Disclaimers: Los personajes pertenecen a Abbi Glines.
Estado: Reeditado
CAPÍTULO 7: PROBLEMAS
POV PAGAN
Salgo al patio, chocándome con gente y esquivándola. Algunos son familiares otros alumnos de la escuela. Nunca me caracterice por ser muy sociable fuera de mi círculo de amigos, por lo que a algunos de la escuela solamente los saludo.
No veo a ninguna persona que busco. Me siento en una de los sillones, tal vez Wyatt entré en un rato. Echo de menos a Miranda, al menos si estuviera aquí, ella empezaría hablarme de las tonterías, chismes y críticas que suele decir en las fiestas y yo la escucharía y hablaría con ella.
-¿Por qué estás tan sola, hermosa? –una voz masculina interrumpe mis pensamientos sobre cómo se sentirá mi amigo, mientras planeo la forma de mandar a volar a quien sea que haya acercado.
-No te interesa –respondo mientras observo al chico alto de cabello rojizo, piel morena y ojos oscuros.
-Oh vamos. Una preciosidad como tú no debería estar sola.
El joven se sienta a mi lado y yo me aparto, aunque él intenta acercarme y tocarme, pero alcanza a tomar mi brazo y mi cuello con fuerza hasta el punto de provocar dolor. Y sigue diciéndome frases de ligue. Está borracho, o peor drogado.
-¡Suéltame! –le grito liberándome de su mano tras golpearlo en el rostro con mi mano libre.
-Esta "preciosidad" tiene novio y un nombre. Será mejor que te alejes de ella si no quieres que arme un escándalo aquí mismo. Y te prometo que el que saldrá mal parado eres tú, no yo.
Miro hacia arriba para confirmar lo que ya sé, Leif llegó en el momento justo y luce serio mirando amenazante al joven que se acercó a mí. Nadie en su sano juicio se atrevería a contradecirlo o enfrentarlo.
-Ven conmigo.
Leif me ofrece su mano y la acepto cuando me pongo de pie a su altura. Casi sonriendo ante su aparición repentina. Me acerca más a su lado con un leve movimiento de mano. El joven pone mala cara al vernos así.
-¿Por qué sería yo el perjudicado? Sólo le hablé a tu novia. No sabía que tenía compromisos.
No nos molestamos en aclarar que no somos novios, tal vez si lo cree eso, me deje en paz más rápido. Además no me importa aclararle nada a ese desconocido.
-Porque, no creo que al cumpleañero le agrade que alguien moleste a su mejor amiga de la infancia en su propia fiesta. Hay muchas chicas en esta fiesta, ve con ellas y no te vuelvas aparecer por aquí.
A pesar del tono educado y tranquilo hay algo que no alcanzo a descifrar en sus reacciones y miradas mortíferas que no dejan que la parte sobrante de la ecuación siga haciéndose el valiente. Pero estoy tan feliz de haberme librado de ese chico que olvido lo demás.
El chico se va aterrado. Apenas desaparece de nuestra vista, Leif habla:
-Buen golpe –sonríe hacia mí y acerca su mano a mi mejilla y acomoda mi cabello detrás de la oreja. Vuelve a ser el de siempre. Miranda estaría molesta si supiera que un idiota arruina parte del peinado que con tanto esmero me hizo. El chico anterior me tomo del cabello y cuello pero con violencia a diferencia de la delicadeza aplicada por Leif. –Tal vez no hacía falta que interviniera, por fortuna, sabes defenderte sola.
-¿Y por qué lo hiciste? –pregunto cuando yo le indico que vayamos al interior de la casa porque necesito retocar mi cabello seguro despeinado en parte.
-Tu madre y tus dos amigos te pusieron en mis manos y me hicieron prometer que te cuidaría o estaría en serios problemas. Además no podía permitir que las cosas llegaran a mayores ¿te lastimó? ¿te duele algo?
Considero la posibilidad de que me aparezcan moretones donde presiono con fuerza, pero pasará.
-Estoy bien. A veces son un poco drásticos.
-No creo que lo sean. Es lo justo.
-¿Cuándo te dijeron eso? Mis amigos quiero decir.
-Tú no estabas presente. Fue cuando supieron que yo te llevaría y traería.
Vamos a la habitación de Wyatt, por suerte solo permitió que familiares y amigos más cercanos dejaran sus pertenencias. El resto está en la habitación de invitados.
Encontramos a Wyatt en el pasillo. Y nos detiene.
-Hey. ¿Cómo la están pasando?
-Creo que deberías controlar a tus invitados, Wyatt –digo malhumorada. –No sé de donde salió uno de ellos, porque no es de la escuela. Pero si vuelve a acercarse a mí. Le daré mucho más que una cachetada.
-¿Qué sucedió? ¿Alguien se atrevió a tocarte? –Su mirada se vuelve tan glaciar como la de Leif en su momento.
-Que te lo cuente Leif.
Me meto a la habitación de mi amigo y dejo solos a ambos.
Busco mi cartera, me meto a su baño y confirmo que el chico de nombre desconocido despeinó mi cabello del lado izquierdo, aunque no tanto como creí. El lado derecho luce intacto. Sin destruir el resto del peinado, arreglo el sector afectado con un peine y utilizo unos clips y lo fijo con spray fijador que Miranda me obliga a llevar cada vez que salgo. Compró varios por internet y me regaló algunos. Son tan pequeños los envases que caben en una mano. Generalmente siempre tengo algunos en mis bolsos por Miranda. A ella le gusta lucir bien en todos lados, pero es tan distraída que siempre acaba olvidando algo.
Al salir del baño, me encuentro con ellos sentados en la cama uno al lado del otro.
Wyatt parece sentirse culpable.
-Discúlpame, Pagan. Debí estar contigo.
Me siento al lado de Wyatt y lo rodeo con mi brazo.
-No pasa nada, estoy bien.
-Lo sé. Pero no quiero que nadie perturbe tu paz, o te haga daño. Qué suerte que Leif te vio justo en ese momento. Leif me dijo todo y el chico es amigo de uno de mis primos. Les di libertad para que invitaran a las personas que quisieran. Lo conozco y jamás me agradó. Tiene esa fama.
-¿Qué fama?
-Aprovecharse de las chicas contra su voluntad. Escuché por ahí que violó a una chica hace un tiempo. Sólo era un rumor. Pero no dudo que sea cierto. No sabía que mi primo lo traería justo a él, de hecho me acabo de enterar que está en la fiesta por ustedes. De haberlo sabido no habría permitido su entrada. Cuando lo encuentre, le hablaré seriamente. Puedo echarlo si quieres.
-No hace falta. Con que se mantenga lejos es suficiente.
-No te volverá a molestar.
Un ruido interrumpe nuestra conversación. Mi teléfono avisando que tengo una llamada perdida de Jay y un mensaje
"Me enteré que ibas a ir al cumpleaños de Wyatt, lamento no estar ahí este año. ¿Ya llegaste a su casa? ¿Cómo la están pasando?"
Le respondo de inmediato:
"Con que al fin das señales de vida. Te he tratado de ubicar todos estos días y no hubo respuesta."
Digo con la intención de hacerlo sentir un poco responsable, y sin pretender responderle lo que quiere.
"Lo siento, cariño. La señal aquí es muy mala."
A veces no sé si creerle, en el pasado casi ni le importaba mantenerse comunicado conmigo. ¿Por qué ahora cambiaría eso?
"¿Por qué mejor no reconoces que te olvidaste de llamarme? Que yo sepa los teléfonos fijos si funcionan."
"Jamás me olvidaría de llamarte. Sabes que te amo. Pero hubo muchos problemas. Prometo recompensarte cuando nos volvamos a ver. Estaremos juntos nuevamente muy pronto."
"¿Cuándo llegas?"
"La próxima semana probablemente. Te echo mucho de menos."
"Me alegro."
No le respondo que también lo echo de menos, para conservar un poco de mi dignidad si las cosas salen mal o no sonar desesperada. Ya demasiado sufrí por su causa.
"Pagan…"
"¿Qué?"
"Lo siento. Por no haberte llamado antes. De verdad me resultó imposible."
"Ocúpate de tu familia primero. Sé que esto es difícil para todos ustedes."
"Gracias por comprender. Te tengo que dejar. Así que dime como están las cosas por allí"
"Bien. Estoy en la casa de Wyatt. No ha pasado nada interesante hasta ahora. La fiesta ni siquiera empieza. Están llegando los invitados."
"¿Miranda fue contigo?"
"¿Estás loco? Ella no quiere ni verlo en la escuela, menos vendría a su cumpleaños. Créeme que intenté convencerla."
"Las cosas entre ellos siguen igual parece…"
"Sí."
"¿Y cómo llegaste?"
"Vine con un compañero."
"¿Qué? ¿Quién?"
"Leif Montgomery. Fue idea de Miranda, antes de que preguntes."
"Leif ¿el mariscal de campo?"
"¿Conoces a alguien más con ese nombre?"
"No. Pero pensé que no te agradaba."
"Jamás lo dije de esa forma. No lo conocía."
"¿Y ahora sí?"
"Es amigo de Wyatt. Y hemos empezado a hablarnos, es buen chico. Amablemente se ofreció a traerme para que no viniera sola. Sólo por eso."
"No me agrada."
Puedo imaginármelo insultando mientras mira el teléfono, al recordar las discusiones anteriores
"Pues es problema tuyo. Mira, mejor hablamos mañana ¿sí? Detesto cuando te pones así."
"Así ¿Cómo?"
"Cuando haces tus escenas de celos injustificados y tú no eres el perfecto ejemplo de moral. Yo no te hago escenitas cuando aparecen compañeras tuyas. Respétame de la misma forma. Yo no me voy a poner a pelear por esto contigo otra vez. Buenas noches."
Apago el teléfono, no tengo la intención de seguir escuchándolo, ni leyendo sus mensajes. Guardo el teléfono en mi bolso, pero Wyatt habla.
-¿Quién puso de mal humor a mi amiga esta vez?
-Jay.
-¿Quieres que lo mate? ¿Qué te dijo?
-Lo de siempre –murmuro. Miro a mi alrededor dándome cuenta que Leif no está. – ¿Leif?
-Se fue hace pocos minutos cuando chateabas. No cambies de tema. Responde mi pregunta, estamos los dos solos.
-Le dije que vine con un compañero y ya imaginaras su reacción. Solo leí su respuesta, pero es como si lo imaginara en persona, lo paré antes de que dijera algo peor.
Wyatt suspira.
-Esto ya te lo dije, pero te lo voy a repetir. Él no es para ti. Mereces algo mejor. Alguien que te quiera y respete, y que ande juzgándote todo el tiempo sin siquiera escucharte antes. Sabes que te apoyo en todo y te considero una hermana, por eso mismo espero que Jay aprenda a valorarte, porque si no lo hace, se las tendrá que arreglar conmigo. Y trata de tomarte esto con calma no me gustaría que después estés llorando por su culpa o te arrepientas de tus propias acciones. Lo aceptaste sabiendo a qué atenerte ¿verdad?
Asiento.
Jay no es como Wyatt en relación con las chicas, jamás lo fue. La única novia de Wyatt fue Miranda, en cambio Jay, por años me hizo sufrir mientras lo veía con otras chicas y a mí me ignoraba, no recuerdo exactamente en qué momento dejé de amargarme por eso y me volví un tanto fría. Darle un voto de confianza no significa que crea en él ciegamente como lo habría hecho años antes. Aún así no pude evitar darle una oportunidad.
-Bien. No te amargues la noche por las idioteces tu novio. Vamos a divertirnos esta noche.
-Tienes razon.
Aunque sin Miranda aquí no es lo mismo, y mi tarea es mantenerlo fuera de sus problemas a mi mejor amigo, no llenarlo de más preocupaciones.
Él toma mi mano y empezamos a bajar por las escaleras al final un poco más lejos vemos a Leif hablando con los padres de Wyatt. Parece una regla de familia, que los padres "acosen" a los amigos más cercanos de sus hijos. Wyatt y yo reímos por lo bajo.
-Pobre… –Murmura Wyatt. –Hasta que no le saquen toda la información que quieren no lo dejarán en paz.
-¿Ya ha venido a tu casa además de a tus fiestas?
-Si, a mis padres les agrada demasiado. Siempre están hablando con él. Dicen que es muy maduro e inteligente para su edad. Parece que siempre encuentran un tema para hablar y a Leif no parece molestarle. Bien, creo que deberíamos rescatarlo.
Él me golpea a modo de juego y yo le devuelvo el golpe. Como cuando éramos pequeños y jugábamos a la lucha, mientras Miranda nos veía malhumorada porque no hacíamos cosas de chicas. Y después cuando lograba escapar o me cansaba agarraba a Miranda y la obligaba a correr, mientras Wyatt nos perseguía.
Ahora hacemos lo mismo apenas bajamos de la escalera empezamos a correr, tengo a Wyatt amenazando con atraparme y yo paso rodeando a los padres de Wyatt y fijando mi vista en Leif que me mira sorprendido preguntándose si perdimos la cabeza al igual que los demás. Y me voy detrás de él protegiéndome con su cuerpo de mi mejor amigo.
-¿Qué pasó? –pregunta su madre.
-Su hijo me quiere atrapar.
Leif se ríe y mira a Wyatt que viene corriendo muy atrás.
-Bueno, querida, dejemos que se las arreglen solos –dice el padre. –Mientras no se hagan daño.
-Esto no se quedará así, Pagan. No eres más rápida que yo. –Amenaza. Tomo la mano de Leif y lo obligo a correr conmigo. No le resulta difícil seguir mi ritmo, después de todo es jugador. Atravesamos el jardín hasta una zona donde no hay personas y me detengo al mismo tiempo que Wyatt, que tal como amenazó casi logró atraparme, casi, con Leif le llevábamos un poco de ventaja. Wyatt me toma del cuello por detrás de todas formas.
-Perdiste. –le digo y él me suelta.
-Lo acepto.
-¿Qué fue todo eso? –pregunta Leif.
-Compasión. A veces mis padres resultan un poco densos con mis amigos. Considéralo un acto de caridad.
-Y por eso jugaron a una carrera para arrastrarme a mí también.
-Algo así –reconoce Wyatt. –Igual es algo normal entre nosotros.
-De acuerdo. –Leif se sienta en un banco de cemento y piedra con respaldo que está un par de metros de él. –Gracias.
Me siento al lado de Leif para dejarle lugar Wyatt que se sienta pocos segundos después. Tras la carrera necesitamos descansar unos minutos.
-Es una agradable noche. Teníamos miedo por la amenaza de lluvia, pero parece que todo saldrá perfecto.
-De todas formas alquilaron algunas tiendas.
-Las zonas donde colocaron la comida están protegidas.
-Sí y hay otras en el garaje. Si vemos que se nubla, las armaremos. Miren, luna llena.
Al estar dentro de la casa, con Miranda comiéndome la cabeza, apenas lo había notado. Además recién oscureció cuando íbamos el auto de Leif, y como siempre trato de no mirar fuera de los vehículos en zonas más desiertas plagadas de almas, no vi hacia el cielo.
Pienso en lo frustrante que te miren como si te pidieran algo, hablarles y que no te respondan, porque parecen ser incapaces de hablar, también es horrible darme cuenta como los demás reaccionan cuando me escuchan hablando sola, cuando en realidad estoy hablándole a una persona que murió, un alma que nunca encontró la paz y se quedó atrapada aquí.
El cielo está bastante despejado, a excepción de algunas nubes y la luna llena es imponente.
-Qué hermoso. No creo que necesitemos las carpas.
-¿Quieren unas bebidas? Iré por ellas. Me dio sed.
-Nada de alcohol.
-Te conozco desde jardín, Pagan. Hay cosas que no hace falta que aclares.
-Tampoco yo –responde Leif y en el fondo me alegro que no sea de esos locos que se ponen a beber hasta perder el conocimiento aún sabiendo que deben conducir después. Al menos no debo preocuparme de morir por la irresponsabilidad de alguien en el camino de vuelta.
-Conductor responsable ¿eh? Eso me parece bien –dice Wyatt leyéndome la mente. –No me gustaría ir a visitarlos al hospital a ustedes dos por haber tenido un accidente en la ruta. Ya vuelvo.
-Puedo acompañarte –se ofrece Leif.
-No, quédense aquí. Además creo que Pagan no quiere ni moverse después de casi correr con esos tacos.
-No hables por mí.
-Solo sé que Miranda debió obligarte a ponerte todo ese atuendo, incluido esos zapatos y no se puede confiar en ella en el ámbito de comodidad. Es taco chino, uno demasiado alto. ¿Cómo puedes correr con esas cosas?
-No se puede… casi. Y yo pensé que ibas a decirme que Miranda me había dejado guapa.
-Y lo estás. Muy hermosa, Miranda sabe lo que hace. ¿No es así, Leif?
Veo a los dos observándome y casi puedo arrepentirme de haber bromeado con mi mejor amigo. Ser el foco de atención es tarea de Miranda. Si Leif no fuera amigo de Wyatt, y no lo hubiera apoyado tras la ruptura amorosa, me sorprendería que apenas le preste atención a ella.
Me cruzo de brazos y los miro molesta ante su escrutinio, intentando ocultar el pequeño sonrojo al notar la forma en que me observa Leif, que no puedo definir cuál es, pero de ninguna forma es negativa.
-Así es –coincide sonriendo a pesar de mi cambio de humor. –Pero te ves más hermosa cuando sonríes.
Sin darme tiempo los dos me ataca a cosquillas, seguido por Wyatt, hasta hacerme reír y abandonar mi postura rígida.
-Ya basta. Basta, chicos. Ya está.
No es hasta que prometo que dejaré de estar enfadada si me dejan en paz, que puedo respirar tranquila.
-Es una fiesta, Pagan. Se supone que debes divertirte, no estar malhumorada. –dice Leif parándose.
-Y menos por tonterías en mi propio cumpleaños.
-¿Es una orden? –pregunto levantándome del suelo y sacudiéndome las hojas que quedaron en mi vestido cuando me tiré al pasto para liberarme sin éxito de ellos.
Ambos se miran y tras un gesto ambos dirigen sus vistas hacia mí.
-Es una orden –responde Wyatt.
-Es una lástima que no me guste seguirlas. Pero puedo hacer una excepción solamente por hoy.
-Es muy considerado por tu parte –responde mi amigo.
-Wyatt, dijiste que ibas por las bebidas ¿no?
-Ya mismo, señorita Moore.
Se quita un sombrero invisible y hace una reverencia.
Suspiro, siempre sale con estas cosas, algunas veces me hace reír.
