Capítulo 7
Mi primer día de clases fue más o menos como yo había esperado que fuera. Todo el mundo se quedó mirando. Llevaba mi uniforme de invierno, a pesar de que todavía hacía calor fuera, porque cubría mi piel, pero no importaba, porque así la gente no podía ver mis cicatrices. Ellos me veían cojear con mi bastón y se quedaban mirando mis mangas largas y mis medias, sabiendo exactamente quién era yo y lo que escondía debajo de mi ropa.
Algunas personas trataron de ser discretas, o trataban de no mirar, pero sus ojos se dirigían de nuevo a mí de todos modos. Esos eran los chicos que se veían obligados a forzar una sonrisa en mi dirección o hablarme por cortesía cuando tenían que hacerlo. Otros miraban abiertamente, se reían, señalaban y se burlaban de mí en un intento de hacer que los otros a su alrededor se rieran.
Nadie hizo un esfuerzo por hacerse amigo mío. Nadie me defendió cuando se burlaron de mí. Algunos miraban como si se sintieran mal por mí, pero estaban demasiado asustados para intervenir. Supuse que eran probablemente los chicos que habían sido el blanco de los matones hasta que llegué a la escuela y tomé sus lugares. Ni siquiera esos chicos me invitaron a sentarme con ellos en el almuerzo. Eran demasiado miedosos para ser amables conmigo.
Hice todo lo que pude para ignorarlo todo, pero me iba a tomar tiempo llegar al punto en el que no me haría daño, si es que eso era posible.
Mis hermanastras no me ayudaban en absoluto. Tuve al menos una clase con las dos y teníamos el mismo almuerzo, pero como yo había sospechado que sucedería, ellas habían asumido la táctica de fingir que Ella no existe. La única vez que hablamos en todo el día fue en el estacionamiento después de la escuela. Temari me saludó con una mirada desagradable mientras abría la puerta del copiloto de su pequeño descapotable de dos puertas.
—Estacionar en la sección de discapacitados es tan embarazoso.
Ino arrojó su mochila en el asiento trasero y se subió al volante. —Lo que sea. Es el mejor espacio en todo el estacionamiento. Está tan cerca que estaremos fuera de aquí antes que el tráfico de verdad empiece.
Temari se burló de su hermana y sacó el asiento del pasajero delantero, haciendo un gesto para que me subiera al asiento trasero.
¿Estaba bromeando?
—Sabes que no puedo subir ahí, ¿verdad?
Temari se encogió de hombros. —Entonces camina hasta casa. Yo no iré en la parte trasera todo el año.
Cerré los ojos contra la repentina punzada de lágrimas de frustración. Este había sido un día horrible y sólo quería llegar a casa.
—No estoy tratando de ser difícil. Físicamente no puedo subir ahí atrás.
—¡Temari! —silbó Ino—. ¿Quieres meterte ya?
—No. Este es nuestro coche. No deberíamos tener que ser castigadas porque el monstruo no puede usar sus piernas.
Había levantado su voz lo suficiente como para ganarse la atención de la mitad de los chicos que había en el estacionamiento. Si ella se sentía verdaderamente avergonzada de mí, estaba manejando la situación definitivamente por el camino equivocado. Ino obviamente pensaba lo mismo. Miró a su hermana y rodeó el coche para dejar las llaves en la mano de Temari.
—Gracias —murmuré cuando Ino se subió a la parte de atrás y sacó el asiento de atrás para que pudiera sentarse.
—Lo que sea.
Temari nos miró a las dos, luego sacudió la cabeza con disgusto. Después de caer en el asiento del conductor, le dio un tirón a su pelo y miró a su hermana por el espejo retrovisor. —No puedo creer que le hayas dado lo que quiere. ¿Vas a sentarte allí todos los días durante el resto del año?
—¿Podemos irnos ya de una vez? —espetó Ino—. La gente está mirando.
El viaje a casa fue en silencio, salvo por el Top 40 del pop en la radio. Rin estaba en casa esperando para saludarnos con enormes sonrisas y un millón de preguntas. Yo quería irme directamente a mi habitación y permanecer allí hasta mañana, pero mi estómago ganó la batalla contra mi voluntad. No había comido el desayuno ni el almuerzo, e iba a ponerme enferma si no tenía un poco de comida dentro de mí.
—¿Cómo les fue en su primer día? —nos preguntó Rin mientras nos dirigíamos a la cocina.
Decidiendo que en realidad sólo se preocupaba por sus hijas, les dejé el campo para las preguntas y me dirigí directa a la nevera.
—Fue una pesadilla —se quejó Temari detrás de mí—. Mamá, Saku simplemente caminó por ahí como un zombi, a pesar de que la gente seguía riendo y señalándola, y a sus cosas. Era como si tuviera alguna enfermedad desagradable. Se sentó en la cafetería durante el almuerzo, y los chicos en su mesa se dispersaron como las cucarachas. El lugar estaba lleno, como que cada asiento estaba tomado, pero nadie se sentó a su lado. Tenía toda la mesa para ella sola. Fue tan vergonzoso.
Incapaz de contener mi temperamento más, cerré de golpe la nevera y me di la vuelta. —¿Fue embarazoso para ti?
—Mmmm, sí —se burló Temari—. Todo el mundo sabe que vives con nosotros. Siguieron preguntando todo el día por qué nuestra hermanastra era un monstruo. Tardas cien años en llegar a donde sea, y llevabas manga larga y medias a pesar de que hacía como veintiocho grados fuera.
Ino se burló. —¿Qué más se suponía que debía hacer? Le has visto las piernas.
No podría decir si ella me estaba defendiendo o insultando, pero Rin parecía pensar que era lo primero, porque asintió como si estuviera de acuerdo. —Temari, muestra un poco de compasión. ¿Cómo te sentirías si tuvieras que caminar por la escuela con una cojera y lucir de la forma en que lo hace ella?
Mi mandíbula cayó. Si esta era su idea de defenderme, prefería que no lo hiciera. Pero estaba tan desorientada que ni siquiera podía decir nada o enojarme con ella. ¿Cuál sería el punto?
Rin me dedicó su sonrisa más simpática. —Está bien usar manga larga y medias si te hace sentir más cómoda, Saku.
Dios, me sentía mucho mejor ahora que tenía su aprobación.
—¡Oh! Eso me recuerda. —El rostro de Rin se iluminó con entusiasmo y me señaló con el dedo—. Te compré algo mientras estaba de compras hoy.
Tanto Temari como Ino se sobresaltaron, cuestionándose mientras Rin desaparecía en la planta de arriba hacia su habitación, pero solo me encogí de hombros hacia ellas. No tenía ni idea de lo que estaba hablando. Agarré un jugo V8 y un queso de la nevera y me senté en la encimera.
Rin estaba de vuelta antes de que terminara mi merienda, y tenía varias bolsas pequeñas en sus manos. —He estado pensando mucho acerca de tus cicatrices —dijo mientras dejaba caer un océano de productos cosméticos enfrente de mí—. Estoy en el negocio del modelaje, ya sabes, por lo que la belleza y el cuidado de la piel son como mi fuerte. Hablé un montón con mis amigos y te traje algunas cremas, aceites e hidratantes que se suponen servirán para ayudar a reducir la formación de cicatrices.
No estaba segura de cómo reaccionar. El gesto fue considerado de una manera extraña. Era casi dulce, incluso, hasta que Temari se burló. — Odio tener que decírtelo, mamá, pero la crema no va a arreglarla.
Yo pensaba lo mismo, pero todavía no se sentía bien señalarlo.
Rin le frunció el ceño a Temari, y luego a mi mano llena de cicatrices. —Bueno, obviamente no es una cura ni nada. Tienes tantas cicatrices que realmente nunca desaparecerán, pero algunos de estos pueden ayudar con todos los parches de manchas extrañas y tal vez a suavizar muchas de las protuberancias. Esas son las que realmente destacan tanto. Si pudiéramos suavizar una y emparejar el tono de la piel, las cicatrices pueden no parecer tan sorprendentes.
Oh, Dios mío, pensaba que era horrible.
—Siempre habrá cirugía plástica, también.
—¿Cirugía plástica? —¿De verdad creía que lucía tan terrible que necesitaba cirugía?
Rin omitió por completo el horror en mi voz, asintiendo con entusiasmo. —Oh, totalmente. Hablé con un médico amigo mío acerca de ti. Le mostré algunas de tus fotos médicas y dijo…
—¿Hablaste con alguien sin preguntarme? —Di un grito ahogado—. ¿Le mostraste mis fotos?
Rin se estremeció, sorprendida por mi arrebato. —No quería decirte nada hasta saber si podía ayudarte. No quería que te hicieras ilusiones. Pero Saku, dijo que definitivamente hay cosas que puede hacer para ayudarte. No siempre tendrás que lucir tan mal como ahora.
Y eso fue todo. No podía soportar ni un segundo más de esta conversación. —No puedo creer que hicieras eso.
—Sólo estaba tratando de ayudarte.
—¿Diciéndome que soy tan fea que es sorprendente y que necesito cirugía plástica?
Temari se atragantó con una carcajada, y murmuró—: Bueno, es la verdad.
—¡Temari! —gritó Rin, horrorizada—. Nunca digas algo tan grosero de nuevo. —después de mirar a su hija, fijó su mirada frustrada en mí—. Eso no es justo, Saku. Sabes que no era lo que quería decir. Sólo quiero ayudarte a verte mejor, y si hay cosas que podemos hacer…
—He tenido suficientes cirugías, gracias.
Rin cerró los ojos y levantó la mano para frotarse la sien. Me hizo sentir como una idiota. Fue tan indiscreta, pero a su retorcida manera insensible, ella realmente estaba tratando de ayudarme. Demasiado agotada después de mi día de pesadilla como para luchar con ella, traté de calmarme. Me deslicé del taburete y agarré la bolsa de productos que ella me había dado. —Le preguntaré a mi equipo de rehabilitación sobre estas cosas, ¿de acuerdo? Tengo que pedir permiso antes de poner cualquier cosa en mi piel.
Rin también se calmó y asintió. Mientras me alejaba, me llamó en una voz más suave. —Realmente sólo estaba tratando de ayudarte, Saku.
Pff. Y ahora tenía que sentirme culpable por encima de todo lo demás. Me detuve y me giré para mirarla. —Lo sé. Lo siento. Sólo he tenido un día horrible y necesito un descanso. Voy a bañarme por un rato.
—Prueba con un poco de aceite de lavanda en la bañera. Hay algunos en esa bolsa. Es muy relajante para los nervios.
Me quedé en el baño hasta que el agua se volvió fría y lloré por un buen tiempo. No fue tanto las miradas de los otros chicos o estar siendo tratada como alguien insignificante lo que me llevó a las lágrimas una vez que estaba por fin a solas, era más el saber que esto iba a ser mi vida de ahora en adelante. Temari estaba en lo cierto; nada iba a arreglar nunca mi cojera o mis cicatrices. El día horrible que había tenido hoy iba a repetirse por siempre.
Con el tiempo, mi padre llamó a la puerta de mi habitación y luego asomó la cabeza en el cuarto después de que respondí. —Ella. Vamos a cenar en quince minutos. ¿Puedes estar lista para…? —Mis ojos debían de mostrar todavía la evidencia del llanto, porque palideció y se sentó en el borde de mi cama—. ¿Estás bien, cariño?
No me sentía con ganas de contarle mi día, así que me encogí de hombros. —Bien. Sólo no me siento con ganas de ir a cenar.
—Por supuesto que no, Saku. —dijo Rin, uniéndosenos—.
Puedes quedarte en casa si es necesario.
Mi padre miró hacia atrás y hacia adelante entre Rin y yo un par de veces, y su ceño se profundizó. —No, no puedes —me dijo—. Estar sentada aquí sola no va a hacerte sentir mejor. Tienes que venir con nosotros.
Antes de que pudiera contestarle, Rin puso su mano sobre la de él, y dijo—: Podría ser mejor dejarla quedarse. La escuela no fue bien. Las chicas han tenido un día duro y están un poco emocionales ahora mismo.
Como si fueran las noticias más chocantes, mi padre me echó una mirada espantada. —¿Fue de veras así de mal?
Lo miré. —¡Claro que lo fue! ¿Cómo pensabas que iba a ser?
Mientras yo alcanzaba un pañuelo, Rin se inclinó más cerca de mi padre y bajo la voz. —Parecía horroroso, por lo que Ino y Temari me contaron. Kakashi, quizás deberíamos dejar que se quede en casa y haga la escuela online.
—Si, por favor —rogó Temari, entrando en mi habitación con Ino, como si hubiera convocado algún tipo de reunión.
Ino asintió de acuerdo. —Creo que eso sería lo mejor para todos nosotros.
Papá se fijó en todas nuestras expresiones y luego nos sorprendió con un arrebato furioso. —! No!
—Pero, Kakashi…
—No, Rin. Sabes por qué no podemos hacer eso. Así es como va a ser su vida desde ahora. Tiene que acostumbrase a ello.
Mi estómago cayó vacío en mis entrañas. No es que quisiera ser mimada, pero no había absolutamente ninguna empatía. Ni reconocimiento de cómo de duro debía de haber sido mi día para mí. Ningún intento de consolarme de alguna manera.
—Escuchaste lo que nos dijo el doctor. Ella tiene que aprender cómo interactuar con gente. No puede aislarse, o solo se pondrá peor.
—Pero ella nunca va a hacer ningún amigo —argumentó Rin—. Quedará marcada de por vida. —Rin, dándose cuenta de que ya estaba marcada de por vida, se encogió—. Emocionalmente, quiero decir.
Su fe en mi era asombrosa. Pensaba que era cada pedacito de rara igual que hacían sus hijas. Que estaba tan mal que necesitaba cirugía, y que nunca tendría ningún amigo. No podía decir que no me preocupara por las mismas cosas, pero como la figura parental era ella, se suponía que tenía al menos que pretender que era posible. Un poco de optimismo por parte de alguien hubiera estado bien.
—Quizás podríamos encontrarle una escuela especial, para otros chicos como ella —sugirió Rin—. Tienen escuelas para chicos con discapacidades. Quizás sería más feliz si estuviera con sus iguales.
Mi mandíbula golpeó el suelo. ¿Mis iguales? Como si ser lisiada y estar llena de cicatrices de alguna manera me hiciera a mí y a otros chicos con problemas, ¿menos personas? Mi padre abogado debería haberse echado encima de ese comentario ignorante y discriminatorio, pero en vez de eso la miró con interés. —Quizás tienes razón. Le preguntaré a su equipo sobre la posibilidad.
Estaba aplastada. Sabía que me había dejado por estas personas hace mucho tiempo, pero aun así me sentí traicionada en ese momento. Era mi padre. Debería haber estado defendiéndome. Debería de haber estado preocupándose por mis sentimientos al menos. —¡Hola! —grité— ¡Estoy justo aquí! Si vais a discutir sobre mí como si no tuviera una mente o sentimientos por mí misma, ¿podríais hacerlo al menos a mis espaldas?
Rin palideció y mi padre se colocó la mano sobre los ojos, frotándose las sienes con el dedo y el pulgar como si le doliera la cabeza. —Tienes razón, Saku. Lo siento. ¿Por qué no nos vamos tú y yo esta noche a cenar y así podemos discutir esto solos?
—¿Qué? —gritó Ino. —¡Papá! ¡Eso no es justo! ¡Tenemos reserva esta noche!
—Lo sé, cariño, pero Saku ha tenido un día muy malo. Creo que ambos podríamos usar el tiempo a solas.
—¡Todos nosotros hemos tenido un mal día! ¿Qué pasa con nosotras? ¡Ahora todo es siempre sobre ella! La cena de la vuelta a la escuela es una tradición familiar. No puedes olvidarte de tu familia real solo porque su vida apesta.
No podía aguantar un segundo más de esto. —Tranquila, Ino. No quiero robarte tu noche. —Estaba demasiado cansada como para seguir furiosa con mi padre—. No tenéis que romper la tradición familiar por mí. Id a tener vuestra cena familiar o lo que sea. Estoy bien.
—Saku. —Papá suspiró—. Tú también vienes. Eres parte de la familia.
Me equivocaba respecto a lo de estar demasiado cansa como para estar enfadada. La rabia brotó de mí, dándome aire por segunda vez. — No. Yo era parte de tu familia. Me dejaste por esta.
—Cariño, eso no es…
—No, papá —lo interrumpí antes de que pudiera empezar a darme excusas—. Ambos sabemos que si mamá no hubiera muerto, yo aún no sería nada excepto un recuerdo distante para ti, así que no pretendas que te preocupas por mí.
Por un momento mi padre se veía como si lo hubiera abofeteado, y luego perdió la paciencia. —¡No puedo cambiar el pasado, Saku! Estoy haciéndolo lo mejor que puedo y eso tendrá que ser lo suficientemente bueno. Más vale que encuentres una manera de superar tu ira, porque, te guste o no, nosotros somos tu familia ahora. Estás pegada a nosotros, así que arréglate y entra en el coche.
Quería decir que no. Quería plantarme y hacer que tuviera que arrastrarme, pataleando y gritando. Me había hecho daño durante diez años. No podía volver a entrar en mi vida y esperar obtener simplemente mi perdón. Ni siquiera se había disculpado. Pero cuanto menos alboroto hiciera, más pronto sería capaz de salir de esta casa.
—Bien, lo que sea.
Mi padre tomó otra profunda respiración y se forzó a calmarse.
—Gracias. Date prisa y cámbiate. Tenemos que irnos en diez minutos.
Fruncí en ceño hacia mis vaqueros y mi camiseta de manga larga.
Me veía lo suficientemente normal. —¿Por qué tengo que cambiarme?
—Providence es simplemente uno de los más bonitos restaurantes de Los Ángeles —se jactó Temari—. No te dejaran entrar si pareces un anuncio de Walmart.
No fue hasta ese momento que noté que las gemelas iban ambas vestidas para matar. Mi papá y Rin también estaban arreglados. Genial. La gran presencia de mi padre imponía respeto, y Rin pertenecía a su brazo como la esposa trofeo perfecta. Temari y Ino completaban la imagen, con el aspecto de un par de herederas mimadas. Esta familia merecía su propio reality show.
Después de que papá hiciera salir a todos de mi habitación de forma que pudiera cambiarme, me quedé en mi armario por una eternidad, sabiendo que nunca encontraría nada que pudiera hacerme encajar con los Hatake. Mientras deslizaba la ropa colgada de un extremo a otro, me encontré el pequeño vestido de cóctel amarillo de mi madre. Mamá y yo no teníamos la oportunidad de arreglarnos a menudo. Nunca fuimos exactamente pobres, pero teníamos que vigilar lo que gastábamos y teníamos que ahorrar si queríamos hacer algo extravagante. Una vez, sin embargo, cuando yo tenía trece, salió con este bailarín de salsa profesional durante unos cuantos meses, y a él le encantaba llevarla a bailar, así que ella derrochó y compró el vestido.
Abracé el vestido contra mi cara y tomé una respiración profunda. Ya no olía a ella, pero eso no importaba. Era mi cosa favorita de ella que se puso alguna vez. Se veía tan hermosa en él. Había llorado de alivio cuando busqué entre las cajas que mi padre había embalado y vi que lo había guardado.
—Te echo mucho de menos, mamá —susurré—. No es justo que tenga que hacer esto sola. Te necesito.
Antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo, había pasado el vestido por mi cabeza. Se ajustaba a mí tan bien, que se sentía como si fuera el destino. El vestido tenía tirantes finos y terminaba en la rodilla. El pensamiento de dejar la casa con mis cicatrices mostrándose me puso físicamente enferma, pero las personas se me quedarían mirando de todas formas, así que ¿por qué no llevar una parte de mi madre conmigo? Iba a necesitarla si quería sobrevivir a esta cena.
Me puse el collar de perlas que mi madre siempre llevaba con el vestido y retorcí mi pelo de la misma manera en que solía hacerlo ella, luego me miré en el espejo por un buen rato. Si ignoraba las cicatrices, casi me sentía un ser humano de nuevo. Podía ver a mi madre mirarme de vuelta desde el otro lado del espejo. Me veía igual que ella, excepto por los ojos.
—Te quiero, mamá —susurré mientras agarraba mi bastón y me dirigía hacia fuera para encarar al pelotón de fusilamiento.
Lentamente, hice mi camino hasta el frente de la entrada donde todos estaban esperándome. Cuando aparecí por la esquina, todos me vieron y se congelaron.
—Oh, no. ¡No vas a llevar eso puesto! —lloró Temari.
No pude evitar sentirme a la defensiva. Me encantaba este vestido. —¿Qué problema hay con esto? Todas vosotras lleváis vestidos.
—¡Mamá! —Temari le envió a Rin una mirada suplicante.
—Es un vestido precioso, Saku —dijo Rin rápidamente. Su voz era tan condescendiente que yo bien podría haber tenido cinco años—.
¿Pero estás segura de que quieres llevarlo?
—¿Por qué no querría?
Rin se congeló por un momento y luego forzó una sonrisa dolorosa en su cara. —Bueno, cariño, simplemente es un poco revelador.
Eso fue otra bofetada en la cara. Miré a Temari y Ino y crucé los brazos sobre mi pecho. —Es más largo que cualquiera de sus vestidos, y mi escote no está sobresaliendo para que todo el mundo pueda verlo.
—No, no, no me refería a eso. —Rin retrocedió—. Sé que el vestido no es inapropiado. Eso no es lo que quiero decir.
Era una idiota. No podía creer que me tomara tanto tiempo entender cuál era el problema de todos. —Quieres decir que no quieres que lleve el vestido porque enseña mis cicatrices. Te sientes tan avergonzada de mí como ellas.
Rin negó con la cabeza frenéticamente hasta que sus ojos se llenaron de lágrimas. Metió la cabeza en el hombro de mi padre, llorando. Él lanzó sus brazos alrededor de ella y me miró por encima de su cabeza. —Eso es suficiente, Sakura. Sólo porque estás teniendo un momento difícil no significa que puedas pisotear los sentimientos de esta familia. Has probado tu punto. Ahora para de ser difícil y simplemente cámbiate de ropa.
No sabía que mi corazón podría romperse más de lo que ya estaba. Incluso mi padre, mi propia carne y sangre, no quería ser visto conmigo si enseñaba mis cicatrices. —¡No me lo puse para probar ningún tipo de punto! Este era el vestido de mi madre. Solo quería tener a mi familia presente en esta cena familiar. No debería tener que cambiarme sólo porque vosotros estáis tan avergonzados de ser vistos conmigo. No es culpa mía que yo os disguste a todos.
Mi padre maldijo entre dientes cuando se dio cuenta de su error. Toda la sangre se drenó de su cara, dejándolo pálido como un fantasma. Se le rompió la voz mientras susurraba. —Sakura, lo siento. Pensé…
—¡Sé lo que pensaste! —Su disculpa era demasiado poco, demasiado tarde—. Sigues diciéndome que vosotros sois mi familia, pero no lo sois. Si mi madre me hubiera visto en este vestido, me habría abrazado y dicho que estaba orgullosa de mí por intentar ser valiente, no me habría pedido que me cambie de ropa. Eso es enfermo. Ella no se sentiría avergonzada de mis cicatrices. No se preocuparía por ellas para nada porque me quería. Ella era mi familia.
Me di la vuelta y me dirigí a mi habitación, deseando más que nada poder correr hasta ahí. No iba a ir a ningún lado con ninguno de ellos ahora. Mi padre tendría que tirarme sobre su hombro y cargarme si quería que dejara la casa.
