Ran se levantó temprano. Aprovechó para limpiar el departamento y la oficina mientras Kogoro todavía dormía. Quería terminar con sus tareas temprano para tener tiempo de prepararse con tranquilidad. Para el mediodía ya había dejado los pisos brillantes, las ventanas relucientes, había quitado el polvo de los muebles y estaba comenzando con el almuerzo, mientras escuchaba a su padre gritando a los caballos en el televisor.

Durante el almuerzo, Kogoro le comentó emocionado sobre la nueva empleada bonita del bar al que solía ir, el nuevo caso que trataría el lunes y la cena que había ganado en su restaurant favorito. Ran simplemente sonrió, pensando en que tan loca tenía que estar su mejor amiga para darle a aquel hombre una comida libre con todo pago, incluyendo el taxi de regreso, siempre y cuando fuese a reclamarlo antes de las 6:30 pm.

Después de comer, Ran se dedicó a hacer sus tareas. Tardó un buen rato en completar los ejercicios de matemáticas, y marcó algunos sobre los cuales pediría ayuda a Shinichi. Continuó con sus deberes de ciencia e historia, casi sin tener ningún inconveniente. Se entretuvo tanto que, para cuando se le ocurrió levantar la vista hacia el reloj, ya eran las 5 pm, y tenía apenas dos horas hasta que su novio pasase a recogerla.

Se dio un baño rápido, casi sin disfrutar del agua caliente resbalando por su piel. Salió de la ducha envuelta en una bata y secando su cabello con una toalla. Terminó el trabajo con el secador y, sin tener una idea de cómo peinarse, decidió dejárselo suelto y modelar unas ligeras ondas en las puntas con el rizador. Apenas estaba guardando el aparato, pero supo que aún tenía una hora, cuando el viejo Mouri se despidió de ella, corriendo a disfrutar de su premio de dudosa procedencia.

Lo próximo fue el maquillaje. Comenzó con una ligera sombra en sus párpados, en tonos terrosos. Un delineado simple pero elegante y algo de rímel en sus pestañas. Siguió con su rostro, intentando mantener sus colores naturales y sencillos, y en sus labios, colocó un labial del mismo color que su vestido.

El resultado le gustó. No parecía descuidado, pero tampoco muy artificial ni exagerado. Aun así, le envió una foto a Sonoko preguntando qué opinaba, recibiendo una decena de elogios en respuesta.

Con el asunto del maquillaje resuelto, se acercó al cajón donde guardaba su ropa interior. Con algo de vergüenza, revolvió en el hasta que encontró aquellas bragas que, en otro momento de su vida, jamás hubiese pensado usar. Se puso la dichosa pieza de encaje rosado y el vestido. Eligio unas sandalias altas color plata, que combinaban con el collar que Shinichi le había regalado en su último cumpleaños y un par de aretes sencillos. Por último, esparció un poco de su perfume favorito en sus muñecas y cuello.

Se miró al espejo de su cuarto y no se reconoció a sí misma. Del otro lado del cristal había una mujer hermosa, que se mostraba sensual sin ser vulgar ni perder elegancia. Tenía muchas ganas de ver la reacción de su novio cuando llegara.

No tuvo que esperar más de 10 minutos.

Shinichi estacionó el auto de su madre en la puerta del edificio de la agencia. Al salir del coche, se acomodó el saco y peinó su cabello con los dedos. Llevaba un traje azul marino con una corbata a juego y una camisa blanca. Creía que se veía lo suficientemente bien, pero se sintió como un niño con un disfrazado de hombre de negocios cuando la vio.

Naturalmente, lo primero que observo fue su rostro. Siempre pensó que ella tenía una cara bonita, aunque no tenía palabras para describir lo hermosa que lucía en ese momento. Lo siguiente que llamó su atención fue el interesante escote que tenía delante de sus ojos. Hundió más las manos en los bolsillos del pantalón para evitar la tentación de atraerla hacia él y trazar el contorno inferior de sus senos con sus pulgares.

Su mirada siguió bajando, deleitándose con la vista del dije de plata que descansaba entre sus pechos, sus caderas, el muslo que asomaba por el corte de la falda y las piernas que se moría por tener en su regazo en ese momento.

- ¿Shinichi? ¿Estás bien? Estás muy rojo... ¿Acaso estas enfermo?

Ella se acercó, tomó sus mejillas entre sus manos e inclinó su cabeza para poder tocar su frente con la propia. Con ello, lo único que logró, además de confirmar que no tenía una temperatura anormal, fue dirigir sus ojos directo hacia el valle entre sus senos. Tuvo que alejarse un poco antes de que su nariz comenzara a sangrar.

- Estoy bien, no te preocupes... te ves... bien...

Ran se decepcionó al escucharlo. Claramente esperaba algo diferente, y sus inseguridades surgieron al instante.

- G-Gracias... Eh… ¿Tu mano cómo está?

Shinichi miró el pequeño vendaje en su mano. Notó el repentino cambio de tema, pero no quería seguir empeorando el ambiente.

- Mejor de lo que esperaba, en un par de días se pasará... deberíamos irnos... creo...

Ran asintió y lo siguió hasta el auto. Durante el viaje, no se dirigieron la palabra. Él tenía los ojos fijos en el tráfico y ella, en la ventanilla. La karateka pensaba en cuan tranquila había sido su vida antes de su visita a Tropical Land. Quizás hubiese sido más fácil guardar sus sentimientos y permanecer como mejores amigos que tener que soportar la sensación de opresión en su pecho y la clara incomodidad entre ellos. Después de todo, si las sospechas de Sonoko eran ciertas, ella no era suficiente para él. Incluso ahora debía verse como una mujer fácil y promiscua colgada del brazo de un hombre elegante y respetable.

Pero, ¿Cuánto hubiese soportado que Shinichi estuviese enamorado de otra persona siendo ella testigo de ello?

Abandonó sus pensamientos cuando su acompañante detuvo el auto y la ayudó a bajar. Fueron recibidos en el salón y al instante, se vieron rodeados de personas interesadas en saludar a Shinichi. Después de todo, el incidente de la Organización todavía estaba fresco en los medios y la información disponible para la prensa era muy poca. Era lógico que las personas atosigaran al chico con preguntas al respecto, aun contra la voluntad del joven detective.

Ran se vio alejada de su novio por los empujones de la gente que quería acercase a él, hasta que lo perdió de vista. No era la primera vez que pasaba, por lo que intentó quitarle importancia y optó por buscar a su amiga.

Mientras recorría el lugar, se impresionó por la cantidad de jóvenes hermosas que había allí. Se sentía una niña disfrazada con la ropa de su madre, y se preguntó si la amante de su novio sería tan bonita como para ser modelo, o si era una talentosa cantante o actriz.

Por suerte, antes de que su confianza decayese lo suficiente como para darse media vuelta y pedir un taxi para volver a casa, encontró a la protagonista del evento.

- ¿Ran? ¡Por Dios, dime que aquel imbécil ya intento arrastrarte a un hotel, estas de infarto!

- Sonoko, no grites... Shinichi está en la entrada todavía... hay muchas personas intentando hablar con él.

- ¿Y te ha dejado sola?

- No fue su culpa, Sonoko, no podemos estar pegados todo el tiempo.

- Pero se supone que iba a acompañarte, y no veo que lo esté haciendo muy bien... ¿Qué fue lo que dijo cuando te vio?

- No quiero hablar de eso.

Sonoko iba a comenzar a despotricar contra él, pero un hombre de traje se acercó a ella y le pidió que lo acompañara. Lo reconoció como uno de los asistentes de su padre y lo siguió, después de disculparse con su amiga.

Ran volvió su mirada hacia donde un rato atrás estaba Shinichi, pero no lo encontró allí. Recorrió el salón buscándolo con la mirada. Lo diviso apoyado contra una columna y rodeado de algunas personas de más o menos su edad, algunos de los cuales recordaba haber visto en la televisión, charlando y riendo.

El corazón de Ran se hundió. Shinichi encajaba perfectamente en el grupo de aquellos adolescentes exitosos y de familias adineradas. Era normal para ella olvidar que, en realidad, su amigo de la infancia era un chico rico al igual que ellos.

Y no solo eso. Shinichi era guapo, inteligente, carismático, sus padres eran famosos, incluso el mismo era casi un héroe nacional.

Ella era solo una chica que practicaba karate y llevaba un vestido lindo.

Aun así, lo amaba. Y se preguntó si eran reales el amor y el calor que había visto en sus ojos cada vez que la miraba, sobre todo cuando una mujer sumamente bonita se aferró a su brazo y él no pareció quejarse.

No quería llorar. Huyó hacia el jardín, donde pensó que nadie podría verla. Observó la luna e intento concentrarse en la belleza de las flores bañadas por su luz plateada, solo para evitar que las lágrimas cayeran.

Su teléfono vibró unos minutos después. Era un mensaje de su compañero, preguntando dónde estaba.

No sabía qué hacer. Su orgullo le gritaba que lo mandara al infierno y lo dejara. Pero el solo pensar que iría corriendo hacia los brazos de otra le daba náuseas. Pero tampoco quería atarlo a ella si no sentían lo mismo.

Dejó el móvil a un lado y suspiró. Lo único que deseaba hacer en ese momento era volver a su casa, quitarse el maquillaje, ponerse su pijama y mirar pelicular románticas y deprimentes hasta dormirse.

Por su parte, Shinichi tampoco la estaba pasando bien. Un montón de gente con preguntas sobre la Organización lo había separado de su cita, y le costó horrores hacerles entender que era información confidencial del FBI y no podía hablar. Luego, no podía dar con Ran. Quería patearse a sí mismo por su pésimo papel esa noche. Primero, no había tenido palabras para alagarla, optando por tartamudear como tonto y comérsela con la mirada. Tuvo que hacer un esfuerzo monumental para ocultar la emoción en sus pantalones mientras conducía, pero creía que ella estaba lo suficientemente distraída como para que pasara desapercibido. Y tuvo que volver a cagarla y perderla en aquel estúpido lugar lleno de gente que se le acercaba a hablarle y observarlo como si fuese el fenómeno del circo.

Escucho una voz que lo llamaba y se volvió. Era uno de los jugadores de su equipo favorito, que estaba acompañado por otras personas con caras que le sonaban de algunos programas de televisión o revistas. No quería acercarse porque sabía que seguirían armándole charla sobre temas que no le interesaban, pero no podía fingir que no lo había oído.

Su sexto sentido no le había fallado. En menos de 30 segundos se encontró enfrascado en una conversación totalmente aburrida sobre lo divertido que era ser una celebridad. Él se consideraba a sí mismo como una persona común y corriente en ese aspecto, pero al parecer, salir un puñado de veces en las noticias lo hacía especial de alguna manera extraña y retorcida.

No le prestó mucha atención a lo que decían, se limitaba a sonreír y responder vagamente cuando la conversación se dirigía hacia él. Hasta que, en un momento, una mujer extravagante y atrevida se colgó de su brazo.

- Shinichi-kun, es una lástima que no tengas compañía esta noche, ¿No quieres invitarme un trago?

El joven detective no podía estar más nervioso. La única persona que podía tocarlo sin ponerle los pelos de punta era Ran. Aun si habían pasado más de 10 años, en el fondo seguía siendo ese chico retraído y solitario que disfrutaba más de un buen libro que de la atención de cualquier mujer que no fuese su mejor amiga. Quizás por eso su respuesta pareció salirle bastante más cortante de lo que pretendía.

- No.

La joven se mostró claramente indignada, aunque para pesar del chico, no se dio por vencida tan fácilmente.

- ¿Por qué? ¿Acaso no te gusto?

- Tengo novia. Es más, si me disculpan, tengo que buscarla.

Se alejó bruscamente de allí. Dio vueltas por un buen rato, sin verla por ningún lado. Sacó su teléfono del bolsillo y le escribió un mensaje. Comenzó a preocuparse cuando pasaron 15 minutos y no tuvo respuesta. Entonces, marcó su número y llamo, pero no atendió tampoco.

Casi tirándose de los pelos, intentó pensar donde podría estar. El único lugar que no había revisado era el patio, y dudaba mucho de que se hubiese ido a otro lugar, al menos, por su propia voluntad. La sola idea de que algo le hubiese ocurrido le dio un escalofrío y la suficiente motivación como para ir afuera y verificar que estuviese allí, sana y salva.

Pero alguien lo detuvo nuevamente.

-¡Hey, Kudo!

Reconocería esa voz en cualquier parte. Hattori Heiji apareció tras él, después de casi cuatro meses de su último caso juntos, y, como podría esperarse de ellos, enseguida se vieron envueltos en una interesante conversación sobre los crímenes en los que se habían visto involucrados en los últimos días. Shinichi hizo unos cuantos intentos de cortar la charla y volver a buscar a su chica, pero el detective de Osaka estaba demasiado entusiasmado y no se molestaba en notar sus intenciones.

Ran había corrido casi la misma suerte y Kazuha la había encontrado cuando se dirigía a la entrada para pedir un taxi porque había peleado con Heiji y quería irse. Claro que cuando vio a su amiga, abandonó sus planes y se dedicó a escuchar a la chica Mouri y sus desventuras amorosas.

- ¿Sonoko-chan cree que Kudo-kun te engaña? Creo que él no haría algo como eso... ¿Le dijiste como te sientes?

- ¡Claro que no! Si él no me quiere en ese sentido y yo... no quiero ni imaginármelo.

- Realmente creo que deberías decírselo, Kudo-kun no parece ser del tipo de persona que haría eso.

- No lo sé, estoy tan confundida que ya no sé qué pensar.

- Dejemos de hablar de esto, entonces. ¡Entremos y vamos a divertirnos!

Así pasaron el resto de la noche.

Shinichi y Heiji sentados en un sillón en una esquina, discutiendo sobre sus últimos trabajos.

Ran y Kazuha, junto a Sonoko que se les unió más tarde, disfrutando de la fiesta, bailando y hablando con algunas celebridades.

Cuando menos se dieron cuenta, la fiesta estaba llegando a su fin.

El peso de lo que había ocurrido esa noche cayó sobre Ran, y, con reticencia, busco su celular en su bolso, para intentar localizar a su novio. Pero se sorprendió al ver los mensajes que su madre le había enviado mientras estaba distraída divirtiéndose.

Al parecer, Sonoko no solo le había pagado la cena a Kogoro, sino también a Eri. Y de alguna manera, habían terminado su comida sin insultarse ni pelear. Es más, al parecer, ambos habían decidido seguir con su "cita" y volverían tarde. De alguna forma, eso le sonó a que sería mejor que pasara la noche en otro lugar si no quería ver cosas que no debía.

- Por un momento pensé que te habías ido.

Ella dio un respingo por el susto, antes de notar que aquella voz pertenecía a Shinichi.

- ¡Me asustaste! ¿Y por qué creíste eso?

- No contestabas el teléfono.

- Ah, no lo escuché, lo siento.

Él frunció el ceño, claramente no lo convenció su mentira, pero decidió no echarle más tierra a la situación extraña en la que estaban.

- No fue nada, no te preocupes... ya es tarde, debería llevarte a tu casa antes de que el viejo intente matarme.

- Ah, sobre eso... está en una cita con mamá, y por alguna razón creo que sería mejor no ir a casa hoy... Kazuha-chan y Hattori-kun deben estar quedándose en algún hotel, así que debería preguntarle a Sonoko si puedo quedarme en la suya.

- ¿No quieres quedarte en mi casa?

La pregunta resbaló de sus labios antes de que pudiera pensar en lo que implicaba su invitación.

- ¿Estás seguro? No quiero molestar...

- No eres una molestia, Ran, nunca.

Ella no respondió, pero le sonrió levemente.

Saludaron a sus conocidos y amigos antes de dirigirse a la mansión Kudo.

Al llegar, Shinichi la ayudó a quitarse los zapatos, mientras ella intentaba no tropezar y, al mismo tiempo, esconder su nerviosismo. Ambos subieron a la habitación del joven, de donde consiguieron un par de toallas y un cambio de ropa para ella.

Ran entró en el baño y se miró al espejo. Se limpió el rostro con cuidado antes de quitarse la ropa y darse una ducha rápida, aunque el agua poco hizo para aclarar todas las cosas que daban vueltas en su mente.

Había tan solo una cosa de la que estaba segura.

Si él todavía le guardaba algo de afecto en su corazón, iba a hacer lo que sea para no perderlo de nuevo.

Buenas noches a todos!

Espero que hayan disfrutado el cap, que vino con retraso pero más largo de lo normal.

El próximo probablemente sea el último capítulo, así que dejaré que ustedes decidan en los comentarios si quieren un lemon al final de esta historia o algo más tranqui.

Muchas gracias por leer!