Para ChieroCurissu, ¡feliz no-cumpleaños!
Enredado en las palabras
Aienkien (japonés): una pareja extraña pero felizmente unidos; una misteriosa relación formada por un capricho del destino; los misterios de atracción y relaciones o lazos entre dos personas. Propuesta por mí.
29.
Koushiro no se detiene hasta que ve a Mimi. Es de noche pero no está tan oscuro gracias a ese manto de luces que salpican la ciudad a sus espaldas. Es difícil alcanzar la completa oscuridad en una ciudad que también vive de noche. No se sorprende al ver varias personas perdiendo el tiempo y su noción en la costa pero no conoce a ninguno ni ellos parecen prestarle atención.
No podría importarle menos que lo ignoren. Hasta que la encuentra.
—¡Mimi!
Es fácil reconocerla, aún en la distancia.
Está descalza, con los zapatos —esos zapatos que son dignos de princesa y que la hacen parecer aún más alta— en las manos y Koushiro siente que sus propios pasos son pesados en esa playa llena de madrugada cuando la alcanza. La imagina caminando hasta ese punto, sola en la oscuridad de la noche y quiere preguntar todas las cosas que no entiende. También quiere gritarle por lo inconsciente y lo absurda y lo tonta que había sido al escaparse de su propia fiesta de cumpleaños, pero no encuentra su voz. El que estuviese en una playa, con el vestido lleno de arena y sin zapatos de princesa le hace sentir que algo está mal en el mundo.
Lo había llamado diez minutos atrás, para que pasase a buscarla y se encuentra sin saber qué hacer, sin saber por qué están allí y por qué Mimi había parecido tan, tan… desilusionada.
—Koushiro… —Suspira—. Llegaste más rápido de lo que pensé. ¿Dónde dejaste a tu novia?
—Ya te dije que ella no es mi novia —dice, automáticamente. Y cambia, porque Mimi siempre hace que él cambie. El tono, la postura e incluso el gesto. Se quita el abrigo torpemente, la sugerencia de su programa dedicado a los cambios de estilo le había recordado llevarlo y lo deja en los hombros de su amiga—. Mimi, ¿qué pasa?
¿Por qué te fuiste? Quiere preguntarle.
—Fue extraño, ¿sabes? Siempre creí… Siempre creí que mi príncipe azul sería justo como él. Les agrada a mis padres y mi mamá dice que él es perfecto, que no voy a encontrar algo mejor. Les gusta a mis amigas y a mis amigos… Te gustaba a ti, ¿no?
—Él me cae bien —asegura, encogiéndose de hombros. No entiende el sentido de usar verbos en pasado.
Mimi se ríe pero no hay humor ni alegría en el sonido. Es tan… no-Mimi.
—Él es perfecto. Y quería llevarme un poco más a su nivel.
—Nadie es perfecto —comenta, y piensa que las palabras salieron tarde.
Mimi le sonríe.
—Quería proponerme matrimonio. Hoy. En mi fiesta de cumpleaños.
Koushiro parpadea. Le toma un minuto asimilar la información y absorberla. Quiere sonreír pero la sonrisa se le queda a medio camino y siente un nudo en la garganta ante la finalidad que despierta esa frase. No estaba enamorado de Mimi, ya no lo estaba. Pero ella había sido una ilusión que floreció en el invierno y se adormeció en la primavera, un amor de desencuentros... La que se marchó antes de ser.
Había estado enamorado de Mimi en la infancia y quizá en la temprana adolescencia, pero ella le había correspondido tarde, cuando Koushiro empezó a salir con Jun Motomiya, de todas las personas. Le había robado un beso de despedida —Jun los había visto y Koushiro se sintió un criminal aún después de que le explicó todo— y Mimi se había marchado, otra vez, dejándolo confundido y triste y decepcionado. Había vuelto de la mano de alguien más cuando Koushiro creyó poder recuperarla.
—No sabía que iban tan en serio —susurra, cauteloso.
—No lo íbamos. No creí… Él me gusta mucho. Mucho. Pero…
—¿Pero?
—Pero él no es Izumi Koushiro.
Su cerebro tarda en hacer conexión con su boca a partir de ese momento. Mimi toma su silencio como impulso para hablar. Ella siempre busca llenar con palabras los espacios que él deja en blanco.
—Siempre… siempre comparo a todos con este niño, con mi pelirrojo, ¿sabes? Michael me lo dijo cuando me mudé a Estados Unidos y le hablé de ustedes. Cuando le hablé de mi mejor amigo y dije por qué no podíamos serlo. Yo era… —Se ríe pero evita cuidadosamente mirarlo a los ojos—. Era muy infantil. Los chicos no… No eran lo suficientemente pelirrojos ni eran lo suficientemente inteligentes. Ni tenían ojos oscuros. Ni se sonrojaban lo suficiente… Ni bebían el suficiente té Oolong. Michael era diferente. Él me dijo que no quería reemplazar a mi mejor amigo. Dijo que quería ser otro amigo y fue mi mejor amigo todos esos días que no estabas ahí para serlo. Incluso cuando estabas ahí pero no eras mi Koushiro.
—Mimi…
Quiere defenderse pero las palabras quedan cortas. ¿Por qué sentía que debía defenderse? Era cierto. En el sentido más completo de la palabra. No eran las mismas personas pero eran Mimi y Koushiro todavía y...
—No es un reproche, Koushiro —le dice Mimi, levantando una mano para detener una protesta naciente—. Pero ya no podías ser mi Koushiro porque ese niño estaba en mis recuerdos y ya… ya no eras el mismo. Ni yo tampoco era la misma. Somos como somos, supongo.
Siente que se hunde en la arena al sentarse. Se sorprende ver que, por una vez, están en sincronía.
Mimi examina cuidadosamente sus uñas rosadas.
—Sí. Es verdad.
Por un largo tiempo, sólo puede contar el sonido del mar como compañía.
—¿Y ahora qué? —pregunta Mimi. Y lo mira.
No tiene una respuesta, pero extiende la mano y la fantasía no desaparece cuando la alcanza.
—Veamos el amanecer. Puede ser nuestro primer amanecer juntos.
La sonrisa de Mimi está llena de mañanas y promesas y también algo más.
—Me gusta como suena eso.
