Enredado en las palabras
Equipo: Se hace más con diez manos que con dos. Propuesta por Dunnik
4.
Piyomon sabía una o dos cosas acerca de los cumpleaños —había escuchado conversaciones al respecto antes— pero ella siempre estaba informada cuando de Sora se trataba y ese tema no sería la excepción. La primera vez que había escuchado sobre la fecha de cumpleaños de su compañera fue porque Taichi la mencionó y Piyomon, inmediatamente, le había pedido a Toshiko que le enseñase a contar los días en el... calendario. Sí, dijo que se llamaba calendario. Piyomon se horrorizó cuando la mamá de Sora le dijo que la fecha estaba cerca... ¡Y es que ella no tenía un regalo preparado! ¡Quería que Sora tuviese el mejor de los cumpleaños! Como un rayo, la idea súbita de preparar algo para su compañera la atravesó. Tenía que hacerlo, era su deber, pero necesitaba ayuda.
Tres cabezas piensan mejor que una.
Se refería a ellos con el no tan sutil nombre Omega y siempre lo usaba cuando quería llevar a cabo alguna de sus ideas. Todos sabían que, si lo usaba, es porque necesitaba de su ayuda. Era más o menos aceptado que eran un equipo para todo.
—Tal vez a Sora no le guste festejar su cumpleaños, por eso no dijo que el suyo estaba cerca —Gabumon se atrevió a comentar cuando Piyomon los llamó a una reunión urgente.
Piyomon lo miró, sin saber qué decir. No había pensado en ello.
—¿Por qué no le gustaría? —preguntó Agumon, genuinamente curioso. Giró la cabeza un poco mientras miraba a su amigo—. Puede comer todo lo que quiera.
Gabumon trató de reprimir una sonrisa.
—No se trata de la comida —le dijo Piyomon, algo molesta. A veces, Agumon parecía pensar en un solo tema—... ¡Es el día de Sora! Ella tiene que sentirse especial en el día de Sora.
—¿Estás segura que ella quiere eso? —Gabumon volvió a preguntar.
—Sora merece una fiesta por su día.
Ninguno podía objetar eso.
Se quedaron los tres en silencio, expresiones pensativas en sus rostros mientras esperaban que una respuesta llegase de improviso.
Agumon pensaba que consentir a alguien con su comida favorita era un buen regalo y los humanos lo hacían todo el tiempo. Sora le había regalado un pastel a Yamato en Navidad, luego había comprado chocolate en San Valentín. Taichi le compraba helados a Hikari cuando la veía desanimada y él estaba seguro que el éxito del restaurante de Digitamamon era que los chicos apreciaban del buen comer, ellos eran los más frecuentes. Y eso fue justamente lo que les dijo.
Piyomon pensó en ello. —Sí... Pero ninguna de esas cosas tenía que ver con los cumpleaños de los chicos o Yamato. ¡Gabumon lo sabría!
Gabumon pensaba que estaban perdiendo el rumbo de la conversación.
—Creo que podemos encontrar algo que le guste y que no sea comida —comentó.
—¿Por qué? —preguntó Agumon.
—Si regalarse cosas para comer es algo que hacen tan seguido, entonces sería bueno que sea algo distinto.
Sí, tenía lógica.
—¿Y qué le regalaríamos a Sora? —insistió el compañero de Taichi, un poco incierto—. Tiene que ser algo que le guste tanto como la comida.
—A Sora le gustan muchas cosas —comentó Piyomon. Era experta en ese tema—... Le gustan los libros, ¡tiene muchos! Y los colores, el tenis, el fútbol, las flores... Especialmente el girasol, aunque están esas que no recuerdo el nombre, pero que son azules. También le gusta la lluvia.
Agumon la interrumpió, imaginaba que la lista podía ser interminable por la expresión de risueña que brillaba en los ojos de Piyomon.
—¿Y que le gustaría más entre todo eso?
Para ser justos, Gabumon se preguntaba lo mismo.
Piyomon se quedó en silencio y para los tres quedó claro que necesitaban ayuda. Más ayuda.
—¡Busquemos a Tentomon! Koushiro seguro nos puede ayudar. O, o... ¡busquemos a Palmon! Mimi siempre tiene cosas bonitas y seguro puede pensar en algo que darle a Sora. ¡Takeru! Vayamos por Patamon. O Quizás, Hikari...
Agumon saltó, enseguida. —¿Qué hay de Taichi? ¡Es su mejor amigo!
—Yamato está saliendo con Sora —comentó Gabumon, sin saber si era una buena idea interrumpir a Piyomon.
—No sabrían mantener el secreto. Seguro irían a pedirle ayuda a Sora por la respuesta.
Gabumon supuso que era cierto. Agumon, también.
—¿Gennai? —preguntó.
Gabumon lo consideró un momento.
—Él podría ayudarnos a buscar sobre los cumpleaños.
—¿Y qué esperamos? —Piyomon batió sus alas y se alejó.
—Esto será caótico, ¿verdad? —preguntó Gabumon, con una risa disfrazada de suspiro.
Agumon se rio, antes de salir corriendo tras su amiga.
—¿Lo dudas?
Gabumon no tardó en seguir sus pasos.
N/A: Culpo a la lluvia por este capítulo. Mucha inspiración.
¡Gracias por leer!
