Para SkuAg, ¡feliz cumpleaños!
Enredado en las palabras
Epifanía: un momento de sorpresiva revelación. Propuesta por Midnigttreasure
32.
Sus sentimientos por Yamato no nacieron de una epifanía, ni tampoco la conciencia de su magnitud llegó como un despertar abrupto.
Sora puede mirar hacia atrás y dibujar los momentos, en pensamientos y en hojas de papel, que la llevaron hasta ese punto. Hay melodías a orillas de rio, hay gritos en un bosque, hay distancia a la luz de la hoguera. Hay encuentros llenos de torpeza, hay alejamientos necesarios y hay una cueva llena de negro. Es una suma que se sucedió a través del tiempo compartido y de los instantes de separación. Es más que un suspiro que encierra un nombre y una sonrisa que esconde una canción.
Ella le envía un mensaje de aliento en las vísperas de la Navidad a Yamato. El concierto de los Teen Age Wolves no es lo que la mantiene despierta pero es su inminente cercanía lo que no la deja dormir.
—Es mañana —susurra.
Y se encuentra sonriendo en la oscuridad de su habitación. La compañía de Piyomon es un constante apoyo, pero siente el estómago envuelto en nudos. Ella espera el mañana, uno que no es cualquiera, pero también quiere extender su distancia.
—¿Sigues despierta, Sora? —Piyomon suena algo apagada, distante. Imagina que el mundo de los sueños la arrastra a sus aguas profundas.
—Sí —responde.
Piyomon se acurruca más cerca.
—Estoy segura que todo saldrá bien, Sora.
Se muerde los labios.
—Sí.
—A Yamato le gustará.
Se pregunta si su compañera es consciente del calor en sus mejillas pero no dice más.
No es sólo para Yamato. En realidad no.
Sora tomó la decisión para ella y para abrir una puerta. Quiere imaginar que las sonrisas de Yamato, esas que encuentra en la esquina de su boca y que alcanzan sus ojos, son únicamente para ella. Que esas caminatas perdidas significan lo mismo para los dos. Que esos instantes preciosos que tienen juntos son algo que pueden atesorar.
Sí, ella quiere saber pero, más que otra cosa, quiere que Yamato sepa lo que él significa para ella.
Sora piensa en Taichi.
Lo recuerda reprochándole que nunca le dice las cosas que le pasan, recuerda su desilusión cuando ella le dijo que dejaba el fútbol por el tenis. Recuerda que le dijo que le dolió más que no se lo hubiera dicho hasta el último minuto y no tanto la decisión en sí misma.
Taichi, que es tan luminoso como el sol, arde tan fuerte que no puede ocultar nada. Sora puede perderse en otros lugares. El rojo se puede apreciar, se distingue entre sus pares, pero entre los demás, es sólo otro color brillante en un campo lleno de flores. Yamato es el azul del mar y del cielo.
Y Sora, que a veces se esconde, quiere que él la vea.
