Capítulo 4
La hora de la comida había llegado y Darién había pasado por mí, el lugar era nuevo y podía apreciar que era un lugar donde no cualquier podría estar, las paredes estaban decoradas con algunas pinturas, rápidamente recordé algunas que están colgadas en diferentes zonas de las oficinas.
– ¿Sabes? – le pregunte a Darién mientras tomaba del vaso con agua frente a el –. Hoy pregunte por las pinturas en las oficinas, ¿las has notado? Son muy… llamativas y extrañas. Me han dicho que cuentan una leyenda.
– ¿Una leyenda? – pregunto mientras se llevaba un bocado de lo que sea que pidió, aun no le encontraba forma.
– Cuenta la historia de seis familias, las cuales eran muy desgraciadas. Cansados de eso, decidieron darles una ofrenda a los dioses, así que con lo poco que tenían formaron un templo, rezaron por días y noches, pero fue hasta que prometieron la vida de los primogénitos de cada familia que parecía que los dioses los escucharon y las buenaventuras llegaron a ellos – de pronto Darién dejo de partir su bocado y su vista quedo fija en el plato. Continúe el relato con la intención de sacarlo de su trance o lo que fuera, tal vez solo se había acordado de algo –. Al parecer siguieron con esa tradición por muchísimos años…
– Si – dijo volteando a verme con una sonrisa –. Es una historia muy peculiar, creo que quien pinto eso estaba inspirado.
– Pienso lo mismo, aunque de ser verdad, no creo que el sacrificar a uno de tus hijos sea correcto, aunque tengas una vida desgraciada, el amor es lo más importante. Es un alivio que en estos tiempos eso ya no pase, ¿cierto?
– Tienes toda la razón – tomo mi mando acariciándola y así como la tomo la soltó rapidamente–. Creo que prefiero pedir el postre, ¿deseas algo en especial?
– ¿Crees que… haya familias que hoy en día sacrificarían a sus hijos? – por alguna razón esa idea se había quedado en mi mente.
– Buenos Serena, provengo de una familia muy peculiar y debo decir que si esa tradición siguiera vigente mi familiar la cumpliría sin remordimiento. Conozco varias familias que igual lo harían – por el tono en que lo dije entendí que estaba cerrando el tema –. Por cierto, tengo que hacer un viaje y no volveré en un par de días.
– Oh, no tienes porque avisarme.
– No, pero me gusta hacerlo. Entonces, ¿postre?
– Por fin llegas – escuche la voz de mi padre en el mismo momento en que cerraba la puerta de su despacho –. La sala esta lista, así que ve ahora.
– Antes me gustaría ver a Hotaru y Amy – dije tratando de no mostrar ningún sentimiento –. No quiero que Hotaru piense que me fui sin despedirme.
– Por favor, deja de hacer más débil a esa hermana tuya. Suficiente tengo con sus lloriqueos estúpidos por toda la casa. Ve directamente a la sala, es una orden.
Apreté los puños y di media vuelta. Al salir pude ver como dos maestros guía se encontraban esperándome, al llegar a su altura dieron media vuelta y comenzaron a caminar y yo detrás de ellos.
Sabía cuál sería el resultado de todo esto, sabia a donde iba, a lo que iba e iban hacerme, era el principio de mi infierno. Todo el camino hice todo por no pensar en lo que ocurría a mi alrededor, así que lo primero que paso por mi mente fue ella… desde que la mire sentada en recepción me había cautivado y ver que no le era indiferente me hizo sentir cosas que jamás había pensado existían. Era una pena que nunca podría tener nada con ella, jamás podría sentir o probar sus labios, ni que decir de tocar la piel de su cuerpo. Era feliz con solo verla, escuchar su voz y ser parte de su día.
Estaba tan absorto en mis pensamientos que no me había percatado que ya me habían despojado de mi ropa para ponerme el traje tradicional de la primera etapa de preparación, la etapa física.
Sin decir una palabra, los maestros guía me indicaron el camino hacia un altar con las estatuas de los tres dioses, aquellos que en lugar de traer alegría a mi familia la habían despojado de ella, pero parecía que nadie lo notaba o no deseaban hacerlo. Frente a mí se encontraba un piso cubierto de piedras filosas, con un golpe detrás de las rodillas caí sobre ellas encajándose en mis piernas y manos, me mordí los labios ahogando el dolor y colocándome en la posición que me habían enseñado hace tanto tiempo atrás, fue entonces que sentí como agua hirviendo caía sobre mí en pequeñas gotas.
El dolor era mucho, pero el recuerdo de Serena en mi mente lograba que me desconectara por un momento de todo, ella y los momentos que creaba en mi mente, donde ella y yo podíamos ser como cualquier persona en el mundo, donde podría tomarla del rostro y besarla como desee desde que la conocí.
