Disclaimers: Los personajes pertenecen a Abbi Glines. Yo escribo esta historia por entretenimiento.
CAPÍTULO 10: ESCUELA
POV PAGAN
-No te comunicaste conmigo –escucho la voz de alguien a mis espaldas mientras me acomodo en el asiento.
-Claro que lo hice, te dije que llegué bien a casa, Miranda. Y te conté sobre la discusión con Jay.
-Quedamos en algo ¿recuerdas? No quería mensajes de texto. Podrías haberme llamado.
-No quería hacerlo.
-Que egoísta eres.
-Lo único que tú querías saber lo sabemos ambas. ¿Qué más da? Jamás te prometí que te contaría nada. Ahora no me metas en medio de tus asuntos.
-¿Cuáles son mis asuntos?
-Déjame pensarlo… Tú interés por Leif, tal vez. Aunque después de haber estado con ambos la noche pasada, te recomendaría que no te metas, porque Leif y Wyatt se quieren y respetan mucho, sería una pena que pierdan su amistad.
-Eso es cosa del pasado. De hecho nunca lo considere seriamente. Pensé que sabias más que no quiero una relación con nadie.
-Lo mencionaste. Entonces ¿Por qué quieres detalles?
-Curiosidad.
-No suenas convincente.
Cambio la carpeta de mano y sigo caminando por el jardín de la escuela adecuando mi paso al de mi amiga, la miro de reojo.
-Bueno eso no importa, me prometiste que me contarías. Primero ¿Qué pasó con Jay? ¿Te comunicaste con él nuevamente?
-No. Ignoré sus llamadas y sus mensajes.
Una pequeña venganza por haber demostrado lo poco que confía en mí. Espero que con esto no me vuelva hacer estúpidas escenas de celos nuevamente.
-Seguro está muy molesto por eso.
-Tal vez, pero por una vez no preocuparé por lo que piense. No es la primera vez que actúa así y me está cansando.
-Hiciste bien. ¿Y la fiesta? ¿Qué eso que me contaste en el mensaje?
-Alguien llevó drogas y las colocó en las bebidas. Fue un desastre, pero no pasó a mayores. Tres fueron llevados al hospital y fueron desintoxicados, pero muy pocos habían bebido. Leif vio todo, después fue a avisar a los padres de Wyatt y se hicieron cargo de deshacerse de todo lo que estuviera abierto en esa mesa. La fiesta fue más corta de lo planificado, pero ellos no querían dejar ir a nadie sin asegurarse antes de que estuvieran bien.
-Eso suena mal.
-Lo sé. Wyatt estaba muy desanimado.
-¿Y el resto de la fiesta?
Para alguien que no quiso ir a la fiesta… Miranda está muy interesada en ella.
-Tratamos de hacerle ver a Wyatt que debía disfrutar de la noche igual y lo entretuvimos. Luego recuperó un poco de su estado anímico habitual.
Veo que mi amiga me esquiva la mirada, no quiere que yo note que le importan los sentimientos de Wyatt tras ese incidente.
-¿La disfrutó? –hay un poco de nerviosismo en su voz.
-Sí, pero si es en el sentido que creo que estás insinuando deberías saber que no. Ha estado con Leif y conmigo casi todo el tiempo.
-Yo no estoy insinuando nada.
La miro haciéndole entender que esta vez no le creo nada.
-¿Se supone que debo creerte?
Ella no vuelve a hablar después de eso hasta que llegamos al aula. Pero todos los alumnos están fuera.
-¿Qué sucede? –pregunto a la primer chica que veo.
-No lo sabemos aún, Pagan. Wyatt y Leif fueron a averiguar a administración.
-¿El profesor no ha llegado?
-No, lo cual es extraño.
El profesor siempre llega una hora antes de sus clases como mínimo.
-Gracias.
-De nada.
Miranda se acerca a mí de inmediato.
-Tal vez no tengamos clases –sugiere ella.
-Posiblemente.
Nos sentamos en el suelo y esperamos por noticias.
-¿De verdad no piensas decirme nada?
-No –sonrío. –No aquí, en todo caso.
Los teléfonos de ambas suenan en el mismo momento y los buscamos en nuestras mochilas.
"No sabemos donde están ustedes dos, pero no hay clases en las dos primeras horas. Si aún no llegan a la escuela, no vengan."
El mensaje viene del teléfono de Leif, aunque el mensaje parece ser de ambos.
-Demasiado tarde, chicos –murmuro riendo.
-Que amables, debieron avisarnos cinco minutos antes, nos hubiera dado tiempo –continua Miranda, mientras teclea en la pantalla una respuesta se la envía a Leif.
Les aviso al resto de los presentes y comienzan a dispersarse en grupos en distintas direcciones.
Cuando llegan Leif y Wyatt no queda nadie en la puerta del aula. Me pongo de pie y me acerco a ellos.
-Veo que nos ahorraron el trabajo de avisarles al resto –comenta Wyatt. –Seguro lloraron y se deprimieron…
-Por supuesto, las chicas deben estar en el baño retocándose el maquillaje y consolándose entre ellas.
Leif y Wyatt se ríen. Miranda se mantiene al margen.
-¿Qué pasó? –Leif la mira preocupado.
-Nada –contesta ella. -¿Qué haremos ahora? –cambia de tema.
-Podríamos ir a una cafetería –ofrece Wyatt. –Los cuatro –aclara al notar la mala expresión del rostro de Miranda. He de confesar que ninguno de los dos desayunó nada. ¿Quieren unirse?
-¿Ninguno de los dos? –eso me sorprende.
-Pasó la noche en mi casa –aclara Leif. –Salimos con el tiempo justo para venir aquí.
-Entiendo ¿Vamos, Miranda?
Ella me observa con el odio grabado en su mirada.
Suspiro. Algún día tienen que superar sus diferencias y tratarse amablemente al menos.
-Por favor –le ruego. Detesto esta situación, odio demasiado estar entre ambos y ver lo mal que se tratan, cuando antes éramos inseparables.
-Bien.
Acepta y empieza a dar vuelta encabezando la marcha.
Wyatt la observa con cierta tristeza, pero una palabra de Leif lo hace volver a la realidad y se recompone. Los tres seguimos a Miranda hasta el estacionamiento. Leif insiste en que vayamos a su auto y dadas las circunstancias me parece la mejor idea. Miranda se sienta en el lado del copiloto y yo junto a Wyatt detrás.
-Antes de que me olvide. Creo que se te cayó algo el sábado, Pagan.
Miranda y Wyatt intercambian miradas entre yo y Leif .
Él me pasa una pequeña bolsita aterciopelada.
Al abrirla, me doy cuenta que mi pulsera no se había perdido como pensé.
Sonrío.
-¿Dónde estaba?
-Debajo del asiento de copiloto.
-Muchas gracias, pensé que la había perdido en la casa de Wyatt y que posiblemente alguien más se la había quedado. Me siento más aliviada.
-No es nada –responde.
-¿Cómo pudiste perderla? Casi siempre la llevas puesta –comenta Miranda.
Por supuesto yo siempre tengo cuidado de no perderla, fue un regalo de cumpleaños hace algunos años detrás, sin embargo, por mas trato de recordar, jamás logro recordar de quien. La bolsa y la caja no tenían nombre, solamente un mensaje impreso en computadora deseándome un feliz cumpleaños.
-Se me debió haber enganchado con algo –respondo.
Me la vuelvo a colocar asegurándome que haya quedado bien puesta y le dejo la caja entre en el espacio entre medio de ambos asientos delanteros.
Observo el brillo del oro y color de las oscuras piedras en tonos negros azulados y otros dijes en forma de rosas casi en el mismo tono. Parece ser una joya muy fina, aunque no estoy segura. Hubiera sido una lástima perderla.
Miranda se enfrasca en una conversación con Leif, mientras Wyatt y yo hablamos entre nosotros en voz baja.
-Jay me ha llamado muchas veces para decirme que te pida que te comuniques con él.
-¿En serio? Que haya ignorado sus mensajes y llamadas ¿no le dice nada?
-¿Eso hiciste?
-Sí. Y no me arrepiento. Hablare con él cuando vuelva aquí y deje de comportarse de forma tan inmadura.
Apoyo mi cabeza en un costado de mi asiento.
-Parece que él se dio cuenta que se pasó y se quiere disculpar.
-Ya era hora. Aunque por el momento, no será.
Yo me siento mucho más ofendida que él.
Si hubiera sido la primera vez, lo hubiera dejado pasar. Pero no fue así. Y me duele que no confíe en mí.
Wyatt decide cambiar de tema y pasar a uno más agradable. Mientras tanto Miranda nos ignora y Leif conversa con nosotros cada tanto cuando le decimos algo.
Si no fuera por la actitud de Miranda el ambiente no se sentiría tan tenso.
Tal vez es demasiado pedir que todo vuelva a ser como antes.
Minutos después estamos sentados en la cafetería quitándonos nuestros bolsos. Y dejándolos en una esquina de los largos asientos. Leif y yo estamos sentados uno al lado del otro, Wyatt y Miranda están a nuestros costados lo más lejos el uno del otro como de costumbre.
-¿Qué van a querer? –Pregunta Leif.
-Latte acaramelado con crema batida –respondo.
-Un café expresso –agrega Miranda.
Leif toma agarra el brazo de Wyatt para ayudarlo a salir del estrecho espacio que hay entre la mesa y el sofá curvo y ambos se dirigen al mostrador.
-Tal vez deberíamos ir.
-Déjalos, solo están siendo caballeros, además alguien debe cuidar de las pertenencias –ella suspira y luego cambia de tema. –Solo vine aquí por ti. No esperes mucho más.
-Es suficiente.
-Prometo que no haré ningún escándalo.
-Gracias –sonrío y la abrazo.
Ella asiente y mira a los chicos.
-¿Tú y Leif ya se juntaron para hacer el segundo discurso?
-Lo olvidé por completo.
Hasta el momento hicimos los anteriores en clases como una forma de practicarlos con ayuda del profesor. Pero ahora nos toca hacer ensayos más largos y complejos y aún no hemos definido nada, los horarios disponibles de él, e incluso de Wyatt son muy limitados a causa de sus actividades deportivas extra curriculares.
-No lo puedo creer, tú olvidando algo. Deberían irlo resolviendo ahora, tienen una semana más para presentarlo.
Miranda se pone a doblar una servilleta dándole forma.
-¿Y tú como harás?
-Sola. Le dijimos al profesor que trabajaríamos por separado. Al principio se negó, pero después lo aceptó.
-Miranda…
-No te preocupes. Si tengo alguna duda te pediré ayuda.
-Miranda ¿sabes para que te puso el profesor con él?
-Para complicarme la vida.
-No, te puso con él porque a diferencia de ti él es uno de los mejores estudiantes de la clase.
-Y eso no me interesa. Trabajaré sola. No me mires así. ¿Sabes? Mejor cambiemos de tema. Tengo buenas noticias. Unas geniales.
-Déjame adivinar… ¿Conseguiste el número de Ian Somerhalder?
-Que graciosa –responde con sarcasmo. –No se trata sobre él. Cold Soul vendrá aquí dentro de unos meses y mi padre conoce a alguien que me puede conseguir entradas.
-¿Tu grupo favorito? ¿En serio? Es fantástico.
La cara de mi amiga cambia drásticamente y se ve feliz.
-¡Lo es! Solo me gustaría que vengas conmigo. Será un festival y habrán muchas bandas. Nos divertiremos.
-No suena mal. ¿Cuándo será?
-En tres meses.
-De acuerdo, iré contigo.
-Muchas gracias.
Me sonríe feliz. Yo se lo importante que es para ella y no la dejaré sola.
-Lo que pidieron, chicas.
Una voz masculina me sobresalta. Leif se sienta a mi lado con una caja semi abierta con cuatro bebidas diferentes.
Leif me pasa mi latte, y después le entrega otro vaso a Miranda. Tomo el vaso con ambas manos calentándolas y me lo acerco a la boca sin tomar aún. Resulta reconfortante el calor.
-¿Pagan? ¿Tienes frío?
Asiento.
Se quita su abrigada bufanda y la enrolla en mi cuello y la parte trasera de mi cabeza. También cubre mi espalda con su abrigo, ya que no vine tan abrigada y pasamos frío fuera
Ese gesto me sorprende tanto que me quedo observándolo sin reacción alguna.
-Ya entraras en calor. ¿Pagan?
-Gracias –le contesto. Él me sonríe, se ve tierno cuando lo hace. No existe nada de ese Leif que imaginé en mi mente. Él es completamente diferente, y ahora que lo estoy conociendo me doy cuenta de lo tonta que fui al pre juzgarlo de una manera tan negativa.
-Pagan ¿cómo llegaste a casa el fin de semana? –Interrumpe Wyatt.
-No recuerdo nada. Creo que me dormí en el auto. Lo único de lo que estoy consciente es es que desperté en mi cama.
-Si, de hecho Pagan estaba agotada. Estábamos hablando sobre lo sucedido en la fiesta, y en un momento que volteé a mirarla ya estaba dormida con la cabeza contra el vidrio. -afirma Leif. –Fue divertido.
-¿Qué fue divertido? –pregunto desconcertada.
-Cuando llegamos a tu casa intenté despertarte y tú me dijiste que me callará y te dejará dormir, también me insultaste en voz muy baja por interrumpir tu sueño.
-¿En serio hice eso?
-No miento –sonríe como si eso no fuera nada.
-¿Y lo cuentas tan tranquilo? Yo debería disculparme.
-No te preocupes, tú ni siquiera eras consciente de lo que pasaba y dudo que hayas sabido que era yo.
-No lo recuerdo. ¿Entonces me tuviste que sacar por tu cuenta?
-Te alcé con sumo cuidado, y cuando tu madre abrió la puerta, te llevé a tu habitación. Tu madre me hizo un severo interrogatorio cabe aclarar, cuando le conté sobre el incidente en la fiesta, se alteró, solamente se calmó cuando le aseguré que no habías bebido ni una copa y que te estuvimos cuidando. No la culpo, le parecía sospechoso que volviéramos tan pronto y contigo en ese estado.
-Eso explica el interrogatorio durante el desayuno –cierro los ojos.
Siento la mano de Leif en mi cabello por unos segundos. De alguna forma, esa leve caricia me tranquiliza.
-Lamento si te metí en problemas, ella insistió mucho.
-No realmente. Te lo agradezco.
Tal como dijo Leif, entre el abrigo y el café entro en calor rápido. Cuando estamos por salir de la cafetería, para ir de vuelta a la escuela, él me obliga a ponérmelo nuevamente, sin recriminarme el hecho de que fui completamente inconsciente, y de que una chamarra de cuero no era suficiente para el frío gélido del exterior. Pero mi cabeza estaba en otro lado esta mañana, Jay no paraba de llamarme y mandarme mensajes para disculparse y yo seguía furiosa. Lo que menos me importó fue comprobar el clima en el exterior y salí como siempre.
La siguiente clase es de una materia optativa, razón por la que no la tengo ni con Wyatt, ni con Leif. Miranda me sigue y buscamos asientos para ambas. La clase resulta algo tediosa para todos. Excepto para Kendra que está riéndose atrás de nosotras con un chico, se rumorea por la escuela que ellos están saliendo, aunque cuando se trata de ella, las relaciones son demasiado fugaces. No sé cómo consigue que le vaya bien en la escuela cuando nunca parece interesada en las clases, los profesores ya no le llaman la atención, después de descubrir que en realidad es más inteligente de lo que aparenta. Por alguna razón, ella parece muy interesada en mí, la descubro mirándome con cierto deje de diversión durante las tres horas de clases. Trato de ignorarla, e irme del aula tan pronto como pueda, pero ella me detiene colocándose casualmente delante de la puerta.
-Lindo abrigo –dice burlonamente mirando el que tengo colgado en mi brazo. Me lo saqué al entrar al aula.
-¿Me dejas salir? –respondo cortante.
-Supongo que las cosas con Leif van bien si llegan al punto de compartirse ropa.
-No sé de qué hablas.
Y no me importa saber que piensa ella sobre mi vida. Aún así ¿por qué está insinuando que pasa algo entre nosotros?
-¿No te cansas de actuar como si no supieras nada? ¡Oh, cierto! Los seres humanos son tan lentos -suspira. -Te doy un consejo: Disfruta mientras puedas. La vida es muy corta como para desperdiciarla, tú deberías saberlo más que nadie. Leif es una buena opción para ti, supongo…
-Tengo novio… no tengo motivo para estar con otro.
-¿Y? Eso no impide que te diviertas con otras personas.
-Ya veo porque las cosas no funcionaron para ti ni con Leif, ni con nadie –interrumpe Miranda molesta –Déjala en paz, zorra.
-¡Miranda!
-Es ella quien empezó.
-No te metas –le grito. Todos nuestros compañeros están a nuestro alrededor observando y escuchando nuestra conversación. –Y tú, Kendra… si quieres decirme algo que sea a solas.
-Es más divertido de esta forma. ¿No, chicos?
Muchos niegan con la cabeza y otros no dicen nada, simplemente se van hasta dejarnos solas. Un chico harto de la situación, casi la empuja para que lo deje salir del aula y le siguen los demás, a excepción de Miranda.
-Que considerados que son –la voz de Kendra suena como si no estuviera contenta con eso. –Como sea, con Leif nunca dijimos que íbamos a tener algo serio, Miranda. Él no me interesaba, ni yo a él. Tan simple como eso. De todas formas, no tardé en darme cuenta que él amaba a otra persona en ese entonces, supongo que solo trataba de olvidar ese amor no correspondido y engañarse a sí mismo sobre sus sentimientos. Tan pronto como se dio cuenta que no sirvió ni para eso, él mismo terminó conmigo.
Me sorprende la sinceridad de sus palabras, pero ¿por qué nos dice esto? Aparte según todo el mundo, ella lo dejó a él, y no al revés. Aunque todos eran rumores, ellos nunca aclararon nada y dejaron que todos pensaran lo que quisieran, hasta ahora. Leif también mencionó que no sentía nada por ella y que le daba igual lo que ella hiciera.
-¿Por qué nos dices esto?
-No sé, pensaba que podía interesarte –Kendra se ríe. –Después de todo, no me sorprendería que terminarás siendo la novia oficial de Leif dentro de un tiempo. ¿Te asusta la idea de tener competencia, Pagan? No es fácil luchar contra el primer amor, cuando puedes no ser tú.
Ya no voy a tolerarlo más. No voy a dejar que siga diciendo cosas sin sentido. Me acerco a ella con la intención de enfrentarla y ganas de golpearla, sin embargo antes de lanzarme sobre ella, choco contra la espalda de alguien. Sintiéndome algo mareada, siento una mano sobre la mía, evitando que me caiga o me mueva más.
-¿Leif? –murmuro. – ¿Cómo…?
-Déjamelo a mí –responde. –Creí haberte dicho que dejarás a mis amigos en paz, Kendra. No sé porque empezó la discusión, pero teniendo en cuenta las reacciones de ambas, puedo adivinar quien la inició. No deberías estar molestando a la gente que te rodea, solo porque lo deseas, y menos en el pasillo, la última vez te suspendieron y eso lo sabe todo el mundo.
-Y tú no deberías meterte, esto no te incumbe. Era una charla entre ellas y yo.
-Sé muy bien como terminan ese tipo de "charlas" y quiero evitarlo. Vete de inmediato. No causes más problemas.
Desde detrás de Leif observo como Kendra, luce aún más furiosa que antes. Leif sin embargo, está muy tenso y rígido. Parece que el tomar mi mano solo lo ayuda a controlarse. Con mi mano libre me agarro del otro brazo de él, y lo empujo en un intento de calmarlo y trato de hacerle entender que no quiero que haga nada, que fue suficiente.
-Oh, mírala. Ahora es ella quien no quiere que tú estés en problemas. ¿No es adorable?
-¡Insisto en que te calles y te desaparezcas de nuestra vista! De verdad, ¿no te da vergüenza actuar de esta forma con todo el mundo? Nunca cambias.
-Confieso que siempre odié que fueras tan correcto –niega con la cabeza. –De acuerdo, pero no me iré por ti. Lo continuamos luego, chicas.
Miranda, quien está al lado de Leif, la insulta con palabras no deben ser repetidas. Sin embargo, cuando se trata de Kendra, ella suele sacar lo peor de todos. La mayoría de las veces, la discusiones físicas que casi siempre ella provoca. Me cuesta tanto comprenderla, ella siempre busca una excusa para meterse con alguien que sabe que probablemente le responderá de la misma forma, o porque esa persona es demasiado débil como para defenderse.
La observo irse lentamente sin mirar ni una sola vez atrás. Pasan varios minutos hasta que la suave risa de Leif me trae a la realidad.
-No creo que hable en serio, de todas formas sean precavidas. Si les hace o dice cualquier cosa, me avisan. Tuve que aprender a lidiar con ella lamentablemente desde que llegó. No le sigan la corriente, porque eso es lo que quiere.
-¿Y que se supone que debemos hacer? –Dice Miranda.
-Ignórenla, no hay nada que odie y la descoloque más que eso. La mayor parte del tiempo no habla en serio, e inventa cosas que sabe que con seguridad molestarán a alguien, solo para acabar perjudicando o haciendo sentir mal a alguien.
-¿Cuánto escuchaste? –pregunto.
-Casi nada. Actué de inmediato al verlas discutiendo. ¿Por qué?
-Oh, yo… por nada. Olvídalo.
-¿Segura?
Asiento.
-No es importante.
Leif me sonríe.
-Como digas. Nunca permitan que algo que les diga Kendra les afecte de ninguna forma.
-¿Por qué viniste? –Interrumpe Miranda.
-Solo iba de paso a la siguiente clase y decidí venir a buscarlas. No esperaba encontrarme con esta escena. ¿Está todo en orden ahora?
Asiento. ¿Debería decirle todo lo que nos dijo ella? Mejor no.
-Entonces, nos tenemos que apresurar.
Leif nos toma de la mano a ambas y nos guía hacia afuera del aula con prisa.
-¿Qué hora es?
-Hace quince minutos deberíamos haber entrado a nuestra clase.
-Estúpida, Kendra.
Mientras escucho las quejas de mi amiga, yo empiezo a correr, el camino a nuestra siguiente clase es largo.
-Sabía que reaccionarías así.
Leif se ríe tiernamente unos metros detrás de mí.
-Trata de no caerte, o también perderemos tiempo en enfermería estudiantil.
-Shh, tonto –yo también me río, recordando que no hace mucho me tropecé al pisar un pozo del patio de la escuela y me doblé el tobillo mientras caminaba a su lado y él se preocupó mucho. –No me pasará nada.
-Contigo nunca se sabe. Por cierto ¿Cómo me llamaste?
-¿Tonto? –respondo en tono de broma.
-Ah, no. Eso no lo permitiré. Más te vale que corras por tu vida, Moore.
-Me paralizo unos instantes, y él aprovecha ese momento para correr hacia mí.
-Corre, Pagan –insiste Miranda.
Obedezco alejándome lo más posible de Leif, quien aprovechó esta oportunidad para jugarme otra broma. Me las arreglo para correr tanto como puedo hasta llegar a la puerta, pero él me alcanza estando tan solo a pocos metros de nuestro destino.
-Debo reconocer que eres veloz.
Mis ojos se clavan en los suyos, mientras intento reponerme de mi agitación y siento mi corazón latiendo fuerte y descontrolado.
-¿Es un halago?
-Puede ser.
Sus labios se curvan en una sonrisa mientras se acerca a mí. Mi corazón actúa en respuesta. Latiendo incluso más fuerte que antes, pero incluso teniéndolo tan cerca, no entiendo porque no me alejo. Tal vez estoy demasiado acostumbrada a la compañía de hombres como para siquiera avergonzarme.
-Antes de entrar, quería preguntarte si tienes algún plan mañana.
Abro los ojos mirándolo sorprendida y me doy cuenta que ya se ha alejado.
-¿Plan?
-Verás, esta semana estoy bastante ocupado con el entrenamiento. Pero puedo tratar de hacer un tiempo mañana por la tarde después que salga de la escuela. Al menos, para que podamos avanzar el ensayo. Y si hace falta, el fin de semana podemos terminarlo.
-Oh, eso. Bien. Mañana puede ser. ¿A qué hora?
-A las seis de la tarde, si puedo antes te aviso. Pasaré por tu casa, no quiero que luego vuelvas sola a tu casa de noche.
¿Por qué siempre se empeña tanto en cuidarme?
-No le digas a tu amiga, o volverá a molestar.
-¿Cómo lo sabias?
-Miranda es un libro abierto y no es tan discreta, por eso quería decírtelo a solas. Por cierto, ya está cerca –él mira a lo lejos y yo hago lo mismo poco después. –Te veré adentro. Distraeré al profesor hasta que entren.
-Gracias –digo devolviéndole su chaqueta.
Leif me da espalda y entra el aula, mientras yo espero a Miranda.
