Disclaimer: Esta increíble historia es obra de Dakkaman777, basada en los personajes de los libros de George R. R. Martin y la serie producida por HBO, la traducción es completamente mía, con el debido permiso del autor.
Originalmente pensaba subir este capítulo el martes por ser mi cumpleaños, y este iba a ser un pequeño regalito para ustedes, uno de mis capítulos preferidos, pero las cosas se me complicaron un poco y pues ya no se pudo, aun así espero que lo disfruten un montón. Y ya saben, si dejan alguno que otro review en este capítulo y los anteriores, va a ser un increíble regalo de cumpleaños, just saying :)
Algo que creo que es muy importante que sepan, es que en esta versión el nombre "real" de Jon va a ser Jaehaerys, el autor lo justifica diciendo que llamarlo Aegon cuando Rhaegar ya tenía un hijo llamado así, es una tontería, con lo cual concuerdo al 100%. Por cierto, tengo un notición al final de capítulo :D
Creo que el título dice mucho de lo que nos espera…
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Capítulo 6
Un Dragón vestido de Lobo
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Al pasar la mayor parte de su vida en la nieve y hielo, Jon Snow descubrió, que nada aclara los sentidos mejor que salpicarse agua fría en la cara. Y agua helada, corriendo de una cascada, era la mejor.
Jon felizmente recogió el agua en sus manos y se la echó libremente en la cara, frotándose la barba y enjuagándose la boca con ella. Se quedó parado ahí en la cascada, en la entrada de la cueva, usando solo sus botas y pantalones de cuero, sin camisa, mientras exponía su torso al aire helado.
Desde que desmontó de Rhaegal, se sintió como si el frío no influyera sobre él. Como descendiente de los Primero Hombres, ya tenía una afinidad natural al frío, pero ahora podría sentir ese fuego interno calentándolo.
—¿Qué estas haciendo, mi amor?— llamó la dulce voz desde el interior de la cueva.
—Lavándome,— sonrió Jon, mientras se dió la vuelta y regresó a la cueva.
Ahí, acostada sobre su capa, estaba la forma desnuda de Daenerys Targaryen. Su suave y femenina forma casi brillaba con la poca luz, una sola antorcha iluminaba su forma desnuda. Se veía como una Diosa, mas que de costumbre, una Diosa que él siempre estaría encantado de adorar.
—Estas lo suficiente limpio, ahora vuelve aquí,— sonrió Dany, acariciando el lugar a su lado.
Jon sonrió, antes de acostarse a su lado, inmediatamente envolvió su brazo en sus hombros y la acercó para darle un suave beso en los labios. Sentir que Dany sonreía contra sus labios, era un sentimiento del que nunca se cansaba, incluso cuando levantó su mano izquierda y acarició sus mejilla.
—¿Logré mantener a mi Reina caliente?— preguntó Jon.
—Lo hiciste… un súbdito tan leal,— susurro Dany contra sus labios, mientras sus manos descansaban contra su pecho.
—Hago lo que mi Reina ordena,— susurró Jon contra sus labios, antes de que se encontraran de nuevo.
Unos minutos más pasaron en los que Jon y Dany simplemente se abrazaron, besándose amorosa y apasionadamente mientras las manos de Jon recorrían la suave piel de Dany, y las manos de ella se arrastraban por el pecho marcado de su amante Norteño. Entonces, de pronto, un fuerte gruñido rompió el silencio que los dos amantes compartían, el beso se rompió y Jon tuvo dificultades para no estallar en carcajadas.
—¿Hambre?— Jon rió entre dientes.
—Vas a darte cuenta, Jon Snow, que montar un Dragón requiere mucha energía,— Dany le sonrió juguetonamente.
—Bueno, cuando volvamos a Winterfell, voy a consentirte con algunas delicias del Norte,— Jon sonrió mientras frotaba su pulgar contra la mejilla de Dany.
—Mmmm, no me digas,— Dany sonrió y acarició a Jon.
—Cuando era un niño, la Vieja Tata solía hacer los mejores pasteles de riñón… con guisantes, cebollas y, oh Siete Infiernos, la salsa que usaba… jurarías que usaba magia para hacer esos pasteles,— susurro Jon mientras recordaba.
—Realmente no estas ayudando con mis antojos. Podría comer una vaca, tengo tanta hambre,— Dany sonrió contra la piel de Jon.
—¿En serio? Madre de Dragones, en efecto, siempre pensé que una Dama de buena cuna del Sur como tu, tendría apetitos delicados,— sonrió Jon, frotando la suave piel de Dany.
—Oh, no lo sabría, una vez comí un corazón de caballo crudo,— contestó Dany.
—¿De verdad?
—De verdad. ¿Qué es la cosa más extra que has comido?— preguntó Dany mientras sus dedos bailaban a lo largo de las cicatrices de Jon.
—La Gente Libre solía comer y beber algunas cosas extrañas. Grasa de ballena, focas, incluso bebían leche de cabra fermentada en lugar de vino,— contestó Jon.
—No aguantas nada. Intenta comer nada mas que carne de caballo seca durante meses, y tragarla con leche de yegua agria,— respondió Dany riendo.
Jon no pudo evitar amar verla de esta manera, no solo desnuda, pero abierta y libre. No necesitaba actuar fuerte cuando solo eran ellos, no necesitaba ocultar sus emociones o sus sentimientos cuando estaban solos. Era hermosa en todos los sentidos, era inteligente, ingeniosa, divertida y cada vez que ella le daba una sonrisa genuina, su corazón se calentaba. Practicante podría escuchar las palabras de Davos resonando en su cabeza, mientras ella se reía y contaba historias de su tiempo con los Dothraki.
Estoy feliz por ti.
Es una joven muy hermosa.
Ha pasado por un infierno, igual que tú.
Ambos merecen ser felices.
Entonces un pensamiento cruzo por su mente, uno que solidificaba su resolución a la pregunta que permanecía en su mente. Una pregunta que Davos le hizo que había estado reflexionando desde entonces, algo que Jon nunca pensó qué diría, desde que entendió lo que significaba cuando un niño era llamado Snow. Pero desde que la conoció, ver su fuerza, su amor por su gente, ser salvado mas allá del Muro, enamorarse de ella, y uniéndose de maneras que nunca pensó posibles.
Cuando los Muertos vengan… ¿quieres tener algún arrepentimiento?
—Cásate conmigo,— soltó Jon, haciendo que la cara de Daenerys se congelara en una mirada de sorpresa.
—…¿Qu…Qué?— preguntó Dany, sorprendida por la audacia de su Lobo.
—Quédate conmigo, cásate conmigo, Dany. Te amo y quiero pasar el resto de mi vida contigo,— Jon casi rogó mientras acunaba la mejilla de Dany con su mano.
—… Lo… los… Señores del Norte no…—
—¡Qué se jodan los Señores del Norte! Estoy harto de que me digan que puedo y que no puedo tener, hombres que se negaron a apoyarme cuando mas los necesitaba… hombres que no pueden ver lo que he sacrificado para salvarlos. Por una vez en mi vida, hago algo que no es por honor, ni por deber, ni lo que es mejor para el Norte o por alguna ganancia política o militar. Quiero ser tuyo, y quiero que seas mía,— Jon podía sentir las lagrimas brotando de sus ojos igual que en los de Dany.
—¿Estas seguro?— la voz de Dany tembló cuando preguntó.
—Nunca he estado mas seguro de algo en mi vida. Daenerys Stormborn…— Jon tomó las dos manos de Dany en las suyas.
—…¿Tomarías la mano de un chico Bastardo… con nada mas que su corazón para ofrecer?— preguntó Jon. Dany sonrió y alzó las manos para tomar el rostro de Jon entre ellas.
—Soy tuya… y tú eres mío,— la voy de Dany tembló mientras sonreía.
Sus labios se juntaron suave y apasionadamente mientras ambos, Drogon y Rhaegal soltaban un par de poderosos y fuertes rugidos, sintiendo la pasión, amor y alegría de sus jinetes desde el interior de la cueva.
"La mujer del dorniense cantaba durante el baño
con una voz que era dulce como un melocotón,
mas la espada del dorniense tenía su propia canción
y se clavaba como el aguijón de un escorpión." (1)
La voz cantante de Ser Bronn de Aguasnegras era tan aterciopelada y suave como siempre había sido, sabía exactamente qué notas tocar, cuando bajar o cuando subir, y sobre todo conocía las letras como el dorso de su mano. Hablando de manos, el hombre con solo una, cabalgando junto a Bronn a caballo no se estaba divirtiendo.
—¿Tienes que seguir cantando esa maldita canción?— preguntó Jaime.
—No, en realidad no. Pero ayuda a pasar el tiempo… ¿quieres que pare?— preguntó Bronn, deteniendo su canción para responder.
—Si.
—Mala suerte,— sonrió Bronn.
—¿Al menos puedes cantar otra cosa?— Jaime preguntó.
—Ugh… esta bien, entonces ¿qué quieres que cante?— preguntó Bronn.
—¿Qué tal el sonido del silencio?— replicó Jaime.
—Oh, ja ja. El León orgulloso piensa que es un maldito comediante,— contestó rápidamente Bronn.
—Podrías cantar las lluvias de…—
—¿Castamere? Oh sí, y dejar que todos los hijos de puta que se encuentren a corta distancia sepan quién eres. Un hombre rubio con una sola mano, con una espada de Acero Valyrio y viajando con un acompañante que canta una canción Lannister. Oh, maldita sea, me pregunto quién es ese,— Bronn se burló sacudiendo la cabeza.
Los dos había estado cabalgando por días, ahora bien adentro del Norte con la nieve cayendo ligeramente sobre ellos. Fue más fácil pasar El Cuello de lo que originalmente pensaban, ambos, Jaime y Bronn esperaban ser detenidos por los hombres de la Casa Reed, para ser interrogados sobre porque estaban yendo al Norte solos. En su lugar pasaron sin problemas, nada entre ellos y el camino a Winterfell. Era casi como si estuvieran siendo vigilados por alguna fuerza… o siendo maldecidos mientras Jaime y Bronn sabían a lo que se dirigían.
Ninguno de los dos estaba ansioso por enfrentar lo que el Rey del Norte les advirtió.
—¿Qué demonios?— dijo Bronn, con ojos muy abiertos mientras él y Jaime llegaban a lo alto de una colina.
Ahí de pie y firmes había un gran numero de hombres armados con lanzas, espadas cortas, arcos largos y escudos con un sello en particular, el Lagarto de la Casa Reed. A caballo, a unos metros adelante, habían otras dos personas. Una joven chica, con cabello negro y un arco cruzado en la espalda, el otro, un hombre mayor con cabello corto y gris de baja estatura y piel arrugada. El hombre no parecía haber envejecido bien, pues se veía el doble de viejo de que realmente era.
—Ser Jaime Lannister… lo hemos estado esperando,— el hombre mayor sonrió.
—Lord Howland Reed… ha pasado mucho tiempo, si no le importa que lo diga, se ve como la mierda,— contestó Jaime, ganando una risa de Howland y una mirada mordaz de la chica.
—Mi Señor, esta es mi hija, Meera. Pesamos que sería mejor encontrarnos con usted y sus fuerzas pasando El Cuello y escoltarlos hasta Winterfell nosotros mismos,— Howland sonrió con cansancio.
—¿En dónde estas las fuerzas Lannister que prometió?— preguntó Meera con una ceja arqueada.
—Me temo que solo somos nosotros. Mi hermana ha ordenado que todas las fuerzas de las Tierras del Oeste permanezcan en las Tierras de la Corona,— contestó Jaime.
—Ah… era de esperarse algo como esto,— Howland sonrió tristemente mientras Meera apretó las riendas con mas fuerza.
—La Reina Daenerys y el Rey Jon no estarán complacidos de escuchar esto. Puedo preguntar ¿porque han venido ustedes dos?— preguntó Howland.
—Hice el juramento de venir al Norte. Puede que mi hermana no se dé cuenta de la amenaza, pero yo si,— contestó Jaime con un asentimiento, se dio cuanta de una familiaridad en la voz de Howland cuando mencionó al "Rey Jon", pero Howland era un amigo muy cercano de Ned Stark.
—¿Y tu?— Howland miró a Bronn.
—Solo un mercenario emprendedor que no quiere morir pobre,— contestó Bronn con una sonrisa.
—Bastante justo,— Howland asintió mientras giraba su caballo, Meera haciendo lo mismo. Jaime y Bronn se sorprendieron de que las respuestas que dieron fueron satisfactorias para el señor del Norte, así que hicieron lo que era natural y comenzaron a cabalgar con Howland y su hija.
—¿Cuántos hombres tiene con usted? Si no le molesta que pregunte,— preguntó Jaime cuándo alcanzó a Howland.
—Quinientos buenos hombres. Todos hábiles con el arco y la lanza,— contestó Jaime.
—¿Quinientos? ¿Eso es todo?— preguntó Jaime.
—Es más de lo que tú has traído. Deje a los otros 1,500 hombres a mis ordenes para proteger El Cuello,— respondió Howland con la misma voz cansada.
—¿Proteger El Cuello? ¿Esta preocupado de que mi hermana venga al Norte para luchar contra nosotros?— preguntó Jaime con una ceja levantada.
—No… por sí fallamos en detener a los Muertos en Winterfell. El Cuello será el último lugar en donde podremos resistir contra ellos, la Casa Howland tiene el deber sagrado de proteger El Cuello,— respondió Howland.
—¿Porque solo los 500 hombres?— preguntó Jaime retóricamente.
—Los lacustres (2) de la Casa Reed no son los mas fuertes, ni somos los mas altos, los mas rápidos o los mas experimentados en combate, pero hice un juramento a Eddard Stark hace mucho tiempo, la Larga Noche esta aquí, Ser Jaime… y una cosa que mi casa no hace es retractarse de su palabra,— dijo Howland mientras su caballo trotaba por delante.
Bronn se acercó a Jaime con una mirada escéptica en su rostro.
—Así que… ¿en lugar de los miles de hombres Lannister que prometiste, llegaremos a Winterfell con 500 hombrecitos que viven en medio de un jodido pantano?— preguntó Bronn.
—Es mejor que nada,— respondió Jaime.
—No tengo dudas de que estos cabrones son buenos para pelear en un pantano. Probablemente se camuflagean con el barro, no sabrías que estaban ahí hasta que estuvieran a la altura de tu trasero… pero no veo que estos hagan mucho en un asedio,— contestó Bronn.
—¿Tienes una mejor idea?— Jaime le dió una mirada de reojo.
—Si, podría golpearte el jodido craneo, tomar esa encantadora espada de Acero Valyrio y largarme a Essos,— dijo Bronn.
—Entonces ¿por qué no lo haces?— preguntó Jaime.
—Como dije, no me gustaría tener que trabajar como mula en Essos para compensar el tiempo perdido aquí,— respondió rápidamente Bronn.
—¿En serio? ¿Nada que ver con el fin de los tiempos? ¿O una lealtad secreta hacia mi hermano o a mí?— preguntó Jaime con una ceja levantada y una sonrisa.
—No presiones tu jodida suerte,— sonrió Bronn.
—Es un buen hombre Khaleesi, un poco incomodo y torpe, pero valiente, amable y muy sabio para un hombre de su edad,— explicó Jorah mientras caminaba junto a su Reina.
—Cualquier hombre que hiciera por ti lo que él hizo, merece ser recomenzado, Ser Jorah. Eso y que he escuchado que es un my buen amigo de Jon,— contestó Dany con una sonrisa amplia y brillante.
Jorah tenía que admitir que era bueno ver Dany así de feliz, si fuera un hombre más joven habría estado lleno de celos y odio hacia Jon Snow. Pero a diferencia de Daario, Jon era bueno, noble y honorable, tenia la misma mirada de amor en sus ojos que Jorah y no simplemente deseaba el poder que ella tenía. Jorah era un hombre viejo en todos los sentidos, él amaba a Daenerys como nunca había amado a nadie, pero se había jurado a sí mismo que haría cualquier cosa por ella.
Incluso dejarla ir.
Pero entonces, podía confiar en Jon. Él era el hombre a quien su padre había confiado a Longclaw, él era el hombre que Jorah no podía ser, y Daenerys merecía ser feliz. Jorah podía confiar la felicidad de su Reina en su compatriota del Norte, estaba contento de servir y dar su vida para protegerla.
La puerta de la biblioteca se abrió y entraron el caballero Oso y su Reina Dragón, las persianas estaban todas cerradas y unas cuantas velas eran la única luz disponible. La biblioteca entera estaba vacía, los únicos sonidos audibles eran los pasos de Daenerys, Ser Jorah y el inconfundible sonido de las paginas que pasaban.
No les tomo mucho a Daenerys y Jorah encontré la fuente de ese sonido, un hombre muy corpulento vestido de negro, pasando las paginas de un viejo tomo polvoriento. Sonriendo al ver qué tan metido estaba el hombre en el libro, Dany se aclaró la garganta para llamar su atención.
—¡Oh!,— Sam rápidamente se animó y se puso de pie ante la mujer que era inequívocamente Daenerys Targaryen.
—Así que, ¿tú eres el hombre?— sonrió Dany.
—Um, ¿cuál hombre… Su Alteza,?— preguntó Sam nerviosamente, ahora en presencia de una Reina.
—El hombre que salvo a Ser Jorah, cuando nadie mas pudo,— continuó Dany.
—Ellos podían… simplemente no lo hicieron,— agregó Jorah.
Sam sonrió con orgullo en sí mismo, viendo a Ser Jorah de pie y de nuevo al servicio de la Reina Dragón. Era algo de lo que enorgullecerse después de todo, curar por completo a un hombre con Psoriagrí sin infectarse a sí mismo.
—Tendré que hacer algunos cambios en la Citadela cuando tome el Trono. Un gran servicio amerita una gran recompensa,— Dany sonrió mientras se aceraba a Sam.
—Oh, es un honor servirle, Su Alteza,— respondió Sam tímidamente.
—Debe de haber algo que pueda hacer por ti. Nómbralo, y si esta en mi poder te lo concederé,— sonrió Dany, ansiosa de recompensar al hombre que le devolvió a su fuel Caballero Oso.
—Si no es demasiado problema… podría usar un perdón,— contestó Sam.
—¿Por qué crimen?— preguntó Daenerys con una mirada de curiosidad. Cualquier que fuera el crimen, no podría ser tan malo, este hombre era uno de los amigos mas cercanos de Jon por lo que le había dicho, eso y que parecía inofensivo, como un osito de peluche demasiado relleno con un rostro dulce.
—Yo… tomé prestados algunos libros de la Citadela…— comenzó Sam con una mirada avergonzada. Dany sonrió a Jorah por esto, robar algunos libros de hombres que se negaron a ayudar a Jorah apenas era un crimen ante sus ojos, fácilmente podría otorgarle un perdón por eso.
—…También una… espada…— terminó Sam.
—¿De la Citadela?— preguntó Dany confusa. Sabía que los Maestros de Oldtowan adoraban reunir conocimiento y reliquias pero… una espada era un elemento extraño para que un aspirante a Maestre robara.
—De mi familia… ha estado en la Casa Tarly por generaciones, así que, hubiera sido mía eventualmente. Pero mi padre tenía… otras ideas,— continuo Sam.
Esta era la primera vez que alguien mencionaba el apellido de Sam, no tenía idea de qué era un Tarly, hijo del hombre que ella quemo vivo, y hermano del hijo que se mantuvo de pie a su lado. Daenerys podía ver por la forma en la que Sam hablaba de su padre, que su relación no era una buena, podía ver eso escrito en su cara.
—¿Randyll Tarly?— preguntó Daenerys.
—¿Lo conoce?— preguntó nervioso Sam.
—Tu familia era vasalla de la Casa Tyrell, ¿cierto?— preguntó Daenerys.
—Si, lo son,— respondió Sam rápidamente.
—La Casa Tyrell me juro lealtad cuando llegue a Poniente. Se aliaron conmigo en contra de los Lannister, quienes habían asesinado a Lord Mace Tyrell, la Reina Margery Tyrell y Ser Lorace Tyrell. Tu padre escogió aliarse con los Lannister, y exterminar lo que quedaba de la Casa Tyrell,— Daenerys no quería andarse con rodeos, quería que Sam entendiera exactamente porque ella hizo lo que hizo.
—Pero… mi padre… era muchas cosas, pero siempre fue un hombre de palabra,— respondió Sam.
—Ya no. Se alió con los Lannister hasta el final, le di varias oportunidades de conservar sus tierras, y sus títulos, incluso le ofrecí unirse a la Guardia de la Noche, pero se negó a cada paso… yo… yo tuve que ejecutarlo como traidor,— explicó finalmente Daenerys, era necesario lo que hizo, pero eso no logró que la mirada en el rostro de Sam doliera menos.
—… Al menos podré volver a casa, ahora mi hermano es el Señor,— Sam estaba destrozado, pero podía entender porque ella hizo lo que hizo.
—… Tu… tu hermano se mantuvo con tu padre,— Daenerys no pudo soportar ver el dolor en los ojos de Sam cundo se dio cuenta de lo que eso significaba.
Sam solo pudo escuchar eso, escuchar que su padre estaba muerto había dolido, pero escuchar que su hermano pequeño, Dickon, que siempre había sido tan amable con él, ahora estaba muerto. Podía sentir las lagrimas brotando de sus ojos mientras su garganta comenzaba a obstruirse, podía sentirse listo para romper en lagrimas y sollozos, nunca había sido bueno escondiendo sus emociones y no quería parecer mas débil de lo que ya estaba en frente de la Reina.
—Gr-gracias… s-su Alteza… por… por decirme, ¿m-me permite?— murmuro Sam entre respiraciones contenidas.
—Por supuesto, toma todo el tiempo que necesites,— dijo Daenerys, resistiendo el impulso de envolver sus brazos alrededor de este gran hombre y hacer todo lo posible para consolarlo.
Cuando Sam dejó la habitación, lagrimas corrían de sus ojos, ella solo pudo sentir su corazón apretarse al ver al hombre cuya familia ella había matado. No cambiaría su opinión en que lo que hizo era necesario, Randyll era un traidor que la desafió en frente de cientos, sin remordimientos por lo que había hecho. La llamo invasora extranjera en su cara sin el mas mínimo respeto, era un hombre odioso, eso era lo que podía ver por la reacción de Sam a la noticia de su muerte.
No podría comenzar a cuestionarse a sí misma, era una Reina que tenía que ser fuerte, no tenía el lujo de dudar de si misma como la gente normal hacia. Era un símbolo, una figura, si no mostraba fuerza y confianza en sus acciones, entonces ¿qué razón había para que otros la siguieran?
Si miro atras estoy perdida.
Jorah puso una mano sobre su hombro cuando se dio cuenta de la triste mirada que le estaba dando a la puerta por la que Sam se había ido. Su fiel caballero Oso podía leerla como un libro a veces, y definitivamente podía ver las preguntas y dudas corriendo por su mente en este momento.
—No te castigues por esto… él entenderá, estoy seguro,— le susurro Jorah.
—Yo… hice lo que necesitaba hacer,— contestó Dany, limpiándose las lagrimas de los ojos antes de que tuvieran oportunidad de caer.
¿Lo hice? Se preguntó a sí misma. Fantasma gimoteó y lamió su mano cuando pudo sentir su angustia, Dany rasco al enorme Lobo Huargo detrás de la oreja mientras trataba de consolarla.
Era gracioso como al borde del fin de los tiempos, Jon Snow se encontraba a sí mismo en uno de los mejores estados de ánimo en que jamas había estado. ¿Cómo podría no estarlo? ¡Cuando se propuso a Daenerys y ella había dicho que sí! Ella quería pasar el resto de su vida con el de la misma manera que él quería pasar el resto de su vida con ella.
Mientras caminaba a través de los pasillos de Winterfell, podía sentí un salto en sus pasos, no podía esperar a decirles a Sansa y Arya.
Quería a Dany con él cuando les dijera, ya había decidido eso; estaba más allá de preocuparse por su imagen, él la amaba y ella lo amaba, eso era todo lo que importaba ahora, en el fin del mundo. Quería enfrentar las hordas de los Muertos sin ningún arrepentimiento, nada que lo retuviera de cumplir con su deber.
Y quería a Dany a su lado cuando lo hiciera.
Justo cuando doblaba una esquina, se encontró chocando con alguien que obviamente estaba apurado en, ya sea ir a algún lado, o alejarse de algún lugar. Jon se estabilizo y medio esperaba a un guardia Stark o incluso al Maestre Wolkan en su camino a la pajarera. En cambio, se encontró cara a cara con un hombre que no había visto en mucho tiempo, en otra vida.
—¿Sam?— preguntó Jon cuándo sus ojos se encontraron con los de su mejor amigo.
—Jon… oh, siento que…— comenzó Sam pero fue interrumpido cuando Jon envolvió sus brazos alrededor de Sam en un cálido y fraternal abrazo. Era un abrazo como este lo que Sam necesitaba mas que nada en este momento.
—Por los siete infierno, ¿en dónde has estado?— Jon sonrió mientras se sintió abrumado por la emoción de ver a su antiguo hermano de armas otra vez.
—Solo… tratando de permanecer fuera del camino,— contestó Sam, no queriendo romper al abrazo todavía, no quería que Jon viera el estado en el que estaba, ojos rojos y mejillas húmedas de lagrimas. Sam había esperado que Jon simplemente pensara que estaba demasiado emocional de ver a su antiguo hermano otra vez.
Cuando se separaron, Jon tenía una expresión de pura alegría en su rostro, tal vez lo exactamente opuesto a lo que Sam estaba sintiendo. Después de unos segundos de escanear la cara de Tarly, Jon pudo ver que algo andaba mal, conocía a Sam lo suficientemente bien como para saber cuándo algo le preocupaba.
—Sam… ¿estas bien? ¿algo ha sucedido? ¿Gilly? ¿el pequeño Sam?— preguntó Jon, casi inmediatamente temiendo que algo les hubiera pasado, Sam sacudido la cabeza antes de preguntar.
—¿No lo sabes?
—¿Saber qué?— preguntó confundido Jon.
—¿Podemos hablar en algún lugar privado?— preguntó Sam en voz baja.
—Por supuesto,— contestó Jon mientras conducía a Sam a sus habitaciones que no estaban lejos. Aun había luz de día, así que todavía tendría tiempo para contarles a Sansa y Arya.
Una vez instalados en las habitaciones de Jon, sentados frente al fuego, Sam le contó todo a Jon, la muerte de su padre y hermano, la forma en la que la Reina le habló, y todo el tiempo Jon se sentó ahí con una expresión neutra mientras su amigo le contaba el destino de los hombres miembros de su familia. Una vez que Sam hubo terminado, apenas capaz de evitar que las lagrimas cayeran por su rostro, Jon simplemente miró el fuego, rompiendo el contacto visual con Sam.
—Lo siento Sam. Pero fue la guerra,— Jon rompió el silencio.
—¿Tú lo habrías hecho?— preguntó Sam. Jon no apartó la mirada del fuego cuando le preguntó.
—Sabes que he ejecutado hombres, Sam, me viste quietarle la cabeza a Slynt,— contesto Jon con calma.
—También has perdonado hombres, cientos de Salvajes cuando se negaron a arrodillarse.
—Ella también ha perdonado hombres, Ser Jorah la traicionó, la familia de Tyrion mató a la de ella, podría haberme quemado vivo cuando me conoció… habría estado en su derecho de matarlos a los tres, pero no lo hizo. Ahora Ser Jorah es su caballero más confiable, Tyrion es la Mano y nosotros somos aliados,— contestó Jon sin apartar la mirada del fuego.
—Podría haber quemado la Fortaleza Roja y a todos en ella el día que piso Poniente, pero no lo hizo. Se preocupa por la gente Sam, sé que lo hace…— Jon juntó las manos delante de él, todavía mirando el fuego.
—… Se que amabas a tu hermano. Por lo que me has dicho, era un buen hombre, y lamento que este muerto. Pero los hombres que yo ejecuté también tenían familias, eso no los exime de la traiciono y el engaño. Tu padre y hermano eran traidores, el precio por la traicion es la muerte, sabes que lo es,— explicó Jon tan calmadamente como pudo, el fuego reflejado en sus ojos.
—Pero Jon, tu… quemados por Fuego de Dragón, una muerte así no es justa. Ella no es lo que piensas que es, ella es un…—
—Eres mi amigo Sam, mi mejor amigo. Te quiero como a un hermano, pero te juro que si terminas esa oración de la forma en que ibas a hacerlo, vas a arrepentirte,— Jon gruñó.
—… Jon… Que…— Sam comenzó a tartamudear hasta que Jon dirigió su mirada hacia él. Sam sabía que Jon podía verse feroz cuando quería, pero la mirada que le dió a Sam fue una que jamas había visto antes. El fuego ya no estaba reflejado en sus ojos, porque estaba dentro de ellos.
—No sabes lo duro que es Sam. Ser un líder, siempre tomaras desiciones que otros verán cómo incorrectas, o estúpidas, o peor, malvadas. Cuando te fuiste de Castle Black todo se fue al infierno, Thorne, Yarwick, los hermanos de altos rangos… ellos me traicionaron. Me arrinconaron en la patio y clavaron sus cuchillos en mi pecho, me llamaron traidor y me dejaron para morir en la nieve…— la mirada de Jon era severa y dura como el Acero Valyrio.
—La mujer roja que seguía a Stannis me trajo de vuelta… y los colgué, a todos los hermanos que me traicionaron. Los colgué yo mismo y los vi sofocarse y morir en agonía,— continuó Jon.
—Pero Jon, tu nunca…—
—Ollie fue uno de ellos. El fue quien me terminó, incluso después de que regresé, me miró con tal odio, que si hubiera tenido la oportunidad lo habría hecho de nuevo. Lo colgué junto a Thorne y vi la vida abandonar sus ojos,— dijo Jon con una mezcla apenas contenida de odio y pena.
—No estoy orgulloso de lo que hice. Pero lo haría de nuevo… así que antes de que siquiera te atrevas a llamarla un monstruo, recuerda lo que yo he echo, y preguntare a ti mismo, ¿crees que soy un monstruo, Sam?— preguntó Jon con un tono herido.
—…¿La amas?— preguntó Sam, conocía esa mirada. Cada vez que Daenerys era traída al tema, Jon tenía esa mirada en los ojos, la misma mirada que Sam sabía que tenia cada vez que Gilly era tema de conversación. Él lastimaría, mataría y moriría por proteger a Gilly, y podía ver que Jon haría lo mismo con Daenerys.
—Es una buena persona, Sam. Sé que lo es, he visto su verdadero yo, es la razono por la que me arrodillé,— dijo Jon antes de ponerse de pie y agarrar su capa.
—Pero Jon, eres un Rey… no puedes simplemente…— Sam trato de decir antes de que Jon fuera a la puerta.
—He escuchado suficiente, Sam. Siento que hayas perdido a tu hermano, de verdad, se cómo se siente perder a un hermano. Pero la guerra es terrible, como lo es el poder, y la gente como yo y Daenerys tenemos que tomar difíciles decisiones si queremos seguir a cargo. Si pudiera traer de vuela a Dickon lo haría, pero no voy a traicionar a Daenerys porque mató a un traidor que compartía sangre contigo…— Jon fue hacia la puerta, pero justo antes de abrirla, tomo un respiro hondo y miro a Sam.
—Es bueno verte de nuevo, Sam. Y lo digo en serio, lo lamento. Solo… dale una oportunidad de mostrarte quien es realmente,— Jon le dió a Sam una sonrisa triste.
Salió de sus habitaciones, dejando atrás a Sam. Tenia que sacar esos pensamientos de su cabeza, ahora era un momento en que debería estar compartiendo su felicidad por su compromiso con sus hermanas. Su siguiente movimiento era simple, quería encontrar a Sansa y Arya y reunirlas en donde pudieran estar solos, luego él y Dany podrían contarles las buenas noticias.
Sam estaba a segundos de dejar que la verdad se derramara cuando Jon salió de la habitación. Unos segundos más, y le habría dicho a Jon quienes eran en verdad su madre y padre, cuál era su verdadera identidad, su verdadero derecho de nacimiento al asiento de poder que Aegon el Conquistador forjo de las espadas de sus enemigos caídos.
Pero cuando Sam vió cuan apasionadamente Jon defendía a Daenerys, cuando Sam pudo ver el amor ardiendo en sus ojos, no pudo hacerlo. No podía soportar decirle la verdad a Jon, ver a su amigo hecho pedazos.
Pero tenía que hacerse… mas temprano que tarde, Sam pensó mientras se dirigía a encontrar a Bran.
El frío viento aullaba por los pasillos de Winterfell mientras los hombres trabajaban todo el día realizando sus tareas, Inmaculados y Norteños poniendo cabezas de Vidrio de Dragón en sus lanzas y cubriendo los bordes de sus escudos. Los Dothraki arrastrando troncos con sus caballos para que las fuerzas del Norte lo usen en la construcción de fortificaciones.
Mujeres y niños arreglaban fechas y afilaban ramas rotas en púas para arrojarlas en las trincheras que estaban siendo cavadas fuera de los muros. Trabuquetes (3) y catapultas se estaban construyendo dentro de los muros para que tuvieran el mejor uso durante la batalla.
No hace falta decir, todos estaban trabajando día y noche preparando Winterfell para la próxima batalla. Muchos de los Norteños ya estaban cocinando historias sobre cómo su antiguo Rey podía volar sobre la espada del segundo Dragón de la Reina.
Rumores, historias y cuentos populares se difundían rápidamente estos días.
Pero tales cosas eran lo ultimo en la mente de la Reina Daenerys Targaryen y el que pronto seria el Rey Consorte Jon Snow. Los dos caminaron por los pasillos de Winterfell, Fantasma siguiéndolos de cerca. Jon tenía que admitirlo, le conmovía lo mucho que Fantasma se había encariñado con Dany, al menos uno de sus seres queridos aquí en Winterfell lo había hecho.
—¿Estas seguro de qué estarán bien con esto? A Arya parezco gustarle, pero ¿Sansa?— preguntó nerviosamente Daenerys.
Jon detuvo a Daenerys a la mitad del pasillo sujetándole de los brazos entre los suyos, apoyandola contra la pared lentamente, Jon se inclinó y le susurró a su amor, de la manera mas intima.
—No te preocupes por eso. Te amo, y tu me amas… Arya y Sansa son mis hermanas, merecen saber antes que los demás. Y si conozco a mis hermanas, que lo hago, van a aceptarte cuando vean lo mucho que significas para mí,— le susurró Jon a Daenerys mientras pasaba un dedo por uno de sus plateados rizos sueltos.
—Esta bien… confío en ti,— Dany sonrió mientras acariciaba rápidamente la cara de Jon.
—Bien… ahora vamos, son buenas noticias las que les estamos dando,— Jon sonrió antes de tomar la mano de Dany mientras se aproximaban a la biblioteca, en donde Jon le había pedido a sus hermanas que lo encontraran.
Sin embargo, cuando abrieron la puerta y entraron, vieron a otros dos a quienes no les habían pedido que estuvieran presentes. Un chico envuelto en pieles en una silla de ruedas y un hombre muy redondo vestido de negro, ambos sentados en la mesa frente a Arya y Sansa.
Samwell Tarly.
Y Bandon Stark.
Jon no quería pedirle a Bran que asistiera, ¿por qué tendría que estar presente el Cuervo de Tres Ojos que todo lo ve? Eso y que Jon quería que este momento fuera feliz, y Bran por lo que había visto… ya no tenía la capacidad de ser feliz.
—¿Bran? ¿Sam? ¿Qué están haciendo aquí?— preguntó Jon mientras él y Daenerys se acercaban.
—Aparentemente tienen algo que decirte,— contestó Arya, recostándose en su silla.
Sam le dirigió una mirada incomoda a Bran cuando noto la presencia de Daenerys, que ella estuviera aquí no hacia mas fácil las cosas, Sansa y Arya complicaban las cosas más que si le dijeron a Jon solo. Pero Bran sugirió que sus hermanas estuvieran presentes, porque, él no lo sabia, tal vez para ayudar a consolar a Jon, así no tendría que pasar por el dolor de explicarles el mismo.
—¿Tal vez sería mejor si su Alteza no permitiera unos momentos a solas?— pregunto nerviosamente Sam.
—Lo que tengas que decirme, puedes decirlo frente a ella,— dijo Jon mientras le ofrecía un asiento a Daenerys, el gesto no paso desapercibido para nadie de los presentes. Arya había descifrado su relación desde el momento que los vio cabalgando a Winterfell juntos, se había vuelto muy buena leyendo a la gente después de todo.
Sansa ya sabía lo que Jon sentía por Daenerys, había dejado sus sentimientos abundantemente claros cada vez que la defendía con este nuevo fuego suyo. La pelirroja de los Stark ya no sospechaba tanto de Daenerys com antes, pero aun no confiaba en ella totalmente, la confianza no era algo fácil después de una vida como la de Sanas.
Bran estaba… bueno, Bran ya sabía todo acerca de la relación entre Jon y Daenerys.
Sin embargo, Sam era el más nervioso, podía ver cuánto le importaba Daenerys a Jon por su anterior conversación, Jon nunca fue bueno para guardar secretos. Lo que él y Bran tenían que decirle podría arruinar lo que tenían, podría arruinar a Jon en formas en las no había pensado.
Pero la verdad había estado escondida por demasiado tiempo.
—Entonces ¿qué era lo que querías decirnos?— preguntó Jon mientras se sentaba junto a su Reina.
—Bueno… um… veras Jon… es… oh… ¿cómo poner esto en palabras?— tartamudeo Sam nerviosamente.
—Sabemos quien era tu madre,— Bran interrumpió las divagaciones de Sam.
—¿Qué?— preguntó Jon mientras sus ojos se abrían como platos. Instantáneamente se reanimo con atención, igual que Daenerys. Ella sabía que Jon siempre quizo saber quién era su madre, si ella aun estaba viva, si sabia acerca de él. Fue una de las pocas cosas que dijo que verdaderamente quería, ademas de ella, claro.
—¿Sabes quién es la madre de Jon?— preguntó Arya. Igual de interesada. De todos los niños Stark, Arya y Jon compartían una conexión que los otros simplemente no tenían.
—Espera… tu… tu dijiste que sabías quien era ella… no quien es,— Sansa noto la semántica que Bran usó. El chico lisiado era muy deliberado con su semántica estos días, y el detalle no paso desapercibido para la Lady de Winterfell.
—¿Quieres decir que ella esta?… Bran… ¿lo esta?— Jon comenzó con un temblor en su voz.
—¿Muerta? Sí,— Bran dijo sin corazón, como solía hacerlo estos días.
Dany extendió su mano y tomó la de Jon entre las suyas, frotando su pulgar sobre su mano cariñosamente para ofrecer un poco de consuelo por las repentinas noticias. Jon nunca conoció a su madre, aunque siempre quizo, y escuchar que estaba muerta fue un duro golpe.
—También sabemos quién era tu padre,— dijo Bran nuevamente sin una pizca de emoción.
—¿Mi… mi padre? Mi padre era Ned Stark, Bran. ¿Qué estas diciendo?— preguntó Jon con una mezcla de confusión en su dolor.
—No, no lo era, Jon. Has creído una mentira toda tu vida,— continuó Bran. La manera sin emociones en que lo estaba diciendo no estaba ayudando en lo mas mínimo, Sam sabía que tenía que comenzar a explicar o de otra forma Bran volvería loco de ir a Jon.
—Lo que Bran esta tratando de decir es… Lord Eddard, mantuvo tu verdadera paternidad en secreto… para protegerte,— continuó Sam.
—¿De qué están hablando? ¡Solo díganlo!— Arya casi gruñó, odiando como Jon parecía estar cada vez más afligido por el dolor, deberían haber manejado lo que sea que este secreto fuera como una flecha alojada en la pierna.
Solo la sacas y terminas con ello.
—Tu madre, era Lyanna Stark,— Sam dejó que el secreto saliera.
—¿La tía Lyanna? Pero… padre jamas… el jamas lo haría, pero… ¿quién sería el padre de Jon?— demandó Sansa, inclinándose sobre la mesa y apoyando los brazos.
—Lyanna Stark… la mujer que… mi hermano Rhaegar… secuestro y…— Dany comenzó y se detuvo para mirar el rostro de Jon. Ambos sabían la historia de cómo Rhaegar había secuestrado a Lyanna, ese fue el evento que había comenzado la rebelión que casi aniquiló a la Casa Targaryen.
Jon y Dany podían ver el remolino de emociones detrás de los ojos del otro. No era idiotas, estaban poniendo todo lo que habían escuchado junto, todo comenzaba a encajar. Porque Rhaegal y Drogon parecían aceptar a Jon, la conexión que ambos compartían.
Dany y Jon miraron a Sam con ojos suplicantes, Jon tenía que saber, y Dany necesitaba que su amado tuviera obtuviera un cierre. sí solo supieran. Cuando Sam miro la forma en que Dany estaba sosteniendo la mano de Jon, supo que esto era un error, nunca debería haber traído a Bran aquí. Sam podía decir que Jon y Dany habían puesto las piezas juntas, pero necesitaban escucharlo, si lo escuchaban, entones se volvería real.
Pero lo que se había puesto en marcha no podía ser detenido. El secreto tenía que ser contado.
—Rhaegar no secuestro a Lyanna, y no la violó. Él la amaba, y ella lo amaba a él. Pero estaba prometida a otro… así que se casaron en secreto. Cuando Rhaegal cayó en el Tridente, Lyanna tuvo un hijo… un hijo que le dejó a su hermano, Ned Stark. Él le juró a su hermana moribunda que protegería a su hijo sin importar el costo… y crió a ese niño como a su propio bastardo…— explicó Sam, dejando que cada una de las palabras se hundieran.
—Tu nombre Jon, tu verdadero nombre… es Jaehaerys Targaryen,— Sam terminó nerviosamente mientras Jon miraba con ojos muy abiertos a su mejor amigo.
En diferentes circunstancias, Dany estaría rebosante de alegría ante esto, ya no estaba sola, había otro Targaryen en el mundo, otro que compartía su sangre y su nombre. El hombre que había ganado su corazón era un Targaryen, la sangre del Dragón, justo como ella. No un hombre loco como su padre o su hermano Viserys, sino un amable y justo, un hombre de honor como su hermano mayor, Rhaegar.
Rhaegar… el padre de Jon.
Pero la mirada de dolor grabada en el rostro de Jon, era evidente para todos. Alegría era lo último que pasaba por su mente justo ahora, todo lo que había sufrido a lo largo de su vida, fue en nombre de una mentira. Nunca fue un bastardo, nunca una mancha en el nombre y honor de Eddard Stark, ni siquiera era hijo de Eddard Stark. Robb, Bran y Rickon no eran sus hermanos, Sansa y Arya no eran sus hermanas, el odio y resentimiento que había enfrentado de Lady Catlyn y muchos otros en el Norte, había sido consignados por una mentira.
No era un Snow, nunca lo fue, ni quiera era un Stark.
Era un Targaryen, un principe Targaryen.
El legitimo Rey de los Siete Reinos.
Toda su vida quiso ser mas de lo que era, ser aceptado por sus iguales. Pero justo ahora, se descubrió a sí mismo como el heredero del asiento de poder mas valioso en el mundo, un rey por todos los derechos, y lo habría devuelto todo para ser el Bastardo que había sido hace unos minutos. Sintió que su mundo entero se rompía, todas las cosas que había sido entrenado para creer, la forma en que había sido condicionado por aquellos a su alrededor.
Todo era una mentira.
—¡Eso no puede ser verdad!— la voz de Jon tembló al mirar a Bran, la mirada en blanco y sin expresión no hacían anda para calmar los nervios o el furioso infierno que se avivaba dentro de Jon.
—Es verdad, Jon— contestó Bran fríamente.
—¿Cómo? ¿Cómo puedes saber esto?— exigió Jon cuando el fuego comenzó a arder.
—Bran lo vió en una de sus visiones. Y yo lo leí en el diario de un Septón Supremo… el Septón Supremo anulo el matrimonio de Rhaegar con Elia y lo caso con Lyanna. Es verdad Jon,— Sam fue a poner su mano sobre el hombro de Jon, pero fue rápidamente sacudida por el Lobodragón.
—¡No puede ser! Mi padre… fue el hombre mas honorable que conocí… ¿PORQUE? ¡¿porque él… porque mentiría?!— la voz de Jon tembló y se rompió cuando arremetió con ira. Dany casi saltó de su silla para estar más cerca de él, sus manos se envolvieron alrededor de su brazo para trata de consolarlo.
—Jon, por favor… calmate,— suplicó, mientras Fantasma gimoteaba por su amo.
—¿Porque padre mentiría sobre esto?— preguntó Sansa tan tranquilamente como pudo.
—Robert amaba a tu madre, Jon. Pero despreciaba a Rhaegar… eras la prueba de que Lyanna no lo amaba… te habría matado, como lo mató a los otros Targaryen,— contestó Sam.
—Mi… mi… mi padre me mintió… toda… toda mi vida,— lagrimas comenzaron a nublar la visión de Jon y sus manos comenzaron a temblar. El fuerte Rey del Norte que Daenerys había conocido comenzó a encogerse y convertirse en un niño asustado, mientras las lagrimas comenzaban a caer y sus rodillas comenzaron a doblarse.
—Jon… mi amor, mírame, mírame,— Dany suplicó mientras tomaba el rostro de Jon en sus manos. El duro exterior de la Reina Dragón se desvaneció cuando vió el dolor y la confusión en los ojos de su amor.
No le importaba quién mas estuviera presente, o lo que pensaban en ese momento, Jon la necesitaba.
Él se dió cuanta de lo que esto significaba para él y Dany, hizo las cosas mucho más complicadas. Eran de la misma sangre, ella era su tía y él era su sobrino, su hermano era su padre. Tenía mayor derecho a su Trono que ella, y eso podría resultar peligroso si las personas equivocadas lo supieran. Podía ver la mirada de amor y afecto en sus ojos cuando sostuvo su rostro en entre sus manos, podía sentir el amor irradiando de ella.
Estaba sintiendo demasiado, sintió el infierno dentro de él que se convertía en un huracán de emociones, tristeza de que sus dos verdaderos padres estuvieran muertos hay mucho, pena por la muerte y traiciona del gran hombre que creía que era su padre, arrepentimiento por todas las cosas que se había negado a sí mismo porque era un bastardo, miedo de lo que esto significaba para el futuro, miedo de que sus hermanas ya no lo amaran, y lo peor de todo… terror. Terror de que Dany y el fueran destrozados por la verdad, ya sea por sus propias manos , o por las manos de quienes los rodeaban.
—Dany… yo… yo… necesito estar solo,— Jon apartó las manos de Dany y salió corriendo de la habitación como si estuviera en llamas. Las palabras estaban destinadas a desanimarla, pero Dany escucho el dolor que acarreaban, Jon estaba sufriendo mucho, de una manera que nunca había creído posible.
Dany se quedo ahí, con Fantasma a su lado mientras miraba fijamente la puerta por la que Jon se había marchado. Su respiración superficial y los gemidos de Fantasma era los únicos sonidos audibles. Dany podía sentir que las lagrimas comenzaban a brotar en sus ojos al darse cuenta del dolor que su amor estaba sintiendo… y no era al único que sufría.
Dany cayó de rodillas y Fantasma inmediatamente fue a su lado, acariciandola con su gran cabeza blanca y peluda. Las lagrimas comenzaron a fluir, mientras la armadura de la Reina Dragón se evaporaba completamente con el dolor que ella y su amor compartían. Esta debería haber sido una ocasión feliz, en donde ella y Jon les dirían a Arya y Sansa de su compromiso mutuo.
En su lugar, Bran y Sam los habían destrozado.
Dany envolvió sus brazos alrededor de Fantasma mientras él gimoteaba por ella, había olivado a los otros en la habitación. Arya estaba de pie rápidamente y puso una manos reconfortante en el hombro de Dany. No sabía qué pensar de Daenerys y sus sentimientos por Jon hasta este momento, su entrenamiento de Hombre sin Rostro la había dejado apta para leer a la gente tan fácilmente como libros, y podía decir que lo que Dany y Jon tenían, era real.
Daenerys verdaderamente amaba a su hermano. Y la verdad los estaba lastimando a los dos peor de lo que la lastimaba a ella.
A Arya no le importaba que Jon no fuera hijo de su padre, Jon siempre sería su hermano, relacionados por sangre o no. Si que él fuera un bastardo nunca diminuyo su opinión sobre él, entonces tampoco lo haría su identidad como un príncipe Targaryen legitimo.
—Si es verdad… Jon tiene derecho al Trono de Hierro. Uno mejor que el de ella,— dijo Sansa, mirando a Daenerys mientras ella lloraba contra el pelaje de Fantasma. Eso se se gano inmediatamente la atención de Arya, y su furia.
—¡¿Eso es todo en lo que puedes pensar?! ¡¿El maldito Trono?!— Arya casi le gruñó a su hermana.
—Jon es el heredero legitimo Arya… es una amenaza a su reclamo…—
—¡Es nuestro hermano! Y ella lo ama… ¡mirala! ¿Te parece que esta enojada?— Arya gesticuló hacia la Targaryen que lloraba arrodillada junto a Fantasma. Arya podía sentir su corazón rompiéndose al verla, al ver a su hermano llorar y la mujer que amaba igualmente herida.
—Nosotros… nosotros… íbamos a decirles esta noche,— la voz de Daenerys tembló.
—¿Decirnos qué?— preguntó suavemente Arya.
—… Que nos íbamos a casar,— Dany cerró los ojos con fuerza mientras Fantasma acariciaba su sección media como hacia normaste estos días.
Arya solo podía sentir simpatía por Dany en este momento, sus palabras y su expresión, hablaban no solo de dolor y sufrimiento, sino también de amor por Jon. Arya paso una mano por el hombro de Dany y se arrodillo junto a ella.
—Ve con él… te necesita y tu lo necesitas,— susurró Arya, Dany levantó la mirada, confundida de ver la suave sonrisa de Arya en su cara. —Ve,— susurró. Dany se secó las lagrimas y se levanto lentamente, tanto Fantasma como Arya la ayudaron mientras recuperaba el equilibrio y salía de la habitación.
Arya vió a Dany irse con Fantasma tras sus talones, esto era algo que los dos necesitaban resolver juntos. No era su lugar involucrarse, Jon y Daenerys necesitaban su espacio.
—¿Estas segura de qué es una buena idea? ¿Dejarlos solos?— preguntó Sansa. La mirada que le dió Arya era algo que muchos soldados veían en sus oponentes momentos antes de la muerte.
—Sansa… lo juro, si sigues actuando así, voy a dejarte negro el ojo,— amenazó Arya. Jon estaba sufriendo, igual que mujer que amaba, y todo en lo que Sansa podía pensar era en política, en Tronos, en títulos y otras cosas que a Arya no le importaban una mierda.
Lo único que a Arya le importaba era su manada, era un Lobo de principio a fin. Jon siempre había sido parte de su manada, desde el principio, y cualquiera que ame a Jon tanto como ella, Dany incluida, era una adición bienvenida a su manada. En la que respecta a Arya, Daenerys Targaryen era un miembro honorario de su manada.
Y Arya no permitiría que su manada pelearan entre ellos.
Todo estaba girando, todo era una mentira, todo era falso. Su vida entera haba sido construida sobre una mentira, tantas personas habían muerto por una mentira, tantas vidas arruinadas por una mentira que lo mantenía escondido. La mentira sobre la que Robert había construido su rebelión, la mentira que había conducido a la muerte de sus dos abuelos, su tío Brandon, su padre Rhaegar, su madre Lyanna, sus medios hermanos a los que nunca había conocido.
La vida que le había sido robada.
La identidad que le había sido robada, porque sus padres escogieron el amor sobre el deber.
El amor es la muerte del deber las palabras de Aemon hicieron eco en su mente.
Su tío bisabuelo Aemon… su sangre todo el tiempo.
Jon se había derrumbado sobre su cama, sus manos temblaban mientras escondía su rostro en ellas, sus piernas demasiado débiles para estar de pies mientras se sentaba a un lado de su cama. El fuego no hacia nada para calmar el huracán de emociones que brotaban dentro de él. Toda su identidad, la armadura de ser un bastardo que Tyrion lo convenció de forjar para sí mismo, se había convertido en una doncella de hierro (4). Estaba comenzado a sofocarse lentamente, ahogado por la mentira que Eddard le había dicho toda su vida.
Todo había sido en vano, cada burla y maldición lanzada hacia él, cada mirada de odio que le había dicho que no pertenecía, había sido construida sobre falsedades. Su propio padre… no… tío… lo había enviado al Muro, para estar rodeado de asesinos, violadores y escoria el resto de su vida cuando en realidad había sido el último hijo legitimo de una dinastía.
Una dinastía que él mismo había ayudado a derribar… por una mentira.
Eddard había tenido que ver en matar a la poca familia que Jon tenía en el mundo, Rhaegar, Aegon, Rhaenys, todos muertos cuando merecían vivir. El hombre que era su verdadero padre había muerto antes de que tomara su primer aliento, un hombre honorable que amaba a la mujer equivocada y cuyo nombre había sido difamado y descuartizado con el tiempo.
La historia se repitió a si misa con Rhaegar y Eddard. Ambos buenos hombres, sus recuerdos masacrados sin que Jon estuviera ahí.
Y Dany.
Dany había crecido sin una familia debido a la mentira, había sido vendida como ganado por una mentira, violada y maltratada por una mentira. Forzada a crecer sin una infancia, temiendo por su vida a cada momento, rodeada de enemigos y un hermano que se había vuelto loco como su padre.
Ella había estado tan sola como Jon.
Un Targaryen solo en el mundo… es algo terrible
—Jon,— su viejo nombre, su falso nombre, dicho por la mujer que amaba con todo su corazón. Miró hacia la puerta para ver a Daenerys ahí de pie, ojos rojos con lagrimas y rodillas temblando de cansancio. Fantasma protectoramente a su lado.
—… Dany,— la voz de Jon tembló cuando mas lagrimas amenazaron con derramarse.
Dany rápidamente cerro la puerta detrae de ella, y en un instante se encontró a lado de su amante, acunando su cabeza contra su pecho mientras los dos dejaban las lagrimas fluir libremente. Fantasma se sentó cerca y observó, sintiendo el dolor que su amo y su compañera estaban pasando ahora mismo.
—Estoy aquí mi amor… estoy aquí,— susurró Dany, mientras las lagrimas bajan libremente por sus rostros.
—El mintió… me mintió toda mi vida,— sollozó Jon.
—Lo hizo para protegerte, como cualquier buen padre haría,— susurró Dany mientras su mano frotaba su espalda.
—Era el hombre más honorable que conocía. Quería ser como él, quería ser él, pero me mintió,— susurró Jon mientras lloraba.
—Tu fuiste más valioso para el que el honor, Jon. Eras su sangre… como eres mía,— Dany beso suavemente su cabeza. Jon levantó la cabeza y miró a Dany a los ojos, todavía queda la cuestión de de qué eran el uno para el otro ahora. Ella era su sangre, pero también era su amor, no habían sido criados juntos, pero ella se sentía más cercana a él, que cualquier otra persona es su vida.
—Somos parientes, Dany. Eres mi tía… eso… no es… no sé que…— la voz de Jon tembló mientras toda su confianza y seguridad en sí mismo se había desvanecido.
—Somos Targaryen Jon… los últimos Targaryen, y no respondemos ante Dioses o hombres. Cómo nuestros Dragones, somos libres. Te amo, con todo mi corazón y se que tu todavía me amas,— Dany acunó su cara en sus suaves manos.
Lo hacía, todavía la amaba, no había palabras en todo Poniente para cambiar ese simple hecho. Todavía la amaba, incluso sabiendo que eran de la misma sangre. Podía ver el amor en sus ojos, era tan fuerte ahora, como en el momento en la cascada cuando le pidió que se casara con él. Ese amor era una flama compuesta de Fuego de Dragón, una flama que no extingue fácilmente.
—¿Eso… no… te molesta?— preguntó Jon.
—Ya no estoy sola. Toda mi vida, quise un hogar… y tu eres ese hogar que nunca tuve. Tú y yo estamos destinados a ser, Jon. Sangre de mi sangre,— Dany sonrió y puso sus frente contra la de él.
Las manos de Jon se levantaron y ahuecaron la cara de Dany suavemente, reflejando como ella lo sostenía. Tenía razón, eran como dos mitades de un rompecabezas, nunca completos, nunca verdaderamente completos hasta que se conocieron. Los Targaryen no estaban destinados a estar solos, él nunca había tenido otro Targaryen en su vida y Dany solo haba conocido un cruel y abusivo hermano, que la uso para su propio beneficio. Aun, contra todas las probabilidades, después de todas las guerras, dolor y sufrimiento que habían soportado, habían sido reunidos.
Estaban completos, como estaban destinados a ser.
—Me juraste una vez… que sin importar qué pasara, sin importar lo que alguien diga, nunca me dejarías. Esta noche te hago la misma promesa… no importa que suceda, no importa lo que alguien piense de nosotros, no importa lo que las guerras aguarden, no importa lo que el Rey de Noche traiga, no importa cuantos Dioses nos maldigan… nunca voy a dejarte, mi amor,— Dany lloró, mientras sus lagrimas se mezclaban.
Jon solo pudo llorar mentiras enteraba su cara en el cuello de Day, dejando que sus manos encontraran su lugar en su espalda y la parte de atrás de su cabeza. Daenerys abrazó a su familia tan tiernamente como pudo, acariciando sus rizos obscuros con su mano mientras él dejaba todo salir. No importa lo que viniera después, lo enfrentarían juntos.
—Estoy aquí, Jon… siempre estaré aquí,— Dany acarició a su amante.
—Ese no es mi nombre,— Jon sollozó en el cuello de Dany, su dulce aroma le trajo un poco de consuelo.
—Jaehaerys… ¿así es como quieres que te llame?— le susurró Dany.
—… es mi verdadero nombre,— sollozó Jon, el nombre se sentía extraño y ajeno a él.
—…Pero Jon es el nombre del hombre de que me enamoré. Siempre serás mi dulce, honorable y tonto Norteño. Mi Jon, mi Lobodragón,— ella susurró con amor. Jon soltó una pequeña risita ante el "tonto Norteño", su amor era una luz brillante en una habitación obscura.
Llevaría tiempo aceptar quien era realmente, descubrir quién era Jaehaerys Targaryen. ¿Quien seria ahora que sabía la verdad? ¿Jon Snow? ¿Jon Stark? ¿Jaehaerys Targaryen? ¿Jon Targaryen? No sabia lo que el futuro traería, o si su identidad importaba en este tiempo y lugar, con el Ejercito de los Muertos acercándose lentamente. O si él o su Reina tomarían el Trono, ¿lo tomarían juntos? ¿Siquiera importaba el Trono?
No.
Todo lo que importaba eran él y Dany.
Enfrentarían lo que sea que el mundo tenia planeado para ellos, cualquier desafío que los Dioses les arrojaron lo harían de la única manera que sabían.
Juntos.
(1) Un fragmento de la canción llamada "La mujer del dorniense".
(2) Son un pueblo antiguo que habitan en los pantanos del Cuello. Conservan muchas costumbres y tradiciones de los Primero Hombres.
(3) Arma medieval empleada para destruir murallas o lanzar proyectiles.
(4) Instrumento de tortura medieval, consiste en un sarcófago forrado interiormente de pinchos de hierro.
Y ¿qué les pareció?
Bueno las noticias que tengo es que estoy traduciendo otra historia, ¡yay!
Esta historia se llama "En Otra Vida", es una historia Post-temporada 8, Jon/Dany, muy bien escrita, con personajes bien pensados, una buena línea y alguno que otro lemmon :)
Esa la pueden encontrar en archiveofourown (punto) org , me encuentran con el mismo Usaername.
Aquí les dejo el summary, en caso de que les interese
Jon Snow planea vivir el resto de sus días en el Muro. Atormentado por el dolor, rodeado de fantasmas, esta ahí para pagar por su pecado mas grave. Hasta que una tormenta llega a Castle Black y Jon escucha más que truenos en el viento…
Sujetándolo con su mirada, se acercó, su rostro a centímetros del de él.
—¿Lo sientes?— preguntó incrédula, —no podías renuncias a tu precioso honor para amarme, pero podías hacerlo para asesinarme.—
Él respiró hondo y miró hacia abajo de nuevo, cuando comenzó a perder la compostura.
—¡Sabes que no tenía opción!
Un fuego se encendió en sus ojos cuando lo empujó fuerte por el pecho con sus dos manos, haciéndole retroceder un paso.
—¿No tenías opción? ¡¿Por qué tenias que ser tú?! ¡Yo te amaba! ¡Rhaegal te amaba!
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