Capítulo 7
El día que mire a Darién pasar frente al balcón no pude parar de llorar, al día siguiente no amanecí de ánimos así que me la pase en mi habitación, fue hasta la tarde que me anime a salir a dar una vuelta por ahí. Me detuve en un café frente a la playa, pedí cualquier cosa, ni siquiera presté atención. Después de un rato escuche las campanas a lo lejos, mi corazón se estrujo y algunas lágrimas comenzaron a salir, fue cuando sentí un apretón en mi hombro que las lágrimas se detuvieron.
— ¿Todo bien? — voltee rápidamente, una chica me miraba un tanto afligida. Asentí con la cabeza en señal de estar mejor, pero ella no se fue, en cambio tomo una silla y se sentó a mi lado —. Es difícil al principio, pero después de un tiempo te acostumbras.
— Lo siento, no sé de qué hablas — fingí no saber realmente de que hablaba.
— ¿De qué más seria? De las campanas — dijo haciéndole una señal al mesero, al perecer se quedaría en mi mesa —. Es como la llave de las lágrimas.
Parecía que ella también tenía un tipo de mal sabor de boca al escucharlas, aun así, no estaba de ánimo para hablar así que decidí no seguir la conversación. Después de un rato volvió hablarme, esta vez de otro tema.
— Supongo estas aquí por trabajo, yo también — dijo dando un sorbo a su bebida —. Vengo de parte de la empresa Stirling, la que está al norte. Estar aquí son como vacaciones para algunos. Por cierto, soy Minako, pero puede llamarme Mina.
Voltee a verla y ella sonrió, me remordió la conciencia, ella tan amigable y yo tan amargada.
— Mucho gusto, Serena de Furahata Company.
— Oh, eres el remplazo de la vieja Beryl. Qué bueno, esa mujer era una ignorante y muy... coqueta. Jamás aporto nada, buen movimiento de la compañía.
— Gracias.
Nos quedamos platicando de cosas sin importancia, pero poco a poco nos comenzamos a sentir realmente cómodas. Tanto que nos agarró la noche, al darse cuenta de la hora, ella se despidió rápidamente diciendo que tenía algo importante que hacer y ahí me quede, apreciando la vista desde mi lugar. Me quede solo un rato más, hasta que decidí que era momento de irme a dormir, mañana tendría junta y no podía ir desvelada, está ahí por trabajo y no para lamentarme por un amor fallido.
Al día siguiente, no pude concentrarme demasiado en la junta, debes en cuando podía concentrarme.
— Bienvenidos a la reunión semestral...resultado de nuestro trabajo... blablablá... esperamos su participación...blablablá...
Al acabar la junta pasamos a la pequeña recepción organizada para conocer a las nuevas caras, lo único que quería era desaparecer de ahí.
— ¡Hola! — me saludo Mina totalmente emocionada — es un placer volver a verte. Aunque tu cara me dice que tú lo que deseas es irte de aquí.
— ¿Es tan obvio? — pregunte desganada.
— Muchísimos, pero te ayudare. Me caes bien, te presentare unas cuantas personas, tu sonríe, saluda, pregunta cosas banales y en veinte minutos podrás irte.
— ¿Realmente me ayudarías? — pregunte emocionada.
— Claro, somos hermanas de pena — no entendí lo que trataba de decir, pero no pregunte.
Después de unos cuantos apretones de manos, sonrisas e intercambio de información pude irme, antes de poder hacerlo miré en dirección de Mina agradeciéndole con la mirada a lo que ella me sonrió. No sabía quién era realmente, pero daba gracias al cielo que estuviera ahí.
Llegando a la habitación decidí relajarme, no podía estar ahí el tiempo que me restaba, así que me preparé un baño de tina, después puse algo de música y decidí leer algún libro. Todo con tal de mantener la mente ocupada. Después de un rato alguien toco la puerta de mi habitación.
— Serena! — de nuevo era Mina, por alguna razón verla tan emocionada y feliz me hacía sentir mejor —. Vengo por ti, quiero dar un paseo, pero no quiero ir sola. Anda, vamos.
— Pero, no estoy arreglada ni nada, creo que mejor me quedo — dije tratando de evitar salir.
— Que va, no hay nadie aquí, ¿lo recuerdas? Solo un montón de gente preocupada por dinero, anda, vamos así, nadie te vera.
No muy convencida la seguí.
Durante nuestro paseo por la orilla de la playa ella no dejaba de hablar de su vida, sus sueños de ser una cantante y actriz profesional.
— Entonces crecí y me di cuenta que de alguna manera tenía que costear los gastos de querer ser actriz, así que aquí me ves, ganando dinero, sin tiempo y dejando cada vez más atrás mi sueño de ser lo que siempre quise. Pero cuéntame de ti, ya hablé demasiado.
— Bueno, no hay mucho que decir de mí. Soy alguien común que por cosas del destino consiguió empleo en una de las empresas más importante de Tokio. Fin de la historia.
Mina no dijo nada, continúo caminando sin despegar la vista de sus pies.
— Llorabas por uno de ellos? — su pregunta me sorprendió, me detuve quedando unos pasos atrás de ella —. No tienes que negarlo, conozco esa mirada que tenías el día que nos conocimos. El llorar al escuchar las campanas, es una pesadilla, ¿no es así? Saber que esta tan cerca y no puedes estar ni siquiera un poco cerca de él.
No sabía que decir, ¿Cómo sabía lo que ocurría? Una parte de mi estaba temerosa, mientras que otra quería contarle todo mi pesar, quería que alguien me consolara un momento. Por alguna razón ella me daba confianza, como si nos conociéramos de toda la vida.
— Hace un tiempo conocí a alguien, perfecto de pies a cabeza e incluso por dentro, todo un caballero, perfecto... el tipo de chico con el que solo sueñas cuando eres joven. Un día solo desapareció, no supe más de él y pensé lo peor, que solo había jugado conmigo — volteé a ver la Luna sobre nosotros, ella, la única testigo las lágrimas y angustias pasadas por el —. Pero no podía ser eso, él y yo ni siquiera nos tomamos las manos. No sé, era raro. Decidí dejarlo pasar, él no estaba y yo tenía una vida. Pasaron meses sin saber de él y el día que llegué lo volví a ver — a este punto mi voz se quebró y decidí no continuar.
— Estaba entre ellos, ¿cierto? — voltee a verla —. Entre los jóvenes que pasan todas las tardes — no dije nada, solo miré de nuevo al suelo jugando un poco con la arena con el pie —. Entiendo perfectamente, me ocurrió lo mismo. Malachite y yo nos conocimos cuando él ya estaba aquí, cuando lo mire por primera vez quede encantada con él, me explicaron que no debía acercarme, pero no podía dejar de verlo cada que podía, poco a poco el noto mi presencia y me dedicaba miradas fugaces. Un día decidí jugármela, todo o nada. Entre a su templo, como una vil ladrona — la mire sorprendida por su osadía —. No me mires así, cuando el corazón manda la mente no funciona bien. El caso es, que cuando entre me lo tope ¡Era el destino! Sin decía una palabra lo seguí, entro a una habitación dejando la puerta entre abierta tras de sí. Cuando entre me percate que era su habitación. Ese día nos prometimos estar juntos.
— Quieres decir que...
— Quiero decir que cuando amas a alguien, no importa el peligro, no importa lo que puedas perder. Debes darlo todo.
— Vaya, eres muy valiente.
— Oh, no lo soy — dijo sacudiendo la mano, negando mis palabras —. Solo estoy enamorada.
R...
Tres capitulos en un dia. Ojala fuera asi siempre... Espero les guste, creo que solo queda capitulos mas... esta historia tiene una sorpresa!
