Disclaimer: Esta increíble historia es obra de Dakkaman777, basada en los personajes de los libros de George R. R. Martin y la serie producida por HBO, la traducción es completamente mía, con el debido permiso del autor.


Pues aquí estamos una vez mas, espero que disfruten enormemente este capítulo y me digan que opinan de el en su reviews :)

En esta noche de Emmys esperemos que le vaya increíble al elenco y crew de Game of Thones, y ganen todos los premios a los que están nominados, excepto D&D que no merecen nada después de masacrar esta historia tan increíble.

Bueno, una vez dicho esto os dejo con el capítulo, ahora y siempre fuck canon!

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Capítulo 7

Re - uniéndose con la manada

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—Y entonces, Daenerys Targaryen liberó a todos los Inmaculados del tirano agarre de los esclavistas en Astapor, y emprendió su viaje para liberar a los otros esclavos de Essos,— Missandei tenía cautivada toda la habitación llena de niños.

Missandei de Naath se encontró en una pequeña área de reunión, llena de niños de la Gente Libre y el Norte, era obvio cual era cual, mientras los niños de la Gente Libre vestían pequeñas versiones de pieles grises y blancas que los adultos parecían usar todo el tiempo. Sentados cerca de ella, estaban los mismo dos huérfanos de los que se había hecho amiga, Uma y Jory, mostrando expresiones de asombro en sus caras, mientras Missandei les contaba las historias de lo que había llevado a Daenerys al Norte.

—¿Que es un esclavo?— una de las niñas de la Gente Libre preguntó con una mano levantada.

—Es como un sirviente, ¿cierto?— uno de los niños del Norte contestó.

—¿Que es un sirviente?— otro niño de la Gente Libre preguntó.

—Alguien que hace lo que le dices,— otro niño Norteño dijo.

—Eso suena entupido,— dijo un niño de la Gente Libre.

Missandei rió para si misma al ver que los niños de la Gente Libre no entendían eso de recibir ordenes, como si la esclavitud y ser un sirviente fueran conceptos míticos, por otra parte, se llamaban Gente Libre por una razón. Missandei puede que haya visto a la Gente Libre como un poco descarada y sin refinar, pero tenía que admitir, que admiraba cuan libres eran con su forma de actuar.

—Los esclavos son personas que se ven obligadas a hacer cosas en contra de su voluntad. Si no hacen lo que sus amos ordenan, podrían ser lastimados, o peor. Ser esclavo puede ser muy triste a veces, no es una buena vida en lo absoluto,— explicó Missandei lo mejor que pudo para que los niños pudieran entenderlo.

—¿Eres un esclava?— preguntó Uma.

—Lo fui… mis amos eran hombres muy crueles. Nos trataban a mi, a los Inmaculados y muchos otros esclavos muy mal. Nos hacían costas terribles si desobedecíamos o no hacinamos nuestros trabajos lo suficientemente bien,— contestó Missandei.

—Pero la Reina Daenerys te salvo,— dijo Jory.

—Así es… ella nos salvo a todos,— sonrió de vuelta al pequeño.

—Pero… ¿no eres una esclava ahora? Haces lo que ella te dice que hagas,— dijo uno de los niños de la Gente Libre.

—No, no lo somos. Los Inmaculados, yo y los otros esclavos la seguimos porque queremos. Porque creemos en ella, la seguimos porque así lo decidimos,— sonrió Missandei.

—¿Como la Gente Libre que sigue a Jon Snow?— uno de los niños de la Gente Libre pregunto emocionado.

—Si, justo así,— sonrió Missandei.

—Mi Pa dice que Jon Snow es un pequeño ingenuo, pero mejor que la mayoría de los giripollas Sureños,— otro niño Libre contestó.

—¿Que es un giripollas?— preguntó un niño del Norte mas joven.

Missandei solo pudo intentar resistir la risa mientras trataba de poner orden en el grupo de los niños del Norte cuando comenzaron a burlarse y a hacer preguntas groseras sobre el significado de las maldiciones. La verdad es que era mejor que traducir a de los inhumanos traficantes de esclavos, eso era seguro.

Gusano Gris observaba de cerca, en las mesas en donde los Inmaculados arreglaban lanzas de Vidrio de Dragón juntos, soldados Norteños arreglaban hachas de Vidrio de Dragón, dagas y espadas. Gendry trabajaba forjando mas armas cerca y uno conocido como el Perro estaba poniéndose una nueva armadura.

—Es una buena mujer,— dijo Sandor mientras se sujetaba en avambrazo (1) a su brazo derecho. Había desechado su viejo gambesón de cuero gastado y la había cambiado por un chaleco de cota de malla, una chaqueta sin mangas de cuero y un par de avambrazo de acero, con los que se esta equipando ahora.

—Missandei muy buena mujer,— contesto Gusano Gris rápidamente.

—Lastima que esté malgastada con un hombre que no tiene nada ahí abajo,— Sandor miró a Gusano Gris.

—Prefiero no tener nada ahí abajo, que una cara como carne quemada,— respondió Gusano Gris, mirando a Sandor.

Los hombres que estaban cerca se quedaron callados mientras Sandor y Gusano Gris se miraban el uno al otro, no había duda de que estos dos eran dos de los mejores guerreros en Winterfell justo ahora. Si una pelea se desataba, no había forma de decir que demonios pasaría. Sandor tenía fuerza bruta y cruda habilidad, mientras que Gusano Gris tenía velocidad, precisión y disciplina.

—Hago una broma,— Gusano Gris sonrió y los hombre que estaban cerca comenzaron a reírse a carcajadas. Incluso Sandor sonrió y palmeó la espalda del Inmaculado.

—Tal vez no tengas nada ahí abajo… pero tienes bolas grandes, muchacho,— Sandor sonrió antes de regresar a abrocharse su segundo avambrazo.

Gusano Gris, Sandor, Gendry y los otros hombres reunidos ahí continuaron con sus tareas, Sandor arreglando su armadura, Gusano Gris arreglando puntas de lanzas en sus ejes y Gendry continuó forjando armas de Vidrio de Dragón lo mejor y mas rápido que podía. Gusano Gris miró hacia el hombre quemado, y una pregunta llenó su cabeza, y la curiosidad que lo había hecho humano y no un Inmaculado, no pudo ser reprimida.

—¿Por que esta aquí, Ser Clegane?— preguntó Gusano Gris mientras volvía a fijar una punta de lanza de Vidrio de Dragón en su eje.

—No soy un caballero… y ¿que demonios quieres decir?— preguntó Sandor mientras continuaba atando su avambrazo.

—Yo peleo por mi Reina… Inmaculados pelean por Reina. Norteños pelean por Jon Snow, Gendry pelea… ¿Por que pelea Gendry?— preguntó Gusano Gris con una ceja levantada mientras miraba al herrero.

—Creo que todos sabemos porque pelea Waters. Es pequeña, tiene cabello castaño, ojos grises y tiene una lista de muertes tan larga como una polla de caballo,— Sandor le dió a Gendry una sonrisa de complicidad.

—Puedes no hablar de ella en la misma oración que polla de caballo, ¿por favor?— preguntó Gendry.

—¿Por que Ser Clegane actúa…? ¿cual es la palabra en Poniente?— preguntó Gusano Gris.

—¿Como un completo hijo de puta?— dijo Sandor.

—Si… ¿así?— preguntó Gusano Gris.

—Si tuvieras una cara como la mía, actuarías como un hijo de puta también,— Sandor terminó de atar su avambrazo y se puso un par de guantes de cuero marrón.

—Las cicatrices no te hacen un hijo de puta, Joffrey no tenía cicatrices y el era el hijo de puta mas grande que ha vivido,— contestó Gendry con una sonrisa.

—Si… el mayor hijo de putos que nunca hubo,— Sandor sonrió.

—Los amos de Astapor, Yunkai, Volantis y Meereen… eran… como tu dices, absolutos hijos de puta,— Gusano Gris respondió a la risa de Sandor y Gendry.

—Apuesto a que lo eran,— Sandor rió entre dientes mientras envainaba una daga de Vidrio de Dragón en su cinturón.

—Entonces… ¿por que pelea Ser Clegane?— preguntó Gusano Gris otra vez.

Sandor se detuvo y se sentó ahí, sus manos descansado en sus rodillas mientras miraba alrededor, viendo a los niños cautivados con otras de las historias de Missandei sobre la Reina Dragón. Viendo a los hombres Inmaculados preparándose junto a los hombres del Norte, jóvenes y viejos de todos los rincones del mundo. Sandor pensó porque era por lo que peleaba, y al final solo pudo pensar en una palabra. Una palabra mientras recordaba a sus amigos en el Septo a medio construir.

Nunca es demasiado tarde para dejar de robar a la gente, para dejar de matarlos y comenzar a ayudarlos.

Nunca es muy tarde para volver.

—… Redención.


Jon estaba de pie en la almenas, sus manos apoyadas contra los muros cubiertos de nieve de Winterfell. Ya algunas catapultas estaba siendo instalada, muy parecidas a las que habían estado en el Muro durante la defensa de Catle Balck contra el ejercito de salvajes de Mance Rayder. Ver a los Inmaculados y Norteños establecer las múltiples barreras, cavando trincheras y montar picas de madera, mientras los Dothraki arrastraban troncos y arboles talados de un lado a otro, era terapéutico.

Era extraño, que en un momento como este, los preparativos para la batalla lo aliviaran. En cierta forma tenía sentido, tratar de concentrarse en la amenaza que se avecinaba, le dejaba saber que había cosas mas importantes por las cual preocupares.

Pero aun así. No pudo evitar dejar salir un suspiro de frustración mientras miraba hacia las nubes. Rhaegal y Drogon probablemente estaba volando por encima de las nubes, allá arriba en donde todo lo demás se derretía. De acuerdo con los Dothraki, anoche los Dragones se pusieron como locos, rugiendo y gruñendo a los cielos, disparando fuego hacia las colina cercanas con ira. Por una vez Rhaegal actuando mas desquiciado y agresivo que Drogon.

Gracias a los Dioses no mataron a nadie. Sin embargo, Rhaegal había mordido a Drogon varias veces, pero afortunadamente el Dragón negro y rojo podía aguantar algunos moriscos de su hermano menor.

—¿Estas bien?— llegó la voz de la mujer que lo calmó anoche. Dany vestía su abrigo de piel blanca otra vez, la nieve salpicada caía ligeramente alrededor de ellos.

—Si… estoy bien,— Jon asintió mientras Dany se acerco a él. Habría tomado su brazo y recostado su cabeza contra su hombro si no temieran que alguien los viera.

Su relación se había vuelto mas complicado de la noche a la mañana, con la revelación de que y quien era Jon realmente, surgieron toda clase de dilemas. ¿Que pensaría la gente? ¿La gente del Norte querría seguir a Jon sabiendo que era el nieto del Rey Loco? ¿Que haría Tyrion y los otros consejeros con esta información? ¿Como podía esto afectar su alianza? ¿La gente ya se había dado cuenta?

—No lo pareces. Nunca meditas tanto cuando estas bien,— dijo Dany mientras miraba los preparativos de la batalla que se estaban llevando acabo.

—Tengo mucho en la mente, como sabes,— respondió Jon suavemente. —Gracias… por anoche. Te necesitaba ahí, incluso si no lo dije.—

—Agradece a Arya. Ella fue quien me dijo que fuera contigo, antes de que lo hiciera, estaba tan mal como tú, sollozando de rodillas frente a ellos, solo Fantasma ahí para consolarme,— suspiró Dany.

—Lo siento, por irme como lo hice.

—No te disculpes por eso, Jon. Tu identidad completa se hizo añicos, me necesitabas mas de lo que yo te necesitaba a ti.

—Aun así me necesitabas. Supongo que es algo bueno que Fantasma se haya encariñado tanto contigo,— Jon le sonrió. Dany sonrió y se movió hacia un lado para enseñarle que el gran Lobo Huargo estaba sentado justo a su lado.

—Traidor,— Jon le sonrió a Fantasma, mientras el Lobo Huargo solo inclinó la cabeza.

Los dos compartieron una risa tranquila, antes de mirar hacia los campos cubiertos de nieve. Pensamientos arremolinandose en sus cabezas, no había duda alguna sobre como se sentían el uno por el otro, si, su relación de sangre era momentáneamente discordante, pero no eran personas normales. Eran Targaryen, no respondían ante Dioses ni hombres, y el fuego dentro de Jon que había estado sintiendo cada vez mas a menudo era eso.

Fuego Targaryen.

—¿Como lo llevas?— preguntó Dany.

—Todavía me estoy adaptando… es gracioso, mi vida entera sentí que solo conocía la mitad de mi mismo, el lado Stark, pero resulta que ni siquiera conocía esa mitad, no me conocía a mi mismo en lo absoluto,— respondió Jon.

—No puedo imagina como se siente eso,— afirmo ella.

—Eres una de los únicos dos Targaryen que he conocido. El otro fue el Mestre Aemon, hasta ahora… no se lo que significa ser uno. Se como son los Stark, pero… me siento como si hubiera descubierto que soy un completo desconocido para mi mismo,— Jon suspiró.

—No hay dos Targaryen iguales, Jon. Lo mismo con los Stark, Baratheon, la gente en general. Nuestras Casas y nuestras palabras no nos definen… ¿Cuales son las palabras de la Casa Targaryen?— preguntó Dany.

—Fuego y Sangre,— dijo Jon, no había una persona viva que no supiera las palabras de la antigua dinastía real.

—Si cada Targaryen personificara esas palabras, entonces hubiera quemado Kings Landing hasta sus cimientos en el momento que que puse un pie en Poniente, pero no lo hice. Nuestras palabras pueden guiarnos, o influenciarnos… pero no nos definen,— Dany resistir el impulso de tomar la cara de Jon y voltearlo hacia ella, en su lugar agarró su brazo para llamar su atención.

—No tiene que cambiar quien eres. Eres mi Jon… eso es todo lo que tienes que ser, si es lo que quieres. Pero no hay forma de negarlo, hay un Rey en ti,— dijo Dany mientras miraba a los ojos a Jon con sinceridad.

—Solo se quien quieras… es así de simple,— Dany sonrió.

Déjate ir jinete. Jon sintió que el pensamiento hizo eco en su cabeza de cuando se unió con Rhaegal. Aun era una píldora difícil de tragar, que él no era quien había pensado toda su vida. No había sido capaz de hacer el amor a Dany anoche, no importaba cuanto la amaba aun, necesitaba tiempo, tiempo para reflexionar, descubrir que quería, lo que quería ser.

Y para eso necesitaba espacio. Espacio que Dany había sido lo suficientemente amable para dárselo, junto con su apoyo. Tal vez no habían hecho el amor anoche, pero ella lo abrazo con ternura, compartiendo su calor con él lo mejor que pudo, antes de regresar a sus habitaciones.

Probablemente la primera noche desde que regreso a Winterfell, que durmió solo. El frío era desagradable, pero era la verdad.

—Todavía necesito tiempo, Dany. Para pensar, para entender las cosas,— respondido Jon finalmente.

—Bien… estaría asustada si no lo necesitaras. Solo… cuando lo hayas aceptado… estaré aquí,— Dany le dio una sonrisa triste, antes de mirar hacia los campos nuevamente.

Su pequeño momento de paz fue interrumpido por los sonidos de una marcha que se acercaba, el sonido de un cuerno puso a todos los solados en alerta máxima.

—¡SE ACERCAN JINETES!— llegó un fuerte bramido de uno de los Norteños que vigilaban. Dany y Jon miraron por la cima de las almenas para ver acercarse a 500 hombres, las banderas que se acercaban tenían un lagarto… ¿verde?, pensó Dany.

—El Lagarto-leon de la Casa Reed… parece que reforzamos un poco nuestras fuerzas. ¿Le importaría acompañarme a saludar a nuestros invitados, mi Reina?— preguntó Jon con una sonrisa.

—Sería un honor… mi Rey,— Dany susurró la última parte en el oido de Jon, sonriendo brillantemente cuando esto lo puso nervioso.

En minutos, Jon y Dany estaban caminado a las puertas para saludar a quienes habían llegado, inmediatamente cerca de 30 Inmaculados estaban de pie, junto a 30 de los guerreros Stark mas leales de Jon. Cerca de 4 figuras montando pasaron por las puertas, soldados en cuero y armaduras de malla que llamaban la atención, todos armados con arcos largos y lanzas, espadas cortas en sus costados.

Las primeras dos figuras no estaban encapuchadas, y Jon vagamente recordó al mas viejo de los dos. Había conocido a este hombre antes, hace mucho, mucho tiempo, era Lord Howland Reed de Greywater Watch, uno de los mas leales vasallos de su padre… tío. La chica junto a él debía ser Meera Reed, por lo que Bran le había dicho, Jon le debía a esta chica una gran deuda por haber cuidado a su hermano menor.

—Mi Rey, mi Reina,— Howland se inclino respetuosamente ante los dos, Jon y Daenerys, después de desmontar su caballo.

Meera se inclinó junto a su padre en respeto ante los dos, Jon no era lo suficiente consciente como para notar que se había referido a el como Rey, Daenerys por otro lado, si lo notó, y no fue de una forma irrespetuosa para degradar su titulo como Reina. No, Howland se refiero a ambos con el respeto debido a los Monarcas, como si el supiera algo.

—Lord Howland… ¿que esta haciendo aquí?— preguntó Jon.

—Pelear en la guerra, su Alteza. La única guerra que importa, y creo que necesita todos los hombres que pueda conseguir,— Howland sonrió mientras se levantaba y miraba a Daenerys, dandole una mirada rápida antes de arrodillarse sobre una rodilla, Meera siguiendo su ejemplo.

—Mi Reina… la Casa Reed y sus 500 soldados están a su servicio,— Howland se comprometió sobre su rodilla.

—Mi Lord, eso no es necesario. Por favor, levantase,— Dany sonrió, Howland sonriendo de vuelta mientras se levantaba temblorosamente, Meera ayudandolo.

—¿Y uste es, mi Lady?

—Meera de la Casa Reed,— respondió rápida y obedientemente. Daenerys observó la armadura de cuero negra que Meera estaba usando, diseñada para el combate mas que para actividades femeninas.

—¿Planea pelear con nosotros, Lady Meera?— preguntó Dany.

—Los hombres no pueden defender Winterfell solos, soy tan capaz con un arco y una espada como cualquier hombre,— respondió ella.

El Norte verdaderamente esta lleno de mujeres capaces, Dany sonrió para si misma antes de asentir hacia Meera.

—Y ¿quienes son ustedes, mis Señores?— preguntó Jon a los dos hombres encapuchados que habían desmontado.

Sin embargo, todas las sonrisas y jovialidad por los nuevos aliados se disiparon cuando se removieron las capuchas. Y de pie, ahí en toda su gastada gloria, estaban el Matarreyes, Jaime Lannister y Ser Bronn de Aguasnegras.

Sin un ejercito Lannister a sus espaldas, y miradas de aprensión y miedo apenas escondidas en sus ojos. Ambos, Jon y Dany sabían que habían sido traicionados. Con una sola orden de "¡Dovaogēdys!" Y "¡Guardias!" Los Inmaculados y los guardias Stark sacaron sus armas y se pusieron firmes mientras sus comandantes miraban a Ser Jaime al unísono.

—Bueno… ¡estamos jodidos!— murmuró Bronn con los dientes apretados.


El silencio de la habitación no era algo a lo que un hombre como Jaime Lannister estaba acostumbrado. Era inquietante por decir lo menos, con Bronn de pie a unos pasos detrás de él, y la habitación llena de hombres y mujeres que no hubieran querido nada mas que tomar su cabeza en cualquier momento, Bronn era un buen luchador, pero nadie era así de bueno.

Si el Lord de Winterfell o la Reina Dragón quisieran su cabeza, no había nada que pusiera hacer para detenerlos. La habitación estaba llena de hombres que podrían matarlo en un instante, Norteños veteranos de la Guerra de los Cinco Reyes, Inmaculados, Jinetes de Sangre Dothraki y Caballeros del Valle entrenados, incluso estaba seguro de que había visto al Perro por aquí antes, un hombre que, en el mejor de los momentos, Jaime tenía problemas.

Sin embargo, la mirada que la belleza de cabello plateado les estaba dando, estaba en un nivel diferente a las miradas de odio que los otros Lords y Ladies le estaban dando. Se veía como la Reina que decía ser, ni siquiera necesitaba a sus Dragones para desprender un aire de poder e intimidación.

—Cuando era una niña pequeña, mi hermano solía contarme historias. Acerca del hombre que asesinó a nuestro padre… quien lo apuñaló en la espalda, le cortó la garganta y se sentó en el Trono de Hierro… mirándolo desangrarse en el piso después de jurar protegerlo. Él solía contarme otras historias, acerca de las cosas que le haríamos a ese hombre una vez recuperaremos nuestro hogar,— declaró Daenerys.

—… Hice lo que tenía que hacer,— dijo Jaime, nunca sintió una onza de vergüenza por matar al Rey Loco cuando lo hizo.

—Se que lo hiciste. Mi hermano estaba tan loco como nuestro padre al final, siempre mintió acerca de lo bueno y justo que el Rey era, eso que hiciste fue un acto de valentía… no mencionó la locura que había convertido a nuestro padre en un monstruo que tuvo que ser abatido como un perro rabioso,— continuó Dany con un asentimiento.

Muchas cabezas se giraron hacia Daenerys ante esto; unos levantaron cejas en sorpresa a esta pequeña declaración. Lyanna Mormont en particular, se inclinó hacia adelante con interés ante lo que la Reina estaba diciendo, Jon tuvo que reprimir una sonrisa de orgullo, al ver que Dany les dejaba saber a todos dónde estaba parada.

—Aunque este buen acto no excusa la falta de ejércitos que tu hermana prometió al Norte. Las fuerzas leales a tu hermana suman cerca de los 20,000, ¿no?— Dany declaró refiriéndose al gran elefante de la habitación.

—Así es.

—Sin embargo, no veo 20,000 hombres… solo veo 2. Un hombre con una sola mano y su amigo. Parece que tu hermana me mintió… a todos nosotros,— Dany entrecerró los ojos.

—También me mintió a mi. Nunca tuvo la intención de enviar sus ejércitos al Norte. Tiene la flota de Euron Greyjoy y 20,000 tropas frescas de la Compañía Dorada, todos comprados y pagados. Incluso si de alguna manera conseguimos derrotar a los muertos, tendrá mas que suficiente para matar a quien sea que que le enfrente después,— explicó Jaime.

—¿Conseguimos?

—Hice una promesa de pelear por los vivos, tengo la intención de mantenerla,— respondió Jaime.

Dany reflexionó la situación, viendo cuidadosamente a Jaime, mientras trataba de tomar una decisión sobre que acción tomar después. Tyrion siempre decía que Jaime era un buen hombre, pero así cometió el error de confiar en Cersei.

—Su Alteza, conozco a mi hermano…— interrumpió Tyrion.

—¿Como conocías a tu hermana?— preguntó Dany.

—… él sabía el riesgo de venir aquí solo, ¿porque vendría si no es por una buena razón?— preguntó Tyrion.

—Lo siento Lord Tyrion, pero se ha vuelto evidente que cuando se trata de temas que conciernen a su familia, no es mas adecuado a aconsejarme que un mendigo en la calle. Valoro su conejo, pero cuando se trate de Lannisters, tomare mis propias decisiones, gracias,— Dany contestó con dureza.

Tyrion recibió ese golpe mal, sintió como si lo acabaran de dejar sin aliento. Lo que lo hizo peor, fue que ella tenía razón, sugirió que fueran al Norte del Muro para convencer a Cersei y todo lo consiguieron fue un Dragón muerto y un hombre lisiado. Tenía que ayudar a su hermano, Jaime había arriesgado su propia vida por él una y otra vez, no podía sentarse a un lado y esperar a que su Reina lo ejecutara.

—Tiene razón… no podemos confiar en él. Atacó a mi padre en las calles, trató de destruir mi Casa y mi familia, igual que la suya,— Sansa coincidió con Dany.

—¿Quiere que me disculpe por eso? No lo haré, estábamos en guerra, todo lo que hice, lo hice por mi casa y mi familia; lo haría todo de nuevo,— respondió Jaime con firmeza.

—Las cosas que hacemos por amor,— dijo Bran sin emoción.

Jaime se sorprendió por ese pequeño comentario, reconoció al chico que había empujado desde la cima de la torre todos esos años atrás. Si Bran develaba ese secreto, estaba bien muerto; justo ahora, agradecía a los Dioses que la gente viera eso como un rumor, sin evidencia real para respaldarlo, pero si Bran lo dejaba salir… su cabeza estaría en una pica en cuestión de minutos.

—Si eres tan leal a tu familia y Casa, ¿por qué los has abandonado ahora?— Jon preguntó finalmente.

—Porque esto va más a ella de la lealtad… esto se trata la sobreviviencia. Vi esa cosa que llevaron a la Fosa de Dragones, y sé que si no son detenidos, entonces Casas y promesas de lealtad y todas esa mierda ya no importaran,— Jaime habló francamente.

—Su Alteza, mi hermano es valioso en muchos sentidos. Tiene una gran mente para tácticas militares que podría ser de mucha ayuda en la guerra por venir,— declaró Tyrion a Daenerys.

—Si, al menos eso tiene él,— murmuró Bronn para sí mismo.

—Disculpa, mi Lord, pero no hemos sido presentados, ¿quién es usted? ¿Su escudero?— preguntó Dany al hombre de aspecto rudo que estaba detrás de Jaime.

—Con su permiso, Alteza… pero preferiría fregar las jodidas letrinas, a ser atrapado siendo su escudero,— Bronn sonrió. Unas cuantas risas emergieron de la multitud ante la brusquedad de Bronn, incluso Daenerys tuvo que reprimir una sonrisa de diversión.

—Su Alteza, este es Ser Bronn del Aguasnegras. Personalmente puedo atestiguar de su habilidad con la espada,— Tyrion dijo.

—Igual que yo. Él mató a Ser Vardis Egan en un combate cuerpo a cuerpo, según recuerdo,— Lord Royce intervino, habiendo estado ahí cuando derribó al Caballero del Valle sin recibir un solo rasguño.

—¿Ha vencido en combate cuerpo a cuerpo a un Caballero del Valle?— Dany levantó una ceja ante esto.

—Si, lo hice, su Alteza. Si no lo hubiera hecho, entonces probablemente no tendría Mano en este momento,— Bronn señaló a Tyrion.

—¿Y por qué si puedo preguntar… esta aquí?— preguntó Daenerys.

—Estoy aquí porque su hermana es… y me disculpo por adelantado… una perra loca,— respondió Bronn con una sonrisa. Muchos de los Lord y Ladies una vez más dejaron salir una rápida y callada risa ante su franqueza.

—… este me gusta,— Dany se permitió una sonrisa ante ese pequeño golpe a Cersei.

—Y para ser completamente honesto, son un poco mas que un mercenario que mató a las personas adecuadas. Y no vendo mi espada a Reinas que tienen la tuerca torcida. Usted parece que tiene una la cabeza buen puesta, y no quiero morir pobre. Los Lannister… o al menos Tyrion aquí, me pagó bien por mis servicios, pero me prometieron un Señorío, una esposa y un castillo, y no tengo ninguno de esos después de toda la sangre que derramé por ellos,— explicó Bronn.

—Quieres que te pague ¿por tus servicios?— preguntó Daenerys.

—Su Alteza, Ser Bronn vale cada centavo,— dijo Tyrion.

—Esta bien, entonces… Ser Bronn del Aguasnegras. Veremos cuánto valen sus servicios en cuanto respecta a la batalla… si hace su trabajo, veré que sea recompensado correctamente,— asintió Daenerys, Bronn parecía muy complacido consigo mismo de que no fuera a ser quemado vivo pronto.

—Aunque eso todavía no explica qué hacer contigo,— Daenerys vió a Jaime otra vez, sin haberse decidido todavía.

—¡Deberíamos tomas su cabeza! Enviársela a su hermana,— demandó Lord Glover.

—¡Quémelo, Su Alteza! ¡El cabrón se lo merece!— otro Señor del Norte demandó.

—¡Estrangulelo como él lo hizo con mi tío!— gritó Lord Karstark.

—¡Nunca confíe en un Lannister! ¡La apuñalarán por la espalda a la primera oportunidad que tengan!— Lord Cerwyn gruñó.

Tyrion pareció encogerse cuando el odio desenfrenado de los Norteños hacia los Lannister comenzó a manifestarse. Muchos de los Señores del Norte parecieron descartar momentáneamente su desconfianza hacia Daenerys cuando encontraron una fuente común de odio. Jaime parecía estar cada vez menos confiado con cada segundo que pasaba, pronto la sala entera se lleno de Norteños enojado que señalaban y maldecían a Jaime con "Mararreyes" "Asesino" "Coje-hermanas" y "Rompe juramentos" llenaron la sala.

—¡SUFICIENTE! ¡DEJEN HABLAR A LA REINA!— rigió Jon mientras golpeaba su puño contra la mesa. Los Señores del Norte se callaron cuando su antiguo Rey dió a conocer su voluntad.

Dany le dió a Jon una pequeña sonrisa, era bueno ver que las recientes noticias no habían hecho que su fuego se apagara.

—No tiene muchos amigos aquí arriba, Ser Jaime. Y para ser justa, ser un hombre conocido por apuñalar a su Rey por la espalda… me temo que no me sentiría a salvo con usted cerca, incluso si mi padre estaba loco,— dijo Daenerys, esperando a que Jaime le diera una razón para no ejecutarlo en el acto.

—Su Alteza,— Brianne se puso de pie.

—Lady Brianne… ¿tiene algo que decir?— preguntó Daenerys. No conocía a Brianne muy bien, pero por lo que Jon y Arya le habían dicho, era una persona en la que se podía confiar. Y algo sobre una mujer como Bianne, una mujer fuerte que no temía ensuciarse las manos, iba muy bien con Dany.

—No me conoce bien, su Alteza, pero yo conozco a Ser Jaime. Es un hombre de honor. Fui su captora una vez, durante la Guerra de los Cinco Reyes, pero cuando los dos fuimos tomados prisioneros por los Bolton y algunos de sus hombres trataron de frotarse sobre mí, él me definió… le constó su mano,— explicó Brienne.

—Sin él, mi Lady, aun sería prisionera de los Bolton. Me dió armadura y armas, y me mandó a encontrarla y traerla a casa. Porque él había hecho un juramento a su madre de que lo haría,— explico Brienne.

—¿Tú respondes por él?— preguntó Sansa.

—Lo juro por mi honor, puede confiar en él,— juró Brienne, Jaime la miró mientras ella se explicaba ante Sansa y Dany.

—Su Alteza… confío en Brienne con mi vida. Si ella confía en él, entonces nosotros también deberíamos,— Sansa le susurró a Daenerys.

Dany reflexiono sobre su decisión, ella era la Reina, y su decisión sería la definitiva. Pero había otra opinión que aun no había pedido, la única opinión que valoraba por encima de las demás, —Lord Snow… ¿qué opina?—

—Necesitamos a todos los hombres que podamos conseguir. Incluso si son un hombre con una mano y un mercenario. Brienne es una mujer de honor… si dice que podemos confiar en él… entonces yo digo que lo hagamos,— respondió Jon.

—¿Y si se retracta de su palabra?— Dany miró a Jaime.

—Entonces lo mataré yo mismo,— Jon le lanzó a Jaime una mirada propia.

Los ojos de Jaime se abrieron ante la ferocidad en los ojos de Jon, había cambiado drásticamente desde ese día antes de que dejara Winterfell para ir al Muro todos eso años atrás. Antes, cuando Jaime tenía sus dos manos y Jon era un poco mas que otro bastardo siendo mandado a tomar el negro. Jaime había pensado que los ojos de Daenerys eran ardientes, pero los de Jon estaban lleno con el mismo fuego y toda la ferocidad de un Lobo Huargo.

—Muy bien. Puede quedarse,— Daenerys asintió hacia Gusano Gris.

El comandante Inmaculado caminó hacia Jaime y empujó a Widow's wail contra su pecho, el hombre con una mano emitió un breve "oof" ante el poder detrás del Inmaculado. Podía decir que el Essossi, antiguo esclavo no confiaba en él, tampoco lo hacían muchos de los presentes. Pero estaba esperando esto, si acaso, estaba feliz de estar vivo.

La confianza se gana, y Jaime Lannister tenía mucho que hacer para ganarse esa confianza.


—Mi Rey, por favor… no sabíamos qué estaba pasando. Antes de que supiéramos lo que pasó, se habían ido,— el Hijo del Hierro rogó de rodillas.

—¿Cuántos barcos hay en la Flora de Hierro?— preguntó Euron con sus manos detrás de su espalda.

—1,000, mi Rey,— otro contestó con voz temblorosa.

—Con al menos un vigía en cada barco… y ni uno solo de ustedes vió a mi sobrino abordar mi barco insignia y rescatar a mi sobrina?— preguntó Euron con un tono seco mientras se inclina apara mirar la cara asustada de su vigilante mas cercano.

Euron había reunido a los 10 hombres que habían estado de guardia en sus barcos más cercanos al Silencio la noche en que Yara había sido rescatada.

—Nosotros… no fue nuestra intención,—

— Sshhhhhh, deja de preocuparte. Si hubiera destripada a cada hombre que me ha decepcionado, entonces no tendía una flota tan grande, ¿verdad?— Euron dijo con una pequeña sonrisa mientras se levantaba.

—No…un honesto error, uno que tal vez algún día miraré atrás y me reiré… si sus lenguas vuelven a crecer,— Euron asintió a su tripulación mientras descendían sobre los vigilantes y se pusieron a trabajar.

El sonido de los gritos espeluznantes llenaron el aire mientras 10 nuevas almas eran agregadas a su tripulación del silencio para remplazar a los que mato Theon y los traidores Hijos del Hierro. Euron generalmente disfrutaba ver a su tripulación hacer lo que mejor sabían, su contramaestre era particularmente bueno para detener el sangrado una vez que las leguas eran cortadas.

Pero tenía una gran cantidad de cosas en mente en este momento, mientras se retiraba a su camarote, dos de los otros capitanes lo siguieron. Un hombre de gran estatura y cabello negro y ondulado, con placas de armadura segmentadas bajo su abrigo, y el otro un hombre más delgado con una cicatriz en el ojo derecho y una cabeza calva con un tatuaje de un Leviathan nadando entre las olas.

El hombre grade, Lord Aeron Blacktyde, un segador con un brazo fuerte y al comando de 400 naves.

El hombre calvo, Lord Erich Harlaw. Un capitán despiadado que siempre apoyó el derecho de Euron al Trono de Sal, se había ganado el respeto de Euron cuando cerenterró un hacha en la cabeza de su propio hermano para reclamar su Señorío de Ten Towers y su flota de 450 naves.

Harlaw y Blacktyde, dos de las Casas más poderosas de las Islas de Hierro. Estos dos eran lo mas perecidos a generales que tenía Euron, tanto hombres egoístas como despiadados que habían demostrado su sal en los mares y entre ellos controlaban la mayoría de los barcos de la Flota de Hierro. Si tuvieran la voluntad de hacerlo, podrían haber matado a Euron e intentado tomar el mando de la Flota de Hierro.

Pero ambos hombres conocían a Euron, era un hombre de ambiciones ilimitada, sin nada que obstruyera su camino. Sin vínculos con la sangre o la moral, sin código de conducta, y sin temor a ningún Dios, demonio o Dragón que quisiera su vida.

—Digo que deberías haber colgado a esos cabrones del mástil, mi Rey. Enviar un mensaje a cualquier otro bastardo que no haga su trabajo,— Aeron dijo mientras se apoyaba contra la padre con los brazos cruzados.

—El silencio habla lenguajes, Aeron. Un hombre sin lengua puede hablar mas acerca de mí poder, que un cuerpo con lengua jamas podría,— respondió Euron mientras se quitaba el abrigo y lo colgaba.

—Hablando de lenguas, ¿entiendo a que tienes algunas noticias para mí, Erich?— preguntó Euron mientras comenzaba a desabrocharse el peto.

—La mayoría de las Casas de las Tierras del Oeste se han vuelto en contra de tu Reina, Cersei. Casa Crakehall, Lefford, Banefort, Marbrand y muchas otras la han dado la espalda y han proclamado que ella no es su Reina,— Erich explicó, su voz áspera como su hubiera estado bebiendo arena durante los últimos años.

—¿Cuántos hombres?— preguntó Euron mientras arrojaba su peto al suelo.

—Un anfitrión lo suficientemente fuerte, su numero final es cerca de los 10,000. Aunque los hombre de Crakehall parecen haber ido al Norte, sus fuerzas de 3,000 hombres son principalmente unidades de caballería, monturas pesadas,— explicó Erich mientras se sentaba cerca.

—¿Por qué las otras casas no han ido al Norte?— Aeron preguntó.

—Las 10,000 fuerzas de las Tierras del Oeste se quedaron ahí para defender sus Casas, en caso de que Cersei envíe un ejercito en su contra por traición,— Respondió Erich.

La risa de Euron no era algo que Erich o Aeron esperaban oír, pero de nuevo, no fue sorprendente teniendo en cuenta el tipo de hombre que era. Los hombre y mujeres de las Tierras del Oeste habían hecho juramentos a la Casa Lannister, no a la Casa Greyjoy, no los despellejarían si abandonaban sus lealtades y se unían al enemigo.

—Esa perra loca. Matar a esos viejos Señores ciertamente puso el espíritu de lucha en las otras Casas… solo que no el espíritu de lucha que ella esperaba,— Aeron habló sobre las risas de Euron.

—Esta perdiendo su mente día con día. Pero eso es lo que pasa cuando una mujer de mente débil toma concejos de psicopatas.,— Euron sonrió mientras se acercaba a armario y lo abrió, revelando uno de los pocos tesoros que mantuvo a lo largo de su carrera de asaltos.

Un traje completo de armadura de Acero Valyrio. Los patrones ondulados que creaban imágenes de gran belleza. Esta era una pieza que Euron había encontrado en uno de sus viajes a las ruinas de la antigua Valyria, probablemente había pertenecido a un Señor de los Dragones muerto hace mucho tiempo… pero ahora era suyo.

—Se avecina una guerra como ninguna otra ... y cuando llegue, no importará cuántos hombres controlen la tierra. Solo cuentan los mares y los cielos,— Euron sonrió mientras levantaba la mano y sacaba la corona de coral, se la habían dado para representar su puesto como Rey de las Islas del Hierro.

Era una gran imagen para su compañero Hijos del Hierro, pero la ambición de Euron era mayor que simplemente ser el Rey de las Islas del Hierro. Tenía metas que los hombres bajo sus órdenes apenas podían imaginar, todos los reyes de Pyke y las Islas de Hierro fueron un pequeños pensadores, limitados como su alcance en combate. La Flota de Hierro había estado bajo el mando de hombres débiles durante demasiado tiempo, y esta corona le dio el poder de cambiar eso enormemente. Como el acto de matar a Balon, o cortar la lengua de su tripulación, incendiar la flota de Yara y matar a esas estúpidas y pequeñas serpientes de arena. Todos eran peldaños, al igual que la corona de coral que sostenía en sus manos. La imagen de un Rey era solo otra forma de lograr sus objetivos.

Su hermano solía sentir lo mismo antes de irse al lejano Sur. Eso era algo en lo que Euron no pensaba muy a menudo, desde que arrojó a Balon de los puentes de Pyke, no solía pensar en ninguno de sus hermanos, ya sea el que sabia que estaba muerto y el que pensaba muerto hace mucho tiempo.

El asedio de Pyke los había fragmentado a él y a sus hermanos en más de un sentido. Balon se sometió al Sur como el tonto débil que era, Euron fue exiliado al Este y 'enloquecido' como muchos de sus enemigos lo habían dicho. Y Victarion ... fue al sur y nunca más se supo de él.

Sacudiendo la cabeza ante estos pensamientos, Euron sonrió mientras volvía a colocar la corona en su lugar.

El Acero Valyrio era ligero, fácil de moverse en el, este traje no se hundiría bajo las olas y no cedería fácilmente a ninguna cuchilla de hierro o acero. Era la armadura de un rey, y un rey es exactamente lo que era Euron. Pero el verdadero instrumento de su victoria yacía en un cofre escondido debajo de su armadura. Otro objeto de Acero Valyrio que haría que la Reina Dragón y sus poderosas bestias se arrodillaran cuando la usara.

El rey Kraken se estaba preparando para una guerra como ninguna otra. Si tan solo supiera qué eventos le deparaba el destino. Por otra parte, la locura de Euron era algo sobre lo que incluso los Dioses no tenían control.

—Aegon el Conquistador tenía un ejército más pequeño que cada uno de sus enemigos, una armada más pequeña ... pero ganó Poniente porque tenía Dragones,— Euron sonrió mientras se adelantaba y acariciaba la caja.

—Su imperio será sido una nota de pie, a lado al mío,—


La nieve caía ligera y lentamente alrededor del Árbol Corazón, las brillantes ojos rojas del árbol resaltaban contra el blanco del invierno mientras el último hijo vivo de Eddard Stark estaba sentada en su silla de ruedas, cubierto en pieles pesadas para protegerlo del frío.

Sin embargo, Bran Stark no estuvo solo por mucho tiempo, cuando el hombre responsable de su condición se acercó a él, Widow's Wail colgado de su lado y una mano dorada brillando en la luz reflejada por la nieve. Pero Bran no tenía nada que temer de Matarreyes, ya que matar al hijo de Eddard Stark era lo ultimo en su mente.

—Lamento lo que te hice,— dijo Jaime, rompiendo el silencio alrededor de ellos.

—No lo lamentabas entonces… estabas protegiendo a tu familia,— respondió Bran tan fríamente como normalmente lo hacia estos días.

—Ya no soy esa persona,— dijo Jaime, caminando alrededor para enfrentar a Bran.

—Aun lo serías, si no me hubieras empujado de esa ventana. Y yo aun seria Brandon Stark.—

—¿Ya no lo eres?— preguntó Jaime con un gesto confundido.

—No, soy algo más ahora… es difícil de explicar,— contestó Bran.

—¿No estas enojado conmigo?— preguntó Jaime entrecerrando los ojos.

—Ya no estoy enojado con nadie… yo… creo que ya no puedo estar enojado.

—¿Porque no les dijiste? Jon Snow o los otros Norteños debieron haber odio los rumores… pero pudiste haberles dicho la verdad… ¿porque no?— preguntó Jaime.

—Si les dijera, no serías capaz de ayudarnos. No podías ayudarnos si Jon te corta la cabeza.

—¿Qué pasa después?— preguntó Jaime.

—¿Que te hace pensar que hay un después?— preguntó Bran, creando un escalofrío en el aire.

—¿Nuestras probabilidades realmente son tan sombrías?— preguntó Jaime.

—Lo he visto… al Rey de la Noche. No sé exactamente que es… es viejo… antiguo… poderoso… y puede ver, como yo,— explicó Bran con el mismo tono monótono que usaba.

—Tu puedes… ¿ver qué?— dijo Jaime en busca de confirmación, no tan versado en las supersticiones del Norte como los Norteños de los que ahora estaba rodeado.

—Cosas que han sido… cosas que están sucediendo justo ahora… y destellos fugaces de lo que podría ser,— respondió Bran.

—¿El futuro? ¿Puedes ver el futuro?— preguntó Jaime sorprendido.

—Posibles futuros, es como tratar de ver tu reflejo en un río que fluye… cambia todo el tiempo con cada acción tomada,— contestó Bran otra vez, parecía aburrido explicando sus habilidades como si estuviera discutiendo el secado de pintura.

—… Entonces ¿qué viene después?— preguntó Jaime.

—… Tu peleas,— contestó Bran secamente.


Por mucho tiempo, las llamas le habían dado las respuestas, respuestas a preguntas que ella no conocía. Destellos nebulosos de futuros que pueden o no suceder eran todo lo que Señor le había otorgado. Había hecho cosas terribles en su nombre, hizo que otras personas fácilmente influenciables hicieran cosas terribles en su nombre. El nombre de un Dios del que realmente no sabia nada, un Dios del que no creía que nadie supiera nada.

Pero su futuro ya no estaba en sus manos.

Mientras Melisandre de Asshai se sentaba debajo de la cubierta, mirando las llamas parpadeantes en su brasero, reflexiono sobre muchas preguntas a las que quería respuestas, ¿Por qué estaba ella ahí? ¿Cuál era su siguiente movimiento? ¿La guerra podía ser ganada? ¿Quién era el que fue prometido?

La única respuesta que obtuvo fue una sola imagen.

Winterfell.

Durante mucho tiempo habría creído que el Señor de la Luz, R'hllor, era la ultima fuerza suprema de los Dioses, que cualquier cosa que hiciera en su nombre siempre estaba justificada como un acto de bien. Había quemado hombres, mujeres y niños en una pira por negarse a seguir la Luz de R'hllor. Había hecho cosas terribles en su nombre.

Un Dios que ahora, en su estado de duda, se daba cuanta que sabía tanto sobre el como de la persona de alado.

Nada en absoluto.

R'hllor, el Señor de la Luz, y su nemesis, el Gran Otro, una fuerza de Luz y una fuerza de Obscuridad, una fuerza de bien y el mal, una fuerza de la vida y la muerte. Solía pensar que todo era negro y blanco, y al hacerlo, veían el mundo como negro y blanco.

Una forma tan simple de ver las cosas.

Como la niña que nunca había sido.

Pero el mundo real era gris, como lo eran las personas en el, y las acciones que tomaban. No sabia nada de su Señor, como tampoco sabía nada de su enemigo, el Rey de la Noche. No entendía porque un momento su Señor resucitaría a un buen y honorable hombre como Jon Snow, pero después recompensaría el brutal asesinato de una niña inocente.

Aun podía escuchar los gritos de la Princesa cada vez que se iba a dormir. Se había sentido como la opción correcta cuando lo hizo, pero mientras mas tiempo pasaba, mas sabía que había echo algo irremediable. Shireen era todo lo que Davos decía que era, buena, amable, inocente, un alma pura, si es que alguna vez existo una.

¿Qué tipo de Dios ordenaba el brutal asesinato de una niña tan buena?

Y ahora ella entendía el comportamiento de Thoros de Myr. Por qué él se veía tan borracho y miserable cuando lo conoció. Había pasado por la duda, el odio hacia sí misma, el preguntarse porque estaba ahí siquiera. Ahora todo lo que le quedaba era la sensación de que no importaba lo que viniera… ella jugaría un papel en ello.

No sabía si R'hllor era bueno o malo, no creía que alguna vez lo supiera. Había renunciado a tratar de comprender la voluntad del Dios que había escogido servir la mayor parte de su vida. Ni siquiera podía decidir si el Rey de la Noche era buen o malo. ¿Eran el bien y el mal solo palabras inventadas por el hombre para justificar sus acciones? Ciertamente parecía así en este momento.

Todo lo que podía hacer ahora, era hacer todo lo que fuera necesario para preservar la vida. Incluso si eso significaba aliarse con un Dios cruel e insensible que usaba a las personas como peones en su guerra.

—Milady, estamos llegando a Punta Dragón Marino (2) justo ahora,— gritó uno de los marineros desde fuera de su cabina.

Incluso si eso significaba arrojar su vida al mismo vació negro en el que había enviado a tantos otros.


Jaime tenía que ser honesto, nunca pensó que estaría en una situaron como esta desde que Tyrion fue tomado prisionero por Catlyn Stark. De pie en el centro de Winterfell durante el invierno, mientras la nieve caía alrededor de él, y gente que no querían nada mas que cortarle garganta o poner su cabeza en un pica en lugar de hablar con él.

No podía culparlos, para ser justo.

Él fue el hombre que comandaba los ejércitos que mataron a tantos de sus compatriotas; sus padres, hermanos e hijos murieron en la guerra contra su familia. Había hecho casas terribles al Norte en los últimos años, todo en nombre del legado familiar, un legado que ahora tenía la mujer que amó, que demostró ser una desgraciada rencorosa y odiosa.

—Es agradable ya no ser el hombre más odiado de Winterfell,— Tyrion sonrió mientras él y Jaime caminaban uno a lado del otro.

—Oh, que afortunado… por una vez tu estas en mejor posición que yo,— sonrió Jaime. —Debe sentirse liberador.—

—Oh, no sabía decirte. Por alguna razón creí que Cersei se preocuparía lo suficiente por su hijo para ayudar en esta batalla. Ahora puedo decir que Daenerys no me dará muchas otras oportunidades después de este ultimo fracaso,— contestó tristemente Tyrion.

—No es tan mala como pensé que sería, esta nueva Reina tuya,— respondió Jaime.

—Ella es tu reina, también,— dijo Tyrion.

—Es un buen cambio desde el ultimo Targaryen que vi, joven, sana, y honestamente mucho más bonita,— contesto Jaime.

—No te hagas ideas… ella esta tomada,— Tyrion sonrió a su hermano.

—Si, me di cuenta… nunca creí que vería esto, una Targaryen y un Stark tan unidos como esos dos,— Jaime sacudió su cabeza con asombro.

—Bueno, él no es exactamente un Stark,— respondió Tyrion.

—Difícilmente creo que los nombres importen mucho en este punto,— Jaime sonrió de vuelta.

Los dos se acercaron a las almenas, caminando sobre los escalones de piedras, los Norteños les daban miradas de odio todo el tiempo. Tyrion solo parecía recibir una leve negligencia de parte de los Norteños, pero Jaime estaba recibiendo miradas mortales de la mayoría de ellos. De vez en cuando, un guerrero del Norte escupía en el suelo al pasar junto a ellos.

Era mejor que una espada en la cara.

—Oh, cómo se regocijan las masas ante la reunión de los hermanos Lannister,— conectó Tyrion cuando se detuvieron junto a la pared.

—Es mucho mejor que la ultima vez que tuve la hospitalidad del Norte. Al menos no tendré que cagarme mientas estoy atado a un poste… aun,— Jaime sonrió de vuelta.

Tyrion y Jaime se sonrieron el uno al otro, el simple consuelo de estar con su hermano era suficiente para eclipsar el odio emanando de los Norteños, el temor a la amenaza que se aproximaba, y la preocupación en la mente de Tyrion sobre la decepción de Daenerys con el.

—No es como planeaba morir, sabes,— comentó Jaime. —Aquí en el Norte, en Winterfell, rodeado de Starks y Targaryens… lo ultimo que se me ocurriría,—

—¿Cómo crees que me siento yo? Quería morir a la edad de 80 años, con la barriga llena de vino y con…— Tyrion comenzó hasta que Jaime lo cortó.

—La boca de una chica alrededor de mi/tu polla,— ambos hermanos Lannister rieron entre dientes, mientras terminaban la oración juntos.

—Al menos Cersei no podrá acecinarme… se siente bien negarle esa satisfacción,— Tyrion sonrió mientras la atención de Jaime se desviaba por una voz familiar en los campos.

Jaime dejo de escuchar el resto de lo que Tyrion estaba diciendo cuando notó a nada menos que Brienne de Tarth en los campos, entrenando con quien parecía… Podrick, Dioses, parecía un buen guerrero. Jaime los vió entrando con un grupo de hombres jóvenes, cerca de la edad de Pod, y definitivamente había mejorado bastante en su habilidad con la espada.

—Deberías hablar con ella, cuando tengas la oportunidad. Salvo tu trasero cuando yo no pude,— Tyrion sonrió.

*¡BWAAAAAAARM!*

—¡JINETES APROXIMANDOSE!

Tyrion y Jaime dirigieron su atención cuando miraron fuera hacia los campos y vieron un grupo de hombres cabalgando a todo galope, guiados por un hombre con capucha todo de negro.

—¿Nunca hay un momento aburrido?— Jaime miró a Tyrion mientras los hombres veían a su alrededor.


Jon corrió por el patio con Daenerys a su lado, Arya y Sansa ya estaban ahí esperando a la Reina y el Guardian. Lord Reed también estaba ahí con sus manos juntas frente a él, sonriendo cuando vió aproximarse a Jon y Dany.

El rostro de Jon se iluminó cuando vio a Sam abrazar a un recién llegado Edd. La sonrisa en su rostro traicionaba sus emociones mientras avanzaba con un propósito, pero antes de que se acercara lo suficiente para abrazar a su viejo amigo.

—¡AAAHAHAHAHA!— Tormund tackleo a Jon de la nada, amenazando con levantarlo y tirarlo sobre su espalda. El salvaje pelirrojo tomo a Jon por los brazos y lo abrazó con fuerza.

—¡Mi pequeño Cuervo! ¿No eres un regalo para la vista?— Tormund sonrió locamente mientras reía.

—Pensé que todos estaban muertos,— Jon se echo a reír, mirando entre Tormund, Edd y Beric.

—Lamento desepcionarte,— Tormund sonrió.

Jon se encontró abrazando alegremente al ultimo Lord Comandante y al Señor del Rayo tan cálidamente como pudo. Edd era su último amigo de la Guardia sin incluir a Sam, y aunque no había pasado mucho tiempo con Beric, se habían unido mas allá del Muro lo mejor que pudieron, como dos hombres traídos de entre los muertos al servicio de los vivos.

—¿Cómo?— preguntó Jon.

—Nos las arreglamos para escapar de Eastwatch, nos encontramos con el Lord Comandante en nuestro camino hacia aquí… y no estaríamos aquí si no fuera por él,— Beric señaló hacia el hombre todo vestido de negro, la capucha y la mascara ocultando su rostro mientras jugueteaba con la silla de montar de su caballo.

—Tengo que agradecerle personalmente… ¿Cuánto tiempo antes de que los muertos lleguen aquí?— preguntó Jon.

—Casi matamos a los caballos cabalgando a todo galope… la forma en que los muertos se están moviendo… tres días si tenemos suerte,— Respondió Edd con amargura.

—Tres días… siete infiernos,— Jon suspiró mientras pasaba una mano por su barba.

—¿Todavía esta aquí la mujer grande?— preguntó Tormund con una sonrisa, Jon se la devolvió al salvaje.

Sansa escucho a Beric referirse al hombre de negro como la razón por la que estaban parados ahi, y siendo la Lady de Winterfell, eligió acercarse a él primero. Parecía estas abrochando la silla de su caballo como si intentara parecer ocupado, mantuvo su cabeza abajo y la espalda hacia todos.

—Remueva su capucha, Ser, estamos en deuda con usted por traer a nuestros aliados,— saludó Sansa.

El hombre se quedo ahí, quieto como una estatua mientras escuchaba la voz de Sansa, sus manos ennegrecidas ya no jugueteaban con la hebilla de su silla de montar cuando se dió cuanta de la situación. Había vuelto a casa después de tanto tiempo, sufrir tanto aislamiento y constantes batallas contra los muertos, que nunca pensó que seria posible volver al castillo en le que había nacido, sus sobrinas y sobrinos esperando al tío que creían muerto hace mucho tiempo.

—Mi hermana le pidió que se quitara la capucha,— Arya dió un paso adelante, algunos de los hombres Stark mantenían sus manos cerca de sus espadas mientras él permanecía en silencio antes de dejar salir una breve y ronca risita.

—Suenas igual que tu tía, Arya… y tu suenas justo como tu madre, Sansa,— Benjen sonrió detrás de su mascara, aun de espaldas a sus sobrinas.

Sansa, Arya, e incluso los ojos de Jon se abrieron exponencialmente cuando escucharon esa voz. Era una voz que no habían escuchado en mucho tiempo, una voz que Jon escucho por ultima vez diciendole que cabalgara a Eastwatch y lo dejara atrás. No podía ser, Jon lo vió caer ante el Ejercito de los Muertos, Sansa y Arya creyeron que sus ojito las estaban engañando, ya que lo pensaban muerto mas allá del Muro hace mucho tiempo.

—Date la vuelta y baja la capucha,— dijo Sansa severamente, tratando de esconder el nerviosismo que hacia temblar su voz.

Todo estaba en silencio cuando el hombre se giró lentamente y bajó su capucha y mascara, antes de mirar a las dos chicas que aun seguían siendo sus sobrinas después de tanto tiempo. Benjen pudo sentir la emoción brotar dentro de él mientras veía una joven Cat y Lyanna paradas frente a él. La ultima vez que vió a Arya y Sansa, eran niñas, Arya una pequeña cosa salvaje que corría por el castillo, Sansa una pequeña princesa con vestidos florales.

Pero aquí estaban, una Loba y una verdadera Dama del Norte.

—…¿Tío Benjen?— susurró Sansa cuando las lagrimas comenzaron a brotar, nunca fue tan cerca a Benjen como Jon o Arya lo eran… pero era familia, era parte de la manada incluso después de haber estado separados por tanto tiempo.

—Tío Benjen,— Arya podía sentir esos años de entrenamiento de Hombres sin Rostro derretirse como la nieve, mientras veía el rostro del hermano de su padre. Benjen siempre fue bueno con ellos, con ella y Jon, él entendía su ferocidad e independencia mejor de lo que Ned lo hacia. Y verlo vivo y aquí en Winterfell, era como la escena de un sueño.

Benjen se quedó ahí, con la respiración contenida, temeroso de lo que pensaran de él, con su piel pálida y congelada, rostro con cicatrices, su voz cansada y sus manos negras congeladas. ¿Lo verían aun como su tío? ¿Lo aceptarían? ¿Aun era miembro de la manada? ¿O era solo un lobo solitario después de todo?

Tosas sus preguntas fueron contestadas cuando Sansa y Arya corrieron a sus brazos y arrojaron los suyos alrededor de él en el mas poderoso abrazo que pudo imaginar. Envolvió sus brazos alrededor de las dos chicas y cerró los ojos mientras disfrutaba del calor de una abrazo familiar largamente esperado.

Sansa y Arya estaban al borde de las lagrimas mientras enterraban sus rostros en la curva del cuello de su tío. El mas viejo de los Stark vivo finalmente había regresado a casa, a Winterfell.

—¿Tío Benjen?— preguntó Jon mientras daba un paso al frente, Benjen se encontró con los ojos de Jon, mientras Sansa y Arya lo soltaban y daban un paso atrás. Jon siempre fue el niño más cercano a Benjen mientras crecía, nunca juzgó a Jon o lo maltrató como Lady Catlyn hacía. Benjen nunca había tenido hijos o hijas propios, y nunca lo haría. Pero si lo hiciera, estaría orgulloso si se parecieran en algo a Jon.

Jon y Benjen se abrazaron, las lagrimas amenazaban con caer de los ojos de Jon, mientras tenía miedo de dejar ir a su tío, su héroe, por miedo a que perderlo una vez más.

—Esta bien, Jon… estoy aquí,— susurró Benjen en el oido de su sobrino.

—Yo… pensé que estabas muerto,— le susurró Jon de vuelta, ojos fuertemente cerrados mientras mantenía sus brazos alrededor de su tío.

—No del todo,— Benjen se rió entre dientes, mientras él y Jon rompieron su abrazo.

—Vi… vi a los Espectros, los ví derribarte… como… ¿cómo sigues vivo?— preguntó Jon con asombro e incredulidad en su voz, todavía no estaba completamente convencido de que Benjen fuera real.

—Me temo que es una discusión que hay que guardar para puertas cerradas. Pero hablaremos después… estoy en casa,— Benjen sonrió mientras colocaba una mano en la mejilla de Jon.

—Has recogido unas cuantas cicatrices… ahora eres un hombre,— Benjen sonrió cuando Jon dejó escapar una risa emocionalmente agotada.

Los Norteños se reunieron y vieron volver a Benjen, muchos de los Señores y guerreros mayores que lo reconocieron se acercaron y le dieron la bienvenida con palmadas en en la espalda, muchos saludos de "Bienvenido a casa Lord Stark" mientras caminaba hacia la chica de cabello plateado que vio entre la multitud.

Ahi estaba de pie Daenerys Targaryen, sus manos cruzadas frente a ella, mientras Benjen se detenía después de regresar los saludos. Dany conocía a este hombre por su reputación, Jon nunca dejaba de hablar de él, hablaba de él de con el mismo afecto con el que hablaba de Arya y Lord Eddard, y hasta ahora, a Arya parecía gustarle.

Benjen era lo más parecido a un padre que Jon tenía ahora, y quería causar una buena impresión.

Pero todos los Norteños parecieron tensarse cuando se dieron cuenta de que Benjen estaba ahora frente a la mujer cuyo padre había asesinado a su hermano y padre. Muchos de los Norteños que aun no confiaban en Daenerys tenían sus manos listas para desenvainar su espada si las cosas se ponían feas, por supuesto, esto fue notado por los Inmaculados y Dothrakis que estaban presentes y mantuvieron sus armas cerca para la protección de su Reina.

—Tío Benjen, permíteme presentarte a la Reina Daenerys de la Casa Targaryen,— Jon sonrió mientas se paraba entre Benjen y Dany.

—Lord Stark, es un honor conocerlo,— Dany extendió su mano nerviosamente.

Benjen sonrió y tomó la mano de Dany para llevarla a sus labios, colocado un beso en el dorso de su palma. —Su Alteza, el honor es mío,— saludó Benjen con el mayor de los respetos.

—Yo… lo siento por lo que mi padre le hizo a su familia. En nombre de la Casa Targaryen, le pido perdón por sus crímenes, al quemar a su padre y hermano,— Dany respiró hondo antes de rogar por el perdón de Benjen.

—¿Usted los quemó?— preguntó Benjen.

—… No,— contesto Dany confundida.

—¿Los vió arder?

—No.

—¿Es usted Aerys Targaryen?— Benjen continuó con su línea de preguntas.

—No,— Dany se sentía más y más confusa con cada nueva pregunta.

—Entonces ¿porque se disculpa? Nunca ha dañado a mi familia, ni usted ni las fuerzas bajo su mando, en su lugar esta aquí… lista para pelear con nosotros,— Benjen sonrió mientras miraba a Daenerys, y vió su rostro suavizarse ente su sonrisa.

—Ahora creo que deberíamos entrar. Tengo mucho que decirles,— respondió Benjen mientras Jon y Dany lideraban el camino, Benjen asegurandose que mantener a Dark Sister escondida de las miradas indiscretas, mientras Arya y Sansa lo seguían hacia el Salón Principal.

El Lobo Solitario había regresado a Winterfell, a casa, y la manada estaba completa de nuevo.


(1) es una pieza de la armadura que sirve para cubrir y defender el antebrazo.

(2) es una peninsula en el Norte, esta dentro de la Bahía de Hielo.


¿Cuál será el arma secreta de Euron?

No olviden que tengo una nueva traducción, llamada "En Otra Vida", es una historia Post-temporada 8, Jon/Dany, muy bien escrita, con personajes bien pensados, una buena línea y alguno que otro lemmon :)

Esa la pueden encontrar en archiveofourown (punto) org, me encuentran con el mismo Usaername.

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