Buenas noches a todos!

Tengo que decir que hace un par de días que tenía listo este capítulo, pero por algunas cuestiones no pude publicarlo antes y anoche hice un par de modificaciones de último momento. Es bastante tarde ya, y acabo de terminar de editarlo, así que sepan disculpar si se me paso algún errorcillo por ahí.

Espero que lo disfruten y no olviden dejar sus comentarios!

- Nee, Shinichi, despierta.

Su suave voz lo sacó lentamente de su ensueño. Sabía que ella estaba sentada a su lado, por el peso extra en el colchón.

- Mh... Ran... 5 minutos más.

- Vamos, Shinichi... levántate, ya es tarde.

Ella comenzó a revolver con suavidad su cabello, enredando las hebras oscuras entre sus dedos. El detective gimió de placer y se acurruco en su regazo, abrazándola por la cintura.

- ¿No podemos quedarnos así todo el día?

- Bueno, parece tentadora tu idea... aunque tengo una condición.

- ¿Y sería...?

- Quiero un beso.

Shinichi abrió los ojos pereza y se sentó, antes de inclinarse y rozar sus labios con los de ella.

- ¿Eso es suficiente?

Su sonrisa, tan cercana a la de ella, se volvió más amplia cuando escucho el mensaje implícito en la voz de su novia.

- Averígualo, Tantei-san.

No perdieron ni un segundo antes de fundirse en un beso mucho más profundo. La cabeza de Shinichi daba vueltas, perdida en ella y todas las sensaciones que le provocaba. Pronto se encontró con aquella preciosa mujer bajo su propio cuerpo y no pudo evitar mirarla embelesado.

Su cabello esparcido sobre la almohada, sus mejillas sonrojadas, sus labios hinchados, sus pechos subiendo y bajando con su respiración agitada, apretándose deliciosamente contra su torso. Shinichi no podía creer la suerte que tenía, con aquella joven tan bonita y dulce, encerrada entre sus brazos, solo para él.

- ¿Tengo algo en la cara?

Había estado inmóvil unos momentos, admirándola abiertamente, y no pudo contener las palabras que salieron de su boca.

- Eres hermosa, Ran... te amo.

La última frase fue apenas un susurro, pero eso fue suficiente como para que ella lo oyera.

- También te amo, Shinichi.

Debería agradecer que no estaba sufriendo de una hemorragia por el aumento de presión en su sangre. Sobre todo cuando Ran lo besó sugerentemente en la mejilla y habló suavemente a su oído.

- Ya no lo soporto más, por favor, tócame.

Enfatizó su deseo empujando su cadera contra la del chico, que contuvo un gemido en su garganta.

- Shinichi...

Suspiró su nombre, mientras él, ya cegado por el deseo en sus venas, comenzaba a colar su mano por debajo de su camiseta.

- Shinichi, date prisa...

Las puntas de sus dedos estaban acariciando el borde de su sujetador.

- Ya despierta...

- ¿…Qué?

- ¡QUE DESPIERTES DE UNA VEZ, MALDITO FRIKI DE LOS MISTERIOS!

Se sentó de un tirón en la cama cuando sintió las frías gotas de agua atacar su rostro. Lo primero que vio fue la expresión de molestia en la cara de la mujer de sus sueños, pero que ahora en lugar de estar gimiendo de placer, acababa de atacarlo con un rociador.

- ¿¡Qué mierda estás haciendo!?

- Llevo 15 minutos como una tonta intentando despertarte mientras todo lo que dices es "Ran, Ran, ...", date prisa o llegaremos tarde a clase.

Ella salió del cuarto con un bufido y él se volteó boca abajo, para que la almohada pudiese ahogar su grito de frustración. Ahora tendría que elegir entre desayunar tranquilo o darse una ducha bien helada para que algunas partes de su cuerpo se calmaran. No era la idea más atrayente ir a zaparse una tostada frente a su novia con un pequeño-no-tan-pequeño problema entre las piernas, y se dirigió al baño que se encontraba al lado de su habitación, con cuidado de no cruzarla en el camino.

Se quitó la ropa rápidamente y se metió de lleno bajo el chorro de la regadera. Se le congelaron los huesos, pero estaba más despierto, y bastante menos "emocionado". Suspiró, apoyando la frente en la pared de la ducha. Si esto seguía así, iba a morirse, o a pasar la peor vergüenza de su vida en un lugar público, muy probablemente. Quería quedarse encerrado en su baño hasta que su cuerpo se calmara y se hiciese inmune a sus deseos pervertidos, pero sabía que eso no era posible.

En 5 minutos, ya estaba vestido y frotando su cabello con una toalla, mientras pensaba en como continuar con su plan. Rememoró los siguientes pasos, escritos en la lista que escondía en la mesa de noche junto a su cama.

3) Se amable y atento con ella.

4) Acércate casual y sutilmente, toma su mano, abrázala o cosas así.

Había empezado mal, si consideraba el alboroto que habían armado unos minutos antes. Y aunque su relación era constituida en una buena parte por discusiones tontas como esa, y rara vez conducían a cosas peores que un puchero o un permiso para ignorarse por un par de horas, no perdía nada intentando ser un poco más suave con ella.

Bajo las escaleras aun pensativo. Ran estaba en la cocina, terminando de servir el café. Era una buena oportunidad. Se acercó lentamente y la abrazó por detrás.

Claro que no esperaba que ella se asustara y dejara caer un poco del líquido caliente que, por azares del destino, fue a parar a su mano. Shinichi contuvo el grito de dolor y la soltó al instante. Ran, sin perder tiempo, abrió el grifo y puso la mano de su torpe novio bajo el agua fresca.

- ¿¡Eres idiota!? ¿¡En qué estabas pensando!?

- Yo... no sé... lo lamento.

El joven detective no creía que podría haberla cagado tanto en menos de una hora. Primero le había gritado por despertarlo y después le pasaba esto. Y todo porque no podía controlar sus estúpidos impulsos de adolescente.

Mientras Shinichi continuaba enfriando su mano, Ran buscó una crema para quemaduras y una pequeña venda en el botiquín del baño. Volvió a su lado lo más pronto posible. Él ya había cerrado la canilla y se encontraba inspeccionando la zona enrojecida, maldiciendo su mala fortuna.

- Déjame ayudarte.

Shinichi le permitió observar la piel dañada y ella la examinó con cuidado. Si bien había sido solo un poco, el líquido debía haber estado bastante caliente. Tenía un parche de piel rojiza en el dorso, que probablemente le molestaría por un par de días. Ran se sintió culpable, después de todo, ella fue quien le tiró el café encima, y para colmo, le había gritado por ello.

- ¿Te duele mucho?

- No, fue solo un momento, no te preocupes.

- Lo siento.

Shinichi la miró sorprendido.

- ¿Por qué? Fui yo el tonto que te asustó, fue mi culpa.

- No, fui yo la que te lastimó y aun así te grite injustamente... lo siento mucho.

Definitivamente, y aunque no le gustaba admitirlo, Vermouth tenía razón. Ran era un ángel. Y tal como Kogoro le dijo el día que formalizó su relacion con su mejor amiga, no la merecía.

Con mucho cuidado, ella comenzó a esparcir la medicina sobre la herida, mientras notaba los pequeños espasmos que él trataba inútilmente de ocultar.

- Te está doliendo.

- Solo un poco, yo...

Levantó la vista y notó las lágrimas que se estaban formando en las esquinas de sus ojos violáceos.

Cuando ella termino de vendarlo, las pequeñas gotas comenzaron a resbalar por sus mejillas. Ran las secó torpemente con sus manos, mientras seguía pidiéndole disculpas. Pero continuaba llorando y Shinichi no pudo soportarlo más.

Suavemente la empujó hacia él, tomándola por la cintura, y la abrazó. Dejo que ella hundiera su nariz en el hueco de su cuello, algo que siempre hacia cuando estaban tan cerca el uno del otro, y apretó su mejilla contra la coronilla de su cabeza, suspirando.

- Escucha, no tienes la culpa de nada, ya pasó... si alguien tiene que disculparse, soy yo por hacerte sentir mal.

- Pero tú...

- ¿Me perdonas? No solo por esto... sé que soy un tonto fanático de los casos y todo lo que dices siempre, pero prometo intentar hacerlo mejor.

Shinichi, antes de ser Conan, jamás se había planteado que quizás no era tan buen tipo como pensaba. Después de regresar a su cuerpo, intentó corregirse. Trató de ser más humilde y, sobre todo, pensar en los sentimientos de los demás. Pero por alguna causa, sentía que con Ran seguía siendo el mismo cretino de siempre, por mucho que intentara demostrar que había crecido.

Ella sentía la inseguridad en sus palabras, y supo que ya no estaban hablando del accidente, sino de algo más importante para él. Sabía de sobra que él era un poco torpe para demostrar sus sentimientos, y, aunque Ran jamás se mostró molesta por eso, parecía ser que él lo veía como un problema para ella.

- Jamás te dejaría cambiar lo que eres solo porque crees que me haría feliz, me gustas tal y como estás, tonto friki de las deducciones.

Ella siempre estaría allí. Sin reclamar nada, sin pedir nada a cambio. Lo esperó fielmente durante un largo tiempo, lloró por él, perdonó sus mentiras. Estaba molesto consigo mismo, por no poder demostrar correctamente todo lo que ella provocaba en él, mientras Ran disipaba a cada segundo, por cada poro de su cuerpo, el amor que sentía.

La apretó más contra su cuerpo, y decidió que mientras ella lo quisiese a su lado, seguiría intentando transmitir sus sentimientos, incluso si podía no salirle del todo bien. Porque ella valía la pena todo el esfuerzo. Porque siempre se había tratado de hacerla sonreir.

Abrumado por sus propios pensamientos, se inclinó y encontró sus labios a mitad de camino. Fue una sensación parecida y a la vez, totalmente diferente a la que había experimentado en su sueño. Quizás porque si se trataba de ella, no importaba la ocasión, siempre era maravilloso.

Llegaron a clase justo a tiempo. Corrieron todo el camino, tomados de las manos y riendo como niños. Si no fuese porque tenían que ubicarse en sus asientos, no la hubiese soltado nunca.