Enredado en las palabras


Ellipsism: La tristeza de saber que nunca sabrás como avanzará la historia. Propuesta por SkuAg.


7.

Tailmon rara vez lloraba. Las lágrimas habían probado ser inútiles en el pasado, le recordaban a viejas cicatrices, y no había estado allí para secar el llanto de alguien más en un largo tiempo. Estaba incómoda con la idea de que sus lágrimas tuviesen tantos testigos. Quizás por eso, aún cuando sus ojos se nublaron por las lágrimas, ella se obligó a seguir en silencio, a contenerse en el borde con el equilibrio que te dejaba la experiencia.

Lo había hecho, antes, perderse en el ambiguo sentimiento de alegría y tristeza sin derrumbarse en el llanto que le oprimía el corazón ni abandonar los recuerdos dulces que servían como bálsamo. Había servido cuando, en las noches de luna llena y estrellas radiantes, recordaba a un viejo amigo y conversaciones frente a la fogata. Lo había practicado cuando sintió que había encontrado a Hikari solo para perderla una vez más, años atrás. En ese limbo agridulce, Tailmon había encontrado consuelo, esperanza.

No había estado sola, tampoco, pero la compañía le daba fuerza.

Los brazos de Hikari se sentían como su pequeña fortaleza y Tailmon había atrapado los ojos de Patamon con los suyos más de una vez en la última hora. Estaba segura que, Patamon más que los demás, comprendía que su silencio tenía nombre y las lágrimas que no caían tenían dueño. Quizás debería llorar, pero no lo haría delante de nadie, porque así solo les haría recordar que era diferente, que su pasado era torcido y opaco y Vandemon se había encargado de destruir todo lo bueno que había tenido, todo lo que había sentido alguna vez suyo.

Tailmon miró hacia atrás una última vez mientras abandonaban la televisora, en solemne silencio. Wizardmon había aparecido, un recuerdo casi transparente que había retornado a la vida por una advertencia. Para protegerla, como aquella vez. Para ella, nuevamente. Wizardmon había hecho por ella más de lo que él nunca sabría, le había dado la oportunidad de vivir y le había dado a Hikari, él la había llevado a la luz.

La rebeldía en lágrima que se le escapó solo era un reflejo de su tristeza. Ella nunca podría devolverle ni un solo fragmento de lo que había dado.

Wizardmon sería siempre un capítulo cerrado que no terminó de escribirse, una historia inacabada. En el pasado prometedor pero marchito más allá de la memoria. Él sería, más que cualquier otra cosa, una pregunta que le dolería en el alma. Su eterno «qué hubiera sido»


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