Enredado en las palabras


Kuidaore: comer hasta estar en bancarrota. Propuesta por SkuAg


23.

Yuuko Yagami sonríe al digimon. La verdad es que cree que si le da oportunidad a Agumon, podría terminar con toda la comida de la casa en cuestión de minutos. No parece que piense en ello por su cuenta, ajeno a las costumbres de este mundo distinto al que pertenece, y por eso se resiste a dejarlo solo mucho tiempo. También hay un borde de curiosidad en su aprensión, un destello de afecto que no puede borrar.

Se pregunta si es algún tipo ansiedad —¿los digimons sufren de esa clase de cosas? Debería preguntarle a su hijo o, mejor, a Koushiro-kun—aunque quizá solo es que Agumon es un pozo sin fondo, capaz de comer hasta el agotamiento y más allá.

Aprecia sus agradecimientos cada vez que termina con un plato y la imagen le recuerda fugaz a Taichi, con algunos años menos de los que tiene, cuando llegaba de sus entrenamientos y se devoraba todo lo que estaba a su alcance. Solían decirle que debía dejar de comer tanto o terminarían sin poder pagar más cosas que su comida. Hikari siempre había tenido un apetito saludable también, especialmente cuando empezó con actividades extracurriculares, pero no se comparaba con su hermano.

—¿Agu-chan?

Agumon traga sin más y la mira con sus grandes, inocentes ojos verdes. Ella tiene una punzada de inquietud y se pregunta cómo es posible que los digimon tengan tanto poder destructivo siendo tan… puros.

—¿Sí?

—¿Pasas hambre en el Mundo Digital? —pregunta, curiosa. Es una posibilidad que no le gusta contemplar, pero es fácil llegar a la verdad con alguien que no mide sus respuestas.

—No —dice Agumon, con rapidez.

Es un digimon bastante transparente y Yuuko aprecia eso.

Ella sabe que no podría preguntarle lo mismo a Tailmon porque hay cautelosa reserva en sus ojos. Está segura que guarda secretos. Pero sabe que puede tener sinceridad brutal e inocencia ciega con Agumon porque le recuerda a su hijo. Taichi, cuando era un pequeño que apenas le llegaba a las rodillas, no tenía filtro.

—En el Mundo Digital comemos lo que encontramos —agrega, fácilmente y ella se pregunta si él disfruta de lo que come en ese lugar, si alguna vez comparó—. A veces, si queremos comer algo distinto, vamos a buscar a Digitamamon.

Yuuko parpadea. El nombre le es vagamente familiar pero no puede ubicarlo. Supone que tendrá que preguntar más.

—¿Él les cocina?

Agumon le da una versión de sonrisa que podría ser aterradora si él quisiera, pero es tan suave sin embargo. Imagina que es la impresión primera que le dan todos esos dientes porque más allá de todo, es amabilidad lo que refleja.

—Tiene un restaurante. Yamato y Jou… ellos trabajaron allí. Estaba un poco enojado al principio… Pero ahora ya no tenemos que pagar.

¿Yamato-kun y Jou-kun...?

Se anota el detalle en la memoria. Hablará con sus hijos de eso.

—¿Tenían que pagar?

—Con dólares.

Espera, ¿qué?

¿Y cómo conseguían el dinero?

Agumon ladea la cabeza hacia un lado.

—Tentomon se encargaba de eso. Gomamon a veces le ayudaba.

—¿Siempre consiguió el dinero?

Agumon asiente.

—Sabe hacer muchas cosas Tentomon. A veces perdíamos todo el dinero en un día, pero él no se quejaba tanto por eso.

Yuuko está más intrigada ahora. No entiende cómo funciona ese mundo, no obstante, y duda que los digimon puedan explicarle de una manera satisfactoria lo que viven como cotidiano.

Lo anota en su lista mental de preguntas que debe hacer.

—¿Quieres llevarte un poco de comida?

—¿Qué?

—Cuando vayas de nuevo al Mundo Digital... Puedo prepararte algunas cosas para que te lleves, si quieres.

—¿De verdad?

—Sí. Y podría enviarles a tus amigos, también. Y está Yoshie, que es la mamá de Koushiro-kun. A ella podría decirle, para que lo hagamos juntas.

Agumon parpadea, confundido.

Yuuko sonríe. Quiere darle un abrazo o simplemente estirar su mano y acariciarlo. Es un impulso familiar con sus hijos, quizá también lo pueda llevar a sus digimons.

—Eres el digimon de Taichi, ¿no es así? Mi deber es cuidar de ti y de Tailmon también.

Por un largo tiempo, inesperadamente, no hay palabras.

Hay algo distintivamente diferente en los ojos de Agumon.

—Ese es mi deber, también.

—¿Qué?

—Cuidar a Taichi y a su familia. Taichi es primero pero…

Parece incapaz de decir más pero Yuuko aprecia el sentimiento.

Había visto a Agumon pocas veces antes de la navidad del año pasado pero es más frecuente en esos días y está feliz de tener una oportunidad de saber más de él. La idea no siempre fue tan… atractiva, pero ella ha visto lo lejos que están dispuestos a llegar sus hijos por los digimons y es bueno, es un alivio, ver que lo contrario es cierto.

—¿Cuidas a Tailmon también?

Agumon hace un pequeño sonido despectivo.

—Ella odiaría eso —responde.

Yuuko sonríe, a sabiendas. Imaginaba que Tailmon sería quisquillosa.

—¿Y qué me dices? ¿Te gustaría llevarte algunas cosas? Es lo que hace la familia.

—¿Soy familia?

—Eres el digimon de Taichi y soy su mamá. Somos familia.

Y Agumon parece tan confundido, genuina y dolorosamente confundido, que ella solo sonríe.

—¿Sabes lo que eso significa?

—No estoy... seguro.

Tal vez no tiene el concepto tan definido pero ella cree que tiene todo lo demás. Seguramente es algo que comparte con sus otros amigos digimon.

—Ya lo aprenderás.