Tres horas.
Tres malditas horas fue lo que tardo en librarse de la "Liga Juvenil de Detectives".
Los niños habían corrido de un lado a otro arrastrando a Ran y Shinichi, quienes tuvieron que intentar ganar un oso para Ayumi, compraron helados para los tres, un par de bocadillos más para Genta y Mitsuhiko se encaprichó con un lapicero con tinta invisible, lo que les llevo unos cuantos intentos más en dos o tres juegos tontos. Aun así, todos parecían haberse divertido mucho, excepto el joven detective.
Shinichi dejó al grupo infantil en casa de su vecino y lo único que quería era acostarse en su cama con su novia, abrazarla y echarse una siesta. Quizás si tenía suerte, podría besarla un poco y recostar su cabeza en aquellos pechos que parecían tan suaves y cómodos.
- ¿Qué diablos te pasa?
Tuvo un escalofrío. Ella sonaba terriblemente molesta. Se volteó para verla todavía parada en el recibidor y con una expresión que podría aterrar a cualquiera.
- ¿A que te refieres?
- ¡Te has comportado como un cretino toda la tarde!
- ¿Qué? Yo no he hecho nada.
- Has tenido esa cara de niño con berrinche desde hace horas, no sé cómo ellos no lo notaron.
Shinichi había soportado todo el paseo porque pensaba que Ran no era consciente su molestia y la estaba pasando bien con los pequeños. Pero si realmente estaba al tanto de su estado de ánimo, y aun así no lograba entenderlo, las cosas cambiaban un poco.
- Quizás si lo hubiesen notado no habrían interrumpido nuestra cita.
Hizo aquel comentario en voz baja, más para sí mismo que para ella, pero claramente lo había escuchado.
- ¿Que? ¿En serio fue eso lo que te molesto? Tú los trajiste, te recuerdo.
Shinichi se desesperó, estaban peleando de nuevo y todo había salido mal.
- Yo no quería, lo único que pretendía era pasar la tarde contigo tomando una maldita taza de café y terminé golpeando cocodrilos con un martillo de goma por veinte minutos, tirando 23 balones de basketball a un jodido aro a veinte metros, caminando en círculos para conseguir una anguila asada con salsa de no sé qué y más cosas que ciertamente no tenía las más mínimas ganas de hacer.
- Si tanto te jodía podías haberlos dejado conmigo y te ibas a tu casa.
- ¡No quería irme, quería estar a solas como una pareja normal! No puedo ni pensar en acercarme a ti que ya todo el mundo está mirándonos para ver qué hacemos ¿No ves que siempre hay alguien en medio? ¡Si no son los niños, es tu padre, o los míos, o la policía, o algún idiota que cree que es un buen día para matar a alguien con un truco ridículamente elaborado!
- ¿Cuál es tu problema entonces? ¿Que no hayamos estado solos? ¿Que la gente te vea conmigo y sepa que estamos saliendo?
- ¿De donde sacaste eso? ¡Ran, por favor, piensa un minuto lo que estás diciendo, menudas tonterías que tienes en la cabeza!
La última sílaba resbaló de sus labios justo antes de que entendiera que se había pasado de la raya.
- Creo que será mejor que me vaya casa.
- Ran, por favor...Sabes que no quise decir eso, yo ...
- No importa, Shinichi... mañana no me esperes, me iré a dormir a casa de Sonoko.
Ella se fue golpeando la puerta y con los ojos llenos de lágrimas. No podía entender la razón por la que Shinichi estaba actuando tan extraño a su alrededor. Rápidamente regresó a su casa, recogió sus cosas y volvió a salir, esta vez rumbo al hogar de su amiga. Agradeció que su padre no estuviese en casa, puesto que no tenía el humor suficiente para lidiar con él.
Sonoko la recibió y al instante supo que algo andaba mal. Ambas se sentaron en su habitación y Ran comenzó a contarle lo que había ocurrido en los últimos días, desde el asunto del perfume hasta lo de la feria. Sonoko la escuchaba atentamente, intentando conectar todos los hechos con lo que había notado ella misma aquella mañana.
- Entonces, en resumen... ¿Shinichi-kun repentinamente se ha estado tomando el trabajo de preocuparse por su apariencia, está actuando de forma extraña y ahora crees que él no quiere que los vean juntos actuando como pareja?
Ran asintió en silencio.
Sonoko intentó asumir su papel como "Reina de la Deducción". Y como podía esperarse, llego a la conclusión equivocada.
- Ran ... odio ser quien te diga esto, pero... ¿Estás segura de que no hay nadie más?
La chica Mouri perdió todo el color en su rostro al escucharla.
- ¿Qué?
Para Sonoko tenía sentido. Shinichi había intentado avanzar con Ran pero como no tuvo buenos resultados, optó por buscar a alguien más que pudiese con sus necesidades físicas. Por eso el cambio de ropa, la actitud anormal, la negación a que los vieran en público, incluso quizás había estado mirando los pechos de Ran para compararlos con los de la tercera en cuestión. Claro que, en su exposición de su deducción, Sonoko omitió la última parte, pues no era para nada agradable tener a tu novio engañándote con otra y comparando sus físicos.
Ran no podía creerlo. Habían luchado tanto para estar juntos que se negaba a pensar que él sería capaz de algo así. Pero últimamente peleaban todo el tiempo, y quizás era él intentando sacarla de quicio para no terminar la relación por sí mismo y no lastimarla más. Quizás estaba cansado de ella, pero no sabía como decirlo. Eso sonaba como algo que Shinichi podría hacer.
- ¿Qué hago, Sonoko? No quiero perderlo...no de nuevo.
La pobre castaña comenzó a llorar amargamente. Sonoko se prometió a sí misma castrar con una pinza al maldito Kudo por el dolor que le estaba provocando a su mejor amiga. Pero primero, si Ran lo quería, haría lo posible para mantenerlo con ella, podía dejarlo eunuco después, cuando ella se diese cuenta de que había mejores peces en el mar que aquel friki imán de muertos.
- ¿Dijo algo sobre la fiesta?
- Quedamos en que me acompañaría, pero ahora...
- No, van a ir juntos y vas a verte tan malditamente bien que no va a volver a siquiera pensar en mirar a alguien más.
- Pero...
- Pero nada, mañana iremos de compras después de clases. Te prometo que Shinichi-kun no podrá sacarte las manos de encima, y si no funciona, seguro que encontramos a alguien que realmente te merezca.
Ran insistió. Sonoko también. La chica Mouri terminó por rendirse, y le siguió la corriente. Había pocas posibilidades de que las cosas pudiesen empeorar aún más.
Al día siguiente, ambas se despertaron con el sonido de la alarma del móvil de Ran. Ella lo miró, esperando ver algún mensaje de Shinichi, pero se sintió decepcionada cuando encontró su buzón tal y como estaba el día anterior. Aunque no tuvo tiempo de pensar en ello demasiado. Era el día especial de Sonoko y por ello, cuando ambas bajaron a desayunar, las llenaron de dulces y pasteles, además de los buenos deseos para la agasajada.
En el camino al instituto, Ran no podía parar de morderse los labios, porque estaba extremadamente nerviosa de encontrarse con Shinichi después de su desastrosa cita y de descubrir que muy probablemente alguien más era objeto de su atención, o eso creía. Sonoko le dio un discurso de lo que debería hacer cuando lo viese, asegurando que él intentaría hablar y remediar las cosas, esperando que ella misma terminara su relación.
Shinichi, por su parte, llegó tarde a clase, con claras señales de que su noche había sido una completa mierda. Durante toda la mañana, Ran sintió sus ojos clavados en su nuca, inquietándola todavía más.
Al comenzar el periodo para el almuerzo, él se acercó a ella de inmediato. Ran pudo ver con más claridad las manchas oscuras bajo sus ojos y su clara expresión de agotamiento. Realmente dudaba que hubiese dormido más de media hora por la noche.
- ¿Podemos hablar un minuto?
- Si, claro...
Ambos caminaron hacia la azotea. Sabían que ese lugar no era frecuentado a esas horas. Era su lugar preferido cuando decidían pasar tiempo a solas, pero, en donde solía estar la calidez y comodidad de estar con la persona que amaban, ahora había un claro silencio que les revolvía el estómago.
El chico apoyó los codos en el barandal, mirando hacia el horizonte y suspirando. Hacía mucho tiempo que no se veía tan perseguido y agotado.
- ¿Tienes pesadillas de nuevo?
- No quiero hablar de eso...
Él no tenía el valor para decirle que en su sueño, luego de su discusión, ella era secuestrada por los restos de la Organización Negra y ultrajada de las formas más horribles y escalofriantes delante de sus propios ojos. Pero Ran creyó que quizás él estaba ocultando algo.
- ¿De qué querías hablar entonces?
- Lo siento... no sé qué me está pasando, pero no puedo parar de arruinar todo una y otra vez, no mereces que te trate como lo hago.
Ella quería llorar. Aun si él en realidad pedía disculpas por su comportamiento extraño, ella lo tomó como una confesión implícita de su supuesto engaño. Después de unos segundos de silencio, él iba a seguir hablando, pero Ran no pudo contenerse y lo interrumpió.
- No quiero perderte, Shinichi... te quiero tanto que yo...
Se cubrió la boca y cerró fuertemente los ojos mientras intentaba contener el llanto. No era la respuesta que él esperaba. Ran era ciertamente, una persona sumamente sensible, que lloraba fácilmente, pero en los últimos días, la mayor causa de sus lágrimas había sido el mismo y sus estúpidas ideas. Suavemente se giró hacia ella y la abrazó con fuerza.
- También te quiero, Ran...
Permanecieron así hasta que ella se recompuso. Él seco sus lágrimas y besó su frente cuando ella se separó lo suficiente.
- ¿Estamos bien ahora?
Él rio ligeramente.
- Claro que sí, tonta... además, te prometí que iría a la fiesta de cumpleaños de Sonoko mañana contigo, ¿No?
El timbre que marcaba el final del almuerzo sonó. Volvieron a clase y, cuando Suzuki vio el brazo de Shinichi firmemente envuelto en la cintura de su amiga, supo que la primera parte de su plan había salido bien.
La segunda fase fue un poco más complicada. Después de clase, ambas adolescentes pasaron horas en el centro comercial mirando vestidos. Ninguno las convencía, y Ran sugirió unas mil veces rendirse y usar alguna de las prendas de su armario. Sonoko la ignoró abiertamente hasta que, en una pequeña tienda, encontró lo que buscaba. Ran se negó con vehemencia al verlo. Era demasiado sugerente para ella. Pero su compañera no paro de acosarla hasta que entró al probador con la pieza de tela roja en sus manos.
La morena se miró al espejo y se sonrojó. El traje tenía un escote muy marcado, que resaltaba su busto, aun sin mostrar demasiado. Abrazaba elegantemente su figura y la falda asimétrica caía un poco más suelta, de forma que de un lado rozaba su rodilla y del otro, se ajustaba a la mitad de su muslo. Le encantaba como se veía, pero el pensar llevar algo tan provocador delante de otras personas la cohibía un poco. No quería ni imaginar lo que podría pensar su novio.
Sonoko la animó a mostrarle como le quedaba y se rehusó a salir del local hasta que Ran lo compró.
- No puedo ponerme esto, ¿Qué va a decir mi padre si me ve?
- Tu padre no va a ver nada porque estará muy ocupado disfrutando la cena que se ganó por teléfono esta mañana.
- ...No lo hiciste ...
- Claro que sí... no voy a permitir que ese bastardo de Kudo te ponga las manos encima a menos de que esté segura de que se arrepiente de lo que hizo.
- Pero, ¿Y si no hizo nada malo y le ocurre algo pero no quiere o no puede decirlo?
- Confía en mí, Ran, sea lo que sea, mañana lo tendrás pidiendo perdón de rodillas.
Sin importar lo que dijera, no podía dejar de pensar que algo no iba a salirles del todo bien. Intentó ignorar el sentimiento, que quedó oculto tras la voz de Shinichi cuando la llamó después de la cena para saber cómo había ido su tarde y desearle las buenas noches.
Espero que hayan disfrutado el capítulo, muchas gracias por leer y no olviden dejar sus comentarios! (^-^)/
