Capítulo 2

Lo único que voy a decir de California es que aquí todo el mundo es bastante atractivo. Por un lado, es una mierda, ya que solo hará que mis cicatrices destaquen más cuando todo el mundo a mí alrededor se ve tan perfecto todo el tiempo. Por otro lado, no obstante, me gusta pasar tiempo con chicos lindos tanto como a la chica de al lado, y todo mi nuevo equipo de rehabilitación son una preciosidad. Esto es bueno porque hace que todo el tiempo que tengo para estar con cada uno de ellos sea mucho más agradable.

Mi dietista y mi enfermero son dos chicos sexis en sus treinta. Mi nutricionista también es un entrenador personal a tiempo parcial. Nunca he sido muy deportista, pero el tipo me hace querer ir a un gimnasio. Mi terapeuta físico tiene solo veintiocho años y es francamente delicioso. En serio, parece que pertenece a la televisión y no a mi sala de estar, me obliga a ejercitarme hasta que siento ganas de llorar. La fisioterapia estas dos últimas semanas ha sido algo que casi espero con interés. Casi.

Di un grito ahogado en un aumento inesperado de dolor y contuve la respiración para no gritar.

—Vamos, Saku, solo uno más. Sé que puedes hacerlo. Hasta tus zapatos en esta ocasión.

Quería llorar, pero me toqué el dedo del pie una vez más porque Shisui me sonrió con tanta confianza que no lo podía decepcionar. Y juro que sacudió sus pestañas. Empujé mis dedos hacia el piso, estirando mi nueva piel en algunos de los lugares más estrechos. Sabía que la terapia física se supone que es dura —lleva la frase "sin dolor no hay ganancia", literalmente—, pero no podía hacer que mis dedos llegaran a mis zapatos. Todo mi cuerpo ardía. Las lágrimas pincharon mis ojos y me enderecé.

—Lo siento. No puedo. Siento como si mi cuerpo se fuera a desgarrar en cualquier segundo.

Shisui frunció el ceño, no en frustración o decepción, sino debido a su preocupación por mí. La acción era merecedora de un suspiro.

—Llegaste a tus zapatos una vez el lunes. ¿Está haciendo tus ejercicios todos los días como lo hablamos?

—Sí, pero creo que mi piel odia el aire de California. Ha estado irritada durante toda la semana.

—Déjame ver —exigió Shisui. Me levanté la camisa un poco para que pudiera inspeccionar mi espalda, y levanté las piernas de mi pantalón para que consiguiera un buen vistazo detrás de mis rodillas—.¿Por qué no dijiste algo antes? No debería haber estado presionándote tan fuerte. No te rascas, ¿verdad?

—Trato de no hacerlo.

—¿Y la exposición al sol? ¿Nada de tomar el sol en el patio trasero? ¿Algún viaje a la playa?

—Sí —me burlé—. Desfilar en público en un traje de baño se encuentra en la parte superior de mi lista de tareas pendientes. No he salido de la casa ni una vez desde que llegué aquí. Soy prácticamente un vampiro ahora.

Shisui dejó de inspeccionar mi piel y frunció el ceño de nuevo. Esta vez estaba en problemas.

—En primer lugar, la playa es increíble y te encantaría. El próximo verano, cuando tu piel sea más fuerte, te voy a llevar allí yo mismo. —¿Delicioso Shisui, en nada más que un par de pantalones cortos de baño? Eso casi valdría la pena las miradas—. Y, en segundo lugar, ¿cuándo vendrá tu enfermero?

—No hasta el lunes.

—Eso no es lo suficientemente pronto. Estás demasiado deshidratada. Tu piel todavía está ajustándose al cambio climático. Cali es mucho más seco que la costa este.

—Mi cabello coincidiría contigo.

Shisui se rio y comenzó a hurgar en su mochila, aparentemente en una misión.

—¡Ajá! Tengo alguno conmigo. —Sacó una botella de aceite mineral y sonrió—. Ve a cambiarte y te voy a dar un masaje. Tu madre tiene una mesa de masaje, ¿no? Pensé que dijo eso la última vez que estuve aquí.

No me di cuenta de que me había congelado hasta que la sonrisa juguetona en el rostro de Shisui cayó.

—Ella no es mi mamá —dije, aunque eso no era lo que tenía a mi estómago hecho nudos de repente—. Y sí, tiene una, pero no tienes que hacer eso. Estoy segura de que voy a estar bien hasta el lunes.

Ya había visto mis cicatrices, pero un brazo o una pierna aquí y allá era diferente a presenciar todo el cuadro a la vez.

Shisui me miró directamente a los ojos, como si supiera exactamente cuál era mi vacilación.

—Saku —Su voz era suave pero severa—, tu piel se agrietará y vas a estar sangrando para el lunes. No podemos correr el riesgo de que tus injertos se arranquen. No quieres otra cirugía, ¿verdad?

—No. —Mi voz tembló mientras luchaba con mis emociones.

—Si te sientes tan incómoda conmigo, puedo llamar a Gaara, o hacer que uno de tus padres lo haga, pero tiene que hacerse hoy.

Como si fuera a dejar que mi papá o Rin hicieran algo.

Odiaba cuando mi enfermero tenía que verme tanto como odiaría que me viera Shisui, así que no sentí la necesidad de pedirle que llamara a Gaara. Tomé una respiración profunda y asentí.

—Lo siento. Tienes razón. Está bien. Iré a cambiarme.

—Buena chica. —Shisui me sonrió tan sinceramente lleno de orgullo que tiró de mis entrañas—. Eres una de mis pacientes más valientes, ¿lo sabías?

Me las arreglé para reír.

—Apuesto a que le dices eso a todos tus pacientes. Shisui sonrió.

—Lo hago, pero lo digo en serio contigo.

—Apuesto a que también le dices eso a todas. —Rodando los ojos, me dirigí a mi habitación para ponerme un temido bikini.

Cuando finalmente me armé de valor para salir de mi dormitorio, Shisui ya había establecido la mesa de masaje en la sala de estar. Contuve la respiración, pero cuando levantó la vista, sonrió como si nada fuera diferente. No hubo ni un segundo de vacilación. Ni siquiera un estremecimiento. Simplemente palmeó la mesa.

Es por eso que me encantaban los médicos. El personal en el centro de quemados en Boston era exactamente igual que Shisui. Para ellos, yo era otra persona más. Durante mi estancia allí, incluso me engañé con el pensamiento de que la vida no sería tan mala.

En mi viaje desde Boston a Los Ángeles llevaba puestos zapatos, pantalones y una camiseta de manga larga. Las únicas cicatrices que eran visibles se hallaban en mi mano derecha, y por supuesto tenía mi cojera. La gente me miraba como si fuera un extraterrestre con tres cabezas. Murmuraban, señalaban y se estremecían. No me podía imaginar lo que sería salir de la casa en una camiseta sin mangas y pantalones cortos.

Tomando un poco más de coraje, me dirigí hacia él, pero cuando entré en la habitación, Rin me vio. Ella llevaba un par de vasos llenos de limonada. Cuando me vio con todas mis cicatrices expuestas, se quedó sin aliento y sus ojos brillaron por las lágrimas. Tuvo que poner los vasos sobre la mesa y sentarse.

—Lo siento —susurró—. Kakashi dijo que era malo, pero no tenía ni idea… Lo siento mucho, Saku. —Levantó la mirada y se encogió de nuevo—. Perdonen —dijo, y entonces subió corriendo a su habitación.

Cerré los ojos y respiré profundo. Shisui me dio un minuto para serenarme y luego suavemente me tomó la mano.

—¿Necesita ayuda para subirte?

Normalmente habría intentado hacerlo por mi cuenta, pero esta vez dejé que me levantara sobre la mesa. Me acosté sobre mi estómago en primer lugar porque no estaba lista para mirarlo. No podía después de hacer que mi madrastra huyera de la habitación.

—No sé por qué mi papá pagó por el cuidado en el hogar —me quejé cuando Shisui comenzó a empapar mi piel sensible en aceite mineral—. El centro de quemados no está tan lejos. Hubiera preferido ir allá más en vez de tener que hacer todas estas cosas.

Shisui estuvo en silencio por un momento, y luego dijo—: Me gustaría poder decir que esto va a mejorar. Nunca va a ser fácil, Saku. La gente siempre va a reaccionar, algunos peor que otros.

—Por lo menos las brujastras no están en casa. A Rin le puede faltar tacto, pero por lo menos trata de ser agradable. La Bruja uno y la Bruja dos hacen que el diablo parezca un gatito.

Shisui suspiró.

—Mira el lado bueno. Siempre serás capaz de decir quiénes son tus verdaderos amigos. Algún día, cuando decidas sentar cabeza y casarte, vas a conseguir absolutamente la mejor crema de la cosecha por marido.

Solté un bufido. Como si hubiera alguna posibilidad de que alguien fuera a salir conmigo ahora, mucho menos elegir quedarse atascado conmigo por el resto de su vida.

—No te atrevas a reír ante la idea de que alguien te amé, Saku. Date la vuelta —exigió. Cuando me di la vuelta sobre mi espalda, intentó ponerme una cara enojada. No era muy bueno en eso—. Eres inteligente, ingeniosa y fuerte. Y eres hermosa.

—Una vez más, eres mi médico. Tienes que decir eso.

Shisui no se rio. Me miró directamente, más serio de lo que lo vi nunca.

—Impresionantemente hermosa —insistió—. Tienes ojos que podrían rondar los sueños de un hombre

Quise hacer una broma, pero algo en el rostro de Shisui lo hizo imposible, por lo que solo susurré—: Gracias. —Y mi rostro se volvió rojo brillante.

—Hay gente por ahí que va a ser capaz de ver más allá de tus cicatrices a la chica que hay en el interior —dijo Shisui—, pero no vas a encontrarlo si te escondes en esta casa todo el día. No creas que me olvidé de eso, señorita. Te lo advierto, ahora totalmente te voy a delatar con la Dra. Senju para que salgas.

Gemí. Mis sesiones con mi psiquiatra eran casi más dolorosas que mi terapia física.

—No me vengas con esa cara. Es por tu propio bien. Sentarte en casa todo el día no es lo que deberías estar haciendo, y lo sabes. Puede producir una digresión, Saku. No quieres que todos tus últimos meses de duro trabajo se vayan a la basura.

—Pero estoy haciendo mis ejercicios todos los días. Te lo juro.

—No es lo mismo. Tienes que ser activa. Necesitas variedad en tus movimientos. Tienes que estar haciendo todas esas cosas que solías hacer sin tener que pensar en ello. Además, te deprimirás, y entonces dejarás de trabajar tan duro. Luego voy a quedar mal y tu papá me va a disparar. Es posible que desees deshacerte de mí, pero te prometo que cualquier reemplazo que encuentre te torturará igual que yo, pero no será tan genial.

El hombre tenía un punto. Si todo el mundo fuera tan solo la mitad de genial que Shisui.

Mi padre entró en la habitación entonces y en silencio examinó mi piel mientras Shisui terminaba de hidratarla. Sus cejas cayeron sobre sus ojos y señaló mi piel.

—¿Por qué está así? —Había estado allí para presenciar muchos masajes cuando estuve en el hospital en Boston, así que podía notar la diferencia.

Mi padre miraba a Shisui, por lo tanto, dejé que él respondiera la pregunta.

—Saku está acostumbrada a la humedad de Boston. Es posible que quiera hacer que su enfermero la revise con más frecuencia hasta que su cuerpo se adapte al clima de California.

Papá asintió.

—Llamaré a Gaara hoy. ¿Está bien como para dejar la casa así?

Tengo que llevarla a inscribirse en la escuela.

Puf. Terapia física, horrorizar a mi madrastra hasta las lágrimas, piel seca, visitas extras de mi enfermero, y, aun así, mi día milagrosamente se hizo mucho peor. Increíble.

Shisui —que era lo bastante autoconsciente como para darse cuenta que hablar de la gente como si no estuvieran en la habitación cuando en realidad se encontraban allí era más allá de grosero— me habló cuando le contestó a mi padre. Me guiñó un ojo, y dijo—: El aire fresco será bueno para ti.

Mi padre me matriculó en la misma lujosa escuela privada a la que iban las gemelas. Lo más cerca que alguna vez estuve de una escuela privada era viendo dramas adolescentes en la televisión. La escuela afirmaba tener un índice de éxito del noventa y ocho por ciento para su programa de inserción en la universidad. Mi secundaria en Boston tenía detectores de metales y se jactaba de un índice de graduación del sesenta y tres por ciento.

Como si eso no fuera lo bastante malo, la escuela requería uniformes. Iban con tradicionales camisas blancas, o de cuello tortuga en el invierno, y faldas plisadas azul marino. Pasé el verano encerrada en la casa, y las pocas ocasiones en que mi padre y Rin me obligaron a salir en público, me cubrí de la cabeza a los pies. ¿Ahora esperaban que fuera a la escuela usando manga corta y una falda hasta la rodilla? ¿No entendían cómo eran los adolescentes promedios?

Mi padre era todo sonrisas cuando volvimos al auto después de nuestra reunión con el director.

—¿Y? —preguntó—. ¿Qué piensas? ¿Estás emocionada? Es agradable, ¿no?

Era demasiado agradable. La escuela estaba enjaulada detrás de enormes puertas de hierro y una caseta de seguridad, y se alzaba sobre un extenso jardín. Se componía de un número de edificios más pequeños que se conectaban por arcos cubiertos, recordándome a una antigua mansión. Casi no podía creer que el lugar fuera una escuela secundaria.

Mientras papá nos sacaba de la zona de estacionamiento, mi corazón empezó a revolotear de esa forma tan familiar que llegué a reconocer como un ataque de pánico. Me giré completamente de lado en mi asiento y agarré su brazo.

—Papá, por favor, no me hagas ir allí.

Se sorprendió por mi repentina intensidad.

—¿Por qué, qué pasa?

—La escuela ya va a ser lo bastante difícil. Por favor, por favor, por favor, no lo empeores para mí. Ese lugar es una locura. Por lo menos en la escuela pública sabré en lo que me estoy metiendo: la misma mierda, diferente escuela. Los doctores dijeron que necesitaba lo "familiar". Eso —hice un gesto con mi mano hacia la escuela detrás de nosotros—, no es familiar. No puedo hacerlo. No me hagas ir allí.

Mi pánico era cien por ciento sincero, pero mi padre tuvo el descaro de reírse de mí. Desdeñó mi ansiedad como si no fuera nada.

—No seas ridícula. Estarás bien allí, ya verás.

—¿Por qué no puedo hacer lo de la escuela en línea? Probablemente podría recuperar el tiempo que perdí y obtener mí diploma en un par de semanas, en lugar de repetir todo mi último año.

—Sabes por qué no puedes hacer la escuela en línea. Tus doctores han hablado todos sobre la importancia de volver a una rutina normal lo más pronto posible. Cuanto más tiempo permanezcas encerrada, más difícil será para ti volver a vivir una vida normal.

Me burlé de eso.

—¿Crees que viviré una vida normal de nuevo?

—¿Qué quieres que haga, Saku? Solo trato de seguir las órdenes de los doctores. Estoy tratando de hacer lo que es mejor para ti.

Quería gritar. Él no tenía ni idea de lo que era mejor para mí.

—Está bien. ¿Puedo al menos ir a una escuela pública? Mi papá pareció horrorizado por la sugerencia.

—¿Por qué en la Tierra querrías hacer eso?

—Uh, no hay uniformes, para empezar, y porque a los chicos se les permite expresarse allí y ser individuales. Habrá un montón de raritos. Tendría una oportunidad mucho mejor de mezclarme.

—Tú no eres rarita.

Le disparé a mi papá una mirada incrédula, desafiándolo a decir eso de nuevo. No lo hizo.

—Incluso si no estuviera lisiada y con cicatrices, no querría ir a esa escuela. No soy como las hijas de Rin. No pertenezco a alguna lujosa escuela snob para niños ricos privilegiados.

—Estás siendo muy prejuiciosa, Saku. Por lo menos dale una oportunidad antes de decidir que la odias.

—Pero…

—Además, ninguna hija mía va a ir a una escuela pública cuando puedo proporcionarle una educación mejor.

Encontré eso totalmente ofensivo, considerando que toda mi educación hasta el momento fue en la escuela pública.

—No parecía molestarte el año pasado —espeté—. Por otro lado, supongo que en realidad no era tu hija el año pasado, ¿verdad? O todos los años que asistí a la escuela pública antes de eso.

Mi padre se congeló, su expresión deslizándose a una severa cara de póquer. Solo podía significar que realmente lo había molestado o herido sus sentimientos. Probablemente ambas, pero eso no importaba en este punto. Estaba demasiado enojada, demasiado asustada, y extrañaba demasiado a mi mamá como para preocuparme por lo que pensaba el hombre que nos dejó.

—Ya estás matriculada. No te voy a mandar a la escuela pública. Fin de la discusión.

Cerré la boca y me dejé caer de vuelta en mi asiento, optando por permanecer en silencio y mirar por la ventana el resto del camino a casa. ¿Fin de la discusión? Bien. No me importaba si esa era la última discusión que teníamos.