Enredado en las palabras


Aljibe: Pozo, cisterna. Propuesta por SkuAg


20.

Gabumon no había estado presente cuando encontraron el aljibe. Él había viajado con Agumon durante la mayor parte del tiempo y los dos se habían ocupado de consolar a Piyomon cuando se encontraron con ella. Tras la separación abrupta con sus compañeros después de dos años de aparente tranquilidad, ella estaba angustiada. Tampoco podía decir que él se sintiera diferente porque la idea de no volver a ver a Yamato estaba ahogandolo con lágrimas no derramadas.

Habían estado separados antes, durante largos años, pero en aquella separación habían logrado despedirse.

—¿Crees que funcionará?

—Nunca llegamos al Mundo Real metiendonos en un pozo, Agumon —contestó, suavemente.

Piyomon dormía, agotada de tanto viajar.

Habían terminado todos separados en la Isla File y no habían dejado de buscar hasta volver a encontrarlos a todos. Para cuando hallaron a Palmon, ella había tratado de convencerlos de aventurarse con ella rumbo a lo desconocido.

—Takeru me contó una historia sobre dos chicas que se metían en uno y llegaban a otro mundo.

Gabumon miró a Patamon.

—Es un cuento, tú lo dijiste —comentó Tailmon, en voz baja—. Eso no lo hace realidad.

—Palmon está convencida que funcionará —dijo Tentomon.

Gabumon suspiró.

Era un pensamiento dulce pero no bastaba creer podrían unir dos puntos distantes para lograr enlazar mundos en divergencia y él estaba divido entre la razón y el deseo. Creía en los milagros, creía en sus amigos y quería creer en Palmon... Pero el pozo de agua a mitad del claro no lo invitaba a sumergirse en su interior. A Gabumon no le entusiasmaba el agua que lo esperaba en el fondo ni se sentía invitado a probar una teoría potencialmente devastadora.

Sí, era cierto que habían cruzado al Mundo Real por distintos puntos... Pero nunca ellos por su cuenta. Ninguno tenía esa habilidad.

—Si funciona... Podremos ver a Jou y a los demás —Gomamon no había parecido muy convencido pero había secundado la idea enseguida. Tailmon, reticente, se había quedado en silencio tranquilo junto a Piyomon.

—Dejémosla intentar —opinó Agumon.

Gabumon le dio una pequeña sonrisa en acuerdo. Era lo que había estado pensando.

.

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Gabumon no había estado despierto cuando Palmon y Gomamon regresaron. Escuchó murmullos lejanos y una luz suave tocando sus párpados. No le sorprendió ver la fogata al abrir los ojos ni tampoco ver a sus amigos arrimándose al fuego.

—Te secarás rápido pero al menos te quitará el frío —dijo Agumon.

Gomamon se acurrucó junto a Tailmon y Patamon voló hasta quedarse a su lado. Los dos estaban dormidos en cuestión de minutos.

Gabumon se estremeció internamente al pensar en el agua fría pero no esperó ninguna palabra para moverse. Se sentó cerca de Palmon sin hablar y contuvo un suspiro cuando ella se acercó.

Pensó, con nostalgia, en Yamato pidiéndole que duerma junto a Takeru usando frases que no encerraban lo que quería decir.

—Fue una idea muy tonta, ¿verdad? Creí que funcionaría... Creí que si llamaba a Mimi...

Su voz era tan pequeña...

—No es malo tener esperanzas.

—Pero piensas que fue una idea tonta.

—En realidad... no me gusta el agua.

Palmon reía en lugar de llorar.

—La última vez que vi a Mimi, nos peleamos —confesó ella y Gabumon podía entender el apremio, la desesperación que había visto en ella—. Quería decirle que lo siento. Quería decirle que la quiero.

—Ella sabe que la quieres, ellos saben que los queremos. Estoy seguro que los volveremos a ver, Palmon.