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Bajo La Piel.

Chapter IV: Sakata Gintoki.

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Los estudiantes de diseño gráfico que cursaban el primer semestre tras finalizar con la única clase que tenían en el día se dirigieron a la cafetería de la institución. Gintoki no le prestaba atención a la discusión de sus dos compañeros, la que tuvo origen por mencionar cual era el mejor sabor helado, no importaba lo tonto del tema estaban empeñados en discutir mutuamente. Para Sakata era divertido ver lo diferentes que actuaban al estar bajo la influencia del alcohol, únicamente así lograban llevarse bien. Kagura pasaba de una chica divertida, a una que buscaba mimos. Sougo de un Sádico apático, a un chico sentimental.

Antes de que sus nuevos amigos estuvieran a punto de golpearse Takasugi se les unió.

—Oye —habló dirigiéndose al de permanente natural y sin quitar la mirada de la pantalla de su móvil— esa chica del clima que te gusta vendrá a darle una charla a los de periodismo.

—¡Ketsuno Ana! —gritó exaltado— ¡no puede ser vamos a respirar el mismo aire! ¿Cuándo?

—Las inscripciones son hoy, desde las diez hasta las cinco en el Hall principal. Eso debió ser el ajetreó de hace rato —redirigió la mirada a la pantalla de su celular continuando la lectura— hay cupos limitados… blablablá… la charla es mañana a las siete de la tarde.

Antes que Shinsuke se diera cuenta Gintoki ya había salido corriendo de la cafetería, dejando en la silla todas sus pertenencias. En una esquina del Hall había un stand, el cual era atendido por una chica de cabello rubio, lo más sorprendente para él fue notar que no había una larga fila como esperaba, aunque si había una de diez personas, de todos modos se formó detrás de otro joven.

Llegado su turno vio que en el gafete de la rubia podía leerse su nombre "Tsukuyo", una estudiante de segundo año de periodismo.

—La charla es de hora y media, se ofrecerá un Break con bocadillos a las siete cuarentaicinco. Dame tu credencial y te inscribiré —repitió como si se tratara de una grabadora.

El permanentado se lo replanteó, su credencial indicaba el nombre de su carrera "diseño gráfico".

—La perdí, en dos semanas me entregan la nueva —se excusó con una sonrisa nerviosa.

—Te buscaré en el sistema, dime tu nombre —comentó llevando su mirada al laptop.

—No me vas a encontrar. Aparezco con otro apellido en el sistema, mi padre biológico se arrepintió y empezó el papeleo para darme el suyo.

Tsukuyo lo miró anonadada. Hinowa le había dado la oportunidad de conseguir créditos extra, los que necesitaba a toda costa para acceder al programa de intercambio —sin mencionar que ser su ayudante estaba siendo agotador—, pero este chico estaba dificultando innecesariamente su trabajo y de paso poniéndole los nervios de punta.

—Si no me dices tu nombre no puedo hacer nada —sonrió con el mayor autocontrol que pudo— solo… dame tu DNI.

En compañía de Okita y Kagura. Takasugi se acercaba a paso lento observando la divertida escena, sonrió con malicia ¡nadie lo dejaba hablando solo! El "idiota" debía pagar, al llegar a su lado le tiró encima la mochila y su chaqueta.

—No creo que puedas asistir, somos de diseño gráfico —la joven de ojos amatistas, forzó una sonrisa, entrelazó sus dedos evitando que se le escapara algún puño—. Te dejó, tengo que ir a clases y después un viaje.

Sonrió con nerviosismo al notar el enojo de la "amable" chica, sin más palabras hizo una especie de seña a modo despedida alejándose lo más rápido que pudo, estaba ansioso por llegar a casa.

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Gintoki era de esa clase de chicos de los que aparentaba que nada le importaba y sus ojos de pez muerto no daban indicios de otra cosa. Entre bostezos fue hasta su antiguo departamento con la idea de pagar lo que debía, no quería dejar rastros de su morosidad al descubierto, su padre no podía enterarse de que estaba despilfarrando el dinero que le enviaba y no tenían precisamente una buena relación padre-hijo.

Al terminar por fin con la deuda que lo preocupaba regreso a su nuevo hogar. Se encontró solo, lo más probable es que Hijikata hubiese cambiado su turno con alguno de sus compañeros, lo mejor sería empezar con el almuerzo y usarlo como terapia para calmar sus ansias.

Le proporcionaba los toques finales a la salsa bechamel para dar por finalizada la pasta, se llevó a los labios la misma cuchara de madera que utilizó para revolver la mezcla, asegurándose así que el sabor fuese perfecto, autoproclamándose como el mejor chef del mundo, retiró las ollas del gas y apagó el fuego.

Pasaban de las dos de la tarde y el almuerzo estaba listo desde hace más de media hora, los platos sobre la mesa estaban servidos y enfriándose. Frunció levemente el ceño imaginaba que Toushirou no llegaría hasta las nueve, dejo de perder el tiempo esperándolo y tomó su celular.

Inspiró profundo, con el nerviosismo de un niño pequeño que espera la llegada de la navidad, marcó el número para confirmar la cita que tan ansiosamente esperaba desde hace poco más de un mes.

Escuchaba atentamente el característico tono de espera desde la otra línea.

—Hola, papá —se apresuró a decir por culpa de sus nervios.

—¿Qué quieres ahora? —preguntó indiferente.

—Hoy…

—Ya deposité en tu cuenta —lo interrumpió—, no me molestes por tonterías a diferencia de ti estoy ocupado, por cierto, gasto bastante pagando tus estudios y ese piso en el centro, si no empiezas a sacar buenas notas olvídate de esos lujos, vago irresponsable.

Antes que el veinteañero pudiese responder, el mayor cortó la llamada.

En silencio revolvió el contenido del plato, hablar con su padre siempre lo desanimaba.

La fecha marcada en el calendario ya no tenía importancia, a pesar de estar acostumbrado al mal trato de su viejo seguía intentando agradarle, si fuera una persona más cuerda hubiera cortado esa relación hace tiempo. Desde que tenía memoria recordaba el rechazo por parte del hombre, no importaba que tanto se esforzara nunca llegaba a cumplir con las altas expectativas de su papá.

De ahí provenía su interés en Hijikata, aunque no era más que simple curiosidad, si se comparaban eran opuestos en todo sentido de la palabra. Incluso en algo tan banal como el cabello. El de Toushirou era lacio y oscuro como la noche, el suyo que era rizado y de un particular color plata, pero lo que captaba mayormente su atención era el carácter asocial de su compañero, parecía disfrutar estar solo, eso deducía del tiempo que llevaban bajo el mismo techo, las escasas palabras que soltaba siempre eran las justas y necesarias. Esa conducta, ese desapego emocional era el que necesitaba aprender o llegar a entender para librarse del miedo a quedarse solo.

Cansado de esperar fue a ver un poco de televisión, se quedó viendo dibujos animados que no eran dirigidos exactamente a un público infantil.

Sin darse cuenta se había hundido en un profundo sueño. Se veía así mismo tratando de coger la mano de una persona que iba delante de él, pero al mismo tiempo no lograba identificar de quien se trataba. Estaba a punto de alcanzarlo cuando el ruido de la puerta principal lo despertó.

El estudiante de ingeniería le dedicó una mirada inexpresiva al verlo limpiarse rastros de saliva de la comisura de los labios.

—Te estaba esperando, hice el almuerzo —dijo masajeando su dolorido cuello.

Sin prestarle atención fue hasta la cocina por algo de comer eran las cuatro de la tarde y estaba hambriento.

—¡Idiota no me dejes hablando solo! —reclamó, siguiendo sus pasos hasta la cocina— me molesté en hacerte la comida, al menos di gracias.

—Te sangra la nariz.

Sakata rápidamente procedió a limpiarse con la manga de la camiseta.

Toushi unió las piezas fácilmente, no lo juzgaría, él tampoco era una blanca paloma, no negaría que disfrutaba de algunas drogas blandas y de una voluntad fuerte para dejarlas si quería, pero no estaba seguro si aquello aplicaba al muchacho de cabello rizado.

—No es nada, me pasa a veces cuando me va a dar gripe.

Aceptando tan burda explicación metió el plato de espagueti en el microondas, no lo admitiría, pero lucían realmente bien.

—¿Qué quieres? —preguntó fastidiado porque Sakata seguía mirándolo como si buscará algo.

—¿Cómo lo haces? —el garzón alzó una ceja sin entender a qué se refería— ¿Cómo lo haces para pasar de todo?

—No paso de todo, me preocupó de mis estudios, trabajo y de las cuentas que debo pagar. Tú eres el que siempre va despreocupado —no era tan apático como creía, le molestaba que el "flojo alegre" estuviera fuera de sí, y, seguramente se odiaría a si mismo por lo que iba hacer. Introdujo la mano en el bolsillo izquierdo del pantalón— Mañana tengo examen y no quiero tenerte cerca. Te doy mis tickets los puedes cambiar por artículos de la cafetería, no me va mucho lo dulce y supongo que te lo debo por la comida —dijo con indiferencia, el fanático del azúcar no tardo en casi arrancarle los dedos para tomarlos y salir corriendo.

—Gracias —gritó desde la puerta principal.

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Afuera de la cafetería lo intercepto una guapa mujer de ojos azules, cabello castaño y tez blanca. De inmediato cambió su mirada aburrida a una amistosa, ante las delicadas curvas de la señorita y, cayó rendido a sus encantos cuando ella amablemente le invitó un pastelillo.

Gintoki era conocido por ser "amigo" de Hijikata, la diferencia es que el permanentado era más simpático que el garzón, siendo esta la opinión general de los demás empleados.

—¿Eres amigo de Toushirou? —preguntó la mujer mientras él joven disfrutaba su parfait de chocolate.

—No diría exactamente amigos, pero algo así.

—¿Cómo se conocieron? —su interés era demasiado obvio para el joven.

—En una fiesta ¿Cómo es que tú lo conoces? —contratacó.

—Es mi hijo. Sabes, me alegra por fin ver que se lleve bien con alguien más. Es un chico difícil y reacio, sobretodo conmigo, te pido que sigas siendo bueno con él y no le digas que hablamos o seguramente se enojará.

—Bien.

—¿Quieres un pastelillo u otro parfait?

—No gracias, estoy bien.

La mujer pagó la cuenta antes irse del local, una sonrisa en su rostro denotaba lo feliz que le hacía el hecho de saber que su hijo después de tanto tiempo tenía un amigo.

Sakata por su parte marcó el número de Takasugi enterándose de que se había ido de vacaciones con su acomodada familia provocándole cierta envidia, a diferencia de él, Shinsuke tenía un padre estricto que sabía cómo tratarlo y dedicarle tiempo, en cambio Gintoki, desde que tenía memoria recordaba un padre ausente al que le rogaba por un poco de atención, la que por supuesto fue negada, para el hombre era una molestia tener que enviarle dinero e incluso asistir a uno que otro cumpleaños de ese hijo indeseado.

Shinsuke era el único que comprendía y sabía que decir cada vez que tenía una mala pasada con su papá, era un problema que en esos momentos no estuviera en la ciudad. Podría comerse los ocho tickets que le dio Toushi y aún no lo lograría sentirse bien, quería y necesitaba compañía.

Al terminar de comer su postre, fue camino al departamento que rentaban Kagura y Tae, seguramente ellas lo distraerían.

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Tae descansaba en la comodidad del departamento que compartía con Kagura, la pelirroja se había ido durante la mañana para ver a su padre en su ciudad natal y regresaría hasta el lunes por la mañana o, al menos eso fue lo que le comunicó.

Pasaban de las tres de la tarde cuando la muchacha tomó su móvil para pedir una pizza, con algo de suerte le duraría para el sábado. Continuó viendo la tele hasta que alguien llamó a la puerta, le sorprendió por la rapidez de la entrega. No estaba en sus planes encontrarse con Gintoki en la entrada.

—¿Dónde está la pizza? —preguntó sin pensar.

—¿Pizza? ¿Acaso parezco un repartidor?

—Lo siento, pedí una hace rato —chasqueó la lengua— no importa, pasa.

Se sentaron uno junto a el otro en el sofá, viendo un programa de decoración que la tv ya tenía sintonizada de hace un rato.

—Es raro que vinieras si no hay botellas que abrir ¿paso algo?

—Mayora me echo porque "soy ruidoso" y mañana tiene examen, pero mañana es sábado, ningún otro sábado ha tenido clases —arrugó el ceño.

Shimura soltó una carcajada, se le hacía bastante divertido imaginar la situación más aún porque los chicos eran tan distintos en todos los aspectos posibles.

—Cuando me contaste que vivirían juntos, pensé que él pagaría todas tus cuentas para quedarse solo de nuevo, pero sobrevivieron bien todo este tiempo… ¿están saliendo? —lo miró de forma picara.

—¡NO, MALDICIÓN NO! Ahora todo va a tener sabor agrio.

—¿Agrio cómo el sabor que debe dejar la mayonesa mezclada con cigarrillos?

—¡Agh Cállate! Me provocaste nauseas. Como sea, más tarde iré a la fiesta de una compañera ¿quieres ir?

Tae sabía que Kagura tenía sentimientos por Gintoki, no creía correcto salir con él, pero si iba podría evitar que besará o se terminará acostándose con otra chica.

—Con la condición de que vuelvas conmigo.

—Bien, pero yo tengo otra, primero vamos a la casa de Sakamoto y después a la fiesta.

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Shimura no pareció caer en cuenta de que el permanentado se refería a ir primero a emborracharse a la casa de su amigo y más tarde seguir emborrachándose en la fiesta. Por suerte la novia del chico ruidoso era amigable, de otro modo estaría bastante aburrida, todos los presentes eran compañeros y se conocían a diferencia de ella que era un "invitada".

Una chica rubia que en esos momentos era calmada por uno de sus amigos, se alejó de su grupo para ir a encarar a Gintoki y Sakamoto. Mientras los chicos trataban de explicarle a Matako que Shinsuke se había ido de vacaciones, está enojada le tiró su vaso en la cara a Sakata, por ser a quien le pidió que lo arrastrará como fuese hasta la fiesta.

Tae miró cansada la escena llevaban dos horas en la casa de esa muchacha y había visto cosas de lo más insólitas. Bebió lo que le quedaba de su gaseosa de naranja dispuesta a irse. Gintoki no parecía ser del tipo "cazador" que iría tras cualquier chica borracha, por eso le daría un punto a su favor y lo dejaría pasar el tiempo con sus amigos.

Shimura se vio obligada a ir al baño tras haber ingerido tanto líquido, aprovecho de arreglar su cabello y retoco su brillo labial. Cuando salió Sakata la esperaba afuera. No estaba segura cuanto tiempo estuvo dentro, pero él se encontraba en un estado casi deplorable, su camiseta goteaba por todas partes, se tambaleaba y sus ojos estaban completamente rojos, no había duda que había estado fumando, pero no lograba explicarse porque estaba mojado.

—Nos vamos —sentenció la castaña.

Sakamoto y Katsura los acompañaron a tomar un taxi, meter a Sakata en el interior del vehículo fue casi imposible, era peso muerto.

Cuando el taxista le preguntó la dirección esta cayó en cuenta que no sabía dónde vivían Hijikata y Gintoki. Llamó a Toushirou un par de veces, pero tenía el celular apagado, después de todo, si parecía tener planes.

Fue un viaje largo hasta su departamento, el ascensor fue la parte más difícil cuando él joven de cabello plateado cayó sentado. Tae no lograba levantarlo, obligándose a ir por el guardia de seguridad para que la ayudase a llevarlo hasta su puerta, el hombre acudió enseguida, pero no sin antes enviarle miradas reprobatorias a la joven pareja.

El veinteañero con los escasos momentos de lucidez que tenía a ratos, reconoció de inmediato el lugar y se acostó cómodamente el sofá.

—¡Despierta idiota! Mojarás todo. Sácate la camiseta o lo haré yo.

—Oye, oye no sabías que eras tan directa —contestó arrastrando las palabras y sin hacer el más mínimo caso.

—Estoy enojada contigo y me lo cobraré mañana sin falta. Hoy no parecías tú mismo, era como si estuvieras en plan de autodestrucción personal ¿Paso algo?

—No quiero hablar de eso.

—Como quieras, pero si no te sacas la ropa mojada te vas a enfermar. Te traeré unas mantas.

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Tae se levantó a las diez de la mañana, fue a ver como seguía su amigo y se sorprendió al verlo con una expresión angelical en el rostro, sus jeans estaban algo bajo por el lado derecho, no pudo evitar soltar una sonrisa al distinguir estampados de fresas en su ropa interior. Recogió las mantas que estaban en el suelo con la intención de cubrirlo, pero el sonido del la puerta principal abriéndose le provocó a la castaña un sobresalto, por lo que dejo caer las frazadas encima del hombre, dejando al descubierto su desnudo torso.

—Kagura, creí que llegarías hasta el lunes —la pelirroja vio el cuerpo que descansaba en el sofá, sospechando que él fuese el causante de que su amiga no hubiera querido ir a ver su familia— ¡Espera no es lo que parece!

—No necesitas decir nada —con un nudo en el estómago, arrojó su mochila al suelo.

—¡Kagura, espera!

Sin escuchar palabra alguna azotó la puerta a su espalda y salió corriendo sin rumbo fijo. No solo se sentía traicionada por su padre ahora también por su mejor amiga.


Hola. Me gustaría que leyeran esto para entender algo, no digo que sea lo correcto, solo una referencia de un artículo que leí cuando todavía ni se me ocurría empezar a escribir esta historia xD

Hay algo que se llama trastorno reactivo del apego. Se desarrolla de dos maneras. Puede manifestarse en la forma de una persistente incapacidad para iniciar o responder a la mayoría de las interacciones sociales de una manera apropiada para el desarrollo, conocida como la forma «inhibida», o manifestarse como una sociabilidad indiscriminada, como es el caso de una excesiva confianza con extraños y que es denominada como forma «desinhibida».

Tomé eso como referencia para Hijikata y Gintoki, no quiere decir que lo padezcan porque eso se debe tratar en los primeros años de vida, pero me llamó la atención y quise "usarlo", en este fic se supone que ambos sufrieron en su infancia un episodio que los llevo a ser las personas que son. El trauma de Hijikata pudo llevarlo a ser un tanto "inhibido" y el desprecio del padre Gintoki lo obligó a ser "desinhibido". XD

y eso poh :v

Espero que el capítulo haya sido de su agrado y no se olviden de comentar :v

Saluditos :3