"¡Mas firmes!¡Mas fuertes!¡Mas despiadados!" Gritaba el entrenador con un tono militar.
"¡S-si!" Respondieron asustados ella y Kyle, solo deseando que el Sr. Smoothscales dejara de presionarlos.
"Para manejar de manera decente sus armas, deben tener un agarre estable y un ataque decidido." Claramente, trataba de instruir al Dúo Debilucho (como a veces los llamaban otros cadetes) "No hay lugar para las dudas."
Todos en el escuadrón recientemente llegaron a la edad de 10 años, lo que significaba que empezarían a recibir educación practica en el uso de armas, como los bastones metálicos (no sabia el nombre real) con los que peleaban ahora.
Les dijeron que se colocaran en parejas, y por obvias razones nadie quería entrenar con ellos, por lo que inevitablemente terminaron juntos.
Eso no les molesto al principio, de hecho, siempre trataban de quedar en el mismo grupo. Así no sufrían solos.
Pero eso rápidamente dejo de ser algo positivo luego de que el entrenador señalara que las parejas deberían combatir 1 a 1.
Anisa estaba muy dudosa acerca de eso de lastimar, aunque no tenia idea de porque, si todos los demás cadetes (¡Hasta Kyle!) estaban dispuestos a golpear a su oponente.
Pero para ella, la sola imagen de alguien sufriendo le daba ganas de llorar.
Su amigo rubio solo parecía vacilar mas que nada por su incompetencia e inseguridad acerca de sus capacidades, además de el miedo a salir lastimado.
Pero al final, ninguno tenia alternativa. Su maestro no dejaría de presionarlos para que se atacaran.
Pasado un tiempo de intercambiar movimientos débiles y lentos, y con los demás cadetes retirándose a comer con el permiso del profesor. Este aparentemente se hartó de ver tanta incompetencia "¡Ninguno de ustedes se ira hasta que den por lo menos un golpe solido!¡Y mejor apúrense o no obtendrán sus raciones!"
Eso basto para que ambos se estremecieran, ambos sabían que los 15 minutos de alimentación que se les otorgaba pasado el medio día era el único momento de calma que poseían antes de continuar con su tormento.
"Lo siento." Escucho murmurar a Kyle.
"¿Eh?"
De repente, el rubio corría a ciegas hacia ella levantando su arma "¡Aaaaah!"
El miedo se apoderó de su sistema al reconocer esto como una amenaza, y cerro los ojos esperando por el dolor.
"¡Aau!"
Al contrario de lo que esperaba, esa queja dolorosa no provino de su boca.
Cuando se animo a abrir los ojos, frente a ella vio a un Kyle sobándose una pierna, muy adolorido.
"Finalmente actúas como un luchador, cadete Anisa." Dijo el entrenador, con una mueca que muy apenas podría considerarse como positiva "Golpear en la zona desprotegida del atacante, me alegra saber que prestaste atención a las clases." Sin darle la oportunidad a su estudiante de contestar algo, se retiro, dejándola sola con su amigo herido.
Muy lejos de lo que seria una reacción normal, Anisa sentía muchas cosas pero orgullo no era una de esas.
Sabia con creses que se trato de una reacción impulsiva al sentirse amenazada, realizo un movimiento errático que para bien o para mal termino por dar de casualidad en la pierna de Kyle.
Pero el 'como' no importaba ahora ¡acababa de lastimar a Kyle, su mejor amigo! Se sentía horrible, no entendía como Adora y Catra lo hacían tan normalmente.
Inmediatamente, se acerco al rubio para ponerse a su nivel y decir "¡Lo siento mucho ¿Estas bien?!" Era obvio que no, el golpe seguro dolía mucho, tanto que hasta ella percibía el dolor con solo mirarlo.
Los ojos de Kyle empezaron a agüarse "Y-yo, yo-" Tartamudeo, al borde de las lagrimas.
Anisa se percató de esto, y de inmediato entro en pánico "¡No no no, no fue mi intención!¡Por favor para!" Rogó a la vez que las lagrimas amenazaban con salir de sus ojos también. Su voz comenzó a flaquear "¡S-sabes que cuando *snif* t-tu lloras...!" Sin ninguno poder aguantarlo mas, ambos rompieron en llanto "¡...Yo lloro~!"
...
Despertó con pesar en su pecho.
Sus ojos no tardaron en abrirse.
El jadeo que dejo escapar se interrumpió a media ejecución por su propia tos.
"¿Qué..?" Era todo el pensamiento que su mareado cerebro podía procesar.
Pasaron unos excesivamente largos segundos en los que sintió que sus pulmones buscaban escaparse de su pecho usando su garganta como vía.
Al calmarse la tos, su vista comenzó a enfocarse.
El cielo, por alguna razón, estaba mirando el cielo.
Este era inusualmente hermoso, saturado de diversos tonos rosados y naranjas, y las esponjosas nubes eran el reemplazo de las habituales cortinas de humo presentes en-
"Espera un segundo."
En contra de su mejor juicio, e incitada por la curiosidad; hizo un esfuerzo para enderezar su espalda.
El mareo ocasionado por el repentino cambio de ángulo la hizo arrepentirse al instante.
Se quedo sentada allí por un rato, con la mirada perdida sobre la manta que aparentemente la había estado cubriendo.
Sus pensamientos se enfocaron inconscientemente en el aura de tristeza presente a sus alrededores, pero hizo lo posible para ignorarlo, descartándolo como otro de sus inexplicables cambios de humor combinados con la fatiga.
Sentía como poco a poco sus sentidos volvían en si, hasta que a los dos minutos ya era plenamente consciente de una cosa.
"No estoy en la Zona del Terror."
Solo basto una mirada del lugar para que esto se hiciera evidente.
Personas, había muchas personas allí. También carpas y asentamientos improvisados.
Parecía un campamento, pero definitivamente no uno hordiano, ya que no había ni un solo soldado a la vista, solo...personas.
Al verlos mas de cerca, pudo reconocer algo en ellas que hizo click en su cabeza.
"Gente de Thaymore..."
La ansiedad penetro en ella y de inmediato se puso de pie, aunque con algo de torpeza.
Sus respiraciones se volvieron un poco erráticas.
¿Que hacia aquí?¡No debería estar aquí!¡Esto era malo-!
Su arrebato freno tan pronto como observo mas a fondo el campamento.
Aunque cada individuo ahí tenia características físicas únicas, estos tenian algo en común; desesperanza, y tristeza.
Esas sensaciones impregnaban el aire, y como tal, se adentraban en ella cada ves que respiraba.
Mas de la mitad de los presentes estaban cubiertos en vendas, otros lloraban desconsolados, y unos pocos...ni siquiera parecían respirar.
Sus ojos empezaron a agüarse, y se tapo la boca con ambas manos para evitar que salieran fuertes sollozos.
Era horrible, como si a todos les hubieran arrancado una parte de ellos.
"La Horda...hizo esto." Fue una resolución innegable, ella misma lo había visto.
La manera en la que atacaron a inofensivas personas que no tenían forma de defenderse siquiera...
"Entonces ¿Por qué me trajeron?"
Su mente la aisló momentáneamente del exterior mientras trataba de darle lógica a todo esto.
Según le dijo Shadow Weaver, Anisa vendría para salvaguardar a cualquier soldado que pudiera resultar herido en la batalla.
La cosa es "No hubo batalla. Fue una masacre completamente unilateral." Reconoció con pesar.
No observo ni una sola ofensiva por parte de los supuestos insurgentes rebeldes, solo gritos y llanto.
Así que ¿De que les serviría un medico de campo? Eso solo seria una...carga.
A pesar de sus mejores intentos, fue incapaz de evadir la cruel verdad.
No la mandaron para ayudar, sino para morir.
Tenia perfecto sentido.
Por eso el Capitán de la Fuerza encargado del ataque no tardo en mandarla a "buscar heridos" apenas los incendios comenzaron.
Seguramente esperaba que quedara atrapada entre el desastre y fuera muy débil para salir con vida de el.
...Algo que casi es verdad.
"Pobres personas." Escucho a unos metros de ella.
La familiaridad de esa voz la ayudo a destacarse entre todas las demás conversaciones, y fue capaz de sacar a la pelinegra de sus pensamientos.
Se volteo en dirección de el sonido, incrédula pero a la vez segura de a quien se iba a encontrar.
Adora miro con tristeza y empatía a los pobres aldeanos, esto se mezcló con rastros de impotencia que la hicieron formar un puño con su mano.
¿Esto hacían las personas que la habían criado?¿Atacar pequeños pueblos solo por existir?¡¿Como no se dio cuenta antes?! Fue tan ciega...
Sintió una mano en su hombro.
Se volteo a ver a Glimmer "Es mejor asegurarnos de que todos estén a salvo." Dijo la princesa de cabello rosado.
Aunque no lo dijo explícitamente, era evidente que su nueva amiga trataba de darle apoyo, algo que apreciaba mucho teniendo en cuenta que hace unas cuantas horas se veían como enemigas juradas.
Bow le mostró una suave sonrisa, dejando en claro sus buenas intenciones "Y quédate tranquila. Cuando Luna Brillante se entere del ataque, proveerán a los aldeanos toda la ayuda necesaria."
La rubia se permitió una pequeña sonrisa. Si, todo iba a estar bien.
¿A quien engañaba?¡Nada iba a estar bien!
¡Acababa de ser traicionada por su mejor amiga!¡Ahora tenia poderes mágicos que ni siquiera comprendía!¡Y estaba rodeada de un mundo del que no sabia absolutamente-!
"¡¿A-Adora?!"
Y ahora, a unos metros frente a ella, estaba literalmente la ultima persona con la que esperaba encontrarse en ese lugar.
"¡¿Anisa?!"
No había duda alguna ¡Esa era su compañera de escuadrón!
La postura insegura, el tartamudeo, y esa poco practica bufanda que nunca dejaba su cuello.
Busco una manera de racionalizar la presencia de la ojiverde en ese lugar, pero esos pensamientos se vieron interrumpidos al darse cuenta de las miradas atentas sobre ambas.
Adora se encontraba en una situación bastante sofocante; por un lado estaba su confundida antigua compañera hordiana, por el otro sus nuevos e igualmente desconcertados amigos. Y por si fuera poco, se encontraba rodeada de aldeanos que acababan de sobrevivir a un ataque a manos de La Horda.
Indudablemente tendría que dar una explicación a ambas partes, pero seria difícil hacerlo cuando solo mencionar a los hordianos indudablemente traería pánico.
Tras tomarse unos cuantos segundos para procesar la presencia de la otra, Anisa dio unos cuantos pasos vacilantes en dirección a la rubia "Adora ¿Q-qué esta pasando?¿Que haces aq-?¡Wa!"
La cadete estrella la tomo sorpresivamente de la muñeca, para llevarla con mucha rapidez y poco cuidado a unos metros del campamento.
Finalmente, se detuvieron bajo la copa de un árbol, escondiéndose de cualquier mirada curiosa.
Adora soltó la muñeca ahora adolorida de su ex-compañera.
Esta frotó la zona maltratada para aliviar un poco el dolor "Au..." Mascullo por lo bajo.
Aun así, la ojiazul escucho la queja, sintiéndose algo mal por su arrebato apresurado. A veces olvidaba lo frágil que era Anisa "Lo siento Anisa, pero tenemos que discutir esto en privado."
Antes de que la joven de bufanda pudiera responder, la She-Ra en entrenamiento saco a relucir la primera cuestión "¿Participaste en el ataque a Thaymore?¿Por qué estas en este campamento?¿Los hordianos planean algo mas?"
La mirada endurecida de Adora y sus frenéticas preguntas solo aumentaban exponencialmente la ansiedad de Anisa "Y-yo, t-tu...am-"
"¡Adora!¿Qué esta pasando?¿Qué haces?"
A su escondite llegaron 2 individuos bastante peculiares, en opinión de Anisa.
El mas alto era un chico moreno con un arco dorado en la mano, y un gran corazón estampado en su camisa.
A su lado estaba una chica mas baja que su compañero, pero que aun así superaba a Anisa po centímetros. Tenia en cabello rosado con toques morados, y estos despedían ¿brillos?
Esta ultima inquietaba particularmente a la pelinegra, ya que por alguna razón no pudo evitar relacionarla de alguna manera con Shadow Weaver. Quizás debido al aura sobrenatural que las rodeaba a ambas.
Sin embargo, esa pequeña similitud se vio enterrada bajo las abismales diferencias.
Antes de que su mente comenzara a vagar entre especulaciones y sensaciones ilógicas, la rubia empezó una platica con ambos desconocidos misteriosos, que no parecían ser tan desconocidos para Adora.
"Bow, Glimmer. Es...algo complicado." La reciente portadora de la Espada de la Protección hizo un esfuerzo para calmarse y evitar mas confusiones y desastres.
"Bueno, entonces vamos por partes." Dijo la que muy posiblemente era Glimmer, pareciendo algo impaciente por respuestas "Primero ¿Cómo se conocen?"
El tono tan rudo de 'Glimmer' le trajo un mal recuerdo relacionado con Lonnie, así que instintivamente retrocedió, a la espera de un golpe.
Todos los presentes notaron su reacción, y le dieron miradas que variaron entre pena, confusión y hasta...¿arrepentimiento? Eso era nuevo.
Adora la tomo del hombro con amabilidad, pero también mostraba atisbos de desconfianza ¿A que se debía eso?¿De qué se estaba perdiendo?
"Ella es Anisa, éramos compañeras de escuadrón en...La Horda." Aparto la vista tras pronunciar esas ultimas palabras.
"Espera ¿'eramos'?¿Como en pasado?¿Por qué?¿Y por que se deprimió al mencionar a La Horda?"
En definitiva, había algo de lo que estaba siendo ignorante aquí, pero estaba demasiado nerviosa como para preguntar directamente, en especial con estos 2 desconocidos mirándola como si ella fuera algún tipo de echo imposible.
La chica de morado la señalo torpemente "Esta chica ¿es hordiana?" Pregunto incrédula.
"Si." Contesto Adora simplemente.
Pero ambos continuaron analizándola de manera escéptica, por lo que la ojiverde se froto el brazo y aparto la mirada, tratando de calmarse.
No estaba acostumbrada a la atención tan rigurosa.
Esta vez fue el chico de las flechas quien dio a conocer su incertidumbre "Ósea, la chica a tu lado, a la que vimos salvando a un niño de un incendio ¿Creció contigo en la Zona del Terror?"
Adora estaba desconcertada ante esa descripción "Pues..." Se giro a ver a Anisa, como buscando una respuesta de su parte. Ante esto, la misma solo asintió, confirmando el echo "Parece que si."
La pareja de extraños se miraron entre si, aun no del todo convencidos.
Mirándose a si misma, realmente no los culpaba por ser escépticos en cuanto a sus orígenes.
La gran mayoría de Hordianos era fuertes, seguros y agiles. Ella era justo lo contrario a eso.
Aunque ¿Como sabían lo de ella y el incendio? Quienes la salvaron de quedar inconsciente en medio del asedio les contó acerca de eso-
Una imagen hizo click en su cabeza. De un segundo antes de perder el conocimiento: El par de siluetas borrosas y colores de tonalidad confusa encajaron perfectamente con el dueto de desconocidos frente a ella.
"Ellos me...¿salvaron?"
"¡Aaarghh!"
El fuerte grito de dolor llamo la atención de todo el grupo, quienes inmediatamente volvieron a las cercanías del campamento, compartiendo la preocupación por lo sucedido.
"¡Algún curandero, venga por favor!"
La imagen era impactante.
Un hombre mayor estaba apoyado contra el tronco de un árbol, haciendo un esfuerzo para no gritar de dolor ante la quemadura que se extendía por la derecha de su torso.
La mujer a su lado siguió tratando desesperadamente de ayudarlo con los pocos recursos médicos que tenia a la mano, todo mientras aun llamaba angustiada a alguna ayuda medica.
Siendo demasiado desgarrador para ella ver al pobre hombre sufrir, busco en los alrededores a alguien que pudiera ayudar al herido.
Pero todo en ese campamento era un caos, todos los curanderos y recursos de medicina estaban siendo ocupados en casos igual de importantes que este.
Nadie vendría a ayudarlo, y la mujer a su lado parecía empezar a perder su capacidad de raciocinio.
Si alguien no ofrecía un tratamiento de manera diligente, el sufrimiento de ese hombre solo iba a empeorar.
A unos metros de distancia, Anisa divisó su mochila. Esa mochila que poseía un botiquín de primeros auxilios, perfecto para estas circunstancias.
Sin detenerse a pensar que hará a futuro, se alejo corriendo del grupo en busca de su mochila, ignorando las llamadas de Adora.
Se esforzó por abrirse paso a través de la muchedumbre de gente, y por primera vez no se preocupo por pedir perdón cada vez que chocaba con alguien.
Tomo su bolsa de al lado de lo que antes fue su camilla improvisada y salió disparada de regreso con el herido.
En cuestión de segundos estaba arrodillada al costado del herido, y retiro con una apresurada amabilidad las manos de la desconsolada mujer.
Saco el botiquín de primeros auxilios de su mochila "Soy medica." Anuncio, utilizando lo mejor que pudo ese tono de voz suave que siempre usaba para calmar a Kyle.
Sin esperar una respuesta de la mujer, Anisa inspeccionó cuidadosamente la herida.
Y fue un grave error.
En el segundo que visualizo el daño, su mente automáticamente pensó en el tremendo dolor que debe estar sintiendo este pobre señor.
Fue como en sus experiencias previas en la enfermería de la Zona del Terror. Se repitió el mismo patrón de todas las veces que se encontraba con un herido:
Sus manos temblaron de manera incontrolable.
Las lagrimas se formaban en sus ojos.
Sus respiraciones se volvieron erráticas ante el repentino dolor en una parte de su cuerpo.
¡Siempre era la misma historia!¡¿Por qué pensó que esta vez iba a ser diferente?!
Unas manos también temblorosas acunaron las suyas. Anisa levanto la vista, para así mirar a la desconsolada señora que estaba frente a ella.
"Por favor *snif* ayuda a mi esposo."
Las lagrimas salieron de los ojos de ambas, y ahí fue cuando Anisa entendió.
Esto era diferente a las veces anteriores, porque esta vez no habría una doctora gruñona que se hiciera cargo del herido mientras ella dudaba. El sufrimiento seguiría hasta que ella hiciera algo.
Cerro los ojos con fuerza en un esfuerzo por concentrarse "Quemaduras ¿como tratas quemaduras graves?"
Los recuerdos de cada libro de medicina básica que leyó a lo largo de su vida le proporcionaron una respuesta clara.
1° Alivia el dolor con un paño húmedo.
2° Luego de un par de minutos agrega crema antibacteriana.
3° Vende la herida con algún material no adherente.
Realizo con el mayor cuidado que pudo todo el procedimiento.
Le dolía profundamente ver a alguien sufriendo así, pero era la única que podía aliviarlo.
Continuara...
