Capítulo 5
Mientras veo que la puerta de mi habitación, esta se abre. Pienso en qué tal vez es ella quien ha venido. Sé que es imposible pero la extraño, te extraño... Serena... y quisiera verte.
— Darién — me saluda Andrew mientras se sienta a un lado de mi cama — ¿Te sientes como te ves? — me pregunta con ese tono burlesco que tanto lo caracteriza.
— Mil veces peor — suspiro mientras observó debajo de la puerta de la habitación si no hay nadie detrás escuchando, con cuidado le hago señas con la mirada hacía el jardín.
— Hoy hace un hermoso día, anda, levántate y vamos afuera. No seas holgazán.
Después de varios tropiezos y medio caídas llegamos al jardín, todas por mi culpa. Le pedí que nos alejáramos lo más posible. Necesitaba hablar con él.
— Ha preguntado por ti — dijo Andrew mientras me ayudaba a sentarme en el pasto, no sabía cuánto me quedaba de estos pequeños placeres —. Claro está que no es a mí a quien pregunta. Pero si a varios trabajadores. Está preocupada.
— Si... Lo imagino — dije volteando a ver el hermoso cielo azul. Extrañaría este tipo de libertad —. En un par de días iré a verla.
— No pienses que te juzgo, porque realmente no lo hago pero, ¿Qué pretendes? Sabes que es peligroso involucrarse con alguien, tu padre no estaría feliz si se entera que su hijo se entiende con alguien.
— Lo sé pero no puedo evitarlo. Es como... Cómo si en estas semanas de conocerla hubieran sido mi verdadera vida y no todo el tiempo atrás — tan solo de recordarla sentía como mi corazón se agitaba —. Ojalá las cosas fueran diferentes.
Podía sentir la mirada de Andrew sobre mí, pero decidí a ignorarlo, no quería ver su expresión de lástima, no lo culpaba. Es de la misma manera que todos se miran cuando saben que es su turno.
— Escapa — me dijo sin dejar de verme —. Por todos los cielos, Darién. Lárgate de aquí, escapa, vete con Serena y desaparece — podía ver cómo se estaba agitando y sus ojos parecían desesperados —. Sabes que todo esto es una mierda. Lo que nos hacen es la estupidez más grande. No es justo. ¡Mírate! Tus manos están con llagas, no quiero imaginar el resto de tu cuerpo.
Me gire a verlo y pude notar como su respiración se volvía rápida y estaba seguro en un par de segundos seguro lloraría. Me dolió verlo así.
Andrew y yo nos hicimos amigos de inmediato cuando nos conocimos siendo pequeños. Nuestras familias habían sido amigas desde muchísimos años atrás, incluso antes de que mi padre naciera. Él era el tercer hijo de su familia mientras yo era el primogénito. A partir de los seis años comencé a tomar clases particulares en casa a diferencia de Andrew y mis dos hermanas que asistían a un colegio, con el tiempo se me explico que, por ser el primogénito tenía una misión hacia la familia, una promesa que debía cumplir en honor a mis antepasados. Jamás le tome mucha importancia hasta que un día, el hermano mayor de Andrew tuvo que partir. Al parecer uno de sus tíos enfermó y su hermano debía suplirlo en lo que fuera que hacía, pero fue terrible el ser testigos del sufrimiento que pasó para poder ir en lugar de su tío.
Fue torturado de maneras físicas y mentales, Andrew pidió quedarse en mi casa un tiempo ya que no podía soportar ver a su hermano en las terribles condiciones que terminaba. Fue cuando su hermano partió que nuestros padres nos explicaron sobre lo que pasaba.
El hermano de Andrew debía ir y representar a su familia, dando su vida al servicio de los dioses. El primogénito de cada familia estaba destinado a eso, y todo aquello que pasó su hermano era parte de la preparación.
Ambos entendimos lo que quería decir. En algún momento yo tendría que partir, al ver por sí mismo el camino que su hermano paso... sabía que lo lastimaba.
— No puedo, si me voy Amy tendría que tomar mi lugar y no puedo hacerle eso — el solo giro el rostro ocultando lo de mi —. No podría vivir sabiendo que una de ellas deberá sufrir.
Después de eso, Andrew y yo no dijimos nada por un buen rato. Solo nos quedamos ahí, admirando el paisaje.
— ¿Cuándo te irás? — preguntó Andrew.
— Dos semanas, tres cuando mucho. Estaré en reposo lo que resta de la semana. Me darán una semana libre para después comenzar con la etapa espiritual.
— Maldita la hora en que nací — su voz sonada demasiado dolida y llena de rencor —. ¡Malditos antepasados, malditos nuestros padres por seguir con esa tradición estúpida!
— Andrew...
— ¡Sabes que tengo razón! — volteo a verme y pude ver cómo dentro de él algo se rompía, algo que sabía jamás podría repararse.
Ninguno dijo nada más.
Días después pude dejar mi habitación, lo primero que hice fue prepararme para ir a la empresa de Andrew, quería ver a Serena.
— Hijo — escuché la voz de mi madre quien iba entrando a la habitación —. Vaya, parece que vas a salir.
— Necesito hacer algunas cosas — fue lo único que dije mientras me terminaba de poner el saco. Ella se acercó y cuidadosamente toco mi rostro.
— Deja te cubro las marcas, la vas asustar y no se diga la preocupación que le causaría verte así — me sorprendió su respuesta, ¿Mi madre sabía algo? Sin decir nada más salió de la habitación y en un par de minutos se encontraba de regreso, no sé qué utilizo, pero al terminar no había rastro de las manchas rojas y rosas en mi cara, mi piel no mostraba señas de estarse recuperando de las quemaduras.
— Gracias — fue lo único que pude decir. Ella me sonrió, acomodó el cuello de mi camisa y se fue.
— Buenas tardes señorita — dije acercándome a la recepcionista —. ¿Se encuentra Andrew?
Cuando alzo el rostro y me miro, inmediatamente me indico que podía pasar a la oficina. Al entrar pude ver como Andrew leía unos documentos, pero al notar mi presencia los dejo de lado sonriéndome alegremente.
— Quisiera creer que vienes a verme, pero sé que no es así. Solo por ser tú y ya sabes... puedes llevártela. Pásala bien, ¿entendido? Estoy segura que estará muy feliz de verte.
— ¿Quién dijo que eres un patán arrogante? — pregunte sonriendo, apreciaba el gesto que tenía hacia mí.
— ¿Alguien dice eso? — mientras abría la puerta para irme el parecía querer saber realmente quien decía eso sobre él.
Así que me encontraba caminando por el pasillo en dirección a la pequeña oficina de Serena, mis manos sudaban y no podía evitar sentir los latidos de mi corazón queriendo salir de mi pecho. Al llegar la puerta estaba abierta así que me recargue en ella admirándola por un momento. Tenía el cabello recogido y algunos mechones escapaban de él, tenía el ceño fruncido, parecía concentrada en lo que hacía. No sé cuánto tiempo estuve ahí y fue su grito de sorpresa al verme lo que me despertó de mi transé mientras la observaba.
— ¡Darién!
— Hola — la salude intentando ocultar mi emoción por escuchar su voz —. Regrese.
— Santo cielo — dijo mientras se levantaba de su asiento, se acercó tan rápido que pensé que se lanzaría a abrazarme, y aunque parecían sus intenciones se detuvo claramente con un debate interno, comenzó a estrujarse las manos —. Sentí que te fuiste hace mucho tiempo, no supe de ti. Pensé que algo te había ocurrido, no vuelvas a irte de esa manera, ¿está bien?
Me hubiera encantado prometerle que jamás me volvería ir a si, y que si lo hacía será con ella a mi lado, pero no podía hacerlo. Le sonreí e hice como que miraba mi reloj.
— Tenemos 15 minutos para no perder la reservación — ella me miro confundida —. Te invito a comer.
— Oh, no puedo, tengo trabajo. Aparte no creo que me permitan pedir algún tipo de permiso.
— Ya lo arreglé, no te preocupes, Andrew ha accedido a darte toda la tarde libre. Tómalo como un pequeño regalo. Entonces, ¿Qué dices? ¿Vamos a comer?
Su mirada lo decía todo, no sabía si olvidar el trabajo y salir conmigo o ser la adulta responsable y cumplir con sus deberes. No puede ocultar una sonrisa cuando ella me dio la espalda para tomar su bolso y salir por la puerta para después, seguirla hacia el estacionamiento.
Durante el camino ella no dejaba de hablarme sobre las cosas que había realizado durante el tiempo que estuve ausente, me encantaba escucharla, verla mover las manos mientras me explicaba las cosas, como abría los ojos cuando parecía querer decir algo importante, sus cejas al moverse dejando ver las mil caras que podía hacer mientras hablaba. Serena... tu rostro se quedará en mi mente hasta el último día, tu aroma me seguirá a donde quiera que vaya... ¿sabes? quisiera decirte que esta es la última vez que nos veremos.
