Enredado en las palabras

Meriggiare: Dormir la siesta en un lugar al sol. Propuesta por SkuAg.


38.

Hikari sonrió detrás de la cámara.

El aire cálido, suave de los primeros días de primavera acariciaba la tarde y el rosado de las flores pintaba el verde del parque en el que ella solía sacar fotos. Nunca había muchas personas a esa hora de la tarde, la vida ajetreada les impedía sentarse en la serenidad del color que adornaba el gris pavimentado. A Tailmon le gustaba quedarse a su lado, en silenciosa calma, absorbiendo las caricias de la luz. Hikari sospechaba que dormía, pero nunca se había atrevido a comprobar su teoría, y había tomado como recompensa el capturar el momento con su lente.

Se rio en voz baja.

—Sé lo que estás haciendo —dijo Tailmon.

No estaba dormida, entonces. Al menos, no en ese preciso instante.

—¿Qué estoy haciendo?

—Sacando fotos, como siempre.

Desde que le habían regalado la cámara para su décimo cumpleaños, rara vez se desprendía de ella.

Le gustaba la idea de capturar instantes en imágenes, el mantener los recuerdos al alcance de la mano, y le gustaba la naturalidad que podía atrapar también. Podía armar escenarios, decorar, recrear escenas mentales... pero también podía atrapar una risa espontánea que se escapó tras un chiste, una mirada ineludible que se asomó tras una nube de emoción. Había leído un libro una vez, una novela sobre bodas, en la que la protagonista hablaba de la magia de ese momento en el atrapas una imagen mágica. «La mariposa azul»*. La mariposa que se posó en el momento justo en un ramo de flores y que, fugaz y simple, fue atrapada en una memoria perpetua. La mariposa azul, que cambió la composición y le dio pinceladas de belleza natural e inesperada.

—Es que te veías tan linda.

Le pareció que el rostro de Tailmon tomaba una sombra de color.

—¿No dijo Taichi que estarían por aquí?

Hikari se encogió de hombros.

Le había enviado un mensaje a su hermano diciéndole que ya había terminado sus planes con Sora —ella le estaba enseñando algunas recetas— y estaba lista para ir. Pero no había recibido respuesta. Tenía la tentación de contactar a Takeru también porque se suponía que él también estaría con Taichi y Agumon, pero esperaría un poco más antes de hacerlo.

Todavía era temprano.

—Voy a revisar —dijo Tailmon. Tal vez fue porque ella no quería que Hikari volviese a sacarle una foto de improviso. Tal vez era todavía muy vergonzosa con los aspectos más simples de su relación. O simplemente estaba preocupada por la ausencia.

La vio perderse entre los arbustos del parque. Tailmon a veces se preocupaba un poco demasiado por las ausencias. Hikari entendía el por qué. Más de lo que le gustaría.

—Oye.

No había esperado que Tailmon regresase tan pronto. No habían transcurrido más que unos pocos minutos.

—¿Qué sucede?

Tailmon, que tenía un aire risueño que Hikari reconocía como patrón de cosas que le divertían, le hizo señas para que se acercase. Sus garras apuntaron una dirección en particular.

—Por allá.

Hikari siguió el camino invisible con la mirada. Ya sentía curiosidad. —¿Qué…?

—Te encantará —dijo Tailmon, suave—. Pero no hagas ruido al acercarte.

Lo único que quedaba era obedecer.

Oh.

Tailmon los había encontrado. A su hermano y a sus amigos. Y a sus digimon.

Los seis habían decidido, aparentemente, tomar una siesta en el banco al lado del camino por el que del barque. El sol los había arrullado, sin duda. Y Tailmon tenía razón, por supuesto: A Hikari le encantaba la escena.

Su hermano siempre dormía profundamente, como ajeno al mundo exterior. Libre de preocupaciones y problemas. Dormía con sueños, sin duda. Yamato, por su parte, se había acurrucado junto a Gabumon. O, quizá, Gabumon fue quién se acurrucó junto a su compañero. De cualquier forma, ellos tenían las expresiones más serenas. Había una suavidad en él que Hikari pocas veces había notado durante la vigía. La mochila de Taichi yacía en un costado sobre la hierba, solitaria y contrastante. Y el sombrero de Takeru, arrugado, estaba también abandonado a su suerte en el césped.

Takeru…

Hikari se rio en voz baja al notar la expresión de Takeru.

Tenía los ojos cerrados, pero su gesto de incomodidad desentonaba completamente con la de sus acompañantes. Patamon se había subido a su estómago y estaba comiendo alegremente galletas junto con Agumon, platicando con la misma soltura con la que lo hacía siempre y hasta donde brincos sobre su compañero. Estaba totalmente ajeno, inocente.

«Por supuesto que finges dormir», pensó Hikari con cariño. Él no querría dejar de escuchar las risitas de Patamon.

Ese era su Takeru.

Enfocó la lente y apretó el botón. Podrían reírse de la imagen después.


N/A: Una imagen de los chicos me inspiró para esto ;)

*Álbum de bodas de Nora Roberts.