Capítulo 1

No puedo recordar muchos detalles específicos del accidente, pero el miedo que sentí ese día todavía está muy claro en mi memoria. Tengo pesadillas todo el tiempo. Siempre son las mismas… algunas imágenes borrosas y un conjunto de sonidos caóticos, pero estoy paralizada de terror tan fuerte que no puedo respirar hasta que despierto gritando. El miedo en sí es el centro principal del sueño.

Si el sol no fuera tan brusco en mi cara, y mi cuerpo no se encontrará adolorido por las cinco horas y media de vuelo desde Boston, habría pensado que estaba de vuelta en mi sueño. Me encontraba así de aterrorizada cuando me senté en la calzada mirando lo que iba a ser mi nuevo hogar.

Hasta ahora, solo vi la vista desde el auto entre el aeropuerto y la casa de mi padre en las sinuosas colinas por encima de Los Ángeles. Era suficiente para saber que no era para nada como Boston, a pesar de lo que el tráfico en la autopista me haría creer.

Deseaba que fuera solo el cambio de escenario lo que me daba miedo. Pasé ocho semanas en terapia intensiva, y luego otros seis meses en un centro de rehabilitación. Ocho meses en total de hospitalización, y ahora estaba siendo liberada bajo el cuidado del hombre que salió de mi vida hace diez años, él y la mujer por quien me dejó, junto con las dos hijas con las que me había reemplazado.

—Debería advertirte que Rin probablemente cocinó una especie de cena de bienvenida a casa sorpresa.

—¿No es una fiesta? —Jadeé, mi terror explotando en algo que finalmente podría matarme. Nunca pensé que viviría a través de un infierno que la mayoría de la gente ni siquiera podía imaginar, solo para irme en mi primer día fuera del hospital con un grupo de extraños al azar que quieren darme la bienvenida a casa.

—No, por supuesto que no —me aseguró mi padre—. No es nada como eso. Tu nuevo equipo de rehabilitación pasó la semana pasada y preparó a toda la familia. Rin sabe que reunirse con una gran cantidad de personas nuevas será demasiado abrumador al principio. Estoy seguro de que serán solo ella y las chicas, pero es probable que haya una buena cena esperándote junto con regalos de bienvenida, y posiblemente decoraciones. Ella está muy emocionada por conocerte.

Cuando no respondí, papá me miró con esa mirada de impotencia con la que me estuvo observando desde que salí de mi estado de coma y lo encontré sentado al lado de mi cama de hospital. Es una mirada en la que el setenta por ciento es piedad, veinte por ciento miedo, y diez por ciento torpeza. Es como que no tiene ni idea de qué decir o cómo actuar conmigo, probablemente porque no me ha visto ni hablado conmigo desde que tenía ocho años.

Se aclaró la garganta, y dijo—: Peque, ¿estás lista? Nunca estaré lista.

—Por favor, no me llames así —susurré, trabajando duro para hablar alrededor de la masa que de repente me obstruía la garganta.

Dejó escapar una larga bocanada de aire e intento sonreír. —¿Demasiado mayor para eso?

—Algo así.

En verdad, odiaba el apodo porque me recordaba a mamá. Ella siempre me llamaba su pequeña, o muñeca. Cuando tenía seis años, mi papá comenzó a llamarme little. Dijo que era porque también necesitaba un apodo americano, pero creo que fue porque se sentía celoso de la relación que tenía con mamá incluso en aquel entonces.

—Lo siento —dijo papá.

—Está bien.

Abrí la puerta del coche antes de que la torpeza nos dejara mudos como muertos. Papá dio la vuelta alrededor del auto para ayudarme a salir, pero lo rechacé. —Se supone que tengo que hacerlo.

—Bien, lo siento. Aquí.

Mientras movía las piernas, una a la vez, me entregó mi bastón y esperó mientras lentamente me empujaba para ponerme de pie.

Tomó esfuerzo, y no fue agradable, pero finalmente otra vez podía caminar por mi cuenta. Estaba orgullosa de eso. Los médicos no siempre pensaron que sería posible, pero me empujé a través del dolor y recobré gran parte de mi rango de movimiento. Las cicatrices eran bastante malas. Tampoco quería estar confinada a una silla de ruedas por el resto de mi vida.

Me alegré por el lento paseo por el camino de entrada. Me dio el tiempo que necesitaba para prepararme para lo que me esperaba en el interior.

Papá hizo un gesto con su mano para mostrar la casa frente a nosotros. —Sé que no parece mucho desde el frente, pero, es más grande de lo que parece, y la vista desde la parte de atrás es espectacular ¿No parecía mucho? ¿Qué esperaba que pensara de la casa postmoderna de dos pisos de varios millones de dólares frente a mí? Él había visto el pequeño apartamento de dos habitaciones en el que vivía antes con mamá, en Boston. Había sido el que vació el lugar después del funeral de mamá.

Sin saber qué decir, me encogí de hombros.

—Instalamos tu habitación en la planta baja de modo que no tendrás que usar las escaleras, salvo para llegar a la sala de estar principal, lo cual es solo por un corto tramo de escaleras. También tienes tu propio cuarto de baño y lo hemos transformado, así que ahora es accesible para discapacitados. Todo debería estar listo para ti, pero si resulta que la casa no funciona, Rin y yo ya hemos hablado sobre encontrar algo nuevo, quizás por la colina en Bel-Air, donde podemos conseguir una linda casa estilo ranchero.

Cerré los ojos y respiré profundo en un intento de no mirarlo con furia o decir algo grosero. Habló como si fuera a estar aquí para siempre, pero iba a irme tan pronto como fuera capaz.

Tuve un momento de debilidad en un punto bajo en mi rehabilitación e intenté quitarme la vida. En ese momento, había estado en el hospital durante tres meses, sin un final a la vista. Aún apenas podía moverme, acababa de tener mi decimoséptima cirugía, habían dicho que nunca volvería a caminar, perdí a mi madre, y sentía tanto dolor físico que solo quería que todo terminara.

Nadie me culpó por mis acciones, pero ahora todos creían que era una amenaza para mí misma. Planeaba quedarme en Boston, terminar por internet la escuela que me perdí, y luego ir a la Universidad de Boston cuando estuviera lista. Tenía dieciocho años y tenía el dinero ahorrado, pero cuando mi padre se dio cuenta de lo que estaba planeando, me declaró mentalmente incompetente de forma legal y me obligó a venir a California con él.

No era fácil para mí ser civilizada con el hombre. —Estoy segura de que la casa está muy bien —refunfuñe—. ¿Podemos, por favor, simplemente terminar con esto para que pueda irme a la cama? Me siento exhausta y muy adolorida después de viajar todo el día.

Me sentí mal por ser cortante con él cuando vi destellar la decepción en sus ojos. Creo que esperaba impresionarme, pero él no entendía que nunca tuve un montón de dinero y que nunca lo necesité. Estaba contenta con el estilo de vida humilde que tenía con mamá. Nunca usé los cheques que enviaba todos los meses. Mamá los colocó en una cuenta bancaria por años. Ahí tenía suficiente para pagar la universidad, otra razón por la que habría estado bien por mi cuenta.

—Claro, cariño… —Hizo una pausa y se avergonzó—. Lo siento. Supongo que ese nombre también está fuera de la lista de apodos aprobados, ¿eh?

Hice una mueca. —¿Qué tal si solo lo dejamos en Saku?

En el interior, la casa era tan inmaculada como el centro de quemados. Probablemente las alarmas sonaban cuando una mota de polvo aterrizaba en cualquier lugar. Mi equipo de rehabilitación estaría emocionado. El lugar era elegante y todo el mobiliario parecía muy incómodo. No había forma de que esta casa alguna vez se sintiera como un hogar.

La nueva señora Hatake se encontraba de pie en una cocina enorme, colocando una bandeja de plata con fruta y salsa sobre una encimera de granito cuando giramos alrededor de la esquina. Creo que la bandeja podría ser plata de verdad. Cuando nos notó, todo su rostro se iluminó en la sonrisa más enorme y más brillante que jamás había visto en nadie. —¡Sakura! ¡Bienvenida a nuestra casa, cariño!

Rin Hatake tenía que ser la mujer más hermosa de todos Los Ángeles. Cabello castaño y sedoso, ojos color miel como oro, y pestañas que tenían forma de luna. Sus piernas eran largas, su cintura era diminuta, y sus tetas gigantes eran perfectamente redondas y firmes. Bombón fue la única palabra que me vino a la mente.

No sé por qué su belleza me pareció sorprendente. Sabía que era una modelo profesional de publicidad y comerciales, no de moda. Hizo cosas como comerciales de champú y crema para la piel, por lo que en realidad se veía saludable y no tan flaca como una adicta al crack.

A juzgar por el tamaño de su casa, debe haberlo hecho bastante bien por sí misma porque mi papá podía ser un gran abogado, pero los abogados de Estados Unidos no tienen sueldos escandalosos. Antes, cuando vivía con nosotros, teníamos una casa regular en los suburbios, pero desde luego no estábamos conduciendo un Mercedes y viviendo en una casa sobre una colina con su propia puerta.

Rin dio un paso adelante y me dio un abrazo cuidadoso, besando el aire al lado de mi mejilla. —Estamos muy emocionados por conseguir finalmente tenerte aquí con nosotros. Kakashi nos ha hablado tanto de ti durante tanto tiempo que siento como si ya fueras parte de la familia. Debe de ser un alivio estar de nuevo en una casa de verdad.

En realidad, dejar el centro de rehabilitación fue una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer, y estar aquí era lo contrario a un alivio. Pero, por supuesto, no dije eso. Intenté pensar en algo que fuera cierto y no demasiado insultante. —Es un alivio estar fuera del avión.

La sonrisa de Rin se volvió simpática. —Pobrecita, debes estar muy cansada.

Me tragué la molestia y forcé una sonrisa. Odiaba la lástima de la gente tanto como odiaba sus miradas, si no más. Antes de que tuviera que averiguar algo que decir, mis dos nuevas hermanastras irrumpieron por la puerta principal.

—Chicas, llegan tarde. —Rin sonaba irritada, pero de nuevo tenía una enorme sonrisa falsa en su rostro—. ¡Miren quien está en casa!

Las dos hermanas se estrellaron entre sí deteniéndose abruptamente. Eran gemelas. No idénticas, no creía, pero se veían tan parecidas, que, si no fuera por los cortes de cabello, apostaba que las confundirían. Sabía por las fotos que papá me mostró que Ino era la que tenía el largo cabello rubio cayendo en ondas sedosas hasta la mitad de su espalda, mientras que Temari tenía una melena lisa que se extendía por su cara y se detenía en su mentón. Estaba tan perfectamente peinada que se veía como si hubiera salido directamente de una revista de estilos de peinados.

Ambas eran tan guapas como su madre —pelo rubio, ojos azules, y figuras perfectas. ¡Y ambas eran muy altas! Mido uno setenta, y las dos me superaban. Por supuesto, ambas llevaban tacones que les daban al menos doce centímetros extras, pero apuesto a que superaban el metro setenta y siete sin los zapatos. Eran más de un año más pequeñas que yo, pero podían pasar fácilmente por veintiuno.

Sin molestarse con cualquier tipo de saludo, Temari se llevó una mano al pecho. —Oh, hombre, estoy muy contenta de que tu cara no esté en mal estado.

Ino asintió con ojos muy abiertos. —Totalmente. Buscamos en internet fotos de victimas de quemaduras, y, como todos tenían horribles cicatrices en sus caras. Era repugnante.

Mi padre y Rin dejaron salir risas nerviosas a juego y se pusieron al lado de las gemelas. —Chicas —regañó Rin suavemente—, no es educado hablar sobre las deformidades de la gente.

Me estremecí ante el término. ¿Era eso lo que pensaba de mí?

¿Qué estaba deforme? Mi cara pudo haber tenido suerte, pero la parte derecha de mi cuerpo por debajo de mi hombro y todo desde mi cintura hacia abajo estaba cubierta por espesas y elevadas cicatrices rosas que hacían contraste con mi piel lechosa.

Mi padre atrajo a las niñas a sus costados, metiendo a cada una bajo un brazo. Con sus tacones estaban casi a la altura de su metro ochenta. Lo recordaba siendo un hombre de aspecto decente, pero era realmente guapo al lado de su familia perfecta. Todavía tenía la cabeza llena de espeso pelo gris, y por supuesto, mis brillantes ojos verdes.

—Cariño, estas son mis hijas, Temari y Ino. Niñas, esta es su nueva hermanastra, Sakura.

Sonrió con orgullo, mostrando su perfecta sonrisa de abogado mientras las apretaba a ambas. Las arrugas alrededor de sus ojos dañaron mi corazón. Líneas de sonrisa. Obviamente había pasado su vida riendo un montón. También me di cuenta de que llamó a las gemelas sus hijas. No hijastras.

Ignorando las ganas de acurrucarme en una bola y llorar, levanté una mano en señal de saludo.

—Es solo Saku. Saku Hruno.

Ninguna cogió mi mano. —¿Haruno? —se burló Ino—. ¿No debería ser Hatake?

Dejando caer la mano a mi costado, me encogí de hombros. —Lo cambié por el apellido de soltera de mi madre cuando tenía doce.

—¿Por qué?

—Porque soy una Haruno.

Mis dos hermanastras parecían como si de alguna manera las hubiese ofendido. Tuve que apretar la mandíbula para evitar escupirles obscenidades. Mi mirada se deslizó a mi padre. —¿Dónde está mi bolsa? Tengo que tomarme la medicina, y luego necesito descansar. Mis piernas se sienten hinchadas.

Rin discutió con sus niñas en calientes susurros mientras mi padre me llevaba al otro lado de la planta principal hacia mi habitación. No me preocupó que estuviesen discutiendo sobre mí. Sólo me alegraba de haber acabado con las presentaciones. Ahora esperaba poder evitarlas lo máximo posible.

Me senté en mi cama de estilo de hospital que elevaría tanto la cabeza como los pies, y me tragué un par de pastillas antes de mirar mi nueva habitación. Las paredes eran de un suave amarillo —sin duda intencionadamente, ya que algunos doctores le habían dicho a mi padre que el amarillo era un alegre color relajante. Honestamente, no era tan malo, pero los muebles eran un horrible conjunto blanco con volantes que me hizo sentir como si tuviese seis años otra vez. Era espantoso.

—¿Te gusta? —preguntó Rin esperanzada. Había entrado en la habitación y tomó su lugar al lado de mi padre. Él envolvió el brazo alrededor de su cintura y la besó en la mejilla. Me tomó un serio esfuerzo el no sentirme avergonzada de ellos.

Una vez más, elegí mis palabras cuidadosamente. —Nunca he tenido cosas así de bonitas antes.

Papá cogió algún tipo de mando con pantalla táctil. —Tienes que ver la mejor parte. —Sonrió cuando empezó a apretar botones—. Puedo enseñarte a utilizarlo más tarde. Controla la televisión, radio, luces, ventilador y ventanas.

—¿Las ventanas? —¿Mis ventanas se controlaban por el mando?

Papá hinchó el pecho, y con un último toque en la pantalla, las finas cortinas blancas que iban del suelo al techo en la pared más lejana se abrieron, revelando una pared entera de ventanas con una puerta corredera en medio. Luego, con otro toque en un botón, los toldos se levantaron, dejando que un torrente de luz engullese la habitación.

Papá abrió la puerta y salió hacia la puesta de sol en un balcón de madera que daba a toda la ciudad de Los Ángeles tan lejos como se podía ver. Más allá del balcón, la tierra no estaba a la vista. Aparentemente, la casa se situaba al lado de un acantilado.

—Tienes la mejor vista de la casa. Tendrás que venir aquí y mirar las luces cuando anochezca. Es realmente algo que ver.

Dada la reputación de California para los terremotos, encontré la perspectiva de estar en ese balcón un poco inquietante.

Papá entró y una vez que los toldos y las cortinas se hallaban en su lugar, se volvió hacia mí con una expresión esperanzada. Me pilló mirando el portátil en la mesa con inquietud. Era plateado y parecía tan delgado como una tortita. Siempre había querido uno de esos, pero de alguna manera ya no parecía tan atractivo.

Papá caminó y abrió el portátil. —Espero que no te importe el cambio. El ordenador que tenías en tu apartamento era muy antiguo. Pensé que este te gustaría más. Conseguí que alguien hiciese una copia del disco duro antes de deshacerme de él. También te conseguí un nuevo teléfono ya que el tuyo se quemó. —Cogió lo que parecía un iPhone en una funda rosa fuerte y me lo dio—. Te hemos añadido al plan familiar —todo ilimitado, así que no te preocupes por llamar a tus amigos en Massachusetts. No es un problema.

Me encogí. No me había puesto en contacto con ninguno de mis amigos desde el accidente. Para cuando fui capaz de llamar a la gente, pasó tanto tiempo que imaginé que la gente siguió adelante. Me iba a casa con mi padre y no volvería, así que nunca vi el punto de mantener el contacto. Ahora que estaba a miles de kilómetros, realmente no veía el punto.

Mi padre también debió de haber notado eso, porque forzó una sonrisa frágil y se frotó la parte posterior del cuello como si se sintiese de repente extremadamente incómodo.

—Gracias —dije—. Así que, um, ¿dónde están mis cosas?

El rostro de papá se relajó, como si le acabara de hacer una pegunta fácil de un tema más seguro. —Todo lo de tu habitación, excepto los muebles, obviamente, se encuentra guardado en cajas en tu armario.

¿En mi armario? —¿Cómo de grande es el armario?

Rin encontró esto divertido. —No tan grande como el mío, pero dudo que tengas el problema de zapatos que tengo yo.

No quise decirle que mi madre y yo habíamos tenido un problema de zapatos. Teníamos el mismo número de pie y debía de haber habido una carga de camión entre las dos. No es que fuese a usar alguno de ellos otra vez. Nada de sandalias abiertas o tacones de cualquier tipo para mi ahora —sólo zapatos especiales que aguantasen terapéuticamente mis pies quemados y gritasen "abuela." Habían arreglado mi mano, dándome el suficiente movimiento para que fuese capaz de volver a escribir —en cierto modo. Seguía trabajando en hacer mi escritura legible, pero no pudieron salvar completamente los dedos de mis pies.

—Dejamos todo en cajas porque pensamos que querrías desempacar y colocar las cosas tú —dijo papá—. Pero si quieres ayuda, estaremos felices de hacer cualquier cosa que necesites.

—No. Puedo manejarlo. ¿Qué pasa con las cosas de mamá, y el resto del apartamento?

—Guardé todo lo que parecía significativo. Fotos y cosas, y algunas de las pertenencias de tu madre que pensé que podrías querer. No había mucho, solo un par de cajas que valían la pena. Están con tus cosas. Me deshice de todo lo demás.

—¿Qué hay de los libros? —Mi corazón empezó a latir con fuerza en mi pecho. Mis estanterías no se hallaban en esta habitación, y dudaba seriamente que estuviesen en mi armario—. ¿Qué hiciste con todos mis libros?

—¿Todos los libros del salón? Los he donado.

—¿Tú qué?

Mi padre se estremeció cuando grité, y tuvo esa expresión de pánico de vuelta en sus ojos. —Los siento, cariño. No me di cuenta…

—¿Regalaste todos mis libros?

Quizás fue una cosa estúpida el perder el control después de todo el estrés emocional por el que había pasado ese día, pero simplemente no podía manejar el pensamiento de mis libros habiéndose ido. Los coleccioné durante años.

Desde que aprendí a leer, fue mi cosa favorita. Mamá me regaló libros por mi cumpleaños y Navidad —y algunas veces porque le apetecía— durante tanto tiempo, que se convirtió en una tradición.

Había ido a firmas de libros y convenciones por todo el noroeste y tenía docenas de libros firmados por mis autores favoritos. Cada vez que me acercaba a mamá con esa mirada en los ojos, ella se reiría y diría—: ¿A dónde esta vez? —En cada firma, conseguía que alguien nos tomara a mamá y a mí una foto con el autor y pegaba la foto en la cubierta interior del libro con el que fui.

Ahora, los libros, las fotos, y los recuerdos… se habían ido. Al igual que mamá. Nunca los recuperaría, y nunca podría reemplazar lo que había perdido. Era como perderla otra vez.

Mi corazón se rompió en un millón de pedazos diminutos, destrozados sin reparación. Estallé en sollozos incontrolables, me di la vuelta en la cama, y me acurruqué en una bola apretada, deseando poder bloquear el dolor de alguna manera.

—Lo siento, Sakura. No tenía ni idea. No estabas despierta para poder preguntarte. Sin embargo, puedo conseguirte nuevos libros. Iremos esta semana y podrás conseguir todo lo que quieras.

El pensamiento de él tratando de reemplazar esa colección me revolvió el estómago. —¡No lo entiendes! —grité—. Por favor, simplemente vete.

Nunca escuché cerrarse la puerta, pero nadie me molestó después de eso hasta la mañana siguiente. Lloré durante horas hasta que me desmayé de cansancio.