Capítulo 2

Sé escucho el relincho del caballo, se movía de un lado a otro bufando, alzando sus patas como si estuviera danzando, su amo había llegado.

Albert llegaba abrazado con Candy, Artaban seguía danzando y relinchando, mientras Albert se acercaba.

—¡Artaban! —Dijo Albert emocionado, acariciando a ese hermoso ejemplar, de brillante pelaje— sabes que voy llegando, ¿verdad?, mira Artaban te presento a Candy la mujer de mi vida. —Artaban bufo, como si entendiera lo que decía su amo.

Albert saco al caballo de la caballeriza, el animal movía su cabeza, al mismo tiempo el sonido del trote lo hacía ver más imponente con su pelaje color azabache.

—Te ayudare a subir, no tengas miedo, es tranquilo, toca su pelaje. —Albert llevo la mano de Candy para que acariciara al caballo.

—Nunca me he subido a uno, ¡eres hermoso Artaban!

—Siempre hay una primera vez, confía en mí, —Albert alzo a Candy, enseguida se subió, azuzando el caballo.

Albert iba atrás de Candy abrazándola y mostrándole la propiedad hasta llegar a los invernaderos, Candy hizo una exclamación quedándose con la boca abierta literalmente, Albert la ayudo a bajar, de la emoción de ver la propiedad rodeada de frondosos árboles, arbustos, se vislumbraba hierba terrestre, enredaderas en los arbolitos.

—Por eso no se alcanzan a ver los invernaderos, los árboles tapan la vista desde la carretera, Albert esto es impresionante, solo lo había visto en imágenes, pero no es nada comparado como estar parada aquí.

—¡Buenos días, joven William! Ya nos había avisado el señor Johnson que llegaría.

—Hola, Jimmy, te presento a Candy la luz de mis ojos. —Menciono Albert, mirando a Candy, mirada que la estremeció.

—¡Mucho gusto, señorita!

—Llámame Candy. —Diciendo Candy con una enorme sonrisa.

—¿Todo bien, Jimmy?

—Sí, joven William, Tom fue al hogar de Pony, nuestra madre ha estado un poco delicada.

—¡Delicada! ¿Por qué no me habían avisado? ¿Desde cuándo?

—Tiene una semana, el señor Johnson ha estado al pendiente, y nosotros no queremos molestarlo a usted, ya suficiente hace con darnos estudio y trabajo.

—Tenían que haberme avisado, sé cuánto quieren a sus madres.

—Es un resfriado, joven, Tom llevo al doctor para que la revisara.

—Hablare con Tom a su regreso, —Albert tomo a Candy por la cintura para entrar a uno de los invernaderos.

La cabeza de Candy era un hervidero de preguntas, se daba cuenta que no conocía una parte de Albert, la de su familia y Lakewood, sentía un nudo en el estómago, ella se había cerrado desde que sus padres murieron cuando ella tenía dieciséis años, había decido no casarse mucho menos tener familia, por eso no había insistido con Albert cuando él no quería hablar de su familia y evadir la propuesta de matrimonio. Su amiga Patricia y compañera de trabajo se había molestado con ella una vez, y la pregunta que le hiciera ¿si llegará otra mujer?, a la vida de William…

«No, me moría de dolor lo amo tanto, ¿si llegara otra mujer?... No, tengo que quitarme eso, él me ama me lo ha dicho, pero tengo que ser sincera, mis miedos…»

—Tierra llamando a Candy —dijo Albert con una sonrisa— Estas distraída mi amor.

—Oh, discúlpame Albert, todavía no me repongo de la impresión de saber que eres el dueño del "Rosedal" —Candy tuvo que disimular, su mente se había desconectado por un momento de Lakewood, el solo hecho de que llegara otra mujer y aceptara casarse con Albert inmediatamente, solo de pensarlo sintió un dolor en el corazón.

—¿Estás bien, cariño? ¿Qué pasa por esa cabecita? —Albert se puso frente a ella, mientras le quitaba un mechón de su cabello y la daba un toque en su nariz que se había puesta roja por el frío.

—Estoy bien mi amor, solo que esto me está rebasando, lo de Tom y Jimmy, hay una parte de ti que no conozco y…

—Hablaremos después, te lo prometo. —Llevándose una mano a su corazón Albert, para que viera que la promesa iba en serio, provocando la sonrisa de ella.

—Me encanta tu buen humor, Albert, quiero caminar por el invernadero, el aroma que desprenden las rosas es delicioso.

—Este es el principal, como puedes ver aquí están concentrados todos los colores, los otros invernaderos ya están seleccionados por un solo color, las rosas rojas y blancas son las que acaparan, de ahí siguen las rosas rosa y rosa pálido, amarillas, naranja y demás colores.

—Es impresionante, es un río de colores, todos los cuidados que se requieren.

—El uso de Invernaderos en el cultivo de Rosas consigue producir flor en épocas y lugares en los que de otra forma no sería posible. Para ello, se requieren de invernaderos de grandes dimensiones, su transmisión de luz debe ser adecuada, deben tener también una gran altura y la ventilación en los meses calurosos debe ser buena. El personal debe usar los overoles naranjas, para poder verlos, el amor, dedicación y empeño que le dedicaban mi madre y en su tiempo mi abuela por lo poco que recuerdo que platicaba mi madre, además mi madre hablaba con ellas, muchas veces las sorprendí diciéndoles "buenos días" eso hacía que las rosas crecieran, según mi madre, el personal a cargo tiene que saludar y hablar con ellas. —Termino diciendo Albert con un gesto de melancolía la sola mención de su madre, había puesto sus ojos tristes.

—Me hubiera encantado conocer a tu madre, su legado sigue con la misma dedicación que ella les brindaba, mira estas rosas que acaban de abrir, aquí adentro resguardadas las hace aún más hermosas con todos los cuidados. Por lo que se no hay otro invernadero como este.

—No, somos los únicos, la extensión del terreno ayudo mucho cuando mi madre empezó en este invernadero, luego hizo dos más, el resto lo hice yo, el portón de la entrada, en primavera está cubierta de rosas, es un atractivo turístico, mucha gente viene a tomarse fotos, inclusive pareja de novios, no sé permite pasar a los invernaderos.

Candy vio el brillo en los ojos de Albert cuando menciono a la pareja de novios, ella le sonrió desviando la mirada hacia las rosas.

Caminaron en los otros invernaderos, regresaron a caballo a la cabaña algo retirada de la casa principal.

—¿Albert y esta cabaña? Veo tu firma en ella.

—Es mía, y si tiene mi firma, fue el primer trabajo que hice mientras estudiaba, —dijo Albert con una amplia sonrisa—. Esta será nuestra cabaña, aquí nos quedaremos, tiene dos habitaciones con baño, chimenea, y la alacena está llena, George se encargó de comprar víveres, te preparare la cena.

—Pensé que nos quedaríamos en la casa, ¿no sé enojara Margaret?

—Si se enoja me tiene sin cuidado, ella sabe que yo no me quedo en la casa, no tienes de que preocuparte, ponte cómoda, las maletas están en la recamara.

Candy se despidió, con un beso y se fue a la habitación que le indico Albert, la ropa ya estaba acomodada en el closet.

George llegaba a la cabaña, apenado no quería interrumpir a los rubios, pero necesitaba hablar con Albert.

—Sí, George, —Albert noto el nerviosismo de George, sabía lo que pasaba por su mente, solo sonrió y lo invito a pasar.

—William, espero no ser inoportuno, pero el cliente de Italia, quiere hablar contigo, es uno de los hombres más ricos de Italia, su hija pidió que el "Rosedal" fuera el encargado de surtir todas las rosas, que serán rosa pálido y blancas, ya está calculado el porcentaje de rosas que serán para ese evento, pero él quiere hablar contigo mañana, y presentarte la propuesta para hacer un invernadero en Italia, sabes lo que eso significa, expandir el legado de tu madre tal como ella lo soñó, llego a Chicago hace una semana, asuntos de negocios, me acaba de llamar para hacer una cita contigo y verse en Chicago, nos tomara unas horas ir y venir, el parte mañana por la noche a Italia.

Albert se tocaba la barbilla, no quería dejar a Candy sola, mejor dicho cerca de Margaret, Candy bajaba alcanzando a escuchar parte de la conversación.

—Mi amor, por mí no te preocupes, no creo aburrirme en este lugar, además quisiera pasar unas horas con tu tía, aunque ella no pueda hablar, sé que me escuchara.

—¿Estas segura, cariño? Espero no tardarme, pero este cliente es importante, que las rosas sean vistas y admiradas alrededor del mundo era uno de los sueños de mi madre.

—Entonces pasare por ti a las ocho, William, me despido, que descansen.

—Buenas noches, señor Johnson, me dio gusto conocerlo. —George, inclinó la cabeza.

—El gusto es mío, señorita Candy.

Después de cenar y dejar recogida la cocina, se fueron a la sala, sentados en la alfombra frente a la chimenea, con sus copas de vino, antes de hablar Albert, le dio un beso profundo y apasionado a Candy.

—Mi madre, falleció cuando tenía siete años, había estado delicada de salud, se complicó con neumonía, fue… muy rápido. —Candy lo abrazo, le dio un pequeño beso en los labios—, pasaron los días, las semanas, me volví rebelde, deje de acompañar a mi tía y a mi padre a la iglesia, mi madre era muy devota, estar en ese lugar, me hacía recordar a mi madre, me la imaginaba caminando, ayudando a los jóvenes a prepararse para la comunión, las jóvenes que daban el catecismo la buscaban mucho, una de ellas era Margaret, había ocasiones en que se quedaba en casa para hacer preparativos de lo que se fuera a realizar en la iglesia, a mi corta edad no me daba confianza, cuando falleció mi madre venia más seguido, mi tía empezaba a inquietarse, en ocasiones Margaret se quedaba con mi padre, él entro en depresión tras la muerte de mi madre, siento que de ahí se valió Margaret para acercarse a mi padre, no habían pasado seis meses del fallecimiento de mi madre, cuando Margaret se vino a vivir a nuestra casa, le grite a mi padre por eso, lo odie…

«¿Por qué ella papá?, en el colegio me dijeron que tú y ella eran amantes, que engañabas a mi madre con Margaret, y ahora dices que te casaras con ella, no me toques, me iré de la casa lejos de ti y de esa mujer.

—Will, hijo espera… »

Después me entere que mi padre había amanecido en casa de Margaret, pero que no se acordaba como había llegado, eso lo hundió más en la depresión, discutió fuerte con mi tía Elroy, yo estaba escondido debajo de la cama de mi padre, cuando entro mi tía muy molesta.

«—William, explícame lo que me acabo de enterar en la iglesia, es por eso que llegaste temprano y no has querido salir, cómo pudiste fallarle a Priscilla, no ha pasado un año que falleció, sé que eres joven y tal vez más adelante ibas a rehacer tu vida, pero Margaret es una chiquilla tiene diecinueve años, le doblas la edad, ella se ha encargado de decir que pasaste la noche en su casa.

—Elroy, solo te aviso que ella vendrá a vivir a esta casa, pasado el tiempo de luto, nos casaremos…

—¿¡Qué dices!? No puede ser, William, has pensado en mi sobrino, en el dolor que le causaras, decías amar a Priscilla.

—Con un Demonio, Elroy, la amé y la seguiré amando hasta el día en que me muera, no tengo claro que paso en casa de Margaret, no recuerdo como llegué a su casa, me desperté desnudo y con ella en mis brazos.

—¡William! No eres un adolescente, eres un padre, un adulto que sabe que pasara al ir a casa de una mujer que se encontraba sola, sus padres están de viaje, después de la muerte de Priscilla, Margaret no salía de aquí, ¿pasó algo, también aquí?

—¡Maldita sea! Elroy, no iba a faltarle a Priscilla en su propia casa, esto me tiene descolocado, nos casaremos, dormiremos en camas separadas, ella lo sabe, no quiero volver a tocarla, debes creerme que no recuerdo como llegue a su casa, la vi en la iglesia, platicamos y no se más, hasta que me desperté en su casa.

—¿Ella ha aceptado ese trato?, sin obligarte a nada, sé me hace muy sospechoso, tal vez ande tras tu dinero.

—La muerte de mi esposa me sumió en una depresión, fui débil lo reconozco, tenía que ponerle un alto cuando venía a la casa, tengo que reparar mi falta, debes creerme cuando te digo que no recuerdo nada.»

Candy se daba cuenta del dolor que le causaba a Albert recordar su infancia y la actitud de su padre.

—Mi amor, ¿y por qué te escondías en la recamara de tu padre?

—Quería sorprenderlo con Margaret, tenía calculado que días iba ella, en la escuela el chisme se corrió rápido, las burlas de mis compañeros no se hicieron esperar, solo que por ser más alto y bueno para la pelea no me tocaban, Margaret sabía cuándo mi tía estaba en el invernadero o andaba fuera por el negocio, mi tía Elroy tomó las riendas del negocio, ella y mi madre se llevaban muy bien, un mes después de fallecer mi madre, mi padre cambio el testamento dejándome como único heredero y a mi tía Elroy como albacea, entre ella y George se hicieron cargo de mi educación.

—Pero Margaret, ¿logro casarse con tu padre?

—Afortunadamente no, mi padre falleció antes de que se cumpliera un año de la muerte de mi madre, se cayó del caballo, era un día lluvioso recuerdo, mi tía tomo el control de todo con ayuda de George, si Margaret está aquí es por la caridad mía y de mi tía, que no estaba muy de acuerdo, no estoy obligado con ella, nunca se casó con mi padre.

—¿Estaría muy enamorada de tu padre?, para no haberse casado, era muy joven pudo rehacer su vida.

Esas palabras de Candy rondaban en la cabeza de Albert, con el paso de los años, ¿qué retenía a Margaret en el "Rosedal"? Nunca se mostró interesada en aprender su funcionamiento, se conformaba con la ayuda que le daba su tía, sus padres le pidieron que regresara a casa y ella se había negado.

Continuará…

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