Disclaimers: Los personajes pertenecen a Abbi Glines. Yo escribo esta historia por entretenimiento.

Estado: Reeditado

CAPÍTULO 5: ACUERDO

POV PAGAN

-No pienso ir a esa fiesta –se queja Miranda.

Ruedo los ojos.

-A ti te encantan las fiestas, es la primera vez que rechazas ir a una.

-Porque es la de Wyatt. No pienso ir a ningún lugar donde él esté.

-No vengas a la escuela entonces –le recrimino.

-Lo haría si esta no fuera la única escuela del pueblo.

-Miranda, tú y yo hacemos todo juntas. Entiendo que estés molesta con Wyatt, pero es culpa de ustedes que no se entiendan. Además si tanto te molesta, búscate un chico en esa fiesta y diviértete. Ni siquiera es necesario que hables con él.

-No estaré allí. Me quedaré en mi casa toda la noche viendo a Damon Salvatore. Si quieres ir a su cumpleaños hazlo, pero no cuentes conmigo.

Siempre le gusto The Vampire Diaries, y ama a Damon. Pero desde su ruptura con Wyatt se refugia en sus fantasías con un vampiro ficticio para no aceptar su situación. Nos pasamos fines de semana completos viendo todas las temporadas de la serie mientras ella suspira, grita, sonríe, ríe y se emociona cuando su vampiro favorito aparece. No le digo nada, porque en realidad es el único momento en el que ella deja todos los problemas a un lado y la veo feliz. Es triste ver que eso es lo único que la ayuda a no derrumbarse. Pero, en definitiva es parte de su terapia personal.

Estoy harta de estar entre medio de ellos, haga una cosa u otra estaré traicionando a uno de los dos siempre. Pero no puedo dejar a Wyatt solo, por el capricho de ella. Y tampoco puedo dejarla sola a ella en su casa seguramente deprimida y melancólica. Tal vez podría repartir mi tiempo con ambos, el problema es que no tengo quien me lleve y traiga la distancia entre sus casas mucha para ir caminando.

Doy el tema por terminado. No vale la pena seguir discutiendo.

El salón se empieza a llenar y no es hasta que vemos a Leif acercándose que Miranda se mueve del asiento que le corresponde a él. Le dedica una sonrisa encantadora, pero por extraño que parezca dejó de intentar flirtear con él.

-Leif ¿tú irás al cumpleaños de Wyatt?

Él la mira extrañado.

-Sí. ¿Eso a que viene? –lanza su carpeta en el pupitre y se sienta.

-Podrían ir juntos. –Miranda me mira a mí y después a él. –Ella no tiene como ir, y yo no pienso poner un pie donde él vive. No está acostumbrada a manejarse sola. Wyatt estará muy ocupado con los preparativos y Jay no está. ¿Por qué no van juntos?.

-¡Miranda! Puedo tomarme un taxi y llegar sin problema. –me quejo.

No es como si fuéramos íntimos amigos con Leif. ¿Por qué ella le carga responsabilidad?

-En lo personal, no me molestaría.

Miro a Leif sorprendida.

-Creo que todos nos quedaríamos más tranquilos si no te vas por tu cuenta. Voy a ir solo, no me supone ningún inconveniente pasar por ti antes. No vivimos muy lejos.

Eso es verdad. Pasar por mí, le queda de paso. Recuerdo a la fiesta que fui años atrás, por insistencia de Miranda y Wyatt. Fue durante el día y podía decirse que fue tranquila un día de pileta y juegos. Con la edad que teníamos, no pensábamos en las fiestas típicas adolescentes con baile y alcohol. A Jay y Miranda le encantan las últimas. En cambio a mí no. Sólo voy a las fiestas de ellos tres y tal vez algún familiar, las demás las evito.

-¿Ves, Pagan? Problema solucionado. Y él tiene razón nos quedaríamos más tranquilos si vas con alguien. Es fin de semana, Wyatt y yo no queremos que te pase nada.

Suspiro y fulmino con la mirada a Miranda.

-Ya parecen mi madre. Puedo cuidarme sola ¿saben?

Miranda me recuerda lo terca que soy y Leif se queda callado. Y no quiero darle la razón a mi amiga, por lo que acepto el ofrecimiento de mi compañero. Además necesito alguien que me lleve y de vuelva a casa. Y mi licencia de conducir sigue en trámite. No quiero molestar a mi madre, demasiado ocupada y estresada está estos días porque en una semana se le acaba el plazo para entregar los manuscritos de un nuevo libro. Y después de haberlo conocido un poco a él, la idea no me desagrada tanto.

Miranda está dando vueltas por mi habitación buscando ropa en mi armario ayudándome a escoger un vestido. No irá a la fiesta, pero insistió en ayudarme a ponerme guapa.

Todos los vestidos que elijo los ha rechazado y ahora los busca por su cuenta.

-Deberías usar este.

Dice mostrándome un vestido escotado, demasiado para mi gusto.

-Nunca te vi con él puesto.

-Y nunca me verás, si quieres puedes llevártelo. Me lo regaló una prima.

-Tiene muy buen gusto.

La ignoro.

-Es la verdad. Tú lucirías mejor que todas esas golfas que lo usan, al menos tienes más clase que ellas. Y no es tan corto.

-Lamento decepcionarte, no lo usaré. Sólo será una fiesta en una casa de familia.

-E irás con Leif –dice emocionada.

-Lo dices como si fuera una cita. ¿Te debo recordar que estoy saliendo con Jay?

-Si, por cierto. Si se entera que saliste con Leif "me-pones-tan-caliente-que-deseo-restregarme" Montgomery para ir al cumpleaños de Wyatt te matará. Pero no te preocupes yo acabaré con él antes de que intente tocarte siquiera.

Me ruborizo, Miranda disfruta incomodarme. Pero tiene un punto, a Jay no le agradaría saberlo. Aunque no tiene derecho a quejarse de mí, por compartir auto con otro chico, teniendo en cuenta que su prontuario está muy sucio. También es por eso que a pesar de lo que he empezado a sentir, voy lento, porque en el fondo no confío del todo en él como pareja. Le di una posibilidad porque él me lo pidió, me dijo que me amaba y que su pasado quedaba atrás.

Pero me he decepcionado tanto en el pasado cuando éramos sólo amigos, que no quiero ilusionarme demasiado.

Muchos me dijeron, incluidos Miranda y Wyatt que no valía la pena derramar lágrimas por un chico que no te respetaba. Ellos todavía tienen sus reservas con Jay en relación conmigo.

-Si lo hace, yo tengo un par de cosas para recriminarle. –Respondo y mi amiga sonríe.

-¿Sólo un par? –Pregunta. –De hecho no tiene derecho a molestarse. Te ha hecho sufrir en el pasado con su indiferencia y todo lo que ya sabemos.

-No me lo recuerdes.

-De acuerdo, lo siento. Creo que encontré el vestido indicado. Te queda precioso. –Saca una percha con un vestido rosa suave de seda y encaje con diseño de flores y llega por encima de las rodillas. Es perfecto. Pienso en que me debo ver presentable, porque estará toda la familia de Wyatt y será con cena incluida en el jardín de su casa. La cena será tranquila, y el baile teóricamente también. Aunque si beben demasiado, las cosas se saldrán de control.

Accedo a usarlo, cuando llega la hora en la que supuestamente Leif vendría a recogerme, bajamos y lo esperamos en el living. Mi madre está preparando la cena para ella y Miranda. Que se quedará a cenar en mi casa, porque su padre avisó que en una hora la vendría a buscar.

Cuando mi madre me ve, casi no me reconoce. Miranda me hizo un peinado recogido y me maquilló remarcando mis rasgos sin que desentone con mi atuendo general.

-Hija, estás muy guapa. Buen trabajo, Miranda.

-Gracias. Es que es una noche especial, quería que luciera perfecta.

De nuevo con lo mismo. No ha dejado de mandarme indirectas sobre Leif durante todo el tiempo. No sé que pretende.

-No es especial. –Contesto.

-Bien, no es especial, pero luces bella. Es lo que importa ¿no te parece?

-Mejor cállate.

-¿Cómo se llama el chico con el que irás?

-Leif y vive cerca ¿recuerdas la fiesta de cumpleaños a la que nos llevaste a Miranda y a mí cuando éramos niños?

-Oh, sí. La casa de los Montgomery. Pero no lo recuerdo muy bien a él, ya nunca fueron tan cercanos ustedes dos –luce confundida y curiosa de porque él me pasa a buscar. –Sus padres son buenas personas. ¿Te traerá de vuelta? ¿O quieres que te vaya buscar?

-No creo que haga falta. De todas formas te avisaré si hay un cambio de planes.

-Está bien, cariño. Ten cuidado.

El timbre suena y mi madre va abrir. Agarro mi abrigo gris rápidamente y me lo pongo. Me cubre hasta las rodillas, es ideal para un día frío como este.

Miranda me acompaña hasta la puerta donde está esperándome Leif mientras habla con mi madre cordialmente. Al verme sus ojos se abren y sonríe. Pero cuando ve a Miranda, su mirada pasa a ser de confusión.

Después de saludarnos, pregunta si ella cambió de opinión y nos acompañará.

-No. Vine para ayudar a Pagan. En un rato mi padre me vendrá a buscar.

Está vestido con una camisa blanca y un pantalón de vestir negro. A Miranda se le escapa que se ve muy atractivo y río. Le resulta casi imposible retener sus pensamientos para ella. Él únicamente le agradece y pero no hace ningún comentario, después me mira a mí y me pregunta si podemos irnos. Yo asiento y saludo a mi amiga y mi madre. Mi madre habla con él un poco, Leif le promete que cuidará de mí y que me traerá de vuelta en unas horas.

Finalmente salimos. Mi amiga me agarra del brazo y susurra en mi oído.

-Quiero detalles cuando vuelvas.

Sé que no se refiere a Wyatt, sino a mi acompañante.

-Está bien –respondo para que me deje en paz.

Leif ya tiene la puerta del copiloto abierta, para que yo entre a su auto. Cuando me acomodo, cierra la puerta y entra por el lado del conductor. Es de paso ágil, así que en unos segundos está conmigo. Yo estoy tratando de destrabar el cinturón de seguridad que se atoró, él rápidamente lo soluciona y me ayuda a colocármelo. Otra cosa para agregar a la lista, hasta hace unas semanas no pensé que fuera caballeroso.

-Gracias.

En el camino charlamos, llegando a los terrenos descampados evito mirar por las ventanillas. Siempre veo almas por esta zona. Les perdí el miedo, pero tampoco me agrada que sepan que los puedo ver, porque cuando se dan cuenta me empiezan a acosar, incluso han aparecido en mi casa o mientras yo duermo, como si quisieran pedirme ayuda o sintieran curiosidad, pero las almas no pueden hablar y no las entiendo.

Cuando le dije a mi madre que vi el alma de mi abuela, como el de muchas otras personas, la noté nerviosa y asustada. Por eso, desde entonces no voy divulgando a nadie que puedo verlas, no es normal. Pensé que estaba loca hasta que alguien me dijo que existen personas que son más sensibles y están conectadas en muchos aspectos al universo. Esas personas pueden ver y escuchar cosas que otras no. No estoy loca, por el contrario eso me hace especial. El problema es que no quiero ser especial, no quiero ver almas errantes de difuntos. Pero me acostumbré a ellos, después de todo no me hacen daño. Debo temerles más a los vivos, que a los muertos.

Me concentro en el rostro de Leif para ignorar todas las almas que vagan fuera del auto. Tiene una linda sonrisa. Intento recordar si alguna vez lo vi sonreír de esa manera conmigo. Esa sensación de que lo conozco desde hace mucho en otro ámbito que no es la escuela sigue latente. Siento que he compartido más momentos con él, pero es como si los mismos se hubieran perdido en alguna parte de mi cerebro.

-¿Te puedo hacer una pregunta? –me mira de reojo.

-Adelante.

-¿Nos conocemos de antes? Antes de que fuéramos compañeros, quiero decir.

-Puede ser que nos hayamos visto alguna vez en la plaza, o cuando pasaba con mis padres por la calle de tu casa. Vivo desde pequeño en la misma casa. ¿Por qué?

-Nada. Curiosidad.

-Te trepabas en los arboles ¿verdad?

-¿Me viste?

-Me llamaba la atención que una niña tuviera la valentía de subirse a un árbol.

-Lo sigo haciendo a veces. No le temo a las alturas.

-¿Por qué lo hacías?

-Era una aventura. Incluso él había construido con ayuda de algunos adultos la casa de árbol, solo para molestarme, si yo quería entrar debía demostrar que no era débil como el resto de las niñas. Cuando lo logré hicimos una apuesta, el primero en subirse a un árbol ganaba.

-¿Qué apostaron?

-Nuestras golosinas.

Se empieza a reír.

-¿Sólo eso?

-Éramos niños. –Explico. – ¿Qué más apostaríamos? También, el perdedor tenía que comprarle una enorme barra de chocolate al ganador.

-¿Quién ganó?

-Yo.

-Eso imaginé. Pobre Wyatt.

-No me habló el resto de la semana. Se sintió muy humillado.

-Me sentiría igual. –Responde Leif.

-¿Perder contra una chica?

-Perder contra alguien, si yo mismo di la idea, claro. Estoy casi seguro que Wyatt daba por sentado que ganaría. Que tu subieras primero debió ser un golpe bajo para él.

-Lo fue, pero al menos disfrute de sus golosinas y el chocolate.

-Me alegro.

Cuando vuelvo la vista al frente y veo un alma justo frente al auto unos metros más adelante, me sorprendo, está mirándonos fijamente. Sólo yo puedo verla, por supuesto.

-Desvíate –le pido a Leif aprovechando que la carretera está vacía.

-¿Por qué?

-Dobla a la izquierda. Tomaremos un atajo.

Leif está tomando el camino más largo. Y no me molestaría especialmente, si no fuera por casi arrollar el alma, o que se dé cuenta que la veo.

-Pero tú me guías. Desconozco como llegar por donde dices.

Acepto con tal de cambiar de camino.

En menos de veinte minutos estamos en la casa de mi amigo.

Nos recibe él con un abrazo. Leif y yo le dimos nuestros regalos en la escuela, así que vinimos sin nada.

-Qué bueno que estén por aquí. Pasen dentro. Estoy esperando a mis primos que deben estar llegando. Y prueben los aperitivos antes de que lleguen más invitados, se están acabando con rapidez.

-¿Tu madre?

-Está dentro de casa ayudando a servir. Ustedes dos son libres de entrar. Consideren que están en su propia casa.

-La iré a saludar –le aviso. Tal vez de paso pueda ayudarla en algo.

-Le encantará verte de nuevo.

-A mí también –la quiero como una segunda madre y es una lástima que no nos veamos tanto con Wyatt desde la ruptura. Hace meses que no vengo a su casa, donde solíamos jugar tanto siendo durante la niñez.

-En un rato entro, chicos. Deja tu abrigo en mi habitación, Peggy. Te dará mucho calor en un rato. Si tienes frío después te buscaré alguna campera o chaqueta más liviana.

-No creo que sea necesario, no hace mucho frío.

-Como quieras.

Lo dejamos atrás y entramos. La decoración, las mesas, sillas están ubicadas estratégicamente en varios puntos del patio trasero. No se puede negar que sus padres tienen buen gusto, una vez que entras en su casa.

No quiero hablar de Miranda con él, pero veo que le dolió no verla aquí por primera vez en años, porque ella siempre acudía a sus cumpleaños o mínimo le daba un regalo y lo felicitaba por cumplir un año más. Este año no habrá nada.