Personajes de Mizuki e Igarashi
─¡Candy! Te hacía en el hogar de Pony, ¿cómo has llegado aquí?
─Las preguntas las hago yo, Tom. Te escuché. Por favor, dime todo lo que sepas de el tío abuelo William, ¿quién es en realidad?
─Vamos a la cocina. Ahí te contaré.
Tom tomó la maleta de Candy. La guió con la ayuda de la luz de un candelabro de estaño.
─Serviré té.
─Gracias, Dorothy. Discúlpame por llegar sin avisar y sin darte el saludo cordial que mereces. Jamás olvidaré la ayuda emocional que me diste cuando llegué a esta casa ─expresó la rubia mirando a su alrededor, viendo imágenes del pasado, risas, diversión y, llanto. Fueron tantas las emociones que vivieron en ese lugar que ahora se sentía plena al saber que gracias a un hombre ella consiguió cumplir sus sueños. Y ese hombre ahora…
─Candy, ¿qué te sucede?
─Siento pena por el tío William. No, no podría soportar su...
─Can-dy…
─Doro-thy ─una vez más Dorothy brindó su apoyo incondicional.
─Candy, sigues siendo la llorona de siempre.
─¿Cómo osas hablar así, Tom? ─preguntó Candy mirándole con furia.
─Ahora sí se puede decir que eres pariente de ese loco… ─dijo completando la frase con un silbido.
─¡Cállate!
─Antes ¡este lugar era pura alegría! Todavía recuerdo como si fuera ayer aquella tarde en la que llegué a esta villa. Mi padre el señor Stevenson había sido contratado para traer leche y pasto a los caballos. Me dijo…
─Tom quédate aquí. No vayas a hacer alguna travesura. Estas personas son delicadas en especial la vieja, que ves allá, ¿ves?
─No, papá, ¡ay!
─¡Muchacho tonto! ─expresó mi padre después de darme un sonoro golpetazo en la cabeza─. Tienes que afinar la vista; sino nunca serás un verdadero Stevens, futuro heredero del mejor rancho de Lakewood.
─¡Sí, papá!
─¿Ya llegaron con la leche? ¡Qué bien!, la necesitamos para preparar pudín de fresa y chocolate.
Había dicho la dulce dama de ojos color esmeralda y suave cabellera, alta y delgada. Aunque tenía para ese entonces ocho años, noté de inmediato la belleza de un ángel. Ella era como una mamá dulce y protectora.
─En seguida meto el encargo a la cocina, señora. ¿Ahí me cancelan?
─Por supuesto. ¿Y este hermoso bebé? Es casi de la edad de mi hijo.
─Es mi muchacho. ¡Un futuro vaquero como su padre!
─Sería maravilloso permitirle quedarse a la celebración un rato. Pronto cantaremos música de navidad para amenizar la decoración de la casa, serán luces por todas partes. Mi Tony no tiene amigos de su edad… solo sus primos, pero ahora están en Arabia, su padre es ingeniero.
─Claro, mi muchacho será acompañante de su hijo. Así se le pegará los buenos modales de esta casa.
─Gracias, señor Stevens.
─Vaya, usted sí que tiene buena memoria ─dijo mi padre quitándose el sombrero para rascarse la cabeza. Estábamos acostumbrados a ser recibidos por la parte trasera de las mansiones y ser despechados del mismo modo.
¡Esa fue una de las tardes más felices que viví en mi vida! Comí de todo, caldo de pollo con verduras, ciruelas y arroz, ¡delicioso! Se me abre el apetito nada más evocar esa sazón única e indiscutible de la señora Rosemary ─Tom se sobó la panza y se saboreó los labios con la lengua al recordar─; solomo de salmón, pavo asado relleno de carne acompañado de tocino y diferentes vegetales. No solo comí y tomé ricas bebidas típicas de escocía; sino que jugué como nunca. La señora Brown habló con mi padre para que me quedara el resto de la tarde para así adornar el arbolito.
─¿Y eso qué tiene que ver con el tío William?
─¡Mucho!, porque justo esa tarde cuando fui en busca de unas bambalinas al segundo piso por indicación de la señora Rosemary. Me atrajo de sobremanera la voz gruesa de una señora, quien a juzgar por su tono de voz, estaba bien molesta. Seguí aquel molestoso sonido. Sigilosamente me acerqué hasta el origen de aquella voz, que parecía más bien estar reprendiendo a alguien. Me acerqué a la puerta y por entre la grieta miré…
─¿Qué te he dicho? ¡En ti pesa una responsabilidad muy fuerte! Eres la cabeza de la familia. Nadie te puede ver. Debes permanecer en tu cuarto. ¿Has entendido?
Pude mirar a un chico cabizbajo de cabellos rubios, alto. Por lo que deduje que ya era grande, quizá entre 12 o 14 años, nunca logré calcular con exactitud. Con voz triste contestó─: "Sí, tía Elroy. Nunca más saldré. Me quedaré en este cuarto enorme. ¡Encerrado para no causar más daño!".
Se lanzó a la cama lleno de furia a llorar. Pude medio ver.
─De nada te servirá llorar.
─¡Ya le dije que me quedaría en este lugar! ¡Váyase y déjeme solo!
─Te castigaré por insolente.
─¿Qué más castigo que estar encerrado en estas cuatros paredes?
─¡Te quedarás sin clases de literatura inglesa!
Al notar que la señora iba de salida, rápido me oculté. Volví a acercarme a la puerta que había quedado semi abierta.
Sentí lastima por ese chico; a simple vista se le veía en su rostro lágrimas surcándoles por las mejillas.
Tomó de su mesita un libro de cobertura en cuero color caramelo y comenzó a recitar:
─¿Quién soy, quién soy yo? ¡Si no más que una simple marioneta! Sin vida, si capacidad para decidir por mí mismo. Hago lo que los demás desean, pues soy… soy una simple marioneta. Marioneta… Marioneta… Solo soy una marioneta, ja, ja, ja. ¡Marioneta!
Tuve un poco de temor al mirar una combinación de tristeza con algo de… ¿alegría? Por lo que al decidir irme tropecé con un jarrón.
─¿Quién anda ahí? ¿Será mi imaginación?
Apresuré a marcharme, pero sus pies fueron más agiles que los míos por los que me dio alcance.
─¿Qué haces aquí?
─Es-to-y buscan…do unas bam…balinas ─balbucí.
─Te advierto, soy un fantasma. ¡Jamás me has visto!, y si dices que me has visto te llevaré conmigo al…
─¡Bert! Deja de asustarlo, es amigo de nuestro amado Tony, tu hermoso sobrino. Ven, ¡abrázalo! Bajemos juntos a cantar. Colocaremos la estrella de Belén en el árbol. Por ser el más alto te toca hacerlo a ti. Te he guardado tu platillo favorito.
─Tía Elroy, dijo…
─Hablé con tía Elroy. Tu castigo se ha levantado. Simplemente evita salir al pueblo. En la casa puedes andar siempre y cuando no venga ningún familiar y, Tom es un amigo de la familia. Él nunca dirá que en esta casa vive otro niño. ¿Verdad, Tom?
─Sí, señora, nunca diré nada.
Continuará.
