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Bajo la piel.
Chapter III: Okita Sougo.
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Sougo cada vez que escuchaba problemas amorosos tales como "Habla con su ex", "Discutimos y salió con otra", "Ya no me habla como antes". No podía evitar reírse con amargura, nadie más que él sabía lo que realmente era sufrir por amor. Saber que nunca podría besarla, ni mucho menos tocarla, conformándose únicamente con sus caricias inocentes y aceptar el hecho de que eran hermanos. En muchas ocasiones la culpó por provocarle semejante atracción al ser femenina, dulce, amable, divertida, educada, hermosa... Perfecta.
El muchacho sabía que su amor era enfermizo y tóxico, no permitía que nadie se acercará demasiado a ella. Con tan solo nueve años de edad, en un arranque desenfrenado de celos empujó a un chico por las escaleras, el accidente no fue tan grave como parecía ya que afortunadamente la lesión pudo corregirse con dos semanas y un yeso en la pierna derecha. Okita Sougo descubrió ese día que estaba enamorado de su hermana mayor y no le importaba lastimar a un tercero si con ello podía evitar que le quitaran a Mitsuba.
El menor de los Okita ignorando que fueran pasadas las cuatro de la tarde, entre bostezos, terminó de vestirse dispuesto a salir. Los domingos no le gustaban ya que su madre lo obligaba ayudar con las tareas del hogar, pero en esta ocasión tenía un plan de escape.
Revolviendo la ropa que estaba en el suelo tomó sus jeans negros, registró los bolsillos y ahí estaban sus boletos.
Mitsuba estaba en su cuarto terminando un informe cuando Sougo entró sin previo aviso, ella estaba en su escritorio revisando una libreta.
—Mamá tiene una reunión con sus ancianas amigas ¿quieres salir?—preguntó, atrayendo la atención de la chica.
—¿Dónde?
—Tengo un par de entradas para el parque de atracciones.
—Genial —sonrió emocionada—, pero deberías llevar a alguna de tus novias escondidas —le guiño un ojo con cierta diversión.
—No salgo con nadie —se apresuró a decir, no quería que ella tuviese una idea equivocada además lo estaba viendo de esa forma y con esa sonrisa burlona.
Durante el camino charlaron cosas triviales mientras comían helado de chocolate, el favorito de Mitsuba. Sougo había cobrado algunos favores y vendido algunas cosas para tener el dinero suficiente y llevarla a una "cita" divertida, para él lo más fascinante de estar con ella era hacerla reír, siendo lo más cercano a hacerla feliz como un hombre y no como su hermanito.
Como todo un caballero permitió a su invitada escoger la atracción a la que subirían.
Sougo luchaba consigo mismo para ignorar las crecientes ganas de abrazarla y depositar un suave beso en sus rosados labios, imaginaba que tras declararse ella aceptaría sus sentimientos, vivirían un cuento dehadas serían laparejaperfecta sin que nadie sospechará de su sucio secreto, pero la realidad siempre estaba ahí para traerlo de vuelta. Le parecía tierno ver como le costaba decidirse por un juego, sus opciones eran la montaña rusa y la montaña rusa invertida. Aunque observarla también dolía, un malestar que crecía con los años, no podía explicarlo solo estaba ahí y no había ni un medicamento que pudiera apaciguarle.
—Quiero —dijo rompiendo el silencio.
—¿Qué pasa? —preguntó dirigiéndole la mirada.
—Lo que quiero decir es que... —sus manos empezaron a sudar— q-quiero subir primero a la invertida, si no te molesta...
El miedo al inevitable rechazo lo hizo que cambiará de opinión, recordó la interrupción en la cafetería, tal vez, había sido una señal para que no cometiera un error.
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Sougo en sus diecinueve años había tenido tres novias. La primera fue Kirie, se conocieron a lo largo de toda la primaria al ser compañeros de curso. En el último grado, un par de días antes de la graduación ella le confeso su amor. Sougo aceptó sus sentimientos con la intención de alejar los pensamientos extraños que lo rodeaban respecto a lo que sentía por Mitsuba, pero su relación con Kirie no superó los dos meses, ella lo dejó. No soportaba que la tratará mal y lo peor es que él parecía disfrutar verla sufrir, razón por la que le gritó en medio de la plaza central "Eres un sádico, no quiero verte nunca más", aclarándole que no fue para nada divertido ser su novia.
Durante el segundo año de secundaria conoció a Urara, quien ciega de amor aceptó humillaciones por parte del chico, luego de cuatro meses Sougo se cansó de la relación y decidió terminar con ella, escogió dejarla el mismo día de su cumpleaños número dieciséis además así también ahorraría dinero evitando comprarle algún regalo. Por último, en su tercer año de preparatoria conoció a Sayaka una muchacha amable, cariñosa e inteligente. A diferencia de sus ex esta chica tuvo la suerte de llamar en primera instancia la atención de Okita, al principio con ella las cosas tomaron un rumbo diferente puesto que su personalidad era parecida a la de su único amor, aunque en ocasiones él actuará de mala manera, ella siempre tenía una sonrisa y algún regalo que lograban distraerlo, pero finalmente no sirvió de nada porque Sayaka no era Okita Mitsuba. Todo siempre se resumía a ese único hecho, ninguna mujer era perfecta como su amada hermana mayor.
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Ambos bajaron de la atracción con la garganta reseca tanto gritar, ella se veía feliz y eso era suficiente para que no le importara el no tomar su mano. Antes de subir al siguiente juego fueron por algo de comida y calmar un poco la adrenalina. A distancia pudieron identificar un carrito donde vendían algodón de azúcar, y, como siempre se comportaba como un galán en presencia de su hermana, se ofreció a ir por algunos bocadillos con la condición de que lo esperará en la banca, ella accedió sin problemas, no le preocupaba si tardaba demasiado ya que de todos modos estaría dentro de su campo visual.
No le tomó más de cinco minutos ir por refrescos de naranja y hacerse paso en la fila de niños que esperaban comprar algodón dulce.
El día había sido divertido y perfecto, todo marchaba como lo que había planeado, dos juegos más y subirían a la rueda de la fortuna el momento ideal para decir lo que sentía, pero eso dependería netamente del ambiente que se estuviese presentando.
—¡Okita!
Un grito hizo que ambos voltearan a fin de cuentas tenían el mismo apellido. Un joven con permanente natural saludaba amigablemente a la pareja. Sougo quería buscar alguna excusa para irse cuando notó que venía en compañía de Tae, Kagura y Hijikata.
—Jefe —dijo de la forma más neutra que pudo, disimulando su molestia.
Sougo no fue consiente con la facilidad que el permanentado se coló en la fila para la montaña rusa con ellos, el momento en que Mitsuba congenio de maravilla con las chicas e hicieron grupo y extrañamente cruzó un par de palabras con Hijikata a pesar de que este tuviera el ceño fruncido.
El tiempo pasaba y era un hecho que el cuarteto se unió a ellos, prácticamente se había convertido en una salida en grupo. Estaba mareado al ver como la China no dejaba de proponer la idea de subir a la rueda y de paso incitaba a Mitsuba para que la siguiera, por suerte el Sádico con su audacia lograba cambiar el tema y afortunadamente no había nadie más interesado en subir al que sería su comodín.
—Ese tipo tiene cara de querer suicidarse —señaló a Hijikata, luego de que bajaran del elevador de 18 mts. Las chicas acompañaron a Kagura al baño porque teniendo un estómago tan frágil no fue extraño que sentirá nauseas.
—Perdió una apuesta y como castigo debía acompañarnos todo el día —respondió Gintoki.
—¿Qué clase de castigo es ese? —cuestionó por lo contradictorio del argumento.
—Este pobre no sabe lo que es divertido, todo lo bueno para él es malo.
—¡Los estoy escuchando par de idiotas! —interrumpió, encendiendo un cigarrillo—solo no me agradan estas tonterías —dijo, dándose cuenta que hubiera sido más sencillo sacar la basura como lo había hecho siempre en lugar de tirar una moneda y elegir cara.
La noche se acercaba poco a poco y el frio se estaba haciendo sentir con mayor fuerza. Durante la tarde se subieron a casi todas las atracciones e incluso se repitieron las más "colosales", pero como ya no les quedaba dinero ni tickets, solo podían a subir a una última atracción.
Tanto Gintoki como Tae se oponían a gastar su último boleto en la sosa vuelta por lo que subieron nuevamente al elevador, la pelirroja ya no quería subir a algo que le diera mareos y Hijikata solo quería irse a casa a descansar.
Finalmente, llegaron a un acuerdo común. Los hermanos Okita, Kagura y Toushirou subieron a una misma cabina aunque Toushi más bien subió por obligación ya que estaba en el contrato que hizo a la rápida con Gintoki cuando decidieron los puntos claves de su trato.
El muchacho de ojos azules estaba cansado y lo único que le animaba de las tres semanas que llevaba viviendo con Sakata es que en la próxima apuesta lo haría llorar sangre. Escuchaba como sus compañeros charlaban y quedaban de acuerdo para otra salida con la hermana de Sougo, admitía que le chica era agradable y no le molestaría verla de nuevo, vagamente recordó que la había visto en la cafetería hacía unas semanas, hasta ese momento la había olvidado por completo. La miró de reojo solo para notar que los tres lo estaban mirando fijamente.
—Mayora —lo llamó Kagura.
—¿Ah?
—Se acabó la vuelta —dijo Mitsuba con una sonrisa y al mismo tiempo levantándose de su lugar.
Estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no se percató que transcurrieron alrededor de quince minutos, sintió que sus orejas comenzaban a calentarse luego de ver que era el único que seguía cómodamente sentado y con el codo apoyado en la ventanilla.
Las estrellas habían salido y el oscuro manto de la noche los acogía mientras se dirigían a una parada de taxis. La espera les dio tiempo extra para charlar hasta que Tae mencionó que podrían pasar más tiempo en su departamento, incluso podían quedarse a dormir si así lo deseaban, todos estaban animados con la idea exceptuando a Sougo que nuevamente quería golpearlos por interferir en sus planes.
—Lo siento —se excusó Mitsuba— tengo clases mañana a primera hora, pero Sougo le diré a mamá que no se preocupe, ve y diviértete...
—No puedes volver sola, es peligroso —la interrumpió. Kagura alzó una ceja desconcertada nunca se hubiese imaginado que precisamente él se preocupara por alguien más.
—También me voy — añadió Toushirou uniéndose a la charla—. Nos podemos ir en el mismo taxi, me aseguraré que entré a su casa.
—Gracias, ves no tienes de que preocuparte hermanito, pásalo bien -dijo, tratando de evitar ser una carga sin saber que lo único que su hermano deseaba de todo corazón era pasar más tiempo con ella.
En el primer taxi que se detuvo se embarcaron Mitsuba y Hijikata. Sougo al estar entre la espada y la pared no tuvo otras opción más que ceder, sin imaginar que el "aburrido" era la única amenaza real que se presentaba en su camino.
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Como era habitual pasaron la noche bebiendo, pero la mirada enojada de Okita fue el centro de atención.
—¿Qué pasa? —preguntó el muchacho de cabello rizado.
El alcohol ya estaba por todo el cuerpo de Sougo, no le preocupaba sacar su verdadero "yo" ante ese grupo, gritarles que eran unos imbéciles y que habían arruinado su noche, hacer un escándalo pateando y rompiendo cosas, pero en lugar de lo que tenía en mente sus compañeros al escuchar sus palabras quedaron desconcertados. Por primera vez había confesado su más profundo y oscuro secreto.
"Estoy enamorado de mi hermana..."
Sougo sintió como el peso sobre sus hombros se volvía más ligero, Gintoki y Tae supieron darle el consuelo adecuado, para el joven fue reconfortante que no lo vieran con asco y por el contrario le dieran ánimo, no estaba seguro si llamarlos amigos o alguna otra derivación de esa palabra, si ellos aceptaban tal cosa, quizás, Mitsuba también lo haría en el momento adecuado.
Kagura por su parte se sentía algo frustrada, por culpa del Sádico sus planes se habían arruinado. La pelirroja sabía que Tae después seis chupitos de tequila se quedaría dormida, y, el chico con ojos de pez muerto tomaría de diez a doce, los necesarios para que no recordará a la mañana siguiente lo que hablarían.
Al final de la noche los únicos en pie eran Sougo y Kagura que entre borrachos y aburridos terminaron haciendo casitas con galletas oblea y pegándolas en los extremos con miel. La pelirroja no recordaba que minutos atrás el "Sádico" y ella estuvieron discutiendo por haberse arruinado los planes mutuamente.
Bienvenidas vacaciones…
Alguien debía arruinar la perfecta relación de los Okita, acepto la responsabilidad. Entiendo que no muchos lo acepten y eso hace que me guste más porque es algo nuevo y diferente, me siento tan revolucionaria :v xD
Respondiendo a sus dudas ¡Obvio hay parejas! Pero sean pacientes pequeños saltamontes. La idea del fic se enfoca más en como las decisiones los protagonistas tiene repercusión en la vida de quienes los rodean.
En fin, si les gusta cómo va esto déjenme reviews. Saluditos.
