Enredado en las palabras


Megalómano: Relacionado a la megalomanía. Una persona que fantasea y delira sobre el poder, comportándose como si tuviera una posición social y económica muy superior a la de su propia realidad. Propuesta por Sthefynice


34.

Es una conversación que Takeru no quiere tener con Ken pero que no quiere evitar tampoco, que no puede evitar realmente. Hikari no cree que a Ken le haga daño, ella piensa que podrían ayudar a sanar las huellas de una historia que es todo filos y cuchillas. No es fácil, pero no es imposible y aunque toma una respiración profunda, se niega a mostrarle lo mal que se siente por lo que está a punto de suceder a su amigo.

Takeru hace tiempo que no cree en imposibilidades pero la imagen y el presente evocan la historia de la caja de Pandora, aunque no fuese una caja exactamente en el mito. Es la premisa, sin embargo, lo que se hunde en su mente. Ken está por abrir una caja que lleva los males, quizá no de todo el mundo, pero los que llenan todo su mundo.

Y Takeru es el que lo está empujando a hacerlo.

No se siente cómodo con esa idea pero si no puede hacerlo con Ken, sino puede ayudar ni tampoco puede llenar los espacios en blanco, entonces... entonces, ¿cómo podrá con su hermano? El Mundo Digital los tocó a todos de modo diferente, tan íntimamente como puede tocarse un alma, y con consecuencias tan movilizantes que los dejaron marcados para toda la vida.

La grabadora se queda entre los dos en un gesto que él había tomado de Natsuko, un intento vano de asegurar que no quiere obligarle a vivir el recuerdo más de una vez y una forma de asegurarse que lo va a recordar todo para el futuro.

—¿Estás seguro que quieres hacer esto hoy? —pregunta. La fecha no se le escapa a él, es un aniversario y uno muy triste como puede ser la ausencia de alguien que amamos.

Ken asiente, rígido.

No es fácil ignorar las sombras bajo sus ojos pero Takeru conoce la razón y sabe que no es su visita ni lo que están por hacer. Los recuerdos carcomen buenos tiempos, a veces, inevitablemente. Y hay algunos que lo hacen para siempre en ciertas fechas.

Sus digimons no están lejos pero acordaron quedarse en un rincón hasta que los llamasen. Hay una tensión en el cuerpo de Wormmon que Takeru desconoce pero se queda en su sitio sin esfuerzo. La voz de Patamon llega en oleadas y Takeru se siente más tranquilo con el sonido distante, aún cuando pierde el significado de sus palabras en el espacio entre ellos.

—Mi digivice no siempre fue un D3 —dice Ken, rompiendo la calma con una voz temblorosa—. La primera vez que lo vi era... era como el de Taichi y los demás.

—El mío también —comenta Takeru, con nostalgia y una sonrisa que trata de suavizar los nervios de su amigo. Los años lo acostumbraron a la nueva forma y olvidó la época en la que su D3 no existía pero la imagen del digivice antiguo aún le trae fragmentos de memoria. El digivice de su hermano le hace pensar en arcoiris y luces en el cielo.

—Osamu estaba convencido que el digivice era suyo —murmura Ken y las palabras se tiñen de negro en su relato.

Takeru escucha, paciente, y anota algunas cosas de la historia que ya conoce.

Mar negro.

Siente una compulsión de tachar las palabras pero las deja en el papel, negándose a darle más fuerza.

Una figura sin nombre.

¿Un digimon aliado? ¿Un enemigo? ¿Daemon?

Ryou.

Takeru ya conoce parte de la historia, la vivió en primera fila, pero el principio es confuso hasta para Ken. De todas las cosas que rescata de ese pasado turbio, es el último nombre el que lo pierde. El que los pierde a todos.

Ken recuerda a un niño que viajó con él al Mundo Digital pero no recuerda su rostro. Tiene el nombre en la punta de la lengua pero no puede precisar su apellido. Más allá de la figura de un megalómano niño genio que cayó al abismo de unos ojos oscuros, él poco puede rescatar de ese pasado. Ryou se pierde dónde el Kaiser Digimon lo ocupa todo.

A veces él se pregunta si no lo soñó.

—Koushiro dice que lo buscó en la base de datos que le dio Gennai pero que sin un apellido o alguna seña especial...

—¿Recuerdas a su compañero? —pregunta Takeru, porque tiene que hacerlo.

Ken sacude la cabeza.

No dice que recuerda un enfrentamiento en esa visión engañosa. No son ajenos a los digimon enfrentando viejos amigos pero él no quiere traer a flote las memorias encerradas.

—Veo un desierto en mi mente. Y a este digimon que no conozco. Quizá era su compañero. Wormmon no está seguro tampoco de lo que pasó. Quizá no era real... Se siente diferente pero es difícil saber que era real y que no. Y estuve enfermo por unos días después de volver del Mundo Digital la primera vez. Luego...

La pausa es abrupta.

Takeru siente el cambio en la atmósfera aún antes de mirar los ojos de su amigo. No es la mirada amable a la que está acostumbrado, hay una intensidad poco usual en el azul.

—¿Lo pondrás en la historia? —pregunta Ken y su voz es totalmente diferente a su expresión, más suave y pequeña. Tensa, igualmente—. Si te digo cómo murió.

Takeru también tiene cosas que callar en su pasado y entiende. Y la historia de Ken lo absorbe y lo arrastra pero no es... no es saber lo que está buscando. Él quiere preservar sus aventuras y entender. Y enseñar lo que hay detrás de ellas. Porque lo que ellos vivieron, lo que ellos pasaron y lo que sufrieron, lo que les dieron y les quitaron... ¿Todo eso? Todo eso es esperanza y es a lo que Takeru quiere aferrarse.

—No tienes que contarme todo, Ken.

Extiende su mano para apagar la grabadora en un gesto de finalidad. Ken lo detiene. Inhala, profundamente.

Quiero hacerlo —dice.

Y retoma la historia hasta su final.