactamente lo que su jinete quería, y con toda la fuerza de sus alas salió disparado hacia arriba, hacia la gruesa capa de nubes sobre ellos. Dany volteó para ver a Jon y Rhaegal subir y una sonrisa se dibujó en su rostro alegre cuando giró a Drogon y sigue al hombre que amaba hacia las nubes.
—¡Mas arriba, chico, mas arriba!— Jon comenzó a reír cuando sintió el viento soplar a travez de él.
Rhaegal rugió un poderoso gritó cuando atravesó las nubes como una flecha y se disparó hacia los cielos. Los ojos de Jon se abrieron asombrados por la vista al rededor de él, el suelo no existía ahí arriba, ni Winterfell, ni el Norte, ni la nieve y el hielo.
Solo el aire libre, el sol en el horizonte y las nubes debajo de él. Jon podía sentir su corazón en perfecta sincronía con el de Rhaegal mientras lentamente subían más. Pero mientras lo hacían, Jon pudo sentir una presencia y una poderosa ráfaga de viento.
Miró a su derecha y ella estaba ahí, a escasos centímetros de él. Dany posiciono a Drogon frente a Jon y Rhaegal, los Dragones estaban de espaldas para que sus jinetes pudieran encontrarse en el aire. La sonrisa de ella era algo salido de las canciones, mientras miraba amorosamente a su increíble jinete de Dragón.
Él incluso podía oler su dulce aroma desde tan cerca, todo lo que tenía que hacer era inclinarse unos centímetros hacia adelante y sus labios se encontrarían. Pero antes de que tuviera la oportunidad de lanzarse hacia adelante, ambos, Rhaegal y Drogon comenzaron a caer en picada, el aire corría a travez de Dany y Jon mientras planeaban hacia abajo. La adrenalina amenaza con consumirlos mientras perforaban las nubes una vez más, y volaban como Dioses de los cielos.
—¡WOOOOOOOOOOOOOOOOHOOOOO!— Jon dejó salir un grito inusual, similar al que Dany acostumbraba a oír de sus Jinetes de Sangre. Jon se estaba dejando ir, había pasado toda su vida enjaulado y restringido.
No más.
Dany sonrió, se echo a reír y soltó su propio grito, —¡WOOOOOOOOOOOOOOOOHOOOOO!— en conjuntó con Jon, dejando toda la tensión, todas la preocupaciones, todo el miedo y dolor evaporarse como el vapor.
Drogon y Rhaegal parecieron unirse cuando ambos soltaron rugidos largos y poderosos, haciendo eco a travez del valle debajo de ellos. No respondían ni a Dioses o a hombres, eran Dragones y los cielos eran sus dominios, de nadie más.
La subida de adrenalina comenzaba a pasar factura a Jon cuando comenzó a sentir temblar sus manos y rodillas. Necesitaban aterrizar, así que escaneo el área y vio un lugar perfecto para descender.
Una vez que Rhaegal aterrizó, Jon saltó desde la parte posterior del Dragón y corrió hacia su rostro, agarrando los costados de la cabeza de Rhaegal y abrazándolo fuerte contra su pecho, sus ojos mirando los de Rhaegal mientras dejaba escapar una risa exhausta pero estimulante.
—Tu… eres… asombroso,— jadeó Jon entre risas.
Dany desmontó a Drogon a unos metros de distancia y lentamente se acercó a Jon con sus manos cruzadas frente a ella. Vió la forma en que Jon estaba mirando a Rhaegal, tan diferente de como lo había visto antes, incluso estaba recostando su cabeza contra la de Rhaegal y escuchando su respiración.
—¿Y bien?— preguntó Dany.
—Él es increíble… ambos son increíbles… tu eres increíble— Jon jadeó mirando de un lado a otro entre Rhaegal, Drogon, y finalmente a Dany.
La forma en que Jon la miró, hizo a Dany sonrojarse, esa mirada era diferente a cualquier mirada que alguien la hubiera dado antes. Había visto miradas maravilladas y de asombro, miradas de aquellos cautivados por su belleza y aquellos asombrados por su poder. Pero los ojos de Jon eran diferentes a los que ella había visto en su vida, la miraba de una manera en que nadie la había visto antes.
La miraba como si ella fuera todo lo que existía.
Todo lo que importaba.
Como un igual.
—Se lo que quieres decir ahora… fue como… como si me convirtiera en una parte de él… y él se convirtió en una parte de mí. No fue como montar un caballo para nada… fue… mucho mas,— Jon jadeó entre palabras mientras sonreía como un idiota y acariciaba a Rhaegal.
—Retiro lo que dije… sobre ellos siendo bestias, no lo son. Son increíbles, hermosos, extraordinarios… yo… yo…— Jon comenzó a tartamudear con sus palabras hasta que Dany tomo su rostro entre sus manos.
—Entiendo… no tienes que convencerme, Jon,— rió alegremente.
—Vamos, quiero enseñarte algo,— Jon casi susurró cuando se inclinó y tomó sus manos en las suyas.
Dany sonrió mientras dejaba a Jon tomarla de la mano y guiarla hacia dónde la estuviera llevando. Él conocía estas tierras mejor de lo que ella alguna vez podría, así que confiaba en que lo que sea que fuera, sería espectacular. Y cuando los llegaron… entendió por qué.
Una cascada.
Una hermosa cascada glacial, aguas que fluyen, carámbano colgantes, nieve recién caída, todo iluminado por el sol brillante. Dany tuvo que admitir, el Norte tenía sus maravillas y esta era sin duda una de ellas, con el sol brillando en cada copo de nieve y cada gota de agua, el paisaje parecía un paraíso en un páramo congelado.
Un par de brazos se envolvieron alrededor de su cintura detrás de ella mientras Jon apoyaba la cabeza en la curva de su cuello.
—Mi padre me mostró este lugar… cuando yo era solo un niño pequeño, no mas de 6. Él me trataba como a un verdadero hijo aquí, no teníamos que preocuparnos de que Lady Stark me diera miradas o alguno de los Señores del Norte me llamara "bastardo" en la cara. Este era unos de los pocos lugares en que podía ser feliz sin tener que mirar sobre mi hombro,— susurró Jon en su oido.
—Y me lo estas mostrando. ¿Por qué?— preguntó Dany, queriendo saber porque Jon compartiría algo así de espacial con ella.
—Porque aquí no tienes que ser la Reina Daenerys Stormborn de la Casa Targaryen, Madre de Dragones, Rompedora de Cadenas y poseedora de varios otros títulos. Y yo no tengo que ser el Bastardo de Winterfell. Podemos ser solo Jon… y Dany,— él sonrió antes de darle un amoroso beso en la mejilla.
—Podríamos quedarnos mil años aquí… y nadie no encontraría jamas,— Dany suspiró mientras apoyaba su cabeza contra Jon.
—Seríamos terriblemente viejos,— Jon sonrió contra ella.
Daenerys apreció su pequeña broma, pero sintió un picor que le subía por la espalda y una pregunta le pareaba el corazón. Se separó del amoroso abrazo de Jon y se alejo unos pasos, Jon se quedó ahí, preguntándose si había dicho algo malo, pero Dany se giró hacia él con una pregunta.
—Si te lo pidiera, ¿lo harías?— preguntó.
—¿Haría qué?
—Quedarte conmigo… aquí. Durante el tiempo que quisiéramos, en un lugar en el que el mundo no pudiera juzgarnos, en donde pudiéramos ser nuestros verdaderos yo uno con el otro. En donde no tuviéramos que sostener coronas, o pelar por el poder, o preocuparnos por traiciones y que el pasado nos hubiera mantenido separados— dijo Dany.
—Dany…— dijo Jon con aire de preocupación, ¿qué estaba tratando de decir?
—¿Estarías conmigo? ¿por todo el tiempo que pidiera? Sin importar a dónde fuera, ¿estarías conmigo?— preguntó Dany.
—Pero… ¿qué pasa con el Trono?— preguntó, extendiendo la mano y tomando las suyas. —Es lo que siempre has querido… ¿no es cierto?— preguntó.
—Lo que te digo aquí… nunca se lo he dicho a nadie. El Trono es un objetivo para proteger a los que han sufrido, para obtener el poder de ayudarlos y asegurarme de que nunca más tendrán que sufrir. Pero el Trono… nunca se me ocurrió hasta que mi esposo y mi hijo murieron. Antes de eso, solo quería una cosa… algo que nunca tuve…— comenzó Dany, Jon acariciaba sus manos entre las suyas.
—…un hogar,— ella susurró, las lagrimas brotaban de sus ojos mientras miraba a Jon.
—¿Un hogar?— preguntó.
—Un lugar que nunca pensé que existía. Toda mi vida he estado huyendo, temiendo por mi vida, huyendo de los asesinos de Robert, liberando ciudades de los crueles monstruos que oprimían a las personas debajo de ellos. En todo ese tiempo… lo más cerca que alguna vez sentí que estaba en casa fue un vez en Braavos. En donde un viejo Caballero nos cuidaba a mi hermano y a mí, en una casa con una puerta roja y un árbol de limones en la ventana,— sonrió mientras recordaba la puerta roja.
—Siempre pensé que mi hogar sería Poniente… o Kings Landing, Dragonstone en donde nací, o incluso el mismo Trono… pero entonces te conocí…— Dani extendió sus manos y tomo la cara de Jon.
—… mi valiente y estúpido Norteño… que no se arrodillaba. Quien contaba historias de hombres muertos, quien no se estremecía ante un Dragón, quien no temía arriesgar su vida por su gente… a morir por su gente…— susurró Dany mientras acercaba el rostro de Jon al suyo.
—Tú… tú eres mi hogar, Jon. Nunca he estado más segura de algo en mi vida. Si me lo pidieras, arrojaría mi corona al Mar Angosto y me despojaría de mis ejércitos y mis títulos… y viviría contigo, aquí en la cascada a la que tu padre te trajo cuando eras solo un niño,— Dany sonrió antes de alejarse unos centímetros y preguntar de nuevo.
—Jon… ¿estarías conmigo?— Dany preguntó con un temblor en su voz.
Solo había una cosa que Jon podía decir a esta hermosa mujer, esta Diosa de fuego y gracia que había capturado su corazón. Esta maravillosa mujer que arrojaría todo lo que poseía por él, la mujer que le había dado sus ejércitos y sus asombrosos hijos, que había sacrificado tanto por él desde que lo conoció. Sabía que los Norteños aun no confiaban en ella, como Sansa no confiaba en ella, como no encajaba con lo que la gente del Norte quería en su necesidad de independencia.
—Toda mi vida… me he sentido vacío, cada vez que Lady Stark me miraba como su fuera una escoria, cada vez que escuchaba el nombre de Snow, cada vez que me recordaban que no era hijo legitimo de mi padre. En el Muro fui rechazado y traicionado, incluso cuando lo Norteños me nombraron su Rey no se sentía correcto. Pero cuando estoy contigo… me siento completo… dices que soy tu hogar… pero tu eres el mío.— los ojos de Jon comenzaron a llenarse de lagrimas.
Todas las personas que la odiaban, todas las personas que lo rechazaban por arrodillarse ante ella, aquellos no aprobarían su amor.
Todos podían pudriese por todo lo que importaba.
—¿Estarías conmigo?— Dany sonrió, llena de esperanza mientras una lagrima corrían por su mejilla.
—Ahora… y siempre,— susurró mientras colocaba una mano con ternura en su mejilla cuando las lagrimas comenzaron a caer de los ojos de los dos.
El Lobo y su Dragón se encontraron con los labios y compartieron su amor y pasión en frente de la cascada. Un momento perfecto, sí alguna vez existió, mientras Dany envolvía sus brazos al rededor del cuello de Jon, y los brazos de Jon encontraron su cintura. Todo lo demás se desvaneció alrededor de los dos amantes en la nieve, dos personas nacidas y criadas en la oscuridad, que se habían encontrado en la luz antes de la Larga Noche que venía por ellos.
Un fuerte y profundo gruñido los separa de su apasionado beso, volteando para ver qué Drogon y Rhaegal los observaban atentamente. Dany soltó una risita y Jon dejo salir una risa nerviosa por la forma en que Rhaegal inclinó la cabeza como diciendo "Uh… ¿qué?"
—¿Tiene qué mirar así?— preguntó Jon.
—No te preocupes por ellos, mi amor,— Dany tomo la cara de Jon una vez mas y acercó su boca a la suya en un dulce beso. Cuando los dos volvieron, finalmente encontrando el lugar al que pertenecían, Jon no pudo evitar notar que sentía otro par de ojos en él.
Abriendo sus ojos, sus labios todavía conectados con los de Dany, vió que Drogon lo observaba intensamente. La mirada en los ardientes ojos rojos del Dragón negro comunicaron una mensaje muy simple y fácil de entender, que el miembro de cualquier especie entendería.
Lastima a mi madre, y te mataré.
(1) Traducido literalmente significa "Señorita de día soleado", pero aquí el autor juega con el nombre de Missandei y esta frase "mal pronunciada" que al final la describe perfectamente porque viene de la isla de Naath.
(2) Casa descendiente de los Targaryen, creada por Daemon Blackfyre, bastardo del Rey Aegon IV Targaryen después de ser legitimizado, tomó el nombre de su casas de la poderosa espada Valyria llamada "Blackfyre".
(3) Traducido literalmente quiere decir "nieve".
(a) La daga con la que quisieron acecinar a Bran, este se la entrega a Arya después de que Meñique se la diera a él. En español entiendo que no tiene nombre propiamente dicho.
(b) Aguja.
¡Esta! Esta es la parte perfecta para poder escuchar "Stay a Thousand Years" mientras lees la escena de la cascada. Es preciosa.
Creo que fue un capítulo muy bello, especialmente el final. Los siguientes capítulos son de mis favoritos, y no puedo esperar a que los lean.
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