Capítulo 3
– Veo que me hiciste caso – escuche su voz tras de mí y me gire rápidamente. Mi corazón se agito, pero no sabía si fue el susto o su presencia –. No te asustes, Andrew me comento que había contratado a quien le recomendé así que vine a felicitarte por hacerme caso.
– Bueno, ya había perdido tiempo en Earthly Light así que pensé que podría pasar y ver sobre, bueno, lo que habías mencionado – dije tratando de sonar lo más segura posible.
– Es claro que eres una chica inteligente, ¿Qué te parece si te invito a comer festejando tu nuevo trabajo?
Sin pensarlo dos veces acepte. Tal vez era una tonta en aceptar la invitación de alguien que acababa de conocer, pero ¡por todos los cielos! No podía negarle nada a un joven como el, su sola presencia atrae miradas, era como un panal atiborrado de miel y yo una pobre abeja sin hogar.
Ese día nos vimos a la hora de la comida y sin darnos cuenta comenzamos a vernos más y más, jamás pregunte nada muy personal, por alguna razón algo me decía que no lo hiciera, en cambio, el parecía querer saber todo de mí y yo me sentía flotar cada vez que pensaba que él estaba interesado, aunque fuera un poco en mí.
Con el tiempo comenzó a ofrecerse en pasar por mí y llevarme a casa, no tenía porque, pero acepte sin siquiera dudarlo. Estar a su lado me hacía sentir bien y mi corazón parecía bailar cada que sentía su presencia y aspiraba su perfume.
– Hemos llegado – dijo estacionándose frente a mi casa –. Espero que descanses después de la junta que tuviste hoy.
– Ni me lo menciones por favor – dije dejándome caer sobre el asiento –. Tomare un baño y dormiré como oso en invierno.
– Te lo mereces.
– Bueno, me tengo que ir, gracias por traerme… de nuevo.
– No te preocupes, encantado.
Fue cuando me acerque para darle un beso en la mejilla que su rostro se movió en la misma dirección que el mío y quedamos a escasos milímetros de que nuestros labios se tocaran, podía sentir su aliento sobre mi boca y mi corazón comenzó a latir tan fuerte que pensé que él podría escucharlo. Nos quedamos así unos segundos, me moría por dar ese último paso, pero de nuevo, algo me decía que no lo hiciera. Mientras estaba liada con mis pensamientos, en un movimiento el beso mi mejilla y se colocó de manera correcta en su lugar.
– Buenas noches – le dije para después darle un beso en la mejilla y bajar del auto.
– Vaya, por fin llegas – escuche la voz de mi padre si bien había cerrado la puerta principal –. Se puede saber, ¿dónde estabas?
– No, no se puede saber. Solo me limitare a decirte que no debes preocuparte por nada, todo sigue como debe ser.
– Espero que así sea Darién, recuerda que debes mantener tu cuerpo puro y lejos de… la suciedad.
– Lo se padre, ya es tarde – dije mientras me acercaba a las escaleras –, me iré a dormir.
– En dos días comienzas con tu preparación.
Me detuve en seco en el primer escalón, sentí un nudo en la garganta, pero no le daría el gusto a mi padre de verme afectado. Sin decir nada más me dirigí a mi habitación.
