Buenas noches!
Quiero comenzar agradeciendo a las personas que se han interesado en éste y en mis otros proyectos. Para mí, que no tengo una gran formación en literatura, es muy importante haber logrado que por lo menos una persona disfrute de lo que escribo.
Sin más que decir, espero que disfruten el capítulo y no olviden dejar sus comentarios! \(^-^)/
Shinichi se sentía un idiota, sentado en el sofá de su casa, con su computadora delante y unas 15 pestañas de navegador abiertas en sitios que indicaban todo tipo de ideas, desde las más normales hasta las que rozaban el acoso, para seducir a una mujer.
Jamás había visto tantas estupideces juntas en un solo lugar. Al menos un tercio de sus neuronas debían haber muerto desde que había comenzado a leer esto. Y no habían pasado más de 30 minutos.
Varias veces se preguntó si valía la pena realmente. Periódicamente, su imaginación colorida le traía a la mente la foto que Sonoko le había enviado de Ran en traje de baño un tiempo atrás, pero con un poco menos de tela. Eso era suficiente para que se tragara su sentido común y su dignidad y siguiera con su titánica tarea.
Por ello, luego de una hora más de investigacion, terminó con una lista más o menos decente de cosas que podrían funcionar. O eso esperaba.
Estaba limpiando toda la evidencia, por si alguien decidía husmear en su computadora, cuando su teléfono sonó.
- ¿Hola?
- Shinichi, ¿Estás ocupado?
- ¿Ran? No, ¿Qué ocurre?
- Papa está resolviendo un caso y bueno... creo que ya puedes imaginarte que pasa ... pensé que podría no hacer el ridículo esta vez pero, ¿Podrías venir y darle una mano?
- Claro, envíame un mensaje con la dirección, iré lo más pronto posible.
- No te imaginas cuanto te lo agradezco, trataré de evitar que meta la pata hasta que llegues.
- Estaré allí en un rato, cuídate.
Parecía que el destino le estaba sonriendo. Podría poner en marcha su plan inmediatamente.
Tomó la lista que había redactado, y que escondería en el lugar más recóndito de su casa para que jamás llegara a las manos equivocadas, y releyó los primeros renglones.
1) Viste bien, pero sin exagerar.
2) Usa perfume, según fuentes poco fiables, a las chicas les gustan las cosas que huelen bonito.
Parecía algo relativamente sencillo.
Subió a su habitación y se decidió por un par de jeans y una camisa negra. Algo sencillo, pero bastante normal. Luego, se coló en la habitación de sus padres y se puso un poco, apenas unas gotas, de la colonia que su madre le había regalado a Yusaku en navidad, y que él solo usaba cuando la había liado con ella, antes de invitarla a cenar. Eventualmente, tendría que comprarse una, si funcionaba.
Sintiéndose listo para salir, tomo sus llaves y su teléfono y se dirigió hacia donde Ran debía estar volviéndose loca evitando que su padre arruinara el caso. Por suerte, lo que sea que hubiese ocurrido, porque estaba tan nervioso que no se había ni molestado en preguntar cuál era el problema, había acontecido a unas pocas calles de su casa.
En el camino, aprovecho cada cristal o espejo para revisar como se veía, acomodarse la camisa o intentar peinar sutilmente los mechones de cabello que Yukiko no había podido dominar ni cuando era un crío.
Cuando encontró la casa, sutilmente rodeada por patrulleros y policías, suspiró e intentó entrar en su "modo detective". Saludó a los oficiales que estaban en la puerta y entró a la casa. Allí vio al inspector Megure junto a Takagi, hablando con una señora regordeta que tenía pinta de ser la ama de llaves. También encontró a Ran, que apenas notó su presencia corrió hacia él.
- ¡Shinichi! Muchas gracias por venir... ¿Dónde estabas?
Ella lo miró de arriba a abajo, con una clara mueca de confusión grabada en su rostro.
- En casa, ¿Por qué preguntas?
- Porque no estás usando tu ropa de siempre, y te pusiste perfume, ¿No?
- Ah, eso... ¿Te molesta?
- No, pero es... extraño.
Shinichi se encogió de hombros, incómodo. No había pensado que quizás la persona que lo conocía desde los 4 años podría notar que había algo raro con él. Menudo idiota.
- ¡Kudo-kun! ¿Qué haces aquí?
Por suerte, Megure se acercó a él y comenzó a hablarle del caso, agradeciéndole por haberse presentado, dado que, al parecer, Kogoro no estaba siendo de mucha ayuda.
El joven detective, a partir de ese momento, se olvidó totalmente de cualquier asunto que no estuviese relacionado con el homicidio del dueño de la casa. Fue por eso que no noto la expresión de preocupación de Ran.
En sus 13 años de amistad, la joven Mouri jamás lo había visto molestarse por cómo se veía, mucho menos se le hubiese ocurrido que el usaría alguna cosa tan banal como una fragancia claramente costosa para ir a resolver un crimen. Se sintió un poco decepcionada. Él solo se vistió de esa manera cuando la llevó a aquel restaurante lujoso, la misma noche que la dejó plantada luego de resolver un caso.
Y ahora se veía demasiado bien, con los jeans resaltando los lugares correctos y la camisa lo suficientemente ajustada como para que ella notara que, después de volver a su cuerpo, había estado ejercitando regularmente, lo cual también le parecía fuera de lo normal.
Pero se guardó sus inquietudes, pensando que podría preguntárselo más tarde, o que quizás la sorprendería y la invitaría a salir cuando terminaran.
Pero el caso resulto siendo más complicado de lo que parecía. Había una cadena de muertes sin culpables tachadas como suicidios por la policía y que habían sido orquestadas por el mismo criminal. Claro que eso no era un problema para Shinichi, que resolvió el misterio en un par de horas. Pero las esperanzas de poder salir juntos fueron pisoteadas por Megure, que se llevó a rastras a Shinichi a declarar y completar unos papeles, antes de que pudiera siquiera despedirse.
Ran entonces volvió a su casa junto a su padre, que todavía despotricaba contra su novio por haberle arruinado el momento de gloria.
Apenas llegaron, se dispuso a cocinar la cena, aún en silencio.
- ¿Qué te ocurre, Ran?
La repentina pregunta la sorprendió. Kogoro acababa de apagar el televisor y se acercaba a ella, con el ceño fruncido.
- ¿Ah? Nada, ¿Por qué preguntas?
- Normalmente me dices que deje de ser tan grosero con el mocoso, ¿Acaso te hizo algo?
Ran lo pensó un segundo. Ciertamente, él no había hecho nada malo. Pero últimamente, parecía demasiado tenso cuando estaba con ella. Creía que él sería un poco más osado luego del suave beso que compartieron, pero después de eso, ni Shinichi ni ella habían hecho ningún movimiento para avanzar en su relación. Y, aunque sabía que él la quería, no podía evitar sentir que quizás, la atracción que tenía para con ella no involucraba el deseo físico.
Claro que no podía decirle a su papa que lo que le preocupaba era que el chico que el detestaba no le pusiera las manos encima sexualmente hablando.
- No, estamos bien... o eso creo.
- Quieres hablar de eso?
- Papá, lo odias, ¿Por qué quieres que hablemos de él?
- Lo sé, pero si quieres que te escuche, puedo aguantarlo.
Ella suspiró. Supuso que descargar un poco sus inquietudes no haría daño.
- No peleamos, pero esta algo distante en estos últimos días... parece que todo el tiempo está pensando en otra cosa y me preocupa que le ocurra algo y no quiera decírmelo.
- ¿Todavía tiene pesadillas con esos sujetos de negro? Quizás no está descansando bien.
No había analizado esa posibilidad. Tal vez Shinichi aún estaba sintiéndose perseguido por los fantasmas de la Organización, como lo estuvo durante su tiempo en el hospital, cuando se despertaba por las noches aterrorizado y gritando su nombre.
- Dijo que estaba mejor, pero podría haberlo dicho solo para tranquilizarme. Es un poco molesto que siempre este protegiéndome, ya no soy una niña.
- Lamento decirte que es lo único en lo que concuerdo con él.
- Pero, ¿Por qué?
- Porque eres demasiado dulce, Ran. Y el chico ya ha visto cosas demasiado oscuras para tus ojos.
Ella no respondió. Tenía muchas preguntas y pocas respuestas, algunas de las cuales sabía que Shinichi no respondería, o por lo menos, no con la verdad. Conan no había arruinado su situación como pareja y amigos, pero la había hecho mucho más consciente de lo buen mentiroso que era, o lo ingenua que ella podía llegar a ser.
Él jamás le habló realmente de lo que ocurrió el día en el que dieron el golpe decisivo a la Organización, y aunque ella estuvo empecinada durante un largo tiempo en que alguien, ya fuese Shinichi, Heiji, el mismísimo Kaito Kid, algún agente del FBI, la CIA, la policía metropolitana o el Departamento de Seguridad Nacional, absolutamente nadie había abierto la boca respecto a porque Shinichi casi murió esa noche, ni cómo fue que escapó de la explosión que destruyó la base operativa de aquellos criminales. Solo sabía que una noche Heiji la llamó por teléfono desesperado, gritando que Kudo había sido muy mal herido y que se estaba desangrando en el hospital. Luego, cuando estuvo a salvo de las garras de la muerte, él mismo le contó que Haibara había logrado darle el antídoto justo a tiempo, antes de que volviera a ser Conan, porque aquellas heridas hubiesen matado a un niño normal.
Pero, pese a todas las cosas que le ocultaba, a sus heridas y a los fantasmas que llevaba con él, ella lo amaba. Y no estaba dispuesta a perderlo de nuevo.
Después de cenar, y unos minutos antes de acostarse a dormir, decidió escribirle un mensaje.
"Espero que hayas llegado bien a tu casa y puedas descansar. Quería que hiciéramos algo juntos, pero creo que el inspector Megure me ganó de antemano. Buenas noches, te quiero."
Unos instantes más tarde, su teléfono vibró, y leyó el texto recién llegado rápidamente.
"Hace 5 minutos, aunque ya estoy por irme a dormir, estoy muerto de hambre, pero no hay nada en el refrigerador. Me gustaría que estés aquí, extraño tu comida, ¿Sabes? Lamento que no hayamos podido pasar tiempo juntos hoy. Tengo unos asuntos que resolver mañana después de la escuela, pero si todo sale bien debería desocuparme antes de que termines tu práctica de karate, así que si quieres que te acompañe a tu casa y salgamos juntos, soy todo tuyo. También te quiero, buenas noches"
El sueño encontró a Ran abrazando el móvil contra su pecho, y con una gran sonrisa en los labios.
