Enredado en las palabras


Thương (vietnamita): Amar con ternura. Una profunda y sincera noción de afecto y ternura entre los miembros de una familia, amigos o amantes. Propuesta por mí.


33.

Masami dejó el periódico y bebió un sorbo de café, con una huella de amargura en la lengua mientras desayunaba en soledad. Yoshie había salido temprano para llevarle bocadillos y algo de ropa a Koushiro a su oficina donde, aparentemente, se había quedado la noche anterior. Y la anterior. Por razones que no había explicado del todo, además. Sabía que tenía que ver con los digimon pero su conocimiento no alcanzaba más que ese horizonte.

Masami había llegado de un viaje de trabajo tarde y cuando Yoshie le había dicho que su hijo se estaba quedando fuera de la casa por otra noche, él sintió que no debían dejarlo pasar. Ella había insistido en dejar que Koushiro acudiese a ellos para hablar en lugar de ir a buscarlo, había dicho que él estaba enfocado algo y que lo mejor era dejarlo procesar ese algo antes de presionarlo. Pero ella ya había decidido ir a llevarle algunas cosas, por si acaso. Si bien entendía ese punto de vista, también sabía muy bien que Koushiro se dejaba absorber por su trabajo a un punto que no era saludable y aunque habían respetado sus límites, o al menos siempre lo habían intentado, no podían dejarlo así por mucho tiempo. No quería dejar a su hijo solo en su oficina, trabajando a destiempo y desgastándose hasta el cansancio. No era saludable y era algo que podía ver a Koushiro haciendo, era algo que ya habían visto antes en él. Algo que Masami reconocía de otra persona, también.

Si Yoshie no lograba encontrar algo para distraerlo, para alejarlo un poco de aquella fijación, podría tratar.

Se preguntó si Tentomon ayudaría a convencerlo y se encontró intrigado, no por primera vez, con aquella relación y con lo que implicaba tener un vínculo con un digimon. No era un interés vivo ni absorbente por el conocimiento como el que había visto en el profesor Takenouchi cuando se encontraron la última vez, un día de diciembre, o como el que Koushiro mismo tenía en todo el asunto. No era un pensamiento obsesivo ni intoxicante como el que le atribuía a Yukio Oikawa en ese destino que lo consumió según la historia que había llegado a sus oídos, pero era una curiosidad delgada que llenaba ideas con posibilidades.

—¿Masami?

Por un momento se había perdido pero la quietud se desgarró con la voz suave de Yoshie, la preocupación subyacente en su tono. Por la expresión en el rostro de su esposa, evidentemente no era la primera vez que lo llamaba. Le dio una pequeña disculpa por abstraerse.

—¿Cómo está?

—Preocupado —respondió Yoshie y la arruga entre sus cejas se había profundizado aún más desde que salió de la casa en la mañana—. Está preocupado por Tento-san… No lo dijo pero… Pero parece que algo malo les está pasando a los digimons. A sus digimons.

Las palabras se desvanecieron en la quietud de la casa.

—¿Hay algo que podamos hacer? —preguntó Masami, tras un momento.

—No lo sé. Koushiro y sus amigos… Nosotros no… Lo mejor que podemos hacer es apoyarlo en todo lo que podamos… Estar allí para él.

Masami se levantó y le dio un beso en la sien. La inquietud le dio una punzada en el estómago.

—Podemos hacer eso —murmuró. Era lo que habían intentado desde que su niño pelirrojo llegó a sus vidas.