Disclaimers: Los personajes pertenecen a Abbi Glines. Yo escribo esta historia por entretenimiento.

Estado: Reeditado

CAPÍTULO 2: INVITACIONES

POV LEIF

Cuando bajo a desayunar, me encuentro con mi madre en la cocina, preparando el desayuno como de costumbre.

-Hola, hijo.

Me saluda mi madre cuando me acerco a ella para darle un beso en la mejilla.

A los humanos les gustan las muestras de afecto. Y mis padres adoptivos fueron más padres para mí, que los biológicos. Siento que debo devolverles de algún modo todo lo que me han dado desde pequeño. Más amor del que nunca tuve antes, y me hacia feliz que se preocuparan tanto por mí. Si bien Ghede acudía a mí, cuando lo necesitaba por algo importante, él no era comprensivo o cariñoso. Para él mis preocupaciones eran una tontería, aun así, si estaba en su poder me ayudaba. Al menos era mejor que mi madre, quien apenas se acuerda de mi existencia.

-¿Por qué no te sientas? Puedes ir comiendo algo mientras preparo esto, estará en un par de minutos. Y tú deberías apurarte para ir a la escuela, tu auto sigue en reparación, si quieres te puedo llevar de camino al trabajo.

-No hace falta. Puedo ir caminando.

Si supiera que podía estar en cualquier lugar que deseara en segundos, no vería la demora que podía tener como un problema.

-Entró una hora más tarde al hospital, hijo. Me acaban de avisar. No tengo ningún inconveniente en llevarte.

-Si es así, acepto –digo sólo para complacerla.

Me siento en la mesa y me sirvo unas tostadas que vi en un plato en el centro de la mesa. Y me preparo café como de costumbre, mientras espero que los waffles estén listos.

Una hora después mi madre se detiene en la entrada de la escuela. Me despido de ella y bajo del auto.

-Avísale a tu padre, si quieres que pase a buscar.

-Está bien, mamá. Gracias.

-De nada, cariño. Nos vemos –me sonríe antes de irse.

En el aparcamiento veo a varios de mis compañeros y aunque me llaman los ignoro. Quiero un tiempo solo para pensar en lo que haré hoy. Me siento en uno de los bancos del patio y saco un cuaderno para terminar una tarea pendiente. Me demoro más de lo normal, porque sólo consigo pensar en Pagan y que tal vez las cosas cambien a partir de hoy. No pasa mucho tiempo hasta que alguien se acerca. Cuando levanto la mirada me encuentro con Wyatt. No hablamos mucho, pero me llevo bien con él, se podría decir que somos amigos, aunque no tan cercanos como la relación que él tiene con Pagan.

-Hola, Wyatt –lo saludo.

-Hola, Leif. ¿Qué estás haciendo?

-Estoy terminando la tarea de aritmética. Puedes sentarte.

Él lo hace y fija su atención en mí.

-Siempre tan responsable –me responde sonriendo. Yo sonrío.

-No hay muchas opciones, de todos modos –me encojo de hombros. –¿Sucede algo?

-Oh, nada en realidad. Quería invitarte a mi fiesta.

Hago cuentas en mi cabeza y recuerdo que su cumpleaños es exactamente en una semana.

-Será el sábado próximo en mi casa.

-Estaré allí. Tu cumpleaños es el jueves ¿no?

-Te acuerdas –dice sorprendido.

-Tengo buena memoria –le contesto sonriendo.

-Se nota. A veces, hasta Miranda y Jay se olvidan y yo se los debo recordar –

Parece que nada le afecta y a todo le encuentra el lado positivo.

-Sólo Pagan se acuerda de todas las fechas importantes.

-Bueno, ya sabes que esos dos son un poco despistados, al contrario de Pagan.

-Sí, sobre todo Miranda. Y ahora mismo ni me quiere hablar –su voz luce un poco desanimada.

-Tal vez puedan solucionarlo.

-No lo creo.

-¿Por qué?

-Dice que la desilusioné mucho y que nunca me lo perdonará.

-¿Qué pasó?

-Un mal entendido. Ella malinterpreto las cosas, y perdí todas mis oportunidades con ella. Es una larga historia para contarla ahora. Ella llegó en el momento y lugar equivocado. Y vio algo que no debió ver y no me dejó explicárselo, ni siquiera me dejo hablar, no pude decirle que yo nunca quise lastimarla, engañarla y que esa chica se acercó a mí y provocó toda esa situación. Ella la vio besándome y creyó que yo le correspondí, cuando fue justamente lo contrario, estaba intentando apartarla. Yo jamás sería capaz de engañarla, Leif. La amo desde pequeño.

-Pero ha pasado un montón de tiempo ¿No lo has intentado?

-No me escucha. Intenté explicárselo muchas veces, pero no me deja y ya me cansé.

Suspiro.

-Lo imagino. Ella es muy orgullosa. Pero, no te puedes rendir. Si fue un mal entendido, debes dejar enfriar las cosas. Tal vez con el tiempo ella sola se acerqué a ti.

-Me gustaría creerte. Pero ya no se qué hacer. Creo que ya la perdí.

-No digas eso –Wyatt es un buen chico y Miranda aunque es muy inmadura, lo ama, aunque en los últimos meses no lo demuestre. –Tal vez ella sea el amor de tu vida. En serio ¿estás dispuesto a dejarla ir?

Su mirada de tristeza lo dijo todo. Eran almas gemelas, después de todo.

-No –responde. –No estoy dispuesto a dejarla ir.

-Entonces lucha, y no alcanza con que intentes hablarle. Haz lo que sea para recuperarla –él me mira desconcertado. –Si quieres yo te puedo ayudar.

-¿Cómo?

-Ya se me ocurrirá algo. Te ayudaré.

Él acepta sonriendo y luego charlamos de cosas banales, hasta que vemos la hora y decidimos entrar a la escuela. La primera hora no la tenemos juntos, me despido de él y tomamos caminos separados.