Capítulo 9
Las semanas avanzaban. Cada día mezclado con en el siguiente, y nada cambió. Lo odiaba, pero aprendí a lidiar con ello. En su mayoría, dejé a la gente en paz y me dejaron en paz. Cuando los chicos de la escuela se burlaban de mí, nunca eran externamente agresivos. Se burlaban de mí desde la distancia. Lo ignoré lo mejor que pude. Mantuve mi cabeza baja, hice mi trabajo, y nunca lloré. Al menos, no en la escuela.
Siempre me las arreglé para guardar las lágrimas hasta que me encerraba en mi habitación. Lo sacaba de mi sistema, y luego le enviaba un e-mail a Cinder. Él me contaría alguna ridícula historia, o diría algo completamente estúpido acerca de un libro o una película, y estaría obligada a discutir. De cualquier manera, siempre hacía que todo fuera mejor.
Cinder preguntaba acerca de mi accidente, mi madre, y sobre vivir con mi nueva familia de vez en cuando. Sabía que se sentía preocupado por mí, pero no podía hablar de ello con él. Era mi rayo de sol. Era la única cosa que me mantenía cuerda. No podía hacer nada para cambiar eso. Cuando preguntaba, le decía que todo iba bien, y eso era todo. Nunca presionaba por más. Cuando le decía que no quería hablar de temas tristes, respondía que estaba bien y luego me distraía con cosas que sabía que me harían reír.
También me convenció para bloggear de nuevo. Vi esa película de Sasuke Uchiha de la cual me comentó y me sorprendió gratamente. Cinder estaba en lo cierto. Había más de Sasuke Uchiha que una cara bonita. Tenía un poco de profundidad, y existía una posibilidad, una ligera posibilidad, de que fuera capaz de salvar El Príncipe Druida de ser una total basura de Hollywood. Cuando le envié mi opinión a Cinder, le gustó tanto que insistió en que la posteara. Tomó un poco de persuasión, pero finalmente lo hice. Después de eso, escribir otras críticas fue fácil. Mis seguidores me dieron la bienvenida con los brazos abiertos, y otro pequeño pedazo de mi corazón roto se fusionó de nuevo.
La primera vez que una caja de libros llegó a mi casa por parte de un editor, me vi obligada a explicárselo a mi padre. Se sintió aliviado de que tuviera un hobby, además de esconderme en mi habitación. Salió inmediatamente y me consiguió un conjunto de estanterías llenas de libros, y un nuevo lector electrónico. Incluso me consiguió algún tipo de lista de prensa para que pudiera ir a proyecciones de películas para los medios de forma gratuita. Todavía no me agradaba el tipo, pero incluso podía admitir que era agradable de su parte.
Entre mi blog y Cinder, la vida se convirtió en algo soportable. Pasó el tiempo de esta manera hasta Halloween, y entonces mi mundo dio otro giro. Me encontraba en la segunda clase del día, y mi maestra, la señora Mitarashi, nos dio los últimos diez minutos de clase como tiempo libre. No fue ni un minuto después de que saqué un libro que sentí a alguien cerniéndose sobre mi hombro.
Deidara, uno de los interminables juguetes de Temari, estaba sonriéndome. —¿Qué pasa, Saku? —preguntó cuándo finalmente me di por vencida y lo miré.
—Nada. —Sabía que no era un gesto amigable. Deidara era uno de mis torturadores más desagradables de este año—. ¿Qué deseas?
Se echó a reír y se acercó al lado de mi escritorio. —Me preguntaba qué harás esta noche para Halloween. ¿Estás pensando en ir al baile?
—No.
Volví mi atención al libro, esperando que se fuera. Por supuesto, no lo hizo. —Qué mal —dijo—. Van a hacer un concurso para ver quién puede ir como el monstruo más horrible. Tu hermana piensa que podrías ganar.
Sabía a dónde iba esto, así que no jugué su juego. Simplemente dije—: No es mi hermana.
—Dijo que ni siquiera necesitas un traje. Comentó que podrías venir en pantalones cortos con una camiseta sin mangas y simplemente te entregarían la corona. Sólo con eso la gente saldría corriendo y gritando a la vista de ti.
—Sí, eso suena como ella.
Escaneé la habitación para comprobar el tiempo y vi a Ino sentada unos asientos más adelante, mirándonos a Deidara y a mí con un ceño fruncido en su rostro. La miré a los ojos y rápidamente miró hacia otro lado, tratando todo lo posible para fingir que no existía.
No me sorprendí al percatarme que no haría nada para detener a Deidara, a pesar de que era la única mujer en la clase que probablemente podría hacerlo. Ella y yo teníamos dos clases diferentes juntas, y me había visto aguantar este tipo de acoso durante todo el año sin decir nada. Pero al menos, no permanecía de pie sobre el hombro de Deidara, riendo y provocándolo en la manera que haría Temari si estuviera aquí.
La clase se hallaba casi terminada en este momento, por suerte, así que cogí mi mochila. Supongo que a Deidara no le gustó el hecho de que no me había molestado, porque tomó el libro de mis manos antes de que pudiera deslizarlo en mi bolsa.
—Tengo curiosidad, Saku. ¿Eres realmente tan horrible como dice que eres?
—Devuélveme mi libro.
—¿Lo quieres? Muéstrame tus cicatrices.
Me había convertido en una profesional en no reaccionar a las cosas que la gente decía, pero eso fue tan impactante que me quedé sin aliento. —¿Discúlpame?
Deidara sonrió, emocionado de ver que por fin había golpeado un nervio. —Siempre usas esas camisas de manga larga y medias. Toda la escuela sabe lo que estás tratando de cubrir. Sólo déjame ver. Te prometo no salir corriendo y gritando. —Se rio—. A menos que sea cierto.
Elegí enojarme porque cuando me sentía enojada era mucho más fácil controlar mis lágrimas, y no iba a llorar enfrente de este idiota. — Vete al infierno. —Mi voz titubeó, pero no se rompió.
—¿Es ahí a donde fuiste para conseguir esas quemaduras? ¿Por qué te mandaron de vuelta? ¿Eres tal monstruosa que ni siquiera el infierno te quiso?
Todo mi cuerpo empezó a temblar. Tuve que apoyar mi mano mala en mi escritorio para no empuñarla y hacerme daño. Deidara vio la acción, y luego dijo—: Vamos, Saku, muéstramelas.
Extendió la mano, rápida como un relámpago, tiró de mi brazo hacia arriba, estirándome para empujar la manga. No tiró tan fuerte. Nunca habría dañado a una persona normal, pero nunca recuperé la movilidad completa en mi brazo derecho. No era capaz de extenderlo por completo. Cuando Deidara tiró de él, sentí el desgarro de la piel cerca de mi codo.
Grité cuando el ardor se disparó por mi brazo y a través de todo mi cuerpo. Deidara me soltó como si hubiera agarrado fuego en mí. Coloqué mi mano buena sobre mi brazo, pero no detuvo el dolor. Por primera vez desde que empecé la escuela, lloré delante de mis compañeros de clase.
Ino llegó hasta Deidara y yo al mismo tiempo que lo hizo la señora Mitarashi. Vi la furia en los ojos de Ino, pero me sentía demasiado adolorida como para sorprenderme cuando alejó a Deidara de mí y le gritó—: ¡Estúpido idiota!
—¿Qué está pasando aquí? —exigió la señora Mitarashi.
Ino apartó a Deidara y a la señora Mitarashi de en medio y se arrodilló al lado de mi escritorio. —¿Estás bien?
—No. —Quité la mano de mi brazo y le mostré las manchas de color rojo brillante que se filtraban a través de mi suéter de cuello de tortuga—. Arrancó el injerto de piel.
Ino juró.
Deidara lucía como si estuviera a punto de desmayarse, y el resto de la clase estaban volviéndose locos. Hasta la señora Mitarashi me miró boquiabierta con amplios ojos aterrados. Ino fue la única que no perdió la calma nunca. —Tenemos que llamar a tu enfermero. ¿Dónde está tu teléfono?
—En la mochila —dije sin aliento—. La enfermera escolar debe tener medicamentos para el dolor. Duele de verdad.
Ino asintió. —Vamos. —Me ayudó a levantarme de la silla. En lugar de entregarme mi bastón, tiró mi brazo bueno por encima de sus hombros.
La señora Mitarashi recogió nuestras mochilas y mi bastón. —Voy a llevar esto a la oficina —dijo, y luego le chasqueó los dedos a Deidara—. ¡Tú, ven conmigo ahora!
