Enredado en las palabras


Bicoca: Cosa que se considera buena y que se consigue por poco dinero o con poco esfuerzo. Situación ventajosa o favorable. Propuesta por Chia Moon


37.

—No estoy seguro que sea tan buena idea, Miyako.

Miyako contuvo un suspiro mientras sus dedos vagaron por la portada del libro. Lo había encontrado de casualidad en la librería favorita de Chizuru a un precio baratísimo y con su propia mitología inherente. La vendedora había dicho que era el único ejemplar que tenía, catalogándolo como una reliquia, pero también había sido bastante fácil negociar un precio más barato.

No muchos querrían llevarse un libro con simbolos inentendibles, después de todo.

Había una razón por la que ella se había interesado.

—Iori, por favor, nunca ha pasado nada malo antes por leer un libro.

—¿No es ese un diálogo actual de una película con una maldición?

Miyako ignoró la pregunta.

—Además, fue una bicoca. No se pierde nada con probar.

—¿Bicoca? —preguntó Daisuke, que todavía estaba tratando de entender por qué estaba allí. No es que desconfiase de su amiga pero… un libro desconocido no era razón para citarlos a una reunión espontánea.

Miyako lo miró con exasperación.

—Una bicoca, una ganga, como quieras decirle.

—¿Quién habla así? —insistió, sus ojos oscuros volviéndose hacia Ken.

—¿De verdad crees que viene del Mundo Digital? —preguntó él, también ignorando a Daisuke.

Miyako le dio una sonrisa de agradecimiento en respuesta. Era el único que parecía estar prestando atención.

—Sí. Mira estos símbolos. Son muy distintivos.

—¿Y estás intentando traducirlos?

—Koushiro-kun tiene un programa que ayuda a descifrar los mensajes escritos. Dice que la primera vez que tuvo la idea fue en el Mundo Digital cuando encontró una batería llena de símbolos muy parecidos a estos...

—¿Y qué crees que hará ese libro? —Daisuke parecía impaciente. Iori no podía decidir si era porque lo habían ignorando en los últimos minutitos o porque Ken y Miyako estaban inmersos en una conversación en la que él no participaba—. ¿Y por qué Hikari-chan no está aquí?

Miyako rodó los ojos en su dirección.

—Primero, no sé que hará el libro. Es por eso que lo estoy tratando de traducir. Y segundo, ya sabes por qué no la llamé ni tampoco a Takeru-kun —respondió. Volvió sus ojos hacia la computadora por un momento, evitando la mirada atenta de sus compañeros—. No se están tomando esto de la separación del mismo modo que nosotros. Si encontramos algo útil, se los diremos.

—Ellos ya vivieron una separación, Miyako —dijo Iori, reprimenda palpable en su tono—. No es que no les importa. Lo viven de diferente forma.

Ella alzó los hombros un poco, pero no discutió. Lo sabía. En realidad era una de esas ocasiones en que sus visiones del mundo se tornaban opuestas y no estaba tan segura si estaban en la misma página. No sostenía ningún rencor, pero era la realidad y a Miyako no le gustaba la realidad actual.

—Además, según recuerdo, Koushiro-san revisa la puerta todos los días para ver si hay algún cambio —añadió Ken, siempre listo para apaciguar—. No es que los hayan olvidado, Miyako.

Se mordió el labio.

—Yo eso. Es sólo... es sólo que no entiendo cómo pueden no pensar en lo que está pasando. En si nuestros compañeros están bien o si necesitan algo. No puedo seguir pensando en esto. Este libro... este libro es lo más cerca que sentí de una respuesta en semanas. Necesito saber.

Iori la miró durante un largo momento, pensando en cómo poner sus pensamientos en palabras, y luego centró su atención en el libro, perdiendo el hilo de coherencia en sus pensamientos. Miyako se había dedicado en la última hora a escanear las hojas y ahora aparecían en la pantalla de la computadora pidiendo su atención. Dudaba que tuviese que ver con sus compañeros digimon pero entendía la frustración de Miyako.

Jamás se habían separado, hasta entonces, de sus compañeros digimon.

Al menos, no como ya les había ocurrido a Takeru, Hikari y los demás. Sabía que no estaban tan tranquilos como aparentaban pero quizá era la experiencia lo que los obligaba a mostrarse así en su beneficio, quizá estaban tratando de sentirse serenos con la idea. Tan angustiados como estaban ahora, Iori no tenía ninguna duda que estarían peor si los viesen preocupados. No era un secreto que si bien sus aventuras habían sido totalmente separadas, muchas veces los miraban a ellos para orientarse en las cuestiones sin resolver.

—¿Tardará mucho? —preguntó Daisuke.

Miyako le lanzó una mirada. —No lo sé. Está buscando en la base de datos todavía por algunos de ellos que no son tan comunes.

—¿Al menos tendrá algo pronto? —presionó.

—Si tienes algún mejor lugar...

—No quiero aburrirme esperando. Ni siquiera sabemos si tiene que ver con el Mundo Digital. Quiero decir, ¿un libro en una librería donde tu hermana compra cosas raras? No creo que tengan...

—¿Correlación? —intervino Ken al ver los gestos llenos de frustración e impotencia que dibujaba Daisuke con sus manos.

—Sí, correlación. Gracias, Ken.

—No es una librería rara —discutió Miyako. Iori retrocedió un poco, repelido por el repentino enojo que resplandecía en su rostro—. Es esotérica. Y ya les dije que son símbolos del Mundo Digital. Muchos son fáciles de reconocer, otros no. Pueden irse si quieren. Sólo le pedí a Iori que viniera y él pensó que sería buena idea llamarlos.

Ken parecía un poco herido en eso último pero no hizo ningún comentario al respecto. Daisuke hizo silencio.

—No es que no confiemos en ti. Es sólo... no queremos ilusionarnos. ¿Qué nos puede decir un libro sobre lo que pasó? Las puertas se cerraron sin aviso y...

—¡Quizá es un mensaje! ¡Quizá están tratando de contactarse con nosotros! ¡Y no sabemos cómo funciona! Este libro, esto, puede que sea nuestra única… —La voz de Miyako fue perdiendo fuerza hacia el final y Daisuke se movió incómodo al verla perder toda energía—. Necesito saber que no es un mensaje oculto pidiendo ayuda, al menos. No espero que entiendan.

Ken, que había permanecido en silencio durante toda la explosión súbita y tras el silencio ensordecedor, se acercó a Miyako. Le apretó el hombro con los dedos en un gesto inusual y no retiró su mano ni cuando ella se volvió para mirarlo como un reflejo ineludible.

—Estamos aquí porque queremos —dijo. Hizo una pausa y luego le dio a Miyako una sonrisa—. Lo entiendo perfectamente. También me alegraría que no sea un mensaje de auxilio.

Daisuke suspiró aliviado cuando una sonrisa rompió la expresión triste de su amiga.

—Miyako —llamó Iori—. La pantalla…

Con esas pequeñas palabras y el instante roto, la atención cambió de foco. Miyako movió su silla y se inclinó hacia adelante, mientras que sus tres compañeros se asomaban por los lados. Las primeras líneas que aparecieron no tenían ninguna relación con lo que esperaban.

"Esta es la historia de los diez Guerreros Legendarios que una vez salvaron al Mundo Digital…"